El color que nos acogió

Descuidados… totalmente descuidados así eran siempre esos niños y lamentaban… no, aborrecían con todo su ser el ser así.

Justo cuando descubrieron quien planeo el primer ataque contra ellos ahora tenían que infiltrarse para descubrir que era lo que estaban haciendo y que querían hacerles… pero fueron tan descuidados, uno de ellos había muerto por descifrar el lugar donde se encontraba la información que necesitaban y para colmo esa estúpida información solo les llevaba a buscar a otro sitio más información… ¡Era estúpido! ¡Todo eso era un estúpido juego! Un juego del que no querían ser parte pero lamentablemente ya lo eran… y más ahora que intentaban escapar de esa habitación-trampa en la que cayeron… era una trampa para Korosensei, propinada por Shiro y eso lo tenían bien en claro… él se los dijo por una pequeña transmisión. Pero lo que no sabían era de qué iba la trampa y mucho menos querían saberlo pero lamentablemente parecía que el destino quería que conocieran rápidamente el color que mejor les quedaba… el rojo.

Una pared se levantó rebelando así un enorme cristal y detrás de este a los chicos que habían llegado alarmados por los otros tres que iban con ellos… eso era mucho para él y seguramente también para sus compañeros, pero cuando Korosensei susurró el nombre de su ahora esposa fue el golpe más doloroso porque el hombre se acercó al cristal y señalo hacía su corazón mientras decía palabras que seguramente los que estaban afuera no pudieron oír.

Nos quedaremos ah ah~ viviremos aquí siempre ah ah~

Las lágrimas caían de los rostros de sus compañeros pero no solo ese líquido caía, a ellos les fue rociado algo desde el techo… sí, era gasolina y el fuego no tardó en llegar… pero él no podía morir así, sacó una lata de pintura y roció lo mejor que pudo el cristal para que nadie viera dentro como eran quemados vivos… era lo único que podía hacer. Más sin embargo recibió una cálida sonrisa de su maestro en signo de aprobación y fue cuando supo que ellos tres… Taisei, Korosensei y él, no tenían nada de que arrepentirse y podían llegar al final con una sonrisa marcada en el rostro.