SIEMPRE ES DE NOCHE
CAPITULO 11: LA CRUEL VERDAD
Un muchacho alto, güero y rostro muy blanco estaba trabajando en su despacho. Intentaba redactar una carta para despedir a varios magos del Consejo Regulador de Escobas, pero en esa tarde lluviosa, era imposible concentrarse.
-¡No puedo! –exclamó Draco Malfoy, tirando el pergamino al bote-. Hoy todo me sale mal.
Una bruja de cabellos cortos y negros, cuyo nombre era Pansy Parkinson irrumpió en su despacho.
-Hola
-¿Qué quieres? –preguntó Draco.
-¿Es así cómo me recibes después de tantos años de novios? –exclamó la chica.
-No estoy de humor para reproches. Dime a qué has venido.
-Quiero que vayamos a comer a mi restaurante favorito.
-En este momento no puedo, tengo que terminar una carta.
-Ya veo –dijo Pansy, mordiéndose los labios para no hacer otro reproche y tomando asiento en un cómodo sillón-. Te espero
Malfoy se encogió de hombros y tomó otro pergamino
-¿Sabías que Potter y Granger van a casarse mañana? –preguntó Pansy
-No –mintió Draco
-He escuchado algunos rumores
-¿Y qué es lo que dicen? -preguntó el rubio con repentino interés
-Que se están casando con mucha premura. Hay quienes aseguran que ella está embarazada
-No creo. Ella creció en un hogar muggle con unos padres conservadores
-También dicen que Potter decidió casarse a raíz del artículo de Corazón de Bruja, aquel que decía que ella estaba saliendo con Viktor Krum.
-Vaya, vaya
-Además están tirando la casa por la ventana. Una empleada de Madame Malkin me dijo que escogieron el vestido más caro de la tienda. La dueña de la joyería dijo que Potter compró un anillo muy fino con un diamante exquisito.
-¿Quieres saber la verdad?
-Sí
-Mi padre y Umbridge hicieron una ley con algunos requisitos para ejercer la profesión de auror.
-¿Quieres decir que Potter se está casando con la sangre sucia para seguir trabajando en el Ministerio?
-Así es
-Yo sabía que ningún hombre sería capaz de casarse con ella –dio Parkinson con sonrisa triunfante que en el fondo reflejaba envidia-. ¿Quién puede enamorarse de un ratón de biblioteca?
Malfoy se encogió de hombros. Jamás admitiría que Granger era la bruja más inteligente y bonita que conocía. No, un aristócrata de sangre limpia como él, no podía pensar eso.
-Y si se casan ¿cómo vas a sacar a Potter del Ministerio?
-No lo sé, el plan falló. Cuando nos dimos cuenta, Potter cumplía con todo.
-Piensa que no todo salió mal. Si es un matrimonio arreglado, ninguno de los dos será feliz.
Finalmente llegó el día de la boda, muy temprano Harry se levantó con una terrible jaqueca, no había podido pegar un ojo en toda la noche.
"No puedo hacerle esto a Hermione" –pensó para sí-. "Ella está enamorada de mí, yo no puedo casarme con ella a costa de un engaño… La deseo y la quiero, pero eso no me convierte en el hombre que ella necesita".
Salió a la terraza para respirar aire fresco, con su varita hizo aparecer un teléfono celular, necesitaba hablar con ella:
-Hola -contestó Hermione
-Hola, linda. ¿Te desperté?
-Sí, pero no importa, me alegra oírte.
-Necesito preguntarte algo -dijo Harry
-¿Qué es?
-¿De verdad quieres casarte conmigo?
Hermione rió
-Sí
-¿Segura?
-Totalmente.
Harry dejó escapar un suspiro.
-¿A qué viene todo esto? -preguntó Hermione.
-Sólo quería asegurarme de que no te hayas arrepentido.
-Harry Potter, no me salgas con dudas. Si me plantas hoy, te mato.
-Nunca haría eso. Si tú quieres y me aceptas, nos casaremos hoy en la noche.
-Sí, quiero.
-Gracias, Hermione.
Harry colgó, lo último que se merecía Hermione era que él la dejará plantada el día de la boda. No, él jamás podía hacerla pasar por esa vergüenza. Miró el jardín, sintiéndose el peor patán de todos los hombres. Estaba decidido, en unas horas más, Hermione sería su esposa.
-Señor –dijo Winky, sacándolo de sus pensamientos-. ¿Me mandó llamar?
-Sí, voy a ir al salón de fiestas, ayer le prometí a Hermione que vigilaría que todo estuviera en orden
-Sí, señor –contestó la elfina-. Nosotros ya tenemos todo listo para recibir a la señora
Harry subió al auto y manejó hasta un elegante salón de fiestas muggle, lugar que Hermione había escogido para la fiesta debido a que toda su familia era muggle.
Al llegar, Harry encontró un sin fin de meseros que iban y venían de un lado a otro, acomodando mesas, sillas, manteles, arreglos florales y velas. Un par de magos disfrazados de muggles, encendían bengalas de los gemelos Weasley, adornando el salón con luces y estrellas. Al fondo, había músicos acomodando todo tipo de instrumentos, para que una vez, llegado el momento, comenzará el baile. En la cocina, encontró a más de tres chefs preparando el banquete, aquello olía exquisito.
-Se ve muy bien todo –dijeron los magos a Harry
Harry asintió, todo estaba en orden, listo para la boda.
Al caer las siete de la noche, en la capilla del salón de fiestas, Hermione caminó hacia Harry, acompañada del brazo de su padre.
Todos los invitados estaban en sus lugares, viéndola caminar hacia el altar, mientras que en todo el lugar se escuchaba la marcha nupcial.
Harry no podía creer que era Hermione, la hermosa mujer que se dirigía hacia él. Estaba más bella que nunca. Su vestido blanco lo llevaba delicadamente ceñido a su cuerpo, y su cabello suelto, bien rizado y adornado con finos hilos de oro.
Hermione le dedicó una sonrisa, nunca antes había visto a Harry tan guapo.
-Estás preciosa, Herm –dijo Harry
-Gracias -contestó ella con un discreto rubor en sus mejillas, aquello sólo contribuyó a seducir aún más a Harry
Ambos novios se tomaron de las manos y primero los casó un sacerdote y después un juez. Luna con todo un grupo de periodistas y camarógrafos, captaba hasta el más mínimo detalle de la boda: la expresión dulce de Hermione, la mirada serena de Harry y las sonrisas cómplices entre los dos.
La Sra. Weasley no pudo evitar llorar durante las dos ceremonias. A su lado, Ron estaba sufriendo como un condenado a muerte, tenía la certeza de haber perdido una batalla, en la que ni siquiera había tenido oportunidad de combatir. A cada rato sentía un nudo en la garganta, tenía que entornar los párpados para evitar las lágrimas, y aún así, un único consuelo le quedaba: Hermione y Harry eran felices.
A pesar de su dolor, al terminar ambas ceremonias, Ron fue el primero en felicitar a sus dos mejores amigos.
-Más te vale que la cuides mucho –dijo Ron a Harry, dándole un fuerte abrazo.
-Así lo haré –dijo Harry, dándole unas palmadas en el hombro.
-Eres muy afortunado. Ella es única
-Lo sé
Posteriormente, Ron abrazó a Hermione.
-¡Qué bonita te ves! –le dijo
-Gracias –dijo ella con voz dulce
No tuvo tiempo de decir nada más, porque varios invitados se acercaron a felicitar a la pareja. Ron se apartó y procuró estar sonriente todo el tiempo, para que ni Harry, ni Hermione sospecharan de su dolor, por nada del mundo quería arruinarles la noche a sus amigos.
Los juegos artificiales dieron comienzo a la gran fiesta: el banquete estuvo delicioso, la música no dejó nada que desear y el pastel de más de quince pisos, resultó más alto que Hagrid.
Después del brindis, Harry tomó a Hermione de la mano y juntos se dirigieron al centro de la pista. A la vista de todos sus invitados bailaron abrazados, dejándose llevar por la suave música
Harry la abrazó, cerrando por completo la distancia que los separaba, deseaba con todo su ser a esa mujer que además de ser hermosa ahora era suya. ¿Qué era lo atraía tanto? ¿Su ternura? ¿Su inocencia? ¿Su belleza? ¿O simplemente era el peso de tantas mentiras lo que le hacía comportarse tierno y galante?
Hermione no podía dejar de sonreír, sentía que estaba viviendo un sueño: Harry era todo lo que siempre había querido y a pesar de su noviazgo y la boda, el amor entre los dos aún le parecía un milagro.
Al dar las doce de la noche, Harry y Hermione abandonaron el salón de fiestas y abordaron el auto que los esperaba en la entrada.
Durante el trayecto a casa de Harry, los dos iban abrazados en silencio, Hermione descansando tranquilamente en el hombro de Harry, mientras que él tenía la cabeza hundida en sus rizos, no podía dejar de aspirar su perfume.
"La deseo tanto" – se dijo a sí mismo.
Hermione le dedicó una nueva sonrisa, Harry la beso en la sien y después hizo un camino de besos hasta su cuello.
"Hoy serás mía, Hermione" – pensó el chico.
El auto se detuvo en el jardín. Harry bajo y dio la mano a su esposa para ayudarla a bajar.
-Gracias
-Espero que te guste vivir aquí- dijo Harry señalando la enorme construcción-. A partir de hoy, eres la señora de la casa.
Hermione asintió, aún sin poder creer que se había convertido en la esposa de Harry.
-Nada más no vayas a ser muy estricta con los elfos -bromeó Harry, sabiendo que Hermione no tardaría en liberarlos de toda "esclavitud"
-¿Dónde están?
-Hoy no vendrán, solamente seremos tú y yo.
Hermione advirtió el significado de las palabras de Harry, a pesar de la confianza entre los dos, no pudo evitar bajar los ojos con cierta timidez.
-¿Qué ocurre, señora Potter? -dijo Harry cariñoso, tomándola de la barbilla para que ella lo mirará.
Hermione sonrió al encontrarse con los ojos verdes de Harry, él la beso en los labios.
-No tengas miedo, preciosa -murmuró Harry antes de tomarla en sus brazos para atravesar el umbral.
Harry abrió los ojos en cuanto el sol iluminó la habitación, Hermione dormía tranquilamente junto a él. Sonrió al recordar la maravillosa noche que habían compartido juntos, se inclinó aspirando su perfume, acarició con sus rizos castaños que cubrían totalmente la almohada y la besó en la frente, despertándola sin querer.
-Buenos días, señora Potter –saludó Harry
Ella entornó los párpados y le regaló una sonrisa.
-Buenos días, Harry.
El la besó en los labios.
-¿Todos los días amaneces igual de hermosa? –dijo Harry, contemplándola y acariciando su rostro.
-¿Crees que soy hermosa?
-Mucho
Ella rió, hechizándolo con su risa.
-Te amo, Harry. Soy muy feliz.
Él la besó en los labios con pasión, sintiéndose más atraído que nunca, pero también muy feliz.
"¿Qué voy a hacer cuando tenga que separarme de ella? –pensó el chico, mientras bajaba lentamente por su cuello en un mar de besos.
Hermione extendió los brazos para abrazarlo. Harry recibió a su esposa cubriéndola de besos y caricias. No era ningún sacrificio estar con ella.
Iba a oscurecer cuando los elfos llegaron a casa de Harry, el chico no tardo en presentar a Hermione oficialmente como la señora de la casa. Hermione se sintió un poco extraña pero también emocionada con esa nueva sensación que le causaba jugar el papel de esposa.
Dobby y Winky la recibieron con respeto y cariño, pero Kreacher con cierto desdén e indiferencia que a Hermione no le paso desapercibido.
-Winky –pidió Hermione-. ¿Podrías ayudarme a desempacar?
-Por supuesto
La elfina y Hermione subieron a la recamara principal. Harry prefirió aguardar en la sala.
-¿Le gustó la habitación? –preguntó Winky
-Es preciosa –contestó la chica. La cama era ancha y suave, había una mesa con flores frescas, un magnífico espejo, alto hasta el techo, un cómodo sillón de lectura y un bonito tocador de madera de cedro, había también una puerta cristal con cortinas transparentes que conducía a una enorme terraza.
Dobby llamó a la puerta, subiendo un par de maletas. Los Granger las habían enviado esa tarde.
-Gracias –contestó Hermione, mientras el elfo colocaba las maletas en el sillón de lectura.
-De nada
Un fuerte ruido se escuchó, quizás proveniente del closet, Hermione pegó un brinco.
-No se asuste, señora –dijo Winky-. Se trata de Kreacher
En ese momento, la puerta del armario se abrió y apareció Kreacher, mucho más viejo que nunca.
-¡No sangre sucia! –exclamó el elfo indignado-. Cuando mi vieja ama y señora supo que el señor James Potter se había casado con una sangre sucia se indignó mucho. La sangre limpia de los Potter mezclada con ese tipo de gente, y ahora 27 años más tarde, el hijo comete el mismo error. ¡No sangre sucia!
-¡Kreacher! -dijo Winky-. Si el señor te escucha, te va echar a la calle.
-¿Por qué? ¿Por llamar sangre sucia a su "esposa"? Ni siquiera la quiere, todos sabemos por qué se caso con ella.
Hermione sintió que le clavaban una espina en el pecho. ¿De qué estaba hablando el elfo?
-No haga caso, señora –dijo Dobby-. ¡Kreacher está loco!
-¡No estoy loco! –gritó Kreacher-. El señor sólo se casó con ella para poder seguir trabajando en el Ministerio, para no salir despedido y así poder vigilar a Lucious Malfoy.
-Kreacher, no digas tonterías–dijo Winky.
-¡Es cierto! El señor no la quiere, nunca la ha querido. Yo mismo encontré un papel en el saco del señor, donde decía que para poder seguir trabajando como auror tenía que estar casado.
Hermione sintió gruesas lágrimas salir de sus ojos y recorrer sus mejillas, su corazón latía con tal brusquedad que parecía que su pecho iba a reventar. Era algo tan atroz que se negaba a creerlo.
-¿Qué gritos son esos? –exclamó Harry apareciendo ese momento.
Todos voltearon a verlo
-Lo siento, señor –dijo Kreacher-. Yo sólo quería conocer a su esposa.
-Largo aquí –dijo Harry.
El elfo salió haciendo una reverencia. Dobby y Winky lo siguieron, dejando solos a Harry y a Hermione.
-¿Por qué lloras? –preguntó Harry viendo correr las lágrimas por el rostro de la chica.
Hermione con voz ahogada y mirándolo directamente a los ojos, le preguntó:
-¿Es cierto que sólo te casaste conmigo para poder seguir trabajando en el Ministerio?
Harry sintió que el mundo se le venía encima. ¿Quién le había dicho eso?
-¿Es cierto? –volvió a preguntar la chica con el alma en un hilo, deseando que él lo negará todo, que la abrazará y le dijera que sólo por amor se había casado con ella.
Harry sintió los ojos de Hermione fijos en él, unos ojos que buscaban desesperadamente una respuesta. La mirada de Hermione era tan profunda, que Harry no pudo mantener un segundo más el contacto visual, tuvo que desviar los ojos sintiendo quemarse en la brasa de su mirada.
-¡Contéstame! -gritó Hermione
-Sí –dijo Harry finalmente, cansado de llevar el peso de tantas mentiras.
¿Qué caso tenía negar las cosas? Finalmente, ella ya se había enterado de la verdad y sólo le faltaba saber los detalles.
Los ojos de Hermione seguían interrogándolo, Harry inhaló profundo y le dijo de la forma menos cruel que le fue posible:
-Lucius Malfoy dictó una ley donde decía que todos los aurores que quisieran seguir trabajando en el Ministerio tenían que estar casados… Por eso me case contigo.
-¿Por qué? –dijo la chica con voz débil, sintiendo un mar de lágrimas recorrer sus mejillas y caer en su pecho
-Porque no puedo salir del Ministerio, tengo que investigar a Malfoy
-¿A costa de lo que siento por ti? –gritó la chica
-No tuve otra opción
-¡Me engañaste!
-Solamente así podía seguir en el ministerio
-¿Y yo? ¿No se te ocurrió pensar un minuto en mí? ¿Mis sentimientos no contaban? Yo sí te amo, te he amado siempre ¿Cómo pudiste aprovecharte de eso?
-Hermione, yo…
-No te reconozco. Eres un monstruo sin sentimientos, capaz de cualquier cosa con tal de lograr lo que quieres. ¿Es que no queda nada en ti del chico de Hogwarts?
-Lo único que quiero es que las personas que acabaron con Sirius, Dumbledore y mis padres paguen por ello. ¡Malfoy es uno de ellos!
-¿Y por eso tenías que engañarme a mí? ¿A mí, que en todos estos años no he hecho otra cosa más que apoyarte?
El llanto ahogó la voz de Hermione, Harry quiso acercarse a ella, consolarla de alguna manera, pero antes de que él pudiera decir algo, Hermione exclamó:
-¿Por qué me elegiste a mí? ¿Por qué no elegiste a alguien más?
-Porque sabía que tú me amabas.
-¿De qué me sirve hacerlo si no me quieres?
-Sí te quiero
-No es cierto. Si me quisieras jamás me hubieras mentido.
-Herm…
-¿Y nuestra amistad? Se suponía que había confianza entre nosotros. ¿Por qué no me dijiste lo del decreto desde un principio? ¿Por qué tuviste que enamorarme aún más? Si me lo hubieras pedido como amigos, yo te hubiera ayudado.
-¿Hubieras firmado un acta de matrimonio sabiendo la verdad?
-¡Hubiera hecho cualquier cosa por ti!
Las lágrimas volvieron a invadir sus mejillas, en toda su vida nunca había sentido tanto dolor.
-Escucha –dijo Harry de la forma más sutil que le fue posible-. Quise evitarte cualquier dolor, yo no quería que lo supieras.
-¿Pensabas engañarme toda la vida?
-No, sólo hasta que Malfoy saliera del Ministerio. Es lo único que te pido, después de eso, te prometo que te doy el divorcio.
-¿Divorcio? ¿Es que para ti sólo soy un objeto que hoy adquieres y mañana tiras? Eres tan egoísta, sólo piensas en ti, en tus intereses…
Hermione quiso golpearlo con todas sus fuerzas una y otra vez, quería que él se sintiera tan mal como se sentía ella. Harry no sabía ni que hacer para calmarla, jamás la había visto así.
-No quiero seguir viéndote. ¡Quiero irme a mi casa!
-Ahora eres mi esposa y ésta es tu casa.
-¿Crees que quiero estar casada con un monstruo como tú?
-Seré lo peor, pero mientras exista ese decreto y yo tenga que estar casado, tú y yo seguiremos juntos.
-No
-Lo siento. Quieras o no te casaste conmigo y mientras Lucius Malfoy siga en el Ministerio, tendrás que comportarte como mi esposa.
Hermione cayó en una crisis de llanto, se sentía tan lastimada que todo, excepto el dolor, parecía moverse en cámara lenta.
Harry quiso sostenerla y llevarla al sillón, pero Hermione se lo impidió; apenas él se acercó, Hermione lo apartó bruscamente. Harry se dio cuenta de que intentar consolarla era como querer curar a un animal salvaje herido.
-Ven, siéntate –dijo Harry, Hermione se veía tan mal que parecía a punto de desmayarse.
Hermione ni siquiera se movió, las fuerzas la habían abandonado, la voz se le había apagado, y el dolor no desaparecía, sino que aumentaba con cada palabra de Harry.
-Déjame, por favor –dijo Hermione, haciendo un esfuerzo para seguir de pie y no caer delante de él
-Hermione…
-Déjame, no quiero verte.
Harry vaciló, no quería dejarla en ese estado. Jamás se imaginó que la verdad sería tan dolorosa para ella.
-¡Vete! –lloró Hermione.
Harry salió de la habitación. Hermione, vencida, se dejó caer sobre la alfombra, echándose a llorar desconsoladamente.
-¡Kreacher! –gritó Harry- ¡Kreacher!
-Aquí estoy –dijo un tembloroso elfo.
-¡Fuera de aquí! –exclamó Harry-. ¡Quiero que te vayas de mi casa!
-Pero señor...
-¿Por qué le dijiste todo eso a Hermione?
-Porque es verdad, usted no la quiere.
-¡Cállate! No tenías ningún derecho.
-No fue mi intención.
-¡Largo! No te creo nada.
-Pero Kreacher no tiene adónde ir.
-Eso debiste pensar antes.
-Usted no puede ser tan malo como para dejar al pobre Kreacher en la calle –dijo el elfo con voz llorosa-. Ha comenzado a llover y soy muy viejo. Me moriría de frío… Usted no puede echarme.
-Desaparece de mi vista –dijo Harry-, vete a tu dormitorio.
-Sí, señor.
-Y más te vale que no vuelvas a molestar a mi esposa.
-No, señor.
Kreacher desapareció, Harry entró a su despacho, se sirvió una copa de vino y se sentó delante del fuego de la chimenea.
"Soy un monstruo" -pensó para sí, bebiendo de un sólo trago el contenido de su copa.
-¿Se le ofrece algo, señor? –preguntó Dobby
-No, ve a descansar
-¿Quiere que suba a ver a la señora? ¿Ver si se le ofrece algo? –preguntó Winky
-Es mejor dejarla sola, mañana hablaré con ella.
-Pobrecita, se ha de sentir muy mal –dijo la elfina
Harry se llevó las manos a la cara en señal de frustración.
-Sólo la lastime, está desecha. No se merecía lo que he hecho.
Dobby le dio una palmada en el hombro.
-Ella va a estar bien -dijo Winky-, es una chica preciosa y muy fuerte.
El chico asintió. Los dos elfos se fueron a dormir.
Harry se quedó bebiendo más vino y contemplando el fuego de la chimenea. Quería subir, ver nuevamente a Hermione y hablar con ella, pero no quería enfrentar una nueva discusión, mucho menos volver a lastimarla.
No supo cuántas horas pasó enfrente de la chimenea, finalmente después de lo que le pareció una eternidad, subió a su antigua habitación con la única intención de descansar un poco. Se quitó el traje que traía, se puso su pijama, se cepilló los dientes y se recostó sobre el suave edredón.
Nunca antes su cama le había parecido tan grande y tan vacía, sino hubiera sido por Kreacher, esa noche la hubiera pasado nuevamente al lado de Hermione, como su esposo.
Quiso quedarse dormido, pero por más que lo intentó, su único pensamiento era Hermione, y le fue imposible pegar un ojo.
Muy temprano, Winky se levantó a preparar el desayuno. Cuando Harry bajó a desayunar, después de haber pasado toda la noche en vela, Winky ya había preparado un verdadero banquete. Kreacher estaba en la mesa del comedor, abriendo alegremente los regalos de la boda.
-¡Kreacher! -gritó Harry-. Deja eso, no tienes ningún derecho.
-Hola. ¿Qué tal paso la noche el recién casado? -preguntó el elfo sin poder ocultar una sonrisa burlona.
-¡Cállate, Kreacher! -gritó Harry apunto de lanzarle un hechizo.
El elfo salió corriendo.
-El desayuno está listo -anunció Winky.
-Gracias –dijo el muchacho-. Hermione debe tener hambre ¿Podrías subir a verla y decirle que baje a desayunar?
-Sí, señor –dijo la elfina.
Winky subió las escaleras, recorrió un largo y ancho pasillo lleno de habitaciones, y finalmente se detuvo delante de la habitación indicada.
-Señora, abra la puerta, por favor -dijo Winky, golpeando la madera con su puño.
Nadie contestó, ni abrió. Winky volvió a insistir, pero no hubo respuesta. La elfina preocupada abrió la puerta
-¡Señor, señor! –gritó Winky bajando las escaleras corriendo-. ¡Tiene que venir!
-¿Qué ocurre?
-La señora está muy mal, está ardiendo en fiebre.
Sin pensarlo dos veces, Harry subió corriendo a su habitación.
Al entrar, se encontró con el cuerpo de Hermione recostado sobre la alfombra, en el mismo lugar donde él la había dejado la noche anterior: su cara estaba demacrada, su respiración era débil, al igual que su pulso y toda ella ardía en fiebre.
Harry no sabía qué temperatura tenía, pero supuso que era muy alta, porque la chica ni siquiera era consciente de sí misma. La tomó entre sus brazos y la recostó sobre la cama.
-¿Qué ocurre? -preguntó Dobby entrando en ese momento junto con Kreacher.
-La señora está enferma –dijo Winky.
-Que suerte tiene, señor –dijo Kreacher-, no cualquiera se queda viudo en su tercer día de casado.
-¡Lárgate! –gritó Harry, el elfo abandonó la habitación, tarareando una canción
Harry hizo aparecer con su varita una bandeja con agua y un par de toallas, Winky no tardó en ponerlas en la frente de Hermione.
-Dobby, ve abajo y busca entre las pociones -dijo Harry-, hay que bajarle la fiebre.
-Sí, señor –dijo Dobby, saliendo enseguida. No tardó en regresar con la poción indicada.
Harry tomó el frasco y con la ayuda de Winky dio un poco de beber a Hermione.
-Habrá que esperar a que baje la fiebre –dijo Winky
Harry tomó una silla y se sentó por un lado de la cama, más miserable no podía sentirse.
-¿Por qué se enfermó? -preguntó Dobby a Winky discretamente
-Supongo que sus defensas bajaron: la emoción y el estrés de la boda, tuvo que organizar todo en muy poco tiempo, y luego, ambos sabemos lo que pasó anoche
-Pobrecita -dijo Dobby
Los dos elfos y Harry cuidaron a Hermione durante todo el día. Al caer la noche, Hermione ya no tenía fiebre, pero tampoco había despertado.
-Ahora duerme tranquila –dijo Dobby
-Sí, le di un poco de poción para dormir sin soñar, creo que le hará bien -dijo Harry
-Sólo espero que no tenga otra recaída –dijo Winky.
Afortunadamente, Hermione no tuvo ninguna recaída y durmió durante toda la noche. Los dos elfos se fueron a descansar, pero Harry se quedó junto a ella velando su sueño.
