Aioros piensa en Lily y en cómo devolverle su alma, por eso comienza a idea un plan para ello, y al mismo tiempo sigue con sus intentos de cortejo. Lily por su parte, pensando en lo mejor para el dorado, intenta espantarlo, pero no digamos que le resulta mucho. Ingrid, por cierto, debería poner más atención a las condiciones del tránsito.
¡HOLA A TODOS! Para referencias a mi estilo y a ciertos aspectos del fic, lean 'Littera Minima' y sus secuelas. En esta ocasión, sumen 5 años a las edades del canon. O si les resulta más fácil y menos complejo, dense una vuelta por el perfil de Ekléctica, donde encontrarán la línea de tiempo oficial: al principio de cada año aparecen las edades.
Un especial agradecimiento a Seika Lerki, Tsuyu Ryu y Ekléctica (El Concilio del Fic), madrinas y lectoras de prueba de este fic, que además de incentivarme y animarme a escribir, aplacaron mis instintos asesinos y varios personajes vivieron para contarlo.
Una recomendación especial, si quieren ver este universo expandido, lean "Madness of Love", de Lady Seika Lerki y el omake "Lo que Sueño de ti" y las adorables miniseries "Familia" y "Futuro" de Ekléctica. Finalmente, "Luz Amatista", de Tsuyu Ryu, es una joya. Las conversaciones que las inspiraron a ellas, de paso me inspiraron a mí para retomar este hábito mío de escribir fanfictions. ¡VAYAN A LEER! =D
DISCLAIMER: Saint Seiya, la trama y sus personajes pertenecen al genialísimo Masami Kurumada y a quienes han pagado por el derecho respectivo. No estoy ganando dinero con esto, nada más entretengo a mi imaginación y le doy más trabajo a mi Musa. D8 ¡NO TENGO FINES DE LUCRO!
ADVERTENCIA
Cualquier coincidencia con la realidad, con situaciones reales y semejanzas con personas vivas o muertas, es una mera coincidencia. Se pide criterio y discreción por parte de los lectores. Debido a la naturaleza de algunas escenas gráficas, se pide extra cuidado. No me hago responsable de castigos, lesiones, o penas capitales derivados de la lectura de este capítulo.
¡No intenten nada de esto en casa!
XXIII. ANIMA CAPTI
(Alma Atrapada)
Capítulo 11: Observaciones
Santuario de Athena. Templo Principal.
Cuatro días después. 31 de julio. 9:56 horas.
Sin duda que la llegada de Liliana había revolucionado la usualmente tranquila oficina de contabilidad. No es que hubiera cambiado las cosas (los contadores seguían muy silenciosos y diligentes sus tareas, apenas mezclándose con los demás), pero la presencia de Lily, quien se había ubicado en un escritorio al fondo cerca de una ventana, sin duda destacaba. Cada tanto se ponía de pie, generalmente para tomar café, y volvía a su tarea de auditar metódicamente cada estado contable que caía en sus manos. A veces pedía ayuda a alguno de sus colegas, que intercambiaban información con ella muy despacito, pero siempre avanzaba, nunca descansaba: diseccionaba cada número que veía de forma despiadada. ¿Este gasto de qué era? ¿Dónde estaban justificados? Faltaba fechar algunos ingresos, ¿por qué no lo habían hecho? ¿Estos gastos de aquí no deberían estar listados allá?
Estos contadores no tenían nada ilegal en sus métodos y la enorme mayoría de los balances cuadraban, solo tenían desorden que solo ellos se entendían. El cómo no se les había perdido dinero, era un milagro, o eso estaba pensando Liliana en esos momentos. Esto la ponía aún más suspicaz: así era fácil que desaparecieran los fondos.
Sin duda que auditar al Santuario era una tarea que parecía imposible para una sola persona, pero Lily tenía un metódico sistema y no se tomaba prisas. Los demás contadores la dejaban en paz y seguían en lo suyo, sin negarle ningún antecedente. Eran tímidos y asustadizos, pero muy amables.
Por lo visto no tenían nada que ocultar. Solo desorden.
Mucho desorden.
Aioros suspiró. Desde el incidente con su madre, Lily se había retraído un poco, cosa que no le sorprendía. ¿Cuál era el problema de esa mujer? Todo aquello le generaba un torbellino de sentimientos encontrados: haber apapachado a Lily sin duda que le había subido el ánimo un montón, y sentirla tan cerca se sintió hermoso (¡Le encantaba su aroma!), pero… pero… Que su chica hubiera tenido que pasar por eso, le destrozaba el corazón. Fue Minos quien sujetó y echó a Teresa de aquél departamento, no él, pero no resentía tal cosa. Estuvo a punto de hacerlo, pero optó por quedarse con Liliana, ella lo necesitaba más: era una mujer fuerte e independiente, le dolió verla tan disminuida, tan frágil. No pudo alejarse, no quiso tampoco.
No era como abrazar a Serra. La extraterrestre era una guerrera, de dulce personalidad y asertiva como nadie. No dudaba en tomar riesgos ni de arriesgarlo todo por sus ideales, incluyendo su vida. Ella conocía el camino del guerrero y lo recorría con paso firme.
Lily, de alguna forma, también era una guerrera, pero recorría un camino diferente y sus luchas eran extrañas, pero no por eso menos difíciles. Aioros entrecerró los ojos, como si la viera por primera vez. ¡Qué difícil debía ser tener que lidiar con una madre como Teresa! Es explicaba tantas cosas de Lily. Aun así había muchas cosas que no le cuadraban y que tenía ganas de averiguar.
Había hablado unos días después con Susy, para preguntarle cómo seguía Lily y si acaso su mamá era así siempre. Susana no tuvo pelos en la lengua para decir que Teresa Castaldelli era una mujer horrible sin corazón ni calor en la sangre. Esto llenó de inquietudes a Aioros: si la madre era así, ¿entonces como su hija era tan diferente? Susy pareció detectar sus dudas, pero solo respondió que si Liliana era como era, eso se debía a su abuela materna. Aioros supo entonces que si quería más detalles, tendría que preguntárselos directamente a la chica.
"Nunca creí que vería a los contadores tan inquietos." Le comentó Matilda de pronto, deteniéndose junto al dorado, quien observaba hacia el interior del departamento de contabilidad. "¡Hola Aioros!" Lo saludó acomodándose a Lizzie en la cadera. Junto a ella, y apoyada en una muleta, Nicola sonreía.
"Hola Mati." La saludó Aioros de buena gana, antes de sorprenderse gratamente. "¡Nicola! ¡Mira que bien te ves! Qué alegría verte. ¿Ya te reintegraste? No sabía que habías vuelto. ¿Cómo te sientes?"
"Hola Aioros." Lo saludó la mujer, algo cansada. "Estoy estupendo, ¡Hacía meses que no me sentía tan bien!"
"Hoy es su primer día de regreso. ¿No es genial?" Matilda estaba contenta, y se le notaba.
"Me voy unos meses y esta mujer se reproduce. ¿Puedes creerlo?" Se rió Nicola con calma. "Creí que había pasado más de un año en coma cuando de pronto la vi tan campante con Lizzie en los brazos." Comentó la mujer complacida. "La última vez que la vi sufría porque no sabía si corresponderle o no a Mu."
"A todos nos sorprendió, no te preocupes, Nikki." Aioros le hizo algunas caras a Lizzie, quien le dedicó una tímida sonrisa. "Sobre todo la llegada de esta guapetona. ¿Cómo estás, Ojitos de Lucero?"
"¡Agúuuuu!" Exclamó la niña, estirando su bracito con coquetería. Aioros suspiró apenado.
"Oooh, no puedo tomarte preciosa, ¡tengo las manos ocupadas!" Se lamentó el dorado, señalando la bandeja que llevaba en las manos. Se volvió a Nicola. "Me alegra mucho verte así tan bien. Nos diste un buen susto a todos."
"Y me perdí chismes muy jugosos. Ya me pondré al día: Mati me estaba contando de esta preciosura."
"Lizzie preciosa hasta se le parece un poco." Reconoció el dorado enternecido. Miró a Nicola con paciencia. "Espero que te estés tomando las cosas con calma."
"No estamos dejando que se estrese más de la cuenta. La estamos cuidando: eso incluye paseos. Tiene que caminar o nunca dejará la muleta esa." Reconoció Mati muy decidida. Entonces se fijó en la bandeja que llevaba Aioros. "Oooh, medialunas y café del Black Canvas. ¡Por Athena! Esa cafetería se ha hecho muy popular en el Santuario."
"Tienen buen café, hay que decirlo."
"Veo dos cafés." Señaló Nicola, dedicándole una sonrisa sabelotodo. "¿Qué planeas, sagitario?" Por lo visto, Matilda ya había puesto a Nicola al corriente sobre los últimos cambios en la dinámica social del Santuario. Aioros se enrojeció un poco.
"Aquí, intentando distraer a una florecita que encontré por ahí."
"Ten cuidado Aioros." Le advirtió Matilda. "Helga nos contó que el señor Al–Khilaiwi cambió el café por descafeinado, porque Liliana se lo bebe como orilla de playa y teme que le dé un infarto. Ha estado algo inquieta por la abstinencia. Si llega a oler café normal, puede que se te tire encima."
"No sería mala idea." Le dijo Aioros guiñándole un ojo. "Mejor deséenme suerte. Ahora… ¡Me encanta verte de regreso, Nikki!" Aioros se detuvo con pícaro misterio. "Tu presencia explicaría por qué cierto santo plateado que conozco anda rondando más el Templo Principal que de costumbre. Si me disculpan…"
Aioros no se quedó para ver las reacciones de Mati o de Nicola, sino que siguió su camino, adentrándose en las oficinas de contabilidad directo hasta Liliana trabajaba. Era hora de poner en marcha su plan y no se detendría hasta lograrlo. Se detuvo junto al escritorio que ocupaba la chica, quien no se dio cuenta de su presencia en seguida, sino que siguió inmersa en sus cuentas.
Usaba lentes para leer y estaba tan concentrada que Aioros hasta creía ver funcionando los engranajes de su cerebro. Recordó el apapacho de hacía unos días, de cómo había dejado que la contuviera, deteniéndose especialmente en la sensación tan preciosa que le produjo tenerla entre los brazos. No quería verla llorar de nuevo, aunque si podía abrazarla, no se quejaba.
"¿Liliana?" No hubo respuesta. "Lilianaaa…" Nada, no le respondieron. Aioros le dio un topecito a la silla con la punta del pie. "Señorita Castaldelli."
"¿Huh?" Lily levantó cabeza de donde estaba y lo miró perpleja, como si no supiera de donde había salido. Se quitó los lentes y parpadeó varias veces. Aioros le sonreía sin atinar a decirle nada. "Creo que mejor te dejaré que me tomes esa foto que quieres." Le dijo la mujer con bastante calma. "Me perturba que me mires así de fijo y las fotos sí duran más."
"¡Estás bonita hoy!" Le dijo con ilusión. "¿Me puedes culpar porque me gusta lo que veo?"
Lily se enrojeció varias tonalidades, por lo que volvió el rostro hacia abajo y carraspeó. Guardó el progreso que llevaba en su laptop y ordenó un poco sus cosas. Se arregló las ropas, siempre con nerviosismo. Definitivamente no estaba acostumbrada a este tipo de comentarios.
"Ya no te hagas el payaso, Aioros. Tengo trabajo, ¡Shu!" Le dijo mientras trataba de ocultar su incomodidad.
¿Qué pasaba con ella? Se supone que tenía que tener ansiedad, que debía rechazar a Aioros, mantenerlo a raya, lejos de sí misma. ¿Y Qué hacía? Sentir ansiedad, pero por la cercanía y porque no estaba acostumbraba en lo más mínimo a situaciones así o cómo debía tratar con el sujeto. Como que le gustaba estar con él… ¿Y si pensaba en el Campo de Yang–Mills o en las Ecuaciones de Navier–Stokes para distraerse?
"Sí, tienes trabajo, pero el día está muy lindo." Aioros infló el pecho y miró por la ventana. "Vamos fuera, es hora de un descanso: no has levantado cabeza y ya hiciste llorar a cuatro contadores."
"¡No he hecho llorar a nadie!" Exclamó Lily sorprendida. "Sólo estaba aquí y… ¡Oh!" Al menos había entendido a tiempo (más o menos) que se trataba de una broma. Lily se mordió el labio. "¡No hay tiempo, Aioros! Tengo que terminar esta auditoría para diciembre y… ¡OOOH!"
"Siempre hay tiempo para un café." Aioros le acercó la bandeja, dejando que el olorcito del café llegara a la nariz de Lily. "Así que nos vamos fuera que aquí es muy encerrado y necesitas tomar aire."
"¡OOOOOOOH, CAFÉ!" Lily intentó tomar uno de los tazones, como si se tratara de un náufrago que busca subirse a una tabla. "¡Solo hay descafeinado! Necesito… ¿Huh?" Aioros alejó la bandeja y le ofreció una mano.
"Vamos afuera y te regalo incluso el mío." Le ofreció contento. Lily lo miró con espanto.
"¡Pero…!" Lily miró hacia los tazones de café. "No tengo opción, ¿verdad?"
"Nope."
Lily suspiró y pareció meditar la situación. Finalmente se encogió de hombros y volvió a guardar su avance del trabajo en su laptop por costumbre (ya lo había hecho, pero uno nunca sabía). Estiró el brazo para tomar su bolso.
"Está bien. Vamos."
"¡Genial!"
"¡Pero que no se te haga costumbre!" Amenazó Lily tajante. Aioros le sonrió con travesura.
Hmm.
Como que… como que se aseguraría que a los contadores les llegara café descafeinado a partir de ese momento.
Oslo, Noruega.
En esos momentos. 31 de julio. 8:56 hora local.
El tráfico no estaba tan pesado, por lo que Ingrid podía darse el lujo de conducir más o menos en automático. Iba tranquila, aunque su mente no lo estaba tanto. No se sentía bien, de hecho se notaba un poco decaída, pero más que a una causa física, lo atribuía a estrés mental: Venía del médico. No la habían autorizado a tener un aborto: su bebé estaba creciendo bien y sano, no era producto de violación o incesto, ella no estaba en peligro inminente de muerte y ya habían pasado más de dieciocho semanas. No vieron motivo para interrumpir el embarazo. Eso cambiaba sus planes tan drásticamente que no sabía ni por donde comenzar.
Cierto, cierto. ¡No le digan nada! En teoría había llegado a un consenso con Minos, sobre que dejaría que el embarazo siguiera su curso natural y eso, pero no podía quedarse sin agotar todas sus opciones. Siempre existía la posibilidad de acceder a un aborto ilegal, o viajar a algún país donde se lo permitieran, pero… eso implicaba dinero que no tenía.
Y le daba pereza.
Suspiró agotada. No quería pensar en el bebé, tampoco en Minos. Tal cosa le estaba causando ansiedad, tenía la sensación que estaba muy equivocada sobre el sujeto.
Era un juez de Hades, no el banquero que ella había creído, aunque sí parecía trabajar en un banco. Cuando lo conoció, supo que el sujeto era piadoso seguidor de algún dios griego, que luego supo era Hades y la corte del Inframundo. Eso nunca fue un misterio para ella, pero no le dio mayor importancia. Ella misma no se autodefinía como persona religiosa, pero sí tenía sus creencias guardadas por ahí, que favorecían más a deidades locales que extranjeras. Siempre tuvo la idea que la gente como Minos era pobre y sin recursos, por lo que achacó la religiosidad del juez a una excentricidad de millonario.
¡Pero resultó ser un juez de Hades! Que por si fuera poco servía a su deidad desde el mismo Inframundo y hasta vivía en sus esferas. ¡Con razón nunca estaba en la ciudad!
No era lo único que no le cuadraba. La vida era cara en Oslo, ¿Cómo era que Minos se daba esos lujos? Eso no se condecía con su situación del monje rastrero fanático que seguramente tenía. ¡Juez de Hades! ¿Qué podía eso tener de ventajoso?
"No puedes estar tan endeudado." Murmuró Ingrid para sí misma. "¿Qué es lo que no estoy entendiendo?"
Los prejuicios de la mujer, y el asco que le provocó la revelación del verdadero trabajo de Minos, le impedían ver la verdad del todo ni aunque esta le pegara en las narices. Minos estaba sacando dinero de algún lado, no se estaba endeudando, pero no le cuadraba que lo tuviera.
"¿Acaso eres un mantenido por Hades?"
Quizás los recursos eran del dios y no de Minos. Si bien eso implicaba que le daban una suerte de sueldo y estabilidad laboral, ¿qué tanto podría avanzar el sujeto en esa extraña carrera? Y no le hacía gracia depender de los caprichos de un dios. ¡Ella ya era caprichosa! No necesitaba competencia al respecto.
El bebé se movió de repente, logrando que Ingrid diera un respingo.
"Aaaaish… ¡Quieto, niño!"
La mujer se mordió el labio. No era la primera vez que el pequeñajo se movía en su vientre, ya lo había percibido antes, pero siempre la sorprendía y no de buen modo. Todo cariño que podría haber tenido por la criatura se había desvanecido como humo. Sabía que tenía que estar celebrando estos movimientos, pero no encontraba las ganas de querer hacerlo. Pensar en la criatura la ponía de mal humor. ¡No la quería! Ya no podía deshacerse de ella legalmente, por lo que sentir estos signos de que estaba vivo la hizo gruñir de disgusto. Solo quería dar a luz pronto y deshacerse de la cosa esa. ¡Y todavía le quedaba tanto tiempo por delante!
"Disfruta mientras puedas, parásito."
Si no hubiera estado embarazada, simplemente le hubiera dicho a Minos que no lo quería ver nunca más en la vida y que se buscara a alguna arrabalera que lo tolerase, pero no. ¡Tenía que ocurrírsele la idea de embarazarse para asegurar su presa! Bien que podía dejar a Minos, pero éste ya estaría por siempre atado a ella gracias al hijo en común que tenían.
"¡Estorbas mis planes!"
¡Claro que los estorbaba! La idea de cortar con Minos era para poder encontrar a otro hombre, lo más millonario que pudiera, y conquistarlo, pero si tenía panza eso no iba a ocurrir muy fácil. Un embarazo implicaba un ex y un lastre en la forma de un bebé. Eso no les gustaba a los hombres…
… aunque pensándolo bien, no faltaba el pervertido al que le gustaban las panzas.
Hmm. No era una mala idea. Tendría que meditarlo y planificar mejor. Eso le daría un respiro de Minos, aunque conociéndolo, no la iba a dejar ir así tan fácil. Tendría que jugar bien sus cartas, quizás comenzar a explorar posibilidades en lo que el juez pasaba tiempo en esa esfera asquerosa en Ptolomea.
Además… Lily podría ayudarla. No voluntariamente, pero considerando que Minos estaba pasando mucho tiempo con su hermana, ella siempre podría sacarle en cara que la había dejado sola, cuando llegara el momento de dejarlo para siempre. ¿Quién diría que esa metiche la ayudaría a…?
"¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAH!"
SCREEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEECH…
Una bicicleta se le atravesó repentinamente.
Por inercia, Ingrid pisó el freno y lo soltó enseguida, girando el volante hacia un lado para esquivar al ciclista, y luego hacia el otro cuando sintió que perdía el control del vehículo. El cinturón de seguridad la mantuvo segura en su sitio mientras ella se aferraba con furia del volante. El frenazo y el chillido que hicieron los neumáticos contra el suelo parecía que no acababan nunca.
Y todo se detuvo de pronto. Ingrid se quedó resoplando aterrada en el asiento, sujetando con firmeza el volante y tratando de dilucidar porqué el airbag del vehículo no le había estallado en la cara. No, no había chocado, pero con horror comprobó que estuvo a punto: frente a ella, un poste estaba a centímetros de su auto. Los frenos y toda la tecnología que involucra una frenada de emergencia de esas proporciones habían funcionado en gloria y majestad.
Por el rabillo del ojo vio al ciclista y a un par de transeúntes correr en su dirección. Con las manos temblorosas, se quitó el cinturón y abrió la puerta. La ayudaron a salir del auto, aunque sentía las piernas temblorosas. No le había pasado nada, estaba a salvo. Apenas podía dilucidar los reclamos del ciclista, quien no sabía si estar enfurecido o no, o las preguntas bien intencionadas de los demás.
¿Qué había pasado? Por no ir atenta a las condiciones del tráfico, no se fijó en que la luz de un semáforo cercano había cambiado, dando la preferencia a un cruce de ciclistas. Pudo reaccionar a tiempo, pero casi chocó contra un poste cercano.
Estuvo a punto de tener un accidente grave.
Estaba a salvo.
El bebé dio un asustado brinco en su vientre.
Santuario de Athena. Zona de Turistas.
31 de julio. 10:22 hora local.
No había tanta gente como se esperaría, pero la presencia de turistas no parecía importarle tanto a Aioros. El dorado había guiado a Lily hasta unos árboles que crecían entre las ruinas, y que tenían una muy bonita panorámica de aquél popular sector del Santuario y de la ciudad de Atenas. Daban una buena sombra y algo de privacidad, pese a la circulación de turistas.
Lily disfrutaba de su café, lo que la tenía con una sonrisa de oreja a oreja en el rostro.
"Recuérdame que debo aterrorizar al malnacido que puso café descafeinado en la cafetera de la oficina." Pidió con una plácida sonrisa. "¿Cómo fue que no se enfrió? Está perfecto."
"¡Qué extrema! Pero trataré de tenerlo en mente." Le dijo Aioros, mientras comía su medialuna. "¿Cuánto café bebes al día? Y por cierto, usé cosmo."
"Unas siete u ocho tazas, aunque eso en un día malo, a veces hasta doce."
"¡Por Athena! ¿Qué no piensas en tu pobre corazón?"
"¡Bebo Café de Grano!" Se defendió Lily con los ojos muy abiertos, como si aquello fuera la mejor excusa del mundo. "Te creo la aprensión si fuera del instantáneo, pero no." La chica ocultó su rostro con un sorbo de su café.
"No sé si me convences." Le dijo Aioros, secretamente decidido a tratar de que la chica bajara la intensidad de su consumo de cafeína. "Pero tú sabrás."
Lily no le respondió. No era la primera vez que le decían que tenía que bajar su consumo de café, pero no digamos que era algo que estaba dispuesta a hacer. No tenía argumentos para defenderse, ni voluntad para dejar de beber, así que simplemente no hacía caso. Miró de reojo a Aioros. ¡Santurrón Insoportable! ¿Él También? ¿Qué tanto le importaba lo que pasaba con ella? Solo era café.
Suspiró. Hizo un puchero. ¡Qué vergüenza! Desde el incidente con su madre que no había pasado tanto rato con Aioros y no sabía bien qué debía hacer o decir. Con Minos era diferente, era su storebror, y aunque apenas comenzaba a conocerlo, sentía que la complicidad y el cariño entre ambos crecían exponencialmente todos los días. También sentía que con Aioros podían llegar a ser grandes amigos, pero sus ansiedades la frenaban.
Aioros la había visto muy vulnerable y humillada. Nunca llegaría a quererla, menos con su madre dando vueltas cerca.
…
¡Esperen un Maldito Minuto! ¡¿Acaso Había Pensado eso EN VERDAD?!
"Sobre el otro día… te ruego disculpes a mi mamá." Dijo Lily avergonzada, jugueteando con sus dedos. "Es un poco especial ella, pero no es una mala persona. Se estresa muy rápido, eso es todo." Aioros la miró a la cara. "No me trajiste aquí, para eso, ¿verdad?"
"No. Lo que pasó con tu mamá fue… lamentable. Pero no te traje para eso. Sino para que tomaras un descanso de tanto número." Reconoció Aioros. "Además para conversar algunos detalles… aunque si quieres conversar sobre lo que pasó con tu madre…"
"No. No quiero. Ya pasó, punto." Se apresuró en decir Lily. "¿Y… de qué quieres hablar?"
Aioros miró tranquilo a Lily. La chica le sonreía, dándole esa luminosidad a su rostro que la hacía muy especial. Tanto su corazón como el alma de la mujer le dieron un vuelco en el pecho que lo hizo muy feliz. Tenía ganas de prodigarla a besos.
Era una felicidad diferente a la que Serra le provocó en su momento. En verdad la extraterrestre llegó a ser su universo en algún punto de su vida. Tenerla entre sus brazos, sus besos y caricias habían sido una experiencia de otro mundo (literalmente), pero eso ya había pasado a segundo plano. Echaba muchísimo de menos sentirse así de conectado con otra persona, Serra sabía interpretarlo, pero ya no más…
Abrazar a Lily había sido diferente. La mujer se había refugiado en sus brazos y todo había sido distinto. Si antes había disfrutado con la cercanía de Serra, la de Lily le había provocado sensaciones más intensas, lo que quizás se había debido a que era algo efímero, que nunca más se repetiría. Aioros no estaba de acuerdo con eso, no quería dejar ir a Lily nunca. Si en algún momento tuvo dudas sobre la calidad de Lily como su alma gemela, aquél abrazo las disipó todas.
Liliana no era Serra. También tenía sus luchas, sus propios dolores. Era una mujer cuyo intelecto rebalsaba cada límite y brillaba por su genialidad, pero eso no la hacía menos humana. Era un prodigio, su mente era fuerte y segura, pero su corazón… era de cristal. Estaba llena de inseguridades que no tenían por qué existir y Aioros estaba seguro que era cosa que Lily se diera cuenta de lo hermosa que era, tanto en alma como en físico, para que todas ellas se esfumaran y pudiera volar con colores propios.
Decidió en ese minuto que Teresa Castaldelli no era su persona favorita. ¿Cómo se atrevía a tratar así a su hija? ARGH.
"¿Aioros?" Lily parpadeó curiosa. Ahora que tenía cafeína en el sistema estaba de mejor humor. "De qué me querías hablar?"
"Tengo que devolverte tu alma." Le dijo con calma. El dorado se llevó la mano al pecho. "La tengo a salvo y segura, no le va a pasar nada, pero esto no puede extenderse en el tiempo. La necesitas de regreso."
"Eso lo sé. Cada vez que me alejo de ti, comienzo a sentirme muy mal, como si tuviera un resfrío fuerte. No es agradable."
"¿Por qué no lo habías dicho antes?"
"No creí que fuera importante."
"Lo es y bastante. Lily: no puedes vivir sin alma." Le explicó Aioros. "La necesitamos para navegar en esta vida, es importante. Sin ella… te desvanecerás rápidamente."
"Eso lo veo." Asintió Lily con calma. "Estuve revisando algunas tesis sobre energía y ese tipo de cosas, pero la física, por fascinante que sea, no es mi área y… faltan muchos datos."
"Estuve investigando." Confesó Aioros. "Estuve revisando en nuestros archivos y bibliotecas todo lo que hay sobre almas atrapadas y encontré información bastante interesante, aunque no diferente a la que ya sabemos."
"¿El tener que superar una prueba es una constante?"
"Así es. De esa no nos libramos." Rió Aioros, con un guiño. "Aunque la naturaleza de la prueba permanece en el misterio. ¡Pero…!"
"Encontraste indicios."
"No exactamente. Recordé algo que solía hacer Serra cuando tenía que resolver algo."
"Ooooh… ¿De qué se trata y quién es Serra?"
"Serra es mi ex. Aplicaba el concepto de la Navaja de Ockham: una vez se lo expliqué y le gustó mucho."
"En igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la más probable." Explicó Lily con calma. "Aunque no necesariamente lo verdadero, dirían algunos científicos que conozco." Añadió con una sonrisa. "Dime Aioros, ¿en qué nos puede ayudar eso? Porque créeme, que no te voy a besar por satisfacer un cliché extraño."
"Creo que, por ser cliché, los besos no van a funcionar. No son la única opción." Al ver la cara de pregunta que le puso Lily, Aioros sonrió con astucia. "Creo que la solución es tan sencilla como un beso, pero no es un beso. Sospecho que tiene que ver con una enseñanza, pero no estoy seguro."
"¡Menos mal! ¿Sabes la cantidad de gérmenes que transmite la saliva?"
Aioros miró en blanco a Lily, quien se la veía muy seria y grave. Técnicamente tenía razón, la mononucleosis y el herpes simple puede transmitirse por un beso, pero no siempre era el caso. ¡Nada como matar la magia de un beso con una simple pregunta! Aioros carraspeó.
"Como decía, la solución es simple, pero no un beso."
"¿Y tienes alguna idea? Porque hasta ahora no me has dicho nada nuevo. La idea principal de conocernos mejor sigue siendo la única pista que tenemos y no nos está ayudando para nada."
"Claro que tengo una idea." Le dijo Aioros muy serio. "Implica un viaje."
"Soy todo oídos. Dime. ¿En qué piensas?"
"En ir a Delfos a pedir un oráculo que nos dé alguna guía." Aioros terminó su medialuna. "Conozco a una sibila que nos podría ayudar. Fue quien me advirtió hace muchos años sobre la maldición con la que te atacarían."
"Y por ese oráculo que te dio, fue que decidiste tomar las medidas que me protegieron." Terminó Lily por Aioros. El dorado asintió y sonrió al ver la ilusión en los ojos de la mujer. "Me gusta la idea. ¿Cuándo partimos?"
"Cuando desees."
Lily sonrió de costado. No sonaba una mala idea.
"¿Ahora?"
Continuará.
Por
Misao–CG
Próximo Capítulo: Conspiraciones
"… Ingrid la miraba indiferente no muy lejos de ahí, pero no hizo ningún ademán de regresar con ella. Simplemente le dio la espalda y siguió su camino. Una nueva puntada de dolor hizo que se llevara las manos al abdomen y siseara de dolor, sintiendo como la sangre se le escapaba por la boca. ¡Era como si hubiera tragado cuchillos! Pronto escuchó una vorágine, de gente que trataba de ayudarla…"
Nota Mental: Aioros se esfuerza un montón, y eso es evidente para todos. Lily también se esfuerza en ignorar al dorado, pero no le resulta mucho. Todos los demás en el Santuario están pendientes de los dos. Y como ven, parece que Lily comenzó a rendirse ante los encantos del sujeto. ¿Alguien puede culparla? Ingrid no se nos muere todavía, esa es yerba mala, así que matarla va a costar trabajo. En todo caso, ese casi choque pudo ser una llamada de atención. Esperemos que le haga caso, al menos hasta que nazca la criatura. Por favor, si detectan algún error tipográfico, de ortografía y redacción, me avisan para que lo pueda reparar. ¡MUCHAS GRACIAS A TODOS POR LEER!
BRÚJULA CULTURAL
Traída a ustedes gracias a Wikipedia o alguna otra página, según corresponda. Las traducciones del noruego son de Google Traductor. En esta ocasión, la información médica la obtuve del sitio MedlinePlus.
Problemas del Milenio: Son siete problemas matemáticos cuya resolución sería premiada, según anunció el Clay Mathematics Institute en el año 2000, con la suma de un millón de dólares cada uno. A principios de 2017, únicamente uno de estos problemas ha sido resuelto, la hipótesis de Poincaré.
Campo de Yang–Mills: Es un tipo de campo físico usado sobre todo en teoría cuántica de campos cuyo lagrangiano tiene la propiedad de ser invariante bajo una transformación de gauge local.
En 1954, Chen Ning Yang y Robert Mills1 sugirieron que el principio de invariancia local de fase o invariancia de gauge local no eran compatibles con una teoría de campos local, es decir, que obedeciera los principios relativistas de causalidad. Es decir, cuando, como es común, el lagrangiano de un campo tiene alguna simetría interna dada por un grupo de transformaciones de gauge, debería ser posible escoger en cada punto del espacio una transformación de gauge diferente, sin que eso hiciese que las ecuaciones de la teoría fueran alteradas. Así Yang y Mills buscaron la teoría más general de lagrangiano para un campo con invariancia de gauge local.
De hecho la electrodinámica cuántica era ya una teoría con invariancia de gauge local, donde el grupo de gauge era precisamente el grupo de Lie U(1). El resultado del trabajo de Yang y Mills fue una generalización del lagrangiano de la electrodinámica cuántica, donde ahora el grupo de gauge era un grupo no conmutativo. Los gluones de la cromodinámica cuántica vienen descritos por un campo de Yang-Mills sobre el grupo de Lie no conmutativo SU(3) asociado a la simetría de color.
Ecuaciones de Navier–Stokes: Reciben su nombre de Claude–Louis Navier y George Gabriel Stokes. Se trata de un conjunto de ecuaciones en derivadas parciales no lineales que describen el movimiento de un fluido. Estas ecuaciones gobiernan la atmósfera terrestre, las corrientes oceánicas y el flujo alrededor de vehículos o proyectiles y, en general, cualquier fenómeno en el que se involucren fluidos newtonianos.
Estas ecuaciones se obtienen aplicando los principios de conservación de la mecánica y la termodinámica a un volumen fluido. Haciendo esto se obtiene la llamada formulación integral de las ecuaciones. Para llegar a su formulación diferencial se manipulan aplicando ciertas consideraciones, principalmente aquella en la que los esfuerzos tangenciales guardan una relación lineal con el gradiente de velocidad (ley de viscosidad de Newton), obteniendo de esta manera la formulación diferencial que generalmente es más útil para la resolución de los problemas que se plantean en la mecánica de fluidos.
Como ya se ha dicho, las ecuaciones de Navier–Stokes son un conjunto de ecuaciones en derivadas parciales no lineales. No se dispone de una solución general para este conjunto de ecuaciones, y salvo ciertos tipos de flujo y situaciones muy concretas no es posible hallar una solución analítica; por lo que en muchas ocasiones es preciso recurrir al análisis numérico para determinar una solución aproximada. A la rama de la mecánica de fluidos que se ocupa de la obtención de estas soluciones mediante métodos numéricos se la denomina dinámica de fluidos computacional (CFD, de su acrónimo anglosajón Computational Fluid Dynamics).
Mononucleosis: Es una infección viral que causa fiebre, dolor de garganta e inflamación de los ganglios linfáticos, con mayor frecuencia en el cuello. A menudo se propaga por medio de la saliva y el contacto cercano. Se conoce como la enfermedad del beso y se presenta con más frecuencia en personas entre los 15 y 17 años de edad (¡Por besucones! Jojojojojo), pero la infección puede desarrollarse a cualquier edad. La mononucleosis generalmente está ligada al virus de Epstein–Barr (EBV). En raras ocasiones, puede ser ocasionada por otros virus como el citomegalovirus (CMV).
Herpes simple: Es una infección causada por un virus herpes simple (VHS). El herpes bucal provoca llagas alrededor de la boca o en el rostro. El herpes genital es una enfermedad de transmisión sexual (ETS). Puede afectar los genitales, las nalgas o el área del ano. Otras infecciones por herpes pueden afectar los ojos, la piel u otras partes del cuerpo. El virus puede ser peligroso en recién nacidos o en personas con sistemas inmunes debilitados.
Existen dos tipos de herpes simple:
El herpes simple tipo 1 frecuentemente causa llagas labiales. También puede causar herpes genital.
El herpes simple tipo 2 frecuentemente es el que causa el herpes genital, pero también puede afectar la boca.
El herpes simple se contagia por contacto directo. Algunas personas no tienen síntomas. Otras presentan llagas cerca del área por la cual penetró el virus al cuerpo. Éstas se convierten en ampollas que causan picazón y dolor y posteriormente se curan.
La mayoría de las personas tiene brotes varias veces al año. Con el transcurso del tiempo, los brotes se hacen menos frecuentes. Los medicamentos que ayudan al cuerpo a combatir el virus pueden ayudar a mejorar los síntomas y disminuir los brotes.
Navaja de Ockham: (a veces escrito Occam u Ockam), principio de economía o principio de parsimonia (lex parsimoniae), es un principio metodológico y filosófico atribuido al fraile franciscano, filósofo y lógico escolástico Guillermo de Ockham (1280 – 1349), según el cual: En igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la más probable. Esto implica que, cuando dos teorías en igualdad de condiciones tienen las mismas consecuencias, la teoría más simple tiene más probabilidades de ser correcta que la compleja.
En ciencia, este principio se utiliza como una regla general para guiar a los científicos en el desarrollo de modelos teóricos, más que como un árbitro entre los modelos publicados. En el método científico, la navaja de Ockham no se considera un principio irrefutable, y ciertamente no es un resultado científico. La explicación más simple y suficiente es la más probable, mas no necesariamente la verdadera, según el principio de Ockham. En ciertas ocasiones, la opción compleja puede ser la correcta. Su sentido es que, en condiciones idénticas, sean preferidas las teorías más simples. Otra cuestión diferente serán las evidencias que apoyen la teoría. Así pues, de acuerdo con este principio, una teoría más simple, pero de menor evidencia no debería ser preferida a una teoría más compleja, pero con mayor prueba.
Qué ha de tenerse en cuenta para medir la simplicidad, sin embargo, es una cuestión ambigua.1 Quizás la propuesta más conocida sea la que sugirió el mismo Ockham: cuando dos teorías tienen las mismas consecuencias, debe preferirse la teoría que postule la menor cantidad de (tipos de) entidades. Otra manera de medir la simplicidad, sin embargo, podría ser por el número de axiomas de la teoría.
La navaja de Ockham se aplica a casos prácticos y específicos, englobándose dentro de los principios fundamentales de la filosofía de la escuela nominalista que opera sobre conceptos individualizados y casos empíricos.
