Aclaración de la autora: Todas las ideas y hechos narrados en esta historia son propiedad mía. Los personajes pertenecen exclusivamente a Bandai y a sus creadores. No escribo esta historia con fines de lucro, solo lo hago por diversión, fanatismo, amor, y mis continuos deseos de expandir el fandom de digimon, compartiendo mis ideas y creatividad con el resto de los fans de esta serie que nos enseñó a muchos a volar.


Primera temporada: La Bruja y la Bestia.

Capítulo 10

Infiltración. 1/2

-¿Qué tenemos?-preguntó Omegamon mientras volaba a toda velocidad hacia el lugar indicado, con Duftmon a su lado.

-Dos ataques simultáneos-respondió el felino-Área del Agua y Área de la Tierra. Una está comandada por el General Myotismon; del otro aún no tenemos suficientes datos. El primero es el que trae de momento el mayor número de hombres. El General OuRyuumon se está haciendo cargo.

-Ve con ellos; investigaré lo otro-ordenó el digimon, separándose ambos y dirigiéndose a los puntos bajo fuego.

La junta del día anterior había dejado en claro los siguientes movimientos de los caballeros y las decisiones que se tomarían, pero algo ocurrió a último minuto que casi alteró el orden de las cosas que acababan de establecer. Omegamon decidió que se mantendrían apegados al plan inicial, y que la nueva orden encomendada sería llevada a cabo de la más silenciosa y celada forma posible. Después de todo, de eso se trataba una infiltración.

Duftmon por su parte, se había mostrado más recatado durante la reunión de lo que nunca antes. Tan notorio fue que él mismo se dio cuenta de ello, y le costó un tanto inventar una excusa para disculpar su retraimiento. Si bien estaba tan preocupado como los demás por los ataques tan sucesivos que recibían, había otro tema que ocupaba su mente.

Había tenido su segundo encuentro con la damisela oscura poco antes de la reunión, y lo que le había dicho lo tenía sumamente contrariado. Lilithmon le había pedido ayuda.

Ayuda.

¿Cómo podía una digimon tan peligrosa y malvada pedirle a él ayuda? ¿De qué tipo y porqué? ¿Qué no disfrutaba junto con los demás demonios de la destrucción que estaban causando? ¿No compartía ella también los ideales de Lucemon y los otros, por conseguir al mundo digital bajo su dominio? No podía encontrar respuesta a esas preguntas. La mujer solo se le apareció de camino al castillo, tal y como la primera vez, y le habló de un trato. Un trato en el que los Caballeros ganarían más, a cambio de que a ella se le diera libertad y una oportunidad.

-¿Una oportunidad para qué?-había preguntado Duftmon, sin creer nada de lo que ella le había dicho.

-Una oportunidad para ser libre y ganarme un lugar en el mundo, como corresponda-respondió ella, sin dar lugar a ninguna otra pregunta por parte del digimon

Le habló de los ataques que ahora mismo se estaban sucediendo, quiénes estarían a cargo y cuáles serían los números.

"Está intentando ganarse mi confianza" pensaba mientras se dirigía al lugar del segundo encuentro, en donde, y según Lilithmon le había dicho, estaría atacando un grupo liderado por los hombres de confianza de Myotismon. Se suponía que este segundo ataque solo era una distracción en lo que el General intentaba hacerse con la región que necesitaban; Omegamon se llevaría una desilusión al no encontrar mayor riesgo que un puñado de digimons que se morirían de miedo al verse con el segundo de la Orden sobre sus cabezas. Por supuesto, Duftmon no podía compartir libremente esta información con sus pares. ¿De dónde la había obtenido? Sería la primera pregunta que le harían, y él no podía contestar precisamente que de un Demon Lord.

¿Qué sería lo que esa mujer buscaba? ¿Y por qué lo había escogido a él para intentar obtenerlo? Sabía que debía mantenerse a raya con ella y por ningún motivo darle algún tipo de información. Aunque intentar ignorar a digimons como Lilithmon resultaba un tanto difícil.

Negó con la cabeza y se apresuró en llegar al lugar; lo dudaba, pero tal vez el General OuRyuumon pudiese necesitar de su ayuda.

Mientras tanto, la situación era vigilada desde ambos bandos en sus respectivos territorios. Sentado sobre un enorme asiento de piel y con una pierna cruzada sobre la otra, Lucemon observaba a los digimons oscuros caer bajo la espada del dragón dorado, a quien más pintaba como un juego el liquidar a sus oponentes sin la menor dificultad que el estar librando una batalla.

-Ese dragón es un dolor de cabeza-resopló quitando el cabello de su frente-Doquiera que atacamos es el primero en aparecer y frustrar nuestros planes. Debe haber algún método para quitárnoslo de encima.

A su espalda, Matadormon sonrió maliciosamente con la mirada puesta en la pantalla. Habló mientras miraba luego su reflejo en sus cuchillas.

-Podría consultarlo con el General Machinedramon. Es muy bueno deshaciéndose de objetivos precisos y molestosos como el General OuRyuumon.

-Es verdad-se quedó pensando en esto un momento-Ciertamente preferiría librarme de una vez de Omegamon. La mitad de la guerra estaría ganada con ello-volvió su mirada hacia otra de las pantallas, donde se veía a la figura blanca de capa roja, disparar su cañón contra sus enemigos.

-Se necesitaría un digimon muy poderoso para ello mi señor-comentó el digimon delgado-o muchos de ellos tal vez.

-No hay digimon invencible, Matadormon. Omegamon ha de tener sus debilidades; solo hay que encontrarlas-cruzó sus manos mientras muchas cosas pasaban por su cabeza.

Unos pasos resonaron en el pasillo, y Matadormon hizo un gesto molesto al ver que se trataba de NeoDevimon. El vampiro y él cruzaron una mirada de odio y luego el más alto se dirigió hacia Lucemon, haciendo una reverencia antes de hablar.

-Mi señor Lucemon; uno de los digimons de Nocturna desea hablar con usted.

El ángel oscuro se dio la vuelta, extrañado.

-¿Cuál de ellos?-quiso saber.

-Stingmon para servirte, Lucemon-se escuchó una voz que resonó desde el pasillo.

Los tres digimons que estaban en la sala volvieron la cabeza y vieron a un digimon alto y de complexión fuerte, pero de aire elegante entrar al lugar. Hizo una exagerada reverencia con su brazo por delante, después un gesto con la cabeza y apoyó luego ambas manos en la cintura. NeoDevimon se molestó ante el gesto, pues estaba claro que el digimon no tomaba nada en serio sobre el respeto hacia los superiores.

-Dirígete con respeto y sumisión a nuestro poderoso señor-dijo en tono muy serio.

-¡Ha!-exclamó el insecto ladeando la cabeza y moviendo las antenas que coronaban esta-"Salve Lucemon, señor de los demonios que está poniendo al digimundo de cabeza"-exclamó con ironía y provocando a los dos sirvientes del ángel-¿No conocen un método más inteligente de llevar a cabo sus propósitos? Esto de las guerras y los ataques es un sistema tan anticuado y absurdo. Solo son pérdidas; consiguen un pedazo de tierra y luego saltan al siguiente-se cruzó de brazos-y así se repite y se repite. Pero bueno…-fingió un bostezo-nosotros los insectos no formamos parte de tu movimiento bélico mal estructurado e incorrectamente dirigido hacia enemigos que poco tienen que ver con nosotros.

-¿Qué quieres aquí entonces?-preguntó Lucemon frunciendo el ceño.

-Mi ama Nocturna ya ha conseguido dos gemas de los templos de los Digi-Eggs que necesita para su plan-sonrió-Me ha enviado a solicitaros un digimon de buen nivel y apto para uno de sus experimentos recientes…lo que resulte estará enteramente a tu disposición y créeme; no te vas a arrepentir. Ah sí-sacó una bolsa pequeña que traía atada en la cintura y se arrojó a NeoDevimon que estaba a su lado-También te ha enviado más del néctar del silencio. Supuso que necesitarías más considerando que has estado moviéndote bastante últimamente en el mundo de arriba.

El ángel asintió con la cabeza y luego se dirigió a Matadormon.

-Que Velgemon lo acompañe y le siga hasta Nocturna.

-Como ordene mi señor-dijo el digimon con una reverencia y saliendo del lugar.

-Si ayudas a mi ama con su propósito de conseguir las doce gemas de los templos, te entregará todos los digimons que necesites para ganar tu guerra-volvió a poner sus manos sobre su cintura-Y como verás en la siguiente demostración, son criaturas a temer. Esos caballeros temblarán cuando vean de lo que los insectos somos realmente capaces.

Lucemon estuvo por responder algo, pero el vampiro oscuro le interrumpió respetuosamente y agachando la cabeza.

-Mi amo Lucemon-empezó despacio-disculpe pero…he estado averiguando sobre esas gemas, y solo existen once de ellas.

-¿Once?-repitió el digimon extrañado.

-Así es; la doceava gema, la del Digi-Egg de la Oscuridad, desapareció hace milenios. Su fuerza no se siente en ninguna parte del digimundo y nadie ha sabido absolutamente nada de ella en miles de años. Es probable que fuese destruida hace ya mucho.

-Tonterías-exclamó Stingmon y haciendo enojar a NeoDevimon-mi ama sabe que existen las doce gemas. La última simplemente está escondida en alguna parte de este mundo y nosotros la estamos buscando para ella.

-¿Para qué los quiere exactamente?-quiso saber Lucemon, quien aún no podía entender porqué las gemas eran más importantes que los Digi-Eggs mismos. Si Nocturna jugaba con la evolución, ¿Por qué las gemas y no los Digi-Eggs legendarios?

Stingmon hizo un gesto con la cabeza y luego negó, divertido.

-Hará algo muy grande con ellas. Para beneficio nuestro por supuesto-se encogió de hombros-pero en cuanto lo haya hecho, los monstruos que te entregue pulverizarán a tus enemigos y tendrás todo el control que quieras.

Las inacabables ansias de poder de Lucemon no le dejaron entrever qué podría estar planeando Nocturna, y llegando a un acuerdo con el insecto, se comprometió a conseguir más de las gemas que la mujer necesitaba a cambio de los poderosos digimons que le ofrecieron. Stingmon salió del castillo Berúng seguido de cerca por un enorme Velgemon, que sin saberlo, había sido ofrecido como conejillo de indias para los misteriosos y extraños experimentos de Nocturna.


Ese mismo día y con el sol cayendo a lo lejos, el poderoso dragón dorado, acompañado de Duftmon y varios de sus guardias, volaban en dirección del castillo de los Caballeros de la Realeza. Había sido un buen día para el bando de los que protegían el mundo digital, y un punto en contra para el Mar de las Tinieblas. OuRyuumon llevaba una mirada ansiosa en su rostro y algo en su puño derecho, el que no abría por nada del mundo. Aterrizaron a pocos metros de la entrada del castillo, y fueron recibidos por el segundo de la Orden, Magnamon, RhodoKnightmon y Dynasmon.

Duftmon se reunió con sus compañeros.

-Saludos General-le recibió Omegamon.

-Saludos Omegamon-saludó también el dragón con su gran sonrisa-Bonito día para cazar murciélagos.

Esto extrañó al caballero blanco y a los demás.

-¿Cómo dice?

OuRyuumon abrió su puño y dejó caer un bulto oscuro. Éste se abrió de pronto dejando ver a un digimon atado de pies y manos y amordazado, que se debatía por intentar librarse. Los caballeros, salvo Duftmon que había estado durante la operación "caza de murciélagos" como la había denominado el General, se sorprendieron mucho de ver al General Myotismon atrapado, herido pero con la suficiente fuerza como para moverse enérgicamente e intentar soltarse. Magnamon no pudo contenerse un comentario ante su asombro.

-Eso es…inesperado…

-Felicitaciones General-habló Omegamon-Ha logrado usted una importante captura.

-Gracias-respondió OuRyuumon enseñando sus filosos dientes-El resto de su batallón ya fue molido y barrido fuera de las tierras. Hemos doblemente guarecido las fronteras para cuando vengan por él-apuntó al digimon oscuro.

-No creo que vuelvan por él-respondió el caballero blanco, en parte tranquilo y a la vez decepcionado. Si uno de los suyos fuese atrapado, partiría de inmediato en su búsqueda-Lucemon jamás arriesga nada por nadie que no sea él mismo, lo que en parte es una desventaja para nosotros. Obtendremos mucha información de él.

El vampiro logró soltarse la mordaza al fin, y gritó furioso desde el suelo.

-¡Ha! ¡Pobres imbéciles! ¡Pueden hacer conmigo lo que quieran, jamás diré una sola palabra!

Omegamon hizo un gesto de desaprobación con la cabeza.

-La lealtad no es algo por lo que ustedes brillen, Myotismon. Además…veremos qué tanto te mantienes en esa posición después de que Dynasmon y RhodoKnightmon se encarguen de ti-hizo un movimiento, y el gigantesco Dynasmon se acercó y levantó con una mano al humillado General.

-¿Ha conseguido alguna información respecto al rapto de la princesa Bastemon, General?-preguntó el caballero blanco a OuRyuumon. Éste se rascó la nariz antes de contestar.

-No en realidad; solo la información de la que me han provisto ustedes. Mis hombres aún no logran infiltrarse en sus bases.

Esto causó irónica gracia al General Myotismon, quien riendo, escupió algo de sangre y exclamó.

-¡Pero qué idiotas! ¡Jamás conseguirán nada de nadie! ¡No pueden entrar en las fortalezas del Mar Oscuro como si fuera un centro recreacional! Además, aunque fueran al mismísimo Castillo Berúng jamás obtendrían nada.

-Pareces un poco preocupado por el asunto-apuntó Omegamon con un deje sarcástico. Movió la cabeza, y Dynasmon, seguido de su compañero de rosa, entraron al castillo y se dirigieron a los calabozos que estaban en la planta baja del lugar, tal vez uno de los peores que los enemigos de los Royal Knights pudieran imaginar. El caballero blanco volvió con el General-Tengo una misión importante y muy peligrosa para usted, General.

El dragón puso cara de sorpresa y problema. Sus ojos se pasearon de arriba abajo mientras se frotaba la nuca con una mano.

-Am… no lo sé Omegamon; me gustaría tomarla pero me preocupan las fronteras y los movimientos enemigos que…

-Es por orden de Alphamon-le cortó Omegamon.

OuRyuumon se tragó lo que iba a decir y afirmó enérgicamente con la cabeza.


A esas mismas horas y en un lugar desolado de la región del Viento, una enorme nube de polvo seguía a una figura oscura que se movía solitaria y a gran velocidad. La motocicleta negra rugía conforme su amo le exigía más velocidad, y obedeciendo, la veloz máquina recorría kilómetros de terreno, mientras su conductor observaba con sus brillantes ojos la lejanía y aspiraba profundamente el aire y la libertad. Qué bien se sentía estar fuera de ese opresivo y aplastante lugar al que llamaban "hogar" el resto de sus compañeros.

Él odiaba ese lugar. Odiaba el Mar Oscuro, el Castillo Berúng y todo lo que se relacionase a ello. No soportaba las estúpidas reglas sin sentido que Lucemon imponía a todos, ni ese encierro a lo que los sometía. Solo los "peones" podían salir a entregar sus vidas a los enemigos. Ellos, los "Lords" no podían poner un pie afuera, puesto que arriesgaban el plan maestro de Lucemon.

-¡Huh!-exclamó el digimon para sí, haciendo una mueca molesta-Son unos cobardes, eso es lo que son en realidad. No son capaces de defender lo suyo con sus propias manos.

Beelzemon estaba inconforme. Completamente inconforme con todo lo que su mundo, el mundo de la oscuridad, establecía. No tenía ningún problema con acabar a todo aquel que se le cruzara por delante; de la forma más cruel y despiadada, daba lo mismo. Él quería ser fuerte; fuerte y libre. Era su naturaleza, y por más barreras que Lucemon le impusiera, no podría detenerlo. Hizo otra exclamación molesta y aceleró su vehículo. Siguió recorriendo en silencio el lugar, hasta que finalmente detuvo la motocicleta y se recostó en ella, con los brazos cruzados sobre el pecho y pensando. Había intentado mil veces convencer a Lucemon de que luchando ellos, obtendrían la victoria. Eran poderosos, y si bien los caballeros les llevaban en número, al menos podrían morir con la frente en alto y haber dado ellos lo que había que dar, como correspondía a enemigos verdaderos… no los cobardes que estaban siendo, permanentemente escondidos en ese castillo y dejando que las ratas hicieran el trabajo.

Y lo hicieran mal además.

Ya habían llegado las noticias de que el General Myotismon estaba perdiendo la pelea, y era posible que lo capturasen. Alzó los ojos al cielo, evitando exasperarse. Ya sabía que a un digimon así de inútil no se le podía encargar algo como eso. Se puso a pensar qué habría hecho él en semejante situación… si bien era muy bueno peleando, había que ser realistas. Él no podía comandar un gigantesco grupo de digimons para tomar tierras, pero no por eso había que darle el trabajo a los perdedores. Con un poco de suerte Ghoulmon y Machinedramon eran lo suficientemente aptos para el trabajo, aunque el robot siempre se había mostrado ineficaz a la hora de enfrentar a su enemigo de blanco. Pegó la vista en el cielo mientras el viento soplaba suave y levantaba la arena a su alrededor.

Quería luchar. Quería salir y luchar. Ganarse su lugar en el mundo y probar que el mismo mundo se equivocaba al definir a los Demon Lords como manipuladores y cobardes. Tal vez los otros lo hicieran. Él no. A ratos se quedaba pensando en esto, y se convencía de que estaba equivocado de bando. Sin embargo, tampoco aceptaba los métodos y las reglas con las que los gobernantes del 'mundo de arriba' controlaban a todos.

"Soy un inadaptado social" pensó con una mueca y tratando de definirse de alguna manera. No sintió la presencia del otro que aparecía a sus espaldas y se lo quedó viendo unos segundos, hasta que éste pateó una piedra y llamó la atención del demonio. Este se volvió y se encontró con quien menos hubiera imaginado.

-Vaya-comentó el joven de azul extrañado y sorprendido-¿Qué hace uno de los Siete Demon Lords aquí afuera?

Beelzemon le miró con cierta desconfianza, pero el caballero ni siquiera tenía sus armas afuera ni parecía querer enfrentarlo. Su aire hablaba de alguien que no levantaba su arma hasta tener el peligro en frente. ¿Qué no era él peligroso acaso?

-Salí a tomar algo de aire-confesó, bajándose de la moto. Solo por si acaso. Nunca se podía estar confiado con nadie.

Ulforce Vdramon dejó salir una leve risa y se cruzó de brazos.

-Sí claro. ¿Y las nubes son de algodón de azúcar no?-se encogió de hombros-¿A qué has venido? ¿Destruir un área… algún pueblo cercano, hacer graffitis?

-Ya te lo dije; malgasto mi tiempo. No me gusta pasar encerrado en el castillo Berúng.

Esto hizo pensar un momento a Ulforce Vdramon en lo que se había hablado la noche anterior, pero sus gestos no evidenciaron nada. Se recargó un poco hacia atrás mientras seguía hablando. Sentía cierta curiosidad por el digimon que tenía en frente. No todos los días podías hablar con un Demon Lord sin que éste intentara arrancarte la cabeza.

-Malgastando el tiempo ¿Eh? Deberías estar ocupado con los demás intentando hacer sus planes para conquistar el mundo-remarcó esto último con sus dedos engarfiados como solía verse en las caricaturas.

-Puedo malgastar mi tiempo de otros métodos-dijo, mirando al caballero de forma desafiante.

Ulforce Vdramon procesó de inmediato la indirecta, pero solo sonrió y cambió el rumbo de la conversación. No es que evitara una lucha contra el digimon; sería toda una proeza enfrentarse a él, y no dudaba ni un solo poco de sus habilidades. Muy joven y confiado, le decía siempre Omegamon.

-Tengo entendido que eres el novato de tu grupo-comentó.

-Y tú del tuyo-se defendió el otro, haciendo que ambos rieran para sus adentros. Aparentemente se estaban entendiendo.

-Seeh-exclamó el digimon azul cerrando los ojos y con fingidos aires de grandeza-pero los otros me tienen cierto miedo-carraspeó un poco-Dicen que soy la "joven promesa"-enseñó sus blancos colmillos y siguió enumerando apodos-"El caballero del futuro". "La última gran fuerza", tú elige; tengo muchos.

-A mi me dicen Beelzemon-dijo simplemente el otro y recargándose en la motocicleta.

El joven caballero sonrió y se quedó viendo el vehículo. No podía negar que era un aficionado a la velocidad y a los autos y motocicletas veloces, y este era un hermoso ejemplar. Beelzemon notó esto y le dio unas palmaditas en el volante a la máquina.

-¿Bonita eh?-comentó-Deberías escucharla rugir y correr.

-¡Bah!-exclamó con un gesto condescendiente- Esa cosa no podría alcanzarme ni cuando voy trotando.

-¿Quieres ver?-dijo, sentándose y echándola andar. La motocicleta rugió como animal embravecido a punto de ser liberado de su celda. Ulforce Vdramon sonrió, pero luego su gesto se ensombreció un poco al pensar en otra cosa.

-No te he visto junto con los otros en el campo-dijo un poco más frío-No he visto a ninguno de ustedes en realidad.

El tema hizo que a Beelzemon le vinieran los malos modos de nuevo. Detestaba tener que pensar en la guerra y en lo demás, y lo que era peor: tener que confesarle a un enemigo que él ni siquiera había podido tomar parte en ella, solo porque a Lucemon se le ocurría dejarle el trabajo a los… inútiles...

-¿Tu andas en medio de eso?-preguntó como si nada y volviendo la moto hacia él.

-Sí-respondió el caballero sin más-Por eso me sorprende no haberlos visto más que hasta ahora. ¿No has cometido ninguna vileza junto con el resto de tus compañeros?

-No de momento.

Esto dejó pensando al joven de azul.

-¿"No de momento"? ¿Qué significa eso?

-No estoy de ánimos para andar matando a nadie por ahora-mintió, aunque en parte también era cierto. Solo evadía la realidad de que no había pisado el campo desde que iniciara la guerra hace ya tiempo.

-Ah…-hizo un gesto de entendimiento-Entonces, ustedes van matando cuando se les pega la gana y cuando no, simplemente se quedan por ahí…

-Algo así-respondió el demonio con la vista en el suelo.

Ulforce Vdramon pareció asimilar bien esto, viendo cierta lógica. De todos modos, así eran los virus ¿No? Afirmó con la cabeza mientras sus brazos colgaban de adelante atrás.

-Vaya. Es fácil ser de los malos entonces-comentó, mirando en cualquier dirección.

Beelzemon levantó la cabeza y se lo quedó viendo, extrañado y sin comprender el comentario.

-¿Por qué lo dices?

-Ustedes eligen lo que quieren hacer y cuando lo quieran hacer-dejó de jugar con sus brazos y se quedó viéndolo fijamente. La sonrisa había desaparecido de su rostro-Nosotros no elegimos si vamos a salvar el día hoy o mañana. Lo hacemos siempre.

El virus se sintió en parte golpeado por lo que el caballero le había dicho. Algo extraño lo recorrió por dentro y le dejó muy mal sabor en la boca. Apretó los mangos del volante de su motocicleta con fuerza, cerró los ojos y luego los abrió para verlo.

-¿Por qué hacen lo que hacen?-quiso saber.

-¿Hacer qué? ¿Defender a todos?

-Sí.

-Porque amamos este mundo-respondió algo que para él era totalmente obvio, había aprendido desde siempre, y lo tenía muy arraigado en su interior-Es el único que tenemos y el único para criaturas como nosotros. ¿Lo habías notado?

Beelzemon tragó saliva con dificultad y habló con una especie de nudo que se ataba en su garganta.

-De ser así… de ser el único mundo que hay para todos los digimons ¿Por qué estamos separados? ¿Por qué hay bandos, buenos y malos? ¿Por qué nos excluyen de SU mundo y nos obligan a vivir donde nos tienen ahora encerrados?

-Nadie los ha obligado a vivir ahí-respondió el caballero, con un extraño aire de seriedad, convicción e hidalguía que nunca había sentido antes; se escuchó casi como a Omegamon mientras hablaba-Ustedes se confinaron a vivir allí. Ustedes eligieron el mundo oscuro para crecer porque no quisieron aceptar la convivencia con nosotros. No quisieron aceptar la igualdad de todos los digimons y los tipos, y prefirieron dárselas de superiores e intentar gobernar por sobre los demás. Da lo mismo si eres un vacuna, un virus o un data; puedes vivir perfectamente al lado de alguien diferente. Muchos lo hacen y han encontrado su lugar aquí, con nosotros.

-¿En verdad?-preguntó Beelzemon, sin saber que aquello era posible. Él siempre había escuchado la otra versión de la historia: los vacuna mataban a los virus y no les dejaban un lugar si no era en la oscuridad del abismo.

-Claro que sí-le dijo, dejando salir el aire y ese otro yo que habló por él. Ambos se quedaron viendo un largo momento en silencio, hasta que a Ulforce le tocó preguntar por su parte-¿Y ustedes?

-¿Nosotros qué?

-¿Por qué hacen lo que hacen?

El demonio se quedó viéndolo, y de pronto se dio cuenta de que jamás le habían hecho esa pregunta, ni se lo había preguntado él mismo. Bajó un poco la mirada, y se hartó de todo aquello. Echó a andar la motocicleta y habló antes de marchar, dejando una nube de polvo tras de sí.

-No lo sé.

El caballero azulado lo vio irse, y se quedó con un mar de dudas en la cabeza. Aquellos pocos minutos fueron, de toda su vida, los más raros que hubiese tenido jamás. Encontrarse con un Demon era cosa de los de arriba, de los viejos. Omegamon, Dukemon y Craniummon. Los experimentados que sabían lo que hacían y estaban llenos de experiencia. Él aún era muy nuevo para algo así, y sin embargo…

-Van a matarme si se enteran que lo dejé ir sin más…-se reprochó a sí mismo, y regresó a su puesto de vigilancia, en las alturas de las montañas que rodeaban aquel deshabitado paraje.


La oscuridad de la sala de comunicaciones se veía interrumpida por el brillo intenso de una única pantalla encendida, que con su resplandor verde intenso, marcaba un cuadro brillante en la pared, en donde estaba ajustada por sobre un extenso tablero lleno de teclas y botones que para cualquiera, solo constituía un puzle sin solución. Omegamon aguardaba en silencio, con el verde resplandeciendo sobre su armadura blanca, mientras en la pantalla se establecía la conexión. De haberse tratado de cualquier punto en el digimundo, aún en las tres lunas, la señal ya hubiese sido recibida desde hacía mucho, pero el punto al que intentaba establecer contacto era el más difícil de acceder de todo el digimundo, y sin duda, muy peligroso. Tanto para él como para su receptor.

Gallantmon aguardaba afuera, en la puerta. Siempre que él tenía que establecer ese contacto, Gallantmon se quedaba custodiando ahí. El caballero blanco tamborileó impaciente con sus dedos en el teclado, mientras la recepción se ajustaba y comenzaban a aparecer las primeras señales de comunicación. Se irguió y vio aparecer una silueta negra recortada contra la oscuridad del lugar. Era imposible verle, pero su voz se escuchaba claro, aún cuando baja el tono para evitar ser descubierto.

El agente infiltrado de Omegamon.

Un digimon que había sido entrenado por él mismo muchos años atrás, y se había unido a las tropas de Lucemon sin que nadie sospechara absolutamente nada. Ahora llevaba un buen tiempo al servicio de sus enemigos, obteniendo información y enviándola secretamente a su señor al otro lado del mar oscuro. Sin embargo, el último tiempo había resultado mucho más difícil la comunicación entre ellos, dado que todas las redes estaban interrumpidas y habían sido hackeadas, ya fuese por los Demons, o por ellos mismos. La información no escapaba de nadie ahora, y solo los que tenían más redes bajo su control, tenían más información. Y la información era el poder.

Por supuesto, con su pequeño as bajo la manga, Omegamon tenía mucha más ventaja que los Demon Lords en el campo de la información, y ya habían logrado detener varios ataques en distintos puntos gracias al digimon que ahora estaba del otro lado de la pantalla.

-Mi señor Omegamon-saludó el otro-Lamento las demoras; los Demon Lords me han tenido muy ocupado y la transferencia ha sido lenta últimamente.

-Lo sé-respondió el caballero-Ha sido difícil para ambos lados. Yendo al punto-habló sin perder tiempo-No recibí información sobre el rapto de la princesa Bastemon.

-Le pido mil disculpas señor-habló el digimon con cierto pesar en su voz-Lucemon hizo este movimiento muy repentinamente y en muy poco tiempo. Últimamente ha tomado decisiones un poco precipitadas; por lo menos lo de raptar a la princesa le funcionó.

-Es joven e inexperto aún, lo que nos supone cierta ventaja; ¿Por qué raptó a la princesa y para qué la quiere?-quiso saber.

-Él no la quiere precisamente-explicó el espía-la consiguió para alguien más, a costa de obtener digimons poderosos que le ayuden en sus armadas.

-Explícate.

-Una extraña entidad…-empezó a explicar, rememorando lo que había ocurrido en aquel poco tiempo-llamada Nocturna apareció aquí en el Castillo Berúng. No sabemos aún quién o qué es, pero se trata de una mujer muy poderosa señor.

-¿Nocturna?-repitió, y el nombre se volvió a repetir varias veces en su cabeza. ¿Era posible?-¿Qué saben de ella? ¿Qué tan poderosa es? ¿Qué hace?-quiso saber el caballero. Era la primera vez que podían obtener datos de esa figura, de la cual habían registrado cada archivo de la historia digital sin encontrar nada útil.

El digimon al otro lado de la pantalla pareció un poco nervioso o incómodo.

-Es lo bastante poderosa como para asustar a todos los Generales aquí… e incluso a Lucemon…

-¿Cómo dices…?-Omegamon se tardó un poco en asimilar esto. Era simplemente increíble.

-Verá mi señor; esta mujer encapuchada se presentó en el castillo resguardada por un digimon. Un GrandisKuwagamon monstruoso. Su poder es… no sabría decirlo, es demasiado para un solo digimon. Jamás había sentido un poder así. Él es la verdadera amenaza; el problema es que es un fiel perro de Nocturna.

-¿GrandisKuwagamon?-el digimon estaba sumido en sus pensamientos, procesando rápidamente todo lo que obtenía-Casi no existen de esos digimons. ¿Cómo lo obtuvo ella?

-Es una bruja, muy poderosa y hábil. Según lo que le escuchamos y he deducido por los mensajes que envía a Lucemon, puede manipular la evolución a su voluntad.

Esto fue demasiado. Demasiado. Era ridículo.

-Es imposible; nadie puede manipular la evolución-objetó.

-Lamento tener que contradecirlo señor, pero es así, lo vi con mis propios ojos. Esa mujer enterró su mano en la espalda de Phelesmon y comenzó a transformarlo, a modificar sus datos y convertirlo en un Stingmon.

Un insecto.

-¿Nocturna es la que manipula a todos los insectos que nos han atacado?-preguntó Omegamon.

El otro afirmó con la cabeza.

-Eso temo señor; no he podido enviaros reportes de avance ni datos sobre los nuevos movimientos últimamente, ni tampoco daros los informes sobre Nocturna dado el escaso tiempo y las malas comunicaciones, pero sí; Nocturna tiene el poder de manipular a los insectos, aún en contra de su voluntad. Claro que muchos de ellos les sirven por voluntad propia.

-¿Es ella quien está buscando las gemas de los templos?

-Así es; he estado averiguando sobre esto, pero he encontrado poca información señor. Según lo que uno de sus servidores comentó, las usará para algo grande e importante en beneficio de los digimons del tipo insecto. Lo que sea esto, todos lo ignoramos.

-También nosotros…-se quedó pensativo un momento-al menos estás mejor informado que nosotros gracias a tu posición. ¿Para qué raptó Lucemon a la princesa Bastemon a final de cuentas, si no es a ella a quien quiere? Hace poco hablé con Alphamon y…

-¿Alphamon?-interrumpió el otro sorprendido. Siempre había escuchado solo leyenda de este digimon, y aún cuando los miembros de la Orden afirmaban que existía, a él le costaba un poco creer que semejante criatura existiese, y por sobre todo, que su existencia fuera un puesto vacío. Además de que supuestamente debió haber pasado algo con él-¿Él está bien?

-Lo está-aseguró Omegamon, tranquilo-El plan de Lucemon con el padre de la princesa falló.

El espía dejó salir un leve suspiro de alivio. A ratos se convencía de la existencia de Alphamon, a ratos la dudaba. Pero si su superior le daba esa buena noticia, podía estar tranquilo por la seguridad del digimundo. Si las leyendas eran ciertas, y todo se torcía a favor del Mar de la Oscuridad, Alphamon debería aparecer para salvarlos… o eso esperaba. Procedió a explicarle a Omegamon el plan.

-Verá mi señor; Nocturna le exigió a Lucemon un pago por los digimons poderosos que le entregará para obtener ventaja en la guerra. Si son tan poderosos como el GrandisKuwagamon, y quiera Yggdrassil que no, tendremos un serio problema.

-¿Qué quiere ella?

-Digi cores. De digimons hermosas, jóvenes y muy fuertes. Aparentemente le sirven para su propio beneficio; vive de ellos.

-¿Se alimenta de los Digi cores de otras digimons?-exclamó el caballero blanco sin dar crédito a lo que oía. Todo se volvía cada vez más enredado y retorcido.

-Así es. Nocturna sabía de la existencia de la princesa en la dimensión de Witchenly, y por eso encargó a Lucemon que fuera a raptarla. Con ella pagaría a Nocturna por los digimons que dentro de poco estarán a su servicio. Debéis estar preparados.

-Lo estaremos. De momento, necesito que nos ayudes con una misión importante, y urgente.

-Estoy su servicio señor-dijo el digimon, y su figura oscurecida demostró una leve reverencia.

-Por orden de Alphamon, vamos a infiltrarnos en el Castillo Berúng para rescatar a Bastemon.

El digimon al otro lado de la pantalla se quedó paralizado. ¿Entrar? ¿Al castillo Berúng? Se tardó un momento en articular algo.

-¡Pero amo Omegamon! ¡Es una locura! ¡Aún con su poder, son cientos de miles, los harán pedazos antes de poner un pie dentro!

-Por eso tú vas a ayudarnos-sentenció el digimon blanco, con un leve fulgor victorioso en su mirada. Ya todo estaba planeado, solo faltaba ajustar lo último.


Esa misma noche, y poco antes de que se iniciase la importante junta de los Caballeros, dos digimons se manchaban las manos con la sangre de uno de sus enemigos. Ninguno de los dos mostraba el más leve ápice de compasión o remordimiento por la tortura que imponían al vampiro, quien encadenado contra una pared, ennegrecida por la sangre de anteriores como él que habían acabado en las celdas del castillo y habían pagado caro su rebelión contra el orden y la justicia que imponían los Caballeros, lograba sacar con sus últimas fuerzas palabras de clemencia ante el trato que estaba recibiendo. Sin embargo, y llevando varias horas de tortura, ninguno de sus dos atormentadores parecía siquiera pensar en dejarle con vida.

El General Myotismon pagaba toda su vida llena de pecados y muerte, multiplicada por mil bajo las manos de RhodoKnightmon y Dynasmon.

-Ah…-suspiró el caballero rosa, apoyado contra una pared y de brazos cruzados-Qué pérdida más grande de tiempo, ¿No crees Dynasmon?

-Debimos haberlo matado desde el principio-comentó con su voz fría su compañero, mientras soltaba los cabellos de Myotismon, y su cara ensangrentada caía casi inerte mirando al suelo.

El digimon oscuro apenas alcanzó a balbucear unas palabras entre la sangre que se le acumulaba en la boca y el terrible dolor de una mandíbula casi desencajada e hinchada de tantos golpes.

-Déjenme…ya les he dicho todo…

-¡Sí claro!-exclamó RhodoKnightmon levantándose de golpe de donde llevaba tanto rato y estirando un poco sus delgados brazos-De ser así te habríamos 'dejado en paz' desde hace horas.

-¡Es todo!-exclamó Myotismon levantando con pocas fuerzas la cabeza para mirar a los dos terribles digimons-¡Es todo lo que sé, y es todo lo que puedo decir!-tosió un poco y su cabeza volvió a agacharse.

Dynasmon puso su gran mano en el pecho del digimon y le presionó contra la pared, ejerciendo apenas fuerza para aplastarle contra el muro. El vampiro gimió adolorido por sus quien sabía cuántas costillas destruidas.

-¿Qué hay entre Nocturna y Lucemon? ¿De qué se benefician el uno del otro?-exigió saber el digimon blanco.

-¡No lo sé!-gritó el otro apenas sin aire-¡Sé que ella le da digimons a él pero no sé lo que quiere en realidad! ¡Apenas si la he visto un par de veces!

-¿Lucemon no les comunica nada a sus Generales?-preguntó RhodoKnightmon con un leve deje de impaciencia.

-No todo…prefiere guardarse ciertas cosas…

-No se puede esperar menos de ratas traidoras como ustedes-comentó Dynasmon sin dejar de hacer presión-Aparte de ti y de Machinedramon, ¿Quién más está a cargo de las armadas?

El vampiro guardó silencio. Tenía la respuesta, pero por alguna razón ésta no salía de su boca. Dynasmon no tenía paciencia con los seres oscuros.

-¡Habla!

-¡No puedo! ¡No puedo decirlo!-exclamó el otro sofocando el dolor.

-¿Crees que nos engañas, asquerosa escoria?-habló molesto el caballero Wyvern-Ustedes son lo más bajo que hay ¿Por qué intentarías cambiar esa realidad después de miles de años de traiciones y mentiras?-soltó al digimon y con su mano sujetó su dedo índice, el último que le quedaba a Myotismon sin destruir-Habla.

-¡No puedo decirlo!-volvió a gritar el General-¡No es porque no quiera responderte, no es por lealtad a nadie! ¡No sale de mi boca! ¿Puedes entender eso?

Dynasmon quebró sin el menor esfuerzo el dedo del digimon, haciendo que este profiriera un horrible grito de dolor. Ya estaban los diez destruidos; los había perdido uno a uno en el transcurso del día, cada vez que no había respondido a una pregunta, ya fuese porque se había negado, no lo había sabido, o extrañamente no podía responderla…

-Seguiré con tu muñeca y el resto de tus huesos-amenazó Dynasmon, con ese semblante frío y duro que atemorizaba a cualquiera-Ahora responde.

-¡No puedo decirlo! ¿Qué no entiendes maldito digimon infernal? ¡No puedo pronunciar las palabras, no salen de mi boca! ¡Es como si no las supiera!-volvió a rugir el vampiro desesperado y ahogado en dolor. Todo su cuerpo pedía clemencia.

-Ya basta-se hartó RhodoKnightmon acercándose al digimon-Ha sido demasiado para un digimon que ni siquiera merecía un segundo de nuestro valioso tiempo. Suficiente de piedad para ti-dijo, mientras las cuatro cintas que salían de su armadura se pronunciaban como serpientes listas para atravesar el cuerpo de su enemigo.

Myotismon tembló y cerró con fuerza los ojos. Maldijo el que los seres oscuros no guardaran un poco de lealtad hacia nadie y solo velaran por los propios intereses. SI alguno le hubiese ido a buscar… de seguro él habría aprendido de ello. Pero jamás hizo algo similar por nadie, ni siquiera intentó levantar a los demonios que, moribundos y clamando ayuda se arrastraron hacia él en el campo de batalla. Supuso que no se merecía la piedad de nadie, ni siquiera un recuerdo… lo que sería lo peor.

Las cuatro navajas atravesaron de lado a lado su cuerpo. Él las sintió. Se deslizaron dolorosa y terriblemente en su interior y luego salieron manchadas con su vida. Su penosa vida.

-¿Qué…son ustedes?-preguntó con la sangre goteando por su boca y apagándose poco a poco- ¿Servidores de la paz… la justicia y el Orden? ¿Cómo pueden ser "Deidades guardianas" y creerse los santos salvadores de este mundo… si ni siquiera pueden creer a un digimon que dice la verdad?

-Ustedes solo hablan maldiciones y mentiras; practican el dolor y la traición toda su vida-fue lo último que alcanzó a decirle Dynasmon-no vengas a enseñarnos a nosotros sobre benevolencia.

El General cerró los ojos y su vida se terminó con un leve gemido de dolor. La sangre continuó cayendo algunos segundos, y su cuerpo, imposible de mantenerse completo un momento más, comenzó a desintegrarse lentamente en un oscuro polvo que quedó adherido a las paredes manchadas y llenas de fantasmas que yacían allí encerrados, sin la posibilidad de probar una nueva vida en la llamada "resurrección digital". Los dos caballeros se voltearon y mientras analizaban lo que habían conseguido, RhodoKnightmon limpió de un movimiento la sangre de sus dorados lazos.

-Ninguno que haya salido del Mar Oscuro da su vida por mantener los secretos resguardados-dijo Dynasmon seriamente y preocupado por el asunto.

-Lo sé; pero no pensaba regalarle ni un minuto más de mi tiempo a esa escoria.

-¿Qué crees que sea?

-Tal vez Lucemon encontró alguna forma para mantenerlos con la boca cerrada-dijo encogiéndose levemente de hombros-. De ser así, ninguno de los prisioneros que traigamos nos será de ninguna utilidad.

-Hemos de informar de todo esto a Omegamon-dijo el digimon, fiel a su tarea.

Su compañero de rosa le detuvo por el brazo. Actuaban como si nada; como si no estuvieran ahí abajo entre tanta historia de muerte, sangre y dolor acumulado en un solo lugar.

-¿No se te hace extraño, Dynasmon?-preguntó el digimon más bajo.

-¿Qué cosa?-preguntó el otro a la vez, sin saber a qué se refería RhodoKnightmon.

-Omegamon. Ha logrado detener varios ataques desde hace un tiempo, como si ya supiera dónde y cuándo iban a realizarse. Además de que ha mantenido esto de las gemas de los templos muy a raya.

-Tiene once mil años RhodoKnightmon; es normal que intuya cosas y sepa los movimientos de nuestros enemigos. Ha tenido miles de batallas y…

-Oh por favor, sé realista-exclamó cruzándose de brazos-Está claro que él tiene acceso a información más privilegiada y ni siquiera se ha dado el gusto de contarnos a nosotros. Se supone que trabajamos todos juntos en esto.

-¿Has estado tratando el tema con Duftmon, verdad?-inquirió el otro con una mirada severa.

El digimon rosa paseó su mirada por el techo, como restándole importancia al asunto. Pero a Dynasmon no podía esconderle la realidad.

-Lo has hecho-afirmó el digimon blanco.

-¿Y qué? Creo que tiene razón-dijo, avanzando algunos pasos y poniendo ambas manos en la cintura, pensando.

El caballero blanco suspiró y negó con la cabeza.

-Sabes que Duftmon sospecha de todos. Si pudiera hasta sospecharía de sí mismo-dijo con un deje de ironía-Y además es demasiado soberbio como para que otros hagan algo mejor que él y dejarlo así sin más. Cada vez que Omegamon consigue algo que él no puede, Duftmon se le va encima con acusaciones y críticas inútiles.

-¡Ha! Bien-le miró un tanto molesto-Entonces dejemos que Omegamon siga dándoselas de adivino y extrañamente acierte cada vez que haya un ataque y sapa cuándo y dónde pararlos. ¿Te gusta así?

Dynasmon ahogó otro suspiro molesto y trató de mantenerse todo lo sereno posible. Iba a contestar algo, pero la puerta del nivel inferior se abrió, dejando entrar un potente haz de luz dorada al interior de la oscura estancia. Un Knightmon entró con cautela, se acercó a su señor RhodoKnightmon y se arrodilló bajando la cabeza.

-Mi señor RhodoKnightmon-empezó-hemos conseguido noticias sobre lo que nos ha pedido.

-¿A sí?-preguntó el caballero con cierto interés.

-Sí amo. En el pueblo de Jiedá, en el mercado local, un comerciante fue engañado por una figura encapuchada y resguardada por dos Roachmon. Dos de nuestros guardias intentaron atraparlos pero…

-¿Pero qué?-apuró el caballero rosa.

-Fueron vencidos, por los Roachmon mi señor-confesó avergonzado.

-¿Cómo es eso posible?-inquirió Dynasmon muy molesto al escuchar aquello.

-Eran poderosos mi señor Dynasmon-explicó el caballero-muy poderosos para ser simples Roachmon. Escaparon junto con la mujer de rojo.

-Nocturna-corroboró RhodoKnightmon.


Minutos más tarde, y en la cámara de guerra, los nueve Caballeros de la Realeza estaban una vez más reunidos para dirigir su siguiente operación. Infiltrarse en el castillo Berúng era algo que no se había hecho jamás, por tanto era muy delicado elegir a quiénes entrarían, cómo lo harían y como saldrían luego. Esto último era por cierto, lo que más preocupaba a Omegamon. Estuvieron largo rato estudiando detalladamente las habilidades y capacidades de cada uno de los caballeros, tratando de mantener el no posible un balance entre los que se infiltrarían, y los que serían el factor distractor.

-¿Distractor?-preguntó Ulforce Vdramon extrañado-No sabía que usáramos carnada.

-Ahora habrá que hacerlo Ulforce-respondió Omegamon mientras estudiaba los datos-No usaremos cualquier carnada por supuesto-dijo esto escondiendo una leve sonrisa en su mirada.

-Parece que ya tienes a tu primer cebo escogido-comentó Duftmon con ambas manos apoyadas en la mesa electrónica, y su expresión escéptica.

-No lo escogí yo, fue Alphamon-respondió el caballero, teniendo todos en claro de quién se trataba.

Los presentes afirmaron con la cabeza ante la elección. Lo siguiente era quién le acompañaría y resistiría tanto mientras los otros dos estarían dentro llevándose a la princesa fuera del lugar.

-Si vamos a tener dos unidades afuera-apuntó Duftmon en el mapa digital del castillo Berúng que se formaba delante de ellos-deben ser altamente resistentes y de elevado poder para evitar daños severos. Aparte del primer escogido…sugeriría a Dynasmon para acompañarlo.

-Gallantmon podría ir-comentó Magnamon cruzándose de brazos-su ataque es muy elevado y su escudo es impenetrable. Mi armadura también es la más resistente y mi poder obtenido del Digi-Egg del milagro es muy efectivo contra los seres oscuros…

-Aún no estás calificado para la tarea Magnamon-dijo Gallantmon de improvisto-Sabes que eres muy joven aún.

-Ya sabía que dirías algo así-refunfuñó el joven azulado, molesto de no poder participar de aquella importante tarea.

-Craniummon también tiene una fuerte defensa-dijo RhodoKnightmon-podría resistir muy bien allí.

-Craniummon es un digimon de peso-intervino Sleipmon-ha librado muchas batallas en el pasado contra el Mar de la Oscuridad; saben qué tan lejos deben mantenerse de él, se irán con todo contra el otro blanco.

-Es posible-comentó el caballero oscuro-pero se supone que estemos allí para resistir. My God's Breath resistirá lo que sea…

-Pero por muy poco tiempo-le cortó Omegamon-Estoy porque Dynasmon sea el segundo blanco. No solo es físicamente el más fuerte y resistente; no necesita gastar energía en esto y su ataque es el más voraz de todos. Nos quitará varios digimons de encima con su "distracción".

-También me parece la elección más correcta-acotó su compañero a su lado.

-Y a mi-siguió Duftmon.

Los demás caballeros de a poco asintieron, Dynasmon entre ellos.

-¿Podrás hacerlo?-preguntó el segundo líder al caballero Wyvern.

-Por supuesto-respondió éste con una leve inclinación-será un honor poder participar de tan importante misión.

Omegamon afirmó con la cabeza y pasaron a lo siguiente, que en parte era más complicado.

-¿Quiénes serán los que se infiltren en el castillo?-preguntó Magnamon para abrir el siguiente problema.

-Hemos de tener varios puntos en consideración-habló Duftmon moviendo un poco su brillante cabello-Los dos digimons que se infiltren han de ser rápidos, astutos y muy cautelosos. Su poder ha de ser el suficiente como para resistir en caso de que sean atrapados, que es por supuesto lo que menos necesitamos.

-Yo iré-habló RhodoKnightmon cruzándose de brazos de forma altiva-Ya saben, soy todo eso.

-Cierto-dijo Duftmon pensando-RhodoKnightmon tiene muy buen nivel y además es velocísimo; es ideal para entrar y salir sigilosamente del Castillo Berúng.

-Estoy de acuerdo-aceptó Omegamon, junto con los demás caballeros.

RhodoKnightmon no se sorprendió en lo más mínimo. Siempre había estado claro de sus grandes habilidades y elevado nivel para las misiones. No haberlo elegido hubiese sido lo extraño.

-Puedo acompañarlo-habló Sleipmon a un lado-mi armadura es muy resistente y liviana; mi ataque es fuerte y además soy rápido.

-Cierto, pero será un poco complicado tu movilidad dentro del lugar-habló Craniummon-estamos hablando de andar entre pasillos estrechos y lugares difíciles.

-Yo puedo ir-dijo Gallantmon.

-Te necesitaré aquí para controlar la situación una vez que estemos con tres caballeros menos-le retuvo Omegamon seriamente y pensando. El caballero rojo contuvo un gesto enojado.

El problema radicaba en que todos querían participar, pero por la razón que fuere, uno era más apto que otro o simplemente no podía entrar por cosas como su anatomía, la velocidad a la que se moviere o el balance de sus poderes. Los caballeros comenzaron a debatir y tratar todos los puntos, hasta que finalmente Ulforce Vdramon levantó la voz por sobre todos ellos.

-¡Yo quiero ir!

Todos le quedaron viendo un momento, extrañados. El digimon azulado se sintió un poco extraño ante el atrevimiento, pero no podía evitarlo.

-¿Por qué irías tú?-preguntó Duftmon de manera ácida-Digo, no es que no confíe en ti, pero eres muy joven aún Ulforce Vdramon y tienes muy poca experiencia en esto; lo mismo que Magnamon.

-Quiero ir-repitió el joven decidido y con ambas manos sobre la mesa-Estoy harto de que siempre nos dejen a Magnamon y a mí de lado solo por ser los más jóvenes, los novatos y toda esa maraña de cosas que siempre nos repiten. Somos Royal Knights igual que ustedes, y estamos tan capacitados como cualquiera. Soy fuerte, soy el más veloz de todos ustedes y mis técnicas son bastante aceptables. Mi escudo nos protegerá de lo que sea; a RhodoKnightmon y a nuestro "cargamento". Si soy el tan mencionado 'caballero del futuro' y todas esas grandiosidades que hablan de mí, sería bastante bueno poder ponerme a prueba ¿O no?

Punto final.

Los demás Royal Knights se quedaron viéndolo, y poco a poco comenzaron a afirmar con sus cabezas. Sí, era cierto. Los puntos del chico eran bastante aceptables, y en parte tenía mucha razón.

-¿Qué dices Omegamon?-preguntó Gallantmon a su compañero.

El digimon de blanco ladeó la cabeza, pensando. Algo le pareció divertido de todo aquello, pero no supo qué fue. Tal vez la convicción en las palabras del joven y la razón que tenía para haber dicho todo aquello. Era extraño. Nunca en todas sus anteriores vidas había sido más resuelto y arrojado a esa clase de cosas. Sus vidas pasadas fueron digimons cautos y que acataban órdenes. Este último parecía tomar las cosas como mejor le vinieran.

-Me parece muy bien-miró al joven con sus brillantes ojos, demostrándole en parte lo feliz que estaba de que fuera él-Prepárate y descansa esta noche, Ulforce Vdramon. Mañana te probarás como todo un Royal Knight de primera categoría.

El caballero azul no pudo decir nada. Se quedó repentinamente para adentro y con la boca semi abierta. Al par de segundos logró reaccionar y trató de hablar lo más tranquilamente que pudo, con su voz temblando en su garganta.

-Sí señor…

-Comenzaremos de inmediato a trazar el plan de infiltración, distracción y salida, y todos los movimientos que cada uno de los participantes ejecutará durante esta misión-habló Omegamon mirando el holograma del Castillo Berúng frente a él-Ha de ser un cálculo exacto de los tiempos y tramos recorridos, y el margen de error ha de ser el mínimo-miró a todos los digimons que estaban con él reunidos-Caballeros; pongámonos a trabajar.

Esa noche fue difícil y larga para todos. Muy larga, y sin duda alguna, la más estresante en la corta vida de Ulforce Vdramon.

Continuará...


Lady Beelze: Especialmente dedicado a un amigo que se pasa pelis con Ulforce Vdramon xD A mi parecer este capitulo quedó bastante emocionante (?) Ok no, pero el siguiente los tendrá pegados a sus sillas! ò0o Iré dejando comentarios de mis capítulos en mi blog, por si a alguien le quedó alguna duda o no entendió bien qué paso. Los capítulos no son 100% apegados al rol. Agradeceré muchísimo los comentarios a mi trabajo. Me dejé la piel (sin exagerar) escribiendo cada capítulo. Lector: si no tienes cuenta en esta Web, ¡No importa! Dale al botón de "Review" de todas maneras, y podrás dejarme tu comentario, el que apreciaré y aún más si es una crítica constructiva que me ayude a mejorar mi trabajo