Vocaloid le pertenece a Yamaha Corporation. Ésta es solo una historia hecha por una fan, para fans.
Capítulo XI– La Verdad sale a la Luz
Varios días habían pasado desde que comenzaron las sospechas del teniente. Cada vez que buscaba a Kaito, lo encontraba entablando una plática con Rin, y por más que tratara de entender de qué hablaban, era inútil. Con cada día que transcurría, sentía una inmensa rabia contra el general; la envidia lo carcomía, ¿por qué Kaito y no él? Sin embargo, había un detalle que no encajaba: el prisionero. Cuando escuchaba las conversaciones, siempre oía "Len esto, Len aquello". ¿Acaso era pura casualidad que el nombre del prisionero fuera el que siempre mencionaba la chica? ¿El supuesto "pajarillo"?
Esa mañana, el comandante mandó a despertar temprano a Rin, puesto que tenía una cita con el médico. Se encontraban reunidos en el comedor, cerca de las 9 de la mañana, esperando a que la muchacha se alistara. La rubia bajó con un vestido blanco y unas zapatillas de color rosa pastel.
- ¿Lista? – habló su padre al verla entrar en el lugar.
- Así es, podemos irnos – contestó indiferente. Desde que su padre había corrido a su Nana, ella había cambiado por completo su forma de ser con él.
- ¿Sucede algo? – preguntó su padre emprendiendo una trayectoria a la salida – Te ves… ¿Inquieta? – objetó al notar que su hija se encontraba intranquila.
- ¡Ah!... Estoy… Siento que olvido algo – respondió sin más. Llegaron a la puerta principal de la casa, seguidos por el general Kaito y el teniente Jack.
- Regresaremos al mediodía – confirmó el líder del campo mirando el gran reloj del vestíbulo - ¿Podrán manejarlo hasta que regrese?
- Sí, señor – dijeron ambos oficiales al unísono.
- Bueno, entonces nos vamos - concluyó. Le abrió paso a su hija para que saliese de la casa antes que él – Las damas primero – sonrió.
- Gracias…- pero antes de salir, la rubia recordó que había olvidado algo. Palpó su cuello, confirmando sus sospechas.- ¡Ah! ¡Ya regreso! – trató de dirigirse a su habitación, pero un brazo le evitó el paso.
- ¿Qué dejaste? – consultó algo impaciente su padre. Rin tragó con fuerza y bajó su mirada algo incómoda.
- Se me quedó el relicario que me regaló Nana…- susurró jugando con sus manos – No me gusta salir sin él…- explicó.
- Jack – habló fuerte el comandante – Sube a la habitación de Rin y trae lo que ella quiere. - ordenó simplemente. Jack asintió y miró a la chica, esperando a que le dijera donde se hallaba el objeto.
- En la tercera gaveta de mi cómoda… De derecha a izquierda – indicó la joven sonriente. El pelirrojo subió escaleras arriba y buscó donde le explicó la muchacha. Abrió el cajón y encontró al susodicho, no obstante, algo llamó su atención: un pequeño librito de color rojo aterciopelado, con un sutil broche dorado. Era el diario de la joven. Sin medir las consecuencias de sus actos, sacó al pequeño del mueble para inspeccionarlo. Cuando lo levantó, vio el cofre de madera que se encontraba debajo de éste. Sin saber por qué, sintió la necesidad de abrirlo. Por un lado, algo le decía que estaba mal lo que hacía, no tenía el derecho de invadir la privacidad de la joven. Pero, por otra parte, sentía que si revisaba esas pertenencias, descubriría la verdad que tanto le inquietaba desde hace varios días. Un gritó lo sacó de su mundo.
- ¡JACK! – gritó el comandante enfadado. Se les haría tarde si no salían ahora - ¡¿QUÉ ESTÁS HACIENDO!
- ¡Ya voy señor! – respondió el teniente dejando todo en su lugar. Regresaría cuando no hubiese nadie en la casa.
Se precipitó a abajo y le entregó el colgante a su respectiva dueña. Se justificó diciendo que se había distraído viendo algo. Vio partir a su líder y a la chica... Al desaparecer el vehículo al alcance de su mirada, un silencio profano se apoderó del lugar; se sentía la tensión en el ambiente.
- Y…- tomó iniciativa el general - ¿Nos vamos ya al campo?
- Adelántate tú, Kaito – sugirió Jack recordando lo que tenía planeado – Comeré algo antes de irme – argumentó. Su compañero sintió que le ocultaba algo, pero decidió no comenzar otra disputa.
- Oh, bueno… Nos vemos – se despidió con la mano y salió al porche de la casa, indicándole a uno de los soldados menores que lo llevase de nuevo a custodiar la prisión.
Observó como el jeep llevaba al joven lejos de ahí. Se aseguró de que nadie lo estuviese viendo y subió los escalones hasta el piso siguiente. Entró en la alcoba de la muchacha, llenándose del aroma de la jovencita. De nuevo se acercó a la cómoda, abrió el cajón que había observado anteriormente y sacó lo que él creía que le daría respuestas.
Tomó asiento en la cama de Rin, pensándolo por varios minutos… Era cierto que no tenía ningún derecho de irrumpir en la vida de la rubia. Sin embargo, varios recuerdos cruzaron por su mente: incontables veces en las que vio a Rin conversando animadamente con Kaito. De nuevo la envidia le ganó, apretó con fuerza los puños, y, sin resentimiento, abrió el diario, comenzándolo a leer.
Ojeó varias hojas del principio, databan sobre algo ocurrido hace varios años atrás. Impaciente, adelantó las páginas y llegó al 1ero de Mayo de ese año. Comenzó a leer, esa era la fecha exacta en que Rin y su padre habían llegado a aquel lugar, y quedó completamente anonadado. ¿Cuándo y cómo ella se había enterado que era mentira la publicidad sobre los campos de concentración? No esperó mucho para obtener su respuesta: su lectura le informó acerca de la huida de la muchacha y su encuentro con el joven rubio. Empezó a unir las piezas… Sus sospechas no estaban tan erróneas… Aquel muchacho… ¡Rin lo conocía!
Analizó las idas de la joven… Ahora que lo pensaba, él duraba horas sin verla, y cuando lo hacía ella se veía sumamente animada. ¡Ya entendía el porqué de su actitud! Abrió las cartas que el rubio le había dedicado, sobre las cuales se hacía referencia el diario, y la rabia no cesaba de dominarlo… Le parecía inverosímil que la joven se hubiese enamorada de un prisionero, un desgraciado y sucio prisionero, en vez de fijarse en él… Reflexionó y, dio con un punto clave: ¡Kaito lo sabía! ¡Él estaba enterado de todo esto!
Al fin había encontrado una razón para justificar su odio hacia Kaito. Sí, jamás lo soportó, y ahora menos que tenía una relación más íntima con la chica. Además, protegió a un preso y se hiso cómplice de todo ese plan. Era una traición contra el ideal de los nazis… ¡Imperdonable!
Estudió cada una de las cartas, las notas en el diario y obtuvo la información suficiente para justificar sus acciones. Sonó el reloj del vestíbulo. Ya eran las 11 am, el tiempo se le había pasado volando. Se levantó de aquel camastro y cerró las gavetas...
- Esto no se va a quedar así…- aseguró dirigiendo su vista por la ventana.
.
.
El joven peliazul regresó al hogar de la familia Yamamoto al notar que Jack no se hallaba en el campo. Ya habían transcurrido varias horas, y según le habían dicho, eran casi las 2 pm. Entró en la sala, sin encontrarse a nadie. Buscó en la cocina y en el estudio, nada. No había un alma en el piso de abajo. Tuvo un mal presentimiento sobre eso, así que decidió examinar las habitaciones de arriba. Más, cuando se disponía a subir los escalones, se escuchó el motor de un vehículo en la entrada. Aguardó unos minutos y oyó la puerta principal abrirse, cruzó el pasillo y entró en el vestíbulo.
- Comandante, señorita – recibió a los recién llegados.
- Kaito… - lo observó el padre de la joven unos segundos, y al percatarse de que se encontraba solo, preguntó - ¿Y Jack?
- Ah… bueno, vine a buscarlo – aclaró Kaito – Regresó más temprano del campo, pienso que se sentía algo decaído– explicó encubriendo al pelirrojo. Si se le ocurría decir "Jack no ha aparecido en toda la mañana", de seguro su compañero estaría metido en graves problemas.
- Comandante – interrumpió la voz del susodicho entrando en la sala – Necesito hablar con usted – inquirió impaciente. Kaito lo miró extrañado, ¿de dónde había salido?
- ¿Dónde estuviste en toda la mañana? – le murmuró discretamente, cosa que el teniente ignoró por completo. Una arruga se posó entre la cejas del general, indicando que se encontraba disgustado ante el acto de Jack.
- ¿Sucede algo, Jack? – preguntó el hombre mayor. El oficial soltó un suspiro y le indicó el camino al estudio.
- Preferiría hablarlo en privado, señor – contestó. Rin miró extrañada al pelirrojo, ¿por qué tanto misterio?
- Por supuesto, vamos – aseguró el líder retirándose del lugar. Jack dirigió una última mirada a los presentes y salió siguiendo al papá de la muchacha.
- ¿De qué crees que hablen? – cuestionó la chica tras un rato de silencio - ¿Habrá pasado algo malo?
- No lo sé…- respondió algo preocupado su acompañante. Esa mirada, el silencio que le dedicó, su ausencia en el campo… Algo no andaba bien.
- Tengo una extraña sensación – comentó la rubia inquieta. Comenzaba a sentirse nerviosa, su corazón bombeada sangre desenfrenadamente y sus manos se mantenían en constante movimiento. Algo le decía que corriera escaleras arriba. No aguantó más y subió precipitadamente a su cuarto. El joven la miró extrañado y la siguió como pudo.
Entró en su recámara y la examinó. Todo estaba en su lugar, o eso parecía. No, algo faltaba… Algo que no estaba a simple vista. Un temor se apoderó de ella y dirigió su mirada enseguida hacia su cómoda. Se quedó estática… Tenía miedo, presentía que algo catastrófico se acercaba. Sintió la presencia del joven Kaito entrando a la habitación, pero no le dio tanta importancia. Éste observó a la muchacha sin entender por qué reaccionó de tal forma.
Con el mayor valor del mundo, se acercó al mueble de madera, respiró profundamente y abrió el bendito cajón. En ese momento… Su mundo se vino abajo.
- No están…- dijo con una voz apenas audible. Sin embargo, Kaito la escuchó perfectamente.
- ¿Qué no están? – consultó esperando lo peor.
- Mi diario y el cofre…- sus ojos se llenaron de lágrimas mientras lo miraba - ¡Se los han llevado! – exclamó asustada. El muchacho lo entendió todo.
Sin decir absolutamente nada, Kaito salió corriendo de la habitación y bajó a la sala, se sentía impotente, ¡no podía quedarse de brazos cruzados! Algo le diría al hombre que los dirigía para defender a su hija; Rin corrió detrás de él. Llegó a la sala y cuando iba a cruzar el corredor que llevaba al estudio, una voz lo detuvo.
- Kaito – le llamó el comandante con un tono sombrío. Él se paró de golpe, sintiendo cómo su respiración trataba de normalizarse. Rin esperó a que su padre terminara de hablar antes de bajar completamente los escalones – Estás arrestado – ordenó.
- Comandante…- musitó estupefacto. En seguida sintió como lo rodeaban los que hacía menos de una hora llamaba camaradas. El padre de la muchacha se giró para evitar verlo a la cara.
Lágrimas comenzaron a caer de los ojos de la chica. Sus piernas le temblaban mientras veía lo que le hacían a Kaito. Eso no habría pasado si ella no lo hubiese involucrado… - ¡Todo es mi culpa! – se repetía. Quería hacer algo, intervenir...Pero el miedo… El horror que sentía en ese instante no la dejaba moverse.
- Serás ejecutado por traición – estableció con el tono más cruel que Rin alguna vez habría escuchado.
Jack sonrió satisfecho, observaba la situación desde lejos. Una expresión escalofriante se pintó en su rostro; si alguna vez ese hombre había tenido corazón, en este momento lo había perdido completamente. Al fin contempló lo que tanto esperaba: los soldados se llevaban a Kaito. No obstante, una voz irrumpió en el lugar, atrayendo la atención de todos.
- ¡NO! – exclamó Rin espantada descendiendo el último escalón. Miró a Kaito, y observó a su progenitor, implorándole con la vista que se detuviera – Padre… Por favor… ¡No te lo llev…! – pero no terminó de hablar.
Se escuchó el sonido del choque de una palma contra algo. En efecto, su querido padre le pegó una bofetada, tirándola en el suelo por el impacto del golpe. La muchacha acarició su rostro, chillando horrorizada ante tal acto. Se arrastró hacia atrás, buscando algo en que apoyarse. Chocó contra uno de los sillones del vestí cristalinas caían incesablemente desde sus ojos…
- No te atrevas a hablarme, jovencita – le espetó con una indescriptible frialdad.
- Padre…
Continuará…
Quedó un poco corto, lo sé...
Pero, estoy terminando mis exámenes, y estoy ocupadísima.
¡Espero que les haya gustado!
Tengo pensado subir otro fic... Además, de que éste ya casi llega a su final 3
¡Dejen sus reviews! No les cuesta nada D:
Sin más que decirles, me despido :)
Con amor, Jess.
