FIC
En la Guerra… y en el Amor
Por Mayra Exitosa
Albertfic
La velada fue hermosa, el horario que se estimaba en una cena, se rebasaba a las ocasiones que había salido con sus amigas, tal vez por haber dormido de más ese día o simplemente que las actividades realizadas, le habían salido a la perfección, se sentía ligera y a la vez tan bien, la conversación fue mejorando, no era el hombre pervertido que se le había insinuado y que le daba garantías sobre sus acciones, era un hombre que no se había dado oportunidad de conocer. Cierto era que analizaba que notaba su interés y que no solo eso, estaba siendo lindo con ella. Como si la estuviera considerando una buena amiga, y no una inversión a plazo.
- Entonces, invertiste en América por una meta en específico. Porque, Allen no te convenció.
- Seré honesto. Fuiste el incentivo que me impulso a arriesgarme a invertir. Mi padre intento muchas veces ingresar al campo americano topándose de frente con tu abuelo y tu padre en la mayoría de las ocasiones. Pero cuando te vi. Me sorprendiste agradablemente.
Ella sonrió negándose y recordando aquel día que estaba la bolita rodante al frente, poniendo su empresa como si valiera millones de euros y sus inversiones más costosas estaban en Sudamérica.
- Te jugaste demasiado. Suelo ser muy desconfiada en mis inversiones y… la mayoría de las ocasiones prefiero pensar mal y buscar el punto negro, que ver el esplendido espacio blanco donde colocar la firma que me comprometa.
- ¿Temes a los compromisos, Candy?
- Depende del compromiso. Una ocasión me fui de lleno a unas inversiones que juraba eran lo mejor en ese instante que las evalué, bajaron de precio y… me sentí derrotada. Llore y me moleste mucho por no ver un poco más allá de lo que se mostraba en la adquisición. Pero mi abuelo me comentó que así aprendería. Al día siguiente, las acciones se habían multiplicado como por arte de magia, subieron como la espuma por una huelga japonesa y… Mi padre me festejo tanto que… mi abuelo no podía creer que lo lograra. Siento que fue suerte. Pero después de ahí, fui mucho más precavida. Cuide más la forma de vender y comprar en cuanto a negocios y proyectos.
- Tu abuelo piensa igual que mi padre. El me dijo que solo aprendería de mis errores, no de mis aciertos. El día que te conocí, me porte tan tonto y… créeme me estaba jugando a mí mismo. Después comprendí que, no lograría nada, si no hacía un esfuerzo real para llegar a ti. Nunca había estado con una socia de porcentajes mayores a los míos, mucho menos en mi empresa, la que me heredaron mi abuelo y mi padre. Me arriesgue demasiado y estaba a punto de bajar la guardia, cuando encendí mi equipo de computo y subieron todas las inversiones como espuma. Candy, no fue una huelga japonesa. Fuiste tú.
- No lo sabía, pero me alegro. No sé si suene tonto tener los mismos resultados al haber invertido, que una huelga japonesa, créeme no es un punto muy halagador de compararme, pero creo que me siento muy bien, sobre todo por cómo me lo dices. Con honestidad.
- Se puede decir que… tu abuelo vendió toda su parte hace muchos años, mi abuelo estaba recién casado y le fue muy mal con aquella acción, perdieron mucho y se pensó que había pasado algo muy malo entre ellos, nunca supimos realmente lo que sucedió. Mi abuelo nunca dijo nada, tal vez por orgullo escondió todo lo mal que nos fue con esa sencilla acción; pero mi padre al ver como se había casi destruido a mi abuelo, se previno demasiado de tu abuelo, a tal grado que siempre lo mantuvo a la distancia y… creo que hasta le temía, porque aparecía cerca de él, cuando menos lo esperaba. Cuando murió mi padre, me propuse no temer a tu abuelo, ni a tu padre, que ya había llegado a encontrarlo en varias ocasiones. Pero verte y no saber si eras una rival o no… descubrir que has unido otra vez a los Andrew y a los Mackenzie, casi puedo apostar que las pérdidas que se dieron hace muchos años. Las has devuelto con creces ahora, Candy. Lo que sí sé es que me encantaría que esa sociedad, fuera para siempre.
- Si es así, brindemos. Un par de meseros acercaban una botella de champagne. Y les servían a ambos, ella con una sonrisa efusiva agregaba - Porque esta sociedad… ¡sea para siempre!
- ¡Para siempre!
Las miradas de ambos se enlazaban al beber las copas y algo pasaba en ellas, no se sabía exactamente qué, pero ella parecía hipnotizarlo, a la vez ella sentía de igual manera. Terminaron la copa, la cual los meseros volvían a llenar sin ser solicitadas. Ellos continuaron bebiendo, ya era tarde, el restaurant se estaba quedando vacío. Trajeron su coche y regresaron a su hotel. Ambos pasaron, pero como todo un caballero al estar un poco bebido, se disculpaba. Ella también había bebido de más y le comentaba que la suite tenía otra habitación, que no había problema si se quedaba en ella, para no manejar agotado.
Agradeciendo el gesto, Albert se quedaba dormido en la habitación de al lado y ella caía rendida en su cama. Feliz de una noche tan larga, a madrugada placentera y relajada.
Por la mañana llegaba su padre, entraba y la veía dormida, le daba un beso y notaba el olor de haber bebido, se iba a tomar la habitación de a lado y estaba un hombre ahí, abriendo los ojos se salía y se quedaba en el salón. Se recostaba en el sillón levantando las piernas en un par de cojines. Pensativo y sin saber que decir, al no encontrar mal que se quedara un socio en la suite, pero… su hija estaba en otra habitación. Solo esperaba que pasaran las horas y ella le brindara una explicación, o tal vez, sería él quien lo hiciera.
Al saber de que tenían un invitado en la suite, solicitaba el almuerzo para tres, pedía algunas cosas fuertes para una posible resaca y el primero en despertar, era él. Al salir se topaba frente a un buen rival de muchos años. Al verse de frente, se sobaba la cabeza, aun después de darse un baño y colocarse la ropa sin el saco, ni la gabardina. Un poco apenado, tomaba el café que le señalaba Walter Jr. Mackenzie y en silencio esperaba escuchar algún reclamo, pero esto no sucedía. Minutos después ya vestida formalmente salía Candy con un tenue dolor de cabeza y sonreía al ver a su padre,
- ¡Papito!
- ¡hija! Supongo que deseas un buen jugo, especial
- Lo siento, pero bebimos de más ayer y… no deje que William se fuera manejando, disculpa que haya ocupado tu habitación.
- No hay problema. Al menos estaba en mi habitación.
Ambos se reían dejando avergonzado a William, quien veía con cierta sed el otro vaso de jugo de tomate especial que ofreció Walter a su hija y preguntaba con una seña, si podía tomarlo.
- Adelante. Es para ti.
-Gracias. Disculpe mi atrevimiento, iba a pedir una habitación, pero Candy ofreció esta.
- No hay problema, entre mi hija y yo, no hay secretos, sabía ella que llegaba hoy.
- Si me lo dijo ayer, cuando Grandchester estaba afuera de aquí. Walter un poco molesto giraba a ver a su hija y preguntaba,
- ¿Te vino a ver?
- Digamos que caminaba, cuando me encontré con él afuera. Dijo que deseaba hablar de negocios hoy al medio día y… pensé que podrías ir en mi lugar. Él le devolvía una sonrisa y un guiño a su hija. Ella abría con cierto apetito la bandeja de los alimentos y colocaba en la mesa los platillos solicitados por su padre, agregando - Que acertado eres al pedir tan ricos platillos.
- Supongo que tienes apetito, ya casi es medio día y… tal vez quieras ver la prensa que dejaron en la puerta.
- Por supuesto, Papi. Tomaba los periódicos y la portada principal de uno de ellos eran la pareja que almorzaba con tranquilidad, sonriendo a carcajadas y anunciando, "Feliz pareja, hace planes para sus negocios".
William al ver el encabezado, agregaba,
- Nosotros no hicimos nada de negocios, solo fuimos a brindar por la sociedad de muchos años entre nuestros abuelos y… que hoy se volvía a unir. Walter comentaba,
- Eso no me lo esperaba, pero tienes razón. Mi padre debe estar festejando con mi madre, estuve con ellos conversando sobre esta sociedad y todas las que mi hija realizó, pero no había visto ese punto que analizaste. Solo vi como ella, tomo decisiones… acertadas en todas las inversiones que realizó.
- Nosotros desconocemos porque su padre, se separó de mi abuelo. Sin embargo, creo que esta unidad, es como regresar el tiempo y unir de nuevo a los Andrew y los Mackenzie de manera amistosa.
- Me alegra mucho saber que lo ves de esa forma, tu abuela era prima hermana de mi padre, no estoy muy seguro, pero tu abuelo se casó sin aviso alguno a mi padre y eran muy amigos, creo que, huyo con ella, algo así. Al sentirse relegado y la falta de confianza, fue que se alejo de su mejor amigo y de la única familiar con vida que él tenía. Eso me enteré hace poco, se puede decir que, somos familiares lejanos, William.
- Realmente me da gusto, al menos así no competiremos en América, para conservar, la amistad que se ha vuelto a unir. William, después de haberse tomado el jugo fuerte, extendía su mano hacia Walter y ambos con media sonrisa, aceptaban ese trato de respeto en los negocios.
Candy por su parte, saboreaba los platillos, haciendo reír a su padre, porque ella seguía siendo una dama, aun con un hombre como William dentro de la suite, se había comportado como un caballero con su hija, y ambos mostraban su mirada relajada, sin lastimar la sociedad que se acababa de iniciar.
Terrance, salía de su departamento de soltero, brillaba cual galán, mostrándose confiado de que la cita pudiera hacer mostrar la estrategia al haberse asociado con los Grandchester. Si algo podía recordar de Candy, era su forma tan trasparente de ser, de mostrar sus cartas y de saber lo que podían esperar a un futuro de la sociedad, era mucho mejor hablar con ella ahora, a que se viera con los hombres Mackenzie, que no mostraban sus cartas y se jugaban las inversiones como negocios a elevar para luego vender y mejorar sus ganancias.
Cuando deseamos que los fics avancen, no siempre la imaginación nos da para determinada historia,
es verdad que algunas nos cuestan más trabajo y leer comentarios que te animan a continuar,
suele ser el mejor detonador para seguir escribiendo,
sencillamente muchas gracias, esperemos continuar con sus favoritos,
Un Abrazo a la Distancia
Mayra Exitosa
