Si tú supieras

Primera parte

Capítulo X

Fue un largo fin de semana y casi no fui capaz de conciliar el sueño. La noche del baile daba vueltas y vueltas en mi cabeza y las imágenes no me daban un respiro.

Aquella noche fue interrumpida por la pelea entre Emmet y Mike, luego de eso la fiesta había sido detenida por los académicos. Emmet intentaba salvar mi honor, creo, iniciando la pelea, luego de ver a mi pareja con otra.

Llegados a este punto ya no podía hacerme la tonta y fingir que no entendía el porqué. Si bien antes no lo había notado, ahora todo quedaba más claro para mí. Sobretodo al ver el rostro de Emmet cuando llegué junto a Edward para detener la riña. Llegamos hacia el tumulto de gente con las manos entrelazadas y el rostro de Emmet se desfiguró completamente al vernos.

No sabía con certeza desde cuando pero Emmet, como me había advertido Alice, estaba interesado en mí. Y, ¡genial genial!, yo estaba interesada en su primo, en el recién llegado Edward Cullen. Y, para ser sincera, me interesaba muchísimo.

¿Esconder mis sentimientos era lo mejor que podía hacer?-me pregunté una y otra vez en ese interminable fin de semana. Recién el domingo por la tarde, mientras intentaba concentrarme en la tarea de trigonometría, sin resultados; concluí que sí, que disimular o mejor aún, intentar olvidar lo que estaba sintiendo por Edward sería lo mejor.

Por lo general, las disputas entre amigos por una mujer terminaban siempre igual: con los amigos más unidos luego de decidir que algo así no podía competir contra años de amistad; y la mujer despechada.

Además, estaba el hecho de que el objeto de mi afecto no estaba nada interesado en mí.

Intentaría sacar provecho de aquella pseudo-amistad que ambos teníamos y de aquellos momentos compartidos, fabricar mis recuerdos. No faltaba tanto para fin de año, él se iría y comenzaría sus estudios en alguna universidad muy, muy lejana y yo no le volvería a ver. Plan perfecto.

Pero al día siguiente, todavía no sabía de donde iba a sacar las fuerzas para llevar a cabo mi plan. Al cruzar la entrada del colegio vi, metros adelante, la espalda de Edward alejándose, supuse, hacia su primera clase del día. Y fue todo lo que se requirió para sentir mi corazón latir con furia contra mi pecho.

Y sobre lo de disimular, es decir negar, lo que sentía por él, pensaba que también iba a resultar ser una misión imposible.

Rosalie se acercó a mí en el primer periodo de descanso porque "necesitaba" tener un poco de conversación entre chicas conmigo. Se me erizó el vello bajo la ropa al escuchar su tono desenfadado y ver como su mirada de cazadora descendía sobre mí.

Supongo que me lo merecía por entrometida-me dije mientras la seguía a donde ella consideró "un lugar apropiado", que resultó ser justo enfrente de la cancha de tenis. Afortunadamente, y quizás esto contrariaba los planes de mi compañera, esta se encontraba vacía.

-Bueno, Bella-comenzó con los dientes apretados-intentaré ir directo al grano. Seré sincera contigo y espero que tú también lo seas en tus respuestas.

-Claro-dije un poco impaciente.

-Creo que sabes sobre lo que voy a decirte.

¿Era eso una pregunta?

Negué con la cabeza. Tenía una idea, pero esperé a que ella continuara con sus líneas, no quise interrumpirla.

Se encogió de hombros.

-Te interesa Edward.-declaró mirándome directo a los ojos.

Noté que aquello no había sido una pregunta tampoco, lo que dificultaba la posible respuesta que yo pudiera darle. Compuse el rostro para dar la mejor de mis mentiras. Me sentía en uno de esos interrogatorios policiales, lo único que faltaba era el foco de luz incandescente y molesto sobre mi rostro, y alguno que otro instrumento de tortura.

¿Qué era lo peor que podía pasarme si le decía la verdad? Que ella le dijera todo a Edward e intentara, dueña de esta nueva información, hacer de mi vida un pequeño infierno. Pero, ¿esto sería tan malo? Quizás podría servirme de estímulo para iniciar la retirada. Luego, observando su presuntuoso rostro y la manera tan despectiva en la que me miraba decidí que no le diría nada en absoluto. ¿Por qué ella tendría que ser la primera en enterarse de algo que era tan íntimo para mí? Era la primera vez que me enamoraba y ¿sería ella la primera en saber? Se enteraría antes que mi madre, que Alice, incluso antes que Edward. ¿Ella?

-Eso a ti no te incumbe.-le dije, sintiéndome extrañamente segura.

-En realidad sí, Bella.-dijo en un tono condescendiente mientras batía sus pestañas con rapidez.

Esperé a que continuara.

-Verás, no quiero que salgas herida cuando Edward se aburra de tu compañía y me pida ser su novia.

Asentí, sin siquiera considerar sus palabras, y me di la vuelta para alejarme lo más rápido posible de aquel lugar.

Noté, camino a la sala de clases, que la larga pausa que me había tomado para pensar y mi posterior respuesta, no habían sido más que una confirmación para Rosalie. Leyendo entre líneas, mi respuesta había sido: Sí, me interesa Edward pero eso a ti no te importa. Y esa era exacta la respuesta que ella estaba buscando. Solté un suspiro, vaticinando las consecuencias.

Bueno, estaba perdida.

Seguí camino al salón y luego más allá. Aún quedaba un poco de tiempo y quería distraerme antes de tener que volver a ver a Rosalie y a la profesora de matemáticas.

Rosalie no se quedó mucho tiempo guardando esta información. A la salida de clases, los vi, a Edward y Rosalie, justo en la puerta del colegio, conversando. Obligadamente, tuve que pasar junto a ellos (era la única manera de salir y yo quería llegar pronto a mi casa para esconderme eternamente en mi habitación). Me concentré en un punto distante cuando me fui acercando a donde ellos estaban, para que no diera la idea de que los observaba o algo parecido. Pero sí se me encogió el corazón cuando finalmente pase a su lado y Rosalie soltó con desdén y sin disimulo:

-Patética.

Seguí caminando sin mirar hacia atrás mientras estaba segura, allá en la puerta del colegio, Edward se enteraba de que yo estaba enamorada de él.