¿Por qué Nanaba? ¯\(©¿©) /¯

-¡¿Qué está pasando aquí?!- preguntó una mujer, abriendo la puerta de golpe.
-¿Eh? N-Nanaba... -dijo Lovino, bajando la voz. Tenía la cara roja y le dolía la garganta de tanto gritar. -Estábamos... Arreglando asuntos.
-¿Y quién es él?- preguntó la rubia, señalando al moreno que estaba en el piso con cara suplicante.
-N-nadie...
Nanaba contempló la escena. Lovino estaba enojado, apoyado contra la cama. Frente a él estaba Antonio, de rodillas, cubriéndose la cara con sus brazos, rodeado por varios libros que el primero le había tirado.
-Solo quería saber qué pasaba. Tus gritos se escucharon por todo el cuartel. Levi me envió para decir que bajaras un poco el tono o vendría hasta aquí.
-¡N-no hace falta, está todo bien! Ve, no hace falta que ninguno de los dos suba o vuelva. -aclaró Lovino, nervioso. -Solo le explicaba un par de cosas.
-... De acuerdo. -Nanaba cerró la puerta.
Esperaron a escuchar los pasos por el pasillo para volver a hablar.
-... Tengo hambre, ¿qué hora es?- preguntó en voz alta Lovino, mirando por la ventana. -Mediodía. Tú quédat... -se sentó en la cama, pensativo.
-¿Ya es hora del almuerzo?- preguntó Antonio, incorporándose.
-Si traigo el plato aquí, los demás lo notarán. Si tomo de más, también. Aquí no te pienso dejar, así que... -lo miró acusadoramente. -Tú te metiste en esto, tú buscas la solución.
-... Guau, qué generoso Lovi... Podríamos salir a comer afuera. -propuso.
-Ajá, sí, claro. "Buenas tardes señor, ¿podría darnos un poco de su plato?" -le respondió de mala gana.
-Vamos a la fila del pan.
-¿Fila del pan? ¿Es la que hace la gente pob- digo, la gente del pueblo?
-Sí. Si vamos ahora tal vez no haya tanta gente. Aunque creo que deberías cambiarte el uniforme. ¡O, podrías usar tu uniforme para pedir más! ¡Sí, ve con tu uniforme!
-Esta bien, me cambio. Sal del cuarto... No, espera. Eh... Date vuelta. ¡Y no voltees!
-¿Te vas a cambiar? Qué pena. Igual no te hagas problema por mí. En mi casa éramos como ocho. Y hasta compartíamos ropa.
-¿Ocho? Guau, yo no soporto ni dos. ¡P-pero igual! ¡Yo me cambio solo! ¡Date vuelta! ¡Mira la pared o algo así!
Antonio giró.
-Eh... ¿Lovi?
-Shhh, callado y no te des vuelta.
-Pero...
-Que te calles.
-Okey.
Lovino sentía cómo le ardía la cara. Las pocas veces que se había vestido junto a alguien era con su hermano, en donde cada uno miraba hacia el otro lado. Pero aquella persona a sus espaldas no era su hermano. No, era un moreno al que le gustaba revisar sus cosas. Debía ignorarlo y vestirse lo más rápidamente posible.

Antonio cedió ante la tentación y abrió los dedos un poco.

-Listo, puedes... voltearte/regresar/eso. -dijo mientras él mismo se volvía hacia el español. "Qué tonto, cubriéndose la cara para no mirar. Parece un niño" pensó, intentando ocultar una risa. "Momento, ¿como puedo verlo? ..." -¡¿Antonio, por qué no me dijiste que estabas frente al espejo?!
-Intenté decírtelo, pero me dijiste que me calle... ¡Y antes de que vuelvas a gritarme, es tu culpa por no recordar donde está tu propio espejo!

-...
-...

-¿Vamos a comer? Tengo hambre.
-Sí... Pero hay que buscar una forma de salir de aquí sin que te vean.
-¡Y otra vez con eso! ¡Ni que fuera con un cartel que diga "Hola, me puedo transformar en titán, ¿quieres probar cortarme el cuello?"
-Yo lo decía porque no es normal traer gente al cuartel. -aclaró la garganta, ahora con más seguridad. -Y no sé cómo vivían en tu casa, pero aquí se hace muy obvio cuando traes a alguien de sobra.
-Oh.
-Mi ventana da hacia un callejón. Podemos encontrar una forma... ¡Antonio, no!
-Nos vemos abajo~
-¡Ant... ¿otra vez?!- se aseguró de que no se le caería nada, cerró su puerta con llave, se la colgó en el cuello y saltó por la ventana. A diferencia del anterior, aterrizó suavemente. -Mas te vale que te regeneres porque como tenga que llevarte al hospital de vuelta te dejo ahí.
-... Duele... un poco.
-¿Puedes caminar?- le preguntó, ayudándolo a ponerse en pie.
-Sí. Ya va a pasar. ¡A por el pan!
-De acuerdo, vamos por a...
-¡Espera, a la del sur no!
-¿Y por qué no?
-Porque mi familia podría verme.
-Aaaaggghhh -se quejó el italiano. -Entonces voy por las vendas. Ya vuelvo. -puso un pie en la pared, preparado para escalar.
-Vamos a otra. Creo que la del este queda cerca.