Las botellas de sake estaban casi vacías, quedaba apenas la mitad de una de ellas. Tashigi sólo había tomado un par de copas, pero notaba el fuerte rubor en sus mejillas debido a la graduación de la bebida. Seguía perpleja por la resistencia física al alcohol que presentaba Zoro, que se encontraba fresco a pesar de que había tomado varias botellas.
Aunque sabía que era momentáneo, y que después su cuerpo se destemplaría, le reconfortaba en aquellos momentos el calor del licor. Estaba semi-tumbada en la parte izquierda de su sofá, mientras escuchaba hablar a Zoro. Se le antojaba extraña la situación, como si las tornas hubiesen cambiado. Siempre solía ser ella quien hablase por los codos y él quien escuchaba pacientemente. Pero, a pesar de ello, le gustaba esa posición, le permitía recrearse y poner más atención sobre el cuerpo y los gestos de su compañero.
Así, recostado en su parte del sofá, recordaba sus primeros entrenamientos en el dojo. Tashigi le escuchaba atentamente, pero no podía evitar fijarse más en sus gestos. Le gustaba demasiado su rostro, extremadamente expresivo, incluso con su cicatriz. De nuevo, sintió curiosidad por saber cuál era su origen, y esta vez sí se atrevió a preguntarle.
- Dime, Roronoa, ¿Cómo te hiciste la cicatriz de tu ojo? –
Zoro enmudeció, y permaneció así durante unos segundos. Nunca antes le habían preguntado por su cicatriz, por extraño que pareciese. Tampoco había sido necesario, aunque no sabían exactamente cómo, todos sus compañeros sospechaban que se debía a su duro entrenamiento.
- Esto… los dos últimos años no he entrenado en el dojo, la verdad es que he vuelto desde hace poco tiempo – comenzó a explicarle el espadachín mientras se señalaba su cicatriz – Yo también era débil… y sigo siendo débil, por eso entrené con un famoso espadachín, y en uno de esos entrenamientos, ocurrió esto –
- ¿Famoso? ¿Y quién era? –
- Eso te lo contaré en otro momento, además, sólo me has preguntado cómo me hice la cicatriz, no quién me la hizo – le contestó Zoro mientras daba un trago a la botella para acabar el contenido.
Tashigi hizo el amago de replicarle, pero quedó hipnotizada con el reguero de sake que manaba por sus labios y se deslizaba por su garganta. Aquello le recordó por qué estaba allí, por qué le había invitado. Su estómago empezó a encogerse y retorcerse sobre sí mismo, era de nuevo consciente de a dónde pretendía llegar aquella noche.
Empezó a moverse, inquieta, en su propio sitio. Zoro continuó bebiendo hasta que terminó de apurar la última botella, la cual dejó sobre la mesa, junto a las otras. Con el dorso de la mano izquierda, limpió sus labios bañados en sake, sin sospechar en ningún momento que la chica moría por dentro con cada uno de sus gestos.
Tashigi quería dar un paso hacia delante, pero su timidez la desbordaba. Se veía incapaz de levantarse y acercarse hacia él, aunque fuese obvio lo que iba a suceder aquella noche. Podía esperar a que fuese él quien diera el primer paso, pero, ¿Acaso no era ella una mujer con iniciativa propia? Era una mujer capaz de hacer todo, de abordar cualquier tema, y ese no iba a ser menos, pero, primero necesitaba serenarse.
- V-voy a llevar esto a la cocina, ahora vengo –
- Espera, te ayudo –
- No, ¡no! – Le contestó la chica bruscamente, aunque intentando suavizar el tono – No es necesario, es poca cosa, yo sola puedo –
Cogió las botellas, y se apresuró hacia la cocina. Las dejó sobre la encimera, y rellenó un vaso con agua muy fría, para despejarse. Iba a ser casi imposible articular palabra, pero podía dejar hablar a su cuerpo. Dejó el vaso junto a las botellas, y se apresuró de nuevo hacia el salón. Zoro estaba distraído, jugueteando con el mando de la televisión. Sólo alzó la vista cuando la vio estática y silenciosa, frente a él.
- Oi… ¿Ocurre algo? –
Tashigi se acercó el índice izquierdo a sus labios, para indicarle que guardara silencio. Para Zoro era algo demasiado extraño por parte de ella, que solía hablar bastante, y más en aquel tipo de situaciones donde los nervios afloraban. A pesar de ello, siguió el juego de la chica, esa debía ser la única manera que había encontrado para dar un paso adelante. La espadachina dio varios pasos hasta situarse delante de él, y justo después tomó su brazo y tiró suavemente. Zoro no forcejeo, se dejó llevar en todo momento.
Tashigi, sin soltar el brazo de su compañero, dio media vuelta y comenzó a caminar con la cabeza baja y un visible tembleque. La distancia entre el salón y su habitación era corta, pero a ella se le hizo eterna. Puso especial cuidado en no tropezar con el menaje de su casa, moriría de vergüenza si su torpeza afloraba en un momento como aquel, arruinándolo por completo.
Una vez llegó a su cuarto, empujó con suavidad la puerta y entró a través de ella. Esta vez el espadachín fue quien agarró su muñeca, con fuerza. Eso hizo que Tashigi se girase sobre sí misma y todo lo que encontró fue su intensa mirada, capaz de desarmarla por completo. No podía apartar sus ojos de él, todo lo que quería es que le envolviese más y más. La hechizaba tanto, que sintió la necesidad de hacer algo más que tirar de su brazo, de dar el siguiente paso. Cortó todo contacto físico con el chico, y se aproximó a él hasta que sus cuerpos quedaron a escasos milímetros el uno del otro. Notó cómo las manos de Zoro se enroscaban alrededor de su cintura, y ella hizo lo propio alrededor de su cuello. Era inminente, de nuevo, fundieron sus labios hasta que se hizo imposible distinguir ambas figuras. De nuevo, notó como su estómago se tensaba y constreñía, cómo ocurría aquella sucesión de eventos en el interior de su cuerpo en apenas unos milisegundos. Los vellos de su piel se erizaban, y la sensación térmica daba paso de un penetrante frío a un brusco aumento de la temperatura en toda la superficie de su piel. Todo mientras abría cada vez más su boca para poder entrar en contacto con toda la superficie de la del espadachín. Era la primera vez que daba rienda suelta a toda su lujuria, y agradecía enormemente ese momento en el que podía dar rienda suelta a sus propios impulsos y deseos.
Abrieron sus bocas al máximo, enroscando sus lenguas entre sí. Jamás imaginó que pudiera dar, y recibir, ese tipo de besos tan lujuriosos. Tashigi jamás pensó que llegaría a vivir experiencias tan increíblemente carnales, ella, que siempre había descuidado tanto su vida personal. Pero el destino la puso en el mismo camino que a Zoro, que rebosaba pasión en todos los aspectos de su vida.
Notó cómo el espadachín la comenzaba a asir fuertemente de la cintura, para justo después levantarla y cargarla como si de una hoja se tratase. Dio apenas unos pocos pasos, para justo después tumbarla sobre la cama. Subió sus manos por su voluptuoso cuerpo, y tomó ambos brazos de la chica, los cuales separó de ella y agarró por encima de su cabeza, inmovilizando su parte superior. Cesó su beso, elevó su rostro, y miró a la chica de manera penetrante con su único ojo, para justo después morder sus propios labios con lujuria. Tashigi sentía cómo su cuerpo volvía a retorcerse, el vaivén de sus propias tripas ante tantas y nuevas sensaciones. Justo después, Zoro se abalanzó sobre ella y empezó a devorar su cuello con ansia. Clavaba sus afilados colmillos en la tersa y blanquecina piel, para justo después lamer la piel de manera obscena, todo mientras el cuerpo de Tashigi convulsionaba bajo el suyo propio. Pero ambos necesitaban más, y eran conscientes de que la ropa estaba sobrando.
Zoro relajó sus manos, y las volvió a deslizar por los brazos de la chica hasta que llegó a su torso. Rozó tibiamente con los dedos la arrugada camiseta, los introdujo por debajo de ésta y empezó a acariciar la espalda de la muchacha. Justo después, tiró del trozo de tela hasta que dejó a la chica con el torso al descubierto, sólo con su sujetador. Arrojó la camiseta a un lado, y pasó a desabrocharle los pantalones, con excesiva lentitud. Se recreó en cada uno de sus movimientos, quería impacientarla todo lo posible, a sabiendas de la excesiva timidez hacía estragos en ella. Tashigi empezó a sentirse indefensa, increíblemente observada y acorralada. Su cuerpo se movía, inquieto, sin su permiso. En el momento en el que iba a reincorporarse, Zoro tiró fuertemente de sus pantalones hacia abajo, y la dejó únicamente vestida con su ropa interior, extremadamente sencilla.
El espadachín observaba su rostro, cuyas mejillas estaban encendidas y totalmente rojas, debido a la alta temperatura de la habitación. Los ojos de Tashigi, totalmente vidriosos, lo miraban con absoluta inocencia, asustados por la incertidumbre de qué estaba por venir. Que ella mostrase ese tipo de actitud, confundía y enloquecía a Zoro a partes iguales. Lo que más le había atraído de ella era su increíble carácter indomable, su capacidad para no rendirse ante las dificultades, pero acababa de descubrir que también le gustaba de ella aquella faceta sumisa e inocente. Era consciente de que no duraría mucho, que era cuestión de iniciarse, de sumergirse en aquel mundo para que despertase su competitividad y la iniciativa nata que en su interior albergaba.
Precisamente, por ello, quiso disfrutar al máximo de una dulce y sumisa Tashigi. Se acercó de nuevo a su rostro, pero esta vez, la besó con una increíble dulzura. Tendría tiempo para competir sexualmente con ella, en aquellos momentos quería que sus inicios fuesen agradables, tanto que la animase a seguir indagando con él en aquel mundo más y más. Notó como el cuerpo de la chica se relajaba de nuevo, cómo volvía a buscar el contacto con el de él, pero Zoro volvió a incorporarse de nuevo para quitarse su propia ropa. Tomó su camiseta, y se la quitó de un rápido movimiento, dejando su torso al descubierto. Una atroz cicatriz rompía con la armonía de su trabajado cuerpo, y se extendía desde su hombro izquierdo a su cadera derecha. Los ojos de Tashigi se abrieron de par en par, incluso de pudo vislumbrar un atisbo de pánico en ellos. Ella, mejor que nadie, sabía el riesgo que conllevaba tomar una espada, el peligro de sufrir una herida como aquella. Extendió su mano derecha y apenas la rozó con sus dedos. Separó sus labios, pero no sabía qué decir exactamente, así que permaneció en silencio. De nuevo se percató de que no sabía prácticamente nada de él, pero allí estaba, en su habitación, en su cama, sobre ella, semidesnudo. No necesitaba decir nada, no le importaba absolutamente nada. Ni su cicatriz, ni su auténtico trabajo, ni en qué podía estar implicado o no. Simplemente le gustaba, le enloquecía, y quería dejarse llevar totalmente, que la pasión nublase su habitual juicio, volver a sentir sus colmillos contra la carne de su cuello.
Se incorporó como pudo y se lanzó sobre él, con sobrada lujuria, justo sobre su boca. Abrió la suya e introdujo su lengua en el interior de la boca de Zoro, para ocupar todo el espacio disponible, y mientras, con sus manos, comenzó a desabrochar su pantalón. Lo bajó como pudo, dejando parcialmente libre la erección que la tela apenas podía contener. Tashigi, lejos de seguir achantada, pegó su cuerpo al del espadachín, para notar el palpitante miembro sobre su vientre. Zoro no daba crédito a lo sucedido, le impresionaba lo rápido que ella se adaptaba a las nuevas situaciones. Aun así, era consciente de que la fiera con la que estaba acostumbrado a lidiar, no iba a aparecer en aquella situación.
Siguieron besándose durante largo rato, para terminar tumbándose en la cama. Se acariciaban mutuamente, erizando la piel bajo los delicados dedos. Ambos empezaban a encontrarse sudorosos, sus cuerpos resbalaban, extremadamente pegajosos, entre sí. De nuevo, comenzaron a sentir que la ropa, o lo poco que quedaba de ella, sobraba. Zoro posó toda su ancha espalda sobre el colchón, y sentó a Tashigi sobre él. Su larga melena azabache, totalmente revuelta, se pegaba a su rostro enjugado. El espadachín retiraba gentilmente los mechones, hasta que despejó la cara de la chica por completo. Se recreó en sus facciones, en sus brillantes y enormes ojos. Habían reducido el ritmo de nuevo, volvían a pausar sus acciones. Zoro bajó su mano derecha, poco a poco, hasta llegar al broche del sujetador que llevaba Tashigi. Rozó con los dedos e hizo presión, hasta que notó cómo la tela se aflojaba bajo su mano. Casi por instinto, la chica se llevó las manos al pecho, para evitar que cayese su sostén. Sus mejillas estaban aún más rojas, y se le hacía imposible mirar a Zoro a los ojos. Era la primera vez que se desnudaba delante de un hombre, le costaba. Suspiró profundamente, cerró con fuerza sus ojos y destensó sus brazos, dejando caer el sujetador. Notó cómo los ásperos dedos de Zoro lo retiraban de alrededor de sus muñecas, para lanzarlo al suelo. Seguía con los ojos cerrados, le aterraba mirar el rostro del espadachín después de haberse desnudado frente a él. De repente, notó cómo agarraba su cintura y la elevaba en el aire, para justo después acomodar su espalda contra el colchón. Debido a la sorpresa, dirigió la mirada hacia su compañero, y se tranquilizó al observar su rostro sereno, respetuoso. Zoro bajó su rostro hasta que fundió sus labios de nuevo con los de Tashigi. La tranquilidad y la complicidad comenzó a fluir de nuevo entre ellos, era palpable la materialización de la confianza que habían estado forjando desde hacía poco tiempo. Aquello era la culminación, el clímax de un sentimiento que ya no eran capaces de esconder. Abrían sus labios para devorarse el uno al otro, sus lenguas se entrelazaban y jugaban entre ellas. Tashigi enlazó sus brazos alrededor del cuello de Zoro, que se dejó tumbar sobre ella. Recorrió suavemente la cintura de la chica con sus manos, y rodó sus dedos hasta que llegó a su generosa cadera. Continuó deslizándolos por sus piernas, hasta llegar al interior de sus muslos. Los agarró con fuerza, pero sin hacerle daño, y tiró hacia fuera, hasta que terminó abriendo sus extremidades. Acomodó su corpulento cuerpo entre sus piernas, apretando con fuerza su miembro contra el sexo de Tashigi. La chica soltó un leve gemido, y separó sus labios de los de él. Había llegado el momento de pasar a algo más, de acabar con los preliminares.
Bajó sus manos con determinación y deslizó lo que quedaba de su ropa interior, mientras Zoro se retiraba hacia un lado para hacer exactamente lo mismo. Ella tumbada sobre el colchón, y él a escasos centímetros, sobre ella. Se miraban con curiosidad y cierta confianza, debido a que era la primera vez que intimaban de aquella manera. Tashigi se levantó, y se puso de rodillas frente a él, imitando su postura. Acarició levemente la mejilla derecha de Zoro con sus dedos, y besó sus labios dulcemente. El espadachín correspondió de la misma manera, mientras tomaba su cintura con fuerza, elevando su cuerpo en el aire para acomodarla sobre él. Agarró su miembro y lo dirigió hacia el interior del cuerpo de Tashigi, lentamente para evitar hacerle daño. Era consciente de que era la primera vez de la chica, y se relajó al ver que el sexo de su compañera estaba tan húmedo que no oponía ningún tipo de resistencia. Empujó con prudencia, pero paró al escuchar un quejido por parte de Tashigi.
- O-oi, ¿estás bien? –
- S-sí, es solo… sólo me duele un poco –
- Podemos parar, no es necesario cont- -
- N-no, no quiero parar ahora… por favor –
Se miraron a los ojos durante unos segundos, y después volvieron a besarse de nuevo, esta vez con mayor intensidad. Se devoraban mutuamente, sus labios resbaladizos recorrían cada trozo de piel libre y seca, buscando convertirse en uno solo. Zoro continuó moviendo sus caderas, penetrando hasta el interior de la chica. Empujó con relativa fuerza, oponiéndose a toda resistencia, hasta que logró introducir todo su miembro dentro de Tashigi. Casi sin poder evitarlo, soltó un gemido más parecido a un fuerte rugido, que hubiese asustado a la espadachina en otras circunstancias, pero a esas alturas, era consciente de que estaba lidiando con una bestia que podía descontrolarse en cualquier momento.
Al principio, el rostro de Tashigi estaba contraído, el dolor era elevado, pero nada que no hubiese esperado debido a que era su primera vez. Era consciente de que no iba a ser así constantemente, así que esperó durante unos instantes a que comenzara a disminuir. Antes de eso, notó un fuerte pinchazo que estuvo a punto de hacerla gritar. Algo se había quebrado en su interior, pero inmediatamente después, el dolor comenzó a disminuir. No estaba disfrutando nada en aquellos momentos, un sudor frío comenzó a recorrerle la espalda, pero al menos comenzó a sentirse aliviada al dejar de sentir dolor. La excitación con la que había empezado el acto había disminuido en aquellos momentos, pero el rugido de Zoro la hizo ponerse alerta de nuevo. Se dejó llevar, se dejó hacer por el espadachín. Notaba cómo su lengua recorría el interior de su boca, sus recias manos apretando con fuerza su trasero, y su miembro colmando el interior de su cuerpo. Poco a poco volvió a excitarse hasta el extremo, a sentir que aquello había sido algo pendiente entre ambos y que por fin estaban consumando. Su mente jugaba una parte importante en su deseo, y centrarse de nuevo en la situación estaba ayudando a recuperar de nuevo la libido.
Durante un largo tiempo, sintió las penetraciones de Zoro en el interior de su cuerpo. Era una sensación agradable, aunque no llegara a ser del todo placentera. Aun así, después de sentir ese increíble dolor, aquello era bastante reconfortante, así que se sentía satisfecha, por el momento, con cómo estaba sucediendo todo. Pero de repente, el espadachín dejó de empujar con fuerza, y sacó su miembro del interior de Tashigi. Como aún la tenía cogida por la cintura, aprovechó para tumbarla sobre la cama, y justo después abrió sus piernas todo lo que pudo. La espadachina se sintió confusa, y nuevamente avergonzada a pesar de que habían llegado hasta tal extremo. Intentó incorporarse, pero Zoro la agarró de las muñecas con su mano izquierda, impidiéndoselo. Comenzó a besar el cuello de la chica con desmesurada pasión, relajándola de nuevo. Tashigi soltó un leve gemido, y rodó sus ojos hasta cerrarlos. Notó como la mano derecha de Zoro rodaba por su cuello, pasando por sus senos, hasta situarse finalmente entre su sexo.
Estaba tan húmedo que podía notar cómo aquel líquido transparente corría por el interior de sus piernas. Zoro extendió sus dedos índice y corazón y los frotó acompasadamente contra cierta zona del sexo de Tashigi. El espadachín no pudo evitar la sonrisa torcida que se formó en su rostro al escuchar el fogoso quejido que salía de los labios de la espadachina. Si algo había dejado claro, es que nunca había tenido ni tiempo ni intenciones de descubrir sobre su sexualidad, así que estaba dispuesto a darle aquella sorpresa en aquel momento. Frotaba con delicadeza el clítoris de la capitana, cambiando de ritmo, pulsándolo, cesando la acción durante largos segundos para después comenzar con mayor intensidad.
En aquellos momentos, Tashigi no daba crédito a lo que estaba sintiendo. Se había sentido satisfecha con la penetración, pero lo que estaba haciendo el espadachín en aquellos momentos estaba quitándole el aliento. El sudor perlaba su cuerpo, y notaba cómo un incesante calor se había instalado en su rostro. Sus mejillas ardían, y sus labios estaban totalmente resecos, apenas podía cerrar su boca. Miraba hacia el techo de su habitación, incapaz de hacer otra cosa que no fuera dejarse llevar. Aquello era mucho más de lo que había esperado, de lo imaginado. Nunca hubiera creído que el sexo pudiera llegar a ser algo tan placentero. De repente, notó cómo Zoro paraba, sin ninguna explicación. Notó cómo a la misma vez cesaba la fuerza alrededor de sus muñecas, y el espadachín las dejaba libres. Tashigi se sentía confundida, e irritada. Justo cuando empezó a incorporarse, vio al espadachín levantarse y dirigirse a la parte trasera de la cama. Se puso de rodillas sobre ella, se arrastró lentamente hacia el interior, y miró a Tashigi con ojos lascivos. Tomó con fuerza el tobillo derecho de la chica, y tiró de ella, hasta que logró tumbarla de nuevo. Aun así, Tashigi se incorporó levemente, y lo último que pudo ver, fue al espadachín relamiendo sus labios con desmesurada lujuria. A continuación, lo que sintió fue tan desbordante que tenía constantemente los ojos cerrados. No pudo evitar gritar al notar los labios de Zoro contra su sexo, su ancha lengua lamiendo sus fluidos. Notaba cómo utilizaba con una enorme rapidez la punta de la lengua contra su clítoris, que había aumentado considerablemente de tamaño. Estaba increíblemente excitada, y era consciente de que iba a experimentar aquello que llamaban un orgasmo. La lengua de Zoro cambiaba de ritmos, de movimientos, sin apenas darle una tregua. Para Tashigi todo sucedió más rápido de lo que hubiera deseado, pero eso también había sido algo que había experimentado por primera vez. Sin poder impedirlo, notó cómo una más que agradable sensación invadía su cuerpo. Se extendía por cada centímetro de su piel, hasta la punta de sus extremidades. Notaba espasmos en sus piernas, era incapaz de impedir que se movieran solas. Dejó salir un agudo gemido del interior de su garganta, largo y prolongado. Ahora entendía perfectamente que la gente repitiese aquello una y otra vez, sin llegar a cansarse. Unos segundos después, notó cómo su cuerpo se relajaba, cómo se destensaban sus músculos. Creía que era una muñeca, tumbada sobre el colchón sin ningún tipo de autonomía. Su mente estaba totalmente en blanco, algo que era increíblemente difícil en una persona como ella. Salió de su ensimismamiento al notar los besos de Zoro de nuevo sobre su cuello.
- A-ah, ¡lo si-siento! Me he despistado –
El espadachín no dijo absolutamente nada, simplemente siguió besando su cuello mientras tocaba ansiosamente sus senos. Tashigi recorrió con la mirada el cuerpo del chico, y se quedó mirando fijamente la erección. Estaba en su punto álgido, y después de lo experimentado, sabía que el cuerpo de Zoro pedía a gritos sentir lo mismo. No estaba preparada para hacer algo tan atrevido como él, pero sí podía tomar la iniciativa de otra manera. Apartó al espadachín a un lado, y justo después se subió a horcajadas sobre él. Aún estaba bastante húmeda, por lo que no sintió ningún tipo de molestia al introducirse el miembro del espadachín en el interior. Podía observar el rostro salvaje de Zoro, casi sin ningún tipo de raciocinio. Ansiaba volver a besarla, a devorar su frágil cuerpo.
Tashigi comenzó a mover acompasadamente sus caderas, mientras inclinaba su cuerpo y se acercaba a los labios de su compañero. Zoro la besó con pasión, intentando controlar sus ganas de atraparla entre sus fauces. Estaba increíblemente excitado, a punto de llegar a su clímax. En otra situación habría aguantado todo lo posible, pero estaba satisfecho después de haber sido el causante del orgasmo de su compañera, y no deseaba otra cosa que no fuera sentirse exactamente como ella. Deslizó sus rudas manos hacia el trasero de la chica, y la apretó con fuerza contra sí mismo, profundizando, aún más si cabía, su miembro en el interior de Tashigi. La carne de ambos estaba al máximo contacto, el roce era extraordinario, por lo que al cabo de unas pocas y aceleradas embestidas Zoro llegó a su orgasmo. Notó cómo salía el líquido a borbotones del interior de su miembro, la sensación tan placentera que recorría, igual que le había sucedido a Tashigi, cada centímetro de su piel. Sintió espasmos en sus piernas y en la espalda, y justo después, unas terribles ganas de dormir.
Se dejó caer sobre Tashigi, pesada pero prudentemente, cada vez más dominado por el cansancio. El acto había durado algunas horas, y la noche se encontraba ya totalmente cerrada. La chica se levantó de la cama, se tapó con una de las sábanas de su cama, y se dirigió hacia el baño. Zoro se situó en el centro de la gran cama, totalmente desnudo, mirando fijamente el techo. Después del trabajo en la base por la mañana, las horas de entrenamiento y aquello, su cuerpo pedía a gritos sus correspondientes horas de sueño, y más teniendo en cuenta que dormir era algo de Zoro necesitaba y disfrutaba más que una persona normal. No quería caer en un profundo sueño antes de que Tashigi regresase, pero sus ojos pesaban demasiado.
La espadachina se demoró más de lo esperado en el baño, y cuando regresó, no pudo evitar soltar un improperio al ver el cuerpo desnudo de Zoro a simple vista. El momento de excitación había pasado, así que verlo así, en aquellos momentos, le producía una enorme y vergonzosa impresión.
- ¡P-p-pero se puede saber q-que haces así todavía, Roronoa! –
El grito hizo que Zoro se levantara de un respingo, visiblemente malhumorado.
- ¿Ah? Por favor… quiero dormir –
- ¡Hazlo después de ponerte algo, pervertido! –
El espadachín no podía tolerar que lo tacharan de algo con lo que se podía identificar a Sanji, se sintió tan dolido por eso, que sin rechistar, y para sorpresa de Tashigi, que no comprendía el por qué de su docilidad, se levantó, se puso su ropa interior, y volvió a meterse en la cama. La chica, que había aprovechado para ponerse su pijama, seguía sorprendida por aquello, aunque estaba tan cansada también que decidió dejar sus pensamientos a un lado, sólo le apetecía descansar. Un poco cohibida por la situación, se colocó junto a Zoro con timidez, sin saber muy bien cómo actuar a continuación. ¿Debía ponerse en la otra punta de la cama? ¿Abrazarse a él? ¿Hablarle de algo? Mientras se preguntaba todo aquello, escuchó el ruidoso bostezo de su compañero, y observó la pequeña lágrima que asomaba por su ojo derecho.
- Podría estar toda la noche despierto repitiendo lo que acabamos de hacer, así que no malinterpretes mi bostezo – dijo de repente Zoro, que a pesar de tener una almohada, colocaba los brazos tras la cabeza.
Tashigi lo miró perpleja durante unos segundos, y después estalló en carcajadas.
- Lo siento, Roronoa, pero yo sí estoy agotada. No me malinterpretes tú, no me importaría estar en una futura noche todo el tiempo despierta, repitiendo lo de hoy, pero ahora mismo estoy cansadísima – le contestó pausadamente Tashigi, mientras daba un tímido bostezo.
- Ajá, aquí gano yo de nuevo, no has sido capaz de aguantar mi ritmo – dijo Zoro con tono burlón mientras abría su ojo para mirarla directamente.
- P-pe-pero… ¡serás! –
Antes de que Tashigi pudiera replicarle nada, el espadachín posó su índice sobre los labios de su compañera, y la silenció, para seguidamente besarla levemente, con ternura. A la chica aquel humor y aquella sorna la sacaban de sus casillas, pero en esos momentos estaba demasiado agotada para discutir. Acercaron tibiamente sus cuerpos, y se durmieron casi al instante los dos juntos, pegados el uno al otro.
La noche estaba siendo más fresca de lo habitual, el calor parecía haberles dado una tregua en aquella fogosa ocasión. Se habían dormido tarde, pero aún faltaba algo de tiempo para que el sol despuntase en el horizonte. A pesar de ello, Zoro se despertó debido a las inmensas ganas que tenía de ir al baño. Se levantó con cuidado para no despertar a Tashigi, y acudió al servicio. Después de aquello, se sintió completamente aliviado, pero sendiento. La cocina estaba justo al lado, por lo que se acercó a por un vaso de agua. Ya de vuelta a la habitación, de paso por el salón, recordó la enciclopedia de espadas que guardaba Tashigi en la estantería junto a su escritorio. Curioso, se acercó hasta ella para mirarla de nuevo, pero algo aún más interesante llamó su atención. Sobre la mesa había una voluminosa carpeta, de apariencia escueta, pero con un símbolo en la parte superior derecha que le era familiar. Como la luz era escasa en el salón, la tomó y se acercó a la ventana más cercana, para ver mejor.
Dejó el vaso de agua sobre la mesa, se sentó en una silla cercana, y miró con detenimiento el símbolo. No podía dar crédito a lo que veían sus ojos, ¿Qué hacía una carpeta del ejército en casa de Tashigi? Empezó a formarse un nudo en su garganta, y sabía que no bajaría ni tomando el agua que había en el interior del vaso. La abrió con torpeza, y comenzó a hojear los documentos. La mayoría eran historiales de mafiosos famosos, a los cuales mayormente conocía, ya fuese de oídas o en persona. Seguía sin entender qué hacía un documento como aquel precisamente en ese lugar. Siguió hojeando, cada vez con más rapidez, hasta que dio con algo que le dejó totalmente petrificado. Allí, frente a él, se encontraba una foto de sí mismo y un expediente policial. Relataba los altercados por los que había sido fichado, aquellos que había vivido con Luffy. Había información sobre él que jamás hubiese pensado que tenía el ejército, y lo peor de todo, ¿Qué hacía allí, en esa casa, aquella información?
Dejó la carpeta abierta por su expediente sobre la mesa, y se apresuró hacia el escritorio, en busca de más información. Comenzó a revolver los cajones, alterado, en busca de algo útil. Y lo encontró. Entre las ingentes carpetas con archivos, había un documento identificativo. En él, aparecía el rostro de Tashigi.
- ¿Capitana? ¿Capitana Tashigi? ¿Capitana… del ejército? –
No podía dar crédito a lo que estaba leyendo. Totalmente petrificado, dejó caer la tarjeta identificativa en el suelo. Definitivamente, Tashigi no había sido una persona cualquiera. ¡Capitana del ejército, nada menos! Zoro no sabía cómo sentirse en aquellos momentos. ¿Enfadado? ¿Traicionado? ¿había estado engatusándole para obtener información de él?, ¿era una espía? Si podía definir un sentimiento, ese era el de confusión. Se dejó caer pesadamente sobre el sofá, frente a su expediente. Miraba directamente la luna, cuya figura comenzaba ya a atenuarse. La realidad le había abofeteado violentamente, le había confirmado en apenas un instante todos sus peores temores. Tashigi no era una chica cualquiera, era una superior oficial del ejército. Su destreza con la espada, sus desvíos a la hora de hablar su ocupación, las técnicas que utilizaba para evadir sus ataques, era lógico que no podía ser una chica corriente, pero se había negado verlo, se había engañado a sí mismo para poder seguir viéndola, para disfrutar de su compañía, para poder permitirse amarla desmedidamente, aunque fuese sólo una vez. Definitivamente, había construido castillos en el aire que se habían hecho pedazos en aquel instante. Nadaba en aquellos momentos entre un mar de dudas, pero necesitaba salir rápido de allí, aunque fuera sin respuestas. ¿Y si lo tenía todo planeado y en aquellos momentos se dirigía hacia el apartamento un escuadrón para detenerle? No podía perder más tiempo allí. Se levantó, miró por última vez su expediente, y se dirigió al cuarto a por su ropa. La escasa luz entraba por la puerta entreabierta, e iluminaba tibiamente el cálido y pacífico rostro de Tashigi. Zoro la observó detenidamente unos segundos, y sintió cómo su interior empezaba a resquebrajarse lentamente. ¿De verdad alguien tan dulce y espontáneo como Tashigi podía engañarle de esa manera? ¿Todo era mentira? No podía evitar recordar sus besos, su complicidad, la caricia que poco antes había realizado sobre su mejilla. Zoro se volteó, cogió su ropa y terminó de vestirse a toda prisa, tomó sus pertenencias, y justo antes de salir de la habitación, se acercó de nuevo a Tashigi. Esa sería posiblemente la última vez que la viese, al menos la última vez antes de tratarse como enemigos. Él no quería verla así bajo ningún concepto, es más, él y sus compañeros no tenían nada que ver con el ejército, era éste quien siempre estaba encima de ellos. Pero entendía que esa era la naturaleza de la relación entre un delincuente y un oficial del ejército, y no le quedaba más opción que resignarse. Se inclinó sobre Tashigi, y besó sus labios cálidamente, durante unos segundos, para después apartarse.
- Mmm… Roronoa… -
Zoro observó la tibia sonrisa que asomó por el rostro de Tashigi, lo que le entristeció hasta límites insospechados. La incertidumbre estaba dejando paso a un sordo sentimiento de tristeza que se extendía con rapidez como un virus por todo su cuerpo. Necesitaba irse urgentemente, la realidad era demasiado, incluso para él. Lo mejor era adoptar una actitud indiferente desde ese momento en adelante, forjarse una coraza de frialdad y dureza que evitase que algo se quebrase para siempre en su interior, necesitaba remendarse a toda costa. Salió de la habitación, dio un último vistazo a la casa y bastante confuso, incluso dolido, salió para siempre de ella, a pesar de que no podía tener claro nada en ese momento.
Poco después de que el espadachín abandonara el apartamento, empezaron a vislumbrarse los primeros rayos de sol por el horizonte. En el cuarto, Tashigi dormía sola en su cama, ajena a todo lo que había ocurrido. Estaba tan cansada que no había notado cuándo había abandonado Zoro su cama. Sólo cuando sonó la alarma de su teléfono, comenzó a despertarse de su profundo sueño. Al principio, totalmente somnolienta, fue incapaz de recordar nada de lo ocurrido, pero el olor de Zoro empapaba sus sábanas y su propia piel, por lo que pocos segundos después, los segundos de aquella intensa noche se agolparon en su cabeza. Se incorporó con rapidez al ver que Zoro no estaba a su lado.
- Roronoa, ¿estás ahí? –
Pero Zoro no contestaba. Se acercó hacia el baño, pero lo encontró vacío. Siguió llamándole, pero no obtuvo respuesta. Salió al salón, y se asomó a la cocina, pero el resultado fue el mismo. De repente, comenzó a sentir una fuerte presión sobre el pecho. Era imposible que el espadachín se hubiera ido sin ni siquiera despedirse, sin una razón aparente. Empezó a sentirse mareada, y aterrorizada. Lo último que esperaba, era levantarse sola en aquellas circunstancias. Volvió de nuevo al salón, y miró hacia la mesa. Se percató de que sobre ella había desparramados unos pocos de papeles, y estaba segura de que ella nunca habría dejado así sus documentos, tan increíblemente desordenados. Se acercó hacia ellos, y quedó petrificada al ver en qué hoja se encontraban exactamente.
La mirada del Zoro de la foto se clavaba sobre la suya. Aquellos ojos desafiantes, que aquella misma noche, en persona, la habían devorado, la había poseído por completo. Tashigi extendió su mano, temblorosa, y agarró el documento entre sus dedos. Era él, no cabía ninguna duda.
- R-r-roronoa… ¿de verdad eres uno de los criminales más peligrosos de esta ciudad? -
Por fin he llegado al punto de inflexión en este fic, se puede decir que estoy más o menos en la mitad de la historia. Se me ha ido un poco de las manos, como siempre me suele pasar con las historias largas, así que necesitaba desconectar un poco de ella para poder continuar. Ya tengo las ideas más o menos claras, ahora toca enlazarlas. A partir de este capítulo la relación entre Zoro y Tashigi va a ser como al principio del manga, es como si se hubieran engañado pero no. Habrá momentos delicados, pero eso será más adelante, o no :O Bueno, espero que os haya gustado este capítulo, no olvidéis dejar alguna review. ¡Hasta la próxima! :D
