La aliada, planes de guerra en el horizonte.
El viento mecía los lacios cabellos negros, estaba aterida de frío pero si iba a morir, moriría luchado. El se adelantó en su dirección y ella soltó la flecha.
Un sonido semejante a un silbido corto el aire, la flecha que él esquivó por poco se clavó en el tronco de un árbol a su izquierda.
- ¿Estas loca? - el macho salto lejos de su alcance al sentir como liberaba su reiki.
-Ya intentaste matarme antes, no volverás a encontrarme desprevenida, antes te mataré yo a ti - Kikyo colocaba otra flecha en el arco.
-Oye, ¡Basta!... lo siento, Inuyasha dijo que Kagome estaba muerta, estaban juntos y pensé que tu la habías matado, para estar con el - Kouga vio como la mujer frente a él se sorprendía, para luego adoptar una expresión de dolor.
- Inuyasha se ha vuelto loco, quiere el Oeste, quiere matar a Sesshomaru. El grupo que conocías ya no existe. - la miko bajo el arco y guardo la flecha en su carcaj. - voy al Oeste, tengo la mitad de la perla, Kagome tiene la otra mitad, Inuyasha quiere completarla para transformarse en youkai, y quiere a Kagome con él.
- Y ella...¿ Donde esta? - incrédulo trataba de procesar toda la información que le llegaba. Inuyasha era un idiota con Kagome, pero de ahí a todo ese lío de querer gobernar el Oeste y demás, era extraño.
- Kagome esta con Sesshomaru - al instante que lo dijo Kikyo vio al lobo cada vez más incrédulo. No estaba lejos de la verdad, Kouga pensaba que esa mujer se había vuelto loca, aún así no la dejaría allí. Y claramente ella pretendía alertar a Sesshomaru. El Oeste y Norte eran aliados, así que eso iba bien.
- Irás conmigo, enviaré mensajeros al Lord Taisho. El dispondrá si te recibe. - el ookami se dio la vuelta y la miko lo siguió.
Al llegar con la manada Ayame parecía querer matar a la antigua guardiana de la Shikon, pero Kouga le planteo como estaban las cosas y ella se contuvo. El Señor del Norte se mostró muy sorprendido cuando su compañera le informó que lo esperaba un mensajero del Oeste, al parecer Sesshomaru ya lo sabía todo.
- Kouga - sama - el youkai mensajero hizo una reverencia y le tendió el pergamino. Kouga se sentó y procedió a leerlo.
" Lord Kouga
Dados los acontecimientos que se suscitan en el Oeste y los Cuatro Puntos en general, se solicita que facilites rastreadores que ubiquen a la miko Kikyo, aparentemente viaja sola y por asuntos importantes Lady Kagome requiere su presencia en el Palacio de la Luna.
Por demás, cualquier noticia sobre Inuyasha o movimiento del clan de las panteras, es necesario que lo notifiques. El mensajero te dará los pormenores de todo el asunto.
Sesshomaru Taisho
Lord del Oeste. "
Kouga se dispuso a escuchar lo que el mensajero tenía que decir. Luego hizo llamar a la miko.
- El Oeste nos espera - le dijo si más. Dispuso todo para partir y salieron con el mensajero. Mientras hacían el trayecto pensaba en la información que tenía "Kagome esta con Sesshomaru" "Lady Kagome", una media sonrisa dejo traslucir su ánimo. Kagome había vuelto loco a Sesshomaru seguramente, el que había sido el más reacio a emparejarse al parecer tenía prisa por hacerlo. Seguro Inuyasha rabiaria cuando supiera, si no lo sabía ya.
Kikyo hizo una rápida inspección de los soldados que los acompañaban. Uno era de cabellos rubios y ojos de plata, su cara tenía un rictus de seriedad y el cuerpo aunque menos musculoso que el de los demás, era fuerte y estilizado, creyó recordar que este se llamaba Dargys; el otro era uno de cabellos púrpura casi pareciendo negros, sus ojos eran completamente negros, lo cual hacia incómodo sostenerle la mirada más de unos segundos, su cuerpo era de una tez morena y filosas garras negras en sus manos completaban el inquietante cuadro que formaba. El youkai de ojos negros la sorprendió mirándolo y le dirigió una sonrisa cargada de desprecio.
- Tyoshi, no seas descortés con la miko - le dijo Dargys a su compañero, quien volvió la vista al frente mientras se alejaban de la aldea de los lobos. La miko pudo ver que Kouga iba sumido en sus pensamientos, seguro tratando de hacer que las piezas de información que le había dado encajaron en el puzzle que se había formado de la historia.
La mañana era fría, pero las temperaturas no eran tan duras como antes, seguro las nevadas tocaban a su fin, se dijo Kikyo. Se produjo un alto en la marcha y vio a los dos soldados acercarse a Kouga, mientras los veía hablar ella se sentó en una roca y observaba a su alrededor. Los árboles altos y los tenues rayos de sol le conferían una apariencia etérea a todo el lugar, seguro los ciervos abundaban en estos bosques y cuando los ríos se descongelaran habría también peces, y aún así ella sentía que esos rincones no eran para asentamientos humanos, les pertenecían a los youkais, habían vivido allí por siglos y la belleza exuberante se mantenía intacta, no se podía decir lo mismo de los lugares en donde se asentaba las aldeas humanas.
Recordó que cuando le planteo a Kouga el problema de los aldeanos con los salteadores pensó que no intervendria y sin embargo se equivocó, envío a algunos de sus hombres a vigilar los perímetros de las aldeas, ella sabía que iban a acabar con los ladrones antes que estos atacarán las aldeas, pero les dio además la orden de no dejarse ver, solo harían el trabajo y volverían. Kikyo no necesitó preguntar el porqué de tantas precauciones al notar por su aura que Ayame estaba preñada, de la suya manaba dos auras más pequeñas.
- Miko, hemos decidido apurar la marcha - dijo Kouga frente a ella, sacandola de sus elucubraciones. La respuesta que recibió ella a la mirada extrañada que le dirigió al Señor de los Lobos como diciendo " soy humana, ¿Cómo crees que pueda ir más rápido de lo que vamos? " fue que este la cargara en su espalda, como había visto que Inuyasha hacia con Kagome. Cerró los ojos con fuerza ante el vacío en su pecho, Inuyasha que con ella era parco en sus afectos, luego había sido más cercano con su sucesora. Una sonrisa triste que nadie vio, " así debía sentirse Kagome cuando Inuyasha la dejaba para ir conmigo..." . Comenzaron a correr, Kouga, que la llevaba iba al centro, los dos youkais a un lado cada uno. Vio pasar los árboles como una sucesión de manchas verdes, estaban corriendo. Ella sabía que los youkais eran veloces, como sacerdotisa debía entrenarse luchando con sacerdotisas mientras tenía los ojos vendados, para compensar así la lentitud e incapacidad respecto a la velocidad de esos seres y poder vencerlos. Habían pasado horas que a ella le parecieron minutos, vislumbró un acantilado profundo y la margen opuesta se encontraba a varios metros, la bruma hacia impreciso el otro lado pero podía ver la boca oscura del abismo que la recibiría si caía...
- Sujetate - fue todo lo que le dijo el ookami antes de saltar. Ella pudo sentir como se impulsaban hacia arriba y adelante, vio a los soldados saltar con ellos, parecía tan fácil y sin embargo ella, con las limitaciones siendo humana nunca habría podido hacerlo. Sintió entonces el fresco viento en su rostro, sus labios cabellos estaban ahora libres, pues la cinta con que los ataba se había perdido al vuelo, y solo por un momento ella pudo sentir la libertad, se abandonó a esa sensación de flotar y para sus adentros sonrió como una niña que hacía alguna travesura. "Ciertamente no habré hecho muchas" pensó cuando estuvieron del otro lado, recordando lo severa que había sido su educación desde muy niña.
- Ahora estamos en la frontera del Oeste - dijo Dargys. El youkai era de la estirpe de los tigres, tenía prisa por llegar a palacio y dejar a "la invitada" con sus Señores, la humana lo incomodaba.
Sesshomaru estaba en su despacho reclinado en el sillón de cabecera, habían muchos papeles y decretos que debía despachar, pero pensaba en Kagome, ella estaba con su madre ahora...
"- ya veremos cuando la conozcas - dijo el Lord con expresión neutra.
- Eso será ahora - resonó la voz de su madre en lo alto de las escaleras. "
El Daiyoukai frunció el ceño. ¿Cómo era posible no haberla sentido aproximarse? El tenía siempre muy alerta sus sentidos, la única manera era que hubiera usado la piedra Meidou. En conclusión ella casi lo había echado del salón del té y había optado por quedarse a solas con Kagome, antes de irse miró a su miko, si Kagome no quería el no dejaría que su madre se acercara, y sin embargo ella asintió, indicándole que todo iba bien y disponiéndose a mostrar entereza. Kagome era lo suficientemente poderosa como para defenderse, pero el irrumpiria allí ante la más mínima señal de conflicto.
Mientras que en el salón de té...
Kagome estaba sentada a un lado e Irasue al otro, separadas por una mesa ratona donde reposaba una tetera humeante y dos tazas servidas. Ambas se miraban, la miko mostrando su valía, ella no se había intimidado ante nadie y no lo haría ahora, si le mostraba algo parecido al miedo, nunca sería mirada con respeto por la anterior Señora del Oeste, lo sabía, había aprendido mucho de costumbres youkai mientras viajaba con Sesshomaru. Irasue en cambio la veía evaluando el qué podría haber encontrado su hijo de interés en la humana frente suyo. Era hermosa, tanto como puedan serlo las hembras humanas, pero Sesshomaru había conocido y se movía en un círculo donde las más bellas y exuberantes youkais hubieran querido emparejarse con él, esta era además una Sagrada, una unión extraña en caso que se llevara a cabo...
- Me había enterado de que Sesshomaru viajaba con una humana, miko además, pero no crei que te traería a palacio, ni menos que anunciaría de repente y a los cuatro vientos que se emparejarìa contigo- lanzó Irasue yendo directa al grano. Tomó un sorbo de su té, mientras miraba a Kagome en espera de la respuesta. La miko sabía aunque estuviera muy consciente de lo que él Lord sentía por ella, y ella sentía por el, que no debía endulzarlo con palabras o mostrarse cursi pues en este tiempo, esta era y con la posición que él tenía, eso solo dejaría al Daiyoukai como "débil ".
- Sesshomaru- sama ha sido claro en sus afectos hacia mi, del mismo modo los tengo por él, y ciertamente Irasue - sama estoy muy consciente de la diferencia de nuestras especies, tanto como que cuando le conocí el intento matarme - los ojos marrones enfrentándose a los ojos de oro de la youkai con mirada tranquila.
- ¿Qué te hace pensar que él no podría matarte ahora o después? - la mirada astuta de la ex Señora del Oeste mostraba que trataba de probar la seguridad de la miko para con su hijo. La mirada sorprendida al ver a la pequeña miko traslucir la altivez en su propia mirada.
- Si Sesshomaru quisiera matarme ya lo hubiese hecho, del modo en que he bajado la guardia ha tenido muchas oportunidades y por el contrario en ocasiones ha sido el quien ha salvaguardando mi vida ante enemigos que hemos enfrentado - Kagome reconoció el enfado en su propia voz, sintió su reiki pugnando por salir y tomo un poco más de te, buscando ocasión de distraer su pensamiento.
- Conoces bien la historia miko...- la mirada de la Inu cambio, siendo dura y afilada - estuviste con el media casta de Inuyasha, el hijo de la humana con la que Toga deshonró su Casa y su legado, se rumoreaba que te emparejarìas con él, ¿Porqué de repente estas con Sesshomaru? - la desconfianza traslucia esta vez la voz de la hembra y Kagome sonrió para sus adentros, aunque Sesshomaru fuese un Lord, guerrero hecho y derecho, ella velaba por el bienestar de su hijo. La miko pensó que en su lugar ella haría lo mismo.
- En el pasado yo creí sentir algún tipo de amor por Inuyasha, es cierto, él en cambio me vio como el repuesto de Kikyo, una sacerdotisa a la que amaba y que había muerto, pero ella volvió a la vida y pude ver que el no sentía nada hacia mi, y también que yo no sentía amor sino cariño fraterno hacia el, si bien hasta eso se extinguió cuando el traiciono al grupo y la causa común de unir la Shikon no Tama para luego destruirla. - la chica se dio cuenta que si bien Irasue había visto la perla, o su mitad, colgar de su cuello no había mostrado interés alguno, en todo caso para qué podía quererla, ella era poderosa por mérito propio, Kagome podía sentirlo.
- Supongamos que lo creo - dijo Irasue dejando su taza de té en la mesa y mirando fijamente a Kagome - esto se hará porque Sesshomaru así lo quiere, sin embargo, mi confianza has de ganartela miko y solo habrá un chance, si le fallas al Oeste, ni siquiera mi hijo podrá tenerte a salvo de mi- dijo levantándose de su silla, Kagome tuvo claro que el Oeste no se refería a palacio, las tierras, sino a Sesshomaru, él era el Oeste, el Legado de Toga -sama. La azabache asintió sin apartar la mirada, sabía que la Inu la estaba probando, la lucha de miradas se prolongó.
Kagome pudo sentir el poderoso pulso de youki que salía de Irasue, el aire era más denso y el poder de la Inu luchaba por aplastarla, pero ella era la Shikon no miko, y mostraría su valía, el reiki se expandió también y la tetera osciló un poco por la fluctuación de poder.
Sesshomaru abrió la puerta de par en par, los ojos pasaron de la furia a la sorpresa al ver a las dos mujeres en la habitación midiendose con la mirada, el poder fluctuando, el mantuvo su propio youki bajo control.
Abajo los sirvientes en el recibidor veían a la segunda planta con temor. Sango y Miroku se encontraban allí también. Si bien para los sirvientes ya era conocida la potente energía de la Señora Irasue, le sorprendía la poderosa energía Sagrada de la futura Señora, que se mantenía a la par con la otra, sin dejarse doblegar.
Irasue estaba gratamente sorprendida, la humana era poderosa, aún así, liberó todo su youki y cuando por fin creyó doblegar a la Sagrada bajo su peso, Kagome alzó el rostro, los ojos marrones mostraban valentía y decisión, el reiki se alzó haciendo replegarse el youki de la Inu. Sesshomaru sentía el cosquilleo del reiki de Kagome y su youki pedía ser liberado, someter a la hembra que sería suya. La tetera se rompió en pedazos vaciando su contenido en la mesa y la alfombra y el Lord vio como el youki de su madre alcanzaba su máxima cuota y el reiki de Kagome lo igualaba para luego superarlo, las dos energías chocaron y cuando Sesshomaru empezó a preguntarse donde encontraría nuevo personal si no sobrevivirán a aquello, Kagome creo una barrera donde encerró aquello resultante de la lucha de poder y la onda resonó en el lugar sin causar daños pero moviendo el castillo hasta los cimientos.
- Es poderosa - dijo Irasue mirando a Kagome y luego a Sesshomaru, la miko lucia tranquila, ella por su parte se sentía un tanto cansada pero no lo demostraría - sus hijos serán poderosos su sangre y la tuya harán fuerte esta casa.
Ambos miraron a Irasue salir y escucharon el correteo de los sirvientes que volvían cada cual a lo suyo. Se preguntaban qué había sido lo ultimo.
- Creo que ha ido bien- dijo la azabache sonriendo y liberando la tensión del ambiente mientras Sesshomaru la conducía al gran jardín interior.
Era pasado medio día cuando Inuyasha y Natsuki llegaron al palacio del Este. El territorio de las panteras.
- ¿Para que has querido que viniera? - Inuyasha miraba molesto a su alrededor y trataba de comparar esta suntuosidad y encajarla en cómo se imaginaba él que sería el Palacio del Oeste, que pronto creía sería suyo.
- Conocerás a mi padre y...a alguien más - dijo la youkai mientras veía con Indiferencia el ir y venir de los sirvientes.
En una habitación del piso superior el Señor del Este se dirigió a un youkai de cabellos púrpura y ojos del color de la sangre.
- Ya ha llegado, Ryotaro - el de cabello púrpura se dio la vuelta, clavando sus ojos rojos en un retrato de la biblioteca, un inmenso dragón negro de ojos sangre.
- Bien, el media casta nos ayudará a destruir el Oeste, y yo me vengare del hijo del asesino de mi padre - la sonrisa cruel que surco su rostro hizo que el otro apartará la vista.
- Pero el hanyou quiere el Oeste para si, quiere reclamar el título de su padre para si mismo - dijo el señor de la panteras.
- ¡El Oeste es Sesshomaru y yo lo destruiré! - dijo mientras golpeaba con furia el escritorio de madera maciza.
Hasta aquí el cap. Mil gracias por leer, por dejar su apoyo en cada review. Espero esta actualización les haya gustado
Nos leemos
Crystall cullen Taisho 1994
