Capítulo Nº 10: Curando Heridas.

Nos encontrábamos en las habitaciones de Legolas; apenas el Elfo había perdido el conocimiento, partimos para socorrerlo. Al llegar a su hogar, solo pudimos llevarlo a su habitación y pedir ayuda para las heridas.

—No te muevas tanto, Legolas —Elrond se encontraba sentado en la misma cama donde Legolas le daba la espalda para que pudiera cerrar la herida con hilo y agujas especiales.

—Se supone que sos un guerrero —se burló Elorhir.

—Lo decís porque no sos vos al que le están literalmente cosiendo la espalda —el Príncipe podía soportar dolores inmensos, cortes y hasta envenenamientos, pero era eso en especial lo que lo descontrolaba. Tenía una mano apretando la suave sabana y la otra afirmando un palo de la cama.

Miraba nerviosa como Legolas se retorcía, a veces impidiendo que siguieran con las suturas, el sabio Sanador ya estaba perdiendo la paciencia y eso era, prácticamente, imposible. Elrohir y Elladan solo lo miraban con burla; según ellos, lo único que le faltaba al Príncipe eran los pañales para convertirse en bebe y comenzar a llorar.

—A ver —el Medio Elfo, ya cansado de que se moviera tanto, miro a la habitación buscando a alguien que lo ayudara—. Evënya, vení a sujetar a Legolas o sino terminare cosiéndole otro lugar —no perdí tiempo en acercarme y posar mis manos a los costados del Elfo, quien se tensó visiblemente, provocando la suave risa del sanador—. Ahora si podremos seguir.

Desde el evento de nuestra práctica, no había cruzado alguna palabra decente con Legolas sobre la apuesta. Estaba bastante ansiosa por pedirle perdón y por aclarar las cosas con él, pero algo me decía que tendría que ser mas persuasiva para convencerlo, aunque ya sabía, con alegría que los sentimientos eran mutuos. Los ojos de los Elfos no mentían jamás.

—Listo —dio un suspiro satisfecho, Legolas ya estaba curado. Se levanto juntando las vendas y suturas que habían sobrado y fue a una mesita a preparar un té que luego se lo alcanzo—. Bebe esto para que el veneno desaparezca, te hará dormir bastante y duerme sobre el estómago para no lastimar tu espalda —Elrond miró a los gemelos, quienes al entender la suave petición salieron sigilosamente—. Me voy a quedar con Evënya hasta que el sueño te llegue —Legolas no protesto, tomo el té y a los pocos minutos se quedó profundamente dormido en la posición que le habían aconsejado.

— ¿Cómo esta Legolas? —preguntó su madre preocupada.

—Lord Elrond me dijo que ya esta durmiendo —su esposo se acerco acompañado de su hijo menor—. Al parecer la ponzoña del animal no se interno tanto, y no era mucha pero si la suficiente para dejarlo inconsciente.

—Ya veo. Es raro que Legolas halla resultado herido ante algo como eso —el hombre me miraba de reojo, a lo que bajé la vista algo avergonzada.

—Fue mi culpa; Legolas me ordenó que me quedara con los gemelos, pero yo desobedecí sus órdenes y fui en su ayuda. Él se lastimó la espalda al protegerme a mí, lo siento —declaré aún más avergonzada mientras que los reyes de Mirkwood me miraban algo consternados.

—Ya veo; se me hacia bastante extraño que mi hijo saliese herido por una araña siendo que él ha matado a más de la tercera parte de las que rodean estos bosques —decidió la Reina yendo a ver a su hijo; pidiendo los respectivos permisos, se encamino a las habitaciones.

— ¿Por qué no te quedaste con los gemelos? —sabía que ese no era el momento indicado para hablar, pero debía hacer esa pregunta al ver lo arrepentida que estaba.

—Porque no podía permitir que a Legolas le pasara algo. Es que...

—No importa. Lo bueno es que los dos están bien; uno más que el otro, pero no fue algo tan grave –Arwen decidió interrumpir la conversación, tenia un mal presentimiento.