Disclaimer: Ni digimon, ni nada relacionado me pertenece, esto lo hago solo para matar el tiempo.

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El ocaso llega, muy lentamente. Yo, solo miro, con un poco de ansiedad. Estoy recargado en el borde del edificio del hospital, la ciudad luce hermosa, bañada de esos hilos de colores ambarinos. Mi mirada se pierde en esa imagen, pues es posible que sea una de las pocas veces que la vea, hoy pasara algo que, no importando como suceda, cambiara nuestras vidas. Patamon viene volando a lo lejos, con prisa…

-¡Por fin te encontré!-menciona con una semi-sonrisa en su rostro.

-¿Para qué me buscabas?-pregunto, volteando mi mirada a la puesta de sol.

-¿Todos allá abajo se preguntan donde están tu y Sora?-se coloca en el barandal; y voltea hacia donde yo miro.

-¿Para qué?

-Pues…no lo sé, pero ha de ser importante.

-Lo presiento…-le menciono, haciendo que se voltee a verme de modo interrogatorio.

-¿Qué?

-El fin, se que está cerca. Sora de seguro lo siente también. Es una sensación tan angustiante…

Mi mirada sigue perdida en la lejanía del paisaje, los autos hacen el ruido normal de un miércoles. Los letreros de los espectaculares poco a poco comienzan a encenderse, antecediendo a la noche.

-¿Se lo mencionaste a Hikari?

-Me despedí de ella, por si acaso lo peor llega a ocurrir.

-Yo no me despedí-volteo a verlo con confusión en mi rostro.

-¿No te despediste?

-Así es.

-¿Por qué habrías de hacerlo?-Patamon me mira, como si intentara hacerme entrar en calma.

-¿Sabes cómo se termina la vida de un ser digital?-Le niego con la cabeza.-Termina cuando su compañero muere…

-Pa…ta…mon-mis ojos se tornan vidriosos y un nudo se comienza a formar en mi garganta.

-Asi que no importa a donde vallas, te acompañare-me dice con una sonrisa en su rostro.

-Yo…yo…lo lamento, te arrastre a esto, en verdad lo lamento.

-Somos compañeros, mi deber es ir contigo a donde sea.

Desvio mi mirada hacia el horizonte. Poco a poco la ciudad el sol se aleja. Falta poco.

-¿Todos los humanos se toman así el fin de la vida?-pregunta Patamon, olvidando por un segundo las circunstancias por las que estamos pasando.

-Uhmm…no, no lo creo.

-Te vez demasiado tranquilo.- sonrío.

-¿Sabes? No todos nos tomamos bien el hecho de estar condenados a la muerte. Es un miedo que durante años no nos preocupa. Lo cierto es que, tarde o temprano llegara, y es ahí, donde te das cuenta de que en realidad todos somos iguales, y lo único que te hace diferente a los demás es el cómo viviste tu vida. Nos vamos como llegamos…

-Eh…-suspiro.

-No importa.

-¿Me dará tiempo de despedirme?

-No…-pero antes de que termine la oración, me detengo, se supone que soy el portador de la esperanza, pero no actuó como tal, no he actuado como si de verdad lo fuera.-Corre…

Patamon se va, volando lo más rápido que puede y siento unas ganas renovadas de ver a Hikari.

Corro hacia la puerta que da a la azotea del hospital; y antes de adentrarme en ella, le echo una última mirada al ocaso. Corro, poseído por una embriagadora energía llena de alegría y esperanza, el aire se siente un poco gélido y maldigo interiormente el haber salido solo con la bata del hospital. Llego a donde están los elevadores, pero siente que no hay tiempo y bajo por las escaleras, dando saltos de tres en tres por las escaleras, mis pies están helados, culpa del piso del hospital recién limpiado, pero eso no me impide seguir bajando. Llego a noveno piso, en donde están los demás y una sonrisa se dibuja en mi rostro, una sonrisa que hace días había perdido y no creí poder recuperar.

-¡¡¡HIKARI!!!-grito con todas mis fuerzas, lleno de emoción y alegría. Ella se voltea a verme con una sonrisa en el rostro y corro.

Nunca estamos en el fondo, nunca pisamos fondo en nuestra vida, creemos que así es cuando las cosas no van bien, pensamos que es los más bajo que podemos caer; y como si fuera una cruel broma, la vida nos enseña que estamos equivocados, pues siempre, siempre, se puede caer más bajo. Lo entendemos tarde y desgraciadamente, lo superamos aun mas tarde, cuando la flama de nuestra existencia se está apagando.

Y es que la vida es tan corta…no alcanza para todo lo que se quiere hacer, pasa rápida y efímera, como si de un susurro se tratara, no muchos lo alcanzan a escuchar, solo las personas a nuestro alrededor, las que están suficientemente cerca de nosotros.

-¡¡¡NO!!!-gritan a la lejanía y todos miran de donde proviene el grito.

Pero lo más increíble es ver como el ser humano lo supera todo, ese miedo existencialista pasa desapercibido para muchos. Somos capaces de crear nuevos mundos e historias, con tan solo tomar lápiz y papel. Hacer sentir lo más grandioso del mundo, con solo dos palabras. Reír, gritar, llorar, sentir euforia…en un mismo día, sentir la angustia en todo su esplendor, carcomer por dentro; y aun así, ver con una sonrisa llena de esperanza el futuro.

Hikari corre desesperada y con los ojos llorosos. Lo último que alcanzo a ver es la cara de todos, llena de dolor y angustia, sufrimiento y pesar.

La noche llega a la ciudad; y lamentablemente, trae consigo aquella promesa de sacrificio que denotaba. La oscuridad cubre a Tokio…la luz desaparece, llevándose una vida, alguien quien vivió todo lo que pudo, que hizo salir a los elegidos de la mas infinita oscuridad…una vida se apaga, para que muchas más puedan seguir existiendo.

...

Un capítulo más y ya acabo, jejeje. Gracias por los comentarios recibidos, de verdad lo agradezco. Creo que el ultimo capitulo lo intentare subir en fin de semana. Nos vemos y ¡Gracias por leer!