Capítulo 11

- ¡Azar!- Había exclamado Sherlock, demasiado excitado como para haberlo pronunciado él, por supuesto eso jamás lo reconocería en voz alta. Pensó en que ese realmente era el medio más aleatorio y justo al que podrían optar, se convenció mentalmente de que ese era el motivo, porque jamás podría reconocerse a sí mismo que se estaba divirtiendo con el estúpido juego de John. También simplemente sin poder sacarse de la piel el aún latente contacto del callejón, si se concentraba aun podía sentir sus dedos apretándolo.

- ¿Veintiuno*?- Sugirió John caminando por la sala.

- Perfecto, traeré los naipes.- Busca sobre los estantes y termina desordenando todo un cajón. –John ¿Los naipes?-

- No sé, ¿No están?- John fue a la cocina sacó dos vasos cortos, abrió el refrigerador y los llenó de hielo, le agregó agua a uno y buscó la botella de whisky para servir el otro.

- Claro que no están, sino no estaría preguntando.- Habla sin pausa y frustrado, comenzando a molestarse.

- Entonces ¿Con dados?- Se dirige desde la cocina en plena calma.

- ¡Mejor!- Grita sacudiendo su pelo con exasperación.

- Por rondas, el que pierda se debe quitar una prenda de ropa, el que pierda más prendas será considerado perdedor, ¿Bien?- Camina parsimonioso de vuelta a la sala y le extiende el vaso con licor que acababa de servir, Sherlock da un sorbo largo y contesta afirmativamente.

Algo de lo que él detective no había escuchado era de aquella pequeña afición del doctor por el juego*. Gran parte de su tiempo libre mientras estuvo en el ejército, lo empleó apostando y jugando, y aun mejor porque era bastante bueno en ello, pero de eso el detective no tenía la más mínima idea.

- Tú vas primero Sherlock, serán tres tiros con dos dados, si sumas más de 21 perderás inmediatamente.-

John deja sobre la mesita pequeña de centro dos dados cuadrados con poco uso, uno rojo y uno negro, ambos toman asiento rodeándola en distintos sillones con sonrisas socarronas en sus rostros, obviamente cada uno seguro de su propia victoria.

Sherlock toma los dados y hace sus tres tiros: la primera ronda 2 - 4, la segunda 6 - 1 y la tercera 4 - 1, esos fueron sus dígitos dándole una sumatoria de 18, no era un mal digito, para nada malo, mucho menos para alguien que jamás había jugado.

- Bastante bien ¿No?- Le habla John sin poder quitarle la vista de las manos que aún sostenían los dados, él se los extiende y le ofrece media sonrisa, demasiado seductora como para pasarla desapercibida, diciendo. - Tu turno.-

John los agarra despreocupadamente, los mueve dentro de sus manos cerradas unos segundos, y lanza: 3 - 6 primero, los vuelve a levantar y lanzar 5 – 2.

John ya había obtenido una sumatoria de 16, Sherlock lo mira desconfiado, porque él necesitaba solo un 3 para ganarle, era improbable que John sacara en su próximo tiro un 1 - 1, números con los que empatarían, pero cabía la posibilidad de que sacara más de 5 y eso significaría que perdería la partida, la probabilidad como en todo era de un 50%. John lanzó sus dados sin grandes intervalos de tiempo y como resultado de su última ronda 1 - 3, con un resultado casi perfecto de 20 el doctor le ganaba esa ronda.

El detective juntó sus manos y las apretó un poco acomodándose en el sillón, quería escuchar el pago que debía dar, John no había despegado la vista de esas manos delgadas y blancas, moviéndose lentamente.

- Quiero que te quites la chaqueta…- John había sido extremadamente asertivo al hablar. -…lentamente.- Agregó para terminar la frase apoyándose en el respaldo del sillón cómodamente mientras tomaba un trago de agua helada y lo miraba a los ojos. - No me mires con esa cara, Sherlock, apuestas son apuestas.-

- No he hecho ni dicho nada, y jamás evado una treta.- Le devuelve la mirada desafiante.

John no puede quitar sus ojos de encima, mira como esas manos se deslizan suavemente, como las apoya en el sillón para impulsarse y ponerse de pie, extremadamente alto como él era, lo observa poner sus manos en su cintura y suspirar sonoramente con resignación, John no pudo contener una risa sin perderse cada movimiento, abrió lentamente los dos botones de su chaqueta con una sola mano y la deslizo por su brazo derecho primero para luego quitársela completamente y lanzarla ordenada sobre el respaldo de una silla, John le lanza los dados y el detective los atrapa en el aire. Vuelve a lanzar sobre la mesa y sus números dan 19. Esta ronda John pierde.

- El chaleco.- Es lo único que Sherlock dice.

En la siguiente el detective consigue 3 – 4, 5 – 2, 6 – 1, el 21 exacto, estaba feliz, pero no dejaría que se reflejara en sus acciones o muecas.

- ¡Un perfecto tiro!- Lo felicita sincero. - ¿Ahora qué?- Pregunta John subiendo sus cejas demasiado entretenido, aún le quedaba por apostar la camisa, sus pantalones y ropa interior.

- Quiero la camisa.- Habló en su modo más infantil moviendo con su mano unos mechones de pelo que caían frente a sus ojos.

A lo que John obedeció sin problemas, desabrochó cada botón con paciencia infinita sin cortar el contacto de sus ojos, dejando solo los últimos botones cerrados para quitársela como si fuera una polera, desordenando un poco su cabello, hace media sonrisa y camina por la sala, se dispone a lanzarla a la misma silla en la que Sherlock dejó su ropa.

- John…- Chasqueo su lengua - …dije "quiero esa camisa"- Repitió recalcando sus propias palabras.

- O-K.- Le responde extrañado y se la lanza como generalmente hacían con todos los objetos no peligrosos.

Este la agarra y amasa entre sus dedos con aires de triunfo sin quitar la sonrisa marcada en su rostro de hace unos momentos, continua apretándola con sus dedos y pasándola de una mano a otra, al final la acerco a su rostro y la olfateó a profundidad, mirando a John estoico mientras lo hacía, quien solo reaccionó moviendo sus ojos rápidamente a un lado con sus mejillas sonrojadas.

Eso lo había dejado petrificado, había sido endiabladamente erótico con aquellos ojos felinos fijos en él, la camisa purpura con los dos botones superiores abiertos, dejando la pálida piel a la vista con un pequeño chupetón apenas marcado en el cuello, quizás de unos días atrás, pero John quería ver más, esa camisa siempre le pareció demasiado llamativa; por no decir sensual, comparada con el resto de la ropa del detective, verlo relamerse los labios y después aspirar profundamente su ropa, su aroma. Estaban recién comenzando y sintió que si seguía así sería demasiado, no podía darse el lujo de que Sherlock lo afectase, debía ser él quien llevara las riendas de ese asunto, porque había sido su idea después de todo.

Vuelven a la partida con los dados, esta vez Holmes pierde.

- Ca-mi-sa…- Pronunció lentamente marcando las silabas -…quiero que la quites de tu pantalón y la desabotones con calma pero no te la quites.-

- Pero las reglas.-

- ¿Sherlock? ¡Quieres hacer de una maldita vez lo que te digo sin reclamar!- Comenzó a alterarse un poco, no dejaría que el detective con su falta de tacto le arruinara un momento glorioso. Y tal como lo esperaba lo fue, esos delgados dedos desabrochando botón por botón, entrando por los borde del pantalón para retirar la camisa, entreabriéndola solo un poco dejando a la vista la piel blanquecina de su pecho y unos vellos muy finos casi transparentes, los huesos marcados de las clavículas y la sutil línea entre su manzana y el mentón, las lámparas de la pared por un momento le parecieron perfectas, su escasa iluminación, el contraste de sombras sobre ese cuerpo semi-desnudo, no podía pedir más.

- John.- Habló quedo e intrigado al hombre sentado, esa mirada, la había visto antes y era deseo puro en sus ojos apenas abiertos.

- ¡John! los dados.- Volvió a llamarlo, lo despertó de lo que estuviera pensando y reanudaron el juego. -John si ganas esta partida ganarás el juego.-

- Sherlock aún faltan prendas, ¡No está permitido aburrirse! La ropa interior es la última prueba.- Sherlock lo miró y desvió sus ojos fijándolos en los dados. -Oh… ya entiendo… tú no estas usando…- Tragó saliva sonoramente tratando de no dirigir su mirada al cierre del pantalón del detective.-

La siguiente ronda John la pierde a propósito… aún llevaba demasiada ropa, pero Sherlock no lo deja quitarse los pantalones pese a que ya los había perdido.

Luego gana.

- Necesito un baño primero.- Anunció Sherlock al verse perdido.

- El juego no es así, esos pantalones ahora son míos, y los quiero ahora.- Le exige en un tono bastante divertido, casi con una morisqueta infantil en su rostro.

Sherlock lo vio acercarse lento, pero esa era su mente jugando con él, John no se movía más rápido o lento que de costumbre.

-No te muevas.- Ordenó en su tono de militar entrenado, le quitó con demasiada experticia el cinturón, y abrió los pantalones dejándolos de esa forma, y lo contempló alejándose unos metros, lucía un poco desvalido, pero sensual, la ropa abierta y tentadora, era una imagen que quería en su memoria, podía sentir su propia excitación creciendo atrapada en su ropa interior doliendo y no pudo evitar notar que el detective lo miraba fijo. Pendiente de todas sus reacciones, descuidando su propia excitación también. Solo unos segundos más aprovechó esa imagen, grabándola a fuego en su memoria. Sherlock siempre le repetía que la memoria visual solo es un 62% precisa, pero esa imagen la guardaría completa, porque era imposible olvidar algo como eso, John podría imprimir esa imagen en su mente y rememorarla cuando más le vinieran ganas.

- Sherlock…- Le susurra bajo en un gruñido suave.

- John.- Contesta imitando su tono habitual esperando la pregunta.

John se acerca brusco y lo besa desesperado quitándole la camisa con rapidez y remarcando el chupetón del cuello. Lo arrastra chocando con las paredes, de paso botando algunas cosas de los muebles, arrugando la alfombra, y casi desmontando de la pared el espejo que tanto tiempo les llevo acomodar, mientras a patadas se quitaban los zapatos. En la cocina John arrinconó al detective contra la mesa asiéndole apoyarse y casi sentarse en ella tirando un juego de tubos de ensayo directo al piso.

Sherlock pensó en los datos y tiempo de investigación perdido, detuvieron el beso no por el ruido del cristal quebrándose sino porque John sabía lo importante que esos experimentos eran para el hombre. Se miraron fijamente con la respiración agitada y estallaron en risas.

Era ridículo, ridículo el deseo, ridícula la necesidad, ridícula la excitación, y ridículos ellos por ceder con todo su cuerpo a ella. Sherlock agarró a John exactamente como lo había hecho este antes, invirtiendo las posiciones, pegó a John contra el refrigerador lugar contrario a donde habían caído los vidrios, y fue el primero en avanzar con sus manos en descenso, logrando deslizar sus pantalones hasta el piso, John pataleo un poco y los hizo volar por los aires, continuo su camino acariciando el cuerpo del doctor deteniéndose en aquella codiciada cicatriz en su hombro, y pasando sus brazos por su espalda para acercarlo con fuerza y lograr más fricción, John se afirmó de sus hombros, se armó de valor y cruzó una pierna por la cintura del más alto, comenzando movimientos frenéticos.

- John… no tan…-

-Cállate.- Le vuelve a comer la boca, con gula succionando sus labios e introduciéndose impetuosamente en la boca ajena, sin dejar de moverse apretándole cada vez más y aumentando la velocidad.

- Para…. Oh… yo no…- Respiraba con dificultad entre besos.

John apretó más sus erecciones en la misma posición, como le molestaba la ropa restante, pero no pudo detenerse, Sherlock parecía resistirse hasta que comenzó a embestir con fuerza, asiéndolo chocar contra el refrigerador, Sherlock le devoró el cuello entre besos, lamidas y mordidas obligándole a correrse casi inmediatamente con un gemido que el detective no había escuchado antes, embistió tres veces más y se corrió en sus pantalones, se quedaron en silencio calmando sus respiraciones sin dejar de besarse.

- Ahora yo también necesito una ducha.- Entre risas y susurros le habló John.

Era impresionante nunca antes había tenido apetito sexual, no más allá de lo que su cuerpo hacia sin su consentimiento a veces por las mañanas, y ahora solo con un susurro en su oreja, un vago roce o incluso una mirada conseguía excitarse inmediatamente luego de correrse de una forma gloriosa. John no se quedaba atrás acababa de manchar su ropa interior ¿En cuánto tiempo? No se atreve ni siquiera a calcularlo para mantener su orgullo intacto, pero sabe que fueron unos minutos, desde su adolescencia que no conseguía correrse en minutos, y en esos casos era estimulándose el mismo y de forma agresiva, por dios ni siquiera se habían quitado la ropa restante, y ahora deseaba continuar de inmediato, aunque sabía que necesitaba un leve descanso.

Ambos rieron separándose con compostura y finalmente sin decir ninguna palabra caminaron directamente al baño, Sherlock encendió la luz y John cerró tras de sí la puerta con llave, posicionó a Sherlock en el centro del baño de pie, este no ofreció ninguna resistencia y lo obligo a quedarse quieto. Lo volvió a besar esta vez mucho más suave y dulce, mientras con mucha lentitud le habría completamente los pantalones y los dejaba deslizar hasta el piso, se sorprendió de encontrar tanta acción en esa zona. Lo observó casi hasta hacerle estar incomodo, dejándolo completamente desnudo y por fin pudo ver el mapa de mordidas y chupetones que permanecían en el cuerpo del detective desde su encuentro en el callejón, marcas que eran su creación.

Sus pensamientos cada vez lo traicionaban más, era una imagen demasiado fuerte y sexual, solo quería tomarlo de sus suaves risos y pegarlo contra la muralla dejar el agua resbalar por esa piel blanquecina beber de ella y poseerle en todas las formas que creía posibles, pero seguir sus instintos no iba según el plan, y debía apegarse a lo planeado.

Había algo que le molestaba desde que las cosas se volvieron más ardientes con el detective, y era el hecho de sentir la premeditación y control de Sherlock, lo cual no era siempre, pero había momentos en particular en los que podía sentirlo, él era muy estructurado, todos sus pasos y movimientos eran para brindarle confort a John, pero no se preocupaba por su propia estimulación, podía darle la mamada más gloriosa del año hasta verlo correrse, y luego retirarse completamente empalmado a seguir con algún experimento, así como podía dejarlo hacerle lo que quisiera sumisamente, le molestaba que no fuese exigente, John lo conocía y sabía lo caprichoso y demandante que podía llegar a ser su personalidad, por esa razón lo presionaría hasta que pidiera lo que necesite, a él no le agrada el BDSM* pero si necesitaba recurrir a ello para hacer que Sherlock pidiera y exigiera lo que necesitaba, lo haría.

John da la llave y deja correr el agua caliente, se quita la ropa restante mientras se acumula el vapor, sin mirar atrás y deja que el chorro de la agradable agua le diera sobre el pelo y espalda sin poder contener un gemido más fuerte de lo que esperaba, subió sus manos y acaricio su cabeza suavemente arrastrando el pelo hacia atrás, se limpió el agua del rostro y se giró sobre sus pies, Sherlock lo observaba desde donde mismo lo había dejado y por lo que podía ver más excitado de lo que lo dejó.

- No te muevas Sherlock, no hasta que yo te lo diga.- Habló grabe y tomado la imagen del cuerpo desnudo en el centro del baño le afectaba todos sus sentidos, mirándolo a los ojos no le respondió pero sabía que le haría caso.

Ajustó el agua para que quedara como un fino hilo

John apoyó su espalda en la pared y comenzó a tocarse para Sherlock, utilizando sus manos completamente abiertas pasándolas por sus músculos y modelando las suaves formas de su torso, pellizco sus pezones y rodo sus dedos sobre estos hasta que respondieron tomando un fuerte tono rosado.

- Sherlock, debes mirarme, mmmh… justo aquí.- anunció tomando sin regodearse su miembro acariciándolo arriba y abajo lentamente abarcando toda la carne expuesta. - No te toques SHERLOCK, dije que no te movieras.- Le advirtió suave mordiéndose el labio dándole énfasis a su nombre, quería que escuchara su voz excitada, que le viera, que lo deseara hasta ser capaz de abandonar su sistema racional y calculador que era su estilo de vida. - Pero sabes que no te prohibí hablar.- Terminó la frase exhalando aire con fuerza.

- No sé… qué decir.- Susurró sin perder de vista el vaivén de la mano de John.

- Podrías ahh… - Tuvo que tomar una pausa para hablar, aquella voz grabe le ponía. - Podrías empezar por decirme que quieres que haga.- Continuó hablando en suaves murmullos.

- ¿Esto es un juego sexual?- Preguntó con suspicacia, casi rompiendo el ambiente.

- ¡Por dios Sherlock! Obvio que lo es… es que no puedes simplemente jugarlo sin... ¡Ahhh dios!- Reclamó desesperándose

- Tranquilo John lo siento.- Una sonrisa perversa apareció en sus labios estremeciendo al que jugaba con su pene, John dejó de masturbarse para esperar las ordenes de Sherlock. -John ¿Puedes escuchar tu respiración agitada? Quiero que escuches los sonidos de tu cuerpo y hagas lo que yo diga, escucha mi voz con atención y no dejes de mirarme.- Marcaron desde el comienzo una intensa línea entre sus ojos, sin atreverse a cortarla en ningún momento.

- Sigue Sherlock. – Apresuró viendo como el otro dudaba en sus palabras. – Debes decirme que es lo que te gustaría que hiciera y yo lo haré.

- Acaricia tu cuello, ese lugar que sabes me gusta lamer con dedicación, pasa tus dedos lentamente.- Lo observó hacerlo unos segundos. - Baja lentamente tocando con tus yemas tu cuerpo hasta llegar al pectoral, quiero que lo acaricies en la dirección del músculo.- John obedeció tal cual le indicó. -Quiero que toques tus pezones tal cual lo haces en mí, con fuerza y suavidad hasta que pierdas el control, mientras bajas con una mano y tomas tu pene sin acariciarlo aún.- Esperó a que ejecutará la orden. - Mueve tus dedos con lentitud y acaricia el glande, ¿Vez esa pequeña gota pre-seminal?

- Dios sí.-

- Es mía, acaríciate como cuando yo lo hago con mi lengua…-

- ¡Ahh maldición!- Lo interrumpió, gemía por lo bajo, si seguía así no iba a necesitar mucho más para volver a correrse, aun así siguió la orden. - Sherlock dime que es lo que quieres que haga, dime que te gustaría.-

- Quiero tocarte John.- Pidió con más inseguridad de la que había sentido en su vida.

- No.- Fue la terminante respuesta de John, comenzando a acariciarse nuevamente con pereza, levantó una pierna y la apoyó en el borde de la bañera para conseguir un mejor acceso y una mejor vista para el castaño. - Sher-lock…no dejes de mirar…-

- Dios John.- Ya no podía resistir las ganas de tocarse, jamás pensó que esa parte de su cuerpo podía llegar a dolerle tanto sin haber recibido un golpe.

- Sherlock dime que te gustaría.- Susurró bajo, estaba que explotaba y si el detective no había entendido a que aspiraba el juego, se terminaría corriendo sin remedio y antes de tiempo.

- John – suspiro el nombre casi con necesidad. –Necesito… que me toques.-

- Esa es… Sherlock, es la respuesta correcta.- Finalmente dice dejando de hacer todo movimiento, el doctor le indica que se acerque. – Esto detective consultor es un juego, y cada vez que lo hacemos tú haces las mejores jugadas y luego te rindes, no es para nada justo.- Susurra tan bajo que es casi inaudible con el fuerte respirar de ambos y el chorro de agua que aún corre. – Tendrás que esperar a los movimientos de tu adversario esta vez…- Continuó hablando casi en un susurro acercándose peligrosamente a sus labios. – Así que tendrás que ser especifico, ya entendiste las reglas del juego.-

- Claramente.- Contestó en el mismo tono.

Estaban a punto de volver a besarse cuando un golpe sordo proveniente de la sala tal vez, los sacó de sus intenciones.

-Ve tú, tienes 120 segundos para solucionarlo y volver aquí.- John fue cortante y preciso, cerró la cortina del baño y prosiguió a ducharse de forma rápida.

Sherlock se amarra una toalla a la cintura y se pone su bata de baño saliendo a toda prisa para averiguar que pasaba. Era demasiado tarde como para ser un cliente y demasiado temprano para ser la señora Hudson de vuelta de su evento.

- ¡ ! Que hace aquí tan temprano.-

- ¿Temprano? Cariño ya es más de media noche, pensé que estarían despiertos.- Dijo observando el desorden y la ropa esparcida por todo el lugar, sin poder evitar notar que Sherlock llevaba una toalla y su bata de baño pero su cabello estaba perfectamente seco. - Les traje unos trozos de pastel de la fiesta, los dejé en el mesón.- Dijo moviéndose en dirección a la salida. - Y Sherlock… limpien el desastre de la cocina.- Terminó cerrando la puerta principal, era obvio que ella sabía, pensó el alto viéndola cerrar la puerta, y era obvio que quería amortiguar lo más posible los sonidos, por ello cerró la puerta completamente, cosa que ella jamás hacia.

- Bueno, si ella lo sabe no hay necesidad de aparentar, John no estará para nada feliz.- Tomó su celular y vio la hora, sin dar crédito a todo el tiempo que se le escapó en lo de la cocina y el baño. Saltó unos cuantos muebles y esquivó los vidrios en la cocina para volver al baño.

- La Sra. Hudson.- Fue lo único que dijo cerrando la puerta del baño tras de sí.

John lo esperaba sentado en el borde de la bañera con una toalla amarrada de igual forma que él.

- Tardaste 90 segundos, ¿Qué te parece? Ganamos tiempo.- Le indicó con su mano que se acercara, el detective solo obedeció, John lo tiro de los bordes de la bata y se aferró con una mano a su cabello atrayéndolo para besarlo con la pasión que habían dejado congelada antes de la interrupción.

Salen por la puerta de vidrio que da al cuarto del detective y se arrastran hasta la cama, John ya lo había despojado de la bata sin que se diera cuenta, lo empuja sobre la cama y se sube sobre el rápidamente poniéndole unas esposas amarrándolo al marco de la cama.

- ¿Y esto?-

- Ya te dije del juego, y creo que ya aprendiste las reglas, yo no confió en que tú puedas confiar lo suficiente en mí sin moverte, así que me parecieron adecuadas.-

El castaño lo miro con interrogación y sospecha, John supo inmediatamente la pregunta que se formaba en su cabeza.

- ¿Crees que eres el único que puede robar a Lestrade?- Contestó con movimientos felinos acomodándose a un costado de Sherlock

- El abrazo…- Comentó emocionado, rememorando ese suceso, aquel sorpresivo abrazo que tanto lo había molestado, ese abrazo que le pareció completamente innecesario y molesto, sonrió por saber el motivo.

Continuará…


Aclaraciones

Veintiuno* básicamente es un juego de cartas en el que dos o más contrincantes se enfrentan ante un juez(caja) pidiendo tantas cartas como estimen convenientes con tal de lograr con la sumatoria de los dígitos de estas sea 21. El participante que se acerque más gana.

* Si leyeron los libros o por lo menos vieron otras películas de Sherlock Holmes sabrán que John Watson tiene problemas con el juego, y que también es un buen jugador. No sé porque esto no se ha incluido en la historia de la bbc xD es una gran característica del doctor.

*BDSM es la denominación usualmente empleada para designar una serie de prácticas y aficiones sexuales relacionadas entre sí y vinculadas a lo que se denomina sexualidad extrema no-convencional.

- Bueno gente hermosa primero que nada disculparme con los que siguen este fic por no haber publicado antes y por no saber cuándo voy a poder volver a publicar. Se agradecen los comentarios, mucho mucho amor para todos! Comenten a través de sus cuentas para poder contestarles!

- Gracias Shini por recordarme esto y que tenía este capítulo casi terminado ;D