Capítulo 12

Las características típicas del otoño ya estaban presentes en Nueva York. La temperatura agradable durante el día combinando perfectamente con los colores cálidos que llenaban las copas de los árboles era la invitación perfecta para una tarde en el Central Park.

Emma, con la certeza absoluta de que su colección de otoño saldría en otoño, no pensó en lugar mejor para inspirarse, había escogido otro sitio que no fuera su despacho ya que se había quedado en él hasta las dos de la mañana. Después de salir de la cafetería, Emma dejó a Ruby en casa y después, cuando estaba llegando cerca de su edificio, cogió otro camino que no era el habitual para llegar a la empresa. Volvió a su despacho con la intención de terminar aquel vestido que llevaba días en el maniquí.

Pasó horas arreglando cada mínimo detalle, y aún más tiempo buscando cualquier falla que podría haber cometido para poder arreglarla. En cuanto se dio cuenta de que ya estaba todo debidamente realizado, finalizado y lo mejor, estaba tal y como había imaginado, se apartó un poco para tener una visión completa de la prenda, dio un suspiro de satisfacción y alivio por haber conseguido una vez más hacer realidad lo que había dibujado en el papel.

Aún de madrugada, al poner los pies en su apartamento y mirar en el reloj que eran casi las tres de la mañana, sus ganas de dormir se desvanecieron, aunque había escuchado todo lo que Ruby le había dicho, no estaría en paz si no conseguía poner todo en su lugar. Tras darse un baño y ponerse una ropa cómoda, abrió la puerta de cristal que daba a su balcón y subió las escaleras que la llevaban al sitio que era común para todos los inquilinos, pero que aún así había tomado para ella sola.

Suspiró cuando finalmente llegó a la terraza, el sitio que sin duda fue escenario de sus inseguridades y muchas veces la habían sacado de ellas, salvándola de sus conflictos internos.

Apoyó sus brazos doblados sobre el parapeto y pasó los ojos por cada edificio que conocía con la mayoría de sus luces apagadas. Normalmente, veía cómo las luces eran apagadas poco a poco, acompañaba desde allí a cada persona que había terminado su día, y en aquel momento probablemente ella era quien necesitaba hacer eso, sin embargo estaba demasiado perdida en sus interminables turbaciones.

A su parecer, la pasión es como una enfermedad que presenta sus síntomas y a partir de ahí le toca a cada uno decidir la forma en que quiere ser curado. Ruby le había mostrado claramente su diagnóstico, había necesitado consultar con alguien porque ciertamente era la primera vez que estaba comenzando a sentir y no sabía cómo remediarlo.

Su prioridad era colocar sus pensamientos en orden, primeramente intentando entender lo que le había hecho llegar hasta ahí. Recordó lo extraño que le había resultado encontrar muy sexy la forma en que alguien decía su nombre; nunca había considerado que una cicatriz pudiera ser atractiva, sobre todo una tan nítida como la que Regina tenía encima del labio superior; por algún motivo que ni ella misma sabía, la doctora le había hablado de una parte no muy buena de su vida, habiendo despertado su aprecio por ella; cuando Regina la tocaba, aunque fuera por necesidades médicas, automáticamente se erizaba, cosa que jamás había sucedido con ningún otro médico que ya la hubiera examinado; lo principal era que ella siempre quiso estar presente desde el primer momento y así lo hizo; en los últimos días, sus pensamientos no iban más allá de algo relacionado con Regina o incluso sobre ella misma. Encontraba encantadoras sus maneras y cada detalle de ella era hermoso. Ya no era necesario buscar más indicios, ya había echado fuera su declaración, ya le había dicho a Regina que cuidaba de ella porque le gustaba y la quería bien. El frío en la barriga y las mariposas en el estómago cuando recordaba los tres momentos que fueron cruciales para llegar a la conclusión de que estaba enamorada la hacían sentirse como una adolescente.

Lo segundo que necesitaba aceptar totalmente era cómo se había enamorado de una mujer. Su vida siempre se había definido como meras atracciones por hombres y era algo diferente ver cómo sus sentimientos se despertaban por primera vez por una mujer, ya que como Ruby claramente había dicho, ella no se ataba a etiquetas y eso jamás sería un problema. Solo que era algo literalmente nuevo.

Y la tercera duda que le surgió en cuanto su mente estuvo ordenada era si Regina sentía o podría sentir lo mismo. Además de haber buscado sus indicios, empezó a pensar en los indicios provenientes de la otra y los halló fácilmente, aunque no haya resuelto sus dudas, ya que todos eran, según su punto de vista, una dulce ilusión sin una confirmación que haya venido directamente de Regina.

No podía escoger de inmediato la forma de librarse de eso que comparaba a una enfermedad. Había dos posibles opciones.

Si Regina nutriera por ella los mismos sentimientos, se podría intentar algo más que pasara de los límites impuestos por una amistad, sin embargo, si fuera algo unilateral, su única salida sería la aceptación y buscar cómo acabar con sus sentimientos para volver a ser como siempre ha sido, y aunque no fuera fácil, intentaría por todas las maneras olvidarla.

Seguiría el consejo de Ruby, dejaría que todo fluyera con naturalidad, de ese modo sus dudas, en algún momento, serían resueltas. Comprendió que aún era pronto y todo sucede a su debido tiempo.

Se sentía más ligera tras haber conseguido tiempo en soledad y haber puesto algo de orden en aquel caos en el que se encontraba.

Caminó por Central Park hasta encontrar el banco donde solía crear sus diseños siempre que decidía ir al parque. Al sentarse, sacó de su bolso una hoja suelta que estaba dentro de una carpeta llena de sus modelos, apoyándola sobre la carpeta, y un lápiz. Ya tenía en mente lo que haría para esa colección desde que había descubierto que todo sería para un desfile en donde ella misma había estado como espectadora dos veces, sin pensar nunca que en algún momento mostraría sus creaciones para personas importantes de aquel medio.


Cuando Regina salió del hospital, al comienzo de la tarde para ir a ver posibles apartamentos, tenía tres llamadas perdidas de Tinker y varios mensajes de Zelena. Devolvió la llamada y Tinker le dijo que no podía salir del trabajo para acompañarla. Los mensajes de Zelena eran todos culpándola por no buscarla, así que, Regina la invitó a acompañarla a buscar apartamento, para poder pasar un tiempo juntas y para que Zelena no tuviera de qué quejarse.

Volvió al apartamento de la amiga y tomó un baño breve, ya que no tenía mucho tiempo y encima tenía que ir a buscar a Zelena antes de marchar a la primera dirección que había en la enorme lista del agente inmobiliario.

Tras haber visto cuatro apartamentos, estaban encaminándose al quinto. Zelena impidió que eligiera dos de ellos señalando todos los contras que ciertamente era más numerosos que los pros. Y en los otros dos ella sola reparó en los defectos, y además Zelena también se los señaló.

-La próxima dirección está aún más lejos del hospital- Zelena comentó mientras analizaban las direcciones en el móvil de Regina que suspiró tras escuchar a la hermana.

-Espero que este me guste, en las fotos parecía estar bien

-O tendrás que despertarte más temprano para enfrentarte al tráfico que adoras- rió ante la expresión descontenta de Regina

-Y aún más cuando tenga llamadas de urgencia, tengo que correr en mitad de la noche.

-Mi intuición me dice que este te va a gustar

-Espero que tengas razón

-Mi intuición no falla, lo sabes

-Al igual que tu ego, tan grande como el mundo

Zelena ignoró la respuesta de la hermana y el resto del viaje se hizo en silencio. Regina analizó de lejos el edificio que ya había visto en fotos cuando estaba buscando apartamentos. Detuvo el coche cerca y bajaron, y fueron acompañados por el agente inmobiliario al interior del edificio.

Subieron al ascensor hasta el séptimo piso y al llegar, caminaron hasta la última puerta de la derecha.

Regina reparó en cada detalle con la ayuda de Zelena que no dejaba pasar nada desapercibido y alertaba a la hermana. Era de un tamaño suficiente para ella, una suite y otro cuarto que ya suplía sus necesidades, la localización era buena ya que estaba en los alrededores del hospital y el precio era totalmente accesible.

Regina había decidido que aquel sería su nuevo apartamento tras haber mirado cada estancia al menos unas tres veces y tener la aprobación de Zelena. Firmó los primeros documentos necesarios, y ya podía mudarse el próximo lunes en cuanto la parte burocrática estuviera concluida. El mobiliario también sería arreglado el lunes, en cuando tuviera las llaves del apartamento.

Paró en frente de la casa de Zelena, que estaba muy contenta por haber pasado tiempo con su hermana, ya que decía que esta la había olvidado.

-Tienes que volver a las cenas ahora que definitivamente estás divorciada- se giró hacia la hermana

-Lo haré, solo necesito un tiempo para digerir que nuestra madre estaba al lado de mi ex marido y no de su hija.

-Os reconciliareis- Zelena sonrió

-Lo veo poco probable- dio una media sonrisa con pesar

-Al menos mantén el contacto con tu hermana, te echo de menos

-Perdóname, hermanita, yo también te echo de menos

-Está bien, acepto que prefieras a tus amigas a tu hermana- se encogió de hombros

-Te quiero- Regina prácticamente se tiró encima de Zelena abrazándola

-Yo también- apretó a Regina en sus brazos –Cuídate- se soltó de los brazos de la más joven y le dio un beso en la cabeza.

-Tú también- sonrió a Zelena antes de que saliera del coche –Gracias por ayudarme hoy

-Las hermanas están para estas cosas- Zelena guiñó un ojo y se alejó del coche, entrando en su casa inmediatamente.

Regina y Emma tuvieron su última conversación por la mañana a través de mensajes, dejaron de hablar cuando Regina tuvo que ir a atender una emergencia y la conversación se detuvo cuando la una supo que la otra estaba bien y viceversa.

Antes de volver a arrancar, cogió el móvil y no tenía ninguna notificación de Emma, así que, decidió llamarla. Buscó el contacto y dudó por un momento, pero quería hablar con ella y ni siquiera sabía por qué

-Hola- dijo Emma al atender y Regina hubiera podido jurar que había hablado con una sonrisa en el rostro. Estaba aprendiendo a descifrar todos los tonos de voz, todos sus gestos.

-Hola. ¿Estás ocupada?- preguntó mientras reclinaba su cabeza en el respaldo del asiento.

-Acabo de terminar un segundo diseño, así que no, no estoy ocupada

-¿Estás muy inspirada, eh?- sonrió

-Absolutamente. ¿Qué vas a hacer ahora?

-Estoy de camino al apartamento de Tinker

-¿Estarás ocupada?

-No que yo sepa

-Ven a Central Park, falta aún una hora para que oscurezca- Regina consideró su tono vacilante, dejándola con una señal de interrogación en su cabeza.

-Dame un punto de referencia- dijo sin pensarlo dos veces.

En cuanto Emma le dijo dónde estaba, colgaron y Regina volvió a arrancar el coche. No tenía previsto ver a Emma ese día, solo al día siguiente cuando salieran juntas, llamó solo para conversar, sin embargo, estaba feliz por poder verla antes.

Tras la conversación que había tenido con Tinker y donde ella paró el tema, y cuando se fue a dormir, una vez más buscó respuestas a la pregunta de «¿Por qué Emma?»

Empezaba a admitirse a sí misma que podía percibir una tensión entre ellas, que quizás estaba nutriendo algo por Emma que iba más allá de lo que pensaba.

Nadie nunca había hecho temblar sus piernas a una distancia tan mínima. ¿Qué habría pasado en aquel ascensor si no hubieran llegado al ático?

¿Quién se habría apartado primero?

¿Se habrían apartado?

¿Por qué solo cuando estaba con Emma su corazón parecía querer saltarle fuera del pecho?

¿Por qué las mariposas que habitan en su estómago habían estado dormidas todo ese tiempo y solo habían despertado cuando Emma estuvo cerca?

La pregunta de por qué Emma solo hacía que más preguntas aparecieran, pero Regina estaba segura de que en algún momento las respuestas vendrían.

Quizás las respuestas ya eran visibles, le tocaba a ella mirar hacia el lado correcto.

Siguió las coordenadas y los puntos de referencia de Emma, y la vio sentada en un banco, con las piernas cruzadas y algo sobre su regazo mientras probablemente diseñaba una nueva prenda. Caminó más lento, sin apartar la mirada; encontraba esa escena digna de ser guardada en la memoria. El cabello de Emma estaba suelto, cayendo por los lados de su rostro, al tener la cabeza gacha, y por eso no podía ver su rostro, pero aún así, para Regina era sencillamente adorable la forma en cómo aparentemente estaba concentrada.

Regina pensó que, definitivamente, Emma debería modelar sus propios diseños por ser tan hermosa.

Faltaban algunos metros antes de llegar al banco, y Emma aún no había percibido su presencia, en ese momento algo en el suelo llamó su atención. Miró hacia abajo, viendo sus propias botas y un dibujo. Sonrió contenidamente y se agachó para coger la hoja, lo más seguro es que Emma la hubiera perdido sin querer.

-Creo que voy a venderle este modelo a alguna marca, ¿crees que puedo ganar dinero?- dijo Regina al acercarse, fingiendo analizar el diseño con el ceño fruncido, llamando la atención de Emma, y girando el dibujo hacia ella.

-Quizás consigas que te denuncia por plagio- Emma cogió amablemente el dibujo de su mano y con una sonrisa en el rostro, firmó la hoja en una esquina y se la volvió a entregar a Regina-Intenta venderlo- Regina rió y se sentó a su lado, aún con la hoja en la mano –Gracias por encontrarlo, ni me di cuenta de que la había perdido.

-Debes estar más atenta- Regina sonrió y volvió a centrar su atención en la hoja de papel –Con certeza, yo me lo pondría

Emma solo sonrió, su idea de hacer lo que Regina usaría había sido un éxito.

-¿Fuiste a buscar apartamento?- preguntó sin mirar a Regina mientras guardaba las hojas sueltas en su carpeta, y metiéndola en su bolso.

-Sí, vimos cinco apartamentos cercanos al hospital por ser más fácil y encontré uno que me agradó

-¿Fue Tinker contigo?- volvió a mirar a Regina tras dejar el bolso a un lado. Estaban sentadas, casi pegadas, en el banco donde había espacio para no tener la necesidad de estar tan cerca.

-No, Zelena

-Espero ser invitada a conocerlo- sonrió al mismo tiempo que una brisa ligera esparcía unos mechones de su cabello por su rostro.

-Serás más que bienvenida- dijo levantando automáticamente su mano hacia el rostro de Emma, apartando su cabello y poniéndolo tras la oreja antes de que ella lo hiciera.

Ambas sonrieron, tanto por la respuesta de Regina como por el gesto. Gesto que dejó a las dos estáticas por algunos segundos hasta que Emma decidió que si no cortaba aquel clima, posiblemente acabaría cometiendo una tontería sin saber si Regina consentiría.

-¿Cuándo te mudas?- intentó mantener su voz sin falla.