Capítulo en el Ministerio
Sirius seguía escondido en el callejón, esperando que aparecieran Lily y Remus, tras haberles avisado mediante los brazaletes que llevaban los tres. Estos no tardaron en aparecerse unos pasos más allá de donde estaba él. Solo hizo falta una mirada para que los tres jóvenes se decidieran a entrar, sigilosamente, por la entrada que llevaba a los aseos públicos, la entrada al Ministerio.
Una vez en el atrio, los tres jóvenes descubrieron al grupo de mortífagos dirigiéndose hacia los ascensores que bajaban al Departamento de Misterios, y antes de que pudieran entrar en uno de los ascensores, Sirius lazó un hechizo.
―¡Bombarda! ―Lily y Remus, deduciendo el propósito de Sirius, le imitaron. En un instante, los ascensores que había en esa zona, habían quedado destrozados.
―Vaya, vaya, ¿Pero qué tenemos aquí? Mi querido primito Sirius ―Bellatrix comenzó a acercarse a ellos, con esos andares tambaleantes que la caracterizaba, seguida muy de cerca de sus tres secuaces―. Veo que sigues igual de idiota que cuando éramos pequeños, ¿No has visto que somos uno más que vosotros? ¿Habéis venido a morir voluntariamente? No tenéis nada que hacer.
―Nunca hemos necesitado ser más que vosotros para destrozaros igual. Siempre olvidas que muchos de los tuyos tienen el cerebro de un trol ―Sirius continuó hablando, sabiendo que si provocaba a su prima, esta comenzaría a atacarle, olvidando así la misión que tenían que llevar a cabo―. Por cierto, Bella. Te noto vacilante, ¿Qué pasa, que te da miedo atacar primero? Si sigues así, algún descerebrado de los tuyos terminará ocupando tu puesto al frente de los mortífagos. Si yo fuera tú, tendría cuidado con las personas que están a mi espalda.
Justo como había previsto, Bellatrix soltó un grito de ira y se lanzó a por él. Los demás mortífagos, interpretando el movimiento de la bruja como una señal, comenzaron a lanzar maldiciones a Remus y Lily, quienes contratacaban defendiéndose.
Ninguno supo durante cuánto tiempo estuvieron lanzando maldiciones y conjuros protectores. Podrían haber seguido durante mucho más, aunque las fuerzas comenzaban a hacer mella en ellos, todos tenían heridas, algunas de ellas sangraban peligrosamente, y solo uno había caído en combate. El joven Barty Crouch se encontraba inconsciente en el suelo, tras haber sido alcanzado por un hechizo de Lily. A la joven, esta hazaña le había valido un corte en el brazo al ser alcanzada, de refilón, por una maldición lanzada por Rabastan.
Sirius y Bellatrix seguían luchando a muerte un poco separados del resto de la batalla. Ambos se tenían tanto odio que nadie hubiera pensado que eran familia. Remus luchaba contra Rodolphus y Lily contra Rabastan. Los dos intentaban dejar inconscientes a los mortífagos, puesto que pensaban que aquellos malnacidos no se merecían una muerte rápida e indolora, característico del Avada Kedavra, sino que debían sufrir algo peor que la muerte, el Beso del Dementor. Mientras, los mortífagos intentaban matarles a toda costa.
―¡Crucio!
Bellatrix cayó al suelo, temblando como una niña indefensa. Miraba a Sirius con ojos suplicantes, sin perder la locura que tenían siempre. Pero este la miraba fuera de sí. Los ojos grises de Sirius, que normalmente eran amables, se habían vuelto rojos, fríos y despiadados. Cada vez que giraba la varita en su mano, un nuevo grito salía de la boca de Bellatrix mientras se retorcía de dolor.
―¿Quién se ríe ahora, Bella? Vas a sentir lo mismo que sintieron Alice y Frank Longbottom ―volvió a girar la varita―. Eran dos de los mejores aurores que ha habido nunca y tú les destrozaste la vida ―la voz de Sirius tenía un tono amenazante. Se había vuelto ronca y más similar a un gruñido animal que a una voz humana―. Voy a hacer que acabes como ellos. Perderás tu memoria, tu cordura y serás alguien indefenso que no puede valerse por sí mismo. Y cuando te haya dejado como les dejaste tú a ellos, te enviaré a los dementores. Seguro que disfrutaran besándote y robándote el alma.
Una cruel risa se escapó de los labios de Sirius, retumbando en las paredes del atrio. Los demás seguían luchando, sin poder detenerse a asumir lo que estaba pasando entre los dos primos. Fue un gran estruendo, proveniente de las chimeneas de acceso, lo que les alertó a todos. Un grupo de cinco aurores entraban con las varitas en ristre. Al frente de ellos, Moody miraba con desprecio a los mortífagos.
―Soltar las varitas antes de que pierda la paciencia y os mate ―los mortífagos conocían de sobra el carácter de Moody como para oponer resistencia cuando solo quedaban dos de ellos en pie y eran superados por los aurores. Rodolphus y Rabastan dejaron las varitas en el suelo y levantaron las manos―. Muy bien, veo que vais aprendiendo. ¡Black, haz el favor de dejar a Lestrange! Ya le ha demostrado de lo que es usted capaz. Chicos, detener a estos malnacidos. Al parecer, estos tres jóvenes nos han hecho el trabajo sucio.
Una vez estuvieron atados los cuatro mortífagos, los aurores se apartaron con ellos para dejar a Moody con Remus, Sirius y Lily. Cuando la joven se acercó a Sirius, la mirada de este seguía llena de ira y respiraba agitadamente.
―Sirius, tranquilízate. Creo que te has dejado llevar por tus sentimientos. Tú…tú no eres así.
―¡Ella hizo que Alice y Frank se volvieran locos, mató a muchos inocentes! ¡Lily ellos mataron a James! ―Sirius gritaba a Lily como si esta no pudiera escucharle―. Tú deberías haberles pagado con la misma moneda…¡Por su culpa, Harry no tiene a su padre para verle crecer!
―No soy una asesina, Sirius ―Lily respondió con la voz dura y desafiante―. Sé muy bien lo que hicieron. Sé que James murió a manos de Voldemort y que ellos son igual que él. Pero yo no soy una asesina y no viviré con la culpa de que maté a alguien cuando podía desarmarle y entregarlo a los dementores. Ellos no se merecen piedad. No les permitiré morir rápidamente y de mi mano. Cuando murió James, tú perdiste a un amigo, a un hermano…pero yo… yo perdí a mi marido, al padre de mi hijo. Creo que sé bien como deben pagarlo estos cabrones.
Ante el tono duro de Lily, Sirius volvió a ser el mismo. Sus ojos volvieron a ser los de siempre, sus facciones se relajaron. Arrepintiéndose de lo que le había dicho a su amiga, Sirius la abrazó. No sabía cómo había podido ser capaz de olvidar todo lo que Lily había pasado desde que James murió. Había sido egoísta al reprocharle su actuación ante los mortífagos.
Unos metros más allá de donde estaban ellos, Moody hablaba con Remus. Al parecer, al viejo Ojo-Loco no le preocupaba tener un licántropo entre sus filas. Le acaba de proponer a Remus una plaza en el Departamento de Aurores. Debería pasar la formación primero, algo que no supondría dificultad alguna para alguien con la experiencia de Remus. Sin embargo, antes de aceptar, Remus pidió un tiempo para pensarlo. Debía valorar los peligros a los que podría exponer a todo el equipo por su condición de licántropo.
La llegada de Dumbledore, acompañado del Ministro de Magia, hizo que todos los presentes guardasen silencio. Detrás del Ministro, como dos escoltas siniestros, estaban los dementores. Moody se acercó hasta los dos hombres sin perder de vista a las criaturas.
―Dumbledore, señor Ministro. He de comunicarles que estos indeseables no han logrado hacerse con la profecía.
―Muy bien, gracias Alastor. Me gustaría poder contar con los aurores para llevarles hasta Azkaban. Pronto serán juzgados ante el Wizengamot ―el Ministro hizo un gesto a los dementores que se acercaron al grupo de aurores donde permanecían los mortífagos atados.
―Por supuesto, señor Ministro ―Moody se dirigió a los aurores―. Shacklebolt, irá usted junto con tres hombres más. Le dejo a su cargo el operativo de traslado.
Los dos dementores, los cuatro aurores y los mortífagos, desaparecieron por uno de los pasillos que daban al Departamento de Aurores. Allí utilizarían una de las chimeneas que comunicaban el Ministerio con la prisión mágica. Una vez se quedaron solos, Dumbledore se dirigió al Ministro.
―Señor Ministro, le aconsejo que destruya la profecía que venían a buscar esta noche. Gracias a mi perfecta memoria, puedo recordar las palabras que encierran la profecía. No será necesario arriesgarnos a sufrir una nueva emboscada.
―De ninguna manera, Albus. Esa profecía está bien protegida ―la voz del Ministro denotaba el pánico que sentía hacia la constante amenaza de Dumbledore, quien podía quitarle el puesto en el Ministerio cualquier día―. ¡No permitiré que nadie destruya esa profecía!
Sin una palabra más, el Ministro de Magia se marchó por una de las chimeneas. El trabajo en el Ministerio había terminado.
…
Unos años después de aquella noche en el Ministerio, una figura delgada y de cabello lacio y negro entró en el despacho del director de Hogwarts. Dumbledore miró con una sonrisa a Severus, le alegraba saber que el joven mago había accedido a hablar con él.
―Severus, es un placer saber que no me guardas rencor después de la última petición que te hice, hace ya unos años. Por favor, siéntate.
―Director. Me gustaría saber para que se ha requerido mi presencia hoy ―el tono de Severus era cortante, fría y distante-. No dispongo de mucho tiempo.
Sin embargo, Severus se sentó. Albus Dumbledore había hablado a su favor durante el juicio en el que se le juzgó por pertenecer a los mortífagos. A pesar de que aquel hombre había puesto su vida en peligro el día que le hizo aquella proposición, él seguía teniendo una deuda hacia el director.
―Severus, me gustaría informarte de que he estado investigando acerca de lo que me contaste años atrás. Creo tener una ligera idea de lo que ata a Voldemort a esta vida, pero carezco de pruebas que demuestren esta teoría. Pero no te he hecho venir hoy para tratar ese tema. Tengo algo que proponerte ―Severus se removió en su asiento―. No se trata de nada peligroso. Me gustaría que volvieras a enseñar en el colegio. El puesto de profesor de pociones se ha quedado bacante ante la jubilación del profesor Slughorn.
―Pero, señor. Usted sabe en qué estado se encuentra mi vida. Aceptar ese puesto puede suponer un grave peligro.
―Sé exactamente como se encuentra tu vida, Severus. Sin embargo, considero que puedes sacar provecho a este puesto. Tú sabes a quien tienes que convencer de las posibilidades que ofrece estar cerca de mi persona. Haz que parezca que este puesto puede convertirte en un espía infiltrado.
―¿Y qué pasará cuando Él recupere las fuerzas? Vendrá a por el chico. Ese es su único objetivo.
―Lo sé, lo sé. Pero debe ser Harry quien acabe con Voldemort, Severus. Si bien, todo esto debe ocurrir a su debido tiempo. Primero deberemos descubrir qué tipo de magia es la responsable de que Voldemort siga aferrado a este mundo.
¡Hola! Aquí os dejo el penúltimo capítulo. ¿Qué os ha parecido? Espero que os haya gustado :)
He querido dejar la profecía intacta para que, años después, Harry entre al Ministerio con la intención de salvar a Sirius, tal y como ocurre en la Orden del Fénix.
Severus vuelve a Hogwarts después de unos años en paradero desconocido, en el último capítulo descubriremos si aceptó o no la misión que le había propuesto Dumbledore. :)
Bueno, intentaré tener el último capítulo pronto, ya estoy escribiéndolo y quedan darle unos retoques. Como siempre, si tenéis alguna propuesta, queja o cualquier cosa, os leo en los reviews.
¡Nos leemos en el próximo capítulo! Besotes :)
