En capítulos anteriores de Extraordinario:

"Ella era Hermione Granger, prefecta de Gryffindor, la bruja más brillante de su promoción, la alumna con la cabeza más fría de todo el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Y ahora era un lío de sentimientos y de contradicciones. Y todo por Ginny Weasley."

"Desde que había empezado el curso Hermione estaba muy rara con ella. Siempre en tensión, siempre alerta, siempre con una respuesta cortante en la boca. A la pelirroja se le había ocurrido pedirle ayuda con los TIMOs, la mejor forma de hacer olvidar a Hermione lo que quiera que tuviese en la cabeza y pasar un rato con ella, a solas, como antes."

"—Como siga así de pesado, tendré que dejarle, pero no sé, me gustan los besos.

A mí las mujeres.

Ginny paró de mover las manos y Hermione supo que había hablado en voz alta."

"—Podrías besarme a mí —dijo Ginny con toda la naturalidad del mundo."

"La pelirroja no puedo evitar sobresaltarse al ver a Hermione avanzando con decisión hacia ella, ni sentir un agradable pinchazo en el vientre cuando la prefecta la abrazó y atrapó sus labios, al principio con dulzura, luego con más intensidad."

"—No ha estado mal —dijo la pelirroja girándose hacia ella."

"—¿"No ha estado mal"? —repitió Hermione intrigada.

Para ser un primer beso yo le doy un "Aceptable" —por su tono de voz, Hermione sabía que Ginny sólo estaba jugando un poco con ella, retándola, pero mencionar notas era abrir la caja de Pandora.

Por cómo te me has tirado al cuello, y siendo modesta, creo que merece por lo menos un "Supera las Expectativas" —dejó caer Hermione con suficiencia"

"Se acercó más al rostro de Ginny. Mientras le movía la cabeza para ver si todo estaba en el sitio correcto, reparó en que estaba quizá demasiado cerca. Desvió la mirada hacia esos ojos de chocolate y se quedó anclada, sin poder romper el contacto visual. Se quedaron mirándose durante un rato, hasta que ambas se dieron cuenta de que una extraña tensión se estaba formando entre ellas."

"Querida Ginevra:

Como miembro del Club de las Eminencias, me complacería enormemente que asistieras al baile de etiqueta con motivo de la noche de Guy Fawkes, que tendrá lugar este viernes, 5 de noviembre, en la carpa junto al lago. Puedes traer a un acompañante y recuerda quedarte hasta el final, ¡habrá sorpresas!

Atentamente,

Prof. H. E. F. Slughorn"

"A unos metros, en uno de los dormitorios de prefectos, Hermione metió la invitación de nuevo en el sobre y frunció el ceño. ¿Con quién boggarts iba a ir al baile si la única persona a la que quería a su lado esa noche tenía novio?"

"—Las cosas con Dean van cada vez peor, ya te conté lo que pasó en el campo de quidditch por lechuza, no lo hemos hablado, pero creo que voy a romper con él. El caso es que Hermione y yo nos besamos hace poco —observó la cara de Luna mientras lo decía, pero la rubia seguía mirando al frente despreocupadamente, así que siguió, alentada por la total falta de reacción negativa por parte de su amiga. O de cualquier tipo de reacción, realmente —. Y fue, no sé, fue increíble, sentí cosas que jamás había sentido con nadie, y no sé si fue porque fue mi primer beso con una mujer, por la situación, porque era alguien distinto a Dean, o porque era… Hermione —casi suspiró su nombre."

"—Estás enamorada de Hermione Granger —dijo, echando de nuevo a andar y dejando a Ginny, plantada al lado del lago, con la mandíbula hasta el suelo."

"En ese momento, con las manos todavía en los tiradores de las enormes puertas, a Ginny Weasley se le paró el corazón, y cuando volvió a latir, eran latidos diferentes a los anteriores. Todos y cada uno le gritaban el mismo nombre."

"Besarla. Besarla. Besarla. Besarla. En la cabeza de Ginny, sólo un pensamiento, muchas repeticiones. Iba a besarla, y ya podía venir la señora Pince después y echarla de la biblioteca durante un mes, porque iba a besarla de todas formas."

"Ginny miró a Hermione, y sabía que, aunque se moría de ganas, no podía hacerlo. No con Dean delante, no era justo ni para su novio ni para Hermione."

"Oyó ruido en la mesa de al lado, y, al girarse, vio que Dean recogía los libros a toda prisa y salía detrás de Ginny. Y Hermione sabía perfectamente a lo que iba su compañero de casa, así que decidió corregir la redacción de Ron para evadirse un poco."

CAPÍTULO 12: UN PEQUEÑO MALENTENDIDO

Tal y como Hermione se lo había imaginado, cuando Ginny Weasley entró en la carpa de baile, casi todos los ojos se volvieron hacia ella. La diferencia principal entre la llegada de Ginny al baile y lo que se había imaginado Hermione radicaba en el brazo al que se aferraba la pelirroja. Ese brazo era todo lo que Hermione veía, aparte de Ginny, y no le hizo falta más para saber quién era su acompañante.

Suspiró, y para obligarse a sí misma a dejar de mirarla, reposó la cabeza en el hombro de McLaggen, mirando hacia el otro lado. Cormac no dejó pasar la ocasión de acercarse más a Hermione con la excusa de estar bailando una canción lenta.

—Imaginaba a Weasley algo más inteligente —dijo una voz femenina.

Hermione reparó en que Daphne Greengrass estaba mirando a Ginny. Blaise Zabini la había invitado a la fiesta, y ambos bailaban cerca de Cormac y Hermione.

Zabini se limitó a echar un vistazo rápido, para saber a cuál de los Weasley se refería su pareja, y siguió a lo suyo.

—Si un mestizo me dejara en ridículo como la dejó él, no le permitiría ni siquiera volver a mirarme —continuó Daphne, dirigiéndose a Blaise.

—No digas tonterías. Tú nunca saldrías con un hijo de muggle como Dean Thomas. Estoy convencido de que la sangre se ensucia por contacto —repuso éste, con desprecio.

Hermione se preguntó qué boggarts hacía allí. No quería verles, le hervía la sangre sólo de pensar en Ginny y Dean haciendo de parejita perfecta. Se separó de McLaggen.

—Cormac, no me siento bien, creo que debería irme —dijo, fingiéndose acalorada.

—¿Tan pronto? —se sorprendió McLaggen —. Demos un paseo, te sentará bien.

Al parecer no podía librarse de McLaggen, así que accedió a salir de la pista con él. Por lo menos así no tendría que ver a Ginny, a la que el vestido le quedaba demasiado bien.

24 horas antes del baile

Hermione estaba leyendo, encima de la cama, cuando la puerta de su dormitorio se abrió con violencia.

—¿De verdad vas a ir con él? ¿Con Idiota McLaggen?

Levantó la cabeza, sorprendida y se encontró con que los ojos de Ginny echaban fuego.

—Pues sí —respondió tranquilamente, cerrando el libro y dejándolo a su lado.

—¿Por qué? ¿Por qué con él? —preguntó Ginny con fiereza, acercándose.

"Porque sabía que te sacaría de quicio", pensó Hermione, pero se limitó a encogerse de hombros. Estaba demasiado cansada del "ahora sí, ahora no" que se traía su mejor amiga.

Ginny no soportaba verla ahí, tumbada en la cama, mirándola con parsimonia, como si estuviera viendo a una planta hacer la fotosíntesis.

—¿Tan desesperada estás, que te vale cualquiera?

Algo hizo clic en la cabeza de Hermione, que se levantó y apuntó con la varita a Ginny.

—No te atrevas a seguir por ahí, no te lo pienso permitir.

Ginny desenfundó la suya, sin amedrentarse.

—¿Qué pasó con el "me gustan las mujeres"?

—¡No soy yo la que debería plantearse su orientación sexual! —le espetó Hermione.

—¡Al menos yo no me lanzo en brazos del primer salido dispuesto a llevarme al baile! —gritó Ginny, agitando la varita.

—¡Silencius! —conjuró Hermione.

Ginny esquivó el hechizo con reflejos felinos, estaba dando donde dolía, sabía que Hermione había perdido los estribos pero ella tampoco podía parar, estaba tan enfadada, tan dolida, que no podía controlar lo que salía de su boca.

—No, tú sólo te dedicas a regresar a los brazos del calzonazos de tu novio cada vez que te sientes "confusa" —dijo Hermione, usando todo el sarcasmo que puedo reunir.

—¡Muffliato! —se apresuró a conjurar Ginny.

—¡Protego! —contraatacó Hermione, desviando el hechizo.

—¿Qué pasa, Hermione? ¿Estás celosa? —dijo la pelirroja con sorna.

—Celosa, ¿YO? ¿He entrado YO en tu habitación gritando como una histérica?

—¡NO! Tú no haces nada, Hermione. Tú me besas y luego actúas como si no hubiera pasado nada.

—TÚ me pediste que te besara.

—Y si lo llego a saber, no lo habría hecho NUNCA, ¿sabes? PORQUE NO MERECIÓ LA PENA. —le espetó Ginny, escupiendo las palabras.

Algo le golpeó, justo en la boca del estómago, y Hermione bajó la varita. Ginny vio cómo un velo gris cubría el rostro de su amiga y se dio cuenta de la frase no había sonado como debería. Lo que quería decir es que no le merecía la pena tener estos problemas con ella, arriesgarse a perderla sólo por todas las comeduras de cabeza que le había traído ese beso.

—Hermione, yo no quería… Me refería a que… —Ginny intentó disculparse, pero no encontraba las palabras.

Guardó la varita e hizo ademán de acercarse a ella, pero Hermione le dio la espalda.

—Vete.

La frialdad de la voz de Hermione se le clavó en el pecho y supo que había metido la pata. Bajó la mirada y una oleada de enfado le subió desde los pies.

—Como quieras —dijo, con tono resentido y se marchó dando un portazo.

No sería hasta horas más tarde, tumbada en la cama, intentando dormir y dándole vueltas a la pelea con su mejor amiga, cuando se daría cuenta de que con quien estaba enfadada era consigo misma, por hacerle daño a Hermione y no saber controlar la lengua.

Al pasar por la Sala Común, vio a Dean sonriéndole desde uno de los sillones y pensó "¿por qué no?" mientras Hermione se derrumbaba llorando en su dormitorio.

25 horas antes del baile

Ginny prácticamente no tocó la cena. Después de dos horas practicando delante del espejo, creía haber encontrado las palabras adecuadas para pedirle a Hermione que fuera con ella al baile de Guy Fawkes.

Tiró el tenedor y se levantó. Ron y Harry le habían dicho que la prefecta había cenado pronto y estaba estudiando en su dormitorio. Ya bastaba de darle vueltas, tenía que ir cuanto antes a la habitación de Hermione y sincerarse, decirle que llevaba pensando en sus labios todo el día y que no aguantaba ni un minuto más sin besarlos.

Orchideous —conjuró dando una vuelta con la varita, y un ramo de flores le apareció en la mano.

"Ya está, todo perfecto" pensó para sí. Y el pensamiento se vio acompañado por una sonrisa.

Cruzó con paso apresurado el Gran Comedor, pero, justo antes de llegar al final de la mesa Gryffindor, oyó el único nombre que le haría volverse y no seguir hasta los dormitorios de los prefectos. La curiosidad le pudo y se acercó al lugar del banco donde estaba Cormac McLaggen, alardeando con sus amigos.

—Pues sí… —contaba McLaggen a otros gryffindors de séptimo año —. Se acercó a mí y me suplicó que la llevara al baile del Club de las Eminencias. Y uno, que es un caballero, no pudo rechazar la invitación. Es muy mona para ser de sexto año, esperemos que se "porte" —y todo el grupo estalló en carcajadas.

Ginny parpadeó un par de veces seguidas, y sintió cómo se le enrojecía la cara de rabia hasta la misma raíz del pelo.

—¿De quién hablas, McLaggen? —preguntó apretando los dientes.

—De tu amiga Granger, Weasley. Ya se sabe, las modositas son las peores —respondió Cormac con un chasquido de lengua.

Dos segundos más tarde, McLaggen corría despavorido, huyendo de la nube de murciélagos que se le enredaban en el pelo, y Ginny se dirigía como una flecha hacia la habitación de Hermione, tirando el ramo de flores por una de las ventanas, y encontrándose cara a cara con una Minerva McGonagall de semblante severo y brazos cruzados.

28 horas antes del baile

Hermione se despidió atropelladamente de Lavender Brown y Parvati Patil y anduvo con paso acelerado hasta el patio. Necesitaba aire, necesitaba salir del castillo, pero sobre todo necesitaba que nadie la viera llorar. No paró hasta llegar a la orilla del lago, y descargar su rabia contra uno de los árboles.

"Tonta, tonta, tonta", se repitió. Se había vuelto a ilusionar y con la misma rapidez, un par de frases de Lavender le habían robado el entusiasmo y le habían dejado un sentimiento de estupidez inaguantable en su lugar.

¿Se había imaginado lo de esa mañana? Porque ella habría jurado que Ginny había entrado en la biblioteca con cara de querer comérsela a besos. O algo parecido. ¿Estaba ella, Hermione Granger, perdiendo el control de su ego?

Se enjugó las lágrimas y se quedó mirando un rato cómo la sombra del calamar gigante se adivinaba entre la vegetación submarina, nadando de un lado a otro, pero nunca llegando cerca de la orilla. Entonces escuchó el sonido de una ramita seca rompiéndose y se volvió, esperando encontrar a cualquier otra persona menos a la que tenía enfrente.

—¿Granger? ¿Estás bien? —preguntó el chico, aparentemente interesado.

—Sí, sí. Creo que tengo un poco de alergia —respondió Hermione con rapidez.

—¿En otoño?

En ese momento tuvo la tentación de abofetearle, pero se volvió hacia el lago otra vez y decidió ignorarle a ver si se iba.

—¿Te ha llegado lo del Baile de Guy Fawkes? Este hombre, Slughorn, se inventa unas cosas un poco raras…

—No es invención, en realidad. Es una celebración muy extendida en el Reino Unido y en las antiguas colonias británicas e, incluso, en el Caribe. Celebra el fallo del complot de Guy Fawkes, que pretendía volar el Palacio de Westminster, por eso se lanzan fuegos artificiales y se suelen prender muñecos que se asemejan a Guy Fawkes y sirven como burla —relató Hermione cual enciclopedia electrónica.

Cormac McLaggen asintió, haciendo como que entendía, pero se quedó un rato pensativo.

—Muñecos con caretas y pelucas como el protagonista de V de Vendetta —suspiró Hermione para que el chico lo pillara.

—¡Ah! ¡La noche de las hogueras! —exclamó McLaggen al fin —. No sabía que eso tenía historia —se aclaró un poco la garganta y tocó a Hermione en el hombro para que se volviera —. ¿Tienes pareja para el baile?

La imagen de Ginny besando a Dean, tal y como los había encontrado el día anterior en la sala Común, le cruzó la mente y se instaló ahí mientras miraba a Cormac McLaggen, el chaval arrogante e infantil que montó en cólera por perder el puesto de guardián contra Ron, al que Ginny tenía un asco que no lo podía ni ver.

—No —contestó Hermione, con tono opaco.

—¿Te gustaría venir conmi…?

—Sí —le interrumpió la prefecta, volviéndose hacia el lago —. Nos vemos a las ocho y media en la entrada de la carpa.

Y se encaminó al castillo, mientras McLaggen sonreía, satisfecho de sí mismo por ser capaz de conseguir con tanta facilidad una cita con la prefecta inalcanzable. Lo que no sabía es que Hermione habría ido con el mismísimo Draco Malfoy sólo por darle en las narices a Ginny.

29 horas antes del baile

Parvati Patil se sentó en la misma mesa que Hermione y Ron y resopló.

—¿Cómo lleváis la redacción? —preguntó, desenrollando con fastidio un pergamino.

—Terminada —respondió Hermione, levantando la vista de su Elaboración de pociones avanzadas.

—Condenada —confesó el pelirrojo, revolviéndose el flequillo desesperadamente.

Los tres volvieron a sus quehaceres, aunque a Hermione le resultaba cuanto menos difícil concentrarse, entre los quejidos de Ron y los resoplidos de Parvati. Ron decidió que necesitaba un rato de quidditch antes de poder seguir y se fue, dejándole la redacción a Hermione para que la volviera a corregir y jurándole amor eterno si lo hacía.

Su suplicio terminó cuando Lavender entró como una exhalación y se fue directa hacia su mesa.

Se sentó enfrente de las gryffindors y sacó su mejor repertorio dramático de aspavientos antes de abrir la boca.

—Vengo de mi castigo con el cerdo de Snape —susurró inclinándose hacia ellas —. Pero eso no es importante… no os vais a creer lo que he visto cuando bajaba las escaleras, de camino al aula.

Parvati acercó la cabeza hacia su mejor amiga y abrió los ojos, con gesto inquisitivo. Hermione ya estaba acostumbrada a ignorar los cotilleos de sus antiguas compañeras de cuarto, así que pasó una página más de su libro, con total parsimonia.

—Adivinad qué famosa pareja de leones vuelve a estar junta y va al baile que celebra el profesor Slughorn —dijo entre risillas nerviosas.

Hermione levantó la vista y sintió que se le paraba el corazón.

Madame Pince les chistó desde la mesa, así que Lavender se revolvió en su silla y dijo en voz muy baja los nombres que Hermione se estaba temiendo. La prefecta le leyó los labios, sílaba por sílaba y cerró el libro con más fuerza de la habitual, lo que le procuró una nueva queja de la bibliotecaria.

—¿Por cierto, Hermione, has visto a mi pichurri? —preguntó Lavender mientras Parvati entraba en modo "oh-dios-qué-fuerte-tía-qué-fuerte-lo-sabía-lo-sabía".

Hermione quiso hacer algún comentario ácido sobre el pichurri de Lavender, pero sintió que las lágrimas se le venían a los ojos.

31 horas antes del baile

Ginny salió de la biblioteca, sonriendo estúpidamente, tocándose los labios, en los que todavía sentía el tacto de la mejilla de la castaña. Nunca había probado las drogas, pero si la sensación de estar colocada era la mitad de intensa que lo que sentía ella en ese momento, entendía que hubiera gente que las tomara. Seguro que esa gente no tenía una Hermione en su vida, eso sí, y mejor que no la tuvieran, porque Ginny quería a Hermione toda para ella.

Oyó su nombre y se giró, para ver a Dean alcanzándola, metiendo aún sus enseres escolares en la mochila.

—Hola —saludó el chico, con algo de vergüenza.

—Hola, Dean —Ginny se sentía tan bien ahora mismo que no sólo perdonaba al cabeza hueca de Dean, sino que podría haber amnistiado a la mitad de los mortífagos que pululaban por el mundo mágico, con los Malfoy a la cabeza.

—Lo siento tanto, TANTO, Ginny. Soy un imbécil, yo… —empezó a disculparse casi sin poder mirar a su novia a los ojos.

—Ven, sentémonos. Tenemos que hablar —dijo la pelirroja con una pequeña sonrisa.

Dean casi se sintió aliviado de que Ginny no saltara a arrancarle la carótida a golpes de varita, de no ser por el escalofrío helado que le anunciaba el fin de su relación con la pequeña de los Weasley.

Hablaron un buen rato, sentados al pie de las escaleras. Hubo momentos en los que Ginny estuvo tentada de poner la cabeza de Dean en su regazo y dejarle llorar a gusto. También hubo momentos en los que Dean estuvo a punto de darse de cabeza contra las paredes por perder a Ginny y suplicarle que le diera otra oportunidad. Pero no hubo ni un solo momento en el que alguno de los dos creyera que realmente podrían salvar la relación.

—¿Crees que podremos ser amigos? —preguntó Dean, mirando al frente con resignación.

—Podemos intentarlo, por el bien del equipo —respondió Ginny, dándole un golpe cariñoso en el brazo.

Dean la miró, con una tristeza que conmovió a Ginny. La chica cogió una de las enormes manos negras de su ex-novio y la puso entre las suyas.

—Anímate, anda — dijo acariciándole el dorso de la mano.

Dean suspiró y cambió el semblante.

—¿Sabes lo que me animaría? —dijo, mirándola con una sonrisa —. Un baile con mi ex-novia pelirroja favorita.

—Toma, no tienes otra —rió Ginny.

—Piénsatelo, si no tienes con quién ir al baile de Slughorn, me ofrezco de galán acompañante. Los amigos están para esas cosas.

—No sé, Dean, creo que hay alguien a quien me gustaría pedir que me acompañara. Un amigo… —se apresuró a decir, para evitar que Dean pensara que toda la ruptura se debía a una tercera persona.

—Bueno pues si te falla, ya sabes.

Lavender bajaba las escaleras y se quedó mirando la escena, pasando muy despacio al lado de Dean, intentado captar lo que decían sin llamar demasiado la atención.

—…Tengo mi túnica de gala para mañana por la noche —terminó de decir el chico.

—Me parece perfecto, caballero — respondió Ginny, mientras Dean le posaba un beso fraternal en la frente.

Lavender contuvo la respiración durante un segundo y luego les dejó atrás. Caminó presurosa hacia la mazmorra, donde Snape tenía centenares de libros sobre criaturas míticas de su biblioteca personal listos para que Lavender los ordenara, en castigo por cuchichear en clase, pero en cuanto terminara, iría a buscar a Parvati para contarle las noticias.

Lo había visto con sus propios y escuchado perfectamente: Ginny Weasley y Dean Thomas habían hecho las paces y planes para el baile del Club de las Eminencias.


Comentarios: Exacto, os he hecho sufrir durante mucho tiempo, y lo siento. La vida real me ha absorbido con la fuerza de los mares y el ímpetu del viento, pero he tomado en consideración cada review diciéndome que moviera el culo y actualizara, y la suma de todas ellas os trae este nuevo capítulo. No temáis, el resto no tardarán tanto.

Ha sido un poco experimento de narración, espero que no os haya impacientado mucho el orden cronológico inverso y que hayáis disfrutado leyéndolo casi tanto como yo escribiéndolo. Si cuando terminéis no os ha quedado claro, siempre lo podéis volver a leer, desde abajo hacia arriba.

Os lo dedico a todas las que seguís aquí a pesar de todos estos meses. Y a B, siempre a B.