Disclaimer: Los personajes aquí utilizados no me pertenecen, son enteramente de Tadatoshi Fujimaki y sus ayudantes, patrocinadores, etc, etc... yo solo los tomo prestados un ratito cortito para escribir tonterías. Los personajes no han sufrido daño, trauma o lesión durante la realización de este relato y han sido devueltos a su respectivo propietario una vez finalizado el relato.
Kuroko se enamoró de Daiki, vivió la sensación del primer amor, bonito, agradable y a la vez terrible. Cuando vio que esa relación destruía su vida y quiso terminarla, comenzó el verdadero infierno.
Por que recuperar tu vida cuando la persona a la que amas te arranca cruelmente el corazón, no es precisamente sencillo.
Al menos hasta que aparece alguien que puede acunar un corazón roto entre sus dedos y amarlo tanto como para que nazca de nuevo la confianza en el amor mas puro y dulce que jamás ha existido.
Aokuro... Kaga Kuro...
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Uno mas en el equipo.
El origen de todo.
Capítulo 12: Destello de luz.
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Cogió aire hasta el límite de sus pulmones, una vez, dos , tres.
Pulsó el botón del timbre y esperó, cerrando la mano en un puño tenso dentro del bolsillo del pantalón.
Sábado por la tarde, primera hora.
Kuroko le había mandado un mensaje, para que fuera a su casa, a conocer a su abuela.
Visto así, casi parecía una broma, pero ahora que estaba frente a la puerta, no lo era tanto.
Conocer a su abuela era ser aceptado por su familia... a no ser que le presentara como un amigo, o un simple compañero de clase... no sabía que pensar, como sentirse.
Solo que estaba nervioso.
Escuchó ladrar a Número dos, y se tensó mucho mas. El perro le daba mucho respeto; su miedo visceral a los canes no remitía ni siquiera teniendo en cuenta que el perrito apenas era un cachorro.
Por su chico lo que hiciera falta.
La puerta finalmente se abrió, rebelando una señora bajita, regordeta y mirada inquisidora, tan azul como la de su chico, adorable en su aspecto.
– Madre del amor hermoso, dios bendito. – Exclamó la anciana nada mas verle. Le obligó a agacharse a su altura para inspeccionarle con detalle, la cara, los ojos, casi podía jurar le había mirado dentro de las orejas. – ¿Pero que narices coméis que sois todos tan enormes?. – Le metió en la casa, girando a su alrededor para mirarle desde todos los ángulos. – Pasa criatura, mi Tetsu está en el jardín.
Kagami se quedó estático, sin decir ni una sola palabra. Podía haberse presentado pero tuvo la sensación de que no hacía falta y que esa mujer lo sabía todo sobre él.
En el jardín Kuroko ponía unos pedazos de carne en la parrilla de la barbacoa.
Se sonrojó nada mas verle, y el otro respondió con un sonrojo similar, que les hizo parecer adorables en todos los aspectos.
– Éste me gusta mas que el otro. – La abuela no se quedó callada, rompiendo el silencio del momento. – De todos modos te avisé... pero bueno, bien está lo que bien acaba. – Acarició el cabello celeste de su nieto, con una sonrisa. – ¿No estás haciendo demasiada comida?... Mi Tetsu apenas come un puñadito y yo tampoco es que sea una gran comedora.
– Que va abuela. – Señaló la mesa para que Kagami se sentara, aunque el pelirrojo tenía la mirada fija en el perrito, que sentado a sus pies esperaba que le dijera algo . – Kagami kun puede con todo esto... de hecho creo que estoy haciendo poco.
– ¿Va a comerse todo eso?. – Señaló la montaña de carne asada que ya ocultaba el plato. – No me extraña que esté tan enorme la verdad, si se traga todo eso, lo raro sería que dejara de crecer en algún momento. – Tomó el anillo colgado de su cuello con los dedos, sonriendo. – ¿Es alguna moda o algo?
– No, es una promesa de hermanos que tengo con alguien. – Kamagi lo acarició antes de dejarlo en su sitio.
– Mi abuela conoce a Himuro. – Decir que el pelirrojo estaba alucinado era quedarse corto. – El mundo es un pañuelo, ¿Eh?. Venga a comer.
La mujer se sentó, tranquilamente a su lado, palmeando su muslo, tranquila.
– Bueno, ¿Y ya le has pedido a mi nieto que seáis novios o como demonios lo hagáis la juventud de hoy en día, o aún te lo estás pensando?... Mi nieto es un buen partido, mírale, es guapísimo, no me lo negarás, ¿Eh?.
– Ya salimos abuela. – Kuroko posó la comida en la mesa, tranquilo.
– Eso está bien, muy bien, si señor. – Empezó a repartir la carne sin preguntar ni nada. – Venga criatura, come, que tienes cara de hambre.
– Cuidaré de él. – Murmuró el pelirrojo cuando su chico entró en la casa a por las bebidas. – Se lo juro.
– Eso espero. – Le miró un segundo seria. – Ten cuidado con ese chico, Aomine... hablo en serio. Le hizo muchísimo daño a mi nieto y no quiero que vuelva a hacérselo...ni a ti tampoco.
– Gracias, pero no tiene de que preocuparse. – Su sonrisa sincera le dijo a la mujer que ese muchacho iba totalmente en serio con su nieto. – A diferencia de él, yo sí quiero a Tetsuya.
– Mas te vale, por que si no tendrás que vértelas con esta vieja... y puedo arrearte, por muy larguirucho que seas...
….
Lo cierto es que la abuela no era la única persona que le había advertido sobre Aomine.
Midorima ya lo hizo en el restaurante, y Kise también había mencionado algo sobre su juego peligroso, aunque tenía la sensación de que no hablaban de la misma cosa, unos y otros.
El miedo de la abuela era real, iba mucho mas allá del juego en sí. El basket no tenía nada que ver, lo había visto, él no era tonto.
Tetsuya se encogía cuando escuchaba su nombre, ya lo había visto... y eso ahora que estaba mas o menos bien, al principio se le ponía la piel de gallina si le rozaba sin querer...
De todos modos no era buena idea perder el tiempo pensando en el pasado, en lo que podría haber sido, pasado, hecho.
Lo verdaderamente importante era curarse las piernas de una maldita vez. Estaba cansado de estar sentado, aunque lo bueno de aquel día era ver a Tetsu en bañador... aunque fuera tan manta como para acabar flotando bocabajo en la segunda sentadilla.
Apareció de la nada. Una escultural señorita, admitiendo en voz alta que era la novia de Tetsu kun, como le había llamado ella.
Hasta Número dos se negó a que la chica le acariciara. Si hubiera sido un poco celoso, habría saltado para poner a esa fresca en su sitio, que no hacía mas que manosear a su novio sin pudor alguno delante de todo el mundo.
Kagami estaba de lo mas tranquilo, conocía de sobra los sentimientos de Tetsuya hacia él, y los que él sentía hacia el peli celeste.
Y la cara de palo de Kuroko también daba pistas de que el chico pasaba de ella como de comer mierda.
Aunque no le gustó mucho que se quedara a solas con ella, comprendió que tenían que hablar del pasado, un pasado que no tenía que ver con él, pero si servía para que su chico se liberara de algún modo del peso que ensombrencía su existencia, le dejaría hablar con le mismísimo diablo, aunque no se fué muy lejos, se quedó esperando fuera de la piscina, con el alma en vilo.
Si a esa chica se le ocurría hacerle daño de algún modo, no tendría ni un poco de compasión con ella, por muy chica que fuera.
Cuando la conversación se tornó nostálgica, Kagami decidió retirarse a la cancha trasera.
Si Riko chan no le veía, no podía regañarle.
Se sentía bien, en forma. Un poco dolorido y pesado, pero bien.
La entrenadora estaba exagerando con todo el tema de sus piernas.
Al primer salto, se dio cuenta de que no era así. El dolor le subió como un relámpago por la pierna hasta lo mas alto de la cabeza, y lo notó de nuevo al caer, repartiendo todo su peso en la planta de los pies de golpe.
Mierda.
Iba a necesitar mucho mas que reposo si quería estar listo para el siguiente partido.
La pelota rebotó contra el tablero y se fue, hacia la parte mas alejada de la cancha, rodando hasta sus pies.
Su mirada fría, despiadada... no necesitó mas para saber quien era y lo que hacía ahí.
– Juega conmigo. – Ordenó con voz monocorde. Si ese era la luz de Kuroko no podía estar mas decepcionado.
– No tengo por que hacerlo. – Respuesta mecánica, la rabia recorriendo sus entrañas con furia. Tenía ganas de darle un puñetazo a ese engreído de mierda. – Y menos sin saber quien eres.
– No tengo por que decirte quien soy, si te pido que juegues conmigo, lo haces y punto. – Botó la pelota, seguro de ser vencedor. – Pero ya que te empeñas, soy Aomine Daiki... Kagami...
Ni siquiera le vio, no podía ni pensar en que su poder era de tal magnitud.
Para Kagami era un reto que deseaba superar, con todas sus ganas, ya no por el placer de jugar con alguien tan poderoso, si no por Tetsuya... era algo que necesitaba hacer.
– No sirves ni como reserva. – De nuevo esa voz sin sentimiento, mono tono. – Tu luz no es suficiente, eres un mierda. – la pasada que le hizo le dejó en el sitio, alucinado del todo. No solo era rápido, era indetectable.
– ¿Qué quieres decir?. – Se dio cuenta, de que Aomine seguía sintiendo algo por Tetsuya por el tono con el que hablaba de él, intentando sonar intimidante para no dar pie a mas preguntas.
– No sacarás su potencial al máximo... cuanto mas brillante es tu luz mas profunda es su sombra, mas invisible es él... tu no sirves. – Sus ojos azules se le clavaron insultantes, casi divirtiéndose de hacerle daño.
– No tienes ni idea. – Se enderezó, consciente de que no le vencería y mucho menos aún recuperándose como estaba de la lesión de sus piernas tras el partido contra Shutoku. – Nada es como era antes, todo ha cambiado.
– ¿Todo ha cambiado?, no me hagas reír. – Tomó la pelota con los dedos, girándola en sus manos sin llegar a soltarla. – Puedo venceros a los dos, con una mano atada a la espalda, nada ha cambiado, sigo siendo el mas fuerte... – Estrechó la mirada, dibujando una sonrisita ladina en sus labios. – Ahhh, ya entiendo... Te gusta...
– ¿Sabes que?... me das pena, en serio. – Lo decía de verdad, y eso le dolió mas que cualquier otra cosa. – No sé como puedes vivir sabiendo que le echaste de tu vida... yo estaría desesperado.
– Espera, esto si que es bueno... ¿Yo te doy pena?... Aquí el único que da lástima eres tú y tu patético juego... os voy a machacar en el próximo partido... y con respecto a Tetsu, tampoco le tendrás... ahí también puedo vencerte.
Kagami emitió una carcajada, sincera en voz alta, desde el corazón.
La idea del moreno era sacarle de sus casillas, pero en cambió el pelirrojo no parecía para nada afectado por sus palabras.
Y si Kise tenía razón y era cierto que Kagami estaba enamorado de Kuroko... sería una especie de venganza poética del destino. Poner en la vida de Kuroko una nueva luz que se complemente con él de un modo perfecto y no solo en el juego.
Aomine se dio cuenta de que su plan no serviría. En esos ojos de fuego se veía la determinación. Amaba a Kuroko, y se le notaba de lejos.
Su oportunidad había pasado... del todo.
Daba igual lo que él sintiera, o lo bueno que hubieran tenido, al final, los últimos meses, los malos, llenaron por completo su relación. Sus celos, su insana forma de amar, su posesión constante, habían matado lo bueno que tenían juntos... y su despedida, fué lo peor que podía haber hecho. Tuvo suerte de que Kuroko no le denunciara, ni se lo contara a nadie...
Suspiró, internamente, mirando a ese chico, que no sabía nada de nada, solo que se había enamorado a ciegas de alguien maravilloso, que Aomine no había sabido cuidar como se merecía.
Aomine era una luz brillante, pero Kagami era un destello cegador.
Haría todo lo que fuera por ayudarles, por cuidar su amor, así de algún modo masoquista, conseguiría el perdón para sí mismo... aunque supiera que no lo merecía.
Pero eso no quería decir que lo fuera a poner fácil. Seguía siendo Aomine Daiki, un verdadero demonio en la cancha, nadie podía vencerle, salvo él mismo...
…...
Riko le descubrió nada mas verlo. Solo necesitó un vistazo para saber que había empeorado terriblemente... y le obligó a andar con las manos.
Pensó que estaba solo, pero no era así.
– Kagami kun. – La voz de su chico, preocupada. – Se que no harías algo como fastidiarte las piernas a propósito sin una razón...
– Aomine. – No había acusación ni nada, solo dijo su nombre, pero fue suficiente como para que Kuroko se parase en seco y dejara de seguirle. Kagami se dio la vuelta, regresando al mundo con la cabeza en lo alto. – Jugué con él, ayer... por su modo de referirse a tí, sonó a que erais mas que compañeros de equipo... yo...
– No tienes que preocuparte por eso. – Desvió la mirada para no encararle.
– No me preocupa él, me preocupas tu. – Posó la punta de los dedos de una mano en su mentón, obligándole a que le mirase. – ¿Estás bien con todo esto?... jugar contra él, volver a verle... ¿Está bien para ti?.
Kuroko le miró, unos segundos que al pelirrojo le parecieron años, pensando seriamente las palabras de Kagami.
¿Estaba bien volver a verle?... no había pensado en ello desde hacía un tiempo. La posibilidad de encontrarse con él le aterraba, pero ya había olvidado ese miedo, lo había enterrado en lo mas profundo de su mente, cubierto por todo el amor y las atenciones de Kagami, sus nuevos amigos, su pasión renovada por el juego... su perrito.
– Está bien para mi, si estás a mi lado. – Tiró graciosamente de la manga de su camiseta para darle un beso en la mejilla, pero Kagami, travieso giró la cara para un pequeño y breve beso en los labios que les hizo sonrojarse hasta el límite.
– Eso no tienes que pedirlo, estaré encantado de estar contigo, para siempre si me dejas... – Se dio cuenta de lo que había dicho justo después de hacerlo, pero no retiró sus palabras, ni se disculpó, por que eran ciertas.
– Está bien chicos, hora de volver al entrenamiento...¡Ahhh! Bakagami, ¿Qué te he dicho?.
La entrenadora les había pillado besándose, pero a ninguno de los dos les importó... lo cierto es que la chica no se había dado cuenta, desde su posición parecían simplemente estar hablando de algo muy serio, nada mas.
…...
Tres meses después Kagami le había pedido matrimonio, y dos días después, Kuroko le había contestado, delante de toda la clase...
Que si, que se casaban … Aunque aún no sabían que tendrían a personas negándose a ver que su amor era puro y real...
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wiiiiii Buenassss que sueñooooo jajajaj son las 3:31 de la madrugada, para que veais … en fin... una parte que me moría por escribir, al fin...
solo me queda la boda y el embarazo para en lazar este con el inicio del otro jajaja
uff
Gracias por vuestro apoyo.
Besitos y mordiskitos
Shiga san
