Nota: Son doce capítulos ya y no por eso voy a dejar de decir que todo, desde los nombres, los fabulosos personajes y todo cuanto tiene que ver con este mundo maravilloso es obra de Tolkien. Yo pensaba que esta historia me tomaría unos diez capítulos, pero no sé lo que me pasa. Con todo si la gente quiere seguir leyendo, sean todos bienvenidos, yo les agradeceré mucho, y si sienten ganas de escribir un review, también les agradeceré de todo corazón.
Capítulo 12
El tiempo pasó rápidamente en Anorien, por lo menos esa era lo que Aragorn sentía. Según había acordado con Eomer y Eowyn, la boda debería realizarse dentro de seis meses.
Faramir era un silencioso amigo, pero encontró que con él podía mantener una conversación sobre cualquier tema pues conocía sobre historia o ciencias. Nunca tuvo queja sobre él, excepto que parecía más melancólico que el mismo rey. Pensaba que luego de la derrota de Sauron las cosas serían más alegres, pero sabía que en su vida, como rey, faltaba algo. Tenía esperanzas de que Eowyn llenara ese vacío.
No obstante, no era hora de sumergirse en la tristeza, había mucho trabajo y entre las actividades que representaba el gobierno de Gondor tenía reuniones con los embajadores del lejano Harad. Ellos veían que lo más conveniente era tener buenos tratos con el reino ganador de la guerra.
No era que de pronto los haradrim pensaran en una rendición total e incondicional, pero creían que Gondor podría apoyarles en otras contiendas con los pueblos de más al sur o por lo menos no aliarse con ellos. Idea errada pues nadie en Gondor pensaba en iniciar otra guerra, al menos esa era la forma de pensar de Aragorn y de Faramir, sin embargo el senescal desconfiaba de los haradrim, pues ya antes había habido tratativas sin mucho éxito.
—Es importante negociar —dijo Aragorn —, y primero debemos escuchar lo que tienen que decir.
—Lo sé, pero no sé si son realmente sinceros o si buscan una oportunidad para reagruparse y atacarnos. Espero equivocarme, pero no creo que de pronto ellos nos tengan buena voluntad.
—Por lo menos lo habremos intentado —dijo Aragorn que tampoco creía en la sinceridad de los haradrim —. Si logro esto nos ahorrará contiendas innecesarias.
Faramir no podía culpar a Aragorn por intentar un acuerdo definitivo. Además en las recientes visitas de los embajadores, ellos ofrecieron cooperar con la captura de los piratas fugitivos, o por lo menos no darles asilo, como venían haciendo hace siglos.
Como muestra de que sus intenciones eran sinceras los haradrim recuperaron el paso del río Poros y lo entregaron a Gondor sin pedir nada a cambio. Eso debería bastar para sellar un trato a largo plazo y terminar con la desconfianza mutua.
Las noticias de los embajadores confirmaban la llegada del líder de los pueblos del sur en una fecha muy cercana a la realización de la boda real en Gondor.
Esto representaba un problema para el rey. Había empleado mucho tiempo y esfuerzo en este tratado de paz y temía que todo podría irse por la borda si se ausentaba en esos días. El embajador del rey de Harad decía que esperaba encontrarse con él personalmente. Mandar a un reemplazo no sería lo más conveniente.
Tomó la decisión, él no iría a Rohan, otro se encargaría de dicha tarea.
—¿Qué ordena mi señor? —saludó Faramir que recién llegaba de su incursión por los territorios cercanos a Minas Morgul. Aragorn hubiese querido ir en esa misión, pero los haradrim le mantenían muy ocupado.
—Mi buen Faramir, sé que acabas de regresar, pero tengo que encomendarte una importante tarea —Aragorn se puso de pie y no esperó a escuchar el informe del senescal —. No hay nadie más confiable que tú para este trabajo. Como sabes hay muchas cosas por hacer todavía y por eso requiero que seas el encargado de viajar a Rohan y escoltar a Lady Eowyn hasta Gondor. El tiempo fijado ha pasado y es necesario que vayas a buscarle.
—Yo podría encargarme de los asuntos de Gondor en su ausencia, mientras va a Rohan por su prometida—respondió Faramir, sabiendo que no quería buscar a Eowyn para entregarla a otro —, es lo que se espera que haga.
—Sé que eso es lo que se espera, pero acaba de llegar un embajador con un mensaje desde Harad que me informa de la llegada de su rey para firmar el acuerdo definitivo de paz. Hemos negociado con ellos por bastante tiempo y han venido de lejos y no creo que hacerles demorar sea correcto.
—Le entiendo señor. Partiré en cuanto todo esté listo.
—Sabía que podía confiar en ti —Dijo Aragorn, y luego añadió en un tono más alegre —. Quería comentarte sobre el mensaje del rey de Harad. Me propone mandarme a una de sus hijas para que la despose —siguió el rey viendo el asombro en el rostro del joven senescal —. Naturalmente, yo le comenté que yo ya estaba comprometido con la dama Eowyn, pero él dijo que eso no era problema pues ellos suelen tener varias esposas.
—Escuché sobre eso, pero pensé que era solamente un rumor infundado.
—Bien, el embajador insistió en que si yo no aceptaba la propuesta, bien podrías ser tú el consorte de esa princesa.
—No creo estar listo para un matrimonio arreglado —dijo Faramir rápidamente mientras sentía un sudor frío en la frente.
—Supuse que esa sería tu respuesta, pero le prometí preguntarte —Aragorn vio que la noticia no le hacía gracia a Faramir y al contrario se veía muy consternado —. No te preocupes mi buen amigo, no pienso obligarte a desposar a cualquier princesa solamente por política, pero si ya hay alguien en tu corazón, siéntete libre de decírmelo. Te he notado triste y pensé que era por los familiares que has perdido en la guerra. ¿No has pensado en formar una familia con alguna doncella?
—Lo pensé —respondió Faramir con toda sinceridad —, por unos breves momentos, pero eso no podrá ser.
—¿Qué fue lo que sucedió?
—Ella está prometida con otro —dijo con cierta resignación —. No puedo hacer nada más que desearle toda la felicidad —El senescal bajó la mirada —. Ya no quiero hablar de este tema.
—Te entiendo.
Faramir se aprestaba a salir del salón con rapidez, pero no contaba con una visita inesperada.
—Tiene buenos cimientos —decía Gimli que llegó acompañado de un grupo de hábiles naugrim —, aunque no hubiese sido construido por enanos.
—Y ahora nos va a contar sobre el arte de cortar las piedras —respondió Legolas que ahora lucía múltiples trenzas en su dorada cabellera. El elfo también llegó con otro grupo de elfos silvanos —. Espero que no le des cuerda porqué ha venido hablando de lo hermoso que es ver una piedra blanca cortada en un ángulo recto.
—¡Legolas, Gimli, mis buenos amigos! —Aragorn les saludó con un abrazo olvidando las costumbres élficas.
—Veo que te adaptas bien —dijo Legolas —. Faramir, es bueno verte completamente recuperado —el elfo saludó al senescal que se encontraba con el rey en el salón del trono.
—También estoy contento de ver otra vez a la gente hermosa en Minas Tirith. Por supuesto también me alegra que vengan los hábiles hijos de Mahal.
Luego de los correspondientes saludos, Aragorn invitó al elfo y al enano a almorzar con él y Faramir.
—No es mucho, porque casi no tenemos tiempo para festines con todo el trabajo, pero por la noche les daremos una cálida bienvenida.
—No debes disculparte, hemos llegado de improviso —dijo Legolas mientras le servía una copa de vino a Gimli
—Justamente ahora Faramir se disponía a alistar otro viaje, esta vez a Rohan —el rey siguió mientras se aprestaba a beber su copa de vino.
— Veo que persistes en la insensatez del compromiso —le dijo Legolas con un desparpajo digno de un hobbit.
Aragorn se atoró con el vino.
—Legolas, no creo que entiendas los deberes de un rey —le dijo Aragorn cuando Faramir le daba palmaditas en la espalda y se veía igual de consternado que Elessar.
—Por supuesto que lo entiendo, ¿o crees que no escucho a mi padre hablar? Pero no entiendo tu decisión. Tú, por ejemplo —el elfo se dirigió hacia Faramir —. ¿Solamente piensas en el deber como Aragorn?
—Por supuesto —respondió el senescal casi por reflejo pues no esperaba esta pregunta —, hay mucha gente que depende de nosotros. No podemos anteponer nuestros intereses personales al bien común.
—En eso no entenderé nunca a los humanos, pues como elfo, mi vida es larga y ustedes son un par de niños para mí, y como tal me parece apresurado y poco práctico elegir pareja por conveniencia, porque los elfos solamente nos desposamos una vez en la vida y esa unión persiste más allá de este mundo.
—Pero como tú mismo dijiste no puedes olvidar lo que es práctico, señor elfo —dijo Gimli que hasta ese momento no había dejado de comer —, por ejemplo los enanos tenemos una línea que continuar, así que por lo menos uno de los hijos de una familia de enanos debe desposarse, y habiendo tan pocas mujeres naugrim, no podemos darnos el lujo de esperar a la correcta. Lo deseamos, pero no siempre es posible. Es una competencia muy dura.
—Pero en el caso de los humanos las cosas no ocurren del mismo modo —Legolas volvió a dirigirse a Faramir —. Si tú te hubieses enamorado de alguien y si esa persona te correspondiera el afecto ¿no harías todo lo humanamente posible para estar al lado de esa persona?
El rostro de Faramir pareció traicionarle por unos escasos segundos, este elfo sí sabía cómo poner incómodo al senescal. Se disponía a responder, pero Aragorn se le adelantó.
—No molestes a Faramir con ese tipo de preguntas, que sabes bien la respuesta —Aragorn le dirigió una mirada seria a Legolas, pues se sintió aludido en el tema —. Tú mismo lo dijiste, humanamente posible, y como sabes solamente soy un humano, no un elfo que permanecerá en este mundo por las edades.
Legolas no volvió a tocar el tema pero de cuando en cuando se detenía a observar el rostro de Faramir que bajaba la mirada cuando el elfo intentaba fijar la mirada en los ojos grises del senescal.
En Edoras también alistaban todo para la partida de la dama Eowyn. Según el calendario faltaba un día para la llegada del rey de Gondor. Muy a su pesar de Eomer que sentía que cada día que pasaba, era un día menos junto a su hermana que se marcharía a otro reino. Sin embargo sabía algo que podría alegrarle y fue en busca de la dama. Encontró a Eowyn en su recámara, cuando las costureras le probaban el vestido nupcial.
—Eowyn, te ves muy hermosa en ese vestido.
Ella le miró y no pudo disimular su tristeza.
—Sé que esta noticia te alegrará, ¿adivina quienes llegaron?
—¡Eowyn, que alegría verte de nuevo! —Pippin corrió a abrazar a la dama blanca.
—Maese Peregrin, me parece que cada año usted crece más.
—Lo dices en broma, no he vuelto a beber agua de ent desde hace mucho.
—Sí, pero en cambio no ha dejado de comer —dijo Merry que también venía con él —, Frodo y Sam están abajo con los soldados que les reverencian. Nosotros nos escabullimos porque ya hemos recibido suficientes homenajes en vida.
—Yo creo que se los merecen —dijo Eomer —. Llegan justo a tiempo, estamos alistando un banquete para esta noche, pues mañana llega Aragorn y es la despedida de Eowyn —y el joven rey de Rohan trató de sonar alegre por la noticia.
—¡Banquete! —dijeron al mismo tiempo los hobbits.
—Si nos permites un bocadillo —dijo Merry.
—Solamente para saber que todo va de maravilla en la cocina —siguió Pippin, y ambos se marcharon.
La alegría inicial de Eowyn al ver a los hobbits, pareció esfumarse.
—¿Qué sucede? Pensé que esa noticia te alegraría.
Eowyn no respondió, simplemente fijó la mirada a la ventana de la habitación.
—¿Algunas vez has cambiado de opinión? —preguntó finalmente Eowyn, pues sentía el peso de un compromiso que ya no deseaba.
—Muchas veces —respondió Eomer —, pero ahora que soy rey, intento mantener mi palabra en todo lo que puedo, por eso trato de no tomar decisiones a la ligera. Es lo que un rey debe hacer, sé que me entiendes porqué tú también serás una reina pronto.
Eowyn suspiró y apoyó su cabeza en el hombro de su hermano.
—Tienes razón, no sé cómo has podido soportarlo estos meses ¿no te sientes abrumado por la responsabilidad?
—Tantas veces como se toman decisiones —dijo Eomer —, pero Faramir me dijo que siguiera mi corazón en temas complicados.
—Un consejo raro viniendo de él —dijo ella recordando la forma en que se despidió del senescal.
—¿Por qué lo dices?
—Por nada, es solamente que los hombres de Gondor suelen ser rígidos en cuanto a sus creencias y cuestiones de honor.
—Eso pensaba también yo, pero cuando hablé con Sam en los campos de Cormallen, me contó como en contra de las leyes de su país y en contra de las órdenes de su padre liberó al portador de anillo, a Sam y a la misma criatura Gollum para que siguieran su misión. Hay que creer fervientemente en el corazón de uno para ir en contra de todos y hacer lo que se cree es correcto. Por supuesto, él nunca habla de eso porque creo que es un hombre muy modesto.
Eowyn sonrió.
—Admiras en verdad a Faramir.
—Dime si has encontrado a alguien que le ha conocido y que no piense lo mismo que yo.
