*Bajo el Círculo Polar Ártico, 1803*
La oscuridad oceánica lo rodeaba todo. Solo quedaba un rayo de luz en las partes más tranquilas de las aguas. El resto era un abismo oscuro y mortal.
Podría pensar en las metáforas filosóficas de su situación, de no ser porque los espasmos de sus músculos y el dolor de las descargas no la dejaban concentrarse, y mucho menos nadar.
¿Así iba a ser? ¿Así iba a morir? ¿Alejada de todos sus seres queridos, sin ningún signo de que su sueño fuera a cumplirse? ¿Fallando en todo lo que se propuso?
Alucard, cuando aún creía en él, le dijo que su fe en las personas y en la redención la acabaría matando. ¿Se había demostrado cierto, como aquella vez que él le dijo que no era una buena persona y lo demostró? ¿Era esa pobre criatura maldita el artífice de su fin, en un accidente?
El tirón de su brazo y la velocidad a la que el agua la arrastraba, junto a la creciente claridad, la interrumpieron. Se vio arrojada sobre una placa de hielo más gruesa, al fin en la superficie, mientras tosía compulsivamente intentando expulsar el agua de sus pulmones, y aguantaba con estoicismo las decrecientes descargas.
-Lo siento mucho... lo siento... no puedo hacerlo... no puedo...
Akasha alzó la cabeza, y la criatura comenzó a tomar forma ante sus ojos. Arrodillado frente a ella, llorando, gimoteando... Rompiendo la fachada de ser poderoso y frío de hace momentos.
Jamás había visto criatura más patética, y que más compasión le provocase.
-Creí que podía hacerlo... pero no... creía que podía matarte si te negabas hasta el final. Pero no pude. Mis manos están manchadas con litros de sangre de inocentes. ¿Porqué me importa la vida de una desconocida? Realmente ya no valgo nada. No soy válido ni para lo que fui.
Akasha se puso de pie. Miró tras de si al mar, y luego se acercó a la criatura.
-Me has salvado la vida.
-Después de casi matarte.
-Entonces, tal como lo veo yo, tienes algo que compensarme, y yo algo que agradecerte.
Aquella vampiresa le estaba sonriendo. ¿Cómo podía? En aquella situación, ¿y a él?
Era hermosa. ¿Sería el ángel de la muerte que segaría su alma, o el ángel de piedad que le daría una oportunidad?
Claro. Como si se la mereciese. Lo uno o lo otro. Algo como él no se merece una muerte tan hermosa.
Seguía arrodillado ante ella. Le alzó la barbilla con los dedos para que la mirase, y pudo ver el dolor en sus ojos. No por ella misma, si no por él.
¿Era eso lo que llamaban compasión?
Las aguas se removieron cuando la enorme nave submarina de Nemo surgió de entre las aguas ante ellos, y de la escotilla superior surgieron todos sus compañeros.
-Me alegra verla sana y salva señorita Bloodrive.-dijo Gabriel sonriendo.
-Buen trabajo debilitándolo.-dijo Nemo cargando un lanza-arpones.-Ahora solo queda terminar.
Esa si que era una muerte que él se merecía. Pero ella una vez más se la negó. Se interpuso entre él y la nave, haciendo de escudo humano.
-¿Qué hace?-le espetó Ernest.
-Lo siento. Pero no puedo permitir que maten a una criatura indefensa de esta forma.-respondió Akasha.
-¿Indefensa?-dijo Griffin.-Usted sabe mejor que ninguno de nosotros cuan grande es esa mentira.
-Probablemente esa sea una palabra equivocada.-miró a la criatura un momento.-Pero aún así, no creo que se merezca una muerte así.
-¿Qué no se la merece? ¡¿Qué no se la merece?!
Ernest saltó a la plataforma de hielo sin hacer caso omiso a las indicaciones.
-¡Esa bestia asesinó a toda mi familia! ¡A toda! ¡Incluso a mi hermano pequeño! ¡Cuando casi era un bebé!
Akasha bien sabía que esto era cierto.
-No pierdas el tiempo.-dijo la criatura.-Me merezco esto desde hace tiempo, y ambos lo sabemos. Todos lo sabemos. Solo pido que sea rápido.
Akasha no sabía que decir. Pero cuando vio a Ernest sacar su arma, si supo que hacer.
-Muy bien. Adelante.
Aksha se apartó. Ernest la miró desconfiado. Pero aún así, alzó su arma, y apuntó a la frente del monstruo.
Todos permanecieron en silencio. Y este seguía sin ser roto. ¿Porqué? La criatura aún respiraba. Aún miraba con sus ojos amarillentos al joven, pidiéndole que lo hiciese de una vez. Ernest seguía dudando. Su mano temblaba. Y su rostro parecía aflojarse ante la duda. Apartó el cañón del ser.
-No es fácil, ¿verdad?-dijo Akasha cogiendo gentilmente el arma de su mano.-Matar a otro ser vivo. Incluso cuando lo odias con toda tu alma más que a cualquier otra cosa en este planeta. Pues menos lo es matar a un desconocido.
Esto último lo dijo mirando a la criatura, mientras Ernest caminaba en dirección a la nave, avergonzado.
-Viene con nosotros.-dijo Akasha al grupo.-Yo respondo por él.
El capitán Nemo le hubiera contestado, de no ser porque Abraham Van Helsing le interrumpió.
-Pues adelante. Suban de una vez, que tanto viento no es bueno para mi edad. Tiene un camarote libre para nuestro nuevo pasajero, ¿verdad, capitán?
Nemo le habría contestado que no, pero fue interrumpido de nuevo.
-¿Verdad, capitán?-dijo Hyde.
El bajito y simiesco ser le apuntaba con su bastón.
Abraham era el que pagaba el viaje. Así que no le quedaba otro remedio que hacer caso.
-Verdad.
Bajó el primero, mientras los demás le seguían. Solo Gabriel seguía quieto, observando a la criatura y Akasha con una sonrisa. Esta última le ofreció una mano al primero.
-¿Vamos?
-¿Porqué?-le dijo él completamente confundido.-¿Porqué tomarte la molestia de apiadarte de mi?
Pudo ver la tristeza llenar su rostro.
-Porque yo también tengo sangre en mis manos, y todo lo que hubiera tenido que hacer para evitarlo, es ayudar a alguien a enderezarse.
El ser no dudo más. No tenía opciones. No tenía donde ir. Y estaba harto de que lo acosaran, para fallar en su intento. No le quedaba nada, y no quería ser capturado y enviado a un laboratorio, donde se pudiera hacer más daño gracias a él. Cogió su mano, y la vampiresa le puso de pie con sorprendente fuerza, y una radiante sonrisa de felicidad.
-Ya verás como a partir de ahora, todo estará mejor.-sonrió confiada.
-Esto no mejora.-dijo Thane observando la pantalla de su ordenador.
-¿Pasa algo?
Escuchó la voz de Elizabeth, pero no se giró a mirarla. La médica solo se puso tras él y se asomó por encima de su hombro.
-No es nada.-le respondió Thane.-Al menos no por ahora. ¿Cómo va el abuelo con los invitados?
-No lo sé. Pero los demás han dicho que bien.
-Entonces es que mal.
-No seas tan pesimista.
-No soy pesimista. Si dicen bien, es que mal. Si hubieran dicho genial, es que bien. Y si hubieran dicho mal, sería regular.
-... No sabía que los demás te parecieran tan difíciles de entender.
-No me lo parecen. Es solo que tengo una forma distinta de interpretar las cosas.
Elizabeth se rió por su comentario. Le dio un beso en la mejilla, y luego se apartó de la silla.
-Eres de lo que no hay. El abuelo dice que quiere que nos presentemos, pero tomate tu tiempo. No hay prisa.
Cuando Elizabeth cerró la puerta, Thane miro hacía ella, y se frotó la mejilla tras suspirar.
-Me gusta este sitio.
Llilith seguía a Ling Ling por el pasillo, observando atentamente el lugar.
-No me importaría pasar unas vacaciones aquí.
Llegó a la sala donde se encontraban todos esperando, mirándola extrañados.
-Ya he descubierto la causa del ruido.-dijo Ling Ling señalando a Lilith.-Aparentemente los cazadores nos han encontrado.
-Déjame adivinar. ¿Han rodeado el lugar?-dijo Gin intentando parecer relajado.
-Nah. Soy solo yo.-dijo Lilith bajando las gafas para ver a Gin.-Lástima que no seas solo tú.
Cuando le guiñó el ojo, Gin sintió un escalofrío. ¿Cual era el problema? Era muy atractiva, tenía el tipo de cuerpo que a él le gustaba, y parecía tener interés en él.
¿Entonces porque se sentía tan nervioso cuando le miraba?
-Será una broma.
Haiji se puso de pie y se colocó en frente a ella. Era hasta más alta que él.
-¿Cuál es el truco señorita? Es un poco osado de su parte venir sola hasta nosotros después de lo que le hicieron a nuestra academia.
Lilith se quitó las gafas y sacudió la melena.
-No os preocupéis por mi. Preocupaos por vosotros.
El puño de Haiji acabó a centímetros de la cara de Lilith, la cual ni parpadeó. Su melena solo se meció con el viento, pero ni perdió sus sonrisa.
-No creo que necesitemos hacerlo.
-No tendréis que hacerlo si no hacéis nada estúpido.
-Y aquí están. Aunque creo que a la mayoría ya los conocéis.
-Más o menos.-dijo Moka sin más.
Luego se quedó un poco atrás y tiró del brazo de Tsukune, indicándole que hiciera silencio con el dedo.
-A ella seguro que no la conocéis.-dijo Abraham.-Hola, Elizabeth.
-Hola abuelo. Hola a todas.
La joven de las gafas redondas y el cuerpo bien distribuido, llevaba un jersey de lana y vestía de forma modesta. Por alguna razón, los chicos que habían conocido parecían querer sentarse todos alrededor de ella. Ahora comprendían el comentario de antes sobre Elizabeth.
-¿Dónde está Thane?-preguntó Abraham.
-Dijo que tenía que hacer algo, pero que venía enseguida.-respondió Elizabeth.
-Con lo que quiere decir que no va a venir.-dijo Gabriel, intentando pasarle el brazo por encima del hombro a Elizabeth.
-Probablemente no.
Victor le apretaba el brazo con bastante fuerza. Al menos como lo sentía él. Le observaba con una sonrisa maliciosa, para luego pasar la mirada a los demás, los cuales apartaron la vista, e incluso lo miraron desconfiados.
Kurumu percibió el miedo de sus propios compañeros. Podría ser algo serio, o lo mismo que sentían ellas con la antigua Moka interior. Por fortuna para ellas, la nueva se había vuelto más suave. Mizore solo les observaba más relajada.
-Hoy te veo muy gruñón.-le dijo Abraham.-Primero lo de atacar al chico, luego lo de agarrar a esta chica de aquí, y ahora esto. ¿Te tiene algo preocupado?
-No es de tu incumbencia.
-¡Victor! No le hables así al abuelo.-le reprochó Elizabeth.
Victor la miró a los ojos, agachó la cabeza, y se disculpó.
-Perdón. Últimamente me siento nervioso.
-¿Te tiene algo preocupado?
Elizabeth le cogió la mano al preguntarle.
-Como para no estarlo.-comentó Alejandra.-El mundo se ha puesto patas arriba de la noche a la mañana.
-Pero no es eso, ¿verdad?-le preguntó Elizabeth.
Victor no respondió.
-Ven.
Elizabeth le cogió de la mano y se fue tirando de él. Kurumu se fijó en como la llamada Eva le miraba. Dolida. Conocía bien esa sensación, porque así era como se sentía ella la mayor parte del tiempo.
Un momento.
-¿Dónde se han metido Tsukune y Moka?-dijo echando la vista por toda la habitación.
En el jardín central de la mansión, Tsukune miraba a los lados vigilando que no hubiese nadie, mientras Moka le daba la espalda de brazos cruzados.
-Bueno, ya estamos solos como querías. ¿Qué querías decirme, Moka?
No le respondió. Seguía quieta en la misma posición.
-¿Moka? ¿Pasa algo?
Cuando le puso la mano en el hombro ella giró la cabeza. Le había visto restregarse las manos contra las mejillas, pero no había duda por el rojo de sus ojos. Acababa de llorar un poco.
-No, nada. Solo quería que hablásemos.
-... ¿De qué?
-De nada, en concreto. Es solo que ha pasado mucho tiempo.
-Solo han sido unos días.
-Unos días llenos de preocupación.
Moka miró hacía otro lado al decir eso. Tsukune no pudo evitar sonreír agradecido por otro vistazo a la ternura creciente de la nueva Moka. Estaba claro que en ella había aún parte de su madre.
-Gracias Moka.
-No tienes nada que agradecerme.
Cuando volvió a mirar al frente, se fijó en su cuello, y sonrió.
-Pero si quieres agradecerme.
-¿Eh?
-Déjame dar un sorbo.
-Espera, Moka... ¡Uah!
Ya era tarde. Moka había clavado ya sus colmillos en su cuello. Su sangre seguía tan deliciosa como siempre. Acabo soltándose, y degustando su sabor con los ojos cerrados.
Pero entonces escuchó algo caer al suelo.
-¡¿Tsukune?!
El muchacho estaba tirado de lado, sudando un poco.
-¡Tsukune! ¿Qué te pasa?
Su cubierta fría había vuelto a romperse.
-E-estoy bien. Es solo que... me sacaron mucha sangre mientras me tuvieron capturado, y aún no me he recuperado del todo.
-Lo siento, no lo sabía.
-No es culpa tuya.
Moka le ayudó a levantarse. Inmediatamente después, se apartó el cuello y expuso su cuello.
-¿Eh? ¿Qué haces?-le preguntó el joven.
-Toma de la mía.
-¡¿Eh?! Moka, esto es un poco precipitado. Estoy bien. No hace falta que...
-No lo estás. Estás muy débil, y una sangre como la mía te ayudará a recuperarte antes que una de bolsa.
-Bueno, pues inyectámela con tus colmillos como siempre.
-No seas ridículo, ¿porqué iba a hacerlo por ti cuando ya tienes colmillos?
Tsukune ya debería haber aprendido que no tiene sentido discutir con ella.
-Está bien.
Tragó saliva, y se acercó a ella, sujetándola por los hombros. Su olor era intoxicante. Tentador. Hacía tiempo que no lo sentía.
Moka mentiría si dijera que no estaba nerviosa.
¡Chuk!
Estaba tan distraída que no se dio cuenta de lo cerca que lo tenía hasta que la mordió. Sintió un escalofrío recorriendo sus venas. ¿Esto es lo que se siente cuando alguien es mordido por ella?
Entonces se preguntó porque Tsukune no quería que lo hiciera más a menudo.
Era una sensación extraña, pero definitivamente placentera. Se aferró a él temblando un poco para impedirle alejarse, y echaba la cabeza más para atrás, cerrando los ojos, y soltando suspiros involuntariamente, sintiendo la calidez de sus labios sobre su cuello.
-Ts-Tsukune...
Tsukune también estaba ido. El sabor de su sangre era el mejor manjar que había probado jamás. Con un brazo sujetaba su cadera, mientras que con el otro la cabeza. Pero se asustó y recuperó el sentido cuando Moka dejó de temblar y se quedó flácida en su brazos.
Se apartó y la soltó de improvisto, cayendo ella de rodillas al suelo. ¿Se habría pasado de la raya?
-Moka, ¿estás bien?-se agachó.
-S-sí. Perfectamente.
Moka tenía la cara roja, y jadeaba ligeramente con una sonrisa. Toda la excitación se transformó en vergüenza.
He tardado mucho en actualizar. Eso es porque me he dado cuenta de que es muy difícil escribir una historia larga sin tener una estructura, o al menos un plan, por delante. Por ahora lo he conseguido, pero eso fue antes de comenzar a escribir esta historia. Me gusta esta historia. Quiero seguir escribiéndola. Pero me he dado cuenta de que obviamente necesito muchas cosas que mejorar. Así que los más probable es que borre todo esto y vuelva a empezar, para que como mínimo, tenga más sentido y menos agujeros de guión.
No os preocupéis, porque todos los personajes y tramas que ya he incluido volverán a estar. Solo que con más sentido. Pero creo que lo mejor para conseguir una historia mejor, es hacer eso.
