Disclaimer: Todo lo que reconozcan pertenece a JKR.


Sexto año.

Hugo

Para Hugo Weasley, el desayuno era la comida más importante del día. Y como todo Weasley de buen apetito, no tenía ningún problema ni reparo en llenar su plato con cada tipo de comida que adornaba la mesa de Gryffindor, ni siquiera inmutándose por las miradas, entre resignadas y reprochadoras, de su prima Lily y su amiga Clary.

—Lo digo enserio, Hugo. ¿Cómo haces para respirar y comer al mismo tiempo? preguntó Clary esa mañana, tomando asiento junto a su amigo, mientras este parecía atragantarse con unos panecillos de canela.

—Es un chico Weasley, Clary. Nacieron con el don de respirar por las orejas y engullir todo como si tuvieran una trituradora en lugar de una boca —respondió Lily por su primo con tono cansino y un poco burlesco, antes de meterse un bocado de su propio desayuno con mucha más elegancia que el chico.

Esho no esh shierto —murmuró Hugo con la boca llena, mirando fulminantemente a su prima por el comentario. Pero antes de que pudieran empezar una pelea, Rose tomó asiento a su lado sin siquiera saludarlos, captando así la atención de los tres leones de cuarto año.

Hugo vio, con cierta curiosidad, como su hermana revolvía sus cereales con leche sin probar bocado o notar su presencia. Lily y Clary, que también habían percibido su extraño y distante comportamiento, intercambiaron miradas interrogativas, antes que la pelirroja Potter tomara la palabra:

—Eh, Rose ¿estás bien?

—¿Ah? —exclamó en respuesta la muchacha, levantando la vista de su plato y mirando con sorpresa a su prima, como si solo entonces se diera cuenta de a quién tenía su lado—. Sí, sí, Lily. Solo estoy… algo cansada —agregó con rapidez, intentando desviar la atención de su persona.

Pero Hugo no pudo evitar mirarla con aun más extrañeza, preguntándose si su hermana estaría con algún tipo de enfermedad o algo por el estilo. Él, aunque no fuera una persona muy atenta o perceptiva, sabía que ese ánimo decaído no era nada propio de ella.

—Eh, de acuerdo —dijo Lily algo insegura, mirando a Clary y a Hugo para que comentaran algo más.

—Nosotras tenemos que… recoger unos libros en la torre —agregó Clary vacilante, mirando a Hugo significativamente, dándole a entender que tal vez él pudiera averiguar algo más si los dejaban solos—. Nos veremos en pociones, Hugo. Adiós, Rose.

—Nos vemos —murmuró la pelirroja, volviendo a su rutina de remojar los cereales como si fuera lo más interesante del mundo.

—¿Estás segura que estás bien, Rosie? —insistió Hugo con preocupación, una vez que Lily y Clary los dejaron solos en la mesa de los leones.

—Claro que sí, Hugo —contestó Rose, con una sonrisa triste, en un intento de tranquilizarlo por su conducta. Sonrisa que decayó al dirigir sus ojos azules a la mesa de las serpientes.

Como si el diablo la estuviera llamando, Rose se levantó de golpe y salió del Gran Comedor, solo dirigiéndole un vago saludo a su confundido hermano. Este, sin entender muy bien los cambios repentinos de Rose, también miró hacia la casa Slytherin, encontrándose con Albus, Scorpius Malfoy y una chica que no conocía, riendo de algo que parecía estar sucediendo allí.

Hugo, aunque no tuviera idea de lo que podría haberle sucedido a Rose, no se le ocurrió otra cosa que culpar a Scorpius Malfoy de ello, al verlo allí tan alegremente. Porque, como había escuchado una vez a su padre decir, todo lo malo siempre es culpa de un Malfoy. Solo que esa vez, no sabía que tan cerca de la verdad había estado.


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