Capítulo 11: Las personas son aburridas

-¿Señor Braginski...? ¿Qué hace usted aquí?-pregunté.

-Yo... estaba en la cafetería y lo vi cuando hablaba con el mesero. Quería hablar con usted-respondió el ruso.

-¡...!-nuestros rostros estaban peligrosamente cerca, así que me alejé un poco. Me senté apropiadamente-¿Desea sentarse?

-Gracias-el rubio suspiró profundamente-es bueno salir de la rutina...

-¿Vino hasta aquí para hablar sobre eso?

-¿Desea la verdad?

-...yo no entiendo, señor Braginski ¡Claro que deseo la verdad!

-Lamento ser una molestia, pero es necesario hablar sobre lo que pasó.

-¿Eh?

-Me refiero al incidente de la cafetería.

-Oh...-era por eso, yo y mis estúpidas suposiciones.

-Verá, señor Wang...

-No se preocupe, solo fue un accidente; a todos nos pasa.

-¿Qué?

-Ese día en cafetería, usted me golpeó con su lapicero en la cabeza, fue un accidente. Además, no me causó alguna lesión, no es necesario tener que disculparse o dar más vueltas al asunto.

-Vaya, no esperaba que pasara esto-miró el suelo y entrelazó los dedos.

-Es un hombre joven, no debería preocuparse por pequeñeces como esas, se disculpó y es suficiente para mí.

-Ese no es problema, yo me refería a la cafetería de la empresa-el rubio apretó con fuerza sus manos.

-...-¡Maldición, de todos los temas de conversación para hablar en un parque; este es el peor de todos!

-Primero, debo disculparme por la actitud del señor Laurinaitis. Ya se habrá dado cuenta de la mala relación que tiene con Jones.

-Por favor...-dije con una sonrisa nerviosa-la responsabilidad también es mía; estuve presente y no hice nada para detenerlos-bien hecho Yao, ahora vas a quedar como el jefe cobarde.

-Será la cruz que tendremos que cargar-el ruso me miró a los ojos-nuestros asistentes se odian a muerte y como sus jefes nos vemos afectados-arqueó los labios, dibujando la sonrisa más seductora que había visto en mi vida-es un gran reto.

-Jones es un hombre de negocios, dudo que sacrifique su trabajo por un problema personal-desvié la mirada- Lo conozco.

-Pues ese día estaba a punto de explotar-a pesar que nuestras miradas no se cruzaban, el rubio no cambió de posición-hay que estar ciego para no ver su odio hacia mí.

-¿Odiarlo?-giré para habalr frente a frente con mi colega-¿Por qué Alfred lo odiaría?

-Usted es el tipo de persona que no se encuentra en cualquier parte... -sin perder la sonrisa, murmuró-no creí que fuera cierto eso de "mantenerse alejado de los chismes".

-¡Claro que lo estoy!-comenté-Los chismes solo pudren los corazones de las personas; es más, solo es una distracción innecesaria para los trabajadores de esta empresa.

-¿Le gusta su trabajo?-apoyó uan de sus manos sobre su barbilla.

-¡Por supuesto! Un hombre de mi edad no puede darse el lujo de gastar su energía en algo que le disgusta-respondí.

-Ya veo-se recostó sobre el espaldar de la banca-si todas las personas de la empresa fueran así, sería un lugar menos tóxico. Aunque... sería aburrido.

-¿Aburrido?

-Si las personas fueran iguales sería aburrido buscar a tu media naranja.

-No sé que tiene que ver eso con Jones.

-Tiene razón, me he desviado del tema principal-el tipo que se acercaba a los dos metros de altura se puso de pie-es tiempo de que me vaya. Debe ser incómodo para usted hablar de un tema tan íntimo como este.

-Descuide...-remojé mis labios con la lengua, tenía la garganta seca.

-¿Tiene sed?

-Hum... Sí-respondí avergonzado, al parecer había sido muy indiscreto con la acción anterior.

-Tome-una botella de agua apareció frente a mí, el chico de los ojos violeta la tenía guardada en su mochila.

-Gracias-sería de mala educación no aceptarla, así que recibí la botella con ambas manos.

Es increíble lo comunicativo que era conmigo, a pesar de habernos conocido (profesionalmente), hace mucho tiempo no habíamos intercambiado tantos palabras como las últimas semanas.

Vi que el cielo empezaba a tomar varios colores cálidos, verifiqué la hora y eran las cinco de la tarde.

-También es tiempo de que me vaya.

-Perfecto ¿por donde es su casa?

¿En verdad estaba ocurriendo? ¿El jefe del área de diseño estaba preguntando la ubicación de mi domicilio?

-No queda muy lejos-señalé a la derecha-desde aquí, cruzando tres avenidas y a la izaquierda.

-Vaya, qué coincidencia-ajustó la correa de la mochila-mi casa no está tan lejos de la suya. Podemos ir juntos hasta allá.

-Claro-¿Pero en qué estaba pensando? Este hombre no era cualquier persona, no podía ignorar el hecho que fuera mi colega y sobre todo... mi admirador secreto. Ivan Braginski, el jefe "temible y frío como el hielo" era quién dejaba esos obsequios sobre mi escritorio.

Continuará...