Hola, mis queridos lectores. He venido con un capítulo nuevo de esta hermosa historia. Espero que puedan ayudarme dándole like a mi página de Facebook EAUchiha-Fanfiction y a mi Facebook personal Anne Kristina Rodríguez (en mi perfil está el enlace directo a ambos perfiles) desde allí estaré pendiente de ustedes y publicaré sobre mis próximas actualizaciones.
Agradecimientos especiales a mi Beta: Hikari Takaishi Y
Espero que la lectura sea de su total agrado.
Los personajes de Naruto pertenecen a Masashi Kishimoto.
Capítulo 12.
Año 2007- Diciembre 25
Fugaku e Itachi Uchiha entraron a su casa luego de hacer una compras, encontrándose con una escena bastante peculiar. Ruido de pisadas en la planta superior, mientras la mujer observaba divertida al pie de las escaleras.
– ¿Qué sucede?– preguntó Fugaku, acercándose a su esposa.
– Sarada está jugando con el regalo de Navidad de Itachi– comentó riendo.
– ¡No toques eso!– gritó Sasuke alarmado. La familia no pudo evitar reír, desde que la pequeña llegó a la familia, la casa era más animada. Mikoto lamentaba que sus hijos casi no hicieran ruido, excepto cuando discutían. Pero ahora las cosas eran diferentes y eso le gustaba mucho.
Itachi sonrió burlón, él le había comprado una andadera a su preciosa sobrina y ahora ese objeto le estaba dando dolores de cabeza a su hermano menor, y eso que no tenía veinticuatro horas de haberlo adquirido.
– ¡Por allí no!– gritó de nuevo.
– Parece que irá a parar al basurero muy pronto– dijo Itachi.
– Sería una pena, ella se está divirtiendo– añadió Mikoto– escuchen con atención– pidió. Ambos agudizaron el oído, escuchando la risa infantil resonar a través de los sonidos de los pies chocando contra la madera y las ruedas de la andadera.
– Él no lo haría– afirmó Fugaku– si Sarada es feliz con eso, él se lo dejará. Pero si por algún motivo, ella no lo quiere, él se deshará de eso.
El sonido de algo pesado impactando contra el suelo llegó hacia ellos, supusieron que Sasuke se había caído. De repente, los golpes en el piso y las risas cesaron, para darle paso al fuerte llanto de la niña.
Sasuke la había levantado con todo y andadera, ella lloraba porque quería seguir jugando. Comenzó a bajar las escaleras, encontrándose con toda su familia. Sus mejillas ardieron de vergüenza, no podía creer que todos hayan presenciado el escándalo que había protagonizado al perseguir a su hija en esa cosa.
– Está prohibido que ella juegue en la andadera en el piso superior– ordenó con una pose erguida, tratando de mantener su orgullo intacto.
– Creí que lo desecharías– se burló Itachi.
– Lamentablemente, a ella le agrada– bufó. El llanto de Sarada cesó cuando la devolvió al suelo y pudo moverse con libertad– no te preocupes por los adornos, estaré pendiente de ello– le aseguró a su madre.
– No te preocupes, cariño– sacudió la mano, restándole importancia al asunto– no hay nada a su alcance, me aseguré de ello cuando supe que Itachi le compró esa andadera.
– Lamento mucho las molestias– se disculpó.
– No es molestia, ya había tenido que redecorar antes, recuerda que tú y tu hermano fueron bebés y también pasaron por todas las etapas de un niño– dijo pellizcando las mejillas de sus dos hijos.
Fugaku negó divertido, sabía que sus hijos odiaban que su madre les pellizcara las mejillas. Pero ¿qué más podrían hacer? ellos no podían decirle que no a ella, ninguno de los tres.
...
– ¿Entonces?– preguntó Mebuki mirando atentamente a su hija.
– No lo sé, mamá– admitió– he intentado llamar a Ino desde anoche, pero simplemente no contesta mis llamadas.
– ¿Por qué no lo hiciste cuando Sasuke se fue?– cuestionó.
Sakura desvió la mirada avergonzada, no pretendía decirle a su madre que lo volvió a intentar de nuevo, sería un golpe duro para ella.
– Lo olvidé– mintió con nerviosismo.
– ¿Ah, sí?– inquirió con sarcasmo.
– Podrías dejar de cuestionarme y ayudarme a pensar en una solución– dijo con fastidio.
– Está bien, pensemos en una solución– accedió.
Sakura se quedó pensativa, ella simplemente no sabía cómo salir de esa terrible situación en la que se encontraba.
– ¿Quizás si...– comenzó su madre, atrayendo su atención–... retiras la demanda?
– ¿Eso se puede hacer?– preguntó esperanzada.
– Por supuesto que puedes, siempre ha existido la posibilidad de retractarse de su decisión– explicó.
– Sí, pero no fui yo quien la introdujo– debatió al recordar ese detalle tan imprescindible.
– Pero tú firmaste los papeles, Sakura– le recordó Mebuki– podrías alegar que la demanda se hizo sin tu consentimiento.
– Eso haré– sentenció decidida– no voy a permitir que ella arruine lo poco que he avanzado con ellos y también le demostraré a Sasuke que soy inocente.
– Ese hombre es terco como una mula– comentó con molestia– no creo que vaya a ceder tan fácil después de esto.
– Si le pruebo que no fui yo, me creerá, estoy segura de eso– trató de convencerse de ello– mañana pediré permiso en la escuela para faltar el martes, trataré de contactar a Ino, es todo lo que puedo hacer por ahora– terminó su taza de café y se levantó de la mesa– iré a dormir, buenas noches.
– Descansa, yo me quedaré aquí un rato más– Sakura asintió en respuesta y se fue a su habitación.
Esa noche apenas y pudo conciliar el sueño, no podía dejar de darle vueltas a todo lo que había sucedido en tan sólo un día. Una noche que había sido todo lo que ella había esperado y al día siguiente, todo estaba mal. Sus almohadas tenían impregnado el aroma varonil de Sasuke, el constante recordatorio de que él había estado allí, que hicieron el amor y que él ahora la odiaba más que nunca.
El lunes en la mañana, deseaba con todas sus fuerzas llamar a su trabajo e inventar una excusa para faltar. Pero sabía que su madre no se lo permitiría, Mebuki siempre procuraba que ella fuera responsable con sus compromisos.
– Te caíste de la cama– comentó al verla salir ya lista para irse al trabajo, a pesar de que aún era muy temprano para que comenzarán las clases.
– No dormí bien anoche– admitió.
– Imagino el porqué– puso una taza de café frente a ella y un plato con tostadas y huevo frito.
– Debería llamar a Ino de nuevo– sacó su celular de su cartera e intentó marcar el número de Ino de nuevo. Bajo la atenta mirada de su madre.
– Ino– pronunció cuando por fin pudo comunicarse con ella.
– Sakura, ¿cómo estás?– saludó alegremente– lamento no haberme comunicado contigo, pero estaba disfrutando de un fin de semana en familia– Sakura apretó la mandíbula, ella disfrutaba de su familia, mientras se encargaba de mandar al carajo a la que debería ser suya.
– ¿Por qué lo hiciste?– gruñó entre dientes– ¿Por qué me engañaste para introducir una demanda a mi nombre para quitarle mi hija a su padre? ¿Es qué acaso no te das cuenta que yo tengo todas las de perder y sólo has conseguido lastimarnos a los tres?
– Es lo mejor para ti– afirmó, segura de que así sería– ya lo verás cuando tengas a tu hija contigo. Un hombre no es bueno para llevar la crianza de un niño, una niña en este caso.
– ¡No puedo creer que sigas con eso!– gritó furiosa– Sasuke es un buen hombre, un padre que ha dedicado su vida a su hija ¿todavía crees que él no es capaz de cuidarla?
– Me lo agradecerás luego– insistió.
– ¿Agradecer qué? Él y yo estábamos haciendo las cosas bien sin tu ayuda, pero ahora estamos peor que antes, porque él cree que vine a quitarle a su hija, cuando apenas y tengo derecho de hablarle.
– Él no es una buena persona, si lo fuera te daría una oportunidad– debatió con terquedad.
– Soy yo quien falló, no él– trató de razonar con ella.
– Que tengas buen día, Sakura– se despidió.
– Ino– llamó iracunda– ¡Ino!– gritó, pero ya era tarde. Ella había colgado la llamada– maldita sea– rugió golpeando mesa con fuerza.
– Eso ya no importa, cariño, de todas maneras vas a deshacer de la demanda.
– No lo entiendes, mamá, Ino no descansará hasta hacerle pagar a Sasuke por algo que no cometió– clamó desesperada.
– Entonces ponle un freno a ella, no permitas que te arruine la vida– le aconsejó.
– Me voy al trabajo– anunció poniéndose de pie.
– ¿Y tu desayuno?– preguntó preocupada.
– No tengo apetito– respondió a secas– aunque el café si podría llevármelo– su madre le guardó el café en un termo y lo guardó junto con su almuerzo– te veo más tarde.
La escuela esa mañana estaba prácticamente desértica, sólo había unos cuantos niños y uno que otro profesor. Llegó a la sala de profesores, encontrándose con su nuevo amigo.
– ¿Podemos hablar?– pidió suplicante. El pelirrojo arqueó una ceja y le indicó que tomará asiento. Fue ella quien habló la mayor parte del tiempo, desahogó todo ese enojo e indignación que sentía por culpa de su ex mejor amiga. Ahora no se sentía segura si podría perdonarla.
La hora de la clase llegó, al entrar al salón todos los niños estaban acomodados en sus lugares. La notable ausencia de Sarada, le trajo un malestar en el pecho. ¿Por qué ella no estaba? Sarada era la niña más puntual y responsable que conocía.
– ¿Alguien tiene idea del porqué su compañera Sarada no vino?– preguntó a todos. La Akimichi levantó su mano desde el último asiento.
– Yo no sé nada de ella desde el sábado– informó– su celular aparece apagado y no hay nadie en su casa desde ese día.
– Gracias por la información, Chōchō– agradeció.
En la hora del descanso preguntó en dirección si por casualidad Sasuke se había puesto en contacto con la escuela para avisar la ausencia de la Uchiha y también aprovechó para pedir el permiso de faltar, sin embargo, ellos tampoco sabían nada. La situación era extraña y desconcertante, su única alternativa era ir a ver ella misma que estaba pasando. Al salir de clases, iría a visitar el edificio donde ellos viven o sino iría al estudio a buscarlos en ese lugar.
Al terminar del día escolar, salió de allí disparada, tomó un taxi que la llevará al lugar. Notó que el auto de Sasuke no estaba en el estacionamiento, aún así preguntaría por él a la vigilancia del edificio.
– Buenas tardes– saludó cordialmente al hombre de la entrada– me gustaría preguntarle por una persona que vive aquí.
– ¿Conoce el número del apartamento?– preguntó.
– No, lo siento– se disculpó– sólo sé su nombre.
– Dígame entonces cuál es– pidió amablemente.
– Uchiha Sasuke– respondió. El hombre pareció sorprendido, el Uchiha nunca recibía vista de mujeres. Salvo por su asistente y su madre.
– Uchiha-san no ha ingresado al edificio desde el sábado– comentó apenado.
– Ya veo– musitó pensativa. Una loca idea cruzó por su mente en ese instante, no dudó en intentarlo– ¿Podría esperarlo? Sólo será un rato, si no viene, me iré.
– Por supuesto– accedió– espere adentro– dijo permitiéndole el paso al lobby del edificio. Esperaría por él, no importa cuánto tarde en volver, ella necesitaba hablar con él.
...
Luego de hablar con el médico, cerciorarse que todo estaba bien con ella, tomó la palabra de su madre y se fue a casa a descansar.
El vigilante lo saludó como siempre, aunque se extrañó mucho al notar su deplorable estado y la ausencia de él durante todo el fin de semana.
– Sasuke– escuchó la voz de ella a sus espaldas, se detuvo a la mitad del camino hacia el ascensor– tenemos que hablar– sentenció.
Sí, definitivamente tenían que hablar. Ya estaba bueno de estarse comportando como un par de niños rabiosos.
– Hablemos adentro– indicó permitiéndole ir delante de él. Sakura y él se debían una conversación, él tenía que ponerla al tanto de lo que ocurrió en los últimos días. Ella tiene derecho a saberlo. Pero no allí, no en medio del lobby del edificio. Nadie tenía porqué enterarse de su vida privada.
Sakura se sorprendió de lo flexible que estaba el Uchiha ese día. Pero también le preocupaba, Sasuke lucía terrible. Se veía triste y cansado, quizás esa es la razón por la que accedió tan rápido ante ella. Pero también se preguntaba qué era tan malo como para tenerlo así, esperaba de corazón que su hija estuviera bien y que no sea ella la razón de su pésimo estado de ánimo.
Esperó a que él le permitiera el paso a su hogar, Sasuke simplemente volteó a verla y con un movimiento de cabeza le indicó que entrara. Sakura observó el entorno, era la primera vez que ponía un pie en ese lugar. Estaba maravillada con todo, la decoración era preciosa. Supuso que Sasuke no lo había hecho solo. A donde pusiera sus ojos, había algo de su hija. Era sencillamente perfecto, lástima que ella no estaba con ellos.
Vio como él soltó un suspiro involuntario, deseaba saber que le apenaba y brindarle su apoyo.
– ¿Qué te pasa?– preguntó con suavidad. Sasuke la miró por encima del hombro, vio la preocupación en sus ojos verdes, sin embargo se quedó en silencio.
– Iré a tomar una ducha, espérame aquí– dijo después de un rato.
– Tomate tu tiempo– sonrió amablemente. Él asintió levemente y se perdió en el pasillo.
Sakura aprovechó que estaba sola para conocer un poco más el hogar de su hija y su amado Sasuke. Era gracioso como había fotografías de ambos en todos lados, Sasuke amaba las fotografías. Pero amaba tomarlas, no ser parte de ellas. Supuso que su hija lo tenía comiendo en la palma de su mano.
Entró a la cocina, se sorprendió de lo espaciosa que era, nada que ver con el pequeño espacio de su cocina, en donde apenas y cabe una persona. Sonrió con ternura al ver los dibujos de la pequeña, definitivamente Sarada era la reina de ese lugar. Pensó en que ella sería feliz de cocinar en un lugar así todos los días. Quizás Sasuke tendría hambre, él era de buen apetito y parecía no haber comido bien en días. Se tomó el atrevimiento de revisar la despensa en busca de algo para cocinar. Había mucho para cocinar, pero al final se decidió por hacer pasta. Era lo que estaría listo más rápido, pues sabía que su permanencia en ese lugar no sería tan larga.
– Espero que no te moleste– se disculpó al verlo entrar a la cocina. Él se encogió de hombros, abrió el refrigerador, sacó una botella de agua y la bebió a pecho.
Sonrió complacida y siguió con su labor. No pudo evitar observarlo disimuladamente, él sólo vestía un pantalón de pijama. Su torso estaba descubierto y tenía una toalla colgando del cuello.
– Disculpa...– llamó tímidamente– ¿Dónde tienes los condimentos?– preguntó.
– Aquí– se acercó hacia ella y abrió el gabinete que estaba fuera de su alcance.
– S-será mejor que yo...– se volteó para hacerse a un lado, pero el cuerpo de Sasuke la tenían presionada contra el mesón de la cocina. Sin querer chocó con su pecho desnudo, sus mejillas se colorearon de la vergüenza.
Levantó la mirada, encontrándose con los ojos negros de Sasuke fijos en ella. La cercanía de Sasuke la ponía incómoda, no sólo por lo que sucedió entre ellos la última vez que se vieron, sino porque deseaba que se repitiera. Quería volver a pasar sus manos por su pecho, arañar su espalda... Pero siendo honesta consigo misma, no pasaría. Él sólo le había permitido la entrada porque tenían una conversación pendiente.
La tensión entre ambos era palpable, sus miradas estaban conectadas. El primero en desviarla sería el perdedor, pero parece ser que ninguno de los dos estaba dispuesto a ceder. Sasuke no entendía qué demonios estaba haciendo, se supone que sólo tenían que hablar de Sarada. Eso era lo único que los unía a ellos.
– Yo...– se aclaró la garganta incómodo– te ayudaré con esto para que terminemos más rápido.
– Claro– aceptó Sakura con un deje de decepción en su voz.
Terminaron de preparar la comida rodeados de un incómodo silencio, nada más cruzaron un par de palabras cuando ella le pidió que pusiera los platos en la mesa.
– Gracias por la comida– repitieron al unísono, para luego disfrutar de lo que habían preparado juntos. Sasuke pensó que las habilidades culinarias de la pelirrosa mejoraron considerablemente en los últimos diez años. Ella se sentía orgullosa de sí misma, Sasuke prácticamente devoraba lo que ella había preparado y sin quejarse como lo hacía cuando eran jóvenes.
– ¿Por qué cuándo parece que todo va bien entre nosotros, siempre pasa algo que lo arruina todo?– explotó, estaba harta de tanto silencio. Sasuke no era la persona más habladora que conocía, pero al menos un sarcasmo podía sacarle de vez en cuando.
– Yo me estaba preguntando lo mismo– respondió a secas.
– Dime qué está pasando, Sasuke. Dime ¿por qué estás triste? ¿Por qué pareciera como si no hubieras dormido bien en varios días? ¿Por qué Sarada no está aquí? Y ¿por qué no fue hoy a la escuela?– preguntó desesperada. Sasuke desvió la mirada, pudo ver aflicción en su expresión– dímelo– suplicó obligándolo a mirarla.
– Sarada lo sabe todo– soltó sin más. Por su expresión, ella supo que su hija no lo había tomado bien. Sasuke sufría en silencio, y no es para menos, por su culpa, Sarada probablemente lo estaba odiando.
– Perdóname– masculló al borde de las lágrimas. No podía soportarlo, si él, quién lo había dado todo por Sarada, estaba sufriendo, no quería imaginar cómo le iría a ella– por mi culpa, ella y tú... perdón por...
– No te disculpes– interrumpió– ambos tenemos la culpa en todo esto.
– Tú sólo tienes la culpa de protegerla– expresó con una sonrisa triste.
– Está en el hospital– aquello cayó como una bomba sobre ella. Sasuke vio como ella comenzó a hiperventilar, algo que había visto en repetidas ocasiones cuando ambos eran adolescentes. En aquel entonces, él sólo la abrazaba hasta que ella conseguía calmarse. Pero ahora no sabía cómo actuar...
– ¿Cómo sucedió?– preguntó histérica. Ella lloraba desconsoladamente y él sólo podía mirarla. ¿Cómo podía consolarla cuando él mismo no encontraba consuelo a su pena?
– Rodó por las escaleras del sótano de la casa de mis padres– explicó sereno– fue el sábado en la noche, se encerró allí cuando descubrió la verdad. Despertó hace rato, me vine del hospital porque mi madre me obligó.
– ¿Por qué no me avisaste?– reprochó– yo necesito verla– se levantó de la mesa, Sasuke repitió su acción.
– Porque ni siquiera yo puedo verla– espetó– estuve dos días sentado en una silla frente a su cuarto, esperando que mi madre saliera diciendo que ella ya había despertado. Todo porque Sarada me dijo que no quería verme. Antes de saber que ella tuvo ese accidente, vine aquí a recoger sus cosas porque me dijo que ya no viviría conmigo. ¿Tú de verdad crees que va a querer verte cuándo dijo que me odia, y también a ti?– finalizó alterado.
Sakura prefirió callar, él era quien más sufría por eso. Sasuke no se lo merecía, ella sí.
– Tú no mereces su odio– musitó afligida– yo sí, cada palabra de desprecio que ella quiera lanzar hacia mí, la merezco. Pero tú no, tú lo has hecho todo bien. Aquí la única que merece sufrir soy yo, no tú, ni ella tampoco...
Él se sentía vulnerable frente a ella. No entendía porque le afectaba tanto verla llorar. Sentía pena por ella, Sarada podía ser cruel con las palabras cuando se lo proponía, igual que él.
– Descansa, Sasuke– pidió. Se acercó hasta él y le dio un suave beso en la comisura de sus labios. El Uchiha se quedó estático, la acción de ella lo tomó por sorpresa. Vio como ella recogía sus cosas y caminaba a la salida.
– Quiero que sepas que yo no puse la demanda– la sinceridad de sus palabras caló hasta lo más profundo de su ser, esa era la Sakura que él recordaba, su Sakura– mañana iré a retirarla, no sé cómo pero lo intentaré.
– Iré contigo– dijo en un impulso, él estaba dispuesto a darle el beneficio de la duda– quiero comprobar con mis propios ojos que no me estás mintiendo– aclaró.
– Nos vemos mañana temprano en Tribunales– informó ella.
– Pasaré por ti a tu casa– ofreció Sasuke.
– Está bien– aceptó– hasta mañana– salió del departamento, dejándolo solo con sus pensamientos.
Al llegar a su casa, se lanzó a los brazos de su madre y lloró amargamente hasta que se quedó dormida en el sofá. Despertó con una horrible pesadez en el cuerpo, sus ojos ardían de tanto llanto la noche anterior.
Arrastró sus pies hasta el baño, quizás el agua corriendo por su cuerpo le ayude a limpiar toda tristeza y le ayude a ver que ese día, probablemente todo mejorará. Se vistió adecuadamente para la ocasión y fue a la cocina a preparar el desayuno. Al parecer su madre no despertaba aún.
Se extrañó demasiado cuando ella no salía aún, Mebuki siempre despertaba antes que ella. Así que fue a su habitación a buscarla, pero su madre no estaba. Buscó alguna pista, algo que le haya dejado ella para decirle donde estaba pero no había nada y llamarla no era una opción, Mebuki no era amiga de los celulares. Quizás su esposo la llamó para que volviera y ella atendió su llamada, pero no le avisó para no molestarla.
– Sí, eso debió haber sido– trató de convencerse. Llamaría a su casa más tarde para averiguar qué pasó y regañarla por su falta de consideración al no avisarle nada.
Recogió sus pertenencias a la carrera en cuanto escuchó la bocina del auto de Sasuke y salió a su encuentro.
– Buenos días– saludó al abordar el vehículo.
– Hmp– masculló él en respuesta. Sakura negó divertida, él nunca cambiará.
La persona encargada de recibir las demandas los recibió a ambos, Sakura le dijo que estaba interesada en retirar la demanda que se había hecho a su nombre. El hombre a cargo se disculpó diciendo que no podía desistir de ella porque el demandado ya había sido notificado al respecto.
– Usted no lo entiende, esto no lo hice yo– explicó desesperada. El hombre vio que ella era sincera, también recordó que él nunca había visto a esa mujer allí. Pero recordaba bien el día que dicha demanda fue introducida, era una mujer rubia quien lo hizo. En cambio esa tenía el cabello rosa. También recordó que el abogado que la acompañaba, no parecía de acuerdo con la situación.
– ¿Qué usted no era rubia y tenía el cabello largo?– preguntó para cerciorarse. Sasuke frunció el ceño, eso tenía que ser una broma ¿por que alguien haría algo así?
– Ese es el punto, señor– respondió– yo no tengo nada que ver con esto, la persona que la introdujo me hizo firmar los papeles alegando que era para un asunto personal. Y luego nos llegó una citación a ambos– explicó señalándose a ella y a Sasuke.
– Creo que podría hacer una excepción esta vez– accedió.
– Muchísimas gracias– agradeció con una enorme sonrisa– ¿Lo ves, Sasuke-kun? Sarada ya no tendrá que tener la mala experiencia de ver a sus padres pelearse por ella.
– Que bueno– aceptó con una pequeña sonrisa. Sarada y ellos estaban en suficientes problemas, como para aguantarse algo ocasionado por una tercera persona.
Salieron de la oficina en el momento en el que dieron por terminada la pesadilla que se les venía encima. Sakura no dejaba de sonreír, parecía una niña pequeña. Sasuke la dejó ser, porque sabía que le vendría un golpe fuerte cuando su hija se encontrará con ella.
– ¡Disculpen!– el llamado de la voz desconocida los hizo detenerse. Un hombre de cabello negro atado en una coleta alta, venía caminando con prisa hacía ellos– es un placer conocerla, Haruno-san. Mi nombre es Nara Shikamaru, soy el abogado de Ino– se presentó.
– ¿Cómo supo que se trataba de mí?– cuestionó sorprendida.
– Vi una fotografía– contestó– ¿podemos hablar? Hay algo que quiero decirles.
– ¿Tienes tiempo?– ella se dirigió a Sasuke.
– Soy mi propio jefe ¿recuerdas?– inquirió con sarcasmo.
– Si gustan podemos ir al café que está cruzando la calle, yo invito– ofreció el Nara.
– ¿No hay problema?– preguntó Sakura apenada, Shikamaru negó con rapidez.
– ¿Por qué estamos aquí?– Sasuke fue directamente al grano. El Nara apretó el café que estaba entre sus manos y habló por fin.
– He sido amigo de Ino desde la infancia– comenzó– ella siempre me hablaba de usted y lo que se le había arrebatado...
– Lo que yo dejé abandonado– corrigió.
– Sólo estoy repitiendo lo que dice Ino– mencionó, Sakura prefirió dejarlo continuar en silencio– me propuso meter en su nombre la solicitud para demandar la custodia completa de la menor, Uchiha Sarada. Al principio me pareció una locura, Sai y yo tratamos de persuadirla, pero ella no cedió ni una vez. Así que Sai me pidió que la ayudará, porque sabía que Ino no se rendiría y buscaría asesoría en otro lugar.
«Entonces le ofrecí mi ayuda, sólo para mantenerla vigilada. La ayudé a reunir los documentos requeridos y ella debía encargarse de conseguir su firma. Días después llegó diciendo que la tenía y la acompañé a hacerlo, aún sin estar de acuerdo con ella. Cuando le pregunté qué motivo usaría para ganar el juicio, pues yo estaba consciente de que usted tenía las de perder, porque fue usted quien falló. Ella me mandó a reunir pruebas sobre la mala crianza que pueda estarle dando el demandado a su hija. Investigué en varias fuentes, incluso le pregunté a sus vecinos. Una de las amigas de su hija es mi ahijada, su padre es amigo de la familia. Así que le pregunté a Asuma y Kurenai sobre usted, y ellos hablaron maravillas de usted. En pocas palabras, no pude encontrar nada malo en contra de Uchiha Sasuke»
– ¿Y entonces que pasó después?– interrogó Sakura. Miró de soslayo al pelinegro, él observaba atentamente al abogado, sin ninguna expresión en su rostro.
– Ino me dijo que hiciera hasta lo imposible– respondió con una mueca de disgusto.
– ¿Eso quiere decir que...– Sasuke la interrumpió.
– Significa que debía jugar sucio de ser necesario– explicó. El Nara asintió dándole la razón.
– Me mandó a alterar las pruebas, hacer quedar al hombre como una persona incapaz de cuidar de su hija– admitió avergonzado.
– ¿Por qué no me sorprende?– escupió Sakura furiosa– ella siempre ha dicho que él es incapaz de atender un niño solo.
– ¿Las alteró?– preguntó Sasuke conteniendo su rabia. No conocía a la tal Ino, pero ya la detestaba. Odiaba que quisiera meterse en su vida, que lo juzgará sin conocerlo.
– No, no voy a poner en riesgo mi carrera por algo así y tampoco quiero que una preciada amiga vaya a parar a la cárcel– dijo.
– Agradezco mucho que nos haya contado esto, Nara-san– agradeció ella, inclinando la cabeza hacia el hombre.
– Lamento lo que esto haya ocasionado entre ustedes– se disculpó– me alegro que hayan podido deshacerse de la demanda– expresó con sinceridad, levantándose de la mesa donde se habían instalado para hablar– tengo que volver a mi trabajo. Y de nuevo, lamento los inconvenientes.
– No se preocupe, usted sólo hacía su trabajo– comentó Sakura con una sonrisa tranquilizadora. El Nara hizo una reverencia hacia ellos y se retiró del lugar.
Sakura estaba furiosa, triste ¿cómo alguien a quien le tenía tanta estima era capaz de hacerle algo tan atroz?
Sasuke temblaba del coraje, alguien trataba de hacerlo quedar como un incompetente mal padre y él ni enterado. Definitivamente esa mujer se había ganado su profundo desprecio. Apretaba sus puños con tanta fuerza, que sus uñas se clavaron en la piel de su palma.
– Perdón– pronunció Sakura. Sasuke sintió como la mano de ella se posó sobre la suya. Como si se tratará de su remedio natural, su cuerpo se relajó por completo al sentir su toque.
– Esta vez soy yo quien tiene que pedir perdón– habló con arrepentimiento en su voz.
Sakura negó levemente.
– Yo me dejé envolver en su trampa– dijo en un susurro. Sasuke supo que la situación no debía ser fácil de asimilar para ella. Hasta donde sabía, esa mujer era su amiga y la había traicionado.
– No es tu culpa– insistió en defenderla– no mentiré al decir que creí que tú de verdad lo hiciste, pero cuando me dijiste anoche que no fue así, me hiciste dudar y te otorgué el beneficio de la duda. Pero cuando estábamos en esa oficina, estuve completamente seguro de tu inocencia.
– ¿Podemos dejar atrás este incidente y quedar como estábamos antes de esto?– preguntó ansiosa.
– Hmp– ella tomó eso como una respuesta afirmativa.
Sakura chilló eufórica, sin llamar mucho la atención. Lo tomó por ambas mejillas y lo besó, Sasuke se quedó congelado, nuevamente ella lo había tomado por sorpresa. Pero no dudó en corresponderle, un beso no le haría mal a nadie. Ellos aún tenían una prueba difícil que afrontar, obtener el perdón de su amada hija. Un momento de distracción no le vendría mal a ambos.
Hasta aquí el capítulo de hoy
¿Esperaban que hubiera más drama con esto? Pos no, a Sakura también le puede salir algo bien. ¿Será que su relación con Sasuke mejorará a partir de ahora? ¿Será que el cabeza dura ese por fin dejará que ella le explique sus razones? ¿Llegaran a más después de ese beso? -inserta carita pervertida- ¿ Cómo conseguirán el perdón de su hija? Ni yo misma sé xD
Espero que se tomen la molestia de dejarme su opinión por medio de un review.
Nos leemos en el próximo capítulo, hasta la próxima.
EAUchiha.
