Capítulo Xl : Pesadilla

Charlie me llamó y dijo que volvería tarde hoy y me dijo que no cocine, asi que pedi una pizza. Todavía no llegaba, asi que subí a hacer los deberes a mi habitación. Teníamos un trabajo práctico de Cumbres Borracosas, el libro que había leido hace no mucho tiempo. Me encantaba ese libro, lo volví a leer una y otra vez luego de la primera vez que lo lei. Tuve que prender el ordenador para hacer el trabajo, no queria escribir todo a mano, me cansaria. Pero no era buena usando la computadora. aunque por suerte recordé lo básico, Charlie y Renée me enseñaron, ellos no eran muy buenos tampoco, pero aprendí todo lo que ellos sabían. Asi que solo faltaba ponerme a escribir, ya sabía todo lo que pondria, solo debia escribir. Era rápida haciendolo en el ordenador, me sorprendia, tenia buenos reflejos. He.. bueno, no tan buenos, hablando de esto, digo. En fin, simplemente me dediqué a escribir. El timbre sonó. Baje las escaleras corriendo, y como no, caí. Agradezco a Charlie, quien puso una alfombra al final de ellas desde la última vez que me tropezé. Me costó levantarme, demasiado. El timbre volvió a sonar, y asi quedó, sonando. De mala gana fui a abrir la puerta. Alli se encontraba un chico mas o menos de mi edad, guapo si, pero no tanto como Edward. ¿¡Por qué demonios comparaba a todos los hombres con él!? Ok Isabella, esto ya es demasiado.

- No puedo estar esperando toda la noche, ¿sabe? - dijo el muchacho, valla, que "rebelde" pero luego levantó su mirada y cuando me vió se quedo boquiabierto. ¿Qué le pasaba a este chico? Enseguida extendió la pizza hacia mi y me miraba embobado - T-t-ten... - ¿¡pero que demonios!? Ash. Tomé la pizza y le fulminé con la mirada, él solo se quedo mirándome.

- Disculpa, pero ¿podrias decirme cuánto es? - dije harta.

- Oh, lo siento... son... $18.75 - le di el dinero, estaba justo, lo habia contado.

- Bien, hasta luego -sonrei. Pero él no se fue. Asi que, por más malo que esté, le cerré la puerta en la cara y fui con la pizza a mi dormitorio.

Pero que sorpresa me llevé al pasar por el pequeño espejo que se hallaba en el pasillo. Mi cara. Mis ojos se habian vuelto azules otra vez. Como el dia en que Edward me habló. Si.. ese día es para mi enormemente importante. La primera vez que hablamos. En fin, eso importaba mucho para mi, pero ahora era más importante saber que era lo pasaba conmigo. ¿Por qué sucedía esto? No lo sabia. Pero debería averiguarlo. Me miré al espejo. Mis ojos azules, más aún que el cielo y que el mar. En mis cabellos aparecieron mis mechas azules, del color original de mis ojos, y en mi ojo se divisaba el pequeño tatuaje.. oh, no. Esto era terrible. Mañana no podía ir asi al instituto. Si estaba asi, no iría. Claro que no. Pero de todas formas tenía que arreglarlo. Busqué las algas, las algas... ¿¡dónde demonios estaban!? Oh, dios, tenía que encontrarlas. ¿El chico de la pizza me habria visto asi? Espero que no. Pero en mi cabeza se oyó un 'click'. Por eso me miraba embobado, por eso no podia ni hablar y no se había ido. Me habia visto asi. Con toda mi belleza de sirena. Tal vez puede que yo no notase la diferencia, pero ellos, si me compararan, la diferenciarian. ¿Seguiría alli? Espero que no. Fui hacia la ventana de mi cuarto para asegurarme de ello, que otra sorpresa me llevé. Segui alli, ¿qué haria? Nada. Si saliera, seguramente podria abalanzarse sobre mi, bueno, venir hacia mi, y no podria salir del trance, debia de ver a otra persona por lo menos, para que se concentrara en ella y no en mi. Bueno, ya Charlie se encargaría de eso. Yo fui hacia el espero grande que estaba en mi habitación. Me quede anonada. Alli estaba yo, si yo. Pero como soy realmente, claro que sin cola. Me quité la remera, los pantalones y las zapatillas, para volver a quedarme anonada. Mi piel estaba extremadamente pálida, parecia más que albina. Mis ojos ahora estaban más azules aún, y el tatuaje de mi ojo ya era totalmente notorio. Debajo de mis senos, a los costados, podia ver las escamas. Mi cabello estaba mucho más largo, con partes rizadas y mechas azules. En mi brazo se veía el otro tatuaje. De pronto pude ver como mis piernas se juntaban, y podia notar como mi pálida piel se volvia de un azul desgastado y en los pies más claro. Mis piernas se juntaban cada vez más, y mis pies se estiraban formando dos aletas de un azul verdoso muy claro. Y caí. Sigo agradeciendo a las alfombras. Volviendo al tema, ¿qué pasaba?¿Por qué me habia transformado? Yo no me había mojado, ¿qué haría ahora? ¿Esperar a Charlie? Era lo que podía hacer, asi no llegaría a nada. Despues de todo, decidí dormir. Y luego entre en una terrible pesadilla, o al menos para mí lo era.

Estaba caminando por un sendero, había alguien a mi lado, pero yo no podía girarme para enfrentar a esa persona. Pero se puso delante de mi. Era Rina. ¿Rina? ¿Qué hacia en mis sueños? Ella solo entraba en ellos cuando necesitaba decirme algo, y al parecer necesitaba hacerlo. Comenzo a gritar, pero yo no la escuchaba y no podía leer sus labios, me tiró de los brazos llevándome hacia algun lugar. Agua, pude oír agua. Pero el sonido estaba en mi mente, era agua lo que necesitaba. Me estaba muriendo. Rina no podía avanzar más conmigo, le pesaba. Si, le pesaba. Baje mi mirada para encontrarme con una cola de pez grande, eso era lo que le pesaba. Y tambien mi vida. No podia respirar, necesitaba agua. Asi transformad,a podia soportar un poco estar sin ella, pero ahora la necesitaba. Y si no la obtenia moriría de sequedad. Rina comenzaba a gritar y a gritar, y decia cosas que yo no entendia, pero ahora si podía oir sus gritos. Eran desesperados. Pude ver el horror y la desesperación en sus ojos, no sabía que hacer, y yo tampoco, excepto tener esperanzas. Pero ya era tarde. Todo se volvió negro, y oí una voz.

- ¡Bella! ¡Bella! - Yo conocía esa voz, era la voz de mi padre. Pero no la de Charlie, sino la de él, la de mi padre. El rey de los siete océanos, el que controla el clima y las aguas, era él. Hace mucho no hablábamos ni nos veíamos. No desde que deje el mar y pase a ser una sirena de agua dulce. Se había enojado conmigo, me había gritado como nunca antes. Me expulsó. Si, me expulsó de su reino, pero yo solo queria ir alli para estar con mis hermanas, tenía la intención de volver, pero él me dio solamente dos opciones que valdrían mi futuro. La primera, quedarme con él y su reino; y la segunda, irme con mis hermanas y no volver a las aguas saladas. Obviamente escogí la segunda.

- ¡Bella despierta! - seguía gritando, parecia como si me estuviese regañando. Intenté abrir los ojos, pero no podía, los tenía pegados. Luché contra el pegamento que los mantenía asi, hasta que los abrí repentinamente.

Agua. Eso es lo que veia, o más bien sentia. Agua. Y un cielo blanco como las nubes, como el algodón de azucar, como el helado de crema. Y había unas manos que me sacudían por los hombros, unas manos masculinas y algo arrugadas, pero en buen estado. y de prontó una cabeza se asomó por alli. El cabello castaño y corto, los ojos marrones y asustados tanto como desesperados. Charlie. Era él. Pestañé por primera vez desde que pude abrir losojos, y todo se voldió más claro. Estaba en el cuarto de baño de la casa de Charlie. Estaba mojada. Entonces si me estaba muriendo de sequedad, él me había salvado. Había llegado a tiempo. Como se lo agradecia, quise decírselo, pero recordé que, las sirenas, mientras estamos en nuestra forma original y en el agua, solo podemos hablar por la mente. Bueno, con gran esfuerzo podriamos hablar por la boca. Pero como no mantenemos mucha conversación, no estamos acostumbradas. Bueno, yo algo, pero no estaba en un estado como para hacerlo. Asi que solo le sonreí a Charlie, quien me ayudó a levantarme de la bañera para quedar sentada dentro de ella.

- ¿Estas bien, Bella? - yo solo asentí. - Me alegro - dijo sonriente. - Será mejor que duermas aqui hoy Bella, cuando llegue te estabas muriendo, y estabas gritando, aunque bueno, esos no parecían gritos... - yo solamente volví a asentir. - Ados Bella, que descanses - y me besó en la frente, para luego irse y apagar la luz del baño.

Ahora si, podía dormir en paz, pero dormi con la cabeza fuera. Había un espacio enfrente de la bañera, o, por mi posición, sería al costado. Agarré una toalla limpia que se hallaba alli y recoste mi cabeza, para luego caer en los brazos de Morfeo.