Capitulo XII

Viaje en tren

Ese día Lily se despertó temprano, había tenido un sueño extraño pero no podía recordarlo muy bien, y al darse cuenta que ya había amanecido, decidió que ya era hora de levantarse.

Con cuidado de no hacer mucho ruido, para no despertar a sus compañeras de habitación se dirigió al baño, y se dio una larga ducha con agua bien caliente, tratando de recordar lo que había soñado, mientras el agua recorría su cuerpo.

La chica escuchó movimiento en la pieza de al lado, por lo que salió de la ducha y tras envolverse en una toalla, volvió a la habitación para vestirse. Allí estaban ya todas las chicas despiertas, a quienes Lily saludó con entusiasmo, pero al parecer ellas estaban muy dormidas para contestar.

Una a una fueron saliendo del baño, pero Lily, que se había arreglado, bajó a la Sala Común con una de las novelas muggle, que su madre le había regalado en las pasadas vacaciones de Semana Santa. "Sin duda que me desperté temprano..." pensó la chica mirando a su alrededor y notar cuan vacía estaba la Sala Común, sólo estaban ella, una niña de primero, dos chicos de cuarto, el prefecto de quinto y un chico de séptimo que esperaba a su novia al pie de la escalera del dormitorio de las chicas.

Cerca de las 9.30 de la mañana al fin llegaron Emily y Sarah y pudieron bajar a desayunar. Con todo el tiempo que se habían demorado, Lily había ido ya a la lechucería a buscar a Fiore y a la Sala Multipropósito a buscar algunas cosas que había dejado allí. Entraron al Gran Comedor por última vez en el año, pues en un rato, saldría el tren a Londres. Las notas de los exámenes habían sido entregadas dos días antes y Lily había obtenido muy buenas calificaciones, aunque, tal como dijo Emily, después de todos los avances que había hecho Lily ese año, no solo en magia antigua, no era de extrañar que Lily hubiese obtenido tales puntajes.

– Chicas... apúrense – dijo Lily a penas terminó de comer – el tren sale en una hora y aún tenemos que ir a la Maldabi a buscar algunas cosas y a despedirnos de Skriper en las cocinas y ... – pero Emily y Sarah, aún no habían terminado de desayunar

– Lily, querida – la atajó Sarah – por qué no te nos adelantas a las cocinas y nos encontramos en la Maldabi en veinte minutos ¿vale? – pero no esperó respuesta y empujó a Lily hacia las puertas del Gran Comedor – Y envíale nuestros saludos a Skriper – le dijo mientras su amiga de alejaba hacia el Vestíbulo.

Así que Lily fue sola a las cocinas para despedirse de Skriper, quien la recibió con mucho afecto y ya quería llenar los brazos de Lily con pastelillos y todo tipo de cosas hasta que ella lo detuvo.

– Skriper, calma... yo venía a despedirme... el tren parte en un rato y pues tengo que terminar de arreglar el baúl... – dijo rápidamente – pero no te pongas triste... si quieres puedes venir a visitarme en mi casa en las vacaciones... además, si no es así, nos veremos en septiembre, ya verás como pasa de rápido el verano – dijo dedicándole una hermosa sonrisa.

La chica estuvo allí unos cinco minutos más y salió corriendo cuando se fijó en la hora. Se apresuró en subir las escaleras, hasta el tercer piso, donde sus amigas ya la esperaban en la Maldabi. Había recogido todo y lo tenían guardado en mochilas.

– Vamos rápido que aún tenemos que hacer caber todos estos libros en los baúles – dijo Emily con los brazos llenos de libros y algunos pergaminos, plumas y tarros de tinta en la bolsa.

Sonó el silbato justo a la hora, y el Hogwarts Express se puso en marcha, con sus vagones y la locomotora sonando ruidosamente. Las chicas habían subido al tren de las primeras, por lo que habían conseguido un excelente compartimiento en el centro del tren, al lado del vagón de los Prefectos y Premios Anuales.

A Lily en especial le gustaba estar allí, cerca de los Prefectos y Premios Anuales pues así podía librarse más fácilmente de las visitas desagradables, ya que ellos tenían permiso de ocupar magia y castigar hasta que el tren llegase a la estación. Por ejemplo, en el viaje de regreso a la escuela, luego de las vacaciones de Semana Santa. Lucius Malfoy las había estado fastidiando, hasta que un prefecto que en ese momento salía de su vagón para hacer su ronda lo pilló y lo sacó del compartimiento de las chicas.

En otra ocasión, los Merodeadores, que habían terminado todas sus golosinas y ahora vagaban por el tren buscando a quien fastidiar, habían llegado al compartimiento que esa vez ocupaban las chicas y entre Sirius y James habían estado molestando a Lily y Sarah, como una distracción para que Peter pudiera sacar algunas ranas de chocolate.

Pero el, con lo torpe que era, no fue lo suficientemente disimulado y Emily lo pilló, por lo que armó tal escándalo que llegaron todos los Premios Anuales a ver que ocurría y los Merodeadores tuvieron que retirarse luego de haber perdido, sin poder llevar ningún motín.

Lily, como ya era costumbre, se quedó dormida casi al mismo tiempo que el tren se puso en movimiento y Emily estaba tratando de despertarla pues ya se acercaba el carrito de la comida. La chica esta inquieta, "seguramente otra pesadilla" pensó Sarah, al ver a Lily.

Cuando la pelirroja por fin despertó, no recordaba nada de lo que había estado soñando minutos antes. Sus amigas la miraban preocupadas, y Lily comprendió de inmediato a que se debía

– ¿Los sueños otra vez? – preguntó por fin – No hace falta Emy – dijo Lily al ver que su amiga iba a hablar – no lo recuerdo... solo por sus caras puedo deducir que estuve soñando algo malo de nuevo

– ¿De veras que no recuerdas Lily? – preguntó Sarah con cautela.

Lily iba a contestar, pero en ese momento se abrió la puerta del compartimiento: era la bruja que llevaba el carrito de las golosinas, luego que las tres compraron un poco de todo, o mas bien Lily y Emily, pues Sarah dijo que no tenía mucho hambre pues había comido mucho en el castillo, se pusieron a comer charlando alegre y animadamente.

Habían comprado Ranas de chocolate, Grageas de Todos los Sabores, pasteles de caldero, chicle súper hinchable, plumas de azúcar, brujas fritas, chicle droobles, ratones de helado, crema de menta en forma de sapo, y caramelos que estallan.

Como siempre, durante el viaje las visitaron sus amigos para despedirse y desearles unas buenas vacaciones. Algunos de sus compañeros de clase aún miraba recelosos a Lily por la ventanilla, después de las demostraciones de magia en las clases. Pero fue un viaje agradable y las chicas no necesitaron llamar la atención de los Prefectos o Premios Anuales para poder librarse de alguna visita desagradable. Ni siquiera se asomaron los Merodeadores, que siempre lo hacían, especialmente para divertirse un rato, pues ellas eran casi las únicas chicas que no pertenecían al club de fans de los Merodeadores.

Al poco rato Lily se había quedado dormida de nuevo. "Es imposible que esté despierta más de una hora en este tren.." pensó Sarah al ver a Lily dormida nuevamente. Muy pronto Emily comenzó a sentir dolores estomacales, por lo que decidió recostarse un rato, y pronto también se quedó dormida, así que Sarah, para no estar sola se fue al compartimiento de las chicas de Ravenclaw. Volvió un poco antes de llegar a Londres, para tener tiempo de despertar a sus amigas y cambiarse de ropa, y lo que vio al llegar la dejó petrificada por un momento en la puerta del vagón.

Lily y Emily estaban dormidas aún, en la misma posición de antes, pero estaban absolutamente pálidas y una especie de nube gris flotaba sobre ellas. Sarah se acercó cautelosamente y al tocar las manos de sus amigas pudo notar que estaban totalmente frías. En vano intentó despertarlas, y si lo logró, lo único que sucedió, fue que Lily se giró hacia un lado, y su cuerpo comenzó a temblar fuertemente.

Sarah corrió a la locomotora, para ver si había en el tren alguien que pudiera ayudar a sus amigas, pero allí se encontró con otros veinte estudiantes que estaban allí por lo mismo. Al parecer había envenenados en todo el tren.

Sarah volvió al compartimiento al darse cuenta que nada lograba en la locomotora y arropó a sus amigas con capas y túnicas y luego se cambió el uniforme por ropa muggle. Esa corta parte del viaje se le hizo eterna.

Cuando por fin llegaron a Londres, el andén estaba lleno de Sanadores del hospital San Mungo de Enfermedades y Heridas Mágicas; y algunos funcionarios del Ministerio, que al parecer habían sacado del andén a todos los padres. Los alumnos que se encontraban bien, que eran muy pocos, fueron sacados rápidamente del tren y enviados a sus casas con trasladores.

Sarah quería quedarse allí, para saber como estaban sus amigas, pero uno de los funcionarios del ministerio fue tajante en ese sentido y la envió a su casa sin aceptar réplicas. Por mientras, los sanadores habían subido al tren y examinaban a los enfermos, la mayoría de ellos inconscientes.