Capítulo once

Error humano.


Tsuna lo observó y en el fondo de su mente la voz de su madre sonó como un murmullo, un zumbido que atormentó sus oídos, diciéndole que debía volver a casa, en momentos dejó de ser un zumbido a pasar a ser una plegaría, llanto incluido con todo el paquete para luego volver a ser un zumbido, pero el zumbido desapareció, como si se tratara de una mosca. No quería volver a casa, realmente no lo quería, volver a casa era aburrido y él odiaba eso, realmente lo hacía. Quería libertad, sentir el aire fresco sobre su rostro y la mano grande y refrescante de su padre sosteniendo la suya en un apretón maravilloso; le rodeaba la muñeca con dos dedos y el resto de su mano le cubría toda su pequeña extremidad. La sensación era cálida y se preguntó si podría permanecer de esa manera pero la idea de dejar a su madre era dolorosa; el zumbido subió a la plegaría, pero consiguió que volviera a ser un zumbido molesto.

No quería hacerla llorar, no quería ser el culpable de sus lágrimas.

Su padre aplicó más fuerza, por un momento Tsuna sintió miedo, sin embargo el apretón desapareció rápidamente, como sino hubiera existido en primer lugar, y le guio el último tramo del camino, frente a sus ojos una enorme casa blanca se presentaba. El jardín robó su aliento en más de un sentido, sus ojos se agrandaron y las pupilas se le dilataron, fue amor a primera vista y estaba tan encantado que se soltó del agarre de su padre, un agarre dominante difícilmente entendible para él, se quitó los zapatos y comenzó a correr como si no tuviera futuro, y lo sintió, por todo su cuerpo, rodeándole todo, su rostro y pasando entre las hebras de su cabello castaño, entre sus pestañas. Era delicioso y deseaba vivirlo por siempre. El viento corriendo por todo su alrededor. Era vida.

Te gusta. —Afirmó el adulto, Tsuna no respondió, probablemente no lo escuchó y si lo hizo no lo afirmó y no le importó hacerlo, esto era algo nuevo y agradable, quería disfrutarlo con cada fibra de su cuerpo. El adulto extrajo de su bolsillo un objeto, una cámara instantánea que Tsuna reconoció con ojo crítico sin ser consciente que tenía ese tipo de habilidades, le sonrió el adulto, el sol le alumbraba el rostro, su cabello brillaba de forma intensa.

Parecía fuego, rojo fuego.

Bebe —susurró suavemente, Tsuna se giró, se sentía vivo y bien, pero una parte de él se sentía dudoso —acércate al árbol, quiero tomarte una foto ahí, Nana la amará.

Tsuna lo hizo, se acercó al árbol y luego se recostó, la hierba bajo su cuerpo, humedeciendo su ropa, la sensación de tener vida en cada centímetro de su cuerpo era delicioso; el flash le aturdió un poco, sus pupilas se dilataron y su corazón saltó. Papá se acercó al bebe; le extendió una mano, Tsuna la tomó por un instinto desconocido; supervivencia.

Vamos, hay mucho más que quiero mostrarte.

≈0=0≈

Tsuna le reventó la mejilla. Reborn lo sintió moverse durante la noche y cuando sintió el golpe supo que debió notar que Tsunayoshi estaba teniendo una pesadilla y podía estimar que era una pesadilla muy agresiva, a tal punto que el pequeño le había golpeado entre sueños hasta reventarle la mejilla. Con todo el movimiento el propio Tsuna había espantado sus pesadillas y ahora dormía plácidamente hecho un ovillo en medio de la cama, así que Reborn se levantó de la cama y se dirigió a la cocina; abrió el refrigerador y sintió con placer en la mejilla una ráfaga de viento helado, extrajo una botella de agua y bebió hasta la mitad, luego se colocó la botella en la mejilla y el dolor disminuyó considerablemente.

Era consciente que se estaba perdiendo de algo, dentro de su caso, que algo había pasado por alto, pero no sabía qué y eso le estaba frustrando en más de una manera.

Desde el comienzo él no iba tomar el caso, que lo aceptara fue más culpa de Alaude y del propio Kyôya, el caso era difícil, dijeron, va a gustarte, aseguró Alaude, Kyôya lo hizo más por experiencia, sería su primer caso como detective junior y no más un asistente; Reborn era el encargado de juzgarlo a partir de ahora y por esa razón Kyôya aceptó ese caso, sin embargo ninguno sabía que esperar realmente.

El caso le pareció simple y casi pudo deducir por su cuenta toda la verdad y realmente casi lo había hecho. No por nada Reborn había sido considerado un prodigio desde que entró a la policía, a tal grado que llegar a ser un detective fue lo de menos. Llegó a un montón de conclusiones el primer día:

Nana tenía paranoia, toda su sala estaba cubierta por productos de protección (cuchillos que tenían cubiertos sus filos, tijeras con punta redonda, platos de plástico resistente), evitando herirse por accidente o que alguien entrara e intentara atacarla, tenía paranoia y probablemente una enfermedad terminal, la paranoia intuyó fue producto de su esposo, probablemente un problema con la familia de él, una amenaza latente de quitarle a su hijo y Nana había decidido negar su existencia y dejarlo solo para ella. Sin embargo la muerte cercana había sido aterradora y por lo mismo se había quitado la vida; esa había sido su deducción los primeros momentos.

Claro que al inspeccionar más afondo encontró que la escena del crimen era… una escena. Nana había aceptado la muerte, eso era seguro, pero no por sus manos, existió, una tercera persona involucrada, alguien que la sedujo a la muerte. La misma persona que intentó atacar a Kyôya y quien, con ayuda, atacó a Hana.

El dinero era algo circunstancial y obvio, Nana vería para futuro, no el suyo, el de su hijo, planeaba dejarlo ir pronto, dentro del cuarto varias prendas habían sido removidas y se encontraban en el centro de lavado, daría una limpieza a todo y luego dejaría a Tsuna marchar, probablemente con Hana e incluso existía la probabilidad que lo dejara con los Miura, pero ella lo tenía planeado. Amaba a Tsuna, de eso no tenía duda. Pero de una forma enferma, aferrada. Extraña.

Algo realmente malo debió ocurrir para que ella tomara tantas decisiones precipitadas, para no cumplir con su cometido y morir antes de poner a Tsuna en un lugar seguro. Porque no pudo ser una falla, indudablemente Nana era una mujer lista, una de las mujeres más listas que hubiera conocido jamás, tan lista que ocultó por más de una década la existencia de su hijo y su muy pronunciada paranoia.

¿Qué fue lo que sucedió?

Sabía que algo no estaba, que no podía entender algo. Las agresiones que Nana sufría también fueron obvias después de observar la autopsia. Amenazada, sencillamente amenazada y por un sádico. Cada mes Nana acudió a una persona, le daba joyas; pudo comprobar su teoría cuando encontró en el tocador Nana una gran caja beige y caramelo, bastante grande para contener tan pocas joyas; eran el intercambio, mes a mes renuncia a un regalo dado por Iemitsu (lo más probable) y aceptaba una paliza que la dejaba fuera por todo un día (según palabras de Tsuna). El agresor debía conocer su secreto, debía de saber sobre Tsuna, no había otra manera que Nana aceptara ser amenazada, el agresor debía de pensar que Nana cometía incesto, pedofilia… una anomalía.

Y aún con todas esas deducciones sabía que algo faltaba.

Los diarios mostrados podrían creerse que fue la propia Nana intentando develar su verdad, pero era un total error, Nana era una romántica, la idea de plasmar su vida en un cuaderno de hojas amarillas le atraía de sobre manera, más tarde debió de haber notado que todos esos escritos podrían ser valiosos. Era una romántica que veía los dramas de la tarde y lloraría cuando, en una película, el amor no fuera eterno. Una mujer enamorada de la vida y del amor a tal punto que perdonó a Iemitsu.

Sin embargo mantuvo cautivo a su hijo.

¿Por qué? ¿Qué la llevo a volverse una loca? ¿Qué escondía?

Nana estaba ahogada en amor, tenía mucho amor que ofrecer y no podía mostrar su amor de madre abiertamente, adoptó a Haru de forma inmediata, porque era una chica, era joven, una niña que había perdido a su madre y Nana no podía tener a su querido hijo. Negó a su hijo y lo mantuvo encerrado, protegido en una celda que nunca se habría descubierto si Tsuna hubiera esperado más tiempo a Nana. Habría muerto si se hubiera mantenido ahí dos días más; habría muerto porque desconocía la palabra exteerios.

Tsuna era la clave de todo.

Nana dio a luz a Tsuna, pero lo ocultó. Eso indicaba que lo escondió de Iemitsu, sin embargo aceptó la ayuda de Timoteo. Nana sabía que el dinero era de la mafia, pero lo aceptó, lo aceptó sólo a él y no la compañía de Iemitsu. Pese a todo ello, Nana era débil, lo amaba, aceptó tener charlas ocasionales, una, dos, diez. Él la amaba y ella también lo hacía, pero le negó la existencia de Tsunayoshi.

Pero Iemitsu conocía su existencia.

Timoteo se lo dijo, no debía ser un mal hombre, pero tenía prioridades, y la relación de su hijo era una molestia; no, eso fue un error, no era una molestia, era algo prohibido que Timoteo no toleraba. Una chica normal y su hijo, un mafioso, no cuadraba en su mente. La idea debió asustarlo, porque obligó separarlos sin si quiera permitirles una segunda oportunidad. Debía tener sus razones, él, un capo, conocía ese mundo y sus riesgos. Ver a su hijo perder a alguien querido, era algo que quería evitar (probablemente lo había vivido). Sin embargo empujó a Nana a la desesperación y ella murió de todas formas.

Cuando Iemitsu supo sobre Tsuna, ¿qué hizo?

Sencillo, investigó.

Iemitsu debió ser consciente que su padre no le diría más, también era consciente que tenía medios, tal vez amigos, no, alados, camaradas, alguien cercano. Un alguien que pudiera ir a ver a Nana y averiguar si era verdad que tenían un hijo. Iemitsu era un buen hombre que deseaba saber que el producto de su amor con Nana había dado como resultado un bebe. Pero ese alguien lo traicionó.

Ese alguien debía ser la misma persona que amenazó a Nana, atacó a Hana e luego intentó tobar las pruebas de manos de Kyôya. Lamentablemente no lo había logrado y Reborn estaba seguro que iba a volver.

Pero aunque volviera aún lo sentía. Aún sabía que faltaba algo.

Mientras todo eso ocurrió Timoteo cortó el caso, limpiaría evidencias que pudieran perjudicar a su hijo, porque tenía prioridades, Iemitsu era una de las más grandes y también Tsuna. Estaba seguro que el viejo planeaba tomar a Tsuna y darlo a Iemtisu. Tal vez una ofrenda de paz, le quitó su mujer, el derecho de ver a su hijo; el derecho que tenía de ser parte de una familia, con la mujer que amaba y un niño producto de su amor.

Ahora era tarde, pero Timoteo lo haría.

Tsunayoshi…

Sabía que, pese a todo ese análisis algo le faltaba, pero no podía saber qué.

No durmió hasta que las luces de un nuevo amanecer comenzaron a colarse por las cortinas, Reborn se irguió en el sofá antes que la puerta se abriera de golpe. Hibari entró hecho un huracán, detrás de él entro Adelheid y mucho más rezagado entró el pequeño hermano de la misma. Se levantó del sofá, se cruzó de brazos y se preguntó si habían planeado una fiesta sorpresa y debiera de irse para que… fuera sorpresa.

Adelheid fue la primera en moverse. —Enma tiene algo que decirte, es importante.

Hibari se recargó en la pared del fondo, queriendo ser parte del mobiliario, probablemente, llevaba un maletín en la mano derecha y supuso que dentro tenía todo lo recopilado del diario, y aunque realmente deseaba comenzar a escuchar sobre ello concluyó que podía darle un o dos minutos a Enma.

—Te escuchó, Enma.

Enma tenía la cabeza baja cuando se acercó, el flequillo le cubrió medio ojo derecho y, en un murmulló, soltó.

—Abusaron sexualmente de Tsuna-kun.

Hibari se separó de la pared de golpe y descruzó los brazos, Adelheid dejó caer una mano sobre el hombro de Enma, Reborn no movió ni un pelo de su posición.

Todo era helado y de repente supo porque nada encajaba y ahora parecía que la pesada cortina que había estado sobre sus ojos caía como agua. Era tan… fácil de ver, ¿cómo no lo notó?

Enma se irguió entonces.

—Puede creer que estoy bromeando pero yo-…

—Te creo.

Lo cortó, necesitaba pensar, este nuevo panorama era real, estaba seguro.

Tsuna fue abusado a una edad temprana, probablemente cuando era joven, la primera vez que salió. No salió porque Nana lo hubiera sacado… Fue secuestrado. De esa forma Iemitsu fue traicionado, ese alguien solo fue llamado para recolectar información, pero afirmar algo que Timoteo le había dicho: el único fin era asegurar que tenía un hijo. Pese a ello, eso no fue suficiente para este alguien, porque secuestró a Tsunayoshi.

Mukuro se lo había dicho, existía una habitación vacía, una que claramente fue ocupada con anterioridad, probablemente ocupada por Tsunayoshi hasta que fue secuestrado, entonces Nana decidió. Nana estaba aterrada de perderlo de nuevo, que la experiencia traumática se repitiera, de perderlo para siempre. Esa persona debió querer a Tsuna de nuevo, porque nunca dejó a Nana después de ello, regresó cuantas veces quiso, buscando la forma de tener de regreso al castaño.

Pero Nana nunca dijo nada, nunca reveló la verdad, nunca soltó una palabra del escondite de su hijo. Entonces ese alguien la mató, porque se cansó de esperar, se cansó de mantener a Nana viva cuando él mismo podía obtener al castaño, todo fue un juego para él, hasta que se cansó y la mató.

Si no hubieran llegado ellos, ese alguien ya tendría a Tsuna.

Sin embargo Reborn era consciente de algo que omitió en ese entonces pero ahora era tan claro como la mañana. El día de la escena del crimen encontró algo extraño en la cocina, una taza. No, la taza era normal, lo extraño fue notar que estaba mojada. La pequeña oreja de la taza estaba húmeda cuando Haru había dicho que Nana llevaba desaparecida dos días, en dos días la taza hubiera estado seca, pero ahora lo recordaba, estaba húmeda.

Se levantó precipitadamente.

—Kyôya. —El mencionado se irguió, aun afligido. —¿Han movido algo de la casa de Nana?

—No, no se los permití, pero ahora no podemos entrar ahí porque…

—No importa, tenemos que entrar ahí de nuevo.

Reborn observó su ropa, aún enfundado en el pijama, se dirigió a la puerta pero se detuvo cuando escuchó la voz suave de Enma.

—¿Vas a hacer algo por él, cierto? ¿Sabes lo que le está ocurriendo, verdad?

Reborn observó un punto en la pared detenidamente, luego giró un poco hasta que obtuvo un buen vistazo de Enma. —Tsunayoshi ha caído al punto que no reconoce la verdad de su fantasía, ha llegado al punto que todo para él es normal y no podrías notarlo a menos que notaras la bruma de su mirada. Sé lo que le sucede, pero la única forma de recuperarlo es mostrarle evidencia, que ha sido abusado. No ha perdido su habilidad cognitiva, sólo perdió memorias, las encerró en el fondo más apartado de su mente, donde él no podría encontrarlas a menos que alguien se las mostrara. —Reborn volvió su vista a la pared. —Sin embargo hacerlo provocaría un shock en su vida; podría perderse para siempre porque ha vivido casi nueve años ignorando lo que le sucedió.

Tsuna podría perderse y Reborn no quería perderlo.

Enma sacudió la cabeza, él no pudo verlo. —Estás equivocado, no va a perderse… porque ahora te tiene a ti.

Y, pese a todo, Reborn sentía que era verdad. Pero por primera vez en su vida quería desconfiar de sí mismo, que no era tan importante. Que no estaba enamorado.

Eso era un error humano que, sin duda, quería evitar.

—Voy a cambiarme, vuelvo y nos vamos.

Cuando regresó, Adleheid se había ido, Enma también.

≈0=0≈

Hibari no abrió la boca en todo el camino del taxi hacia casa de Nana, evitando llamar la atención Reborn había dejado su fedora en casa, existían más personas que lo conocían con la fedora que sin ella, cuando llegó a casa de Nana descubrió que la cinta amarilla ya no estaba puesta, sin embargo había un hombre en la entrada que no logró reconocer, Hibari asintió antes de bajar del taxi y acercarse al hombre, hablaron un poco y luego Reborn salió. El hombre les permitió el paso, en el futuro Kyôya sería muy útil.

La casa estaba tal como la recordaba, el mismo charco enorme de sangre, un vaso colocado sin cuidado al lado de la pantalla, Reborn se acercó, lo tomo con dos dedos cubiertos de latex y luego se dirigió al otro extremo de la casa, la cocina, con el vaso en la mano. La misma taza que ignoró continuaba ahí, la tomó más suavemente que el vaso y al voltearlo sonrió. Que descuidado, que… maldito genio.

—¿Puedes verla? Tiene restos de té, té rojo con leche y además una combinación entre un paralizante y un somnífero. Nana fue drogada el día de su muerte con un veneno tan sutil que es imposible reconocerlo.

—No esta categorizado porque las sustancias que deja en el cuerpo no son detectables, no producen efectos secundarios.

—A menos que se ocupe en estos fines.

Nana no había aceptado morir. Reborn recordó, lo intentó y al final llegó al recuerdo que quería. El cuerpo de Nana inerte en el suelo, el cuchillo que ahora sabían no había sido el verdadero y su cara cubierta de paz. Evidentemente el veneno era un relajante muscular, aunque Nana fue apuñalada no sufrió, la herida tenía como fin fungir de tal forma que se creyera que se suicidó. Claro, todo esto hubiera pasado como suicidio si no hubieran encontrado a Tsuna y si Reborn no hubiera estado encargado del caso.

Reborn recordó también que en la comisura de los ojos de Nana habían lágrimas, era resignación y perdón, deseando haber actuada antes y dejar a Tsuna en buenas manos. Pese a todo ese el tipo (porque casi estaba seguro que era un hombre) no encontró a Tsuna y no queriendo llenar la casa de su ADN se fue.

La carta de Hana debía de significar algo, Nana suponía que moriría pronto, por ello encargó a Haru de entregar la carta, sin duda… la carta especificaba el lugar en donde se encontraba Tsuna, junto con los diarios, probablemente el dinero, todo lo que necesitaría Hana para mantener a Tsuna para toda su vida.

Tal vez… tal vez también revelaba el secreto del abuso de Tsuna.

—Los diarios… los leí. —Soltó de repente, lentamente. —Kozato Enma tenía razón, fue abusado, cuando tenía los siete años… Nana nunca dice el nombre del culpable, tal vez ni lo sabía. Sin embargo siempre culpa a Iemitsu, el diario dice que secuestraron a Tsuna y el día que lo encontró Iemitsu llegó antes… Tsuna debió verlo y, sin querer, provocó un trauma con la imagen de su propio padre.

—Aunque él no fuera el culpable…

Pasos, lentos pasos se hicieron escuchar y Reborn se irguió, Kyôya se exaltó suavemente. Los pasos se detuvieron y fue consciente de dónde venían. Del lugar donde Tsuna estuvo encerrado.

—Detective Reborn. 28 años. Entraste a la policía a los 23 y tres años después ascendiste directamente a detective, un prodigio te llamaron. Yo te llamo un observador. ¿Has leído a Sherlock Holmes? Probablemente.

—Supongo que eres tú al que hemos estado buscando. —Kyôya se movió, el seguro de un arma desactivarse fue audiblemente escuchado.

—Por favor, Detective Kyôya, no se mueva. Sabemos sobre el profundo cariño que guarda por nuestro querido Detective, pero seamos sinceros; él nunca amara a nadie… somos iguales; somos unos… sociópatas.

Reborn sonrió, una sonrisa ladina que lentamente se volvió sarcástica. —No somos iguales. Tú podrás ser un sociópata, pero yo no lo soy.

Siempre se definió como un sociópata, la idea de seguir la ley era un juego, realmente no le importaba romper reglas, él era la ley y se creía con el derecho de hacer reglas. Sin embargo, con Tsuna, fue capaz de sentir un poco de empatía, cosa que no hubiera logrado sin él. Ahora, aunque podía seguir rompiendo reglas ya no era un lunático, tenía una debilidad.

Había cometido un error humano.

El hombre se mostró ha Reborn y fue consciente que no lo reconocía, este chico era nuevo; nunca olvidaría a alguien así. Tenía una mirada peligrosa, era alto tanto como Reborn y su cabello era rojizo. Un rojo no tan vibrante como el de Enma, pero lo suficiente como para parecer un infierno.

—¿Es así? Oh, ya veo. —Sonrió, el arma en lo alto no apuntaba a Reborn, apuntaba directamente a Kyôya y por ellos Reborn se tensó un poco más. —Ya veo, ya veo. Lo tocaste, ¿cierto? Oh ya veo… era delicioso. Sí, sí, lo recuerdo. Tiene una piel dulce, suave… huele a pura humanidad. Cuando le dije que no era su padre, ¿sabes qué hizo? Pensó que necesitaba cariño he hizo todo lo que le pedí. —Soltó una risa, una fuerte carcajada. —Me dio una mamada —, soltó una carcajada. —Me dejo besarlo… tan dulce, pero cuando se lo metí, tembló de miedo y me rogó por parar. No iba a parar, estaba caliente y ese niño fue… nunca me consideré un pedófilo hasta que lo conocí.

Se tensó más, mucho más.

—Lo tuve en mi cama por más de cuatro días y cada día lo hacíamos a lo menos cuatro veces, nunca tuve tanto sexo tan glorioso. Lo ame, como apretaba su agujero en torno a mí, maldita sea, era la gloría tenerlo ahí. Siempre llorando y suplicando, me excitaba tanto que se lo había más duro para que llorara más fuerte.

Reborn no mostró aprensión. —El hombre de la entrada… es tu socio, ¿cierto?

—Oh, ¿hablas de Torikabuto? Claro, es mi… ¿compañero? Jajaja, quien sabe, está tan loco que por matar haría lo que fuera. Quería matar a Nana desde hace tanto, pero no pude dejárselo a él, sería cruel y Nana es tan especial, ella dio luz a la cosa más alucinante de este aburrido mundo. Fue una muerte gloriosa, hubiera terminado como una mártir. Pero claro, Alaude tenía que darte el caso a ti. A ese bastardo nunca pude engañarlo.

—Espero que seas consciente que voy a arrestarte, bajo los cargos de asesinato en primer grado y abuso sexual a un menor de edad.

—Oh, ¿sólo por eso? Quién lo diría… oh, la policía, indudablemente corta todo de ti, no te deja actuar con libertad. La mafia, un tanto peor, te corta y suprime y cuando te deja salir es bajo tratos especiales. Una vida desperdiciada. Que mejor que ser dueño de tu tiempo, ser tu jefe. Respirar la libertad de hacer lo que quieras. —Kyôya colocó una mano sobre su cinturón, un disparó rápido y silencioso pasó junto a su brazo, cayó de rodillas a la espalda de Reborn. —Tch Tch, vamos, vamos, ¿nos dejas hablar un momento sin intentar meter la mano? ¿Cómo lo soportas? Para ser policía la falta paciencia.

Reborn soltó una risa baja. —No tuve otra opción, era llevarlo conmigo o dejarlo armar un alboroto en la oficina.

—Oh, sin duda, los chicos de ahora.

Un chasquido de Kyôya fue claro que estaba bien y también molesto.

—¿Supongo entonces que me arrestaras?

—Supones bastante bien.

Todo fue muy rápido, sin embargo Reborn fue consciente que había soltado el seguro y había disparado, su dirección era, totalmente, Kyôya. Error humano, lo señalo de nuevo Reborn mientras se arrojaba en la dirección de la bala e interceptaba la bala. Era obvio que el disparo fue hecho con ese propósito, el de herirlo sin apuntarlo, porque, una vez más, había cometido un error humano.

El amor era un error.

Si Reborn quisiera drogarse, más seguro, preferiría ocupar cocaína o fumar nicotina, no juntar torpe dopamina en su cerebro. Pero se había equivocado y hace mucho que la dopamina se había liberado en su sistema a tal grado que había desarrollado empatía. Y a tal grado que había notado que Kyôya, Alaude e inclusive Kyoko era importantes. Tsuna era el comienzo de todo.

Erro humano. Continuo en su mente mientras la bala atravesaba su costado. Fue un punto rápido y doloroso, que se expandió en todo su cuerpo, dolor, el dolor era contundente pero no le había desvanecido, ya veía, había atravesado tejidos cercanos al hígado, pero no él órgano, Kyôya comenzó a moverse con velocidad, presionó la herida, la bala estaba tapando la mayor parte de la hemorragia, pero si continuaba de esa manera iba a morir.

Vaya, era inesperado en un montón de sentidos.

Pudo ver, sobre la cabeza de Kyôya, como el pelirrojo se marchaba lentamente, una sonrisa en su boca. Reborn sonrió, no podía creer que hubiera perdido.

Pero de nuevo, fue un error humano. Era humano, y evidentemente no lo sabía hasta hoy.

~0~

Evidentemente he tenido un largo retraso, sin embargo he estado trabajando en este capítulo mucho tiempo y siento que he terminado este capítulo satisfactoriamente, me ha gustado todo, menos que Tsuna no haya tenido una participación más grande en este capítulo.

-Nixse