No había sido intencional, pero ver aquel cuerpo agonizando en el suelo cubierto de sangre lo había encendido. Le había suplicado a Kaname que se lo follara ahí mismo y este perplejo accedió. No habían sido las penetraciones del moreno lo que le hizo tener el orgasmo más intenso de su vida, no fue la mirada incrédula del hombre que yacía a su lado mirándolo gemir ni tampoco fue el conocimiento de que ese hombre había muerto viendo como se lo follaban duro. Fue el sentir sangre ajena en sus manos, la adrenalina de saber que había matado a alguien.