Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, solo me adjudico algunos personajes. La historia es producto de mi imaginación

Canciones que sonarán en el capítulo.

1- The boom circuits – Everything and nothing


—Estaba viendo unas cosas — murmuré dejando el móvil en la mesa de noche

—Bien, te preparé la tina — me indicó señalando el cuarto de baño

Agaché mi cabeza y me dirigí hacia el baño, el agua de la bañadera estaba caliente y tenía espuma.

Me sentía culpable por rechazar la solicitud, pero me parecía lo correcto, no quería que ellos se contactaran. Me daba celos, muchos celos, imaginaba a mi Edward con esa tipa y agh.

Esa maldita, que aún no la conocía bien, pero sabía que yo era el problema. Era yo y mis putos celos, los malditos celos que me carcomían la cabeza.

No me gustaban las mentiras, ese era mi gran problema, aunque la verdad… ¿A quién le gustaban las mentiras? Ser engañado por una causa pequeña o una causa grande, complicado.

Salí de la tina y me sequé con una toalla muy suave, al salir me recosté al lado de Edward. Estaba fumando, tapado con las sábanas hasta la mitad del cuerpo, su pecho estaba descubierto.

—No sabía que fumabas — murmuré jugando con el vello de su pecho

—No siempre, cuando tengo ganas…

—¿Son cigarrillos comunes? — le pregunté

—No, son mentolados, me encanta la menta… — me sonrió apagando el cigarro en un cenicero cercano

—¿Aliento a menta?

—Si — sonrió cerca de mis labios

—Mmm, huele a tabaco y menta… — cerré mis ojos, su aliento era delicioso, tabaco y menta

—Bella, te amo — musitó besándome castamente en la frente

—Yo muchísimo más cariño — le sonreí

Aproximadamente me desperté a las 10pm. Edward no estaba en casa, me había dejado una notita en la mesa de noche.

"Buenos días nena, fui a hacer compras, en la sala te dejé ropa. Regresaré en un rato.

Te ama, Edward"

Me levanté y ordené la habitación de Edward, estaba todo desacomodado y tirado en el suelo. Acomodé su closet y guardé las esposas en una cajonera, junto con la salsa.

Cepillé mis dientes, mi cabello y eché un vistazo en la sala. Sobre una mesa había dos finas bolsas, con moños coloridos. ¿Serían para mí?

Abrí una de las bolsas y dentro tenía un fabuloso vestido corto, de gasa suave, con tonos grises. No era ajustado al cuerpo, todo lo contrario, era suelto.

Me lo probé rápido, me quedaba perfecto, ¿sabía mi talla? Y para ajustarlo, en la cintura traía un cinto finito. En la otra bolsa, había un par de botas cortas negras, a juego con el vestido.

Era muy tierno de su parte, debía agradecérselo, le regalaría algo lindo.

Tenía dinero en mis bolsillos, así que salí de la casa de Edward y encaminé hacia una joyería cercana.

Todos los hombres me miraban, debía ser por el bello vestido.

Cuando entré a la joyería, quedé embobada, muchos colgantes y muchos colores.

—Buen día — saludé al muchacho que estaba detrás del mostrador

—Buenos días señorita, ¿Qué se le ofrece?

—¿Qué precio tiene ese collar? — le pregunté señalando

—Ese de ahí, vale $150 — sonrió amablemente. Era caro, pero me alcanzaba el dinero

—Me gustaría verlo — dije entre dientes

—Por $150 viene ambos colgantes, eliges una inicial para tu pareja y él utiliza la tuya — me explicó sacando ambos de una fina envoltura

—Creo que entendí, él utilizará mi inicial y yo utilizaré la suya — murmuré

—Exacto.

—Llevo ambos… — sonreí

Era una forma de agradecerle a Edward, él era hermoso conmigo, me había regalado un anillo. Y yo nada, así que aproveché la situación, era un lindo gesto.

Cuando puse un pie dentro de la casa de Edward, me sorprendí. Él estaba parado en seco, en medio de la sala.

—¿Dónde estabas? — se me acercó

—Fui a comprar algo…

—Me preocupé Bella.

—Lo siento — musité

—Te ves muy hermosa — me tomó por la cintura

—Gracias, cierra los ojos. — le dije divertida

—¿Qué? — frunció el ceño

—Cierra tus ojos.

Con cuidado y sin hacer ruido, abrí el envoltorio de ambos colgantes. Le coloqué la fina cadenita con la inicial "B", en su cuello.

—Ya está — le dije cuando ya la había abrochado

—Bella, es muy bonita — sonrió observando la letra

—Espero que te guste, yo utilizaré tu inicial. — le mostré mi pecho, yo ya me había colocado el colgante en el camino

—Es muy dulce de tu parte nena.

—Quería agradecerte todo lo que haces por mí, aunque no entiendo el porqué de tan hermosa vestimenta… — reí moviendo mi vestido

—Tenemos un almuerzo, en casa de mis padres, festejamos el cumpleaños de Emmett.

—¿De veras?

—En serio, es más, debemos irnos en éste preciso momento — me dio un piquito en mis labios y salimos

Partimos hacia la casa Cullen, para llegar debíamos dar un largo recorrido.

Varios semáforos, varias casas, demasiadas calles. Pasamos por debajo de un puente, y ahí, recostados en la senda, indigentes.

Me ponía mal ver a las personas sin hogar, pobres, solas. Sin un techo, sin comida, sin cariño. ¿Por qué les había tocado algo tan duro? ¿Por qué no podíamos ser todos iguales? ¿Por qué las diferencias? Eran muchas preguntas y pocas respuestas, nadie tenía respuesta para eso, nadie.

Esas personas, en la noche, pasando frío. Sin una cama donde poder dormir, sin comida, lejos de todo lo bueno. Hombres sin familia, ¿quizás? Mujeres sin sus hijos, y hasta niños pidiendo monedas.

No era justo, ningún ser en el mundo merecía ser pobre, no debía existir la pobreza.

Tenían derecho a ser felices, felices como cualquier otra persona en el mundo.

Pero no, las diferencias existirían toda la vida, en todos lados. Nadie cambiaría eso.

—¿En qué piensas? —Edward acarició mi mano

—En nada, tonterías. — murmuré

—Vamos, puedes decirme.

—Estaba pensando en las personas pobres, solo eso.

—Es mucha la cantidad de gente pobre que hay — murmuró

—Cambiando de tema, ¿Qué le regalarás a Emmett? — le pregunté

—Una chaqueta y un juego.

—¿Un juego? — fruncí el ceño

—Broma entre hermanos — rió

(1) Bajamos del coche y en la puerta de la casa Cullen, había unos globos verdes.

Edward tocó el timbre y Carlisle salió sonriente.

—¡Hijo! — abrazó a Edward

—¿Cómo estás? — me preguntó y me acerqué

—Bien por suerte — lo abracé amistosamente

—Adelante — se hizo a un lado

El aroma que había dentro era muy embriagante, todo prolijo y un clima familiar estupendo.

Edward tomó mi mano y fuimos a la sala, allí estaban Emmett, Rosalie, Esme y una niña pequeña que corrió hacia Edward.

—¡Tío Edward! — la niña saltó hacia los brazos de Edward

—Hermosa — la hizo volar en el aire —, ¿Cómo has estado? — era muy dulce

—¿Ella es Bella? — la nena me miró

—Sí, al fin la conoces — rió Edward

—Mi nombres es Sharon — la coqueta nena me dio la mano

—Y yo soy Bella — le sonreí

—Eres más bonita de lo que imaginé — se trepó en mis brazos

—Gracias — le sonreí

Edward se acercó a Emmett, a saludarlo y lo seguí por detrás, saludando a las mujeres.

—Feliz cumpleaños hermano — lo abrazó y le dio una bolsa —, ábrelo en privado — rió

—Feliz cumpleaños Emmett — me acerqué y me alzó en el aire abrazándome

—Gracias cuñadita — me bajó y reí

Me senté en el sofá junto a Edward, al rato Carlisle llegó cargando una bandeja con refrescos.

—Hace tanto tiempo que no nos reuníamos todos juntos — dijo Esme bebiendo margarita

—¿Nos extrañabas? — bromeó Edward

—Demasiado — le sonrió Esme

—Tienen que visitarnos más seguido, los extrañamos cuando no se aparecen por aquí — Carlisle me palmeó

—Yo también los extraño — les sonreí amistosamente

—¿Dónde está Emmett? — preguntó Edward

—Creo que arriba — murmuró Rosalie

—¿Puedo ir a buscarlo? — preguntó Sharon

—Claro cariño — le sonrió Carlisle

—¿Bella me quieres acompañar? — se acercó y tomó mi mano

—Claro que sí — le respondí

Era una niña muy dulce, aunque no sabía de quién era hija.

—Mi padre es muy juguetón, quizás esté escondido — murmuró

—¿Tu padre? — fruncí el ceño

—Sí, mi papá es Emmett — sonrió

¿Emmett era su padre? ¿Hija de Rosalie? Eran parecidas las dos, aunque no lo sabía. Lo buscábamos en la planta alta, hasta cansarnos, y Sharon bajó, mientras yo seguía buscándolo.

En el cuarto de baño no estaba, en la habitación de Edward tampoco, debía revisar en su vieja habitación.

—¿Emmett? — pregunté abriendo la puerta. Estaba sentado en su cama, con los ojos levemente húmedos — ¿Qué ocurre? — le pregunté

—Nada, no importa. — se alejó y se fregó los ojos

—Puedes decirme — insistí —, puedes confiar en mí.

—Son cosas sin importancia Bella…

—Sé que no lo son, es tu cumpleaños, debes estar contento.

—No me gusta contar mis problemas — me respondió tajante

—Está mal, yo era igual, me guardaba todo. Pero es bueno confiar en alguien, podría escucharte — le sonreí francamente

—Es Sharon, su madre quiere quitármela. — sollozó cubriéndose el rostro con ambas manos

—¿Su madre? ¿Rosalie? — le pregunté sin entender

—Sharon no es hija de Rosalie, es hija de mi ex esposa. Y me deja verla algunos días en la semana, pero ahora me la quiere quitar, no puedo soportarlo. — lloró y me acerqué a él, dejé que reposase su rostro en mi hombro

—No puede hacer eso — le dije fregando su espalda

—Me la quitará Bella, me la quitará — ladeó su cabeza, con sus ojos más empañados que antes

—Algo se tiene que poder hacer, quédate tranquilo. Puedes hablar con ella, ¿lo has intentado?

—No aún, pero ¿y si pierdo a mi niña? — llorisqueó fregando su cabello

—No pasará Emmett, no pasará, puedes contar conmigo, soy tu cuñada. — bromee para levantarle el ánimo

—Gracias Bella — me abrazó

Era muy complicado, debía ser difícil para él, ¿estar sin su niña? No me imaginaba estar lejos de un hijo, si algún día llegase a tener uno, no me gustaría estar lejos de él.

Emmett necesitaba ser escuchado, y yo podía ayudarlo.

—¿No has hablado con Rosalie? — le pregunté

—Sí, ella ama a Sharon como si fuera su propia hija. Pero la madre de Sharon no quiere a Rosalie, me dejará ver a mi hija si corto con Rosalie. Pero no puedo, amo a Rosalie, jamás la dejaría. — se lamentó

—Demonios, es muy duro, pero mi consejo es que hables con tu ex esposa. Quizás lleguen a un acuerdo… — lo animé

—Bella — escuche la voz de Edward, llamándome en el pasillo

—Aquí estoy — dije en tono alto, levantándome de la cama

—¿Todo en orden? — nos preguntó desde la puerta

—Sí, estaba charlando con Emmett — sonreí mirándolo

—Llegó Jasper — rió Edward, bromeando con Emmett

Todos bajamos y en la sala estaban Jasper y Alice, me quedé sorprendida al verla. Me acerqué a ella y la saludé abrazándola amistosamente.

—¿Qué haces aquí? — le pregunté tomando una de sus manos

—Jasper me invitó y acepté, estoy nerviosa — murmuró

—No lo estés, son todos excelentes persona — le sonreí palmeándola

En eso, Sharon se acercó a nosotros y nos tomó una foto, con su cámara instantánea.

—¿Foto sorpresa? — le sonreí a Sharon

—Sí, ahora quiero tomarles una a ti y al tío Edward. — susurró en mi oreja

Me acerqué cautelosamente a Edward y posamos para varias fotos. Sharon se había emocionado con la cámara y nos tomó aproximadamente treinta fotos distintas. Dándonos besos, abrazándonos, sonriéndonos, haciendo caras graciosas. Edward guardó todas las fotos.

Estaba loca por él, lo amaba, demasiado. Era tan perfecto, cada gesto, cada vez que su mano tomaba la mía, cada vez que lo sentía cerca.

Era mi vida, mi novio, era la mujer más feliz del universo entero. El hombre de mis sueños, era él, Edward. El hombre que jamás olvidaría, era él.

—Edward — musité en su oreja

—Dime — se acercó a mí cuerpo. Estábamos solos en la cocina

—Te amo, ¿lo sabes? — le pregunté acariciando su cabello

—¿Sabías que eres mi vida? — me preguntó acariciando mi mejilla

—¿Soy tu vida? — murmuré, sintiendo mis ojos húmedos

—Mi vida y más Bella, pero siento que no puedes creer lo que nos está pasando.

—No puedo creerlo, creo que es un sueño, no entra en mi cabeza… —esbocé una sonrisa tímida

—¿Por qué no?

—Porque no acostumbro a que me pasen cosas buenas, y cuando algo bueno pasa, no me animo a creerlo. — dije frunciendo mis labios

—Bella, no pienses así, verás que todo cambiará y sólo lo bueno quedará.

Después de esa charla tan sincera, almorzamos todos juntos.

—Quiero sentarme con Bella — sonrió Sharon, sentándose a mi lado

—Pequeña, es el cumpleaños de tu padre — le dijo Esme

—Pero igual lo amo — sonrió la niña con picardía

—Está bien cariño, quédate ahí. — le sonrió Emmett

Esme sirvió pavo y ensalada para todos, era muy atenta.

—¿Ustedes se conocen? — Carlisle nos miró a Alice y a mí

—Somos como hermanas, vivimos juntas — le sonreí

—¿Viven juntas? — nos preguntó Rosalie

—Sí, en su departamento. — Alice me señaló

—¿Y cómo se conocieron tú y Jasper? — se interesó Carlisle

—De casualidad, en la disco — rió Alice

—Vaya, divertido. — le sonrió Esme

—Hijo, ¿Qué te pasó ahí? — le preguntó Carlisle a Edward

—¿Dónde? — Edward se miró de arriba abajo

—Aquí — le señaló el cuello, lo miré y tenía un chupón, me moría de vergüenza

—Es una marca… — rió y toda la mesa lo acompañó en la risa

—Bella marcando territorio — rió Emmett y lo fulminé con la mirada, era gracioso

Me impresionaba Alice, ella sabía llevar bastante bien su relación con Jasper, atrás había dejado a Benjamín. Pero por suerte, no lo recordaba, Jas la ayudaba a olvidar.

La reunión continuó muy bien, todos charlando, divirtiéndonos. Me sentía parte de su familia, era parte de ella, oficialmente. Eran personas maravillosas, buenas, atentas.

—¡Es hora del pastel! — exclamó Esme, cargando un bellísimo pastel

—Qué lindo — murmuré observándolo, ella apoyó la torta en la mesa principal

Edward encendió las veinticuatro velas y entonamos el cantito feliz.

—Qué los cumplas feliz, que los cumplas feliz, que los cumplas Emmett, que los cumplas feliz. — cantamos todos muy sonrientes y haciendo palmas

—Gracias — sonrió soplando las velas

—¡Siempre soplando la vela! — le gritó Edward, jugando

—¡Edward! — lo retó Esme, él había hecho un chiste grotesco, pero gracioso. Con "Siempre soplando la vela" se refería a que… Emmett siempre soplaba el pene, vela hacía referencia a eso.

Rosalie se acercó y Sharon tomó una foto, después se acercó la nena y Rosalie tomó la captura.

Carlisle, Esme, Jasper, Alice y Edward se acercaron a saludarlo, por último me acerqué y lo abracé cariñosamente.

—Feliz cumpleaños, todo estará bien. — susurré en su oreja

—Gracias Bella — me apretó más fuerte

Me senté al lado de Edward, y comimos pastel.

—¿Puedo? — me preguntó acercando un trocito de torta a mi boca

—Claro — le sonreí, abriendo un poco mi boca, para que me diese el pastel. Pero ensució mi nariz con crema…

—Te ves hermosa… — rió

—¡Hey! — exclamé

—Déjame ayudarte — se acercó y lamió mi nariz, me hacía cosquillas

—Ya basta — reí tomándolo del rostro

Sharon nos tomó una foto en ese momento, era divertido, quería ver esa captura.

—Bella, éstas son las fotos que tomé — me sonrió Sharon, dándome un pilón de fotos

—Gracias linda — la abracé

Me había encariñado con ella, era muy dulce, y por los genes, se parecía a Edward.

Parecía una pequeña ricitos de oro, con ese cabello rubio, tan sedoso, y esos ojos. Unos orbes celestes hermosos, parte de los Cullen.

Su madre debía ser muy bonita, por el cabello y facciones del rostro.

—Nosotros nos iremos — dijo a todos Edward

—¿Tan pronto? — preguntó Esme

—Sí, es que debo llevar a Bella a su Dpto.

—¿Puedo ir? — Sharon se acercó a Edward

—¿No me pedirás permiso? — bromeó Emmett

—¿Puedo papito lindo? ¿Me dejas? — Sharon corrió hacia los fuertes brazos de Emmett

—Claro que puedes cariño — le sonrió dándole un beso

—Bien, pero te portas bien — le dijo Edward dramatizando

—Por supuesto — rió la niña

Nos despedimos de todos y Sharon tomó mi mano, dirigiéndonos hacia el coche de Edward.

—Te he extrañado hija. — me abrazó Reneé, apenas entramos al ambiente

—Yo también mamá.

—¿Cómo estas Edward? — lo saludó cariñosamente

—Bien, gracias — le sonrió

—Ella es Sharon, hija de Emmett, el hermano de Edward.

—Vaya, que bonita niña — le sonrió Reneé

—Hola — le dijo Sharon con timidez

Mi madre puso una película familiar y los cuatro nos sentamos en la sala, era divertido. Sharon parecía estar cómoda, estaba sentada con mi madre.

—Nena — me dijo en el oído Edward

—Dime.

—Quiero mostrarte algo… — murmuró levantándose, lo seguí

Entramos en mi habitación y me pidió las fotos que teníamos juntos.

—Quiero que recopilemos todo lo nuestro, quiero que armemos un álbum con fotos nuestras… — me sonrió abriendo el álbum

—Me encanta la idea. — lo besé

Era feliz, nada más ni nada menos, Edward me hacía feliz. Me transportaba a otro lugar, un lugar mágico, perfecto.

Pegamos una a una nuestras fotos, en todo momento me miraba, lo amaba.

—Quiero que guardes el álbum — me sonrió

—Lo guardaré, aquí — señalé una cajonera —, y aquí — señalé mi corazón

—Bella, espero que nunca me olvides, ese es mi miedo, que me olvides.

—Edward, ¿Qué tonterías dices? — Acaricié su mejilla — Jamás te olvidaré.

—Te amo tanto. — me besó

Volvimos a la sala, Sharon estaba dormida en los brazos de mi madre. Era muy tierna, mi madre también dormía.

Con Edward nos sentamos en el sofá, y se apoyó encima de mi cuerpo, besándome.

—Edward — dejé de besarlo

—Dime — me sonrió

—¿Cuál es tu misión?

—¿Mi misión? — frunció el ceño

—Si, en la vida — le sonreí

—Mi misión es envejecer a tu lado, sin dudas.

—Te amo — me abalancé sobre él y lo bese

¿Quería envejecer a mi lado? Era lo más hermoso que había oído en la vida, Edward era muy tierno. No se comparaba con Ryan, él había sido mi novio, pero no uno muy bueno.

Lo amé en su momento, y soporté todo de Ryan, a su lado había sido feliz, pero también había sufrido como una condenada.

Él me maltrataba, más de una puta vez me había levantado la mano. Más de una vez me había hecho sentir dolor, un dolor inolvidable, le temía a todo. Por su culpa.

La primera vez que me había levantado la mano… la recordaba como si hubiera sido ayer.

Flashback mode: ON

—Creo que es un idiota — reí acariciándole el cabello a Ryan

—Yo también lo creo… — rió y me besó

Se abalanzó sobre mi cuerpo y me mordisqueó mis labios, era algo rudo.

—Yo seas bruto — me quejé

—No soy bruto — me presionó contra el colchón de mi cama

—Ya basta Ryan — traté de levantarme pero me besó más

Lo amaba, demasiado, pero no me gustaba su forma de ser.

—Bebé, ¿estas listas? — me preguntó jugando con mi cabello

—¿Para qué? — fruncí el ceño

—Vamos, tú me entiendes…

—No sé de qué hablas. — murmuré

—¿Estas lista para hacerlo?

—Ryan, no…

—¿Por qué no? Hace mucho tiempo que te estoy esperando Bella, ya me cansé.

—No estoy preparada.

—¿Tú me amas? — me preguntó

—Claro que sí. — musité

—Entonces déjame hacerte mía.

—Ryan, ¿has estado fumando? — Le pregunté y rió — Será mejor que te vayas.

Me levanté como pude y bajé las escaleras, cuando Ryan fumaba, no era la misma persona. Actuaba distinto, y no para bien, no era él.

—Bella, no quiero irme — se me acercó y me presionó contra la puerta de entrada, jugó con mi blusa

—Ya basta Ryan, vete.

—¡No me iré! — me gritó y me puse nerviosa

—Por favor, vete. — le supliqué

—No me iré de aquí sin hacerlo contigo. — trató de bajar la cremallera de mi pantalón

—¡Basta! Eres un idiota, ¡vete ya de mi casa! — le grité

—¡A mí no me gritarás! — me abofeteo y el mundo se me vino abajo

La fuerza de la bofeteada me hizo caer al suelo, quería huir, llorar. Alzó su brazo, tenía su puño cerrado, iba a pegarme.

—Por favor no — murmuré cubriéndome con mis debiluchos brazos

—Eres una inservible — balbuceó

Jaló mi cabello con fuerza, mis ojos se llenaron de lágrimas, no veía salida. Gritar que me dejara tranquila, no servía de nada, más me maltrataba. Me daba fuertes puñetazos en mi rostro, en mi cabeza, en mi débil cuerpo.

—Ryan, por favor — lloré acorralada

—¡Adiós maldita virgen! — me gritó y se fue

Quería morirme, ¿Por qué el maltrato? ¿Por no querer tener sexo con él? Era un cretino, pero aun así me importaba, era mi novio. Pero debía ser fuerte, por mí, si yo no me preocupaba por mí… ¿Quién más lo haría?

Mi madre se pondría histérica, mal, y no quería eso. Nadie debía enterarse de lo que había sucedido.

Ryan se drogaba, y al llegar a mi casa, olía a marihuana. Quizás eso lo había incentivado, era un animal, una bestia sin autocontrol.

Claramente no me amaba como yo a él, era lamentable. Pero aunque lo siguiese amando, debía olvidarme de él, ¿pero cómo?

Cuando pude recomponerme, me di una ducha tibia, para despejarme. Cubrí todas las marcas y heridas con maquillaje, para que mi madre no las notase.

—Cariño, ya llegué — canturreó Reneé, escaleras abajo

—Estoy arriba, enseguida bajo.

Terminé de cubrir las marcas, puse mi mejor cara y bajé. Suspiraba y me decía a mí misma –tranquila, todo estará bien.-

—¿Cómo estas mi vida? — mi madre me acurrucó en sus brazos

—Estoy bien. — musité. Miraba la pared, tratando de ser fuerte, aguantándome el gran nudo que tenía en la garganta

No soportaría un día más así, algo debía hacer. Mientras me duchaba, se me había venido a mente la idea de irme, lejos. Vivir en otro lugar, sola.

—Mamá, quiero mudarme. — murmuré con mucha seriedad

—¿Mudarte? — frunció el ceño y asentí. — ¿Por qué cariño?

—Mamá, por favor, sin rodeos.

—Bella, no sé qué decir. Si crees que es lo correcto, si crees que podrás estudiar en otro lugar, tienes mi permiso.

Flashback mode: OFF

Y así de un día para el otro, me encontraba en Boston, cursando mi primer año de Turismo. Mi madre no supo la causa de mi viaje, pero le di mucha tranquilidad antes de partir.

Después de unos meses, conocí a Alice, mi sostén en ese momento. Ella tampoco supo nunca porque había viajado.

Solo yo sabía todo eso, me lo guardaba en mi interior, en lo más profundo de mí.

Y aunque tratara, jamás me olvidaría de esa vez. La primera vez que Ryan me había levantado la puta mano.

Me acurruqué en los brazos de Edward, él acarició mi mejilla. No podía dejar de mirarlo, me volvía loca, era hermoso.

En eso, tomó su móvil y noté que estaba respondiendo un mensaje de texto. Al minuto, alguien le había respondido, pero no me animé a preguntarle quien era.

—¿Ocurre algo? — le pregunté acariciando su barbilla

—Debo irme nena — esbozó una sonrisa cansada

—No quiero que te vayas — me aferré a su pecho

—No quiero irme, pero debo — me besó en la cabeza

Nos despedimos a los besos, no quería pasar un segundo sin él.

Opté por ducharme, ya que mi madre y Sharon dormían, estaba aburrida. Cuando salí de la ducha, tomé mi celular y tenía un mensaje. Me entusiasmé creyendo que era de Edward, pero no.

Ryan – 17:10

Hola Bella, ¿Cómo has estado?

Cualquier otra persona diría "¿Por qué después de todo lo que te ha hecho le sigues dirigiendo la palabra?", porque sabía que era un buen tipo. Era violento bajo el efecto de las drogas, pero no era una mala persona. Los años habían pasado, y ambos habíamos madurado.

Bella – 17:12

Hola Ryan, he estado muy bien ¿y tú?

Ryan – 17:13

Bien, con ganas de verte. LOL

Bella – 17:16

Cuando tenga tiempo libre, te avisaré y podríamos beber un café.

Ryan – 17:17

Cuando gustes, hermosa.

No quería seguir hablando con él, se me insinuaba todo el tiempo, buscaba ligar, y yo estaba en una relación.

Fui hacia la sala y Sharon ya estaba despierta.

—¿Has descansado? — le pregunté alzándola

—Sí, estaba exhausta. — rió abrazándome

—Mira, debo hacer algunas compras, ¿quieres acompañarme? — la invité

—Suena divertido, quiero ir contigo.

Le dije a Sharon que se lacara el rostro, estaba algo aturdida por la siesta.

—¿Y a dónde iremos? — me preguntó Sharon, tomando mi mano para cruzar la calle

—Debo comprar unas galletas — reí entrando al hipermercado

Pasamos juntas por varias góndolas, y luego nos dirigimos a la caja de cobro.

Pagué el costo de todo y salimos nuevamente al centro de Boston.

—Quiero ir a esa juguetería — señaló entusiasmada

—Bien, veremos muñecas. — reí

Era una juguetería muy luminosa, colorida, llamativa para los niños. Sharon quedó atontada observando las muñecas Barbie, todas perfectas. Rubias, labios perfectos, ojos claros, ¡patrañas! Había mujeres hermosas, y no eran exactamente rubias con ojos celestes. Mi caso, por ejemplo, era de cabello oscuro y orbes claras.

Sharon era una niña perfecta, rubia, ojos claros. Pero no solo eso, me había encariñado demasiado con ella, aparentaba tener unos valores muy profundos.

Después de encaminar por varios negocios, me detuve en seco cuando vi a Edward. Estaba dentro de una fina cafetería, e-estaba con… Victoria.

—No puede ser — musité con ganas de llorar, mis ojos se entumecían de a poco

—¿Por qué lloras Bella? — Sharon me acarició la mano

—N-no es nada — la miré

Edward estaba con Victoria, parecía divertirse, ambos se reían a carcajadas. De mí, seguramente se reían de mí, de lo tonta que era.

Tomé a Sharon de la mano y encaminé hacia mi apartamento. No aguantaba un minuto más, quería llegar y desahogarme.

—¿Por qué? ¿Por qué? — reclamé sollozando en mi almohada, Sharon preparaba la cena con mi madre.

Pegué un salto cuando mi celular sonó, era una llamada de Edward. Atendí y colgué, me había dolido, pero no podía hablar. Insistió dos veces más, a la tercera, atendí.

—Hola — murmuré

—Nena, ¿estás bien? Te oigo rara. — me conocía

—Sí.

—Bien, pasaré a buscar a Sharon, debo llevarla con Emmett .

—Me parece bien.

—Bella, ¿Qué pasa?

—Nada, alistaré a Sharon, adiós.

No me gustaba ser así con Edward, pero… ¿Y si me estaba confundiendo? Cuando Edward llegase le pediría disculpas, olvidaría lo visto.

—Linda, tu tío Eddie vendrá a recogerte.

—¿Tan pronto? — preguntó Reneé

—Mamá, ha estado aquí toda la tarde.

—Está bien, te veo pronto bonita. — mi madre abrazó cariñosamente a Sharon

Después de unos minutos, Edward tocó el claxon de su Volvo, bajé con Sharon. Él me esperaba abajo, con sus manos en los bolsillos delanteros de su pantalón.

—Hola nena — me saludó tomándome de la cintura

—Hola — miré hacia un costado

—¿Qué sucede? — me tomó de las manos, Sharon ya había subido al coche

—Nada — lo miré

—¿Me acompañarías a llevar a Sharon?

—Claro — le dije y subí. Aunque quería hacerme la dura, no podía. Edward era mi debilidad, y no importaba lo que me pudiese hacer, lo amaba.

EPOV. (Edward point of view.)

Ella estaba actuando extraño, y no sabía porque.

—¿No tienes frío? — le pregunté encendiendo el coche

—Sí, un poco. — murmuró apoyando su móvil en un estuche que traía el auto

—Puedes buscar un abrigo, te espero — asintió y bajó del auto

Cuando vi que estaba dentro del edificio, tomé su celular, por pura curiosidad.

Leí sus mensajes de texto, me quedé boquiabierto cuando noté que un tal Ryan le decía hermosa. De inmediato regresé el móvil a donde lo había dejado, se acercaba al coche.

—Ya está — me sonrió, traía encima un saco de hilo

—Bien — le sonreí queriéndole preguntar por ese tal Ryan

Conduje hasta la casa de Emmett, bajé mientras Sharon se despedía de Bella.

—Adiós linda — le sonrió Bella, abrazándola

—Te quiero — le dijo Sharon bajando del coche

Me despedí de Emmett y de Sharon, me esperaba una charla seria con Bella.

—Sharon dijo que te extrañará — le sonreí a Bella, encendiendo el coche

—Es muy dulce — me dijo

Salimos a la carretera, estaba algo oscura.

—Bella, yo no soy un hombre celoso, ¿lo sabías?

—No sé a qué te refieres. — murmuró

—Me refiero a que no soy un tipo celoso, pero no me gusta que se metan con las personas que me importan, mi novia, por ejemplo. — le dije sin tapujos

—¿Quién se metió conmigo? — frunció el ceño

—¿Quién es Ryan? — le retruqué

—¿De dónde lo conoces?

—Leí tus mensajes Bella, quiero saber quién es. — le dije subiendo el tono de mi voz, sin darme cuenta

—Es mi ex novio Edward.

—¿Por qué nunca me contaste de él? — le pregunté algo decepcionado

—Edward, no creí que fuese tan importante, además tú eres el menos indicado para pedir explicaciones. — alzó el tono de su voz

—¿Por qué soy el menos indicado?

—¡No creas que soy idiota Edward! Te vi esta tarde, te vi con Victoria. — sus ojos se llenaron de lágrimas

—¿Qué problema hay con eso? Bella, jamás te engañaría, era sólo un café, estábamos bebiendo un café. — detuve el coche, debido a un semáforo

—¡Estabas con ella! — me gritó, sollozando

—Bella, no hice nada malo. — acaricié su mano

—No me toqu… — murmuró Bella

Y en ese preciso momento, un camión impactó contra el coche. El choque hizo que Bella se golpease la cabeza contra el volante del auto, el camión impactó en la puerta del copiloto. Mi cráneo se sacudió con fuerza, y desde ese momento no recuerdo mucho más.

—Señor Cullen — la voz de una muchacha me despertó

Abrí mis ojos perezosamente, mi cabeza dolía, estaba en un hospital.

—¿Choqué? — le pregunté a la enfermera, tratando de levantarme

—Un camión lo embistió a usted y a su novia. Pero no puede levantarse.

—Oh no, Bella. Por favor, quiero verla. — le supliqué

—Señor, le pido por favor que tenga mucho cuidado. Si no regresa en cinco minutos, lo iré a buscar.

La enfermera me dijo que Bella estaba en la habitación de al lado, también me dio el anillo de Bella, el que yo le había regalado. Se lo habían quitado cuando ingresamos heridos.

Bella estaba dormida, con una gran venda en su cabeza. Me daba mucha pena verla así, quería llorar, me sentía muy culpable.

Me acerqué a ella y acaricié su mano, aproveché para colocarle el anillo.

Su piel era tan suave y peculiar, quería verla bien.

—Te amo — me acerqué y planté un beso casto en su frente

Mi Bella, mi vida, estaba herida y no toleraba verla así.

—¿Señor Cullen? ¿Qué hace aquí? — un doctor se acercó a mí — Usted no puede estar aquí.

—Por favor, quiero estar con ella — murmuré con un nudo en la garganta

Bella en ese momento abrió sus ojos y me acerqué.

—¿Qué me pasó? —se preguntó, tocándose la cabeza

—¿Cómo estas nena? — le pregunté y frunció el ceño, me miró a los ojos de una forma fría

—Señor Cullen, vamos — el doctor me tomó del brazo y me sacó de la habitación

¿Por qué ella me había mirado así? Tan distantes, tan perdida.

—¿Por qué carajos ella me miró de esa forma? — le pregunté alterado al doctor

—Señor Cullen… — murmuró sin darme una respuesta

—¡Dígame que está pasando! — grité nervioso

No entendía nada, me estaban ocultando algo, ¿mi Bella tendría algo malo?


¡Gracias por leer!

Un capitulo tenso ¿ah? ¿Que creen que está pasando con Bella?

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Infinitas gracias, el próximo capítulo se llamará "Lágrimas".

Anbel.