Viviendo entre sombras

Capitulo 12: ¿Apostamos?

— Un par de semanas… —Murmuro Vegeta mientras deambulaba por los pasillos de la residencia de aquella hembra humana.— Qué enorme pérdida de tiempo —Se dijo a sí mismo, cerrando los ojos. Una vena comenzaba a palpitar en su frente, no sería para nada productivo para él permanecer en ese pequeño planeta azul.

El plan que tenía en mente era el de entrenar lo más intensivamente posible hasta superarse a sí mismo y llegar al añorado nivel de un súper saiyajin. De permanecer en ese sitio tendría que medir sus fuerzas para no destruirlo y morir en él, lo ideal sería tener la libertad absoluta de utilizar sus poderes al máximo día a día, y de llegar a resquebrajar la corteza terrestre tomar su nave y dirigirse a un siguiente destino al que le deparase lo mismo. Probablemente ese sería el único camino a seguir para cumplir sus planes. Un par de semanas no serían suficientes para que Freezer los localizara, pero sí para que Tarble ubicara la localización de aquellos Saiyas que continuaran con vida.

— Entrenaremos en este planeta también Vegeta, solo debes ser paciente —Agregó Nappa pasando la vista por los diversos cuadros colgados en los pasillos de la Corporación.— Al menos viviendo aquí podremos controlar que esa mujer sólo se dedique a conseguirnos el combustible necesario para largarnos.

— Tampoco creo que vivir en este manicomio sea bueno —Respondió el príncipe recordando la invitación.

Flashback

— Ven querido, ven —Se oía casi como un susurro la dulce voz de la ama de casa, la señora B.

— Oh, no… —Dijo Bulma asomándose levemente por uno de los lados de la nave esperando la llegada de su madre.

Nappa y Vegeta se incomodaron nuevamente, la desfachatada hembra rubia se acercaba peligrosamente pero esta vez junto con un pequeño hombre de bata blanca encorvado.

— Ellos son, querido. Los amiguitos de Bulma.

— "¿Amiguitos?" —Pensó el resto.

— Mamá, no es necesario, no creo que ellos quieran que los molestes —Dijo la peli azul notoriamente nerviosa. Conocía perfectamente los hábitos de su madre y ese par de extraños no le habían caído del todo bien, en especial el más alto, su aspecto de ogro le crispaba los nervios. Seguramente porque tenía la contextura física de aquel hombre de sus pesadillas, esa misma mirada fría y musculatura inhumana. Ese aspecto le traía malos pensamientos, una sensación insoportable de que aquel hombre era quien su mente le decía que venía a hacerle daño.

— ¿Pero qué dices Bulma? —Cuestionó la mujer.

— Bienvenidos al Planeta Tierra, muchachos —Dijo su esposo levantando su mano derecha hacia Vegeta, listo para estrecharla.

El príncipe ladeo un poco su cabeza observando el gesto del más pequeño. En Vegetasei y varios lugares del universo era un gesto conocido, sólo que Vegeta no apetecía estrechar la mano de una criatura tan insultantemente débil. Ese gesto se acostumbraba entre pares, entre líderes de planetas… En casos como este, ese anciano debería mostrarle una reverencia. Aunque Vegeta comenzaba a subestimar de sobremanera aquella raza, por lo tanto no esperaba que comprendiera cual honor era el estar parado a escasos centímetros frente a él.

El reconocido científico se miró a sí mismo, miró su mano y con un poco de timidez la regresó a un lado de su cuerpo.

— No se preocupen si aún no entienden nuestras costumbres —Comentó despreocupado mientras esparcía las cenizas que se habían acumulado en la punta de su cigarrillo.

— Si gustan pueden quedarse con nosotros muchachos —Agregó su mujer— Hay mucho espacio en la Corporación para ustedes.

— Mamá recuerda que muchas habitaciones fueron destruidas —Dijo Bulma aún nerviosa.

— ¿Qué dices? No seas tonta hija, tenemos espacio para todos aquí.

— ¿Estás segura, mamá? —Cuestionó la peli azul ahora molesta.

— ¡Por supuesto, linda! Ahora mismo tenderé sus camas.

Su marido sonrió a su hija satisfecho, la rubia se retiro cantando y tanto Vegeta como Nappa se abstuvieron a comentar algo. Tarble solo observo las reacciones de aquella extraña mujer de cabellos azules, le resultaba interesante tantos cambios drásticos de humor y esa personalidad dominante propia de un macho de su especie.

Fin del Flashback

— Los humanos son extraños, no te lo discutiré —Dijo Nappa abriéndose paso a la cocina. Ambos guerreros estaban registrando la mansión y creándose un mapa mental.

— Esa mujer… —Comenzó Vegeta— Dudo que sea tan inteligente como Tarble dice.

— Dale un poco de crédito a tu hermano, Vegeta.

— Creo que solo lo dice para que no aniquilemos a todos en este lugar.

— Si no resulta ser tan inteligente como él dice, la mataré con mis propias manos.

— Si no resulta ser lo que él dice, yo mismo me encargaré de matarlos a ambos Nappa, ese no es el problema ¿No lo entiendes? No quiero malgastar más de mi valioso tiempo aquí. ¿Tú, sí?

— Tienes razón, quizá lo mejor será comenzar a entrenar.

— Te encanta comentar lo obvio Nappa, empiezas a desquiciarme —No era tan propio de Vegeta desquitarse de esa manera con Nappa, pero últimamente tenía los nervios de punta y no era para menos. Sin mayor comenzó a caminar con dirección a la salida de esa inmensa mansión, oyendo detrás de si los pasos de su increíblemente musculoso compañero. El más grande observaba la espalda de su príncipe, algo cabizbajo, avergonzado por el trato que últimamente recibía. Se extrañó al ver la mano del primero acomodarse a la altura de su hombro y oír como sus huesos tronaban cuando con un rápido movimiento abrió y cerró su mano, solo para estirarla por completo y alojar en ella una relativamente pequeña bola de energía que con otro leve movimiento arrojó prácticamente a su cuerpo. Nappa se giró escasos centímetros y se volteó a observar la trayectoria de la esfera, que terminó impactándose contra un jarrón, derramando agua junto a una calcinada mesa de madera y unas ahora fúnebres rosas.

— ¿A qué viene eso? —Cuestionó en un tono molesto.

Vegeta se detuvo e incluso río casi como en un ronroneo gutunal.— Me sorprende que lo hayas eludido.

— ¿Te sorprende? —Se extrañó, su guardia. ¿Ahora dudaba de sus habilidades?

— Si quieres escuchar detrás de las paredes, procura asegurarte de que no traigo conmigo el scooter —Finalizó continuando su camino a las afueras de la Corporación Capsula.

Nappa entendió inmediatamente, se giro por completo y observo el apenado muchacho que prácticamente susurraba su rasposa disculpa. Una vez más como tantas miles pidiendo perdón a su imponente hermano. Que difícil vida llevaba esa pequeña criatura.

El calvo guerrero no acotó palabra alguna, de hacerlo probablemente Vegeta lo castigaría de una forma u otra, por lo que miró al pequeño príncipe con empatía, mirada que el jamás encontró por que continuaba observando el suelo de madera veteado bajo sus pies. Temeroso de alzar la vista y encontrar una como tantas veces una mirada reprobatoria. Prefirió ahorrarse esa vergüenza y retirarse en silencio, al menos su hermano no había puesto tanto énfasis en ese ataque como para llegar a tocarlo, sabía que solo quería darle un buen susto. De querer eliminarlo o lastimarlo, esa esfera jamás hubiera fallado. ¿Por qué se contuvo?

Tarble no pretendía ocultarse a escuchar tan simple conversación, pero escuchar los pensamientos de su hermano mayor era algo que simplemente anhelo toda su vida. Vegeta jamás compartió premisas con él, nunca compartió una idea, nada. Vegeta jamás había compartido una conversación con él. A él realmente no podía interesarle menos su vida. Muy al contrario del menor… Aunque su completa raza parecía haberse extinguido de un día al otro, a Tarble aun le importaba la vida de su hermano, de su sangre, de su modelo a seguir. El guerrero que siempre deseo ser.

La razón de esa pregunta que habitaba en la mente de Tarble no tenía respuesta más simple que esta… Vegeta estaba hastiado, harto de huir, harto de pensar, harto de planear. Lo único que realmente quería ahora era hacer duelo… y su duelo consistía en una gratificante pelea. Apenas parpadeo todo el trayecto hasta una enorme área desértica en la que no tendrían distracciones en su entrenamiento. El simplemente deseaba eliminar tanta energía acumulada en su cuerpo, liberar la tensión que fatigaba su cansado pecho. Ya no tenía reino, no tenía ni siquiera una mísera nave en la que marcharse. Estaba varado en un maldito planeta junto a la deshonra que tenía por hermano, rodeado por seres que podrían ser apaleados por un infante Saiyajin.

Para desgracia del príncipe, su oponente apenas lo hizo sudar, con dificultad sorteo cada uno de sus ataques, mientras él los dejaba pasar tras de su como si los hubiera visto llegar en cámara lenta. Parecía una broma ¿Es que acaso Nappa se había vuelto más débil? ¿O era toda esa furia contenida la que lo estaba acelerando de esa manera? Era ridículo continuar, para obtener algún tipo de reciprocidad en el combate sin duda debería darle a Nappa algo de descanso. Bien sabía que esas naves esféricas no eran nada cómodas para un sueño de tres meses, menos aun para el enorme cuerpo de su lacayo.

No falto mucho para que retornaran a la Corporación, minutos después de ser invitados a pasar su estadía en ese lugar la menuda mujer de cabello rubio los había escoltado a lo que serían sus habitaciones por el resto del tiempo que decidieran pasar allí. Con suerte solo serían dos semanas…


Un hábito adquirido de su padre fue siempre el sabor de la nicotina en sus labios. No era del todo agradable, pero si la distraía en los momentos que más lo necesitaba recurriría a él. Ahora ya fuera del dominio de la Red Ribbon se podía dar el lujo de fumar uno tras de otro mientras trabajaba.

A diferencia de su padre no había sabido obtener los preciados cigarrillos mientras trabajaba para ellos, demasiado había exigido por una almohada más cómoda y un par de sabanas extra para su cama, aunque como le remarcó su padre una vez… ella debía aprender a exigir sin gritar. Oh su gran defecto.

Bulma había sido tan malcriada a tan tierna edad que cuando en pleno nacimiento de su adolescencia se le negó hasta la luz del sol, ella explotó de emociones. Muchas veces llanto incesante, acunable nostalgia, ira reprimida, gritos, golpes… Bulma expresó de mil maneras el descontento con su radical cambio de vida. Ella era una mente privilegiada desde corta edad, su padre cometió el agraciado acto de enseñarle o mejor dicho… transmitirle todo su conocimiento desde que aprendió a escribir. Ella ya había creado su propio motor a los ocho años de edad, diseñado su propia nave a los 12 y creado su primera capsula a los 15. La muchachita era el flamante orgullo de su madre, envuelta por la belleza inigualable que le dio su madre. Para ellos dos, su primogénita y única hija sería siempre la luz de sus ojos, y consentirla fue su primer acto como orgullosos padres.

Lamentablemente para la feliz familia las cosas no siempre resultan como son planeadas, como bien saben todos ellos fueron separados por la desgraciada asociación de mentes maquiavélicas que conformaban la Patrulla Roja. Aunque derrocados, Bulma aun no podía sacudir de ella esa necesidad de disfrutar de todos los placeres que le brindaba su recién recuperada libertad.

Sus primeros actos como mujer libre fueron banales, aunque comprensibles. Ropa nueva, exquisiteces en su mesa, un nuevo corte de cabello, y un baño de burbujas. Solo gozar de la paz que sentía al máximo, porque lo admitiera o no, ella aun sentía incontrolable y acosadora aquella sombra de dominio que amenazaba con capturarla nuevamente. Pasaron meses y la mujer aun se sentía sofocada y dormía con terror… terror de ser despertada en el medio de la noche y aprisionada una vez más, separada de sus seres queridos y encarcelada en un inhóspito lugar frío y carente de sus afectos, desolada y privada de sus banales deseos.

Así fue como tomo otra pitada de su fino y blanco cigarrillo, estaba decidida a probar todas las marcas conocidas en el mundo y saborear los diferentes tonos que la nicotina tenia para ofrecerle.

Cerró los ojos e inclinó su cabeza al techo, había reunido tanto humo dentro de sí que esperaba poder formar algún cilindro grisáceo al dejarlo salir de sus labios. Pero al sentir la ausencia de aquel cilindro que le provocaba tanto placer ser desplazado de su mano se volteo y soltó el aire sin juguetear con sus formas.

— Oye ¿Cuál es tu problema? —Cuestionó la peli azul al príncipe que observaba el pequeño cilindro blanco de arriba abajo, con una expresión de examinio.

— No sabía que en este planeta también tenían de estos —Dijo un poco sorprendido. Aunque borró esa expresión de su rostro, hundió toda la punta y destrozó el filtro en el cenicero que Bulma tenía junto a ella.

— ¿¡Hey que estás haciendo! —Exigió saber, totalmente indignada— Eso no es tuyo ¿Cómo te atreves?

Vegeta capto inmediatamente la ubicación del resto de cigarros, rápidamente los tomo entre sus fuertes manos enguantadas y con un rápido moviendo los estrujo, cayendo de la punta un par de palillos color beige. Sus cigarrillos estaban total y absolutamente arruinados.

— Eres muy débil para soportarlos, si planeas morirte empieza a fumar una vez me haya largado yo de este planeta. No voy a dejarte morir de una manera tan estúpida

— Un cigarrillo no podría conmigo, además he pasado demasiado tiempo siguiendo normas idiotas como para seguir las tuyas.

— Te guste o no seguirás las mías, mujer.

— ¿Quién dice?

Vegeta alzó una ceja, ciertamente tanta insolencia le valía la muerte, y no una muerte indolora y rápida, sino una lenta y tortuosa. Ni un gramo de respeto cabía en esa pequeña anatomía, con tanta terquedad no cabía lugar para una pizca de conciencia o siquiera amor propio, bien tenía que saber que tanto él como Nappa podrían destruirla en un abrir y cerrar de ojos.

Entonces… ¿Qué parte de eso era lo que ella no entendía? Resultaba totalmente incomprensible para el príncipe de los Saiyajins como era que una humana común y corriente tuviera tal ímpetu para enfrentarlo. Tal desfachatez y desfile de orgullo no era típico para alguien tan minúscula. Sin querer examinó su musculatura. No parecía el tipo de cuerpo de una mujer en buena condición física, por lo cual no comprendió qué facultad poseería ella como parar hacerle frente. Quizá solo era insensatez, tal vez esa humana no estaba cuerda, probablemente poseía muy dentro y oculto un deseo suicida. ¡Eso era!, ella anhelaba morir, entonces era comprensible que ella no tuviera miedo de que él acabara con su vida, ella quería abandonar su vida terrenal.

La conclusión de Vegeta era totalmente lógica. Si la humana internamente deseaba ser asesinada, la presencia de un mercenario frente a sus ojos que amenazara constantemente en destruirla solo le vendría como anillo al dedo.

Vegeta medio sonrió, el no era ningún principiante en extorsiones. Si ella era como tantos miles que perecieron bajo sus manos, si no temía por su muerte, temería por la de algún otro.

— Podría desmembrar uno por uno los habitantes de este planeta frente a tus ojos si es que así te decides a cooperar. No tengo tiempo para tus pequeños juegos, mujer. O cooperas, o te hago cooperar, ¿qué dices? – Sonrió sínico, claro como el agua. La tenía entre sus manos.

Bulma frunció el ceño, ese hombre era maligno y lo sabía. No sintió en sus palabras un atisbo de un sentimiento parecido a la duda. Su voz nunca tembló, su semblante no se modificó. Él no estaba mintiéndole, sólo tuvo la cortesía de advertirle qué sucedería si ella se negaba a continuar trabajando.

— ¿Todo esto por un cigarrillo? No era necesario tanto escándalo. Además, destrozaste los que tenía, y no tengo otra cosa que hacer que continuar trabajando. Así que puedes quedarte tranquilo, te largarás de este planeta lo antes posible —Ella no se doblegaría tan fácilmente. Lo único que hizo fue negar que tales palabras hubieran huido a su espina y recorrido atemorizando el resto de su cuerpo hasta las entrañas. Más fácil fue pasar de su discurso como si fuera tan sólo un comentario como cualquier otro. No le daría importancia, temía que si demostraba sus verdaderos sentimientos él se aprovechara de ello y la apresurara a tortura de sus amigos y familiares.

Vegeta esperó un segundo con una duda plantada en su cabeza. Esa hembra parecía realmente terca, era implacable su orgullo y notable el desprecio con el que profirió esas últimas palabras.— Te largarás de este planeta lo antes posible —Pensó en un tosco tono, aún más detestable del que ella pronunció. Aunque con la misma intención. Ella lo quería fuera, eso era obvio. Ella no lo quería ni en su casa ni en su presencia. Pero Vegeta no era tan complaciente como para dejarla disfrutar pacíficamente de sus horas de trabajo forzado.— Ah, ¿sí? Vendré a verificar diariamente tus avances. Dijiste un par de semanas ¿No? Hazla una —Concluyó con una sugestiva sonrisa de sus labios carmesí. Posicionado a uno de sus lados con su rostro levemente inclinado. A ver… qué tendría que objetar de ello esa mujer.

— ¿Una semana? —Se preguntó tranquila mirando al techo. Frunció un poco sus labios, parecía estar haciendo una serie de cálculos mentales trazados en el cielo de su laboratorio. Colocó sus manos detrás de su nuca y comenzó a hamacarse lentamente sobre las dos patas traseras de su silla. Un par de cálculos mentales más en silencio y Vegeta borró su sonrisa ¿Qué tanto estaba pensando?

— Me parece más que suficiente tiempo —Comentó nuevamente tratando de incitar ese temperamento que parecía una característica de la extraña muchacha.

Bulma miró inocentemente a Vegeta, por tanto tiempo que hizo a sus mejillas adquirir un tono a rubor y rápidamente alejó la vista.

— De acuerdo, apuesto que puedo incluso terminarlo antes —Dijo confiada frunciendo el ceño.

El rubor se borró de inmediato y el sentimiento de invasión de su espacio personal fue sustituido por la incredulidad. Él alzó una ceja y observo su decidida mirada. La mujer estaba confiada, realmente creía que lo lograría. Pero logró confundir a nuestro príncipe, quien jamás pensó que tomaría sus palabras más como un reto que como una incitación a su carácter.

— ¿Apuestas? —Preguntó él, casi riendo— ¿Deberás te crees tan capaz? Dudo mucho que lo consigas, mujer. No es necesario que te pongas en ridículo —Era claro para ella ese tono de burla descortés.

— Por supuesto que soy capaz —Contestó la mujer, con serenidad— Ya si tú no te atreves a apostar…

— ¡Já! Sólo te ahorraba el bochorno de tener que admitir tu derrota, aunque debo decir que no todos los días se me encuentra tan misericordioso, mujer.

— Claro, lo de usted su alteza… es misericordia y no temor a perder una apuesta… —El sarcasmo en el tono de Bulma le crispó los bellos de todo el cuerpo al saiya. Qué insolente estaba resultando esa mujer, tan insolente que sintió que de compartir un segundo más con ella en ese lugar terminaría arrancándole el corazón directamente de su caja torácica.

— Tienes una semana —Declaró girándose, dándole a ella su fornida espalada.

— ¿Qué hay si gano? —Cuestionó ella aún hamacándose— Así no se hacen las apuestas —Le dijo alzando la voz, Vegeta estaba caminando notablemente rápido, tan rápido que ni siquiera se tomo la molestia de poner en mesa el premio de la apuesta. Aunque a ella no le interesó demasiado había sido divertido jugar con ese hombre, fue más entretenido y peligroso de lo que había sido trabajando como esclava para la Patrulla. Nadie en toda esa asociación había podido seguirle en ritmo en sarcasmos ni juegos de palabras. Siempre, al sentirse engañados o por fin notaban como ella había estado tomándoles el pelo terminaban la discusión con un certero insulto y golpe de culata. Vegeta prefirió seguirle el ritmo y demostrarle que incluso en una discusión verbal él era el único eh indiscutible ganador.

En más de una oportunidad pudo sentirse levemente presionada por sus palabras, su mirada o su sonrisa. Esa extrañamente macabra sonrisa. Esa sonrisa que burbujeaba sensualidad y bizarra calidez. Sonrisa que con una simple mirada ingenua, una mirada examinante se borró y sustituyó con un flamante ardor en sus mejillas. ¿Estaría siquiera acostumbrado a lidiar con mujeres?

El príncipe escupía bilis, era la primera vez que una hembra se burlaba de él frente a sus ojos, y probablemente única y última vez en su vida que permitía que con tal grado de debilidad, de falta de musculatura, fuerza, poder… Se atreviera a usar esos tonos para con él. Él era un príncipe, y lo repetiría por siempre, por el fin del tiempo exclamaría al universo que él era el príncipe de los Saiyajins, la legendaria raza de guerreros de poderes inimaginables. Ninguna hembra tan ridículamente insignificante se pararía frente a él de esa manera jamás.

Pero había algo que aun no se respondía, ¿De dónde provenía tan severa actitud? Tanta confianza en sí misma. Estaba incrédulo, no daba lugar a sus ojos ni oídos. Era extraña, sumamente extraña, al borde de la locura. Más bien parecía un espejismo, algo incapaz de ser concebido. No debería existir en la tierra alguien que se atreviera a intentar ponerlo en ridículo, y mucho menos siendo su cuerpo toda un arma letal, una de las más letales del universo.

A pesar de todo… era un poco refrescante, casi podía decir que… ¿Se divirtió? Se distrajo, preferiría decir él. Podía ser tanta conmoción vivida en los últimos meses, tanta miseria y pánico oculto. Un poco de diversión en una simple apuesta ¿Qué podía tener de perjudicial para él? De cualquier forma había logrado reducir el tiempo en el que tardaría en largarse del planeta. Ahora que lo pensaba bien se estaba felicitando a sí mismo, en una semana se estaría largando de ese planeta del demonio… Esperen ¿Qué estaba diciendo? ¿Realmente aseguraba que ella lo lograría? ¿Su confianza en si misma se la transmitió a él? Vegeta sacudió su cabeza mientras caminaba por un largo corredor pobremente decorado, pensando una y otra vez en las intenciones de aquella extraña y manipuladora hembra de ojos azules.

— Confíe o no en ella, si no lo logra la mataré… a ella y Tarble… De ello no me cabe la menor duda —Murmuró casi para sus adentros el joven heredero al destruido trono de los Saiyas.

Continuará…


N/A: ¿Alguien gusta de los fics largos?

Nadeshico023.