Esta vez he actualizado mucho antes de lo esperado, aunque no es exactamente un capítulo, es un omake relacionado directamente con el fic, de bastante importancia además, pero que sucede en una línea temporal distinta. Como podréis comprobar también es bastante más corto que mis últimos capítulos, espero que no os importe... ¡¡ Ha ver si os gusta!!
Ale-chan: ¡¡ Gracias por tu apoyo!!. En cuanto a lo del manga supongo que abra que dejarlo pasar XD jajaja.
¡¡ Y siiiii!!. Atenea tiene mucho carácter, ya iba siendo hora de que se afilase las uñas...
Elena: Tienes razón con lo de Atenea, hay que pensar que la han criado como una niña pija, que lástima...
Si tienes razón Ayame necesita una valeriana con urgencia es un peligro XD.
En cuanto a lo de la gata... pues como que muy desencaminada no vas, pero todo se verá...
Los personajes de Saint Seiya, así como la historia original, no me pertenecen, son propiedad de M. Kurumada y Shueishia
Omake 1: Un Pueblo Maldito.
Año 1731, plena Edad Moderna, época de revoluciones y de cambios, de transiciones, de guerras y tratados, eran tiempos difíciles para todo el mundo, y el Santuario no era distinto al resto, pues en aquellos momentos era presa de una gran agitación. Hacía menos de una semana que su amada divinidad había decidido reencarnarse de nuevo, por lo que sus fieles caballeros estaban como locos buscándola por todos los rincones de Grecia, pues, como todas las reencarnaciones pasadas de Atenea, esta nunca nacía en el seno del Santuario, hecho por el cual sus santos estaban en la obligación de localizarla para prepararla adecuadamente para sus deberes como diosa...
Ese era el motivo de tanta perturbación en la Ciudad Sagrada, aunque para los más pequeños este acontecimiento más que molestarles les beneficiaba, pues, debido a que sus maestros se veían obligados a buscar a la Infanta Atenea, el Patriarca les había dado el día libre, cosa que aunque a muchos maestros no les agradó, pues según ellos esos pequeños monstruos ya eran suficientemente haraganes como para recompensarles por serlo, a los niños les encantó. De hecho, muchos de ellos aprovecharon para poner sus tareas al día, otros en cambio prefirieron descansar de los agotadores entrenamientos diarios. No obstante, la mayoría habían preferido hacer lo que su edad les demandaba con tanta urgencia: Jugar.
Al estar bajo las estrictas leyes del Santuario muy pocas veces tenían oportunidad de disfrutar de un merecido recreo, por lo que los futuros Santos de Atenea no perdían la oportunidad cuando se les presentaba.
Desde el linde del bosque que limitaba con la ciudad, llegaba la algarabía que los más pequeños provocaban con sus juegos. En aquel momento no importaba que fuesen aspirantes a bronce, plata u oro, todos jugaban sin distinción de rangos... Pero si alguien se fijase con atención, no tardaría en echar en falta a un joven aprendiz de pelo verdoso que observaba desde la distancia los juegos de sus compañeros...
El pequeño de a penas seis años no era otro más que el joven postulante Shion de Aries, y no es que no desase ir con sus compañeros, pero muy a su pesar sabía demasiado bien que muy pocos aceptarían jugar con él, ya que si bien el Santuario era regido bajo las leyes de una diosa pacifista que profesaba la tolerancia, la realidad del lugar era muy distinta, y no todos sus habitantes compartían sus mismos ideales con respecto a ciertas razas, entre ellas la lemuriana.
Sin muchos miramientos Shion regresó a la protección que le brindaba su templo. Con paso rápido
entró a la pequeña biblioteca que el primer templo poseía, toda llena de ejemplares que de una u otra forma estaban vinculados a los lemurianos. Había estado allí más de dos horas buscado algún libro que le pudiese esclarecer en algo el misterio de sus orígenes. Se acercó a una silla y se dejó caer sobre ella con pesadez cogiendo de nuevo el ejemplar de "Historia de Lemuria: Un Pueblo Maldito", el cual había logrado rescatar de uno de los estantes más escondidos de la destartalada biblioteca, y volvió a repasarlo en busca de alguna pista que se le hubiese escapado. Shion frunció el ceño con frustración.
- ¿ Otra vez en busca de respuestas?. Me temo que lo que buscas no lo hallarás en libros o papiros, mi joven alumno. - Shion se sobresaltó al escuchar la voz de su maestro.
Zenón era un lemuriano que llevaba sobre sus hombros la pesada carga de haber sido durante más de noventa años un fiel servidor de Atenea, lo cual, como era propio de su raza, no desmerecía su aspecto, pues este lucía como el de un lustroso muchacho de a penas veinte años.
- Maestro Zenón. ¿ Por qué la gente nos desprecia tanto?. Nosotros no les hemos hecho nada malo. Siempre que paso cerca me miran con odio...-. En la redondeada cara del pequeño Shion se podía distinguir un gran puchero.
- Verás mi joven alumno. Debes comprender que los humanos son una raza que nace predispuesta para el odio y el recelo. Temen todo aquello que esta fuera de su compresión, y ese temor los induce al odio. Nosotros, por las características de nuestra raza, gozamos de una juventud y longevidad que los humanos han perseguido desde tiempos antiguos.- Zenón caminó hasta situarse delante de su pupilo y le revolvió el pelo con la mano.- Y eso es algo que esta fuera de su comprensión, de ahí el odio y recelo que recibimos de ellos. Además hay que añadir que el nuestro es un pueblo maldecido por designios divinos, y este es nuestro castigo...-
- ¿ Por eso se meten conmigo, Maestro?. No lo entiendo... ¿ Por qué?...-
- Presta atención pequeño, pues ya va siendo hora de que conozcas la trágica verdad que rodea a nuestra gente. - Shion escuchaba atento las palabras de su maestro.- Esta historia que voy a contarte se ha transmitido de generación en generación, de padre a hijo, de maestro a alumno. Mi maestro me la contó a mi, yo te la voy a contar a ti, como de igual modo tu se la contarás a tu alumno en el futuro...- Zenón se sentó en una almohadillada silla y tomó aire.- Nosotros Shion, somos el último vestigio de una antigua civilización, más antigua incluso que los egipcios, y más avanzada tecnológica y científicamente que las civilizaciones modernas. Nuestro continente abarcaba casi todo el océano pacífico, pero ahora todo lo que queda de aquella época remota son las pocas islas de la polinesia...
Verás pequeño, hace eónes hubo una época en la que la tierra se encontraba invadida por todo tipo de criaturas místicas que causaban el terror allí donde sus pies pisaban. Una época de terror, caos y ocultismo en la que los dioses andaban por nuestras tierras haciendo todo aquello que se les antojase sin tener en cuanta las vidas de los mortales que los veneraban.
Los dioses abusaban de su poder logrando que la vida de los mortales fuese cruel e insustancial, no había nada que los mortales pudiesen hacer para librarse de semejante castigo...- El Santo de Aries se estiró con cansancio en la silla.-
- ¿ Qué pasó después Maestro?.- El joven peliverde estaba intrigado, pues aún no comprendía que tenía que ver todo eso con su pueblo.
- Bueno... como ya te he contado no se podía hacer nada para librarse del yugo divino... ó ¿ tal vez sí...?. Los lemurianos, por aquel entonces mucho más avanzados que sus incivilizados contemporáneos neandertales, hartos de verse sometidos a los abusos y caprichos de los dioses, idearon una forma para sellar sus poderes, así como su divinidad, durante más de quinientos años, un corto plazo para un alma inmortal como la de los dioses, pero un largo tiempo para los simples mortales.
Los Antiguos Lemurianos crearon una sublime reliquia de adamantio(1) a base de magia y alquimia, un milagro de la más avanzada ciencia de nuestra raza: La Litografía Sagrada.
Hasta la fecha es la mayor obra lemuriana, y también su mayor desgracia...
Ya puedes suponer que cuando los dioses supieron de la existencia de este objeto y de las intenciones de sus creadores no tardaron en exigir su pronta destrucción. Pero los lemurianos, demasiado obsesionados por el inmenso poder que habían creado, se negaron ha hacerlo. En aquel momento únicamente veían que su obra era de una magnificencia tal que no podía perderse en los albores del tiempo... Aquella decisión sentenció a nuestra raza...
La tragedia llegó de noche, tan rápida y mortal, que muy pocos de nosotros pudieron salvarse... Nuestras civilización, la civilización más antigua y avanzada del mundo, un pueblo de casi sesenta mil habitantes, fue masacrado por la ira de los dioses. Nuestra amada tierra se sacudía con violencia mientras era tragada cruelmente por las voraces aguas, perdiéndose para siempre en las profundidades oceánicas... En una sola noche todo nuestro mundo fue destruido...
En aquel dantesco cataclismo participaron todos los dioses de la creación. Pusieron todo su esfuerzo y energía en erradicarnos de la faz de la tierra. Los pocos lemurianos que sobrevivieron al desastre se vieron obligados a vivir como parias, con el acechante temor día a día de ser descubiertos y aniquilados...- Zenón se levantó de su asiento y caminó por la estancia bajo la atenta mirada de su alumno.
- ¿ Maestro si todos los dioses deseaban vernos eliminados, como es que ahora protegemos a una diosa?.- El santo sonrió. Ya se imaginaba que esa historia le haría cuestionarse su labor como Santo de Atenea.
- Verás Shion, tiempo después de aquella catástrofe, sólo una diosa, de entre todos los que participaron en nuestro exterminio, se apiado de nuestro cruel destino... Atenea.
Ella nos concedió el perdón... pero, como era de esperarse, exigió la destrucción de la litografía. En aquel momento hubo algunas fisuras entre los nuestros, unos a favor y otros en contra. Pero por una vez en mucho tiempo la sensatez habló, y la mayoría votó por su destrucción, la litografía ya había causado demasiadas muertes y nuestra gente ya estaba cansada de vivir como ratas hambrientas.
Se usaron cientos de formulas y artefactos, pero la litografía era un objeto demasiado poderoso como para ser destruido con los escasos recursos de los que disponía nuestro pueblo tras la tragedia de Lemuria.
Fue ese motivo el que obligó a Atenea a tomar una decisión. El de por sí reducido contingente lemuriano se dividió en dos grupos, unos se mantendrían como eternos guardianes de los ideales de Atenea, creando además las ochenta y ocho armaduras que más tarde dieron vida a la Orden Ateniense, mientras los otros marcharían lejos de las tierras protegidas por la diosa custodiando la litografía, una decisión muy acertada de Atenea por cierto, pues si no lo hubiese hecho el resto de dioses no hubiesen tardado en atacarla por poseer un arma tan peligrosa para ellos...
Atenea en agradecimiento al servicio de los lemurianos nos concedió el gran privilegio de ser siempre portadores de la Sagrada Armadura de Aries... Pero ni siquiera su generosidad nos salvo de la maldición impuesta por los dioses.-Shion analizaba toda la información que su maestro le había brindado mientras aclaraba sus ideas...
- ¿ Y qué pasó con los otros lemurianos, maestro, los que custodiaban la litografía?.-
- Desaparecieron. Según algunos escritos parece ser que lograron regresar a los restos del antiguo reino lemuriano, pero su rastro se pierde allí. No se supo más de ellos.-
- Así que... Según todo esto, nosotros somos un pueblo maldito por que los dioses nos castigaron al considerarnos mejores que ellos¿ no?.- Concluyó tajante el peliverde. Zenón sonrió desenfadado... ¡ No había nada mejor que los ojos de un niño para ver la realidad con una simpleza asombrosa...!
- Así es Shion. Nuestra soberbia fue la causa de nuestra destrucción... Todo esto, unido al innato don de los humanos para la xenofobia, es lo que nos ha llevado a esta situación. No debes hacer caso de las palabras insultantes o el desprecio de nuestros camaradas, comprobarás que en algún momento de tu vida encontraras grandes amigos que te aprecien de verdad.-
- Yo ya tengo grandes amigos Maestro Zenón.- Dijo sonriente el muchacho.- Dokho de Libra es mi mejor amigo.- Zenón acarició la melena del pequeño.
- Me alegró por ti Shion. Bueno creo que va siendo hora de acostarse se ha hecho tarde.- Dijo el santo mientras veía caer el Sol por el horizonte a través del ventanuco de la estancia. Shion dio un largo y prolongado bostezo.- Una última cosa Shion, jamás olvides lo que has aprendido hoy aquí, puede que te sirva de ayuda más adelante.- Le aseguró el caballero giñándole un ojo cómplice a su adormilado pupilo...
Cuan ciertas eran las afirmaciones de Zenón de Aries es algo que ni el mismo sabría nunca, pero de lo que si podía estar seguro, era de que aquella lección jamás se le olvidaría a su pupilo en su larga y extensa vida... Lección que estaba dispuesto a compartir con sus sucesores...
Fin Omake.
(1) Adamantio: es un material mitológico y ficticio que tiene la cualidad de ser indestructible una vez que está forjado. En la mitología griega es el único material que puede herir o sujetar a un dios, de ahí que lo haya usado en mi fic.
N/A: Espero que os haya gustado. En un principio había pensado añadir esta conversación dentro de un capítulo normal del fic, pero me gusto más la idea de que fuese un omake con Shion y su maestro como protagonistas. Además quiero hacer el fic más dinámico, por eso pensé que añadir un omake de una línea temporal anterior que aclarase algunas cosas sería un buen cambio. Espero no haberlos aburrido, y que este omeke aclare un poco los orígenes de los lemurianos y la dichosa litografía.
Amenazas, sugerencias, tomatazos, lo que se les antoje, pues ya saben un review.
