Aunque se me había olvidado hacerlo constar, seguro que todos sabéis que ni la historia de la serie CSI New York ni los personajes que en ella intervienen me pertenecen, y que sólo hago un ejercicio narrativo basado en ellos (ése sí es de mi cosecha). Ni yo ni nadie más sale beneficiado económicamente por esta actividad, que realizo por mera diversión.
No puedo decirte adiós
- "¿Todavía estarás aquí cuando nazca, o ya habrás regresado a América?
Capítulo 12
La cara de estupor de Stella y el salto hacia atrás que dio asustaron también a María.
- "Estás embarazada ¿no?"
Stella se había quedado paralizada, con la boca abierta y el vaso en la mano. María le tomó el vaso antes de que derramara el zumo que quedaba, y la hizo sentar. Ella no podía parar, daba paseos a un lado y otro de la espaciosa cocina.
- "No me digas que no lo sabías ¡Ay, Dios mío!... ¡No lo sabías! Pero niña... los vómitos, el cansancio, y ahora la pérdida de la cintura... Y mírate el pecho, cariño mío... Además ¿Hace cuanto que no tienes el periodo? ¡Nunca, desde que estás aquí! ¡Recuerda que yo limpio tu baño! ¿Cómo no te habías dado cuenta?".
Stella no pudo decir nada, sólo empezó a llorar. María se acercó de nuevo, y la abrazó, según estaba, de pie junto a ella. Stella enterró su cara en el vientre de la mujer, y ella la rodeó con sus brazos, colocándole el pelo hacia atrás.
- "Ya, ya, kardia-mou (corazón mío). No llores princesa, esto es una gran alegría, es lo más grande en la vida de una mujer. No se te ocurra estar triste".
Pasaron unos minutos así, María meciendo suavemente a una llorosa Stella. Cuando se calmó, la mujer mayor intentó quitar importancia al asunto.
- "Lo que te decía: Que tienes que comer" Volvió a poner la leche a calentar, mientras Stella terminaba el zumo. Era inútil protestar, así pues mordisqueó una tostada. Después, un cuenco del yogur casero cuya receta secreta sólo María sabía, pero que era delicioso.
Stella no podía dejar de pensar cómo no se había dado cuenta. El trabajo había sido muy absorbente, y ella estaba poniendo sus cinco sentidos en hacerlo mejor que bien, pero con todo... ¡Dios, si no había tenido el periodo desde que estaba en Grecia y ni se había dado cuenta! Siempre había sido muy irregular, pero tanto... Parecía como si su mente se hubiera negado a hacer caso a las señales que su cuerpo le enviaba. ¡Un bebé! Un niño de ella y de Mac, o quizás una niñita... No pudo evitar sonreír. María suspiró al verla, por fin una sonrisa que le había llegado a los ojos, que había iluminado toda su cara. No podía estar más guapa.
- "Tendrás que hacer una prueba para confirmarlo, y después ir al médico. Ahora hay de esos tests modernos que anuncian en la tele, que con un poquito de pis y en unos minutos te dice si sí, si no, de cuánto tiempo estás y el nombre y apellido del padre, por si hace falta..." María calló de pronto, arrepentida de lo que había dicho. "Es una broma", añadió, en voz baja. Stella se rió ante su cara de susto.
- "No te preocupes, esa última información la tengo muy clara. Y de cuánto tiempo estoy, también. La despedida de Nueva York fue a lo grande" Se desperezó y al hacerlo no pudo menos que contemplar su pecho. "Dios, si me estoy poniendo enorme... ¿Cómo no lo había notado?"
- "¿Enorme? ¿A eso llamas enorme? Más vale que reserves lo de enorme para dentro de unos meses. Por ahora estás preciosa, apenas estás recuperando lo que habías perdido las primeras semanas de vómitos... ¡Si ya sabía yo que mi comida no te podía sentar tan mal!... ¿Qué quieres hoy? Aprovecha que estoy enternecida por la noticia y hoy puedes hacer de mí lo que quieras..."
- "María, cómo voy a pensar ahora en comer, si acabo de desayunar... Además, siempre hago de ti lo que quiero."
- "Eso también es verdad, sinvergüenza, con esa carita de buena no te puedo negar nada" Se acercó y la abrazó. "Vas a tener un bebé lindo... a menos que la otra mitad implicada en este lance sea feo feísimo..."
Stella sonrió, sabiendo por dónde iba María. Seguro que se moría de ganas por saber del responsable de este lío.
- "Es guapo guapísimo, al menos para mí". Se fue al dormitorio y volvió con la foto enmarcada que guardaba en la mesilla, la que María ya había visto. Se la mostró. María ponía caras como de duda, torciendo la boca, levantando las cejas...
- "Psshéee... En fin... guapo lo que se dice guapo como mi Kostas no es que sea... Tan pálido... el pelo parece que ya le va de retirada, y no es ningún niño precisamente... " Miró a Stella y de pronto soltó una carcajada sonora. "¡Que no, princesa, que me parece guapísimo! ¡Bebé precioso, garantizado! Y será grande, los dos lo sois... nena, no te envidio el momento que te espera cuando tenga que nacer!"
Stella pasó la mano por la figura de Mac. Ahora tenía que pensar cómo actuar, cómo decírselo, cuándo. Aún tendría que estar tres meses más en Atenas, hasta Navidad. ¿Esperaría a volver para decírselo, o sería demorarlo mucho? Era algo tan grande que no quería decírselo por teléfono, o en un e-mail, pero tan importante que no podía privarle de esa información. Y en su estado no podía ir a Nueva York en un fin de semana y volver, no le convenía hacer un viaje tan pesado sólo para decírselo en persona. ¿Qué hacer?
María se fue poco después, una vez convencida de que Stella estaba bien, y animada. Los sábados su hijo la llevaba a comer de restaurante, y aún debía arreglarse. Gastar el dinero a lo tonto, decía ella, en lugares muy caros en los que la comida no era mejor que la que ella preparaba en casa... pero su hijo quería que se sintiera como una reina, que un día a la semana, al menos, otros le sirvieran a ella. Realmente era un gran chico.
Stella salió hacia la ciudad poco después de comer. Quería comprar el test y hacerlo para mayor seguridad. Después llamaría a alguien que le pudiera indicar un buen ginecólogo... Pensó en Betty Connors, la esposa del agregado militar, que estaba embarazada y ya bastante avanzada. Probablemente ella podría darle algún nombre, además era una mujer encantadora a la que veía a menudo, pues vivía bastante cerca. Después de preguntárselo, seguramente toda la embajada sabría lo que pasaba, pero no le importaba, en cuestión de semanas sería más que evidente... Suspiró. Cómo deseaba que Mac estuviera con ella, que la acompañara a su cita con el doctor, que estuviera en la primera ecografía, que estuviera incluso cuando dentro de unas horas mirase el resultado del test.
En Nueva York, Mac Taylor tenía una obligación sagrada los sábados por la tarde. Desde que su ahijada Lucy Messer había dejado de tomar el pecho y él se había atrevido a sacarla de paseo, todos los sábados lo habían hecho. Siempre con Stella hasta que ella había desaparecido de sus vidas. Los dos y la niña habían recorrido todos los parques de la ciudad, habían visitado ferias infantiles aún cuando el bebé apenas se enteraba de nada y se habían divertido cuando tan frecuentemente la gente pensaba que eran una pequeña y preciosa familia. Mac no había dejado su costumbre, porque el tiempo con Lucy era ahora lo único verdaderamente grato a su corazón, lo único que esperaba con ilusión cada semana. Como Lucy ya andaba, corría, en realidad, las tardes de los sábados eran una aventura que le dejaba agotado, pero por un día, feliz.
Lindsay veía la tristeza en la cara de Mac cada vez que acudía a buscar a la niña para compartir esas horas con ella. Sabía que él se acordaba de todas esas tardes que Stella y él habían acudido por la misma razón, siempre riendo y haciéndose continuas bromas de "padrino"- "madrina". Lindsay sabía que Mac sabía que ella adivinaba lo que él estaba pensando, y que era lo mismo que pensaba ella, pero no mencionaban a Stella. Sólo la sonrisa de Mac al ver a su ahijada le compensaba de la tristeza por aquellos tiempos. ¿Cómo había podido Stella hacerles esto? Lindsay sólo había recibido un mensaje suyo, excusándose por la tardanza en responder al que ella le había mandado. Decía que estaba bien, y que no se preocupara por ella, que algún día se lo contaría todo. Que no se había ido para siempre, que les quería y les echaba de menos y que continuara enviándole fotos de Lucy. Antes de que Mac saliera con la niña ese sábado, Lindsay les tomó un par de instantáneas, dos caras sonrientes mirándose con adoración mutua, y las mismas caras mirando a la cámara, divertidas. En cuanto se fueron, ella se dirigió a su ordenador, copió las fotos y se las envió a Stella. Quería que viera las imágenes de lo que le constaba que era lo que su amiga más quería en el mundo, a pesar del giro raro en su vida en los últimos meses. Aquella discusión que habían tenido Mac y ella... ¿Cómo era posible que las consecuencias hubieran llegado tan lejos? Cuando apretó en "enviar" intentó imaginar hacia dónde viajaban las caras sonrientes de su hija y Mac, y cuál sería el efecto que causarían en Stella al recibirlas. Cuando había recibido el mensaje de Stella le había encargado a Adam un rastreo a fondo, pero de nuevo su intento había sido frustrado. El servidor del que provenía el mensaje era inaccesible y opaco para lograr resultados en cuanto al servidor de partida del mensaje. Estaba claro que sabrían de Stella cuando ella quisiera que supieran.
De vuelta en su casa, Stella se había puesto extraordinariamente nerviosa. ¿Y si, después de todo, no estaba embarazada? Leyó las instrucciones con cuidado y se dispuso a seguirlas al dedillo. En fin, no era tan difícil. Dejó el test reposar en el baño y volvió a sentarse en el salón, intentado relajarse. Tomó e mando del reproductor de música y lo accionó en modo aleatorio. Un par de canciones equivaldrían al tiempo de espera. De pronto, su corazón de encogió.
There's a somebody I'm longing to see...
Hay un alguien al que estoy deseando ver... empezaba la canción. ¿Por qué justo ahora, en este preciso instante, la casualidad elegía esa canción? Las lágrimas comenzaron a rodar por su cara mientras Ella Fitzgerald continuaba
I hope that he turns out to be
someone to watch over me
Espero que él resulte ser
alguien que cuide de mí
Stella echó la cabeza atrás, respirando hondo.
Although he may not be the man some girls think of as handsome
to my heart he carries the key
Aunque puede que no sea el hombre que algunas chicas llamarían guapo
en lo que se refiere a mi corazón él tiene la llave.
¿Quién la había mandado a ella cargar todas esas viejas canciones que sólo podía hacerla sentir nostálgica? Todavía una lágrima se deslizaba con el último verso "Alguien que cuide de mí" cuando reconoció los primeros compases de la siguiente. La sonrisa de Stella antecedió a Rod Stewart en su suave entrada. Dios... ¿Se estaba volviendo loca o todo en este día parecía estar predeterminado?
Smile,
Though your heart is aching... Smile
Sonríe,
Aunque te duela el corazón... Sonríe (La canción "Smile" en mi versión preferida .com/watch?v=RJWA0fUM7-4 )
Light up your face with gladness, hide every trace of sadness
Although a tear may be ever so near, that's the time you must keep on trying...
Smile
What's the use of crying? You'll find that life is still worth-while
If you just smile
Smile
Ilumina tu cara con alegría, oculta todo rastro de tristeza
Aunque una lágrima puede estar asomando, es el momento de seguir intentándolo...
Sonríe
¿De qué sirve llorar? Vas a ver que la vida todavía vale la pena
Sólo con sonreír
Sonríe
Con una enorme sonrisa, Stella se dirigió al baño, con la esperanza de confirmar lo que ahora ya deseaba más que nada en el mundo. Lo más grande en la vida de una mujer, había dicho María, llevar dentro de ti al hijo del hombre que amas como a tu misma vida.
