Falda 12

Hecha toda una furia Miette regresó a las instalaciones de Valeria. Sin importar lo que le dijeron las trabajadoras ella se abrió paso y entró.

-¡Valeria!- gritó. La líder de gimnasio no estaba tras las persianas artesanales. Estaba hablando frente a frente con una mujer de aspecto peculiar, pero Miette le restó importancia.

-oh Miette ¿tan rápido vuelves?- le preguntó Valeria.

-quiero que me digas la forma de cancelar el encanto.

-ara ara no lo hay.

-¡no puede ser!

-te advertí que mis encantos funcionan de maneras inesperadas.

Miette gruñó.

-oho ¿quiere decir que tienes toda una historia de amor por contar?- la mujer se acercó a Miette. Usaba un vestido purpura, gafas y un moño exageradamente grande.

-mucho gusto me llamo Shauntal, soy escritora y me interesaría escuchar más de tu situacion.

-eso…

-¡Miette!- Clemont entró corriendo en la habitación jadeando, palido y sudoroso- espera…que te…explique…yo….

-¡ya te dije que no quiero explicaciones! ¡Solo déjame en paz!

-puedes darme explicaciones a mi- Clemont dio un respingo cuando notó a Shauntal a sus espaldas. Del susto tropezó con sus pies y cayó al suelo. Quedó justo boca arriba pudiendo ver bajo la falda de Valeria.

-ara ara que problema.

-¡ah! ¡lo siento!- Clemont se puso de pie- ¡yo no quería…! Huh?... Me siento…raro…

-¿Qué te pasa?- le preguntó Miette.

-n-no…no puedo…no puedo parpadear.

-eh?

- ay pobre- dijo Shauntal- todo el que ve bajo la falda de Valeria pierde la capacidad de parpadear.

-¡¿Qué cosa?!- gritó el científico.

-es una maldición.

-yo no creo en cosas tan poco científicas (a pesar de haber estado en una casa de los sustos)

-oh de verdad?- Shauntal le dio la espalda Miette y se alzó la parte delantera de la falda.

Clemont dio un grito estilo zombie de zelda y su cara quedó como el retrato del grito…otra vez.

-el que ve bajo mi falda se quedará con esa cara.

-¡¿y por qué hiciste eso?!- preguntó Clemont sin poder parpadear ni cambiar su expresión.

-ahora está peor- comentó Miette- devuélvanlo a la normalidad.

-pues veras…

-momento Valeria- le interrumpió Shauntal- te diré como si antes me cuentas todo el contexto de este asunto.

-¡¿Por qué debería?!

-porque el pobre está así por un encanto que pediste, no?

-solo la tercera parte, el resto fueron ustedes.

-waaahh Miette- lloró clemont. Las lágrimas que salían de sus ojos eran de sangre- ¡ayúdame por favor!

-ugh…ay está bien.

Unos cinco minutos después Miette le había terminado de contar todo lo que tenía planeado y Clemont le contó como dicho plan había fracasado.

-¡estoy más que satisfecha!- exclamó Shauntal cerrando su cuaderno de notas. El cristal de sus lentes resplandeció- siento que pudo escribir todo un nuevo libro ahora.

-¿y qué hay de mí?- preguntó Clemont.

-ah sí, eso es fácil.

Shauntal se puso detrás de Miette y le alzó la falda revelando nuevamente esa prenda íntima sugestiva.

-¡kyaah!-gritó Miette.

Clemont dio un grito ahogado y cayó al suelo. Convulsionó un par de segundos y luego quedó inerte. Blanco y con su alma asomándose por su boca.

-¡¿y ahora porque hizo eso?!- gritó Miette- ¡¿y cómo es que las sigo teniendo puestas?! ¡Estoy segura de habérmelas cambiado junto con toda mi ropa!

-jojojo algunas cosas no tienen explicación- rio shauntal- pero así las maldiciones se le quitaran.

-¿y-y-y-y no reforzara el encanto?

-si.

-¡¿entonces…?!

-eso no tenía solución desde un principio- respondió Valeria-. Están destinados a estar juntos quieras o no.

Miette quedó blanca como el papel y su silueta pareció la de un garabato. El alma de Clemont revoloteaba a su alrededor.