Punto de vista de Judy Hopps
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—¿Cómo me veo? —se acomodó su clásica camisa verde, su favorita por resaltar con el color de sus ojos—. Sabes bien que la primera impresión es muy importante.
Sonreí por su visible nerviosismo al tanto que le acomodaba cuidadosamente su corbata entre las solapas de su camisa hawaiana.
—Vas a cautivarlos con tu encanto —le di una mirada con un parpadeo lento denotando suma coquetería en mis cándidas facciones.
Agachó ligeramente su cuerpo para dejar su rostro a mi altura—. Así caíste rendida a mis brazos, preciosura —habló contra la comisura de mis carnosos labios, provocando que me sonrojara y prefiera esquivar su contacto.
Irguió su tronco e hizo notable nuestras diferencias en tamaño.
—Tus padres van aniquilarme —respiró con pesadez.
Negué con la cabeza evitando reír, ya que, nos encontrábamos frente a mi acogedora residencia.
Desde que llegamos a Bunny–burrow planeé llevarlo a Las Madrigueras, para que conozca mi familia y podamos tener un hogar confortable donde pernoctar, aun cuando toda la mañana mantuve el temor de su rechazo. No fue hasta salir de la mansión que tuve el impulso y coraje de proponerlo, obteniendo rápidamente una gustosa sorpresa.
Toqué la puerta con mucho entusiasmo y a la cuarta tocada, me recibió mi madre con gran efusividad y posteriormente nos dio el encuentro mi padre. Ambos no dejaban de apachurrarme con gran afecto, dedicándome su cariño por unos largos minutos.
—También los he extrañado...—les correspondí con un fuerte abrazo.
—¿Quién es él? —alzó la cara y su esposa le siguió. Ambos observaron al temerario zorro completamente asombrados.
—Mi nombre es Nick —se presentó, tendiéndole la mano al patriarca de mi familia, quien no dudo en estrecharla con sensatez sin borrar el asombro de su semblante; sin embargo, la sonrisa ladina de mi pelirrojo terminó por contagiarle su confianza.
Nos invitaron al gran salón donde se realizan las reuniones de gran importancia, siendo esta vez un momento especial al tener un invitado; de repente todos mis hermanos se aparecieron, regalándome muchos abrazos con lindas palabras de bienvenida, e igual como sucedió con mis padres, al visualizar al ojiverde, se sorprendieron al unísono.
—Él es Nick Wilde —sentí orgullo al anunciarlo frente a mi parentela—. El primer zorro policía de Zootopia.
Se admiraron con sumo respeto, acomodándose en los amplios sillones, mientras nosotros seguíamos firmes enfrente a los pilares de mi hogar, pues mi intención desde un inicio fue presentarlo como mi novio.
Y mi compañero de vida...—pensé, pero eso no podía decirlo con ligereza.
—Estamos muy felices por tu visita, Judy —habló Bonnie, mi madre—. Es agradable poder conocer a un gran sujeto.
Me mostré sonriente ante el dulce recibimiento—. Ambos resolvimos el caso de los aulladores.
Mis progenitores movían la cabeza, afirmando mis palabras, ya que ellos sabían de quien se trataba. Constantemente les hablé de Nick, pero no como un zorro, sino como un carismático individuo, con gran inteligencia, obviando lo sarcástico, sigiloso, tramposo y holgazán; ni que decir de mis sentimientos y de cómo me conquistó con su astucia.
—Es usted bienvenido a nuestra morada —le tomó de las manos muy sonriente; apreciando a un zorro tan apacible ante la ternura de una mamá.
—El placer es mío —le correspondió el gesto.
—¿Es él tu compañero de quien tanto nos has habado? -interrumpió Stu, mi padre—. Te escuchábamos tan entusiasmada que creíamos que se trataba de un joven conejo...—continuó—. Sonabas e-na-morada...—remató, observando a su señora, completamente incrédulo.
Nick sonrió ante la imprudencia de mi papá, pues había logrado sonrojarme; era claro que no se trataba de un conejo y tampoco creí haberles causado ese presentimiento.
—Ehm...—froté mis manos y jugué con mis dedos, meditando lo que diré sin que lo tomen a mal; tampoco significa que sean incomprensivos, desde que ingresé al ZPD ambos me apoyaron y entendieron que las presas pueden vivir en armonía junto a los depredadores, pero no como parejas.
—No es tu novio, ¿cierto? —alzó la voz—. Además, se ve muy viejo para ti...—siguió, acercándose al inmutado pelirrojo—. Sin ofender, señor.
El perspicaz zorro alzó una ceja y se carcajeó con sutileza—. Papá, ¿le puedo llamar así? -lo tomó de los hombros, recargándose levemente—. Ahora estaremos emparentados.
Mi mandíbula calló por la impresión y sin decir una palabra, estrellé suavemente una mano contra mi rostro. Quise tocar el tema con delicadeza, pero no conté con la fluidez de mi amado.
—¡Dulces galletas con queso! —se expresó mi madre, simulando que se desmayaría ante la conmoción por lo que tomó fuerte la mano de su esposo, seguramente para buscar el confort necesario para enfrentar esta inusual situación.
—Ustedes son...—habló con zozobra, mirando el rostro sonriente de Nick, quien más ampliaba su boca y exponía sus filosos colmillos al tiempo que asentía—. Son, son, son...
—Sí, papá —me centré; es ahora o nunca—. Somos novios.
Mis hermanos quedaron enmudecidos; tal noticia les había caído como un balde de agua helada.
—Sé que no es común —mostré seriedad—. Pero, el amor no ve diferencias.
—Mírenlo de esta manera —prosiguió Nick, colocándose en medio de mis padres, exactamente a sus espaldas para recargarse ligeramente sobre ellos—. Serán la primera familia inclusiva.
Y así como lo decía, los dejaba más perturbados.
—B-bueno —levantó su mirada y la fijo en los caninos de mi pelirrojo—. J-Judy, tu madre y yo estamos preocupados...—me miró de reojo con un leve temblor en su cuerpo.
—¿Por mí? —alzó un ceja sin intentar amedrentarlo, pero fue en vano.
Al observar el aspecto asustadizo de mi papá, decidí acercarme y tomar sus manos para obtener la debida atención—. Por favor...—pedí en un tono bajo—. Conversemos.
Miró a su señora por breves segundos y vi cómo se conectaron para llegar a un acuerdo.
—Hijos, necesitamos privacidad —se dirigió hacia mis semejantes, quienes se retiraron en completo desorden y cuchicheando un sinnúmero de incongruencias—. Los más jóvenes, cuiden a los niños.
Respiré profundamente y con un movimiento de cabeza les mostré mi agradecimiento; era necesario tener un poco de reserva sin tantos ojos que miren hasta el más mínimo movimiento.
Nick se posicionó a mi lado con gallardía frente de mis padres a fin de sujetar mi mano; él se notaba tranquilo, incluso más que yo y eso me impulsaba a manifestar mi sentir con valentía.
—Pasemos a la cocina —quebró la tensión mi mamá, observando nuestras manos entrelazadas, cuyo gesto simbólico tampoco pasó desapercibido por mi papá.
Les seguimos el paso en silencio, un tanto cabizbaja, pero la confianza que Nick me concedía al mantenerse apacible quitó en mi cualquier pésimo pensamiento.
Una vez dentro de la pieza recubierta en porcelanato nos ubicamos en la extensa mesa principal; nos sentamos delante a mis padres y esperamos que alguno de ellos marque el inicio de la conversación, no obstante, al presenciar sus gestos, pude sentirme confiada, ya que dejaron atrás la estupefacta agitación de sus expresiones.
—Soy Stu y ella es mi esposa Bonnie —empezó por una presentación formal—. Nosotros nos dedicamos al trabajo en la granja, es un negocio familiar —se abrió con naturalidad frente a la atenta mirada del ojiverde—. Aquí criamos a nuestros hijos...
—Judy creció siendo amada bajo el amparo de su familia —tomó la mano de su esposo como soporte.
—Desde la niñez demostró valentía y mentalizó ser una oficial...—enfatizó mi padre.
—Mi niña siempre quiso hacer un mundo mejor...—recibí una mirada maternal y le respondí con una leve sonrisa.
—Luego tuvo un altercado con un zorro...—le señaló con el dedo índice, logrando que Nick frunza el ceño, pero sin verse incómodo—. Dejándole ciertos traumas y por ende a nosotros también...
—Al final nos enseñó a superarlo...—resaltó mi madre.
—Y pudimos llevar una relación amical con tus iguales...—llevó una mano a su pecho, exactamente a la altura del corazón, quizá por la aflicción del momento—. P-pero n-no algo así...
—¿Así? —arrugó la nariz, mostrándose levemente molesto.
—No quiero ser descortés...—habló con quietud—. Solo que, es difícil de entender, u-ustedes s-son de distintas e-e-especies.
—Sí, soy un zorro, pero me enamoré de una coneja —gruñó entre dientes—. ¿Algún problema?
—Nick, por favor...—procuré darle sosiego, acariciando su pecho para que no se exalte.
—N-no es aceptado socialmente...
—Stu...—susurró mi mamá, palmeándole la espalda con suavidad.
—Y usted cree que me importa la sociedad —lo miró con firmeza, sin siquiera parpadear—. Amo a Judy Hopps —se paró con ímpetu y estampó sus manos contra el tablero de madera estruendosamente—. Haría lo que fuese para estar con ella y nadie me alejará de su lado, ¡que le quede claro!
Mi corazón se estrujó dentro de mi pecho y sentí una enorme dicha por cómo se lo aclaraba a mis progenitores, con las agallas suficientes de no dar su brazo a torcer, a pesar de la chocante realidad.
—Y-y-yo...—quedó atónito, sin embargo, él fácilmente pudo largar al osado zorro, pero no lo hizo a pesar de estar en su derecho como padre, intuyendo de tal forma su aprobación, ya que el comportamiento imponente de Nick al mostrarse seguro de sí, le debió causar seguridad.
—Papá, no soy una niña —mostré serenidad, aprovechando la buena aura positiva en el ambiente—. Respeta mis decisiones.
Él soltó un hondo suspiro antes de mirar a su pareja; después ambos exteriorizaron su consentimiento y con el movimiento de su cabeza entendí su aceptación.
—Tu padre y yo, deseamos tu felicidad —sonrió con amplitud.
Nick volvió a tomar asiento, un poco más sosegado.
—Eres parte de la familia —le extendió la mano, la cual fue estrechada con entereza—. Júrame que cuidarás a mi hija —apretó el agarre, sin dejar de mirarlo a los ojos.
Siempre fui sobreprotegida, por consiguiente, el temor más grande de mis padres es el riesgo que involucra la profesión que escogí, la cual no los deja dormir sin saber de mi cada noche. Para ellos Zootopia no es un lugar seguro para una tierna y débil conejita del campo, aunque mi esfuerzo haya podido destruir ese estereotipo prefieren contar con la protección de un depredador las 24 horas del día.
—Lo Juro —le devolvió el apretón junto a una sacudida de manos—. Daría mi vida por ella.
Una dolorosa punzada se fijó estremeciendo mi interior, ya que volvía a recalcar lo que horas atrás dejé concluido, dándole la certeza necesaria para que sienta lo importante que es su presencia para mí. Pese a mi tormento, intenté no martirizarme y opté en creer que solo se trata de un compromiso por consideración, puesto que tendré alguien que vele por mi integridad.
—Nick, eres un verdadero macho.
—Muchas gracias, Stu, o mejor dicho, papá.
Ambos enseñaron sus dentaduras al liberar la tensión y desfogarla en una sonrisa.
—Cuéntame un poco de ti —le incitó con amabilidad—. ¿A qué te dedicabas antes de ser policía?
—Fui comerciante —sonrió de lado, mirándome de reojo; obviamente comercializaba, pero cuando lo conocí era un charlatán y descarado estafador.
—Nos vamos a comprender muy bien —se impresionó—. ¿Te gustaría conocer el proceso de producción agrícola?
—Por supuesto —mostró su disponibilidad—. Los arándanos que cultivan son mis favoritos.
—¿Lo has probado?
—Tuve la suerte de disfrutarlo.
—Podrías unirte al negocio familiar —se levantó efusivamente, arrastrando la silla y originando un chirrido estrepitoso—. Solo tengo hijas adultas y mis niños aún están pequeños —miró al ojiverde, quien se puso de pie con lentitud—. Siempre desee un hijo que me comprenda.
—Bueno, papá, ha escuchado la frase: ¿el tiempo es plata?
—N-no...
—Es una lección de vida -lo atrajo a su lado, para posar su brazo sobre los hombros de mi padre-. Yo le puedo dar algunos consejos de marketing para que su negocio llegue a expandirse.
—Hijo, ¿harías eso por mí?
—Es mi suegro, ¿qué no haría por usted?
—Nunca pensé que tendría un yerno tan capacitado en los negocios...—quedó anonadado, llevando su brazo a la espalda del zorro, pues al tener baja estatura no le permitía sujetarlo de la parte superior lateral—. A pesar de tener una edad avanzada, es decir, para mí, Judy será una niña pequeña y tú te ves un poquito mayor...
—Envejecer no es juventud perdida, sino una nueva etapa llena de oportunidades...
—Si-si-si-si...—lo guió fuera, rumbo a la campiña—. Yo también me siento jovial...
En mis adentros sentí una paz interior, al final terminó bien. La voz de mi padre es el último veredicto ante cualquier circunstancia.
—Judy, somos tu apoyo incondicional —me extendió los brazos y pude fundirme en el calor de una madre amorosa.
—Gracias, mamá.
—Por ahora quedará en nosotros —acaricio mis largas orejas con suavidad—. Todavía es una prohibida verdad...
—Lo sé...—tal como lo dijo dolía menos, aunque sea cuento con el soporte familiar que es lo único que realmente importa.
—Hija...—habló apenas—. ¿Ustedes ya intimaron?
La sangre recorrió por todo mi cuerpo a gran velocidad hasta posicionarse en mi rostro y encender mis mejillas.
—¡Mamá! —me horroricé con vergüenza, separándome de ella.
Rápidamente oí ciertas voces conocidas que murmuraban desde el otro lado de la puerta paralela a la entrada original.
Caminé en puntillas de pies y agarrando la manija lo abrí en seco, exhibiendo a mis hermanas mayores—. Son unas chismosas...—estreché los ojos, agitando un pie contra el suelo; estaba molesta.
—Judy, no aguantábamos las ganas...—habló una.
—¡Te metiste con un zorro! —luego la otra—. ¿Ya lo hicieron?
—Pero es tan apuesto...—continuó la siguiente—. Los zorros del campo son barrigones...
Sucesivamente empezaron atormentarme con una infinidad de preguntas, que resultaban ser graciosas e incómodas.
—¡Cállense! —me crucé de brazos.
—Ya que están aquí, ayudarán a servir la cena —sentenció mi mamá, rescatándome de tanta loca hormonal.
A una brevedad se decoró la mesa con una fina tela de encaje a base de hilos de seda y algodón, antes de posicionar cada plato de porcelana fina junto a los cubiertos de plata, los cuales han pasado de generación en generación.
—¡La comida está lista! —avisó mi madre, tocando el timbre pegado al umbral, que repercutió en todos los rincones de mi enorme vivienda así como también en el huerto, llamando a cada uno de mis parientes.
Cada quien conocía su puesto, ubicándose debidamente y en silencio, excepto los niños, quienes entraron escandalizados, jaloneando de las manos al nuevo miembro, con alegría; al parecer este zorro tenía suerte hasta con los más pequeños.
—¡Qué joven más apuesto! —se expresó mi cándida abuela, retirando a sus pequeños nietos para dirigirlos a sus lugares. Por lo que veo, nadie se le resiste a él.
—Por favor, estás en tu casa —invitó mi padre, señalando el asiento del costado.
—Tu familia es muy agradable —susurró, brindando el paso con caballerosidad para sentarme a su izquierda.
Su espontanea acción hizo que sonría con franqueza.
—Nick Wilde, el novio de mi hija —alardeó mi papá con un significativo gesto que los demás siguieron con júbilo.
—¡Buen provecho! —incitó mi mamá, tendiendo los tazones de: consomé de verduras, arroz a la jardinera y crema de manzana, para que puedan servirse al gusto.
—¿Cuándo vendrán los niños? —interceptó mi padre en el instante que mi confundido pelirrojo se servía, empezando por el puré de fruta.
—¿Niños? —preguntó, desconcertado.
—Hijos, ¿ya lo pensaron? —le lanzó una fuerte palmada contra el omóplato, ocasionando que un perplejo zorro suelte el cucharón, no por el golpe sino por la impresión—. Claro, después del matrimonio —recalcó—. Porque deben crecer en un hogar constituido.
—Hi-hijos...—sus pupilas se expandieron, levantando ambas cejas en una mueca desorientada.
—¿Cuántos tendrán? —insistió, ahora apretándole el hombro—. Nos gusta ampliar nuestra descendencia.
—C-cu-cu-cuántos...—tartamudeo, completamente turbado.
—Papá, detente...—mascullé, haciendo un ademan con las manos para que deje de hablar, ya que el semblante de Nick se tornó amarillento.
—¿Sucede algo? —se situó mi madre a lado de su esposo.
—¡Querida, pronto seremos abuelos!
Mi madre se sorprendió, cubriéndose la boca con ambas manos, mientras el ojiverde hacía un sobreesfuerzo por no desplomarse frente a las atentas miradas.
—¡Papá! —refunfuñé entre dientes.
Una vez que empezó la plática, el ambiente se amenizó por largas horas, compartiendo el tiempo junto a mis iguales y prevaleciendo las voces de mis progenitores, quienes destacaron por su empatía hasta concluida la cena.
Se destinó una habitación para el pelirrojo en la planta baja de mi domicilio, ubicándose lejos del dormitorio que compartía con dos de mis hermanas menores que por casualidades de la vida, se fueron de campamento y, por lo tanto, no desaprovecharía esta oportunidad.
Esperé que el reloj marque la medianoche para armarme de valor y salir descalza, sin hacer ruido para no generar sospechas, por lo que me tomé un tiempo hasta llegar a la pieza designada por mis padres.
Necesito un beso de buenas noches...—entré sigilosamente, amparada bajo la lúgubre oscuridad, observando apenas una silueta que reposaba contra la cabecera de la cama, como si estuviese sentado, esperándome.
—Ya te vi...—el dueño de aquella áspera voz ocasionó en mí un ligero sobresalto, ya que él contaba con visión nocturna a su favor—. ¿Me extrañabas? —la imagen de sus colmillos se visualizó gracias al resplandor de la luna que traspasaba a través de una pequeña ventana circular.
—Shh...—siseé, adentrándome a paso lento y al compás de mis caderas hasta reposar una rodilla al borde de la cama y acercarme a gatas con verdadera seducción—. Quiero amanecer encima de ti...—susurré de un modo sensual, posicionando mi trasero sobre su entrepierna.
—Tu olor me aturdió por un par de horas...—me regañó, rodeando mi cintura con sus fuertes brazos.
Si tan solo supieras que ando en etapa fértil...—me estremecí a causa de sus frías manos que descendieron hasta mis nalgas.
—Si no venías, iba yo...—susurró, jugando con los pelos de mi esponjosa colita, tirando de ellos y provocando una corriente en mi espina dorsal.
Me relamí los labios, al tanto que desabotonaba mi camisero frente a sus impacientes ojos verdes, llenos de lujuria, los cuales se recrearon al ver mi desnudez antes de guiar sus manos suavemente a mis redondos y calientes pechos.
—Nick, ¿me abandonarías? —contorneé su mandíbula con dos dedos, guardando la inquietud ante su negativa de ser padre.
—Hoy demostré lo que vales para mí —rechinó los dientes, indicando su molestia.
—Sí, p-pero...
—Silencio —finalizó, apegando mi cuerpo contra el suyo de forma desesperada y así tener la facilidad de cambiar la posición, tendiéndome contra las finas sábanas de seda al instante que se acomodaba entre mis piernas para rozar nuestros deseosos sexos.
Solté un moderado gemido contra la vehemente boca que se apoderaba de la mía de una forma dominante, de modo que, decidí entregarme con sumisión y perderme en sus fogosas caricias que marcarían el ritmo de nuestra ardiente unión.
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Palabras del autor
Un capítulo mesurado luego del anterior que dejó a más de uno con los sentimientos encontrados; ¿Qué deparará el siguiente? Hasta el próximo.
↠ Disculpen por la demora, al principio pensé dejar de publicar en fanfiction por mi preferencia en Wattpad, pero aquí también mantengo buen público y seguidores, por ello continuaré por aquí y no los dejaré.
Publicaré este sábado.
Siguiente capítulo: TENTACIÓN CENSURADA (+21)
