Noga Ryokiji buscaba el camino hacia la sala de estar de la Port Mafia.
Momentos atrás había estado negociando ciertos asuntos con el líder de la misma: Mori Ougai, quien al haber accedido a los acuerdos que habían llegado, le invito a dirigirse a la sala común del lugar, para ser guiado a la habitación de huéspedes por Higuchi.
El seria hospedado en la guarida para poder seguir con aquel proyecto anti-habilidades que tenían entre manos, al menos hasta que pudiera regresar a su propia organización Genov Group.
Mientras se dirigía al lugar, una habitación en particular llamo su atención, pues siendo que todas estaban cerradas, esta era la única que se encontraba semi-abierta.
La curiosidad pudo más que su razón.
Siempre se había considerado una persona impulsiva, por lo que no dudo demasiado en acercarse y ver que había en su interior. Cuando se asoma, se da cuenta de que se trataba de una habitación regular, sin nadie dentro.
La habitación tenía una cama, y sus respectivas mesas de noche a los lados.
Había una ventana que iba vestida con unas enormes cortinas elegantes, que, si ponía más atención al detalle, estaba seguro de que tenían un estilo algo anticuado.
Siendo que las cortinas estaban abajo, no había luz en la habitación que entrara más que la luz que emanaba una habitación dentro del lugar, asumió entonces que se trataba del baño.
Estuvo a punto de darse la vuelta e irse del lugar antes de ser descubierto, hasta que lo escucho.
Detrás de la puerta de baño, se escucharon varios gemidos, que estaba seguro de quien provenían.
Decidió acercarse a la puerta, y es cuando reconoció el sonido del agua caer de una regadera. Y de nuevo se escucharon más gemidos. Se acercó más para ver al otro lado, y es cuando le vio, oh por dios, le vio.
No se había equivocado, era lo más bello que había visto nunca.
Ni siquiera las mujeres con las que había estado con anterioridad podían emanar esa belleza y ese atractivo como este pequeño tigre lo hacía.
Noga estaba perdido en la figura del peligris.
Y como si el peligris quisiera provocarle una vez más, tomo una posición donde mostraba por completo su trasero, y lo levantaba hacia él, como invitándolo a participar en ese mundo de lujuria y deseo en el que el más pequeño estaba encerrado.
Estuvo tan tentado a acercarse y tocarle, pero un gemido más lo saco de ese trance y le hizo regresar a la realidad.
"Nnn-nah… D-Dazai-sa- ahhh"
—¿Dazai? ¿Quien mierdas es ese? —pensó Noga con enojo, le molestaba tanto el pensar que otro fuera el que estaba en los pensamientos del peligris. Maldita sea.
Y es cuando lo recordó, Dazai era ese hombre que había rescatado a Atsushi de sus manos en aquella bodega.
Tenía que reconocer que el hombre era demasiado fuerte, pero esta vez tendría precauciones y se saldría con la suya. Se dedicaría a idear un plan para ello.
Por ahora decidió concentrarse nuevamente en el peligris.
Al parecer el joven tigre aún no se percataba de su presencia, por lo que decidió que era mejor irse por ahora.
No se dejaría llevar por la imprudencia y hacerle algo en ese lugar. Podría ser impulsivo, pero no era tan estúpido. Sabía que si hacia algo indebido dentro de la Port Mafia, atentaría contra su propia vida en grandes niveles.
Así que se fue sigilosamente, mientras prometía que haría suyo al pequeño tigre.
Por el medio que fuera necesario...
Cuando Mori-san les hace llamar para darles a conocer la siguiente misión, Atsushi no podía creer sus oídos.
Lo que más temía que ocurriera, acaba de pasar frente a él.
Tendría que estar en una misión de escolta con nada más y nada menos que Noga Ryokiji, quien se mantenía escuchando atento las instrucciones del líder de la mafia.
—La siguiente misión es llevar a nuestro socio a su guarida sano y salvo. — comento el líder de la mafia, que se mostraba con una expresión neutra en todo momento, también por ser totalmente ignorante de lo que había ocurrido en el pasado entre Atsushi y Noga.
Atsushi estaba horrorizado.
Definitivamente no quería tomar una misión que involucrara a ese hombre. Desde que había llegado a la mafia, no había tenido más que recuerdos y pesadillas de su secuestro.
Y cada vez que se topaban en algún lugar de la guarida, el peligris no podía evitar entrar en pánico y salir del lugar. Es verdad que el peliazul nunca se le había acercado de nuevo en todo el tiempo que estuvo ahí, pero aun así verle le causaba demasiado pavor.
Mientras no tuviera nada que ver con el, mejor.
Pero a pesar de que quiso negarse a realizar la misión, la mirada de Mori-san le advertía de una manera tan escalofriante, que no había cambios en los planes, ni en los integrantes de la misma.
Atsushi estaba perdido.
Apretaba con fuerza sus puños, y temblaba ligeramente mientras salían de la oficina del líder de la mafia, Noga iba justo al lado de él, pero el peliazul no soltó palabra alguna, ni siquiera le miro, en todo momento se portó indiferente hacia él, como si nada nunca hubiera pasado entre ellos.
El pequeño tigre no podía evitar sentirse tan confundido.
¿Qué es lo que estaba pensando?
Por suerte, en la misión no iría él solo, también le acompañarían Gin y Higuchi, lo cual le causaba cierto alivio. No creía poder soportar el estar solo con él.
Rezaba a todos los Dioses que sus temores solo fueran en vano, y nada ocurriera en la misión, después de todo, el hombre de pelo azul no le había vuelto a dirigir la palabra…
Quizá ya no tenía ninguna intención de lastimarle, quizá ya había decidido dejarle en paz…
Y fue así como el peligris decidió tomar esas palabras de consuelo, mientras se dirigía con su nuevo equipo a realizar la misión que les acaban de asignar.
Dazai no podía con la impaciencia que estaba sintiendo.
Y sus humos estaban empeorando cada vez más dentro de la agencia.
Los últimos días nadie se le acercaba, y si lo hacían, tenían una total precaución de las palabras que escogían para dirigirse al castaño.
No es que alguna vez le hubiera hablado mal a alguno de ellos, en realidad, seguía siendo juguetón y flojo; De vez en vez, incluso llegaba a soltar una que otra broma pesada a Kunikida, pero los de la agencia simplemente sabían que no era el mismo.
Por instinto, sabían que no les iría muy bien si no tomaban cuidado de cómo tratar al castaño, algo en su risa y sus miradas mostraba cierto aire oscuro y pesado, como si estuviera molesto.
Así que era mejor guardar distancias…
Por otro lado, Dazai aún seguía ocupado con sus investigaciones.
Ser parte de la agencia traía sus beneficios, pero también tenía sus límites cuando necesitaba conseguir información ilegalmente. Ya no podía estar yendo a cada rato a los barrios más bajos de la ciudad como lo hacía antes cuando había sido miembro de la mafia.
Necesitaba mantener cierta reputación de la agencia, y si veían muy seguido a los miembros de la misma en los barrios bajos de la ciudad, se podrían malinterpretar ciertas cosas, así como levantar sospechas, y es lo que menos quería.
Kunikida estaba siendo de gran ayuda, pero sin su informante, el hacker, el cual había sido asesinado no hace mucho por aquella mujer, no tenían demasiada información a su favor.
Por lo que el castaño decidió buscar por su cuenta.
Se dedicó a investigar los lugares en los que Atsushi había sido visto, esto con la intención de encontrar alguna pista de donde podría ser la próxima misión que el peligris tendría que completar.
El último lugar en el que Atsushi había actuado antes de la prisión, había sido un callejón un poco desierto, donde se encontraba la puerta trasera de un restaurante/bar. La razón de no haber venido antes, es que el incidente de la prisión fue un día después de haber podido siquiera investigar este caso en su totalidad.
Pero ahora que tenía toda la información, no perdió tiempo y se acercó al negocio con un plan.
En el establecimiento, la mafia se había encargado de amenazar al dueño y pedirle que pagara un préstamo que había hecho con la organización para ayudar a hacer crecer su negocio.
Dazai sabía que tendría que encontrar a algún miembro de la mafia en ese lugar.
Y con suerte, incluso podría ser que se encontrara al peligris.
Después de todo, sabia su modus operandi, y conocía que cada cierto día de cada mes, la recolección de dinero por protección de negocios o prestamos se llevaba a cabo.
Era uno de los trabajos más sencillos dentro de la Mafia.
Lo cual explicaría por qué Atsushi había sido enviado a realizar ese tipo de misión con anterioridad. Los nuevos reclutas siempre se encargaban de este tipo de misiones, ya que mostraban un nivel de dificultad sencillo, pero era suficiente como para tomar el ritmo de trabajo de la mafia.
Sonrió de medio lado al ver como salía de la puerta trasera del callejón una figura que conocía muy bien.
El pelinegro no se sorprendió al verle, evidentemente, estaba esperando encontrarse con el ex-mafioso en el lugar.
Y Dazai lo sabía, sabía que el pelinegro tenía la intención de encontrarse con él, ya que no había forma que siendo uno de los más fuertes dentro de la Port mafia, aun le encargaran este tipo de misiones sencillas.
El castaño solo le dedico una mirada indiferente, mientras mantenía sus manos en los bolsillos. Poco después, su semblante cambio, para mostrar nuevamente la sombra de sus días de mafia, esa mirada oscura que gustaba mostrar cada vez que tenía intenciones que le ayudarían a salirse con la suya.
—¿A qué se debe este placer, Akutagawa?...
No les tomo demasiado tiempo llegar a la guarida de los Genov Group.
Evidentemente, Atsushi en todo el camino se mantuvo cauteloso de cualquier movimiento del hombre peliazul, ahora estaba decidió a defenderse por su cuenta, puesto que ya sentía tenía un mejor control sobre sus poderes y sabía que al menos podría conseguir tiempo para correr si este se atrevía a hacer algún movimiento en falso.
Sin embargo, Noga en ningún momento pareció prestarle demasiada atención, y si lo hacía, era porque era absolutamente necesario.
Cuando llegaron, enseguida se les permitió el acceso una vez los miembros de la organización vieron a Noga.
Ellos pasaron y notaron que el lugar no era demasiado grande, en realidad, solo constaba de un pequeño edificio, de un solo piso, y algunas ventanas.
Atsushi sintió cierta duda ante esto, imagino que la organización seria más grande, o que al menos, al tener una cantidad grande de miembros, hubiera más espacio y habitaciones para todos ellos; Justo como en la Port Mafia.
Pero una vez más sus pensamientos fueron interrumpidos por otra persona.
—Disculpen el desorden del lugar, en realidad estamos establecidos aquí temporalmente. Pensamos regresar a nuestra ciudad una vez los tratos estén concluidos — comento Noga, como si hubiera leído la mente del peligris.
—No hay problema, ahora, ¿Crees que podamos proceder con la mercancía prometida? — comento Higuchi de manera neutra, evidentemente era una mujer que no se andaba con rodeos, era sumamente dedicada a sus misiones, que mientras más rápido pudiera completarlas correctamente, mejor.
El trato que habían manejado, era escoltar de forma segura al traficante de pelos azules, y una vez llegado a la guarida de este, llevarían como pago la droga que les habían prometido.
El peliazul sonrió levemente ante la impaciencia de la mujer rubia, pero no perdió el tono tranquilo en ningún momento.
—Claro que si, por favor, acompáñenme. —comento Noga a sus invitados, e hizo algunas señas con la cabeza a algunos de sus hombres para que abrieran las puertas de salida, que mostraban un pasillo al salir y poder llegar al cuarto con la mercancía.
El trio siguió al peliazul con tranquilidad. Bueno, todas menos Atsushi, que no importaba cuanto tiempo pasara ahí, no se acostumbraba a la sensación inquietante que estaba sintiendo.
Llámenlo paranoico o sentidos gatunos, pero algo no estaba bien ahí.
Intento advertir a Higuchi y Gin pero justo cuando iba a mencionar algo, llegaron a la habitación con toda la droga.
—Aquí esta lo prometido. —comento Noga con una sonrisa de medio lado.
Higuchi y Gin solo asintieron y se dispusieron a sacar unos maletines que llevaban consigo para guardar la droga dentro.
Atsushi estaba a punto de acercarse a ellas, cuando de pronto se apagan las luces de todo el lugar.
El trio de la Port mafia se exalto ante esto, y justo cuando Atsushi iba a atacar a diestra y siniestra, sintió una jeringa inyectarse en su cuello…
"Ya eres mío"
Fue lo último que escucho, antes de perder el conocimiento…
