¡2 de 4!

Nota de los signos:
« » = pensamientos.
' ' = citando una tercera persona
«' '» = recordando lo que dijo una tercera persona.
{ } = sueños
(+) = Flashforward. (Representado así para visiones y sueños.)

Disclaimer: El universo aquí mencionado es propiedad intelectual de sus autores.

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Capítulo 12
Declaración de Guerra I

Palacio Imperial – sábado por la mañana.

Era una mañana bastante tensa, nadie se atrevía a decir alguna palabra, y eso era algo que los niños percibían. El motivo podía deberse al torneo, pero ellos sabían que no, era algo más, no sabían qué pero sabían con exactitud que era algo más.

―Qué callado está esto. ―Iris miró hacia todos lados.

―Es de esperarse, algunos salieron, otros se encerraron en sus cuartos. Pero lo importante es que nadie nos toma en cuenta. ―Kiyomasa iba con las manos cruzadas detrás de su nuca como si nada importara.

―Detesto que no nos tomen en cuenta. ―gruñó Iris dando un fuerte pisotón.

Casi siempre había sido así, raramente eran tomados en cuenta por los mayores de la casa; y eso era algo que influía en el carácter, pues a pesar de ser niños los cinco infantes no podían llevarse bien. Cualquiera entendería que por ser niños llegan a tener peleas de niños, pero estos niños no eran así, ellos llegaba a tal grado de agresión que prácticamente era imposible tenerlos juntos.

―Volvamos a dormir. ―Hanbei dio un fuerte bostezo. Al chico habitualmente se le pegaban las sabanas cada mañana, madrugar no era lo suyo.

―Hazlo tú si quieres. ―dijo Kiyomasa dedicándole una mirada molesta.

Aquella mirada no fue bien recibida por Mitsunari, Hanbei era como un hermano para él.
―Tienes algún problema. ―se interpuso reaccionando a la mirada.

La tensión entre Kiyomasa y Mitsunari subió.

―Cálmense. ―dijo Gracia con una débil voz que se perdía antes de llegar al receptor.

―Silencio. ―dijo Iris― Escucho voces.

Y los cuatro niños se olvidaron por completo de lo sucedido. Siguiendo a Iris, caminaron silenciosamente para llegar al cuarto. Entreabrieron la puerta para mirar y escuchar. Grimsley estaba acompañado de una mujer que no conocían.

―¿Me lo dirás? ―dijo la mujer dejando su asiento y caminando hacia Grimsley.

―Ya te lo he dicho, no sé de qué hablas. ―Grimsley entrelazó sus manos.

―Mentiroso. ―dijo con voz juguetona― Yo sé que a ti nada se te escapa. Puedes encontrar hasta un tesoro debajo de las piedras.

La mujer acorraló a Grimsley subiéndose sobre el sofá y quedando a centímetros de su rostro. Por su parte Grimsley seguía apacible, mirándola directamente a los ojos. Y un leve sonido los interrumpió. Los dos voltearon a ver, los niños estaban tapando la boca de la inocente Gracia.

―Que incomoda situación. ―dijo Iris rompiendo el silencio.

La mujer dio una sonrisa divertida y se bajó.
―Que pena que nos hayan interrumpido.

Sin decir nada más caminó hacia la puerta, observó a los niños y se fue. Los niños se le quedaron viendo a esa extraña mujer de cabello rosado y gafas naranjas.

Grimsley caminó hacia la puerta, volteó a verlos cuando sintió sus miradas.
―¿Qué? ―dijo ladeando la cabeza.

―No, nada, no hemos dicho nada. ―dijo Iris― Somos como unas tumbas. Ni tú ni nosotros diremos nada y fingiremos que esto no sucedió.

Grimsley arqueó una ceja, luego de un rato se soltó a reír.
―Interesante propuesta.

Y el palacio se cimbró.

―¿Qué rayos fue eso? ―habló Mitsunari.

Todos miraron hacia todos lados, todo parecía normal. Pero Grimsley salió corriendo hacia el último piso.

Unos minutos antes…

{(+) Luz, una luz brillante y cegadora. Su cuerpo se movía hacia ella, pero al mismo tiempo era como si no fuera ella misma, era otra persona, viendo a través de los ojos de ese otro. ʹTodo estará bien, pronto todo estará bienʹ. Se repetían una y otra vez esas palabras. No tenía la menor idea de si salían de ella o de alguien más, pero esas palabras se volvían una punzada, una repugnante punzada en su ser. Y cuando estuvo frente aquella brillante luz cegadora, la tomó. Y todo destelló…

Miles y miles de voces y gritos se escucharon en su interior, como si provinieran de su cabeza. El dolor era intenso, apretó con fuerza su cabeza, quería callarlas. Locura, demencia total. (+)}

Despertó agitada, sus ojos turquesa estaban abiertos como platos, en ellos se reflejaba el temor. Trató de calmarse, su respiración estaba acelerada y sudaba. Las voces se escucharon en su interior. Apretó con fuerza su cabeza, había que callarlas, tenía que callarlas.

―¡Basta! ―gritó desesperada― Basta, basta. ―balbuceó.

Pero las voces no se callaban.

Desesperada se levantó de la cama y corrió hacia la ventana. La abrió, pero eso no ayudó. Las voces se intensificaron.

*Boom*

Lo próximo que recuerda en ver la vasta ciudad a lo lejos, la ventana y la pared han desparecido. Oye voces, pisadas. Se gira para ver; Grimsley está parado en la puerta de su cuarto. ¿Qué hay en su rostro? ¿Terror? ¿Conmoción? ¿Desesperación?... No lo sabe…, todo se nubla…

―¡Caitlin!

Grimsley corre hacia ella al verla tirarse por ese hueco que se ha creado en el cuarto. Sin pensarlo dos veces se avienta.

―¡Ahh! ―grita Iris desde el borde― ¡Mitsunari, haz algo!

―¡No lo hagas! ―gritó Grimsley.

Los niños intercambiaron miradas incrédulas. El terror entre ellos se intensifica. No quieren mirar lo que sigue después… Y en un abrir y cerrar de ojos todo cambió. Caitlin cambia su posición con Grimsley, ahora él es el que cae primero. Grimsley llega al suelo, de pie, sin sufrir daño alguno, levanta las manos, y como si Caitlin descendiera lentamente, ella cae con delicadeza sobre sus brazos.

―¿Qué fue eso? ―dice un sorprendido Kiyomasa.

Entre dudas los chicos correr para bajar hacia donde están ellos.

―Ay, Caitlin. ―Grimsley la observa, se le ve afligida.

Desvía su mirada hacia su mano, la cadena es visible. El descontento es evidente en su rostro, sabe que el contrato se está desvaneciendo... Y de poco a poco la cadena se hace invisible.

―Grims-ley. ―Caitlin vuelve en sí.

―Tranquila, todo está bien. ―dice con una suave voz― Pronto…, todo estará bien.

«ʹTodo estará bien, pronto todo estará bienʹ.» La voz resuena en su mente. Los gritos y las voces hacen eco en su interior.

―No, no, no, no, ―se agita desesperadamente, da golpes en el aire, quiere soltarse.

―Espera, Cait-…

Una fuerte ráfaga de viento sopla con furia.

―¡Ahh! ―grita Iris que ha salido volando.

Viento.

Mitsunari ha detenido el viento. Todo ha quedado en un silencio total, ningún sonido se oye, ni siquiera el respirar de los demás. Moviendo con lentitud su mano desciende a Iris. La chica dice algo, pero solo sus labios se mueven. Con otro movimiento de mano Mitsunari rompe la técnica. El viento vuelve a soplar. Al finalizar el chillante silbido la ráfaga de viento se detiene. Grimsley está de cuclillas sujetando su brazo y mirando hacia la ciudad.

―¿Y Caitlin? ―pregunta Gracia.

Grimsley voltea a verlos.
―Ha ido a la ciudad. ―se incorpora― Está confundida.

―No iras a detenerla solo, ¿o sí? ―Hanbei se acerca para curarlo.

Grimsley no dice nada.

―Jamás nos toman en cuenta. ―Iris da un pisotón.

―De acuerdo, vamos. ―les da la espalda― Pero no me hago responsable si les sucede algo.

Siguiendo las pistas han llegado a la ciudad. Se ha dividido en grupos por si acaso. Gracia camina junto a Grimsley.

―¡Abajo!

Sin darle tiempo, ella brinca sobre su espalda para tirarlo. Un poste de luz es lanzado hacia ellos. Gracia lo detiene por unos segundos, es muy pesado para ella y lo arroja hacia otro lado. Grimsley se incorpora y va tras ella, han dado con Caitlin. Gracia llama a los demás por telepatía. La persecución da inicio por media ciudad.

Kiyomasa le cierra el camino creando paredes de hielo. Sin embargo Caitlin las destroza como si nada. Gracia trata de detenerla entrando a su mente, pero Caitlin es más fuerte que ella y termina haciendo que Gracia salga volando. Es el turno de Iris, ha zanjado el suelo con un buen trecho, Caitlin lo brinca como si volara. En ese instante aprovecha Mitsunari para frenarla, pero el viento no responde a su llamado.

―¿Es enserio? ―dice Iris.

―Pues si que tiene un gran afán por continuar. ―dice Mitsunari.

―Supongo que no queda de otra. ―dice Hanbei haciendo un corte en su dedo índice, una cerbatana se ha materializado.

―Tratamos de detenerla no de herirla. ―le dice Gracia al ver que aun sigue medio dormido.

―Eso ya lo sé. ―Hanbei se pone en guardia― Solo trato de inmovilizarla.

Poniendo el artefacto en su boca, inhala por la nariz para expulsar todo el aire por la boca. Una pequeña bola de energía eléctrica sale disparada a la velocidad de la luz. Sin embargo Caitlin la detiene en el aire y la desintegra

―No cabe la menor duda de que su telequinesis esta mejor desarrollada que la de Gracia. ―dice Kiyomasa.

Desde lo más alto de una casa una sombra se avienta directo hacia ella. De la nada una sombra negra se extiende desde el suelo y abarca toda la calle. Pero no dura mucho, esa sombra comienza a quebrarse y se desintegra en miles de pedazos. Grimsley está parado completamente confundido, Caitlin no está.

A lo lejos se oye una explosión. Una columna de humo se eleva a un par de calles cerca de ellos. Al llegar al lugar, Caitlin está atacando a la mujer de cabello rosado. Es una batalla entre fuego y telequinesis.

Malva evade todos los ataques, es como si leyera la mente de Caitlin. Por otro lado la joven se ve fastidiada, esa mujer de cabello rosado solo usa sus ataques de fuego cuando le lanza algún objeto, por lo demás es buena en el combate cuerpo a cuerpo aunque solo la esté evadiendo. Malva frunce el ceño, ya se le ve molesta. De su dedo índice brilla una luz roja como una antorcha. Caitlin no puedo evadir eso desde corta distancia. El ataque sale desprendido hacia el cielo, Grimsley lo ha desviado.

―¿Qué te propones, Malva?

La mujer le sonríe, da un vistazo rápido hacia el otro lado; Caitlin yace inconsciente junto a los niños, regresa su vista hacia Grimsley, se cruza de brazos.

―Así que el contrato se está desvaneciendo. ―le da una mirada veloz a su mano― Es satisfactorio que se esté desvaneciendo… o puede que para ti no. Después de todo sin esa cadena tú y ella podrán recuperar sus poderes, pero con las claras consecuencias.

Grimsley se le queda viendo, Malva ignora la mirada y jala la cadena en la mano de él, la mano de Caitlin se levanta. Los niños están confundidos, hay una especie de cadena negra uniendo a Grimsley y a Caitlin.

―¿Qué es eso? ―dice Hanbei despertando por completo.

Los niños se han quedado mudos, no saben lo que es ni por qué esta esa cosa visible si antes no la podían ver. Poco a poco la cadena se desvanece.

―¡Ha desaparecido! ―grita Iris.

―Descuida. ―Malva se lleva un dedo a la boca― No diré nada si ustedes no lo dicen, y fingiremos que nada de esto sucedió.

Da media vuelta y continua su camino…pero se detiene y gira mirando por sobre sus lentes.
―El que la cadena sea visible es una señal de lo que puede suceder. Antes de que ese día llegue deberías de reconsiderar en terminar ese contrato, no te hace bien a ti ni a ella. Pero si ese día llega ya sabrás de lo que ella es capaz.

Y reanuda de su camino perdiéndose de vista.

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Casa Rowan – sábado por la mañana…

La segunda casa no lucía igual que siempre, en esta ocasión había movimiento. Demasiado movimiento para ser exactos. Blue, Anzu y Crystal miraron con curiosidad todo el ajetreo que se cargaban. Blue le preguntó a una de las criadas lo que sucedía, a lo que ésta le contestó que hoy se celebraba el compromiso del joven maestro con la heredera Birch. Blue se llevó una mano a la frente, lo había olvidado, a pesar de que su madre le mandó un comunicado diciendo que se dirigían para allá no tenia forma de evitarlo, ella era la encargada de la división de inteligencia y por lo tanto su superior. Había que actuar con cautela.

―¿Qué haremos ahora, Blue? ―preguntó Anzu.

―Nada. ―volteó a ver a ambas― Seguiremos como si nada.

Anzu y Crystal asintieron.

Atravesaron el patio y la casa sin problemas, evadiendo a medio mundo y sin ser vista por los residentes. Sintieron un gran alivio cuando por fin llegaron al cuarto de Blue, claro que el alivio se rompió dando paso al desconcierto.

―¿Blue? ―dijo Crystal sin despegar la mirada.

―Perdón por el desorden. ―habló como si aquello fuera lo más natural del mundo.

Cualquiera podría considerar normal un desorden en el cuarto de un joven, pero aquello sobrepasaba los límites. El cuarto estaba atestado de platos sucios y tazas por doquier, en el suelo te encontrabas con varios libros, revistas y periódicos viejos sobresalían medio metro. Y por si el suelo no le bastara, los tres escritorio que tenía en su recamara estaban atiborrados de libros y hojas sueltas.

―¿Has pensado en limpiar o en al menos ventilar el lugar? ―Anzu se tapaba la boca y nariz debido al polvo.

―Si abro una ventana las hojas saldrán volando. ―Blue encendió un purificador de aire. Eso no ayudaba mucho.

En medio de su desorden halló lo que buscaba, un sobre color manila muy bien cerrado. Ya había llegado la hora de abrirlo. Los tres pares de ojos se clavaron en el sobre mientras Blue lo abría, sacó con cuidado lo que parecía ser una hoja, pero era otro sobre de color blanco. Las tres se miraron entre ellas con desconcierto.

―¿Otro sobre? ―dijo Anzu.

Blue abrió con cuidado ese nuevo sobre… y así continuó un par de veces. Sobre tras sobre. ¿Acaso era una especie de broma? Las tres chicas comenzaron a desesperarse, al parecer Koga era una persona que disfrutaba de desesperar a la gente o de plano tenía un humor muy extraño. Ese suspenso llegó a su final cuando del último sobre, de tamaño pequeño, cayó un microchip.

―Mi computadora. ―Blue agarró el chip y salió en búsqueda de su PC.

Increíblemente la encontró rápido.

―¿Qué significa esto? ―dijo Blue a nadie en especifico.

La información que guardaba ese chip no era del todo claro, las imágenes, ecuaciones, notas, mapas, fotos de algunos pueblos y ciudades. Todo era desconcertante, pero más desconcertante fue la última imagen que mostraba unas X y unos círculos en un mapa.

―30.7° N, 33.4° O ―dijo Crystal tocando la pantalla sobre una X― ¿No están equivocadas? Digo, esas coordenadas no corresponde al punto tachado.

―Tienes razón. ―dijo Anzu.

Blue se despegó de la computadora y fue a una de sus ventanas donde cerró la persiana, luego bajó una pantalla.

―Conecta la computadora al proyector. ―Blue le dijo a Anzu.

El mapa se volvió más grande y claro, tenía muchas marcas pero ninguna correspondía a la ubicación marcada.

―¿Y esa coordenada? ―preguntó Anzu.

Una de las marcas tenía un signo de exclamación, al igual que el resto, sus coordenadas eran equivocadas.

―Esto es más extraño de lo que imagine. ―Blue ladeó la cabeza.

―No solo eso. ―dijo Crystal cambiando a otra imagen― ¿Por qué hay una imagen de la pangea del mundo?

Las tres chicas se quedaron pensativas. Aquello no tenía sentido.

―Parece que no podremos resolverlo hoy. ―dijo Anzu. Luego se estiró― Mejor disfrutemos de la fiesta. Quiero conocer a la nueva jefa.

―¿Eh? ―dijo Crystal.

―¿Qué? ―dijo Anzu como si nada pasara― Somos protegidos del clan Rowan, seria de mala educación no saludar a los siguientes maestros.

Blue y Crystal se miraron, Blue se encogió de hombros, Crys rodó los ojos. El día sería muy largo y pesado.

Por la tarde…

Era consciente, en cierta forma era consciente pero no por completo, y la idea le aterraba. Desde que anunciaron que los Maestros Rowan y su padre habían desaparecidos un sinfín de sentimientos la invadieron, pero quedaron rezagados cuando se tomó la decisión de la sucesión. El compromiso con Ruby ahora daba paso al matrimonio y la fecha sería anunciada el día de hoy. En aquel entonces hubiera hecho una pataleta de las grandes, arrojando cosas, gritándole a medio mundo, la idea de comprometerse y casarse con un desconocido la hubiera desquiciado por completo, aunque lo hizo cuando se comprometieron. Pero ya llevaba tiempo viviendo en la casa Rowan, y para ser sincera no despreciaba a Ruby de hecho ya le empezaba a tomar cariño, pero eso no quitaba el hecho de que le aterraba la idea de la boda, quería más tiempo, tiempo para conocerse y antes de ser marido y mujer por lo menos quería pasar por la etapa de amigos. Pero no, todo ese proceso se esfumó cuando anunciaron la desaparición de su padre y los maestros Rowan.

―Los encontraran. ―susurró― Todavía queda tiempo para que los encuentren.

Conservaba la esperanza. A pesar del suceso que tenía a la casa de cabeza y la mayoría de las unidades fueron desplegadas para buscar a los maestros dejando a la casa desprotegida, ella no tenía miedo, porque Black, Yellow y Pearl estaban con ella y sabía muy bien que su padre pronto aparecería.

Respiró profundamente y exhaló de manera ruidosa
―Los encontraran…

*Toc~toc* El sonido la sobresalta y se giró a ver hacia la puerta.

―Sapphire, somos nosotros. ¿Podemos entrar?

―Entren.

Asomándose con precaución aparece Yellow, luego la puerta se abrió por completo dejando pasar a Black y Pearl.

―Y bien, ¿qué dicen?

Sapphire extiende sus brazos para que la vean de pies a cabeza. Yellow se lleva las manos a la boca para contener el llanto, Pearl y Black giran sus rostros sonrojados.

―Digan algo. ―se desespera.

―Estás hermosa. ―dice Yellow entre lágrimas.

Su cabello acaramelado fue rizado y después recogido con una coleta de lado produciendo un efecto de cascada. Por primera vez la vieron maquillada, sus parpados a perlados resaltaban sus largas pestañas dándole más color a sus ojos zafiro, sus labios rosados y carnosos brillaban cuando ella hablaba. De su largo y esbelto cuello colgaba una gargantilla que ellos muy bien conocían, el dije que le dio Green Oak. Y por último pero no menos importante estaba el vestido. El color vino conjugaba armoniosamente con los holanes blancos y el encaje rosado con negro, del largo y amplio faldón sesgado serpenteaban algunos listones a los costados de la cadera como si fueran unos moños. La parte de arriba del pecho era ajustado por detrás con unas cintas. El escote era cuadrado que se perdía cuando iniciaban las mangas que eran de corte A. Un vestido casi gótico para un diseño imperial pero al mismo tiempo lucia moderno.

―Metros de tela me envuelven y me siento incomoda. ―se alisaba el vestido.

―Escuche que ese vestido lo hizo la madre de Ruby antes de morir. Ella era una gran diseñadora. ―dijo Yellow.

―¿En serio? ¿Y cómo es que sabía las medidas de la persona que lo iba a utilizar? ―Sapphire extendió el faldón.

Yellow se encogió de hombros.
―No lo sé. Supongo que alguien lo ajusto a ti.

Un escalofrío recorrió la espalda de Sapphire.

―En todo caso, ―dijo Black mirándola directamente a los ojos― estás hermosa.

Sapphire le dio una sonrisa sincera.

Pearl se aclaró la garganta ruidosamente.
―¿La llevas tú o lo hago yo?

Los chicos regresaron a la realidad, ya era hora de la fiesta.

―No, lo hago yo. ―contestó un poco seco― Después de todo me encanta hablar frente a mucha gente.

―Ya somos dos. ―Sapphire se agarró de manera nerviosa al brazo de Black.

―¡Esperen! ―habló Yellow― Esta fiesta es una mascarada, ―les enseñó las máscaras― así que no las olviden.

Pearl, Black y Sapphire dieron un fuerte resoplido, iban vestidos para la ocasión pero no les agradaba la idea de ocultar sus rostros. Yellow iba vestida de una linda campesina alemana con sus trencitas, vestido de faldón verde y muy amplio, una faja tipo corset sobre la manta blanca que cubría su pecho se ajustaba a su delgada figura sin menospreciar. En verdad estaba encantadora con sus zapatitos. Realmente parecía una muñeca por lo tal ella escogió el antifaz dorado. Pearl, el intrépido chico decidió disfrazarse de un pirata, por lo cual no requirió mucha imaginación su disfraz así que agarró un pedazo de tela y le hizo unos agujeros para poder ver. Los otros chicos se le quedaron viendo.

―¿Qué?

―No, nada. ―le respondieron en coro.

Y Black, bueno… Black hizo una extraña mezcla de disfraces. Vestía con un traje… del renacimiento, así que había metros y metros de tela abultados por todos lados, también vestía una peculiar capa que podría decirse que se la robó a Alejandro Magno, lo cual no tenía nada que ver con el bastón que cargaba. Y eso no era todo, también estaba esa extraña maraña sobre su cabello que según él decía que la peluca le daba estilo. Por lo tanto agarró la máscara que tapaba solo la parte izquierda de su cara. Los otros se le quedaron viendo.

―¿Qué?

―No, nada. ―le respondieron en coro.

Por su lado Sapphire no se decidía entre el antifaz con un velo negro o el que tenía un encantador gorrito de copa en miniatura. Al final se decidió por el del gorro en miniatura. Luego de eso los cuatro chicos respiraron profundamente y salieron del cuarto.

Al mismo tiempo en otro punto de la casa…

Y ahí estaba él, contemplándose en el espejo. ¿Cómo habían llegado a eso? Apenas y lo recordaba. Las únicas palabras clave que sobresaltaban eran: Sapphire y boda. Las demás se perdieron en lo blanco de su mente.

―¡Hey, Ruby! ―una mano apareció delante de él chasqueando sus dedos.

No hubo reacción.

―Estos viajes al limbo se hacen más frecuentes. ―le dijo Gold a Red luego de chasquear sus dedos varias veces.

Red se encogió de hombros.

―¿Por qué tenía que acabar así? ―Ruby parecía absorto de sí mismo.

Los dos chicos se le quedaron viendo.

―Bueno, no es fácil asimilar que en menos de cuatro meses ustedes dos se van a casar. ―dijo Red.

La mirada de Ruby se apagó. Dio un suspiro fuerte y estiró sus brazos observando con melancolía el traje que su madre había diseñado. Los colores oscuros como el negro y el vino eran sus favoritos por lo cual no le sorprendió el color del traje. El traje era completamente negro, la solapa del saco tenia bordados unos estampados en color vino de lo que parecían ser unas camelias. La flor favorita de su madre. Esa solapa la había diseñado de una manera en que pudiera mantenerse parada por sí sola dando el aspecto más refinado de una gabardina, pero Ruby prefirió dejarla abajo en cuello V. Luego estaba la corbata, amplia y abultada que parecía más a una bufanda, se autoajustaba con un broche de joya negra resaltando la camisa de color perla.

―Desearía que las cosas fueran de otra manera. ―dio un resoplido de cansancio.

―No eres el único. ―le contestó una voz femenina.

Sin avisar a la puerta el grupo de chicas hizo acto de presencia. Ruby se llevó una sorpresa cuando vio a Crystal ahí, la chica desvió la mirada.

―¿Ya ni se toca o qué? ―dijo Gold para romper el momento incomodo.

Silencio.

―¿No se piensan disfrazar? ―preguntó Anzu a Red y Gold.

―Ya lo estamos. ―le dijo Gold― Yo estoy disfrazado de Red y él de mi.

Las risas rompieron el ambiente.

―Será mejor buscar un disfraz ―Blue comenzó a empujar a Red y Gold con la ayuda de Anzu― Yo ya encontré el mío, me disfrazaré de reina.

Entre quejas los chicos salieron de la habitación dejando solos a Ruby y Crystal.

―Es bueno volver a verte. ―dijo Ruby un tanto nervioso.

―¿Enserio lo crees? ―los ojos de Crystal se clavaron en él― Siempre me evades.

―No es que te evada… es solo que…

―Te sientes culpable. ―le atajó. Caminó hacia él y lo tomó de las manos― Yo nunca te he culpado, la muerte de mis padres fue un accidente. ―le dio una sonrisa cálida― Sabes, hace poco fui a visitarlos, creí que te vería allí… pero de todas formas tu madre te manda saludos.

Ruby le sonrió, una sonrisa llena de lágrimas.

―Los encontraran. ―le confortó― Blue, Anzu y yo también entraremos en la búsqueda. Te aseguro que los encontraremos.

―Gracias Crystal. ―y la abrazó.

―Te ves bien sin el gorro.

―Cállate…

~0~0~0~0~0~0~0~0~0~0~0~0~

Bullicio total. La fiesta que celebraba la casa Rowan parecía de otro mundo. La crema y nata de la sociedad estaba ahí reunida.

―Bueno, con toda esta gente y los disfraces es obvio que pasaremos desapercibidos. ―dijo una bella Cleopatra.

―Deberíamos dividirnos. ―sugirió un caballero romano― Así podremos descifrar el misterio.

Yvonne le entregó un auricular con micrófono del tamaño de chícharo.
―Yo iré a la mansión a ver qué encuentro, tú investiga desde adentro.

La bella Cleopatra desapareció de la vista del caballero romano.

La fiesta era ambientada con música suave, la gente prefería platicar que bailar. En pequeños grupos divididos Lack-two pasó desapercibido entre los invitados para llegar al pie de la escalera del Salón Principal. En todo ese ruido las luces se atenuaron iluminando la escalera. De un lado venía bajando Sapphire, por el otro Ruby. Los dos chicos se veían desconcertados. En medio de la presentación que fue realizada por la madre de Blue, los dos pasearon sus miradas entre los invitados.

―No tengo la menor idea de quienes son. ―dijo Ruby con voz baja.

―Entonces somos dos. ―le contestó Sapphire.

Así dio comienzo la fiesta, en medio de presentaciones, platicas, bailes y una que otra carcajada. Sapphire se sentía agobiada, al igual que Ruby, de bailar con tanto desconocido, sin mencionar las aburridas pláticas que soltaban. ¿Desde cuándo el tema de conversación en una fiesta tiene que girar alrededor de las finanzas? Pero sabían que sería así, después de todo ellos eran los próximos herederos de la fortuna de sus padres.

―No me preguntes cómo pero ya sé diferenciar sobre un gato siberiano y uno pardo. ―el último invitado que sacó a bailar a Sapphire se la pasó hablando sobre su gato. Así que la castaña se dejó caer sobre una silla al lado de Ruby― Quiero un poco de agua.

―¿Te sirve un jugo? ―una mano le extendió una naranjada.

Sapphire se le quedó viendo a esa chica vestida de hechicera que se había levantado el antifaz.

―Sapphire, ella es Crystal, miembro de la división de inteligencia y del centro de investigación. ―la chica estrechó la mano de la castaña― Crystal ella es Sapphire, y creo que ya escuchaste lo demás de la madre de Blue.

Crystal asintió.

―No creí que hubiera más chicos. ―Sapphire le dio un sorbo a la naranjada.

―Oh sí, de hecho allá está la hermana menor de Blue. ―señaló a una chica en disfraz de pingüino― Su nombre es Anzu. Y con ella somos seis. Pero descuida, ya habrá tiempo para que nos conozcas a todos.

―Disculpe bella dama, ―intervino un caballero romano― ¿me permite esta pieza?

Sapphire se le quedo viendo, en su rostro se dibujo una sonrisa.
―Lack-two, ese disfraz no te queda.

―Auch. ―Lack se llevó una mano al pecho― Mi corazón ha sido destrozado por segunda ocasión, y por la misma dama. Pero no me rendiré. ―le extiende nuevamente su mano― No te importa ¿verdad, Ruby?

―Adelante, yo también iré a bailar antes de que me aborde otra señora diciendo; ʹSi fuera un par de años más joven y tú un par de años más grandeʹ. ―le extendió su mano a Crystal.

Danzando y girando en medio del salón, Lack-two y Sapphire lucían alegres.

―Entonces mi bello zafiro. ―Lack le dio un giro a Sapphire inclinándola en su brazo― Cuéntame tus penas y yo las escuchare. Porque mi corazón sufre cuando veo esas bellas joyas opacarse.

―¿Les dices eso a todas las chicas que conoces?

―Nnooo, solo se lo digo a las chicas que me interesan y por el momento eres tú, aunque esta sea tu fiesta de compromiso.

―Que mal que ya tengas una batalla perdida antes de iniciarla.

―¡¿Acaso quieres destrozarme por completo?!

Y los chicos continuaron bailando una nueva pieza.

―Iré directo al grano. ―susurró en el oído de la castaña― ¿Tu padre no te dijo por qué otra razón iba a formar una alianza con los Rowan?

Sapphire se le quedó viendo de reojo.

«Esa mirada quiere decir que no.» La giró para lanzarla al otro lado dejando el baile a la mitad.

―Procura tener los ojos abierto. Yo que tú no me confiaría de ellos. ―Lack-two empezó a andar.

―Debiste de usar un disfraz de superhéroe.

―Había uno, pero no creí que me quedara. ―y el joven se perdió de la vista de la castaña.

Ya lejos, fuera de la multitud y a un costado de la entrada del Salón Principal, Lack-two habló:

―Dime que encontraste algo.

[―Sí, entre a un cuarto un bastante desordenado, supongo que es una bodega o algo así. En todo caso, logre tomar unas fotos de las imágenes de la computadora, convenientemente estaba conectada a un proyector. Luego te las enseño.]

―Está bien, tenemos que reunirnos. Esta fiesta no me da buena vibra.

Tras eso Sapphire se quedó un poco inquieta, posiblemente que era los celos de Lack-two, quiso pensarlo de esa manera para poder asimilarlo. Cansada de esa fiesta se dispuso a regresar a su asiento.

―Señorita.

Una mano le agarró del brazo con clara insistencia, Sapphire volteó con brusquedad, pero su deseo de querer golpear a ese alguien se desvaneció cuando lo vio.

―Pa-…

―Shh ―le tapó la boca― Necesito hablar contigo, pero aquí no. Reúne a todos, tenemos que irnos. Los esperare en el jardín de este. No le digas nada de esto a Ruby y a los otros.

Sapphire asintió. Su padre quitó su mano de la boca y agito el cabello de la castaña.

―Te quiero mucho. ―se fue perdiéndose entre la multitud.

«Entonces eran ciertas las advertencias de Lack-two.»

Sapphire se apresuró a buscar a los demás, con cautela salieron del Salón Principal si ser vistos por los demás.

―Explícame de nuevo por qué tenemos que salir como si nosotros fuéramos los fugitivos. ―dijo Pearl.

―No lo sé. Mi padre dijo que saliéramos de ahí y punto final.

―Esto no me agrada. ―dijo Black.

Era confuso e inquietante, pero eran los órdenes del maestro así que no tenían de otra. No obstante, las preguntas no pudieron esperar. Se sumergieron en el oscuro jardín del este alejado de la multitud…

Una ráfaga de viento los mando a volar.

―Sabia que algo andaba mal.

Perl se levantó y rápido materializo su arma, pero Yellow le cortó el paso.

―No estamos solos hay alguien más, los árboles susurran.

Los chicos levantaron sus miradas hacia el cielo, en la copa del árbol más cercano a ellos había alguien observándolos. Ese individuo saltó cayendo frente a ellos y lanzándoles estacas de hielo.

―¿Quién rayos es? ―dijo Black evadiendo los ataques.

―No lo sé, ―dijo Peral― Al igual que el resto trae un disfraz y una máscara.

Aquella fiesta dio la oportunidad para que cualquiera se infiltrara.

Todos comenzaron a atacar; Sapphire lanzó ataques de agua enlodando el terreno, el enemigo aprovechó para congelar la tierra y todo a su alrededor.

―¿Estos ataques no se parecen a los de Mitsuhide? ¿El padre de Gold y Red? ―dijo Yellow.

―En cierta forma los son, pero no es él. ―dijo Pearl― Esta persona es más baja y pesa menos que él, solo date cuenta en la profundidad de sus pisadas y sus movimientos.

Era cierto.

Para desenmascarar al individuo disfrazado de ninja, Black utilizó la fuerza de él en su contra, pero ese tipo retrocedió con bastante agilidad.

―Una mujer. ―dijo Black.

Otra onda de viento fue lanzada como una cuchilla cortando algunas ramas bajas de los arboles.

―Hay alguien más. ―Sapphire se puso en guardia― ¡A la derecha!

El ataque de cuchillas de viento continuó, derecha, izquierda, a un lado, al otro. Y una sombra grande pasó delante de ellos.

―¡Papá! ―gritó Sapphire cuando lo vio de espaldas contra el suelo.

―No puede ser. ―Yellow se llevó las manos a la boca de la impresión.

El padre de Sapphire yacía en el suelo, una individuo disfrazado con una capa y capucha café se acercó a él con unas cuchillas echas de aire. La castaña trató de acercarse pero el ninja le cortó el paso. Black, Pearl y Yellow lo distrajeron para que Sapphire pudiera pasar. No sabe ni cómo ni en qué momento llegaron Ruby y Blue, pero lo siguiente que recuerda fue tan rápido y al mismo tiempo tan lento. En cuestión de segundo el viento sopló acompañado de un tornado de hojas, entre esa lluvia que traían los siniestros arboles meciendo sus ramas, sus ojos zafiros se tiñeron de un color rojo al ver como una de las cuchillas de aire lo traspasaba como si nada.

―¡Papáaaaa!

Corrió hacia él llena de desesperación, algo tibio brotaba de sus ojos y resbalaba por sus mejillas. El individuo de la capucha se alejó cuando ella llego y huyo junto con su acompañante. Sapphire recogió entre sus brazos a su padre, había un espeso líquido caliente de color oscuro saliendo de él.

―Te quie-ro… mu-cho…

―¡Papá, papá! ¡Papáaaaaa!

Continuará...

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El segundo, vamos por el tercero. ^^