Hola, los personajes del Twilight no me pertenecen, y la historia es de blueberrytree, solo me adjudico la traducción.
Disfrútenlo
Capítulo 11
Bella no podía contener la sonrisa que estaba estampada en su rostro al ver a Edward en la cocina de su apartamento. Él tenía la radio encendida en su estación favorita de Classic Rock y organizaba los ingredientes que necesitaría para cocinar un cheescake para la chica que estaba solo a unos metros de distancia.
―Anthony va a estar celoso ―comentó Edward, girándose y mirando a la morena que tenía al conejillo de indias en sus manos. La morena acariciaba al pequeño animalito y precia de verdad a gusto, recibiendo las atenciones de su dueña, emitiendo un sonido que divertía a la chica.
―Ya recibió mimos en la mañana ―habló―. Ahora es el turno de Marie. Está portándose tan bien, no está con miedo. Creo que ahora está confiando más en mí.
―Anthony apenas te vio y ya cayó en tus encantos. Aparentemente le diste el nombre correcto ―bromeó y Bella esta vez sonrió aún más.
―Ni parece que ya son dos semanas de que los trajimos. El chico de la tienda estaba en lo cierto cuando dijo que ellos se adaptan con facilidad ―dijo, levantándose y yendo hasta Edward―. Y creo que Marie también cayó en tus encantos rápidamente. Siempre te queda mirando cuando entras a casa.
―¿Verdad? ―preguntó con una sonrisa en el rostro y aprovechando para pasar su dedo índice por la cabecita del animal―. ¿O estamos usando metáforas idiotas solo porque los conejillos tienen nuestros mismos nombres?
―También. ―Se carcajeó y en seguida se puso de puntas de pies para darle un beso a Edward―. Estoy prácticamente en las nubes cuando entras por esa puerta.
Edward quería decirle que también se sentía así, que estar con ella siempre era la mejor parte de su semana y, si fuera sincero consigo mismo, era la mejor cosa que le había pasado en los últimos tiempos; pero tenía miedo de lo que ese hecho podría significar para la chica. Cuando tenía que exponer algún tipo de sentimiento, Edward siempre se echaba para atrás. Sin saber qué decir, simplemente besó a la chica y, de momento, eso pareció ser un buen alivio para ambos.
Los besos y las caricias que estaban intercambiando tampoco ayudaban ni un poco a la situación confusa en la que él se había metido. Eran noches enteras las que el chico de cabello cobre gastaba pensando en el rumbo loco en el que su vida estaba, y cuando más pensaba en lo que podría hacer, más se sentía sin dirección. Sabía que simplemente no podía abandonar a Lauren y la relación que habían construido hace casi cinco años, pero también se sentía mal por estar enredado con Bella y por darse cuenta, día a día, que lo que sentía por la morena no era algo pasajero. Eso le asustaba más que cualquier cosa.
Bella estaba intentando aprovechar los buenos momentos que los dos tenía para estar juntos. A veces andaba un poco cabizbaja, principalmente cuando Alice le hablaba sin parar de cómo su noviazgo con Jasper estaba yendo de bien, pero era algo que siempre pasaba cuando Edward estaba a su lado. Él era la causa de la felicidad y del desespero de la morena, ella nunca había sentido cosas de ese tipo.
―Si estás tan cerca de mí es capaz que no acabo ese cheesecake ―dijo mientras se lavaba las manos―. Prefiero mil veces estar sentado en esa cama, llenándote de besos que cocinando, y mira que amo cocinar.
―Ok, regresaré a la cama. ―Rió―. Y voy a poner a Marie de regreso en su casa porque Anthony parece estar celoso.
―¿No te dije? Conozco a mi hijo.
―¿Tu hijo?
―Los compramos juntos. ―Se encogió de hombros, sin girarse para que Bella pudiera ver su expresión―. Y tiene mi nombre.
―Ok… ―decidió concordar con buen humor―. ¿Nos vamos a quedar todo el día aquí en casa?
―Eres quien decide. No me importa.
―Lo que sea. Pensé que quizá podríamos hacer alguna cosa que está en mi lista.
―¿Tipo qué?
―No lo sé. Eres quien estaba encargado de ayudarme con esa parte.
―Lo sé, tengo planeado algo para hacer esta semana ―contó.
―¿Qué?
―Sorpresa.
―¡No vale! ―exclamó, fingiendo estar enojada―. Adoras intentar sorprenderme.
―Es más chévere cuando no sabemos lo que está por venir ―provocó―. Y hoy estás realizando una cosa que nunca hiciste. Nunca tuviste la gran oportunidad de comer un cheesecake preparado por Edward Cullen.
―Gran cosa… ―murmuró.
―¡Mira la ofensa! Estoy aquí cocinando para ti, con la mayor voluntad, y es así como me tratas…
―Disculpa. Lo dije en broma.
―Está bien, puedes quedarte ahí, creyendo que no es nada de importancia, pero te garantizo que vas a comer un pedazo y después vas a pedir que te lo haga siempre. Y ahí voy a ser malvado y te voy a decir que no te lo hago nunca más ―dijo serio, pero estaba solo burlándose con las expresiones de la morena.
―¡Argh, para de ser malo! No permites que vaya contigo ―habló, desparramada en la cama―. Termina con eso pronto.
―¡Y todavía exiges que cocine rápido! Mira el abuso, doña Isabella. Eso no estaba en nuestro acuerdo de amistad.
―Tantas cosas que no estaban en nuestro acuerdo… ―dijo y, esta vez, Edward no pudo evitar mirar hacia atrás.
―¿Eso es bueno o malo? ―preguntó.
―¿Ahora? ¿En este exacto momento? Maravilloso. Increíble. ―Sonrió.
―Bien. ―Sonrió de vuelta y continuó cocinando―. Que permanezca así.
Bella quería decir que estaba en las manos de él, pero decidió quedarse callada esta vez. Sus ojos seguían a Edward de un lado para otro en la cocina y, sin darse cuenta, terminó durmiéndose.
La morena sintió que la cama se movía y abrió lentamente los ojos. Edward estaba acostado al lado de ella y, apenas pudo acomodarse, colocó los brazos alrededor de la chica. Ella aún estaba un poco soñolienta, pero le dio un leve beso en los labios.
―¿Demoré tanto que te dormiste? ―bromeó.
―Tomé una siesta sin darme cuenta. Disculpa.
―Está bien, no quería despertarte. Puedes volver a dormir si quieres.
―No. ¿Ya está mi cheesecake?
―Tienes que dejar que se enfríe, baby. No está para comerlo ahora.
―Mierda ―dijo, haciendo un puchero. Edward solo rió.
―Eres tan linda, Bella ―habló, pasando la mano por el rostro de la morena.
―¿Esa es una manera de intentar consolarme porque no voy a comer el cheesecake ahora?
―No, solo quise comentarlo ―dijo, pasando el índice por el labio inferior de la chica.
―Gracias. Quisiera que no fueses tan adorable ―confesó―. Es difícil evitar todo lo que siento cuando actúas así.
―No sé qué decir ―admitió―. Todo lo que estamos viviendo es difícil para mí también. A veces quisiera que no hubiesen pasado muchas cosas.
―Lo sé ―concordó. Bella estaba feliz de ver que él estaba confesando un poco de lo que pasaba por su mente, no era algo que pasara todos los días, en medio de la amistad colorida que llevaban―. ¿Preferirías que no existiera en tu vida?
―A veces sí ―reveló a la morena y ella se sintió un poco herida. Por más que todo fuese complicado, ella jamás se arrepentiría de haber conocido a Edward―. Pero solamente porque mi vida sería fácil, como fue en los últimos cinco años. Ahora que estás aquí, que tenemos esto… no quiero estar sin ti ―dijo, llevando sus labios hasta los de Bella.
―Hay días en los que voy a dormir y me pregunto qué mierda estoy haciendo… ―contó Bella―. Pero por algunos minutitos me acuerdo de alguna cosa que dijiste o hiciste…
―¿Y entonces?
―Es ahí cuando veo cuán jodida estoy. ―Rió―. Estoy tan jodida. Y aún ni siquiera estamos jodiendo.
―¿Aún? ―preguntó con una ceja alzada.
―Ignóralo. Solo besos.
―Ok ―dijo con una sonrisa.
―¿Por qué?
―¿Ah? ―preguntó, sin entender lo que a la chica le gustaría saber.
―¿Por qué preguntaste "aún"? ¿Quieres acostarte conmigo? ―preguntó de pronto.
―Eres quien dijo "aún", quedé curioso con el uso de la palabra.
―No huyas de mi pregunta.
―¿Qué sacas con que te responda?
―Matas mi curiosidad, es eso.
―Quiero y al mismo tiempo no. Quiero, porque te deseo, cuando te beso me excito, me dan ganas de hacer cosas además de lo que hacemos. Y no quiero porque ya estamos en una situación complicada, cuando el acto más íntimo es un intercambio de besos. Y sería para que nuestra situación se volviera aún más difícil.
―Ok ―fue todo lo que dijo ella.
―Te preguntaría lo que piensas sobre eso, pero tengo miedo de cuál sería tu respuesta. Creo que prefiero no saberlo.
―Quizá sea mejor ―dijo, pasando la mano por el cabello de él―. Pero independientemente de lo que pienso, tus besos ya son suficientes para mí.
Estaban tan cómodos acostados en la cama y abrazados, que optaron por pasar el resto del tiempo que tenían de esa forma. Bromeando, riendo y de repente dándose besos y sintiendo el aroma del otro. Ahora, cuando él tenía que irse, Bella hacía esfuerzo para no desanimarse, y a veces funcionaba.
Apenas Edward pisó la casa, vio a Lauren sentada en la mesa del comedor, con una ensalada. Lo observó y no dijo ni una palabra, apenas lo seguía con los ojos. El chico se asustó, se sentía como un niño que fue atrapado cometiendo una travesura. ¿Será que sospechaba?
―Creí que ibas a llegar más tarde ―fue la primera cosa que salió de la boca de él.
―¿Sí? ¿Por eso llegaste hasta esta hora? ―indagó.
―No. Yo… ―Estaba nervioso, intentaba pensar en alguna cosa para inventar. No quería poner el nombre de su hermana en el juego y tenía miedo de contar sobre Bella, ahora que estaban interactuando de una manera que definitivamente no podía ser descrita como amistad―. Me encontré a un amigo de cuando vivía en Bronx. Terminamos saliendo para tomar una cerveza… perdí la noción del tiempo.
Lauren no supo decir si estaba mintiendo o no y, sinceramente, no sabía si le importaba saber la verdad de lo que estaba contando. No creía que Edward era lo suficientemente valiente para tener una amante, conocía al chico lo bastante para saber que no cambiaría la vida que llevaba por una mujer cualquiera. En cinco años de relación, nunca había hecho algo del tipo y ahora, con la fecha del matrimonio marcada, él no mandaría todo por un caño. Si encontró un amigo y habían simplemente charlado, a la rubia platinada no le importaba, pero tenía miedo de que el contacto con alguien del pasado hiciera que Edward buscara a las personas que dejó en Bronx, y eso si le traía preocupaciones a la mujer. La familia del hombre con quien eligió casarse jamás apoyó aquel matrimonio, y tenía miedo de lo que el sentimentalismo barato de los padres de él y la hermana pudiesen hacer, metiéndolos en problemas en los meses que faltaban para el gran evento.
―¿De verdad? ¿Cuál es su nombre?
―Mario ―respondió inmediatamente. Edward, de hecho, tenía un amigo llamado Mario, pero no hablaba con él hace años. Por algunos segundos le dio curiosidad saber en dónde estaba su amigo, con quien compartió buenos momentos en su infancia y adolescencia.
―Creo que ya me has hablado de él. Un mexicano, ¿verdad? ―preguntó.
―Era americano, sus papás eran mexicanos.
―Es igualmente un inmigrante… ―bromeó.
―¿Si? Sabes que soy hijo de una, ¿verdad? ―preguntó y Lauren se preocupó. No le gustaba cuando peleaban y principalmente por algo relacionado al pasado de Edward.
―Claro que lo sé ―respondió, tomando un trago de su vino tinto―. ¿Cenaste con tu amigo? Ven a tomar un vino conmigo, por lo menos.
Edward no tenía ganas de sentarse y conversar, pero terminó juntándose a su prometida para intentar agradarla. Sabía que ya estaba pecando demasiado en esa relación. Le dio la atención que pedía y eso a ella le agradaba demasiado. Mientras ella hablaba, él miraba al rostro tan familiar, a la mujer con quien pasó los últimos cinco años y se preguntaba internamente si estaba enamorado de Lauren, si en algún momento en que estuvieron juntos sintió que ella era la mujer de su vida. Infelizmente, no encontró respuestas.
Cuando se acostaron a dormir, Lauren intentó seducir al chico; con los años ella sabía lo que a él le gustaba y lo que lo dejaba lo suficientemente excitado para poder satisfacerla. El sexo fue más rápido de lo normal y no había notado mucho la diferencia, pues había logrado llegar al orgasmo. Por su parte, Edward sabía muy bien lo que lo había incomodado tanto: la culpa.
La pareja de amigos se encontró nuevamente en medio de la semana y de la manera que Bella jamás lo estaba esperando. Faltaba una hora para que dejara el bar cuando Edward le mandó un mensaje, avisándole que estaba camino al local para tomar una cerveza y ver a cierta morena a la que no podía sacar de su mente. Bella quiso responder diciendo que ya había escuchado piropos más creativos en el bar, pero estaba demasiado nerviosa para eso.
―¿Qué pasó? ¿Recibiste un mensaje diciendo que alguien murió? ―preguntó Alice, mirando que su amiga estaba completamente pálida.
―No. Solo algo que no me esperaba ―respondió nerviosa. No quería ni imaginarse qué iba a pasar cuando Edward llegara al pub. Quería mandarle un mensaje, diciéndole que no apareciera de ninguna manera; pero al mismo tiempo, quería la presencia de él y tenía miedo que se sintiera ofendido.
―Ah, sí, entendí. ―La verdad, la única cosa que Alice había entendido era que Bella no quería contarle nada a ella, pero ya estaba acostumbrándose a que las cosas funcionaran así en esa amistad. Habían secretos que, infelizmente, Bella no quería compartir―. Mierda…
―¿Qué pasó? ―preguntó Bella.
―Mira hacia atrás, pero sé discreta. Un tipo muy guapo está entrando en el pub.
Bella no necesitó girarse. Sabía muy bien quién era. Sus manos comenzaron a sudar y el vaso que estaba llenando de cerveza casi escapa de su alcance. Ella no quitaba los ojos de Alice y sintió el exacto momento en el que alguien se sentó en el banco del bar que estaba a su lado.
―Bella, atiende al cliente, tengo que tomar el pedido de la mesa cinco ―dijo Alice y salió de detrás del mostrador, picándole el ojo, para nada discreta con su amiga.
―¿En qué puedo ayudarte? ―preguntó la morena, girándose y encontrándose de frente con los ojos verdes que conocía tan bien.
―Hmmm… déjeme pensar ―reflexionó y abrió una enorme sonrisa a la morena. Sus ojos pararon exactamente en la línea de los labios de la chica―. ¿Qué será que quiero?
―Edward, Alice no puede saber ―dijo rápido, aprovechando que su amiga no estaba cerca―. Por favor.
―Una cerveza ―respondió―. Budweiser.
―Ok. ―Sonrió y llenó un vaso para el chico a su lado―. ¿Alguna cosa más?
Él miró el reloj y chequeó cuántos minutos faltaban para la salida de la morena.
―45 minutos más y espero tener lo que quiero.
Bella intentó atender a los otros clientes, pero sus ojos no se apartaban de Edward, y él tampoco podía evitar mirar a la morena. Los minutos finales parecieron horas y cuando el reloj marcó la media noche, Edward era el último cliente y pagaba su cuenta para irse.
―Gracias por la atención ―dijo a la morena.
―De nada.
―¿Sabes dónde hay un Walgreens aquí cerca? ―preguntó.
―Hay uno en la esquina. Apenas salgas te vas a encontrar con él.
―Gracias ―respondió, rogando para que Bella entendiera su mensaje.
Cuando él dejó le bar, Alice ayudó a Bella a arreglar todo. Gracias al hecho de que el pub no había tenido muchos clientes, ellas no tardaron tanto tiempo en la limpieza como les llevaría en un viernes o un sábado.
―Es muy guapo ―comentó Alice.
―¿Quién? ―preguntó Bella, nerviosa.
―El tipo al que atendiste.
―Ah, sí.
―Solo no entiendo cómo puedes decir que no ves futuro en esa relación. Para mí, él parecía bastante interesado en ti, amiga mía… ―Rió―. Ay, Dios, sabes que nunca imaginé ver lo que vi hoy.
Bella no sabía qué decir. ¿Cómo se dio cuenta Alice? Ellos apenas intercambiaron palabras.
―Bella, relájate. Para de hacer esa cara de espanto. Disculpa, pero escuché hasta a Patrick decir: "vino aquí a trabajar, no a coquetear". Si quieren que nadie sospeche, intenten comerse menos con los ojos.
―Puta mierda ―fue la única cosa que logró sacar. Colocó la mano en su rostro y bajó la cabeza. Alice solo reía.
―Ahora que ya lo conocí, ¿vas a parar de negarte y aceptar salir conmigo y con Jasper y llevarlo a él?
―Alice… es complicado ―dijo bufando.
―Bella… déjame ser tu amiga.
―Se va a casar ―admitió nerviosa.
―¿Contigo? ―preguntó Alice y Bella miró a su amiga como si fuera la persona más retardada del universo―. Ya, disculpa.
―Tengo vergüenza ―confesó―. No quería que la situación de él fuera esa y eres mi amiga, no quería que me juzgaras o pensaras mal de mí. Es por eso que dejé de contarte algunas cosas.
―Mira, Bella. No te voy a decir que estás haciendo lo correcto. No creo que ser la amante de alguien es algo bueno, el matrimonio de mis padres fue destruido justamente por culpa de eso. Pero existen casos de casos…
―Me gusta.
―Lo noté.
―Por ahora solo quiero aprovechar lo que tenemos.
―¿El sexo? ―preguntó y Bella rió.
―No estamos follando. Solo estamos juntos, nos besamos un poco, nos consentimos… Tenemos la cosa más simple del universo. Sé que estoy haciendo mal, pero es tan bueno, Alice. Es todo lo que solo veía y nunca sentía.
―Oh, Bella… ―dijo Alice, acercándose a su amiga y abrazándola. Bella se sintió mal por algunos segundos, pero después abrazó a la pequeña de vuelta, sintiendo un nudo en la garganta―. Ten cuidado.
―Lo intento, pero me enredo más cada día. No puedo volver atrás, parece que cada vez las cosas empeoran ―dijo con voz de llanto.
―Haz lo que tu corazón te diga.
―Mi corazón solo me va a joder aún más.
―Entonces, cuando estés jodida por completo, me buscas, ¿ok? Soy pequeñita, pero doy buenos abrazos, ¿está bien? ―preguntó, apartándose de su amiga y ofreciéndole una sonrisa.
―Bien ―asintió.
―No llores.
―Lo intento, no tienes idea de cuánto. ―Le dio una sonrisa apagada.
―Vas a encontrarte con él en Walgreens, debe estar preocupado porque te estás tardando tanto.
―Prestas atención a todo, ¿eh? ―preguntó y esta vez se rió verdaderamente.
―Hasta parece que me conociste ayer, Bella. Está bien ¿ok? Estoy aquí. Quiero siempre tu bien.
―Gracias ―agradeció el hecho que su amiga no haya hecho escándalo o haya intentado insistir en que le contara absolutamente todo lo que había pasado entre ella y Edward. Por primera vez, Alice pareció saber respetar el espacio de Bella.
―De nada, ahora vete. De verdad, es muy guapo. ¡Es para felicitarte! ―dijo y, como si quisiera dar énfasis a lo que dijo, comenzó a aplaudir.
―¡Detente, Alice! ―Se carcajeó Bella.
―¡Vete ya! Hasta mañana.
―Hasta mañana ―dijo, caminando hasta la puerta―. Gracias, de verdad. Eres la única amiga que tengo aquí.
―Vete ahora mismo, para de intentar ser más linda que yo; eres la persona relajada, yo soy la tiernita. Puedes preguntarle a Patrick ―dijo con una sonrisa.
―Que se joda Patrick. ―Rió.
―Eso, ahora estás actuando más como la Bella que conozco. El problema es que, sabes que las cámaras también graban audio, ¿no? ―Alice dijo y la cara de pavor que Bella hizo dejó a la pequeña carcajeándose―. Es mentira, pero de verdad… tu cara. Impagable.
―Eres ridícula.
―Chao. Buenas noches ―deseó entre carcajadas.
―Buenas noches.
Edward estaba caminando de un lado para otro en Walgreens. Ya había ido del primer al segundo piso y vice-versa muchas veces. Miró varios productos y chequeaba la hora a todo momento. Cuando Bella finalmente entró en la tienda, consiguió respirar aliviado.
―¿Qué pasó? Te tardaste casi una hora ―comentó, observando a la morena acercarse a él.
―Me quedé arreglando el bar con Alice y empezamos a conversar.
―¿Qué pasó, baby? Tienes una expresión triste ―dijo, halando a la chica a sus brazos.
―Alice lo sabe.
―¿De nosotros? ―indagó y Bella asintió―. Mierda. No debí haber ido, disculpa, Bella. Siempre estropeo todo. No ha llegado el día en el que haga algo correcto.
―No… no es eso, estoy feliz porque lo sepa. Reaccionó mejor de lo que imaginaba, creo que por eso estoy abatida ―contó.
―¿Entonces está todo bien? No me gusta verte con esa cara ―dijo, dándole un beso en la frente a la morena.
―Sí, vamos ―habló, apartándose de él―. ¿Vas a dormir en casa? Ya está tarde.
Bella sabía que cuando Edward la encontraba tarde era porque Lauren estaba viajando por algún negocio. Edward le había comentado algo sobre unas conferencias que la mujer estaba dando por algunos estados americanos, pero lo ignoró y le informó que le gustaría saber lo mínimo de información sobre Lauren. A partir de ese momento, Edward tenía todo el cuidado del mundo en mencionar el nombre de su prometida.
―Si no te incomoda.
Bella rolo los ojos.
Cuando llegaron al apartamento de la morena, ella pidió permiso para tomar un baño mientras Edward se acostó en la cama y encendía el televisor. Apenas ella salió del baño, el chico no consiguió evitar y miró la ropa que ella traía: un modesto short negro y una blusa blanca, que dejaba claramente a la vista que no estaba usando sostén. Por algunos segundos se cuestionó si lo hacía a propósito, pero sabía que Bella no era de ese tipo de personas. Probablemente no se había dado ni siquiera cuenta del efecto que esa ropa tendría en él.
―¿Qué estás mirando? ―preguntó, haciendo a un lado el cobertor y acostándose al lado del hombre.
―Family Guy ―respondió―. Pero ahora que estás aquí bajo las cobijas, conmigo, prefiero hacer otra cosa ―dijo, acercando el rostro de ella y dando un dulce beso en los labios de la morena.
El beso comenzó lento, con Bella haciendo un suave cariño en los sedosos cabellos cobres y Edward trazando la oreja de ella con el pulgar. Sus lenguas se encontraron sin prisa y no había urgencia ninguna en correr con aquello. Tenían toda la noche por delante. La cuestión es que a veces el deseo habla más alto y, consecuentemente, la respiración se vuelve jadeante, el beso un poco torpe, más rápido, con más ganas. Edward mordisqueaba la boca de la morena y ella lo adoraba. Las manos femeninas pasaban por la espalda de él, halando inconscientemente el cuerpo de él más cerca.
Como respuesta, Edward dejó que el peso de su cuerpo cayera sobre Bella y quedó entre sus piernas. La chica pareció no sentirse satisfecha con el contacto que tenían y comenzó a levantar la camisa de él. El chico no pudo pensar dos veces y la ayudó a lanzar la pieza de ropa al suelo. Mordió el cuello de ella y Bella chupó el lóbulo de la oreja de él, pues había descubierto que eso tenía el mismo efecto en él. Sin pensar mucho en lo que estaba haciendo, Edward llevó una mano hasta los senos de ella y los apretó suavemente. Eran firmes y suaves. Eran reales. En el mismo instante quitó las manos del cuerpo de Bella y miró asustado a su rostro. Había pasado el límite que habían establecido.
El rostro de la chica estaba colorado, los labios extremadamente rojos e hinchados. Inconscientemente, él miró al lugar donde su mano estuvo y claramente pudo ver los pezones de la chica a través de la blusa. Edward se quitó de encima y se acostó a un lado, colocando las manos sobre su rostro y respirando profundo.
―Discúlpame ―dijo
―Está bien ―respondió―. También me dejé llevar más de lo que debería.
―Mierda, Bella… ―dijo, sacudiendo la cabeza de un lado para otro―. ¿Qué estamos haciendo?
―No sé ―era la única cosa que conseguía responder, estaba confundida con lo que había pasado. Quería no tener que establecer reglas, quería que pudiesen actuar conforme sus instintos los guiaban―. Vamos a dormir.
Edward no dijo nada y ella apagó el televisor. El cuarto estaba negro y apenas podía distinguir el rostro de la morena frente a él, pero aun así, estiró el brazo para tocar el rostro de ella. Cuando lo sintió acercarse, Bella juró que iba a besarla en los labios, pero al contrario de lo que pensaba, él le dio un leve beso en los ojos y después en su frente. En seguida la atrajo más cerca y se quedó haciéndole un cariño en la cabeza hasta que ambos se rindieron al sueño.
No sabían muy bien lo que estaban haciendo, pero era inevitable luchar en contra de lo que naturalmente parecía correcto.
Bella se despertó de la misma forma que se durmió, con Edward acariciando su cabello.
―Baby, tienes clase ―dijo Edward, intentando hacer que la morena abriera los ojos.
―No quiero ―dijo con un puchero. Edward encontraba la cosa más adorable del universo y tenía ganas de reír.
―¿Estás segura que vas a faltar? Puedo quedarme aquí contigo hasta la hora de tu trabajo. Si quieres, puedes ir a clase y cuando llegues nos encontramos de nuevo.
Así fue acordado. Edward se iría al apartamento que compartía con Lauren, solamente para tomar un baño, agarrar algunas cosas y chequear si había algún mensaje en el contestador. Felizmente, nadie había llamado y sabía muy bien que si Lauren quería entrar en contacto con él, llamaría al celular. Poco después de salir de clases, Bella le mandó un mensaje a Edward, diciéndole que ya estaba yendo a casa.
―¿Qué estás haciendo aquí? ―preguntó Bella, riendo al encontrar a Edward sentado en la puerta de su apartamento.
―Esperándote a ti, dah ―respondió, levantándose.
―Loco. ―Rió, dándole un beso en los labios y abriendo la puerta.
―Veo que hoy estás mucho más animada que anoche. Eso es bueno.
―Lo sé ―habló, colgando las llaves en el portallaves que quedaba detrás de la puerta―. Es que pasó algo en la clase de hoy.
―¿Qué?
―La profesora me usó como ejemplo.
―¿Cómo así?
―Estaba hablando sobre que algunos alumnos necesitaban empeñarse un poco más y que deberían tomarme como ejemplo, que pude sacar una nota excelente en el examen gracias a mi dedicación.
―Sabes que esas personas, probablemente, te están odiando en este momento, ¿verdad?
―Lo sé, pero es problema de ellos… me sentí muy inteligente. ―Rió.
―¡Eres muy inteligente! ―dijo, colocando los brazos alrededor de la morena.
―¡Gracias! ¿Ya almorzaste?
―Sí, comí lo que había sobrado del almuerzo de ayer. ¿Por qué? ¿Tienes hambre?
―No, comí en la universidad, solo quería saber, porque en el caso contrario te iba a ofrecer algo.
―Bien, soy yo el que tengo algo para ofrecerte hoy. Algo que está en tu lista.
―¿Qué? ―preguntó y como respuesta Edward sacó un cigarro de dentro de un paquete de cigarrillos que estaba en su bolsillo, pero ese no era como los otros que la morena había fumado.
―Algo para hacerte sentir menos inteligente.
―¿Eso es marihuana? ―preguntó bajito, como si alguien pudiese escucharlos.
―Sí ―dijo, entregándole el cigarrillo a ella. Bella analizaba el porro en sus manos― ¿Estás segura que quieres quitar eso de tu lista?
―Aham. ¿Podemos fumar ahora? Quiero decir, vas a fumar conmigo, ¿verdad? ―preguntó.
―Puedo fumar. No lo hago hace mucho, no fumo desde que tenía unos diecisiete años, nunca me agradó. Solo lo hacía porque quería encajar con una gente que vivía cerca. Cosas de niño idiota.
Edward tomó el cigarrillo de las manos de Bella y lo encendió, en seguida lo ofreció nuevamente a la morena.
―¿Quieres ser la primera?
―Ok ―respondió, agarrando el cigarro y tragando. Comenzó a toser y le entregó el porro a Edward―. ¿Debí haberlo tragado?
―Normalmente lo tragaba, pero hay gente que no lo hacía ―respondió y después se llevó el cigarro a los labios.
―No me gusta el sabor ―reclamó.
―Dentro de poco te acostumbras… o comienzas a sentirte enferma.
―Genial. Ya bastante fue ese día que pasé la noche vomitando por haber tomado alcohol. Cada vez que intento hacer alguna cosa mala, la mierda pasa.
―Relájate, probablemente no va a pasar mucho contigo. Si quieres podemos parar de fumar, hermosa. Creo que ya podemos quitar eso de tu lista.
―No, quiero continuar.
Y continuaron. Bella creyó que iba a volverse loca, que comenzaría a hablar sobre las cosas más estúpidas posibles, pero nada de eso estaba pasando. Sentía ganas estúpidas de reír y a veces no podía controlarse y se carcajeaba, y parecía que todo a su alrededor estaba más lento de lo acostumbrado.
―¿Edward, qué le pasó a mi lengua? ―preguntó Bella.
―¿Cómo así? ―preguntó él. Edward había fumado mucho menos que Bella, y la única cosa que sentía era ganas de reír de la cara de la chica, pero eso no era influencia de la marihuana.
―No siento mi lengua ―dijo preocupada―. Hazme un favor.
―¿Cuál?
―Voy a abrir la boca y me vas a decir si aún está dentro. ¿Está bien? ―pidió seria.
―Ok ―Edward estuvo de acuerdo, pero no pudo contener la risa. Bella pareció enojada por algunos momentos de que él se estuviese burlando, pero comenzó a reír también porque la risa de él era tan graciosa.
―¡Para de reír que también me río! Mira. Para de reír, Edward. ¡Mírame, amor! ―dijo, pellizcando la pierna de él.
―¡Ay!
―¿Aún la tengo? ―preguntó, abriendo la boca.
―¡Caramba, baby! ―exclamó, fingiendo estar completamente sorprendido.
―¿Desapareció? Dios mío, ¡¿qué voy a hacer?! ―preguntó asustada―. Edward, ayúdame.
El desespero de ella era tan grande que una vez más Edward se carcajeó. Quiso agarrar el celular y grabar todo eso, pero tenía miedo que la chica se enojara. Cuando consiguió recuperar el aliento, decidió contarle la verdad a la morena.
―Calma, Bella.
―¿Calma? ¿Cómo voy a tener calma? ¿Cómo voy a comer sin lengua? ¿Cómo voy a tomar helado? Caramba, Edward, ¿cómo te voy a besar? Besar sin lengua es tipo… no consigo pensar y comparar a ninguna otra cosa fea.
―Tu lengua aún está ahí, baby ―aseguró―. Estaba bromeando. Debes sentirla adormecida, por eso tienes la impresión de que ya no está en tu boca. Relájate que dentro de poco se te pasa.
Como respuesta, Bella solo rió. Edward conversaba con la morena normalmente, preguntando sobre lo que pensaba con la experiencia, pero a veces ella ni siquiera prestaba atención a lo que él estaba diciendo. Miraba hacia atrás, caminaba hasta la cocina, se lavaba las manos, volvía a la cama con Edward. Intentaba besarlo, reía un poco más. Se quedaron así por algunos minutos hasta que ella, poco a poco, fue mejorando.
―Todavía hay cheesecake, ¿quieres? ―preguntó Bella.
―No, gracias. Pero acepto papas Lays.
Bella abrió la nevera y sacó un pedazo enorme de cheesecake, colocándolo en un plato. Agarró un paquete de papas fritas y fue a la cama.
―Caramba, señora, eso es a lo que llamo apetito. ―Edward rió, viendo el tamaño de la rebanada en el plato de Bella.
―El mejor cheesecake de mi vida ―elogió.
―Lo sé, me lo dijiste por mensaje unas tres veces ya. ―Rió―. Estoy feliz de que te haya gustado. Me recuerdas cocinar más cosas para ti. No me voy a sentir porque subestimaste mi cheesecake, ¿viste cómo soy de bueno?
―Lo eres. ―Sonrió, metiéndose un generoso pedazo.
La morena comía sin parar, apenas teniendo ánimo de hablar. Edward casi quiso vomitar cuando ella tuvo la brillante idea de tomar una papa frita y colocar un pedazo de torta encima, en seguida se lo llevó hasta la boca y dijo que había quedado tan sabroso que podría ser comercializado de esa forma.
―Comí mucho ―dijo Bella, desparramada en la cama―. Estoy enferma, Edward. Haz que pare.
―Dentro de poco mejorará ―dijo él, pasando una mano por el vientre de ella―. ¿Quieres vomitar?
―No, solo estoy enferma. Mi casa huele a marihuana ―gimió―. Que mierda. Voy a tener que hacer una limpieza exhaustiva.
―¿No tienes un spray con olor rico? ―preguntó el chico.
―Hay en el baño, pero no quiero levantarme.
―Voy yo.
―No, quédate conmigo ―habló, agarrando al hombre, colocando sus piernas y brazos alrededor de él. Edward rió.
―Mírame ―pidió él y ella hizo exactamente lo que fue solicitado. Edward la besó y ella respondió con la misma intensidad―. ¿Ya sientes tu lengua?
―Uhum ―respondió riendo.
Cuando fue la hora de que Bella se fuera para el trabajo, se despidieron y ella ya se sentía mejor. Ahora la única cosa que restaba era un pequeño mareo. La experiencia había sido diferente, pero no tenía ganas de hacerlo de nuevo.
Edward llegó a casa apenas unos minutos antes que Lauren. La mujer entró en el baño cuando él estaba bañándose y se quedó observándolo a través del vidrio. Edward casi se cae cuando se dio cuenta de la presencia de la rubia.
―¿Qué pasó? ―indagó.
―Nada, iba a hablar contigo y me distraje―. Sonrió―. Compré tus pasajes para mañana.
―¿Mis pasajes?
―Quiero tu compañía. Siempre me has acompañado en estos viajes, Edward. Sé que adoras quedarte en casa, pero quiero que vayas conmigo. No entiendo por qué andas tan distante últimamente ―soltó.
Lauren estaba, de verdad, usando un tono más dramático de lo necesario. Ella desconfiaba de que Rose pudiese estar influenciando de alguna forma a su hermano, sabiendo que cada día sus oportunidades de hacer que Edward terminara con el compromiso disminuían. Temía más aún porque sabía que la fecha especial estaba llegando.
―También compré tus pasajes para el viernes que viene ―dijo―. Voy a dar una conferencia en una universidad de París. Creí que ibas a amar acompañarme, no existe persona más enamorada de ese lugar que tú.
―¿El viernes que viene? No hay caso, Lauren.
―¿Por qué?
―Es el cumpleaños de mi hermana.
―Ah, Edward, pueden verse el domingo. ¡Es París, mi amor!
―No, Lauren, no hay caso, sabes que Rose se enojaría. Mañana puedo ir contigo a donde quiera que vayas, pero la semana que viene no. Siempre paso el cumpleaños de Rose con ella ―justificó.
Lauren no dijo nada, solo salió del baño, sabía que no tenía caso discutir. La verdad, no había comprado ningún pasaje, ya sospechaba que se negaría a acompañarla.
Al salir del baño, Edward llamó a su hermana, cayendo en cuenta que se había olvidado de preguntarle sobre lo que haría en la fecha de su cumpleaños.
―Cuéntame qué está pasando. ¿Cuál es el problema esta vez? Voy a tener que cobrar por nuestras llamadas, ¿viste? ―bromeó la mujer.
―Graciosa, como siempre. No pasa nada ―dijo Edward, pero lo cierto es que le estaban pasando tantas cosas que no quería hablarlo por teléfono. La verdad, no quería contarle nada a Rosalie, sabía que le iba a echar en cara que ella estaba en lo correcto cuando lo alertó de que acabaría enredándose con Bella.
―¿Entonces por qué me llamas? ¿Cómo está Bella? Nunca me volviste a hablar de ella.
―Va bien. Llamé porque quiero saber lo que vas a hacer en tu cumpleaños.
―Ah, sí, es el viernes que viene. Aparté un lugar en Soho para dar una fiesta de fantasía. Es gracioso que me llames, te iba a mandar un mensaje mañana para avisarte.
―¿Fiesta de fantasía? ¿De verdad? ¿No crees que estás un poco vieja para eso?
―Jódete. Sabes que amo las fiestas de fantasía.
―Lo sé. ―Rió―. Solo estoy bromeando. Ok... estaré presente.
―Puedes llevar a una acompañante.
―¿Ah, sí? Voy a ver si Lauren quiere ir ―provocó.
―Ve. Ella no va a necesitar encontrar un traje, puede ir de momia ―respondió. Si él quería provocarla, ella dominaba el arte.
―Mujercita irritante… ―murmuró y Rose se carcajeó.
―Llévala a ella, ¿está bien? Sabes de quién estoy hablando.
―La llevaré. Le va a gustar la invitación, Bella nunca ha ido a una fiesta de fantasía. ―Sonrió, recordando algo que estaba en la lista de la chica.
―Qué bueno ―habló la mujer del otro lado de la línea, con una sonrisa en el rostro―. Cualquier cosa llámame, ¿ok? Tengo que colgar. Emmett acabó de apagar la ducha y quiero ver cuál va a ser su cara cuando vea que estoy esperando por él, en la cama, desnuda.
―¡Puta madre, Rosalie! ¿Necesitaba saber que estás hablando conmigo estando desnuda?
―Besos, hermano. Chao. ―Rió.
―Buenas noches, asquerosa.
―Te amo. Y puedes estar seguro, querido: ¡la noche será buenísima! ―Se carcajeó y colgó en el mismo momento.
Edward, en seguida, le mandó un mensaje a Bella, contándole sobre la fiesta de su hermana. Ella respondió diciendo que estaba contenta y que obviamente aceptaba, solo no tenía idea de qué podría usar para el cumpleaños.
Eso no era problema. Edward sabía muy bien dónde Bella podría encontrar un traje de fantasía.
Hasta aquí llego… por hoy. ¿Qué tal? ¿Opiniones? Estos dos siguen jugando con fuego, espero no se quemen u.u y ahora sí! Bellita fumándose un porro jaja ¿qué tal?
Siento tanto la demora, la vida real es un asco :( en fin. Gracias por sus hermosos reviews, son tan bellos y me hacen sonreír cuando responden a la pregunta jaja es divertido leerlas también y conocerlas un poco. Gracias también por sus alertas y favoritos.
(Fani Cullen: Aquí está... me llegó tu rr justo cuando estoy subiendo la historia :D gracias, me encanta que te guste la historia ** )
PREGUNTA DE LA AUTORA:
Todo el mundo hace mezclas extrañas de vez en cuando. ¿Cuál es la de ustedes? ¿Cuál es la mezcla de comida más excéntrica que han hecho?
Y respondiendo a la pregunta anterior: el momento más incómodo de mi vida… PUCHA, he tenido tantos, pero creo que ahorita el que se me viene a la mente es cuando estaba en el colegio, le pregunté a un chico que me gustaba su opinión sobre el amor :p, y días después le hice la misma pregunta y él de: Ya me la hiciste. Y yo de ¿ah sí? No recuerdo wuahaha pero de verdad que no recordaba sino hasta que él me dijo. ¡QUE VERGÜENZA!
Nos leemos en quince días…
Beijos
Merce
