CAPÍTULO 12. Deseo de Año Nuevo.

Grimmauld Place estaba tan atestado de gente como en Nochebuena. Percy, Fred y George volverían a quedarse a pasar la noche en el cuartel general para poder celebrar el Fin de Año con su familia, que había pasado allí toda la semana para acompañar a Ginny y Sirius. A pesar de ello nadie se había percatado de que los dos anfitriones de la casa llevaban toda la semana sin hablarse. Habían pasado casi dos días desde la conversación que Sirius había mantenido con su prima y había cumplido su propósito de desistir en su intento de hablar con Ginny para esperar a que fuera ella la que se acercara. Pero la espera se le estaba haciendo eterna.

Sirius había invitado a Andrómeda, Ted y Tonks a pasar la Nochevieja con ellos y en aquellos momentos se hallaba en la cocina ayudando a Molly, Fleur y Ginny con los preparativos de la cena. De vez en cuando no podía evitar lanzarle miradas de soslayo a Ginny, pero esta, a pesar de estar trabajando a su lado, lo ignoraba deliberadamente. O eso pensaba él, hasta que tropezó con ella cuando se dirigía a poner el pan en la mesa. Se miraron durante una fracción de segundo, sin saber si debía disculparse con ella o no (igual también le parecía mal, quien sabe), entonces Ginny se le adelantó y se disculpó con un "perdona" y le dedicó una fugaz sonrisa.

Sirius se quedó un momento bloqueado, convencido de que se había imaginado aquel gesto cariñoso, pero cuando fue capaz de reaccionar y se volvió hacia ella, Ginny ya se había enfrascado de nuevo en las tareas culinarias. Sirius se encogió de hombros, aún perplejo, y continuó como si aquél incidente no hubiera ocurrido.

Poco rato después ya se encontraban todos a la mesa. Arthur y Molly, Bill y Fleur, Charlie, Percy, Fred y George, Ron y Hermione, Ginny, Tonks, Ted, Andrómeda y Sirius. Este, como no, se había sentado a la cabecera de la mesa y conversaba con su prima que se había sentado a su lado.

Su prima no había vuelto a sacar el tema de su "amiga misteriosa" y él se lo agradeció de todo corazón. De todas formas se esforzó en comportarse con normalidad y no mirar demasiado hacia Ginny para que Andrómeda no tuviera ocasión de deducir que ella era la chica de la que le había hablado. Aún así, no pudo evitar desviar la mirada algunas veces hacia la pequeña Weasley, a la que sorprendió mirándole en un par de ocasiones. Y para su asombro ella no apartó inmediatamente la mirada, sino que le sonrió con normalidad, como cualquier otra persona que se encuentra con la mirada de un amigo, aunque en su caso, con algo de timidez, como si estuviese tanteando el terreno. Sirius lo comprendió y le devolvió el gesto en ambas ocasiones, aunque no sin cierto temor a no estar haciendo lo que ella esperaba.

La cena transcurrió con normalidad (con toda la normalidad posible en una comida familiar de los Weasley). Por supuesto no faltaron los debates de Percy, las bromas de los gemelos y las broncas de la señora Weasley. Después de los postres se reunieron todos en el salón y en lugar de escuchar las campanadas por la radio como solían hacer, decidieron verlas por la televisión. El señor Weasley se emocionó al ver que Ginny y Sirius habían hecho funcionar el televisor y estuvo un buen rato acribillándoles a preguntas sobre su funcionamiento, el número de canales y los programas muggles. Ginny suspiró con infinita paciencia y se llevó a su padre a un a parte.

Ya solo faltaban diez minutos para las doce de la noche cuando escucharon abrirse la puerta de la calle. Sirius, extrañado porque no esperaban a nadie más, bajó al vestíbulo para ver de quién se trataba. Un instante después volvía a entrar en el salón con una sonrisa en el rostro y seguido de Lupin. Todos prorrumpieron en una exclamación de sorpresa y Tonks se echó a sus brazos radiante de felicidad.

- ¡Oh! ¡Qué sorpresa, cielo! –le dijo a su novio, que depositó un beso en sus labios-. No te esperábamos.

Lupin sonrió, la abrazó con ternura y después acudió a saludar al resto de los presentes.

- ¿No deberías estar en Hogwarts? –le preguntó Arthur cuando le estrechó la mano.

- Me he escaqueado hace un rato y me he Aparecido –confesó encogiéndose de hombros-. Le dije a Minerva que me encontraba indispuesto y que se hiciera ella cargo, pero creo que no se lo ha tragado.

Pronto todos fueron acomodándose en los sofás, sillas y por el suelo, esperando al momento en el que las doce campanadas anunciarían el fin de un año y el comienzo de otro.

Ya solo quedaban cinco minutos.

Se había hecho el silencio en el salón mientras que el presentador del programa parloteaba incansablemente. Pero nadie le estaba prestando atención. Cada una de las dieciséis personas allí reunidas parecía tener la mente en un sitio distinto, pero todos reparaban inconscientemente en un pensamiento común. Aquél era el primer Fin de Año tras la caída de Voldemort. Un día que señalaba el final de un año de guerra, sufrimiento y dolor, y el comienzo de un año cargado de paz, felicidad y esperanzas de futuro. Todos recordaban en esos momentos a todos aquellos que se habían ido y que ya no volverían. A los que habían muerto para que cientos de personas como ellos estuvieran en ese momento reunidos en familia celebrando el final del año.

Arthur, más que nada, agradecía que su familia hubiese sobrevivido sana y salva a la guerra, aunque, al igual que su mujer, no podía evitar sentir que le faltaba un hijo. Molly tenía los ojos húmedos por la emoción y, como hacía todos los años, dedicó un breve pensamiento a la memoria de sus dos hermanos mayores. Fleur echaba de menos a su familia, que estaba en Francia, y deseaba que se encontrasen bien y que empezaran el año con buen pie, mientras que Bill agradecía que la guerra hubiese acabado al fin y que tuviese la posibilidad de ofrecerle un futuro estable a su hijo. Ron y Hermione pensaban en Harry y los ojos de ambos se humedecieron. Entrelazaron sus manos, cruzaron una mirada y se sonrieron, pensando en el futuro. Por otro lado, Tonks decidió en aquellos momentos no pensar en cosas tristes, en apartar de su mente el miedo y el dolor. Se acurrucó entre los brazos de su novio y cerró los ojos para disfrutar de su presencia. Pero Lupin no podía evitar pensar en cosas tristes. Añoró a sus padres, que ya hacía muchos años que se habían ido para no volver. Recordó a Dumbledore, que lo había protegido tanto como sus padres. Un año más, pensó en James y en Lily, e irremediablemente en Harry. Suspiró y abrazó con más fuerza a Tonks, como si temiera que ella fuera a desvanecerse en el aire de un momento a otro. Levantó la vista y clavó su mirada en Sirius. Sintió que un cálido sentimiento lo embargaba. Había perdido a su familia, a Lily, a James, a Harry, a tanta gente…, pero su amigo aún estaba allí. No estaba solo.

Sirius percibió los ojos de Lupin clavados en él y se volvió para mirarle. Ambos amigos intercambiaron una mirada de comprensión y Sirius volvió la cabeza de nuevo hacia el televisor, aunque no le estaba prestando ninguna atención. Sus pensamientos estaban muy lejos de allí, con James, con Lily y sobretodo con Harry. Jamás habría imaginado que algún día echaría de menos a alguien mucho más que a James. Había perdido tantas cosas… En primer lugar su familia. No es que la echara de menos realmente, pero siempre había echado en falta el tener una familia de verdad, afectuosa y unida. Por otro lado había perdido a sus mejores amigos, su juventud, su ahijado… "¿Qué me queda?" se preguntó con tristeza. Lo pensó detenidamente. Aún tenía a Remus, eso lo sabía. Ambos lo habían comprendido con certeza momentos antes cuando sus miradas se habían encontrado. Y tenía a Ginny. Su corazón se encogió de dolor. La había tenido. ¿En serio había perdido su amistad irremediablemente? Buscó a Ginny con la mirada y la encontró un poco más atrás que él, junto a la pared. No miraba hacia el televisor como los demás, si no que tenía los ojos clavados en el suelo y su rostro reflejaba una expresión profundamente afligida. Sirius cerró los ojos y deseó con todas sus fuerzas que aquella situación se arreglara, que Ginny volviera a hablarle, que todo volviera a ser como antes, que se tuvieran de nuevo el uno al otro. Ya no pudo soportarlo por más tiempo. Lenta, muy lentamente, se fue retirando hacía la pared para acercarse a ella. El resto de los presentes estaban tan absortos en sus pensamientos que nadie reparó en sus movimientos.

Ginny no estaba sentada en ninguno de los sofás. Se había apartado un poco y se había sentado en el suelo, apoyando la espalda contra la pared. Dedicó unos segundos a observar a su familia y se hizo una idea bastante aproximada sobre lo que estaban pensando. También ella llevaba un rato pensado en lo mismo. De hecho, llevaba varios días pensando en ello. El distanciamiento con Sirius había hecho que tuviera demasiado tiempo para cavilar sobre muchas cosas. Había intentado evitar pensar en Harry, pero le había resultado imposible. El dolor aún estaba ahí, aunque tal vez no tan fuerte como meses atrás. Ginny se había preguntado más de una vez si sería cierto eso que dice la gente de que el tiempo cura las heridas, pero ella había comenzado a pensar que simplemente había empezado a acostumbrarse a no tenerlo a su lado. Pero el dolor seguía allí, en el mismo lugar donde lo había escondido meses atrás bajo aquella máscara de fortaleza. Durante aquellos días había deseado en más de una ocasión poder compartir sus dudas y temores con Sirius, pero entonces volvía a la realidad y recordaba que no se hablaban. Bueno, en realidad, que no le hablaba. No estaba muy segura de lo que le estaba pasando, de porqué no acudía a junto Sirius y trataba de arreglar las cosas si era lo que más deseaba en aquellos momentos. Pero se sentía confusa y tenía miedo de algo que amenazaba con estallar en su interior, pero que no llegaba a comprender de qué se trataba.

Sabía que había sido injusta con Sirius, que lo que había pasado la otra noche había sido culpa de los dos y no solo de él y era consciente de que con su comportamiento le estaba haciendo sentir culpable y eso no estaba bien. Sirius no era el responsable de lo que había ocurrido, o al menos no el único. Ginny le había dado muchas vueltas al asunto y había llegado a la conclusión de que lo del beso solo había sido un accidente, que no debían darle tanta importancia, o por lo menos no más de la necesaria. Lo había estado pensando mucho y había comprendido que le importaba mucho más su amistad con Sirius que las razones por las que había ocurrido aquél incidente. Tras meditarlo detenidamente había tomado por fin la decisión de hablar con él, pero en aquellos momentos se percató de que, aunque se encontraba rodeada de gente, estaba sola. Se preguntó, angustiada, si no sería demasiado tarde, si no le habría hecho ya demasiado daño a Sirius durante aquella semana, si aún podría perdonarla por su comportamiento. Sentía como los ojos se le humedecían y los cerró para evitar que se le salieran las lágrimas.

Escuchó de fondo la televisión, los comentarios de su familia que ya había roto el silencio y como ya empezaban a sonar los cuartos previos a las campanadas. Como última petición del año, lo único que deseó fue que Sirius la perdonara.

En ese momento sintió un movimiento a su lado y abrió los ojos. Sirius y ella cruzaron una mirada llena de significado y por las mentes de ambos cruzaron frases pronunciadas días atrás. "Has vuelto" "Por eso quería pasar la Navidad contigo. Tú me darás fuerzas ¿verdad? Siempre lo haces..." "te prometí que no te dejaría solo".

Los ojos de Ginny estaban al límite de su capacidad y no pudo evitar que una lágrima resbalara por su mejilla. Sirius se la limpió con el pulgar y le sonrió. Ginny tuvo que contener el impulso de echarse a sus brazos, ponerse de rodillas y suplicarle perdón. Pero el salón estaba repleto de gente y eso sí llamaría un "poco" la atención. Se conformó con alargar su mano hasta rozar la de Sirius, aún sin estar segura si eso le parecería mal o no. Pero él no la rechazó, si no que la estrechó con fuerza y eso hizo que ella se sintiera mucho mejor.

- … ¡Cuatro...! ¡Tres…! ¡Dos…! ¡Uno…! ¡Feliz Año Nuevo!

Fred y George prorrumpieron en vítores y todos comenzaron a abrazarse y a felicitarse el Año.

Ahora ya no había ninguna razón que se lo impidiera. Ginny se volvió hacia Sirius y lo abrazó con fuerza.

- Feliz Año Nuevo, Sirius –le susurró al oído.

Sirius parpadeó porque sentía que los ojos se le humedecían de felicidad y la estrechó más fuerte entre sus brazos.

- Feliz Año Nuevo, Ginny.

Los demás se acercaron para felicitarlos también y no tuvieron más remedio que separarse y dedicarse una sonrisa mientras los Weasley se llevaban a Ginny por un lado y Andrómeda estrangulaba a su primo con un abrazo por otro.

Ese año, la celebración no se alargó mucho rato más. Repartieron copas para todos y después de brindar con Champagne todos se fueron retirando hacia sus dormitorios o hacia sus casas, en el caso de los Tonks y Lupin, que había decidido quedarse esa noche con su novia y no volver a Hogwarts hasta la mañana siguiente.

Ginny siguió a sus padres escaleras arriba, pero al llegar a su dormitorio se detuvo en la puerta y se volvió. Sirius y ella se miraron. Ella señaló con la mirada a sus padres, que en ese momento subían las escaleras y se perdían de vista en el siguiente descansillo, completamente ajenos a la comunicación visual que estaban compartiendo los otros dos uno descansillo más abajo. Sirius asintió con la cabeza y subió las escaleras hacia su dormitorio. Ginny lo siguió con la mirada hasta que se perdió de vista y después entró en su habitación, cerrando suavemente la puerta tras de sí.

Ginny esperó más de una hora para asegurarse de que todo el mundo se hubiera dormido. Salió de la cama sin encender la luz, se puso las zapatillas y abrió la puerta de su habitación lo más cuidadosamente posible para no hacer ningún ruido. Echó un vistazo al oscuro rellano. Vacío. Observó la puerta de la habitación contigua, la que compartían Ron y Hermione, y comprobó que por debajo no se filtraba ninguna luz. Debían de estar durmiendo. Veloz como el pensamiento cerró la puerta de su dormitorio con sumo cuidado y se deslizó escaleras arriba como una sombra.

Se detenía en cada rellano y repetía la misma operación que en el primero. Así hasta que llegó al último y se detuvo conteniendo el aliento. El panorama era el mismo que en el resto de la casa: completamente despejado. Entonces se acercó a la puerta-objetivo y echó un rápido vistazo por encima de su hombro antes de abrirla.

El interior del dormitorio estaba completamente a oscuras, pero no le importó. Entró y cerró la puerta tras de sí.

- Nadie te ha visto venir ¿verdad? –preguntó la voz de Sirius en un susurro, muy cerca de ella-. Ya sabes lo mal pensada que es la gente.

Continuará...

Hola, siento haber tardado en actualizar. Ruego que me disculpéis :(

En compensación subiré también el capítulo 13: "Una invitación con sorpresa"

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