El día de la última prueba llegó y James ultimaba los últimos detalles de su plan. Iba a ganar a Lizzy costara lo que costara y no le bastaba con ganarle a su equipo, tenía que ganarle a ella personalmente, especialmente después de la bromita que Lily y ella le habían gastado y que a punto estuvo de provocarle un infarto y hacerle salir a la calle en pijama. Él no quería ser mala persona, pero ella lo estaba obligando a serlo. Solo esperaba que nadie lo pillara porque podía acabar metido en un buen lío. Abrió el sobre que había conseguido un rato antes y leyó rápidamente los nombres de las Delta Gamma que participaban en la carrera de obstáculos y el orden en el que lo harían. Suspiró aliviado al ver que Rose era de las primeras, no habría podido hacer con ella lo que iba a hacer con la pobre chica que competía en último lugar. Encendió su ordenador y buscó en Facebook el nombre de la chica. Miró su foto de perfil y asintió. Sabía quién era y más o menos en qué facultad estudiaba. No tenía nada en contra de ella, pero aquello eran daños colaterales.


- Rose, si no tiras con más fuerza no llegarás.

La pelirroja suspiró y asintió antes de comenzar a botar la pelota de nuevo. En la carrera de obstáculos ella tenía que lanzar desde tres puntos distintos y encestar los tres tiros seguidos. Se concentró en el aro y lanzó pero, igual que antes, la pelota no alcanzó siquiera la canasta.

- ¡Joder!

- Inténtalo otra vez, vamos. – Su primo le lanzó la pelota, pero ella no la cogió.

- Estoy harta, Albus, no me va a salir si no descanso. – Replicó.

- Tampoco te está saliendo ahora.

- Gracias por los ánimos, imbécil. – Negó con la cabeza y él se acercó a ella. – Ni se te ocurra, Albus Severus.

- No te enfades, es que quiero que ganéis hoy. – La abrazó y, aunque ella protestó unos instantes, pronto le devolvió el abrazo con la misma intensidad. – Sé que puedes hacerlo. Siempre has sido buena al baloncesto.

- Sí, pero los tiros desde tan lejos…

- ¿Me he perdido algo? – Los dos primos se separaron al escuchar aquella voz tan conocida para ambos y sonrieron al ver a Scorpius. – ¿Cómo va esa práctica?

- Regular. – La pelirroja suspiró. – Este tiro no me sale.

- Seguro que es porque Albus ha empezado a gritarte. – El chico puso los ojos en blanco mientras su compañero de piso comenzaba a protestar. – No te quejes, sabes que es verdad. A veces puedes resultar un poco irritante y, precisamente por eso, estoy yo aquí.

- ¿Crees que eres mejor al baloncesto que yo, Malfoy? – Albus enarcó una ceja. – Jugué en el equipo de mi instituto y ganamos el campeonato dos años consecutivos.

- Creo que puedo ser mejor profesor para Rose que tú. – Lo corrigió. – Ven aquí, anda.

- Esto no va a servir para nada, pero si insistes…

Se acercó a Scorpius, que le dio la pelota y la giró, pegando su espalda a su pecho. Apoyó las manos también en la pelota y la colocó.

- Así, ¿ves? – Murmuró. – Toma aire, apunta y… - La ayudó a lanzar y sonrió al ver cómo la pelota entraba perfectamente en el aro. – Ya está.

- Vaya. – Rose sonrió, todavía sin alejarse de él. – Tenías razón, eres mejor profesor que él.

- Te lo dije. – Le dio un beso en la mejilla y la abrazó por la cintura. – Vas a hacerlo genial y vais a ganar. Hazme caso.

- Si encesto las tres a la primera, te la dedicaré.

- ¡Oh, gracias por lo que a mí respecta! – Los interrumpió Albus que los miraba cruzado de brazos. – Supongo que los cinco minutos de Scorpius valen mucho más que las dos horas y media que llevo yo aquí contigo.

- Mira quien se ha picado. – La chica soltó al rubio, cogió la pelota y empezó a botarla. – Venga, listillo. Nosotros dos contra ti.

- ¿Estás segura? – La miró, negando con la cabeza. – No sois rivales.

- Ya lo veremos. – Pasó la pelota hacia atrás. – ¡Vamos, Scor!

Los tres empezaron a jugar sin poder parar de reír, picándose y subiéndose unos encima de otros para quitarse la pelota. Rose y Scorpius jugaban bien, pero Albus en seguida comenzó a encestar y pronto se hizo con la victoria.

- ¡Sí! – Exclamó tras hacer un último mate. – ¿Os rendís ya o queréis que la paliza sea aún mayor?

- Nos rendimos, nos rendimos. – Rose se dejó caer de espaldas al suelo, agotada. – Si sigo jugando, esta tarde no podré hacer nada y perderemos por mi culpa.

- Así que el ganador es, como era lógico, el gran, el increíble, el extraordinario…

- Corta el rollo. – El rubio negó con la cabeza, pero el otro lo ignoró.

- Albus Severus Potter. – El chico alzó los brazos al aire y empezó a imitar a una multitud que coreaba su nombre. – Gracias, gracias a todos, lo sé, soy el mejor jugador de baloncesto del mundo y la NBA se está perdiendo un jugador extraordinario.

- Por Dios, haz que se calle. – Protestó la pelirroja. – ¿Alguno podría traerme un poco de agua? Tengo una botella en mi bolsa.

- Sí, claro. – Scorpius se acercó y, al abrirla, vio que el móvil estaba sonando. – Rose, te llaman.

- Tráemelo, ¿quién es?

- No lo sé, acaba de cortarse, era un nombre de chica, supongo que sería alguien de la hermandad. – Se lo acercó y frunció el ceño al ver que ella abría mucho los ojos y se sentaba de golpe. – ¿Qué ocurre?

- Tengo 22 llamadas perdidas de varias chicas de la hermandad. Ha debido pasar algo. – Contestó mientras marcaba el número de la última, que no tardó en contestar. – ¿Qué ocurre?


- ¡Lizzy, necesitamos tu ayuda! – Rose entró corriendo a su dormitorio, donde la morena estaba tumbada leyendo Cazadores de sombras. – Maggie se ha lesionado.

- ¿Qué? – Soltó el libro y se incorporó rápidamente, alarmada. – ¿Qué le ha pasado? ¿Está bien?

- Se ha caído por las escaleras cuando salía de clase, ha debido resbalarse o algo, no lo sé. Está en el hospital, creen que tiene una pierna rota.

- Joder… - La morena se mordió el labio. – Qué mala suerte, espero que se recupere pronto pero, ¿para qué necesitáis mi ayuda?

- Maggie competía esta tarde, necesitamos sustituirla y solo puedes ser tú.

- ¿Qué? ¡No, imposible! – Respondió rápidamente mientras negaba con la cabeza. – Yo soy muy torpe, perderíamos y tenemos que ganar esta última prueba si queremos superar a tu primo.

- Eres la única que no ha superado el número máximo de pruebas, Lizzy. – Insistió. – Por favor, sería solo para la carrera final, son solo 500 metros, correr lo más rápido que puedas. Los obstáculos ya los habríamos superado las demás.

- No puedo hacerlo…

- Si no lo haces, nos descalificarán y habremos perdido antes de empezar.

- Pero…

- Tienes que hacerlo por el bien común, Lizzy. Vas a participar y no hay más que hablar. Además, tú eres la que tiene una apuesta que ganar, ¿no?

- Joder, qué mal… - Suspiró y negó con la cabeza. – Vamos a perder.

- Tú hazlo lo mejor que puedas. Quizás al que le toque la última parte sea algo lento y nosotras vamos a intentar darte toda la ventaja que podamos de todas formas.

Lizzy asintió lentamente y trató de tranquilizarse. Mientras no tuviera que enfrentarse directamente con James todo iría bien.


- ¡Bienvenidos a la última prueba de la competición entre hermandades de este año! – Exclamó el presentador. – Los marcadores están muy igualados y parece que al final el trofeo se lo llevarán o las Delta Gamma, que van en cabeza, o los Delta Chi, que las siguen a solo un par de puntos de distancia. La carrera de hoy es a todo o nada y será eliminatoria. En cada prueba iremos eliminando a la peor de las hermandades y al final solo una conseguirá llevarse los quince últimos puntos de esta competición.

- Queremos dar las gracias como siempre a todos los participantes y espectadores porque sin vosotros nada de esto sería posible y ahora, por favor, que cada participante se dirija a su puesto. Iremos anunciando los eliminados por megafonía para que el resto de miembros de su hermandad vuelva aquí.

Tras darse las últimas instrucciones unos a otros y desearse suerte, se separaron y se dirigieron hacia sus respectivos lugares. Rose abrazó a Lizzy y le dijo que todo iría bien, pero esta tenía un mal presentimiento. Sabía que había algo raro en aquello.

- ¡Rose! – La pelirroja, que competía en primer lugar, se giró y dedicó una amplia sonrisa a Scorpius. – Recuerda lo que hemos estado ensayando antes.

Asintió, cogió una pelota y se colocó en la marca de salida.

- Y la prueba comienza… ¡ya!

La chica empezó a correr, tomó aire y lanzó, tal y como el chico le había dicho que hiciera. Encestó la primera canasta y se dirigió rápidamente hacia la segunda marca. Volvió a lanzar y encestó. No pudo evitar sonreír. Una más y habría superado aquella prueba. Cogió el balón, respiró, fijó la vista en el aro y… ¡dentro! Lanzó un grito de felicidad mientras por megafonía indicaban a la chica de su hermandad que esperaba en la siguiente prueba que podía comenzar y corrió hacia el público. Se lanzó a los brazos de Scorpius, que le dio un par de vueltas en el aire, y le dio varios besos en las mejillas y la frente.

- ¡Gracias, gracias, gracias!

- Lo has hecho tú sola. – Contestó él, riendo sin parar, pero todavía abrazándola y manteniéndola varios centímetros sobre el suelo.

- Pero tú me has dado la confianza. – Insistió ella. Lo miró y se mordió el labio. – Te quiero muchísimo, ¿lo sabes?

- Pues igual que yo a ti, Rosie. – La estrechó entre sus brazos con fuerza y sonrió mientras cerraba los ojos. – Exactamente igual que yo a ti.


- ¡No puede ser verdad!

Lizzy bufó al ver que el miembro de los Delta Chi al que tendría que enfrentarse era ni más ni menos que James.

- Hola a ti también, Lizzy. – Le dedicó una media sonrisa chulesca. – Creía que no competías hoy, ¿no dijiste algo así?

- Todo ha sido una serie de… - De repente, abrió mucho los ojos. Una idea cruzó rápidamente su cabeza. Habían sido demasiadas casualidades y ella no creía en estas. – No has sido capaz…

- ¿Capaz de qué? – Preguntó, fingiendo no saber a qué se refería.

- ¡Lo has hecho! – Gritó, cada vez más enfadada. – ¡Por tu culpa Maggie está lesionada y yo estoy aquí!

- ¿De verdad me crees capaz de empujar a una chica inocente por las escaleras para poder vencerte personalmente?

- Sí.

- Chica lista. – Volvió a sonreír y ella negó con la cabeza.

- Eres despreciable, ¿cómo has podido?

- No tienes pruebas.

- Lo acabas de reconocer, James. ¡Se ha roto una pierna!

- No se la ha roto, me he informado, le han hecho pruebas y en un par de semanas se le habrá pasado. – Replicó. Por Dios, ¿qué clase de monstruo se creía Lizzy que era? – Soy jugador de fútbol, entiendo de lesiones y roturas.

- Eres… eres… - Bufó frustrada. – Que sepas que pienso ganarte. Si las chicas llegan hasta aquí te ganaré y luego les diré la verdad a los miembros del comité para que os descalifiquen.

- Te repito que no tienes pruebas. – Se encogió de hombros. – Venga, Lizzy. Esto siempre ha sido algo personal y no podía dejar que la victoria no dependiera de una prueba entre tú y yo.

La morena negó con la cabeza y se cruzó de brazos. Aquella vez James se había pasado de la raya y, ahora más que nunca, tenía que ganar esa competición como fuera.


- ¡Y los miembros de Delta Gamma y Delta Chi llegan al mismo tiempo! – Exclamaron por megafonía. – Todo se decide entre esos dos equipos, ¡vamos!

James y Lizzy se miraron unos instantes antes de echar a correr. El trayecto era corto y el chico estaba muy acostumbrado a correr, pero ella estaba dispuesta a derrotarlo. Aceleró todo lo que pudo hasta conseguir ponerse por delante de él sin pensar en nada más solo en la línea de meta y la victoria. Pero James no iba a ponérselo tan fácil. Al ver que lo adelantaba, aceleró el ritmo y, sin pensar, la placó, haciendo que cayera al suelo y aprisionándola con fuerza bajo su cuerpo. Lizzy cerró los ojos y bufó, enfadada, pero se vio obligada a contener un pequeño gemido al sentir su aliento sobre su cuello. Se le erizó el pelo de la nuca y se le puso la piel de gallina sin poder evitarlo. ¿Por qué tenía que calentarla tanto? Se puso completamente roja, solo esperaba que nadie se estuviera dando cuenta de todo lo que se le estaba pasando por la cabeza en aquel momento porque no eran cosas muy decorosas precisamente.

- James.

- ¿Sí? – Preguntó él, rozando su piel con los labios.

- Quítate de encima. – Dijo, tratando de sonar seria, aunque en cuanto terminó de decirlo supo que su voz la había delatado y que él sabía todo lo que estaba pensando. Bueno, él y probablemente cualquiera que la hubiera escuchado.

- Sí, tienes razón. – Se levantó un poco, lo suficiente como para poder rodear la cintura de la chica y girarla, quedando ahora cara a cara, y volvió a dejarse caer sobre ella. Se dio cuenta de que Lizzy respiraba con dificultad y no pudo evitar sonreír, satisfecho. ¡Lo sabía! Sabía que la chica tenía las mismas ganas que él. – Mejor ahora, ¿no crees?

Ella quiso contestar, quiso decirle que se levantara y la dejara seguir con aquella carrera, pero no fue capaz de hacerlo. Cerró los ojos y se mordió el labio al notar cómo él hacía una leve presión con sus caderas sobre las suyas. Por Dios, sentía cosquillas por todo el cuerpo y sabía que, si no se separaba ya de él, terminaría en su cama o, peor aún, montándoselo con él ahí en medio, delante de todos sus compañeros que no paraban de mirarlos sin saber muy bien qué iba a suceder a continuación. Sabía que se estaba delatando y se odiaba por ello, pero no podía evitarlo. Toda esa cercanía, ese contacto piel con piel, sus respiraciones mezclándose… Iba a hacer una tontería. Sabía que iba a hacer una tontería si nadie la detenía antes y también que James debía estar disfrutando aquel momento como nada.

- Quítate. – Consiguió murmurar por fin.

- Sí, tienes razón, tengo una carrera que ganar.

El chico se puso de pie de un salto y echó a correr. Lizzy ni siquiera se movió del sitio. Escondió la cara entre sus manos y gritó, frustrada. ¿Por qué le tenían que pasar esas cosas a ella? Acababa de perder tanto la apuesta como la competición y, además, probablemente se había delatado delante de todo el campus.

- ¡Y los Delta Chi ganan la prueba y con ello la competición! – Exclamaron por megafonía. – ¡Enhorabuena chicos y también a las Delta Gamma que han quedado segundas!

No se movió del sitio hasta que escuchó unos pasos acercándose. Abrió los ojos y se encontró con James, que le tendía una mano. La aceptó a regañadientes y se levantó del suelo, aunque apartó la mirada, incapaz de aguantar esa sonrisa de victoria y superioridad en los labios de él.

- Pasaré a buscarte para la fiesta. – Le dijo. – Ponte guapa, aunque no te resultará muy difícil. Tú siempre estás espectacular.

- Después de la cena tenemos que anunciar las nuevas que entran y las que no. – Murmuró. – Te enviaré un WhatsApp cuando terminemos.

- Nosotros también así que perfecto. – Se llevó su mano a los labios y la besó. Ella lo miró entonces, sorprendida, y cuando sus miradas se encontraron, James sonrió. – No quería placarte, lo siento, es la costumbre de los partidos. No te he hecho daño, ¿verdad?

"Solo en mi orgullo", quiso responder ella, pero se tragó sus palabras, negó con la cabeza y apretó los labios. Ya se había delatado suficiente aquella tarde, no quería hacerlo más.

- Vale, pues entonces nos veremos más tarde.

- Disfruta de tu cita, supongo que te la has ganado aunque no has jugado precisamente limpio para conseguirla. – Consiguió decir por fin.

- Todo vale en el amor y la guerra, ¿no? – Contestó él. No pudo evitar volver a sonreír al ver cómo ella fruncía el ceño.

- ¿Y esto qué ha sido?

- Un poco de ambas. – Lanzó una pequeña carcajada y Lizzy sonrió sin poder evitarlo. – Hasta luego, Lizzy.

- Adiós, James.

El chico besó de nuevo su mano y se marchó dejándola con una mezcla de sensaciones arremolinadas en el estómago, la certeza de que se había delatado delante de todo el campus y la incertidumbre de qué pasaría aquella noche.


N/A: No odiéis a James por lo del principio, puede que sus métodos no hayan sido los mejores para ganar, pero hay quien cree que todo vale en la guerra y el amor ;) A ver qué pasa en la cita... Y Scorpius y Rose son una monada *-*

Espero que os haya gustado, nos leemos el sábado.

Muchos besos,

María :)