Capítulo 12

AHOGÁNDOME

Abrí la boca para gritar pidiendo ayuda, pero no tenía más aliento en mí. No podía ver la superficie. Todo mezclado junto en una pesadilla de oscuridad, y el terror se apoderó de mí tan completamente que no podía ni pensar.

Esto era todo. Este era el final.

Realmente debí dejar que Ava me enseñara a nadar.

—¿Tienes problemas? —dijo una voz ronca a mi lado, tan claro como si estuviéramos hablando sobre la superficie. Me di la vuelta y casi me desmayo de alivio.

Phillip, Señor de los Océanos, flotando a nuestro lado, pareciendo como si estuviera caminando en tierra firme. No me importó que él pudiera haber sabido lo que estábamos haciendo o lo que yo había planeado; me daba igual si lo sabía, Walter debía saber, también. Mientras yo no pasara el resto de la eternidad en el fondo del mar, todo valdría la pena.

Ayúdanos, murmuré, señalando a la mano que sostenía la de Puck. El agua estaba tan oscura que ya no podía verlo más.

—Por supuesto —dijo Phillip, y miró en la dirección que debe haber estado asomando. Una fuerte corriente nos capturó a los tres, llevándonos hacia la superficie a una velocidad formidable. Tan pronto como el azul del cielo se hizo visible a través del agua, la corriente nos arrastró hacia un lado, y me abrí paso arrastra hacia la superficie. Sólo unos centímetros más.

—Tu parada, supongo —dijo Phillip—. Cuídate.

Asentí y murmuré mi agradecimiento. Pude ver a Puck a través del agua ahora, y él estaba sonriendo a su tío y dándole una estúpida despedida con su mano. Imagínense. Casi nos habíamos ahogado, y él sonreía.

Finalmente emergimos a la superficie, y escupí una cantidad imposible de agua de mar. De alguna manera mis pies tocaron la arena movediza, y me quedé de pie temblando, mis rodillas chocando entre sí. Pero estábamos fuera del océano y aún tenía unos cuantos minutos antes de encontrarme con Cronos. Eso era lo importante.

Algo brilló en el borde de mi visión, por lo que miré alrededor salvajemente, mi corazón golpeando fuertemente. Por un segundo, me pareció ver una figura de pelo oscuro asomarse en los acantilados, pero parpadeé y se había ido.

Respiré profundo. Estábamos fuera del océano, y ya no tenía nada para entrar en pánico. A menos que contara a un Titán eternamente empeñado en destruir todo lo que yo quería.

Frías olas rozaban mis espinillas, y Puck permanecía de pie a mi lado, temblando como una hoja.

—Muy bien —dijo con voz áspera—. Tengo que admitir que… que pedirte hacer eso sin practicar primero, fue un… un error.

—No me digas —dije con una voz que temblaba tanto como la de él. Nos pusimos de pie a unos metros de la costa de la isla de Cronos, y el palacio se alzaba por encima de nosotros, una sombra gigante contra el cielo brillante—. ¿Estás bien?

—Viviré —dijo con ironía—. Por lo menos hasta que estemos dentro.

—¿Cómo vamos a pasar a través de la barrera? —No podía verla, pero podía sentirla, zumbando en mis huesos como un campo de fuerza. Si Cronos no podía penetrar en ella, al menos no lo suficiente como para salir, aunque su alcance se extendía ahora hasta El Cairo, entonces, ¿cómo se suponía que nosotros lo hiciéramos?

—Caminando —dijo Puck—. La barrera está destinada a mantener a Cronos atrapado, no a nosotros. Walter incluso insistió en que no la modificáramos para incluir a Brittany. Hasta que nos dimos cuenta de que te tenía, por supuesto.

—¿Quieres decir…? —vacilé. Debería haber intentado con más ahínco escapar. De alguna manera podría haber encontrado una forma. Phillip podría haberme recogido en el océano y haberme llevado a un lugar seguro, o…

Me armé de valor contra el aluvión de posibilidades que inundaron mi mente. Jugar al "qué pasaría si" no cambiaría nada. Había tratado de escapar. Había hecho todo lo que podía. Y en este momento, lo único en que podía concentrarme era en cómo hacer que las cosas finalmente saliera a mi manera.

—Quiero decir, ¿qué? —dijo Puck, y yo negué con la cabeza.

—No importa. Vamos.

Con la mano todavía en la suya y el sabor de la sal en mi lengua, clavé los talones en la arena y me empujé hacia adelante, caminando fuera del océano para cumplir mi destino.

Un innatural silencio se apoderó de la isla. Los acantilados con vistas a la costa se alzaban altos e inflexibles, pero a pesar de su imponente altura, Puck pasó uno de los pocos preciosos minutos que nos quedaban tratando de encontrar la forma más rápida para subir.

—No va a funcionar—le dije, molesta. Estábamos perdiendo demasiado tiempo—. Simplemente vamos a rodearlo.

—Serían kilómetros fuera de nuestro camino —dijo Puck.

—Entonces dame tu brazo y yo nos llevaré hasta allí. Resopló. — ¿De verdad crees que voy a someterme a eso otra vez?

— ¿De verdad tienes opción? —Me tambaleé por la playa, la arena cediendo a cada paso que daba—. Caminar o reaparecer, Puck. No me importa. Me voy en diez segundos con o sin ti.

Murmurando algo entre dientes que no entendí bien, corrió hacia mí.

—Si terminamos en el océano una vez más, me voy.

—Tú eres el que insistió en que tenía que traerte a todo esto en primer lugar —dije—. Además, deja de fingir que no te gusta nadar. Te vi sonreír.

—Sí, vergonzosamente. Phillip nunca va a dejarme olvidar eso.

Si ambos terminaban vivos al final de esta guerra. Tomando su mano, cerré los ojos.

—Nada de agua esta vez —le prometí.

El aire alrededor cambió, la brisa cálida del océano sustituido por el olor rancio de la antigua roca. Suspiré con alivio. Estábamos en la habitación en la que Brittany me había mantenido por nueve meses, y no había una gota de agua a la vista.

—Mucho mejor —susurró Puck. Busqué por la puerta. Estaba cerrada.

—Maldita sea —murmuré, pero antes de que pudiera quejarme o sugerir otro viaje a través de la nada, Puck tocó la manija, y oí un leve chasquido.

—Inténtalo de nuevo.

Esta vez, la puerta se abrió sin obstáculos. Levanté una ceja, y se encogió de hombros.

—Tengo un par de trucos bajo la manga.

Nos escabullimos fuera por el pasillo abandonado. No era tan decadente como el que estaba afuera de la habitación de niños, y miré alrededor con inquietud. No tenía ni idea de cómo llegar allí desde aquí.

Cada extremo del pasillo parecía idéntico. Izquierda o derecha, no importaba, pero Ava me había jalado a la derecha cuando Rachel había atacado el palacio. Un lugar suficientemente bueno para empezar.

—Por aquí —dije, arrastrándome en la oscuridad, y Puck siguió unos pasos detrás de mí. Alguien debió haber arreglado el daño que Rachel había hecho al castillo, dejando el pasillo despejado.

—¿Está segura? —dijo dubitativo.

—¿No se supone que debes saber siempre dónde vas?

—No en el territorio Titán. ¿Estás segura que no hay otro camino?

Lo ignoré. Tenían que tener alguna forma de moverse de un piso a otro. Traté de imaginar mentalmente las partes del palacio que conocía, pero no podía recordar haber visto nunca una escalera.

—Quinn —dijo Puck con un toque de desesperación en su voz—. Creo que vamos en el cam…

Un choque de metal contra metal atravesó el aire, y un hombre gritó. En un instante, Puck me tiró atrás, de modo que los dos estábamos apoyados contra la pared.

—¿Qué…? —comencé, pero apretó su mano contra mi boca. Una risita fría hizo eco por el pasillo, y volví mi cabeza lo suficiente para detectar a Brittany saliendo de una habitación al final del pasillo.

Tarareando para sí misma, salió por otra puerta y desapareció, seguida rápidamente por una figura encorvada que no podría haber sido otro más que Ava. ¿Dónde estaba Cronos? ¿Y quién estaba dentro de esa habitación?

—Sam —susurró Puck—. Él está vivo.

Mi conciencia me trajo hacia Sam, pero yo había venido aquí por una razón y una razón solamente. Por mucho que me mataba escabullirme dejando su celda, si quería una oportunidad real de salvar a mi hijo, tenía que hacerlo.

—Regresaremos por él —le dije, la mitad de la promesa para mí y mitad de la promesa por Puck. No tendríamos la oportunidad de volver por Sam, sin embargo, y los dos lo sabíamos.

Puck lideró el camino esta vez, y a pesar de mis protestas entre dientes, abrió la puerta por la que había desaparecido Brittany. Contuve la respiración, segura de que estaría esperándonos del otro lado, plenamente consciente de que estábamos allí, pero en lugar de eso…

—Supongo que realmente hay una escalera al cielo, después de todo —dijo Puck con una sonrisa, y si no estuviera ya sobre el borde, me habría reído de su estúpida broma. Nos apresuramos a subir las escaleras en silencio. Dos niveles más arriba, asentí con la cabeza hacia la puerta y la abrió lo suficiente para que uno de nosotros pasará a través de ella.

—Yo primero —le dije. Si Cronos estaba esperando en el otro lado, no me atacaría. Puck, por otra parte, no había sido invitado precisamente. Deslizándome a través de la puerta que daba al vacío pasillo azul pavo real y dorado, esperé el espacio de tres latidos antes de hacer señas para que siguiera—. ¿Cuál es la habitación de Charlie? —No había pasado tiempo fuera de la guardería, pero en mi visión, Puck lo había hecho.

—El cuarto uno, abajo —dijo—. Quinn, si algo sale mal…

—Hola ahí.

La voz de Cronos, frígido y carente de compasión, se deslizó por mi columna. Giré sobre mis talones, pasando automáticamente frente a Puck para escudarlo, pero fue un gesto vacío. Si Cronos quería matar a Puck, no necesitaría mi permiso.

—Te dije que iba a venir —le dije con frialdad, pero no tenía comparación con la forma en que Cronos habló. Él podría congelar el sol si quería.

—Sí, pero no recuerdo dar mi consentimiento para un invitado.

—No puedo muy bien regresar al Olimpo con Charlie. Puck va a llevarlo por mí.

—¿Es así? —dijo Cronos y Puck asintió con la cabeza. Tenía los ojos demasiado brillantes y su mandíbula rígida, pero levantó la barbilla y miró a Cronos.

El terror se apoderó de mí. Cronos no me haría daño por muy insolente que fuera, no mientras pensara que iba a ser suya. Pero Puck era prescindible, meramente algo más de Cronos que los millones de personas con las que ya había acabado con un solo pensamiento.

—Sí —dijo Puck—. Ahora, si no te importa, voy a hacer lo que vine a hacer aquí.

—Por supuesto. —Una extraña sonrisa se extendió en los labios demasiado perfectos de Cronos, y se hizo a un lado con una reverencia.

¿A qué estaba jugando Cronos? Puck se adelantó, y fui con él. Si se trataba de algún tipo de trampa, si Cronos había sabido y sólo estaba poniendo a Puck…

Cronos no trató de detenerme, sin embargo. Puck y yo nos apresuramos hacia la guardería, y mi corazón latía con fuerza. ¿Estaba Charlie todavía aquí?

¿Le había hecho Cronos algo? Puck y yo alcanzamos la manija, al mismo tiempo, pero antes de que alguno de los dos tocara el accesorio del metal, la puerta se abrió de golpe.

Brittany.

Al principio sus ojos rodaron con consternación, pero después de un latido, sonrió burlonamente. Parecía como si fuera mi madre con la edad de Sofía ahora, muy apropiado para uno de los seis originales, pero no hizo nada que me distrajera del hecho de que acunaba a Charlie en sus brazos.

—Quinn —ronroneó—. Qué bueno que te unas a nosotros. Aquí estaba pensando que eras lo suficientemente inteligente como para estar lejos. Tonta de mí.

—¿Quinn? —dijo una débil voz detrás de ella, y Ava apareció en el umbral—. Oh, Dios mío. ¡Quinn! Cronos dijo que estabas viva, pero yo no creí…

—Silencio —dijo Brittany. Ava inmediatamente se calmó, pero sus mejillas se sonrojaron y sus ojos brillaron con la luz. Por primera vez en casi dos años, parecía viva. Brittany se aclaró la garganta y se volvió hacia Puck con una sonrisa bobalicona—. Querido, ha pasado demasiado tiempo.

—Yo no soy tu querido. Dame al bebé —dijo Puck, extendiendo los brazos.

—¿Por qué haría algo así? —dijo con un resoplido—. Callum es mi hijo.

Quería hundir mis uñas en esa carita bonita suya y sacarle los ojos a arañazos.

—Es mi hijo, no el tuyo —gruñí—. Cronos y yo hicimos un trato. Estoy aquí y Charlie sale con Puck.

—Ah, ¿sí? —Brittany me miró por encima del hombro—. ¿Por qué no era yo parte de ese acuerdo, padre?

—No tienes nada que ver con ese acuerdo —dijo Cronos—. Harás lo que yo diga y mantendré mi palabra.

—¿Qué palabra es esa? —dijo Brittany maliciosamente, apretando su brazo alrededor de mi hijo.

—El niño será devuelto a la familia de Quinn y ella se quedará aquí conmigo. Dos manchas rojas aparecieron en las mejillas de Brittany y se sacudió de manera extraña, como si estuviera luchando contra algún tipo de compulsión.

—¿Y si no lo hago?

—Entonces ya no te necesito para nada.

Ella siseó.

—Después de todo lo que he hecho por ti, después de todo lo que he sacrificado…

La furia salió de ella en oleadas y tuve que esforzarme para no dar un paso atrás. Estaba tan cerca de Charlie que todo lo que tenía que hacer era extender la mano y tocarlo. No podía irme de nuevo.

—¿Es esa tu última decisión? —dijo Cronos—. ¿Apartar la lealtad por el bien de mantener a un niño que no es tuyo?

—Él debe ser mío. —Brittany fue hacia la guardería, pero Ava le bloqueó el camino, una luz magenta emanaba de su cuerpo—. No me hagas hacer esto, padre.

Un destello metálico al lado de Charlie llamó mi atención. Brittany tiró de la manta y, antes de que cualquiera de nosotros pudiera reaccionar, apretó la daga que Sam había forjado, la única que podía matar a un inmortal, contra la garganta de Charlie.

—No voy a dejar que se vaya —dijo Brittany, más tranquila ahora que el miedo llenaba el aire como el veneno—. Has regalado algo que no es tuyo, Padre.

Detrás de mí, Cronos suspiró como si se tratara de una niña caprichosa. Era un asesino que no tenía problema en matar de nuevo.

—No voy a pedirlo una segunda vez. Devuelve el niño o enfréntate a la ira del Rey de los Titanes.

—¿La ira de la Reina de los Dioses no significa nada entonces? —dijo Brittany. Paralizada por el miedo, no podía quitarle los ojos a mi hijo. No me importaba un partido de meadas entre ellos, lo único que quería era que Brittany moviera esa daga lejos del cuello de Charlie.

—Brittany, no quieres hacer eso —dijo Ava, cada vez más cerca. Brittany dio la vuelta, con los dientes al descubierto mientras aferraba contra su pecho a Charlie.

—No te atrevas a usar tus poderes contra mí —gruñó. Levantó el mango de la daga, apretando la punta contra el pecho de Charlie—. ¿Qué vas a hacer, Padre? ¿Tu trato o mi lealtad?

Charlie dejó escapar un suave gemido y me lancé hacia delante. Pero antes de poder alcanzarlo, Cronos agarró mi hombro y me apretó contra su pecho y no importó cuanto me esforcé, no se movió.

—No voy a faltarle mi palabra a Quinn —dijo Cronos sin emoción y le di un codazo fuerte en el estómago. Nada—. Haz lo que debas, pero sin cometer errores. Nuestra alianza gira en torno a la vida de ese bebé.

Me pareció ver un destello de dolor en el rostro de Brittany, pero duró sólo una fracción de segundo.

—Así que has elegido a Quinn sobre mí —dijo, casi escupiendo mi nombre—. Entonces, poco importa lo que haga, ¿verdad? Tu lealtad nunca será mía y la mía ya no será tuya.

Ella levantó la daga y un grito desgarrador salió de mí e hizo eco por todo el palacio. No podía verlo, pero tampoco podía mirar hacia otro lado en los últimos segundos de la corta vida de Charlie. No podía abandonarlo.

El mundo se oscureció en los bordes y por un maravilloso momento pensé que me estaba muriendo. Mi cuerpo se entumeció, mi mente se quedó en silencio, y ese segundo quedó colgando entre nosotros, congelado. Me gustaría vivir con este miedo para siempre si eso significaba que ese momento nunca terminaría, si Brittany no movía la hoja más cerca, si Charlie nunca moría, si todos nos quedábamos así para toda la eternidad.

Un destello de luz blanca me cegó y la oscuridad que crepitó con el poder nos envolvió.

—Brittany —tronó una voz demasiado familiar—. Pon el arma en el suelo y dame a mi hijo.

Rachel.

No debería haber sido posible para mí estar más asustada de lo que ya estaba, pero ahora, viendo a Rachel flotar por el pasillo con la nube negra a su alrededor, un gran terror se agarró a mi cuello y se negó a dejarme ir.

Iba a perderlos a ambos.

Esta vez Brittany no trató de ocultar su sorpresa. Su boca se abrió, pero también bajó la daga.

—Rachel —dijo—. Qué inesperada sorpresa. Y aquí Padre me decía que estabas muerto.

Ella miró a Cronos y sus brazos se apretaron a mi alrededor hasta que estuvo a un milímetro de aplastarme los huesos hasta convertirlos en polvo.

—Me mentiste —susurró en mi oído y su maldad vibró en el aire que nos rodeaba—. Después de todo lo que hice por ti, así es como me lo pagas. Con el engaño y la burla.

Tragué saliva. No más secretos ahora. Las cartas estaban sobre la mesa y ahora lo único que podíamos hacer era jugar.

—Dame a mi hijo —repitió Rachel. Estaba a menos de treinta centímetros de mí, pero no me evitó un vistazo.

—¿Y que gano yo con este acuerdo? —dijo Brittany, mirándolo con avidez.

—A mí —dijo Rachel en voz baja—. Dame a mi hijo, jura por el Río Estigia que nunca le harás daño y permitirás que algo le haga daño de alguna manera o forma y me tendrás a mí.

—Rachel, no —jadeé y Cronos apretó la mano sobre mi boca. No, no, no. Rachel tenía que quedarse con Charlie y mantenerlo a salvo. Yo no podía, no de la manera que podía ella. Tenía que ser yo. Tenía que ser yo la que se alejara. Traté de protestar, gimiendo, gritando y agitándome contra Cronos, pero Rachel me ignoró por completo.

—Eso cumplirá los términos de nuestro acuerdo —dijo Cronos y se detuvo en seco—. El bebé será criado por su familia, como Quinn ha exigido y yo la tendré.

No, ese no era el trato. Ni siquiera se acercaba. Se suponía que Charlie estaría seguro en el Olimpo con Rachel, mi madre y Puck, no aquí con Brittany y Cronos. Yo no podía hablar bien y nadie estaba prestándome atención. Rachel asintió con la cabeza y en ese segundo mi corazón se rompió.

—Muy bien —dijo Brittany, pero a pesar de que había conseguido todo lo que siempre había deseado, había un filo en su voz, una dureza que no entendí. Ella debería estar celebrándolo. Yo estaba rota. No tenía nada y ella lo tenía todo ahora—. Lo juro por el Río Estigia que no le voy a hacer daño al bebé, ni permitiré que nadie le haga daño, siempre y cuando te quedes conmigo.

—Que así sea —tronó la suave voz de Rachel y mi visión se emborronó. Tenía que haber una forma de salir de esa, no podía ser lo que Rachel había previsto. Ella no me dejaría así.

¿Pero no había estado yo dispuesta a dejarla?

—Perfecto —dijo Brittany y sin apartar la mirada de la Rachel, le dijo a Ava—. Hazlo.

—Pero… —dijo Ava, su coraje anterior había desaparecido.

—Hazlo.

¿Hacer qué?

No pasó mucho tiempo hasta que conseguí una respuesta. El aura magenta creció alrededor de Ava hasta tocar a Rachel y como un rayo, golpeó a Brittany. En vez de gritar, sin embargo, su sonrisa de suficiencia sólo se expandió.

—No —dijo Ava, con voz temblorosa—. Ahora deja a Quinn y al bebé irse.

—Has escuchado a Padre —dijo Brittany—. El bebé se queda con Rachel. Pero si insistes, voy a darle una oportunidad. Rachel, querida. —Dio un paso hacia ella y mi corazón palió con fuerza—. ¿Con quién te quieres quedar? ¿Conmigo o con Quinn?

¿Era esto una especie de broma? Por supuesto que Rachel quería quedarse conmigo, sobre todo cuando todos podríamos ser una familia. Rachel se acercó a Brittany sin embargo y mis ojos se abrieron. Puso la mano en la mejilla de ella, de la manera tan familiar como siempre me había tocado a mí y luego…

Sus ojos se cerraron y se inclinó para besarla.

¿Qué había hecho Ava?

Pregunta estúpida. Sabía exactamente lo que había hecho. Y no importaba cuáles eran sus razones, no importaba lo que Brittany sostenía sobre su cabeza, no importaba cuantas veces acunara a mi hijo llorando, nunca le perdonaría por hacer que Rachel se enamorara de Brittany.

Cronos se movió hacia atrás y me llevó consigo. El pánico se apoderó de mí, sin dejar espacio para la racionalidad y arañé sus manos, desesperada porque las soltara. No podía salir, no ahora. No cuando mi marido pensaba que estaba enamorado de otra persona.

Apartándose de Rachel, Brittany me miró con disgusto.

—No, no te vayas todavía —dijo con una voz majestuosa como la que había tenido Cronos hiriéndola dos minutos antes.

—¿Y por qué? —dijo Cronos. Brittany sonrió dulcemente.

—Porque no he terminado todavía con ella.

Sin manos que la guiaran, la daga se elevó en el aire entre nosotros hasta que se alineó con mi garganta. Y en una mancha de plata y acero, voló directamente hacia mí.