Hola a todos. Aquí les dejo el último capítulo. Espero que les guste el final.

Disfruten la lectura.

Los personajes de Naruto no me pertenecen, son de M. Kishimoto.


Sasuke no deseaba una confrontación. Su plan no era el decirle todas esas cosas pero estaba herido, aunque eso no justificaba nada, la fuerza de aquel penetrante y ardoroso dolor fue suficiente para sacarlo de sus cabales; su mente racional falló por completo, solo con sus sentimientos, lo dejó a la deriva.

Su reacción no era necesaria, sabía que los celos podían echar a perder todo lo logrado con la escritora, no podía dudar de ella, sin embargo, no pudo evitar que su cerebro se trastornara por la posición en la que los encontró.

"ES UN SIMPLE ABRAZO" gritó una voz en su cabeza, no obstante, los celos le carcomían por dentro.

Por eso dijo todo eso. Y, ahora, se arrepentía de haberle dicho todas esas duras palabras. Él no deseaba eso; Sasuke había jurado hacer cualquier cosa con tal de ganar el corazón de Sakura Haruno. Pero actuó como tonto, dejándose guiar por erróneas emociones, perdiendo lo más preciado para él.

Así fue como Sasuke dejó a Sakura con aquel hombre quien le rompió el corazón. Sasuke no tenía idea, ni la más remota idea, que su pronta salida de escena causaría un conflicto mayor que una simple rabieta de celos.


Pudo escuchar la puerta siendo cerrada con saña, a lo lejos. Sintió como si un enorme peso cayera sobre sus hombros. Apretó la tarjeta entre sus manos.

Algo tibio le rozó la mejilla: eran lágrimas. Hacía años, no lloraba. Se lo prometió tiempo atrás, después de la partida de Sai.

Todavía era capaz de escuchar las palabras de Sasuke antes de irse, como un eco infinito, recorriéndole el cerebro incansablemente, recordándole lo perdido minutos antes.

Sufría. El sufrimiento le embargaba el pecho por la repentina salida de aquel hombre a quien ella creía amar.

¿Lo creía? Si, ella creía amarlo. Pero, la confusión ganó terreno cuando vio a Sai, ¿Sentía algo por Sai?

El pecho parecía rebosar de tantas cosas. Sentimientos encontrados enmarañaban su cabeza haciéndola doler. Sus sienes punzaban fuertemente. No quería perder a Sasuke. Su corazón clamaba ese nombre, entonces el rostro de Sai y sus palabras le aparecían en la mente llamando al caos a ser parte de ella.

Harta de todo, del sufrimiento y el desconcierto, corrió a su habitación y se tiró en la cama enterrándola la cabeza en la almohada.

La duda era como un veneno, recorriendo su torrente sanguíneo, esparciéndose, lenta e intensamente por todo su cuerpo, de célula en célula.

Elegir. Debía de tomar una decisión definitiva. Ya no era una niña pequeña para andarse con rodeos e infantiles rabietas. Era una adulta, una mujer hecha y derecha, y como tal, debía encontrarle una resolución a su dilema.

Pero ¿Cómo elegir entre el hombre que fuese su primer hombre, a quien había amado con locura durante tantos años de su vida? O ¿Aceptar al hombre que conocía desde hacía tres meses, aquel irresistible a sus ojos, quien la llevaba al paraíso, el hombre que destrozaba todas sus barreras? No entendía el por qué de aquella situación.

¿Era esto alguna clase de castigo? Las lágrimas, rebeldes, brotaron de sus ojos sin ella pedirlo. Estrujó la almohada con sus manos, descargando su ira, tragándose el grito de frustración que trataba de escapar de sus labios. No lo dejaría salir, sin embargo, sus ojos no tenían la misma intención, actuaban por cuenta propia, dejando escapar ríos de agua salada que escurrían por su rostro de porcelana, opacándolo, llenándolo de tristeza.

Su cabeza punzaba. Sus ojos, rojos e hinchados, seguían soltando y dejando descender lágrimas, las mismas que caían en el edredón humedeciéndolo. ¿Por qué?, ¿Por qué a mí?, esas preguntas constantemente cruzaban su mente, sin descanso. Siguió así, llorando, tirada en la cama, hasta llegar a un estado algodonoso, como si hubiera tomado alcohol, en el cual su cerebro se cansó de sus arduas horas de trabajos. El sueño la venció, tomándola de rehén, arrastrando a la inconsciencia. Dándole, a sus neuronas, por fin, un descanso prolongado.

Esa noche los recuerdos se presentaron en forma de sueños. Tan reales, demasiado palpables, como si los viviera de nuevo. Las mismas sensaciones, los mismos sentimientos y exactamente las mismas emociones que la atraparon en aquellos momentos, se hicieron presentes en ella, a pesar de la inconsciencia.


—Hola, me llamó Sai. ¿Y tú? — La sonrisa del muchacho la deslumbró, no pudo contestar por unos segundos, quedó embobada.

—Mi nombre es Sakura…Haruno. — Respondió con las mejillas arreboladas por la vergüenza.

—Un hermoso nombre para una hermosa chica. Te viene como anillo al dedo. Tu nombre hace honor a tu color de cabello. Muy bonito, por cierto. — Le dijo.

Era la primera vez que un chico se le acercaba y hablaba con ella en plan de ligue. Siguió conversando con Sai y este le pidió una cita. Su primera cita.

Después de esa vinieron más, y más, hasta que la pregunta fue lanzada y ella le dio un sí. Se convirtieron en novios y Sakura era completamente feliz.

Estaba enamorada, lo amaba. Quería pasar con Sai el resto de su vida. La vida, con el de su lado, pintaba brillante y completa.

—Sakura-chan, él es Sasuke Uchiha, uno de mis amigos más cercanos y miembro de la misma junta económica a la cual pertenezco. Sasuke, ella es Sakura Haruno, mi hermanita. — Presentó mutuamente.

—Un placer, señorita Haruno. — Extendió su mano para saludarla.

—Es un placer, señor Uchiha. — Le sonrió, realizando la misma acción del joven hombre. Él, en una forma caballerosa muy antigua, besó el dorso de su mano. Haciendo a Haruno sonrojarse imperceptiblemente.

Su voz aterciopelada la atrapó. Quedó estática momentáneamente. Saliendo de su sorpresa, lo miró directamente a los ojos. Grave error. Sus orbes, de color ónix, como la más hermosa de las piedras, eran demasiado profundos. Se perdió en ellos. Tan hermosos y brillantes, la atraparon. Cayendo en un pozo sin fondo. Su corazón latía en una loca carrera. La presencia del guapo pelinegro la ponía nerviosa. Eso jamás le pasaba. Pero ahí se encontraba el sentimiento. Nerviosismo puro recorriendo su sistema nervioso. Haciéndola torpe. Su cerebro no registraba otra cosa que no fuera el hombre que acababa de conocer. ¿Cómo era posible que alguien evocara tanto en tu interior al conocerlo?

La sensación era igual a mil mariposas, hermosas y llenas de energía, revoloteando en su estómago. Era, hasta cierto punto, molesto. Y, mientras más tiempo transcurría, las mariposas movían sus alas con mayor fuerza.

Sai la miró con sus ojos negros y atrapantes. Sakura de tan sólo catorce años, se perdió en ellos. Entonces, Sai le dijo que la amaba. Nunca antes nadie le había dicho eso. Algo se movió en su pecho, felicidad. Estaba feliz que él le dijera algo como eso. Su corazón saltó alegre y lleno de emoción. Sintió a las mariposas moverse en su interior, justo en la base de su estómago, haciéndola sentir rara y nerviosa al mismo tiempo.

Simplemente estaba contenta que él expresara su amor por ella.

Esa madrugada, mientras Sakura simulaba dormir escuchó, como en un pequeño susurro casi imperceptible, la confesión tan esperada. "Te amo", pronunciaron los labios del Uchiha hacia la belleza, que creía durmiendo, entre sus brazos.

El corazón de Sakura saltó de alegría y felicidad. Emociones jamás sentidas penetraron en su cuerpo.

Sintió unas profundas ganas de llorar y algo cálido se instaló en lo profundo de su pecho, penetrando hasta lo más hondo del alma, un sentimiento nunca antes experimentado. Sentía a su corazón fundirse, cambiar de forma, mutar, dándole pasó a algo nuevo y totalmente diferente; algo inexplicable pero completamente real. Aquello se asemejaba a un volcán haciendo erupción. La lava viajando por todo el interior de una gran montaña, recorriéndola con rapidez y precisión, buscando la salida hacia la superficie.

La sensación encontró el camino y brotó por cada uno de sus poros… llegando hasta lo más profundo de su alma.

Sai se acercó a ella y la besó. Era algo sin igual. Las entrañas se le removieron y un extraño calor se le arremolinó en el vientre. Estaba lista. Se sentía lista para dar el siguiente paso en su relación con Sai.

Su primera vez, entre la luz de las velas aromáticas y una enorme cama llena de pétalos de rosa, fue más bien dolorosa que agradable. Sin embargo, el hecho de que su Sai hubiera pensado en ella y hubiera creada esa atmosfera tan romántica la hizo sentirse deseada y querida a la par.

Después de eso, hicieron el amor más veces, las sensaciones nada parecidas al primer encuentro que tuvieron.

Ya no hubo malestar, su cuerpo respondió, dejándose llevar, de mejor manera. Las sensaciones se multiplicaron, el placer le invadió el cuerpo, tuvo su primer orgasmo.

La sensación era profunda y sosegada. Llena de amor.

El beso era fuego puro, algo que Sasuke Uchiha producía en su interior con demasiada facilidad, pero le gustaba, le encantaba esa sensación quemante y embriagante atravesando su ser. Miles de estremecimientos vagaban, libremente, por su cuerpo. Haciéndola arder. Besarlo era como arrancarse las toneladas de presión de su cuerpo. La razón le fallaba, no la necesitaba, solo sentía. Y ella podía verlo, el fuego en su mirada, el hambre que reflejaban. El fuego, negro y líquido, quemando en sus pupilas. Oleadas placenteras recorrían los confines de su cuerpo, un cosquilleo conocido inició en su vientre, el orgasmo estaba cerca. Los agradables calambres, bajaron por su columna vertebral, haciéndola gritar de placer. Una deliciosa corriente eléctrica la atravesó. Cayendo en un remolino, nublándose el juicio, incapaz de escapar de él. Sakura se estremeció de pies a cabeza, hacía mucho tiempo no sentía nada como aquello. El éxtasis envió a Sakura al paraíso.

Todo era muy diferente cuando se trataba de Sasuke Uchiha. Las sensaciones no se comparaban con lo sentido en el pasado. Todo era pasión desbordante, un fuego puro que la quemaba por dentro, llenó de otros sentimientos que arrasaban con razón y la dejaban con la mera capacidad de sentir y dejarse llevar.

—Tengo que hacerlo. Espero me perdones por ello Sakura. — Sai le explicaba y pedía entendiera el porqué de su ida.

—Pero yo te amo, dime, ¿por qué te vas?, ¿He hecho algo mal?

—No es eso pequeña, sabes que no es eso. Pero no hay más remedio. Te amo, pero no puedo pedirte que me esperes, sería demasiado injusto para ti.

Las lágrimas brotaban a raudales de sus ojos verdes, su cara de niña, antes brillante, se vio opacada por la pena y el dolor. Su pecho dolía, sin razón aparente. Sus labios se encontraban abiertos en una silente súplica, pidiéndole quedarse a su lado. Sin obtener una alentadora respuesta. El fin era inminente. Ella lo sabía. La idea no le agradaba, sin embargo, no había de otra más que atenerse a la decisión que ya había sido tomada.

Las consecuencias pintaban atroces para su joven e inmaduro corazón. Sus ilusiones rotas y las alas que empezaban a cobrar vida, se marchitaron de pronto. Ya no habría más vuelo para ellas. Los colores desaparecieron dejándolo todo en gris. Ya nada sería lo mismo. Aun así, después de algunos años, albergaba la esperanza de que, aquel a quien tanto amó, volviera a su lado.

—Dime Sakura, ¿Qué sientes por mí? — La pregunta fue como un balde de agua fría. No podía contestarla en ese momento. Aunque quisiera, le era imposible. El remolino amorfo de emociones que arrasaba en su interior se lo impedía. El maldito torbellino era demasiado potente para poderlo calmar en aquel instante y darle una respuesta.

— ¿Te retractas? ¿Deseas romper la relación que tenemos? — La voz de Sasuke sonó cruda, como una bella sinfonía pero rota y desmembrada.

—Es obvio que sí, sabes, está bien, si eso es lo que deseas. Yo me voy. No los detengo más. — Dijo para empezar su avance hacia la puerta. Quería salir de ese maldito lugar.

—No, Sasuke espera. No es así… — El pánico empezaba a fluir, como una cascada en su interior. Quería decir muchas cosas pero se vio interrumpida por él. —Yo solamente necesito pensar. — Pidió con los ojos anegados en lágrimas.

—Qué, ¿Necesitas tiempo para pensar?, pero eso no pasaba hace unas cuantas horas, ¿Verdad, Sakura? — Espetó con sarcasmo y veneno. — No entiendo que te sucede. Mira, Sakura, es obvio que la llegada de este tipo te afectó en demasía y yo no tengo tiempo para juegos… — Suspiró. — Es mejor dejarlo así, por ahora. Adiós. —Argumentó, viéndola a la cara, con el rostro en una mueca de tristeza.

Ni siquiera dormida su cerebro dejó de trabajar en la cuestión que lo atormentaba. Las vivencias al lado de Sai y Sasuke hicieron acto de presencia. Aquello empezaba a fastidiarla. En vez de darle una respuesta a su pregunta, en vez de resolver el acertijo plagándole la cabeza, la enredaba más, si era posible aquello. No tenía tiempo para seguir con sus lamentaciones. Debía tomar una decisión. Necesitaba hablar con ellos, con ambos.

Esperaba ese fuera el secreto para la resolución del problema: tenerlos enfrente de ella para corroborar, con las actitudes de su cuerpo, lo que su corazón decía sentir por los dos.

Miró el reloj de la mesita. Eran las cinco de la tarde. Había dormido nueve horas seguidas, en las cuales rememoró muchas cosas de su pasado lejano y de su pasado más reciente.

Decidida a terminar con todo esto, tomó el teléfono apostado al lado del reloj y marcó el número de Sasuke y el de Sai para pedirles venir a verla. Pero no ese mismo día, tenía cosas que hacer.

La cita era dentro de tres días. Ese tiempo esperaba usarlo sabiamente para poder descifrar todo lo contenido en su interior. Suspiró angustiada. La cabeza un revoltijo, en conjunto con un corazón acongojado, eran una mala combinación.

Lo pasó mal los siguientes días. Trató de mantenerse ocupada para salir del pensamiento constante, sin resultado alguno. Fue a ver a Tsunade, se reportó con ella, le agradeció por las vacaciones y la informó del argumento de la novela que empezaría a escribir. A Tsunade le pareció estupendo el hecho de, próximamente, tener otra de las románticas y atrapantes novelas de Sakura Haruno para leer, editar y publicar.

Charló con ella sobre el viaje, la isla, los paseos y todo lo acontecido en aquel paradisiaco lugar. Se pasó todo el día con ella. Comieron juntas, rieron y se divirtieron con las anécdotas contadas.

Muy tarde, por la noche, llegó al departamento cansada y somnolienta. Sin embargo, el sueño nunca llegó, cerraba los ojos pero no perdía la conciencia y se iba al mundo de los sueños. No. Seguía despierta, sin lograr dormir. Sólo cavilar. Los dos días siguientes fueron la misma historia, solamente que ahora no tenía a Tsunade para distraerla un poco. Ojeras empezaban a formarse debajo de sus verdes ojos.

Quería terminar con todo. Volver a la normalidad, poder dormir y soñar, continuar con su vida. Esperaba poder hacer después de la toma de la decisión más importante de su vida.

Tres días. Para Sakura se asemejaba a un siglo. Sopesar los pros y los contras, buscar una solución. Pero, ¿Podía llamarle solución a la respuesta que debía encontrar? ¿Cómo sabría, si era lo correcto, si no escogía mal? ¿Podía confiar ciegamente en su cerebro, en aquella materia gris llena de tantas cosas, para darle la opción correcta? ¿Debía confiar en su corazón para tomar semejante decisión? ¿En verdad era así de complicado escoger a uno de ellos?

Sí, lo encontraba muy difícil. Pensaba y pensaba pero, aquello que Sakura intentaba encontrar, no estaba por ningún lado.

¿A cuál de los dos debía escoger? No estaba tan claro en su mente como ella quisiera pero, en este instante, mientras esperaba el sonido del timbre, no tenía una maldita decisión clara.

Por fin. Posteriormente de la eterna espera, el timbre sonó. Apresurada, se acercó a abrir. Los dos estaban parados afuera del departamento. Sai y Sasuke. Los nervios empezaron a recorrerle el sistema, un nudo se le formó en la garganta. Se hizo a un lado para dejarlos pasar. Ambos entraron rápidamente, sin necesidad de decirles con palabras, entendiendo el gesto.

El momento llegó antes de lo esperado. Sakura, nerviosa, no dejaba de morderse el labio inferior, pensando, buscando las palabras.

Dejó de pensar, solamente permitió el fluir de su voz llevando el mensaje que su cerebro y corazón dictaminaban. Ni siquiera tenía un discurso preparado. Sólo se dejó guiar por aquellos dos componentes principales de su cuerpo, ellos hablaban usando sus labios.

—Sai, yo te amaba, nunca me di cuenta de todo lo que significabas para mí. Toda mi adolescencia fuiste mi gran amor. Pensaba por ti, respiraba por ti, soñaba contigo, te amaba como una loca. Si tú querías algo, ten lo por seguro, yo te lo hubiera dado. Si me hubieses pedido la luna, te la habría bajado, si el cielo era tu deseo, yo lo hubiera conseguido por que sí. Quería hacerte feliz.

Te amé, como no tienes una idea, te pensaba, te extrañaba, sentía tantas cosas. Cosas a las que no era capaz de ponerles un nombre, entonces, yo, las llamaba amor. Estaba completamente enamorada de ti. — Tomó unos segundos para ganar un poco de aire. — Eras el único que me hacía sentir de aquella manera, las mariposas en el estómago, las ganas infinitas de verte, tu voz era mi melodía. Te amaba. Eso era todo. Como es que no me di cuenta antes, no lo sé. — Sai se acercó a ella y la abrazó.

Derrotado. Así se sentía Sasuke Uchiha en aquel ínfimo instante. Había jurado hacer cualquier cosa, lo que fuera, con tal de mantenerla a su lado. Sin embargo, él no podía luchar contra aquello, el amor verdadero era algo que no se creía capaz de romper. Era una batalla perdida antes de iniciar. El dolor en su pecho se hizo más agudo, le costaba respirar. No podía con aquello. Sufría al ver como se abrazaban y no quería ver el beso que compartirían en unos segundos más. Con la cabeza agachada se dio la vuelta para darles un poco de privacidad, de seguro, la querrían.

— ¿Qué haces Sai? — preguntó viendo al hombre a punto de besarla. Aquellas palabras detuvieron a Sasuke. Anclaron sus pies al piso debajo de ellos. — Que no escuchaste lo que dije hace unos momentos. — Soltó enojada por su estupidez.

—Claro que lo oí, con lujo de detalle, no me perdí ni una sola palabra de tu discurso. Solo celebro que me escogieras a mí, no al Uchiha ese. — Espetó con veneno en su voz.

—Sí, yo dije eso, pero hablaba del pasado. ¿No pusiste atención? — Sai enmudeció.

Por fin se dio cuenta, al ser abrazada por Sai, que aquellos sentimientos que creía se encontraban, aún, en su interior, ya no estaban. Repasó todo: los sentimientos y emociones que, antiguamente, Sai despertaba en su interior. Ya no existían. En su lugar, un enorme hueco se encontraba, un agujero negro hacía aparición. Y, al fin, comprendió todo. La confusión fue la que la llevó a compararlos a los dos, en lugar de verlos como entes separados.

Físicamente, Sai, se parecía a Sasuke: Alto, de hombros anchos, cabello y ojos color ónix, sonrisa encantadora. Se había equivocado, de nuevo, todo era una ilusión. Sai era completamente diferente a Sasuke. Ahora lo entendía, las sonrisas de Sasuke la hacían suspirar; la sonrisa de Sai era tan… falsa. Los cabellos de Sasuke la invitaban a pasar sus manos por las sedosas hebras de color azabache; el cabello de Sai le parecía tan… normal, sin nada en especial; los ojos de Sasuke, aquellos profundos y oscuros orbes, se sentía capaz de contemplarlos por días, meses o años, sin un ápice de aburrimiento; los orbes de Sai, ahora, le parecían tan vacías, carentes de emociones, no demostraban nada para ella, nada que sintieran hacia ella, demasiado inexpresivos; El cuerpo de Sasuke, tan solo con contemplarlo, aun con ropa, la hacía desear fundirse en un solo ser con él. Sentir todo lo que le podría ofrecer, era capaz de llevarla al paraíso, con solo sus manos y boca acariciándola; por otro lado, Sai, no la llamaba, no sentía la chispa inundando su ser como con Sasuke Uchiha, no había ningún tipo de atracción.

Tres días sin dormir, martirizada por la confusión y la revoltura de su cabeza, con unos cuantos minutos se aclararon. Todo ese desastre colosal, la anarquía dentro de ella, se compuso y volvió a la normalidad con ello.

—Yo te amaba, sí, en el pasado. Un pasado que, en este momento, se mira muy lejano. En el presente, no significas nada para mí, lo lamento, y no te ofendas por mis palabras, pero, me tomó años darme cuenta de que algo pasaba, en mi interior, por tu culpa. Años de mi adolescencia teniéndote cerca, soñando contigo. Eran una simple obsesión. Con Sasuke, solo bastó una mirada, unos segundos, para que mi interior se prendara de él. Revivió a mi corazón, se apoderó de él, tanto mi cerebro como mi corazón, concuerdan en ello: Amo a Sasuke Uchiha, lo amo con todo mi corazón.

Como si una venda le hubiera sido retirada de los ojos, así se sentía. Fue una estupidez de su parte el confundirse por algo tan nimio como aquello. ¿Por qué compararlos a ambos si no eran iguales? Esa era la clave. Verlos por separado, no intentar compararlos. Verlos a ellos, en el presente, no en el pasado, aquello que lograban en ella.

Sakura Haruno se dio cuenta de la importancia de no estancarse en el pasado. Aquello casi la llevaba a tomar una decisión de la cual se arrepentiría. Sí, tal vez en el pasado Sai obró cosas en ella, similares a las que Sasuke producía, pero en el presente no le producía nada.

Pero, en cambio, Sasuke, la incendiaba. La atraía, la atrapaba y conseguía hacerle perder la cabeza con una sola de sus miradas. En ese preciso instante, podía sentir la ardiente mirada de Sasuke sobre ella, el ónix de su mirar parecía bullir.

Sasuke sonreía triunfante y emocionado. Se sintió morir cuando escuchó la primera parte del discurso de Sakura. El corazón se le quebró. Los recuerdos de los momentos con Sakura de su lado, aparecieron en su mente, como un flash, acentuando la desesperación. Descorazonado, se dio la vuelta para alejarse de la fuente de su pena, con la esperanza de disminuir la sensación estancada en su pecho.

Entonces Sakura volvió a hablar. Regañó al otro hombre por haberla abrazado y no comprender el mensaje implícito. Sasuke, al igual que Sai, estaba confundido. Él creyó exactamente lo mismo: pensó que la elección de Sakura era aquel hombre en lugar de él.

No fue sino hasta oírla hablar de nuevo, cuando comprendió lo dicho por la escritora. Era al revés. Aquellas palabras eran más una despedida y exponían los hechos del pasado en vez de ser una decisión definitiva.

Se le quedó viendo. Sakura habló de nuevo mientras se acercaba a él. El pulso se le aceleró. Su cuerpo la anhelaba con fuerza. Y, en ese instante, Sakura Haruno admitió amarlo.

Las partes en las que se había convertido su corazón, se juntaron. Lentamente, se armó, lleno de todo lo sentido por la mujer parada frente a él. No pudo evitar sonreír al escucharla. Los latidos en su pecho eran demasiado impetuosos. Ella estaba a centímetros de él, y Sasuke no pudo evitarlo: desesperado se acercó y la besó con vehemencia. Expresándole todo aquello que le habitaba en el pecho y tenía el nombre de Sakura Haruno. Todo él le pertenecía a ella. Cada átomo, cada célula, cada parte de su materia, eran de ella. Sakura era su dueña absoluta.

Besar su boca era como beber la ambrosía de los dioses. Las venas se le llenaron de fuego líquido. Si no se controlaba le haría el amor frente aquel idiota.

Al diablo con ese. Con su lengua, Sasuke, lamió el labio inferior de Sakura, pidiendo permiso y ella se lo dió sin dudar.

Recorrió cada rincón, ya explorado, con alegría e ímpetu. El ambiente empezó a caldearse y a ellos no les importaba.

Sai, por su parte, comprendió el mensaje. No tenía nada más que hacer en ese lugar. Perdió antes de entrar al juego. Perdió a Sakura aquel en donde decidió irse lejos para cumplir sus sueños. Sin mirar atrás, salió por la puerta cerrándola al estar en el pasillo, emprendió su camino a otro lugar.

La pareja seguía enfrascada en su beso. La falta de aire estropeó todo y se vieron obligados a separarse. Pero no del todo, sus frentes seguían juntas, Sasuke abrazaba a Sakura con fuerza, sin querer soltarla. Estuvo a punto de perderla y no estaba dispuesto a dejarla. El calor del cuerpo de esa mujer era como un bálsamo para su dolor. Lo calmó con el simple hecho de tocarlo. Pero, producía otros efectos en él, la sangre corría loca y excitada por todo su sistema. Está noche le haría el amor hasta no aguantar más.

Sakura se había creído inmersa en una maldición o en un mal sueño del que quería despertar y por fin pudo hacerlo. Despertó a la realidad, la vida cobró sentido, los colores volvieron, ya no eran negros y blancos, eran todos como deberían de ser.

Todo volvía a la normalidad, como siempre debió de ser. La tormenta cedió dándole paso al arcoíris. El hechizo maligno terminó dándole pasó a la felicidad.

Pero más que el final de un hechizo, parecía, indudablemente, el comienzo de la magia.

Fin.


Gracias por haber leído mi historia completa.

Esta es la segunda historia que termino, espero les haya gustado el final.

Cualquier duda, aclaración, o si quieren compartirme su opinión sobre este fic, dejen un review.

Me despido.

¡Saludos!

Karly666-chan.