Especial DEAD: Cuando Javier quiso irse a Argentina.
Si había que decir algo sobre Maximiliano Eyzaguirre, era que amaba cocinar. Desde pequeño había sido bastante habilidoso con la cocina. Se dio cuenta que cocinar era a veces seguir una fórmula matemática y él amaba las matemáticas, así que, bajo esa premisa, no le fue difícil memorizar distintas recetas para luego, ayudado por su nana, realizarlas.
―Usted, mijito, tiene que aprender a hacer de todo en esta vida, ¿ya? ―Le solía decir Nora, su niñera, esas tardes en las que él se quedaba metido en la cocina casi todo el día, en aquella casa que solía siempre estar vacía y solitaria, con su padre administrando cosas de la empresa y su madre asistiendo a diversas reuniones sociales; ninguno poniendo especial atención al niño de siete años que solía deambular, solo, por los largos pasillos―. Cuando sea grande y herede todo esto, quizás se termine casando con una mujer que solo le sirva de adorno, así que debe saber cocinar para no morirse de hambre, mi niño, que yo no viviré siempre para cocinarle lo que a usted le gusta.
El pequeño solo asentía ante lo dicho por la mujer, para luego abrazar fuertemente a su querida Nora. Para él, a su corta edad, lo que decía su niñera solía ser ley. Aunque él tenía claro que se iba a casar con una buena mujer. Quizás no supiera cocinar su futura esposa, pero no sería un adorno; no sería como su madre.
Otras cosas que ayudaban a su amor por la cocina era su buen paladar. Aquel paladar que había probado las mayores exquisiteces del mundo, siempre siendo llevado por sus padres a restaurantes importantes, donde un solo plato podía valer más que el sueldo mínimo de un chileno promedio. Ahora, el Max de la actualidad, sentía nauseas al pensar en comer algo casi groseramente costoso, pero al niño que fue en su momento, de verdad era una experiencia para ser recordada.
Aunque nada comparado con la cocina hogareña de su niñera, cuando comía gustoso una empanada de pino recién sacada del horno, casi quemándose los dedos por su afán de probarla. Ni tampoco con las veces en que, ya siendo un adolescente especialmente curioso, deambulaba por las calles de Valparaíso, visitando el emblemático Jota Cruz, famoso por sus chorrillanas, o comiendo una paila marina en el puerto.
Era también una ironía que él, siendo bastante talentoso en la cocina, terminara como mejor amigo de la única persona en el mundo que era capaz de provocar desastres culinarios a escala intergaláctica y en unos pocos segundos.
Miró nuevamente el trozo de carbón en que se había convertido la masa que conformaría la torta de cumpleaños para Jorge, y luego miró al hombre que lo había acompañado desde que eran, prácticamente, unos niños pequeños.
―¿Me puedes repetir, por favor, qué fue lo que hiciste? ―Intentaba mantenerse relajado, de verdad que lo intentaba.
―Subí un poco la intensidad para que se horneara más rápido. ¿Qué iba a saber yo que iba a terminar carbonizado?
Max miró a Javier y luego suspiró.
Ni Sarina se mandaba tantas cagadas en la cocina. La mujer por lo menos era capaz de defenderse en cuanto a lo culinario, hasta el punto en que era buena cocinera, siempre cuando no se pusiera a experimentar y a distraerse con las moscas.
―Si dejé el horno a cierta temperatura, era por algo.
Lo peor de todo era que el muy idiota ni siquiera le había avisado del aumento de temperatura, así que cuando se estaba acercando la hora de sacar la masa del horno para cortar y rellenar, solo se sintió el fuerte olor a quemado, olor que no sintieron por haber estado bebiendo unas cervezas en el balcón del departamento.
―Tú me mandaste a buscar las cervezas, weón. Sabes que, si quieres que todo salga bien, yo debo mantenerme lejos de la cocina.
Maximiliano sobó su frente, sin poder sino darle la razón.
―Sarina va a matarme por esto, por la chucha.
―Yo diría que más bien te lo va a cortar con un cuchillo oxidado y luego te lo dará de comer.
―No me ayudes tanto, weón, de verdad.
Javier miró con culpabilidad a su mejor amigo. No era como si le agradara haberse quedado sin torta para el cumpleaños de Jorge.
―Igual tienes tiempo para prepararla de nuevo.
―No me quedan ingredientes. Tenía las medidas justas y si vamos a comprar se hará muy tarde. Pero tal vez… ―Sin que Javier supiera qué pretendía, sacó su celular y marcó un numero de memoria―. Alo, ¿Nora? ¿Qué tal mi viejita? ¿Por alguna casualidad está en casa de su hijo hoy? ¿Sí? Qué bueno. Oiga, ¿me puede hacer un favor? ―Max rio por algo que su nana le dijo desde el otro lado de la línea―. No, no, eso no. ¿Puede traerme al departamento ingredientes para hacer bizcocho? Es que el que estaba haciendo ya quedó arruinado. ―Rio―. Claro que es culpa de Javier, ¿de quién más va a ser? Lo mandaría a comprar a él, pero ya sabe cómo es. Capaz que llegue con todos los huevos reventados al departamento. Entonces, ¿puede? ¿Sí? Gracias, Nora, de verdad. La espero acá, ¿ya? Mándele saludos a su hijo de mi parte. Adiós. ―Luego cortó.
―¿Y bien?
Max lo miró, seriamente.
―Agradece que Nora traerá la harina y lo demás, weón. O sino al que le rebanarían las bolas para dárselas de comer al perro, sería a ti, no a mí.
.
Al final, Nora, cuando llegó con los ingredientes, se metió en la cocina y se puso a preparar ella el pastel, sin importarle los reclamos de Maximiliano.
―Nora, oiga, si del pastel me encargo yo. Usted vaya a sentarse y bébase algún refresco.
La mujer ya mayor, miró a ese niño (para ella) que ya media más de metro ochenta, y sonrió enternecida.
―¿Cómo se le ocurre mijito? Yo le hago la torta, no se preocupe. Aparte que no quiero que Javierito vuelva a arruinar las cosas.
Max soltó la carcajada y Javier refunfuñó un "puta que me tienen fe, weón"
―Si soy un asco en la cocina, ¿qué quieren que haga? Las cocinas del mundo me odian.
Max y Nora rieron, y mientras la mujer preparaba el bizcocho, le sonrió a Javier.
―Usted mi niño, lo que tiene que hacer es buscarse a una persona que sepa cocinar y casarse. Así no morirá de hambre, que no sé hasta cuando pueda depender de Maximiliano para alimentarse.
Maximiliano rio con aquello.
―No es mala idea.
Javier miró a la mujer, horrorizado, y luego meditó la situación.
―Actualmente la única persona que se me ocurre para casarme es Samantha. Y si le pido matrimonio, lo único que recibiré es una patada en los cocos.
―De todos modos, no es como si Sam cocine mucho. ―Corrigió Max, pensativo.
Javier no pudo sino darle la razón, cuando recordó esa masa amorfa que la mujer había intentado hacer pasar por arroz.
―¿Y Erika?
―Recuerda que a Erika le tienen prohibido entrar a la cocina de su casa.
―¡Por la puta! ¿Es que ninguna de esas tres brujas es buena cocinando?
―Bueno, Sarina cocina bien.
Ante eso, Javier no ocultó la expresión de burla.
―Weón, Sarina casi quemó la cocina de su casa la otra vez. Acuérdate que aún quedan las marcas de las llamas en el techo.
Aunque para ser justos, Lucas había tenido harto que ver en aquello. De todos modos, ambos hermanos se habían encargado de traumar al pequeño Jorge de tal manera que, aun ahora, el niño sufría un pequeño estremecimiento cada vez que contaba de aquella vez en que casi se quedó sin casa.
―Pero cuando no tiene accidentes, cocina bien. ―Era usual en Max salir en defensa de su ex.
―Entonces, según tú, yo debería casarme con ella. Igual no sería tanto sacrificio. Tiene buenas tetas y buen culo. ―Habría que ser ciego para no darse cuenta de ello, y ese no era su caso.
Max al escuchar a su amigo expresarse de esa manera, inevitablemente lo miró de forma asesina.
―Ni se te ocurra, ¿entendiste? Con Sarina, no.
Javier se encogió de hombros. Había veces en que ni él entendía a Max, pero aceptaba que había algo ahí que seguía sin cerrarse de manera definitiva.
―Entonces no hagas comentarios weones.
Nora miró de reojo a los dos amigos y luego rio.
―Bueno, mi niño Maximiliano sabe cocinar muy bien.
Ambos hombres la miraron con confusión.
―Mejor se casan entre ustedes y se acabó la cosa, ¿verdad?
Ay, lo que faltaba.
―¡Nora! ―reclamó Max mientras la mujer reía con diversión.
Javier la miró y luego sonrió.
―No es mala idea, ¿eh? Ya weón, ¡partimos a Argentina!
―Javier, para con tu weá, porfa. No es chistoso.
Javier lo miró con maldad.
―Pero si según la lógica que me están mostrando, yo debería solo buscar a una persona basándome en su capacidad para cocinar. Tú eres el que cocina mejor dentro de las personas que conozco, así que es lógico. Amigo querido, cásate conmigo.
―No me estaba refiriendo a que solo debas fijarte en eso para casarte, aweonao.
Javier bufó.
―Entonces no me intenten dar argumentos weones para casarme. Que sabes que a mí el matrimonio me da alergia y, probablemente, termine visitando tu casa incluso cuando tú estés casado para que me alimentes. Mejor ándale avisando a tu futura señora cuando la encuentres.
Max se pasó la mano por la cara, conteniendo el gemido de cansancio. De verdad se imaginaba a Javier llegando cada día a su casa para el desayuno. De hecho, lo creía capaz de mudarse al lado suyo para que todo fuera más cómodo. Bueno, desde el colegio que había tenido que llevar colaciones para ambos, así que encargarse de la alimentación de ese hombre ya se le había hecho costumbre.
―Probablemente ya lo sabe.
Javier no le encontró mucho sentido a su respuesta. Sería después, cuando Sarina se hallaba discutiendo con su hermano mayor por video llamada, que Javier entendería a qué se refería Max horas atrás.
Extra: Los personajes de DEAD en el amor
Javier: Nunca ha tenido pareja, pero suele tener relaciones y amantes casuales. Es de esos de "si te he visto, no me acuerdo"
Maximiliano: Sarina es la única novia oficial que ha tenido. Ha salido con algunas mujeres luego de ella, pero siempre les encuentra algo y las deja en la friendzone.Fue educado bajo la tutela de una familia conservadora creyente de llegar virgen al matrimonio. Al conocer a Sarina estuvo dispuesto a renunciar a esa creencia. Actualmente no tiene pensado llegar virgen al matrimonio, pero lamentablemente, no ha encontrado a aquella persona que lo haga dejar el celibato. Suele tener una noción bastante romántica respecto al sexo, contrario a Javier.
Sarina: Max es el único novio que ha tenido. Ha salido una o dos veces en el pasado con chicos, pero siempre acaba por lo mismo, su temperamento y su renuencia a perder la virginidad con ellos. Siempre les encuentra algo y aunque ni ella ni Max lo quieran admitir, dejaron la vara muy alta en el otro. Suele ser un tanto acomplejada respecto a eso, pero luego se le pasa. Con respecto a Samuel, Javier, que lo conocía, le había advertido a Sarina con respecto a él, pero ella no quiso escuchar.
Samantha: Es virgen, pero ha tenido dos novios en el pasado, con los que no estuvo más de tres meses. Se aburrió de ellos porque eran muy demandantes con su tiempo. Actualmente está centrada en sus estudios y sus hobbies y poca atención pone a lo sentimental. Llega a dar pena cuando friendzonea a algún tipo que anda detrás de ella, para diversión de Javier.
Erika: «¿Amor? ¿Qué es eso? ¿Acaso se come?» Nada más que decir respecto a ella.
Lucas: Es como Javier, solo que más controlado y sí ha tenido una que otra polola en el pasado. Actualmente está enamorado, pero la persona en cuestión no lo sabe.
Natalya: Su último novio la engañó con una de sus mejores amigas, así que está en esa fase de "todos los hombres son unos idiotas, excepto mi hermano". Lo triste es que era uno novio con el que llevaba más de un año, así que, aunque ella diga lo contrario, no es algo fácil de superar.
Yuuri: Pues si él supiera sobre sus sentimientos no existiría este fic en primer lugar.
Viktor: Enamorado hasta las patas de Yuuri, aunque debe arreglar unos cuantos problemas antes de poder ir a decírselo.
Jorge: Tiene a dos niñas de su curso tras él, pero él solo tiene ojos para Fernanda. Cuando tenía seis años se "enamoró" perdidamente de Maribel, una niña de su curso. Cuando tenía diez años, le entregó una carta de amor mandada por un amigo, la niña rompió la carta frente a él, y pese a que él no la escribió, sintió su corazón hecho trizas. Sarina casi echaba fuego por la boca cuando su hermanito se lo contó. Los últimos años, en sexto y séptimo básico, comenzó a ver como Maribel cambiaba y bajaba sus notas (solían compartir el cuadro de honor del curso) y ese nuevo comportamiento en la niña lo desencantó. Usualmente sus hermanos suelen ser bastante molestosos con él, hasta el punto que el rostro del niño termina del color de la grana.
Yurio: La autora acaba de ser informada que, si divulga alguna información sobre él, renuncia al fic, y eso no puede ser, porque es un personaje importante.
Otabek: A Otabek le gustan los gatitos, sobre todo los gruñones que andan amenazando a autoras.
*Yurio acaba de entregar su carta de renuncia*
*Nikky hace un japanese dogeza*
Notas de autora:
Bueno, pues… este no es un capítulo en sí, sino que vendría siendo un especial con la escena del pastel que no alcancé a poner en el capítulo anterior. No tengo mucho que decir sobre ella, así que espero sus comentarios.
Lógica de Javier: Mientras sepa cocinar, cualquier persona le sirve xD. Este personaje de todos modos tiene cierta alergia al matricidio (al igual que Nikky, para ser justos), así que es bastante posible que se cumpla aquello de que termine visitando cada día la casa de Max en busca de alimento. Aunque también podría pagarse un chef personal, creo que visitaría a Max expresamente para molestarlo un poco.
Acá se vio un poco de Max, jeje. Personalmente amo a este personaje, de verdad. ¿Les gusta el apellido que decidí ponerle? Con Shinki pensamos harto en ello.
Pues Max tiene una nana, Nora, a la que quiere bastante. Ella fue su figura materna cuando estaba chico. Supongo que fue ella la que hizo que nuestro Maximiliano sea tan bondadoso, cuando en realidad tenía todos los ingredientes para convertirse en alguien déspota y arrogante.
Pues Sarina casi quemó la cocina de su casa en una ocasión. No me extraña, la verdad, sobre todo si Lucas también estuvo involucrado. Los hermanitos desastre.
El extra es algo que publiqué en Wattpad hace un tiempo, pero no había encontrado la ocasión de publicarlo acá en fanfiction. No quería ocupar un capítulo en esto, aparte que son pocas palabras, así que quedó inserto acá.
Confesiones de una autora desesperada:
I: Sigo creyéndome Yato.
II: Publico esto mientras como los huevitos de chocolate que tuve que buscar más temprano *Nikky se niega a crecer*
III: No llevo nada escrito del próximo capítulo, jeje *Nikky huye por su vida*
