Sospechas

Habían pasado ya dos semanas desde los exámenes, lo cuales fueron suspendidos en su tercera fase. No iba a exponer vidas ajenas a la villa, por culpa del resentimiento que le tenían en su aldea. Todavía resonaba en su cabeza el discurso que había dado para finalizar los exámenes.

Gaara se encontraba en lo alto de la torre del examen, en uno de sus balcones, todos los participantes del examen prestaban atención a lo que el Kazekage fuera a decir.

—¡Amigos examinados, buen trabajo! —les felicitó, a la vez que llamaba su atención—. El tiempo pasa y el mundo ninja también necesita dar un cambio en su destino. Hasta ahora se decía que los shinobis debían ser capaces de sacrificar a sus compañeros por el bien de las leyes. Pero sabemos que hay algo más importante que las reglas —afirmó con convicción.

»Se trata de los amigos de la misma aldea. El vínculo forjado entre aquellos que sufren juntos. Comprendo que ustedes ya hicieron suficiente. Así que no habrá necesidad de una tercera fase. Además, quedaron anuladas las condiciones que se pusieron tras superar la primera fase. En su lugar, se enviará un reporte detallado a las aldeas de todos los presentes y su graduación dependerá del juicio de sus Kages.

Los participantes del examen empezaron a hablar entre ellos. Mientras tanto, Gaara intentaba distinguir a todos los shinobis de Suna para comprobar su estado. Se extrañó pues no consiguió percibir al equipo de Shandi.

Después de ese discurso fue cuando le comunicaron el mal estado de la joven. Todavía podía sentir esa sensación en el pecho al conocer la noticia y al ver su condición. Había sido muy afortunada, ya que Haruno Sakura acudió en su ayuda, una digna alumna de la Hokage Tsunade. Aun así, solo había podido parar el sangrado, ya que el cuerpo de la joven parecía rechazar la curación con chakra.

Una vez en el hospital el único procedimiento que pudieron llevar a cabo fue coser la herida y administrar suero para evitar la deshidratación de la joven. Sus pulsaciones y niveles de chakra eran muy bajos.

Gaara la había visitado varias veces; aunque su cuerpo iba mejorando ella seguía sin estar consciente una semana después del examen. Los médicos no encontraban motivos para ello. En cambio, Chiyo al escuchar los testimonios de sus compañeros de equipo determinó que la joven había realizado un sobreesfuerzo y un gasto extremo de Chakra. Lo más extraño era ese rechazo que tenía hacia los tratamientos médicos ninjas.

El Kazekage estaba meditando sobre ella, sobre lo ocurrido en la última visita, ya que desde ese día no había regresado al hospital, aunque se mantenía informado de su situación.

Llegó a la habitación, y como siempre sus compañeros se hallaban con ella.

—¿Cómo se encuentra? —preguntó, los jóvenes hicieron una reverencia.

—Igual. A veces se despierta, pero no nos reconoce y vuelve a caer en trance. Gracias por venir, Kazekage-sama —respondió Saturo, estaba a su lado sujetando su mano. Solo había quedado una gran cicatriz en el cuello del joven, una marca de su resurrección.

—¿Le importaría quedarse un rato, mientras vamos a comer algo? —la chica se levantó de la silla—. Será rápido, sabemos lo ocupado que está —Gaara asintió y los ninjas salieron de la estancia. Se sentó justo al lado de la camilla. Tenía un aspecto horrible, su piel estaba pálida y los labios amoratados. Suspiró con pesadez e hizo el ademán de cogerle la mano.

—Eh ¿Quién...? Gaara —Shandi estaba desorientada, pero al verle sonrió—. ¿Eres tú? Que viejo estás —rió a la vez que tosía por el esfuerzo. El joven estaba confuso. ¿De qué estaba hablando?—. ¿Dónde estoy? Tengo que volver con mis padres o se preocuparán y me castigarán.

—Shandi, estás en el hospital y todavía no puedes moverte —le indicó él. La chica lo miró mal.

—¿Por qué me llamas así? Sabes que ese no es mi nombre —le recriminó, volviendo a darle un ataque de tos—. Y tú no me das órdenes. Tonto —le sacó la lengua y se cruzó de brazos. Gaara palideció, hablaba igual que ella—. No pongas esa cara, te perdono —le acarició la cabeza. Abrió los ojos sorprendido; no sabía qué pensar, su mente se quedó en blanco. La chica apoyó la cabeza en la almohada, sus ojos volvían a cerrarse.

—Ai, ¿eres tú? —susurró, le asustaba la respuesta. La chica solo le sonrió antes de volver a cerrar los ojos. El ninja se quedó paralizado, casi sin respiración y sin apartar la vista de ella. Algunas lágrimas se agolpaban en sus orbes ante la frustración y el alivio. En ese momento, sus compañeros pasaron a la habitación; Gaara aprovechó para salir de esta, sin despedirse siquiera. Debía meditar sobre lo sucedido.

Desde ese día no había podido regresar, aunque le habían informado que ya había despertado y recuperado, sin estar desorientada. Tenía que pensar qué hacer, cómo actuar, ella no había querido revelar su verdadera identidad.

«Algo normal», pensó. Aún podía oír sus súplicas y sentir cómo la vida abandonaba su cuerpo. Sacudió un poco la cabeza, debía pensar fríamente. Lo primero era averiguar si recordaba la conversación, y después si era ella realmente. Podría ser otra persona haciéndose pasar por Aisha. Si no fuese ella, seguramente la habría conocido y tendría que indagar en ello.

En el fondo lo estaba retrasando porque tenía miedo; más bien pánico a que no fuera ella. Él había asesinado a su única amiga a sangre fría.

Escuchó una risa muy familiar en su cabeza, un sonido burlón.

«Seguramente te odiará, por eso se asusta cuando te ve» afirmó Shukaku. Gaara respiró profundamente, tenía que concentrarse y relajarse. Estaba demasiado alterado por este asunto. No podía permitir que el Bijū se descontrolara.

El Kazekage permanecía en su despacho firmando y revisando documentos; quería mantener su mente ocupada. Temari y Kankurō interrumpieron su trabajo, entrando al cuarto súbitamente.

—¿Qué ocurre? —preguntó, algo preocupado por la visita de su hermanos. Ellos se miraron.

—Gaara, ¿no quieres comer? —propuso Kankurō.

—Sí, ya es hora. Apenas desayunaste hoy —señaló Temari, sin parecer demasiado preocupada.

—No, por ahora no —volvió su vista a los papeles de su mesa.

—Ah, vale.

—Te rechazaron —recalcó la mayor, a la vez que salían del despacho.

—Ya ves — Iban caminando por los pasillos—. Nuestro plan no ha funcionado.

—Ya me di cuenta —dio un largo suspiro—. ¿Crees que le habrá afectado el intento de asesinato por parte de la Aldea?

—Lo dudo. Llevan intentado asesinarlo desde los cinco años —se llevó la mano a la barbilla—. Debe ser algo más. Pero no se me ocurre qué —meditó durante un rato—. A lo mejor, alguna chica lo rechazó —comentó con sarna. Temari lo golpeó en la cabeza. —¡No seas bruta! —se sujetó a la cabeza.

—Pues, no digas estupideces. Esto es serio.

Gaara continuaba revisando todo el papeleo. Se llevó las manos a las sienes. Sabía de sobra que sus hermanos estaban preocupados. Pero no quería comentarlo con nadie. Se recostó sobre su silla, asomándose por la ventana.

«¿Qué debería hacer?» Se cuestionaba, sabía que había sido dada de alta el día anterior; sin embargo todavía no la había citado para anunciarle que no había superado las pruebas del examen, al igual que sus compañeros. Puesto que no habían conseguido los pergaminos; había querido ascenderla a ella, pero el consejo lo desaprobó, ya que todavía desconfiaban. Por otra parte, se le ordenó que compadeciera ante la asamblea de sabios para un interrogatorio sobre su habilidad. Todos tenían curiosidad.

Hacía años, Chiyo había desarrollado una técnica parecida con el propósito de darle vida a las marionetas para hacer más eficientes las batallas. No obstante, su uso había sido prohibido, ya que requería el sacrificio de una vida para atraer a otra de vuelta. Mas ella había sobrevivido. Tenía a todos intrigados.

—Kazekage-sama, perdone la intromisión —se disculpó Baki, el que había sido su maestro. Gaara asintió.

—Recuerde que hoy tiene que ir al hospital para reunirse con el equipo médico y Sasa-san para discutir los presupuestos de este año —le recordó. El joven suspiró profundamente. No le apetecía tener esa reunión, pero ya la había aplazado lo suficiente.

Había entrado al hospital y los representantes de las diferentes áreas del complejo hospitalario le recibieron en la puerta y se dirigieron a una gran sala a tener la reunión. Él iba acompañado por Baki, lo único que haría era escuchar la propuesta para trasladarla al consejo, las partidas presupuestarias eran aprobadas por unanimidad. La reunión había sido larga y tediosa, sin embargo era verdad que el edificio se encontraba en lamentables condiciones, además de los déficits que detectaron. Cuando esta finalizó, el Kazekage se disponía abandonar el complejo hasta que la vio. No llevaba el velo y tenía el pelo recogido. Estaba en una habitación con varios niños alrededor. Al parecer estaba de turno ese día.

Algo dudoso, decidió entrar en la habitación. Se hizo el silencio en esta. Gaara notó de nuevo esa extraña mirada en ella.

—Siento la intromisión, solo quería saber cómo se encontraba —dijo. Estaba analizando todas las respuestas.

—Kazekage-sama, no se preocupe. Mi salud ha mejorada bastante. Gracias por la preocupación —respondió con cordialidad. No daba señales de recordar la extraña conversación que habían mantenido.

—Doctora, ¿nos va a contar el cuento o no? —exigió con impaciencia un pequeño niño de cabellos castaño. Los demás continuaron las quejas. La kunoichi suspiró.

—Sí, ya voy. Pero muestren más respetó que el Kazekage se encuentra aquí —riñó a los infantes.

—No te preocupes, yo ya me marchaba...

—No se vaya señor, quédese. Así podré decirles a mis amigos que conocí al Kage de la aldea —el chico rió. Le recordó a Naruto, con esa alegría y vitalidad.

—Chicos, él seguramente estará muy ocupado con asuntos de la villa —los niños protestaron por eso. Parecía que no quisiera que estuviera allí.

—Creo que tendré un rato libre para escuchar el relato —contestó. La chica tragó con fuerza, mientras que los niños gritaban de alegría. El shinobi se sentó en una silla, cruzando los brazos.

—Vale, pues, la contaré entonces —dijo con resignación—. Cuentan las leyendas que más allá del cielo y las estrellas, existe el mundo de los espíritus. Era un mundo maravilloso, donde la gran mayoría de ellos vivían en armonía. Sin embargo, ningún espíritu podía bajar a la tierra, ya que si lo hacía jamás podría regresar.

«En este mundo residía Okami*, que era el más puro, fuerte y respetuoso de todos. Era un ser lleno de bondad. Él estaba enamorado de la luna, suspiraba todas las noches por ella; y ella a su vez lo había por él. Eran un ser en dos cuerpos. Tal era su felicidad que hasta las estrellas brillaban más que antes».

«Sin embargo, no todo era dicha, ya que existía otro espíritu que también estaba enamorado de Mūn*, y sentía celos y odio hacía Okami. Este se llamaba Kirai*. Así que después de mucho pensar y pensar, concibió un plan».

«—Hola, Okami, ¿qué tal va tu relación con Mūn? —preguntó. El espíritu ingenuo le respondió que estaba buscando un regalo para ella. Kirai sonrió con malicia. —Me dijeron que ella ama las flores que crecen en la tierra. Ese podría ser un gran regalo —le confesó. Y el insensato Okami le agradeció la ayuda y se dispuso a bajar la tierra para conseguir el regalo perfecto para su amada».

Mientras seguía contando el cuento, escuchó algunas exclamaciones y noes por parte de los niños.

«Estuvo una hora recogiendo y haciendo un hermoso ramo de flores, con las más bonitas y coloridas que pudo encontrar. Cuando hubo terminado decidió volver, pero no podía hacerlo. Entonces, justo en ese momento, se dio cuenta de su error. Y entristecido empezó a gritar el nombre su amada. Sin embargo, esta no podía oírle. Y todas las noches, cuando ella salía, él gritaba sin descanso. Dice la leyenda, que cuando un espíritu baja a la tierra, obtiene un cuerpo. Y este es el motivo de porqué los lobos aúllan a la luna».

Todos los oyentes sentían la pena e impotencia del pobre Okami.

—¿Jamás regresó? —preguntó una de las niñas. La doctora negó con la cabeza. Gaara sentía una opresión en el pecho, también. Recordaba que su amiga si le había contado alguna historia, esta era la segunda persona que lo hacía, si no resultaba ser la misma.

—Bueno, ahora que he terminado, tengo que seguir con mi trabajo o Sasa-sensei me regañará. Mañana vendré a contaros otro cuento —los niños se conformaron con ello.

—Pero, nos cuentas uno más feliz. ¡O ya no te querremos! —le amenazó el niño. Ella rió y asintió. Gaara también se levantó y salió de la habitación con ella.

—Ha sido una historia muy bonita —alabó el Kazekage.

—Muchas gracias. Y le agradezco también las visitas al hospital, Satoru e Irei me comentaron sobre ellas —se inclinó ante el chico.

—¿Te mencionaron también el resultado del examen? —la joven agachó un poco la cabeza.

—Sí, aunque realmente no es que me interese ascender, prefiero el trabajo en el hospital. Lo hacía por mis compañeros —respondió con decepción. Gaara se sorprendió percibir lo importante que eran ellos para Shandi—. Tengo que volver al trabajo. Que tenga un buen día —se despidió, marchándose. Asimismo, Gaara abandonó el hospital. Debía seguir vigilando, sin embargo no confiaba en nadie tanto como para encargarle esa misión. Y no quería que sus hermanos se entrometieran.

Al día siguiente era la reunión. Había asistido todo el consejo acompañados del Kazekage y Chiyo. La chica estaba de pie, enfrente de todos esperando las preguntas.

—¿Cómo es posible que hayas sobrevivido a una técnica tan mortífera? —preguntó Jōseki, uno de los miembros más antiguos y desconfiados. La chica dudó; estaba nerviosa.

—Dentro de mi clan es una técnica que solo está permitida usar en casos extremos. Solo vi usarlo una vez, y me explicaron que es muy peligrosa. Si se hace bien, la persona sale ilesa. Sin embargo, para ello la víctima no debería llevar muerta más diez minutos —explicó con parsimonia.

—Si quieres permanecer en la aldea, deberás ser más concreta —amenazó Yūra. Gaara se molestó ante el comentario. Él no era nadie para decidir eso. Asimismo, tenía constancia que había que descubrir las habilidades de la chica para poder explotarlas.

—Tenemos una gran energía vital, además de altos niveles de chakra. Debemos tenerlo para sobrevivir en el desierto. Nuestro Bindi es el tercer ojo está relacionado y conexionado con la segunda puerta. Siendo el encargado de la intuición y la percepción, además de lo espiritual —hizo una pausa.

«Para mi cultura es muy importante la espiritualidad y mantener la mente limpia de cualquier pensamiento malévolo, de otra forma no realizaremos los rituales, conocidos como jutsus, correctamente. Por eso tenemos costumbre de meditar todas las mañanas. Todo es necesario para nuestra supervivencia. Hay tres ramas diferentes, los Aka, los Daidaiiro y los Murasaki, que es a la que pertenezco. Cada uno está especializado en rituales diferentes. Solo entre nosotros nos denominamos así».

«En mi rama somos sanadores, y entre nuestro código está el de curar a todo aquel que esté enfermo. En cuanto a la resurrección, si se falla en ella la persona se convertirá en un devorador, un cuerpo sin alma y con ansias por conseguir una», su voz se fue apagando con esa última frase.

Se hizo el silencio en la sala, lo había revelado todo, no pensaba que fuera a hacerlo. Le ordenaron que volviera a sus responsabilidades, mientras el consejo evaluaba la situación.

Continuará...


Holis de nuevo. ¿Qué tal estáis todos?, espero que bien. Bueno lo primero explicar el vocabulario. Qué son las palabras en japones no usadas con anterioridad.

Okami: Lobo

Mūn: Luna

Kirai: Odio

Aka: Rojo

Daidaiiro: Naranja

Murasaki: Morado

Lo dicho, espero que estéis disfrutando de lectura. Y nada espero vuestros comentarios, críticas o tomatazos, creo que alguien los estaba vendiendo a la entrada del fic

Besos

Ludna.