Disclaimer | ©"Shingeki no Kyojin/進撃の巨人" y sus personajes pertenecen a Hajime Isayama, esta obra es realizada sin fines de lucro, únicamente recreativos. Por MagiAllie a la plataforma de FanFiction. Cualquier modificación o re-subida a un sitio diferente sin autorización será reportada en Support de Google. Todos los derechos reservados.

Notas | Regresé después de una larga ausencia, sé que a nadie le interesa, pero he estado bastante ocupada. Y la realidad me golpea a la cara diciéndome que aún hay muchos Fics por escribir. Finalmente este capítulo me gusta pero siento que tiene bastante OoC, en fin espero que lo dejen pasar. ¡Quien haya esperado el capítulo… Aleluya! Aquí está. Déjenme su amor. ¿porfis?

Mehendhi: Es el arte de henna en las manos y pies de los seguidores del hinduismo. Se utilizan durante las ceremonias realmente importantes y son símbolos solares de iluminación.

Importante | Algunos de ustedes me han preguntado porque si esto es 'Arabian' hay bastantes, demasiadas, referencias a la cultura Hindú, bueno primeramente eso es porque la madre de Eren Carla proviene de la India. Segundo lugar porque todas las referencias que yo tengo son de internet, desde música, películas, vestuarios, una que otra cosa que he aprendido en la escuela. Pero saben lo difícil que es conseguir información del mundo musulmán ¿Lo saben? Pues mucha, teniendo en cuenta que ni una miserable película no se puede ver bien, así que mis fuentes cercanas son los hindús, persas, otomanos, turcos y árabes. Es una verdadera mezcla de todo, pero puedo decir que esto debe ser Oriente Nights, sin duda. ¡Espero que comprendan!


ARABIAN NIGHTS


CAPÍTULO 12

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"Oh tú, en cuyas mejillas ha escrito el vello dos líneas que,
al destruir tu belleza, despiertan ansias y cuidados.
No sabía que tu mirada era un sable, hasta ahora
que te he visto vestir los tahalíes del vello"

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[El libro de las banderas de los campeones de Ibn Said al—Maghribi.]

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HISTORIA DEL DESAFIO DEL PRESTE

— ¡No quiere hablar! ¡Está como loco! — dijo Petra consternada, con las manos levantadas y temblorosas, los ojos llorosos. Verdaderamente como una persona débil mentalmente se encontraba el mozuelo, pero se arrepintió de inmediato una vez dijo esto al ver la cara destruida del sultán.

El sultán, cuyo raciocinio parecía pender del más fino hilo que sujetaba el mozuelo estaba cayendo en espiral hacia la desgracia, sus ojos estaban abiertos tanto como sus finos rasgos se lo permitían y su cuerpo temblaba como el de una hoja a punto de caerse. Tenía en el rostro pintado de verdadera angustia y desesperación, que al simple hecho de escuchar la afirmación de la aya se llevó las manos a la cara para casi querer exprimirse las mejillas intentando no perder la completa cordura. Muy lentamente sus rodillas flaquearon hasta que tuvo que colocarse como si quisiera hacer una sentadilla muy desesperada, o como si la gravedad de pronto lo hubiese reclamado para sentarlo en el piso de la muy intensa incertidumbre.

— ¿Qué voy a hacer? ¿Qué voy a hacer? — se decía el sultán en voz medio baja.

La aya lo miraba con la misma incertidumbre, frente a ambos estaban dos guardias custodiando una gran puerta de madera abierta, en la cual se extendía una larga fila de escalones hacía el calabozo. Cada uno de estos bloques de piedra oscura iluminados con antorchas hasta el final del camino. Donde ya no alcanzaba a verse nada y se perdía en la oscuridad de las celdas. El sultán estaba de rodillas frente a estas escaleras, esperando el instante en que sus piernas y su lastimado corazón le dejaran descender. Pues la aya acababa de subir, sólo para darle tan terribles noticias de su habib.

—Mi sultán, no es opción dejarle solo en estos momentos — continuó Petra intentando sonar prudente, pero por dentro la voz aún temblaba —, habrá que apoyarle de forma inmediata y conseguir que recupere su estado… mental. Lo más pronto posible. Es demasiado vulnerable que se mantenga bajo esas condiciones por mucho tiempo más. Habrá que pensar en algo para ayudarle…

—La estupidez tiene límites, Petra — replicó Levi iracundo —. El acaba de perder a su familia, y no pude ayudarle, si hay alguien culpable dentro de este lugar soy yo y dudo que difícilmente pueda hacer algo para calmar su pesar, no soy nada para él ahora mismo. Ni para nadie.

—Si su majestad, sé que usted comprende perfectamente el gran daño que sufrió Eren — el nombre le sabía raro, pero ya estaba lidiando con la debilidad del mozuelo, no podía permitirse que el sultán también cediera ante estas actitudes —. Sin embargo es imprescindible mostrarle su apoyo. No debe abandonarlo más.

—No pensaba abandonarlo — continuó Levi levantándose del piso acompasando su respiración —. Sería más que un crimen hacer algo como eso. Intentaré Petra, por todos los medios ayudarle, hablar con él y permanecer a su lado…

—Él necesita más que eso alteza. Necesita salir de ahí.

—Estoy haciendo todo lo posible…

—No debe permanecer ni un poco más ahí — Petra lo miró con severidad. Levi sintió los grandes ojos de su aya penetrarle en el rostro y rápidamente desvió las pupilas —. Mi sultán, baje a verlo, estoy convencida de que le haría un bien. Inténtelo.

Levi pareció dudar bastante esta proposición, pues aunque su objetivo principal al estar ahí al pie de la escalinata era sin duda ir a verlo, la inseguridad y el dolor habían asaltado cada uno de los poros de su piel y se encontraba igual de vulnerable que si él hubiese sido el principal afectado, cuando uno es sultán se supone que no debe mostrar sus inseguridades ante nada ni nadie y hacerlo así cuando no tenía ni la más remota opción de negarse era algo que iba a costarle trabajo, pero que al final de cuanta valdría la pena sólo por ver a ese joven que el adoraba tanto y que se encontraba ahora en tan desfavorable posición. Suspiró reuniendo todo el coraje que podía juntar y la presencia que como sultán necesitaba tener siempre y se dispuso a bajar, no sin antes llamar a la leal pantera que horas antes había sido rescatada también de un destino fatal.

Sin duda el mozuelo adoraría verla. Y si no era el caso, el animal sentía un gran apego por el castaño así que se encontraba preocupada, deseaba más que ningún otro animal permanecer al lado de Eren en un momento así. Incluso Levi se sintió admirado ante la determinación del felino, pues parecía irradiar un aire protector y necesitado desde que ambos comenzaron a descender por los escalones. Algo de lo que Levi sentía que carecía. Le faltaba fuerza, le faltaba valentía. Se sentía cobarde.

Algo que Levi sabía de los calabozos era que el sultán básicamente nunca en la vida tenía que descender, porque estaban por debajo de él, porque él era demasiado sagrado y puro como para entrar a ese lugar. Aunque actualmente toda esa sarta de estupideces le importaba menos que poco, era como si fuese la primera vez que veía un paisaje similar. Una larga y extensa fila de celdas de piedra se extendía de derecha a izquierda. Levi sabía que debía girar a la derecha y caminar hasta la última celda de todas, donde se encontraban unas grandes columnas de piedra que daban luz de lo que en vez de ser una ventana eran los restos de un desagüe que daban al exterior y dejaban que la luz se filtrara lo suficiente, pero que por las noches la corriente sería demasiado fría. El piso estaba un poco mojado por el correr de agua y había paja por varios lados, así como cadenas pegadas a las paredes.

Se le erizó la piel cuando escuchó un ligero y tintineante sonido unos metros enfrente de él. Las orejas de la pantera se movieron rápidamente y corrió en la dirección del ruido, identificando a su amo. Aunque Levi lo fuera en nombre, en esencia a la pantera le importaba el castaño…

Y la vio detenerse justo frente a las rejas, como un perro esperando a que le abriesen las puertas. Levi se llevó la mano a la boca mordiendo un poco de la piel para evitar caer de nuevo en la desesperación, suspiró y siguió caminando con las llaves bailándole en la palma de la mano derecha. Sus pasos dudativos se quedaron detenidos cuando llegó hasta la altura de la reja, cuando sintió que de verdad se iba a desmayar o que era capaz de arrancarse el corazón solo de ver el cuadro frente a él.

Se veía tan distinto.

Y no es sólo eso, es que realmente era la primera vez que lo veía entero, lo veía tan real. Tan hombre, tan débil y vulnerable. Siempre lo tenía enfrente con dulzura, con bellas ropas, con una inteligencia que se sobreponía a cualquier expectativa de alguien que proviene de la pobreza. Siempre perfumado de flores hermosas y deliciosas, y ahora estaba ahí, dándole la espalda, por supuesto. Con las piernas en el piso, grilletes en los delicados tobillos y en las manos, que jalaban para mantenerlas alzadas, pero ya estaba tan cansado que sus brazos descansaban alzados sin ninguna fuerza. Y su rostro fijo en el desagüe que alumbraba la celda. Vestido con sólo lo que parecía ser una bata que le llegaba por debajo de los muslos, de color café. No era algodón, ni seda ni ninguna tela cómoda tan siquiera. Parecía algo demasiado incomodo de vestir y además por encima de todo estaba demasiado sucia.

Aun así, aún con todo esto Levi sintió que quería tirarse a sus pies y llorarle.

—Eren — lo llamó Levi con fuerza, pero la voz se le quedó pegada a la garganta —. Eren… he venido a verte…

No hubo respuesta ni reacción. No hablaba, no decía ni mu a nadie. Petra de verdad creía que había perdido la cabeza, y eso era preocupante porque si la gente no lo quería como hombre menos lo querrían como loco, y una de las reglas del reino era esa misma "Aquí no tenemos lugar para desquiciados" y aunque Levi quisiera negar todo, no quería que Eren perdiera la cordura, quería su bienestar. Quería que volviese aquel muchacho que irradiaba felicidad, que era listo y tenía tantas virtudes. Poco había que decir para que Eren reaccionara, y ya sabía que no podía hacer mucho.

—Tienes visitas — le explicó moviendo las llaves un poco, intentando sonar dulce —. Vamos, entra.

Las rejas de hierro se abrieron dando paso al animal que esperó extrañado alguna especie de permiso, pero al ver que no obtuvo ni un murmullo se adentró de forma demasiado sigilosa. Sólo para que cuando viera al rostro al mozuelo se lanzara a sus brazos como un gato mimado, acariciándose contra él. No hubo manera en que Eren no reaccionara a esto, de inmediato bajó los brazos y los enredó alrededor del peludo cuello del felino, recargando el rostro entre los enormes ojos que lo miraban con desolación. Levi se puso de rodillas, sin coraje para adentrarse a la celda.

— ¿Y mi mascota? — preguntó Eren con voz firme y suave. Acariciando y recibiendo los mimos de la pantera.

Levi desde el piso cerró los ojos con impotencia, estaba más que seguro que visitar al castaño no sólo equivaldría a ayudarlo y mantenerse a su lado. También tenía que darle muchas respuestas, cosas y temas que él habría preferido no tocar nunca, o que fuera mucho después en otro momento. Pero al parecer no había manera de evadir el perfecto ingenio del ojiverde. Tan pronto como había reaccionado, había preguntado por sus intereses. Levi negó suavemente, sabía de antemano que Eren lo miraba. Que ahora después de ese débil gesto tal vez ya comprendiera y ahora estuviera derramando lágrimas en el cálido lomo de la pantera.

—Lo siento, Eren. Es toda mi culpa — continúo Levi suavemente —. Cuando lo encontré ya era demasiado tarde.

— ¿Le han mutilado? — preguntó fríamente —, dime, ¿Lo han quemado?

—No necesitas saber eso…

—Por supuesto que lo necesito — los ojos de Eren estaban abiertos y lucidos, brillantes y llenos de algo que Levi no pudo identificar —. Alteza, dígame de una vez que le hicieron a mi mascota.

—Le han clavado una flecha en el pecho — contestó respondiendo a los deseos del ojiverde —. Verdaderamente no era necesario que lo supieras, pero si es tu voluntad yo te diré…

—No se comporte sumiso ahora.

Y entonces Levi por fin comprendió. Sintió ese tono altivo, ese tono descendiente con el que pensó que nunca nadie se atrevería a hablarle y no se encontraba preparado para escucharlo de la boca del joven, aunque sabía de sobra que merecía que le hablara así solo pudo callar y saber que él era el culpable de todo. Que tenía que compensar todos sus deslices pero que ahora mismo todo su poder era inútil, no si Eren no estaba bien, tenía que recuperarlo de alguna manera. Levi lo miró sin ser sutil y se deslizó un paso a la reja.

—Eren, tienes que perdonarme.

— ¿Perdonarlo porque exactamente? — preguntó ladeando la cabeza —. Por haberme abandonado en una desfavorable posición, por no haber escuchado mis suplicas o por haber intervenido cuando ya era demasiado tarde. Porque sólo pude quedarme ahí y ser humillado de nuevo por estas personas mientras usted se alejaba más y más de mí, después tuve que presenciar como asesinaron a las personas que yo más amaba en el mundo de una forma cruel e injusta y usted no pudo hacer nada. No conforme con eso véame, estoy aquí y usted está viéndome ¿Le gusta lo que ve? Soy un hombre, soy prisionero. Ya no hay hermosas ropas que me cubran ni finos adornos, y mi actitud es déspota y miserable y sí, estoy dolido. ¡Estoy dolido!

—Aun así me pareces la criatura más bella del mundo — admitió Levi estirando la mano queriendo acariciar aunque fuese sólo un poco de la bellísima piel de la persona que él amaba —. No necesito que estés ataviado con nada, te dejaría andar por el mundo con lo que tú quisieras sólo si eso te hiciera feliz. Pero no puedo hacerlo ahora…

—No me toque — gruñó Eren alejándose —. Entonces a que ha venido ¿Eh? Ya me vio, estoy aquí. Me mantienen con vida por ahora. Si eso era todo ya puede irse…

—No me iré — continuó Levi alejando su brazo —. He venido a pedirte perdón y no me iré hasta que lo hayas escuchado de mi boca tantas veces como sea necesario. Aunque sean diez mil millones de veces y sólo sirva para hacerte una idea de que realmente, realmente lo siento…

—Es que no lo entiende, mi sultán — dijo Eren más que destrozado bajando la cara y derramando fuertes lágrimas —. No existe perdón que valga de algo ahora. Lo hecho está hecho y ya no hay nada que pueda hacerse para cambiar las cosas.

—Ya sé, sé que no puedo hacer nada, Eren. Pero lo que quiero que entiendas es que me siento culpable, habib, sé que fui el peor pecador y todo lo terrible. Que puedes despotricar contra mí pero mi intención jamás fue ocasionarte un dolor así…. Yo estaba tan confundido como puedas imaginarte, escuchar de tu propia boca todo eso, no sabía cómo sentirme. Aún me siento confundido, pero he decidido dejar eso atrás. Porque me interesas más que nada, así que te suplico que no me des por aludido. Mi intención es protegerte…

— ¡Protegerme! Mire usted que gran bendición me ha dado, aquí yo no encuentro protección alguna. Sólo un sinfín de riesgos de los que ya he sido testigo, y tiene razón mi Sultán usted realmente no es el culpable de nada…. Yo soy el estúpido dentro de todo esto. Por haber confiado en usted antes.

Levi sintió la profunda decepción correrle por las manos, subir hasta las venas de su cuello y querer desbordarse de las cuencas de los ojos. Sólo pudo bajar el rostro absorto. Entendiendo cada una de las palabras. No había forma de responder a eso, a nada.

—Voy a sacarte de aquí. Es una promesa, lo haré — dijo esperando sentir algo más que repudio de la otra parte.

—Si tengo que ver otra vez el rostro de esa mujer, prefiero morir aquí ahora mismo. Cláveme la daga y asesíneme sino será capaz de cumplir mi petición.

—Jamás te lastimaría.

—No, ya lo ha hecho. Ahora dígame si seré vengado…

Levi tragó saliva y apretó los puños, la respuesta tardó en llegar hasta su boca, pero cuando por fin se encontraba bailando en sus dientes, el ruido de la débil risa de Eren hizo que sus palabras murieran. Alzó el rostro para mirarlo, y ahí estaba acariciando el suave y negro pelaje de su pantera y mirándole con verdadero desprecio, con cierta locura en cada una de las pestañas, y con las cejas fruncidas como dos animalitos al ver un claro en el bosque. Los labios secos adornando sus limpios y perfectos dientes.

—A usted. A usted lo odio. Lo odio más que a ningún otro — bajó la mirada para morderse con fuerza el labio —. Porque tuvo la voluntad para agarrarme pero no la fuerza para sostenerme.

Para este momento el corazón del sultán ya había sido apuñalado demasiado, que sabía que si se quedaba ahí un sólo segundo más saldría a rastras intentando probablemente acabar con la vida de Eren y después con la suya, para después solo así poder conseguir su perdón en los pasajes del cielo, rogándole todo el tiempo por un poco de su compasión. Pero que el dolor que producían esas palabras en él era algo tan fuerte y tan intenso, tan lleno de rencor y de bajeza. Levi quería verdaderamente echarse a llorar o gritar a los cuatro vientos ¡Es que yo he querido sostenerte desde que has llegado, pero te he fallado, otórgame tu perdón y te sostendré con todas mis fuerzas! ¡Es que no entiendes que te amo! ¡Que acaso no puedo hacer nada para que no rompas mi corazón!

Le dio la espalda, tronó los dedos para que el animal lo acompañara. El cual se mostró sorprendido pero obedeció y salió de la celda de inmediato, aún Levi sin querer mirar ni un poco cerró la reja de la celda nuevamente y caminó para salir de ese lugar y alejarse del ser más bello del mundo, pero también terriblemente peligroso.

Quiso dar el paso.

Pero sintió sus suaves dedos aferrándose a la ropa que cubría su espalda. Aunque estaba de espaldas era como mirarlo, como sentirlo y verlo de pie, con el rostro pegado el frio hierro con los dedos temblando de miedo, de no querer estar solo. Sólo tomar un poco de fuerza para sujetarle y él se quedó de piedra sin poder moverse.

—Perdóneme — dijo el castaño en un hilo de voz —, perdóneme, perdóneme. Perdón Levi, perdón.

El sultán se dio la vuelta rápidamente sintiendo como los dedos se soltaban y tan pronto como vio ese lloroso rostro fue como si ya nada existiera, como si no hubiera ya nada que lo sujetara a la tierra, estaba flotando y su único impulso fue meter los brazos entre los barrotes de hierro y estrechar al joven entre ellos, mientras escuchaba su fuertísimo llanto y volvía a sentir como sus manos se pegaban a su espalda, queriendo aferrarse a algo, tan fuerte, de una forma tan intensa, como si de pronto los dos fueran a convertirse en uno solo. Y encima estaba llorando, gritando contra su hombro, verdaderamente eran gritos de dolor y Levi quería llorar también, pero sólo podía acariciarlo con toda la dulzura que sus hábiles manos le permitían, así hasta que los dos volvieron a quedarse de rodillas en el piso sin poder soltarse ni un segundo. Con los barrotes que los separaban uno del otro, pero el abrazo tan condenadamente fuerte, tan violento y necesitado.

—No lo odio — continuó Eren entre soplidos —. No lo odio, nunca podría odiarle, le amo más que a nadie. Le amo mi sultán…

—Lo sé, lo sé — el corazón de Levi latía con una gran rapidez, como si todo lo que había dicho el mozuelo antes se hubiera evaporado no importaba ya eso, sólo importaba esto. Tenerlo entre sus brazos.

Eren se había dado cuenta que no podía hacer esto, que cuando casi el sultán partía dejándolo de nuevo solo en esa celda fue cuando reparó de todo el daño que podía hacer si esas palabras verdaderamente perforaban en el alma de su amado, que no quería eso, que lo necesitaba. Necesitaba tenerlo cerca y abrazarlo con toda su alma, quería ser mimado, ser acariciado. Que lo último que anhelaba era apartarse de él, porque le amaba con todo lo que aún lo mantenía con vida y aunque el dolor en el fuera tan grande como para querer morir no quería odiarle, no podía hacerlo.

—Te necesito — murmuró Levi recargado sobre los hombros débiles del mozuelo —. Voy a sacarte de aquí, Eren. Es una promesa, no pasaras ni una noche más en este lugar…

— ¿Lo promete? — balbuceó el joven aferrado todavía a la piel contraria.

—O puedes clavarme una espada en la frente — Levi posó sus labios suavemente sobre la oreja del joven.

Eren sintió una calidez abrumadora, algo que cuando estás solo en una celda no sentirías jamás. Sólo recordándote tus propios errores, repitiéndote en la mente la imagen de la muerte de tus padres, el odio de las personas y el daño que todos te habían hecho… algo que estando en esas condiciones no puede sentir, pero si el sultán estaba ahí a su lado, entonces las cosas podrían estar mejor, porque ahora le sujetaba. En realidad el sultán era el que lo sujetaba a la vida ahora mismo, aunque sus padres dolieran tanto como el fuego ardiente en la piel.

—Entonces déjeme seguir con la historia — pidió Eren pegando la mejilla al cuello del sultán —. Déjeme seguir contándole, quédese conmigo aquí.

—Haré lo que tú me pidas, así sea sólo escucharte.

Eren sonrió de una forma realmente débil y se aclaró la garganta.

—"Cuando el preste Erwin le dijo al rey Rivaille y a Farlan cuál sería su prueba, ninguno de los dos podía creer que un desafío tan sencillo como una adivinanza fuera la causante de tan largo y pesado viaje. Pero el rey Rivaille se había vuelto muy astuto con el tiempo, incluso más que su buen amigo. Así que antes de aceptar sin dudar el reto miró muy fijamente al hombro sentado en el trono.

"¿Si logro cumplir con la adivinanza me darás todo lo que yo deseo?" preguntó el rey errante.

"Si consigues responder la adivinanza, tendrás una de las cosas que quieres, si consigues contestar dos, tendrás dos… y así las veces que quieras, pero te lo advierto Rey Rivaille, mis adivinanzas no son cosa fácil. No son sólo cosa de pensar, realmente tendrás que ver más allá de lo que ves"

"Acepto tu trato Preste Erwin, haré lo que sea por recuperar mi reino y el amor de mi amado"

El preste Erwin sonrió complacido por la actitud del rey, tenía realmente mucho tiempo desde la última vez que había conseguido encontrar un candidato para todos sus deseos, alguien que fuera verdaderamente digno. Y como realmente lo era, no lo hizo esperar. Todo el bosque y la selva de sus alrededores quedaron en completo silencio cuando el preste se levantó y comenzó a hablar de muy firma forma.

"Hace mucho, mucho tiempo, muchos más años que los tuyos y que los míos, reinó un rey muy bélico. Cuyo más grande placer era el de ganar territorios para su reino. Sin embargo también era un rey bastante piadoso, eso era porque siempre que conseguía ganar un reino guardaba a todos los prisioneros por una cantidad de tiempo y después los sometía a una decisión. La cual conseguía en tomar dos caminos, el primer camino era uno lleno de soldados con arcos dispuestos a asesinarlos en el primer instante en el que pusieran un pie por ese lugar. Del otro lado había una gran puerta de color negro, era verdaderamente grande… en verdad grande.

Estaba rodeada por cadáveres de todos los hombres que habían muerto en combate, y muchos que llevaban ahí ya bastantes años, pues el olor a muerto era demasiado intenso incluso como para acercarse. De debajo de la puerta brotaban extraños brazos que rasgaban la tierra como si estuvieran intentando salir de ahí.

Debido a esto, todos los presos decidían tomar el camino de los arqueros, con la esperanza de poder evadir todas las flechas y salir de ahí. Sin embargo nadie nunca lograba escapar de la mira de los soldados y terminaban siendo asesinados, para después formar parte de la gran pila de cadáveres que adornaban la puerta del horror. Nunca nadie consiguió pasar por aquella puerta. He aquí el acertijo principal… ¿Qué es lo que hay detrás de la puerta de cadáveres?"

El rey errante se quedó quieto, intentando rebuscar entre todos sus recuerdos y conocimientos si alguna vez había conseguido escuchar alguna historia similar, más nunca había oído cosa alguna parecida. Se tocó la cabeza, esta vez ya no pensaba si había oído algo así. Sólo pensaba ¿Qué habría hecho él? Habría corrido hacía los arqueros sin duda, sabía que con sus conocimientos podría conseguir esquivar las flechas, pero había una razón por la que la puerta estaba ahí… había una razón…

El preste había dicho que el rey era piadoso. Entonces no buscaba realmente asesinar a todos esos soldados, buscaba darles una oportunidad.

¿Sobrevivir?

"La libertad. Eso es lo que hay detrás de la puerta" contestó el rey Rivaille.

"¿Por qué piensas que la libertad está rodeada de asquerosos cadáveres?" preguntó el preste realmente sorprendido.

"Porque el rey es piadoso, sólo buscaba que los presos no se dejaran llevar por las apariencias. Pero jamás pudieron hacerlo"

El preste Erwin lo miró realmente complacido y asintió, dándole a entender que era correcta la respuesta que había dado ante el primer acertijo. El rey también sonrió complacido, sabía que ahora ya tenía un deseo. El preste le preguntó con los ojos que era lo que deseaba, el rey respondió con mucha determinación.

"Deseo tener un ejército incomparable, para así poder recuperar lo que es mío…"

"Lo tendrás, tendrás mi propio ejército personal. Ahora será tuyo… ¿Deseas continuar con los acertijos? Pero te advierto que si pierdes el siguiente también perderás el primero"

"Si, deseamos continuar" dijo Farlan muy convencido.

"El siguiente acertijo narra la historia de un enamorado, era un joven de muy bellas formas que había encontrado a la mujer de sus sueños, él le amaba muy profundamente casi al grado de llegar a la locura, sin embargo ella no correspondía su amor e incluso le despreciaba. Cierto día el joven buscando la forma en la que la mujer aceptara su amor se quedó en el jardín, hasta que un hermosa ave comenzó a acompañarlo con su canto… tenía realmente un hermoso canto, se trataba de un hermoso ruiseñor, que era verdaderamente una linda ave.

Al ver al joven tan triste decidió acercársele y hablarle, le dijo entonces "¿Porque estas tan triste?" el joven le contó al ave todos sus pesares, estaba demasiado triste como para concentrarse en el ave, pero el ave le prestaba toda su atención. Y acongojada por el dolor de su compañero sintió un gran pesar, decidió que quería hacer algo para poder ayudarle.

"¿Te gustaría que yo te ayudara a conquistar a esa joven?" preguntó el ruiseñor, de inmediato el joven dijo que si y le preguntó que como pensaba ayudarle "Muy sencillo, a las mujeres les encantan las flores, sin embargo para los jardineros comunes es difícil cortar las flores que son verdaderamente hermosas, así que yo volaré entre las espinas para darte la más hermosa de las rosas, aun si me cuesta la vida"

El joven ingrato aceptó el trato a sabiendas que eso podía provocarle la muerte a un ser que no tenía ninguna culpa, que hacia todo de buena voluntad y que no esperaba recibir nada a cambio. Se quedó mirando como la hermosa ave se metía entre las espinas, causándole horribles heridas y desgarrando sus hermosas plumas hasta que ya sólo era un manojo de sangre que con sus pocas fuerzas logró cortar la rosa del rosal, y dársela al que consideraba su amigo. El cual sin decir ni siquiera gracias lo dejó ahí a su suerte y fue en busca de la mujer para darle la hermosa flor… por supuesto ella lo rechazó. He aquí el acertijo ¿Que valía más? La vida del ruiseñor o el amor de la mujer. Tú debes responder bien esto mi sultán, ya que tú estás haciendo todo esto por la persona que amas… pero dime, si de pronto tu amigo se encontrara en riesgo lo dejarías morir sólo por conseguir tus objetivos"

En esta ocasión el rey Rivaille estaba metido en un dilema más que en un acertijo, era difícil decidir si la vida de un amigo valía el amor, pero el amor te cegaba realmente. No sabía uno apreciar las cosas buenas y renunciaba a ellas sólo por una mujer… pero él no dejaría que eso le pasara a su amigo. Él sabía que el valía también la pena.

"Vale la pena más la vida de un amigo, pues este te acompañara incluso cuando la mujer te desprecie"

"¿Y aun así iras con todas tus fuerzas tras la persona que amas?"

"El Rey lo hará" contestó Farlan "Porque sabe que esa persona si vale la pena y no lo rechazará…"

El preste lo miró bien y sonrió. "¿Cuál es el deseo que quieres ahora? Me pedirás el amor eterno de esa persona…"

"No, no haré eso. El amor de esa persona lo ganaré por mi cuenta, sin embargo lo que he de pedirte es algo mucho mayor a eso. Como sabrás la persona que yo amo no es una mujer, ni una joven. Es nada menos que un hombre, pero sigo siendo un gran rey y yo quisiera que me dejaras que el engendrara un hijo mío en su vientre… sin importar si es un hombre''

"Es una petición extraña. Pero podré hacerlo sin duda alguna…"

El Rey Errante sonrió con felicidad y esperó pacientemente el siguiente acertijo"

—Mi sultán — dijo Eren apartándose del pecho del gobernante, parecía que habían pasado días desde que estaban abrazándose en ese calabozo —. Debemos de terminar la historia por ahora…

— ¿Por qué? — preguntó el sultán viéndole los ojos rojos —, aún no es de noche. Ni siquiera el atardecer ha llegado… quisiera permanecer así a tu lado por un momento más.

—Muy pronto el atardecer comenzará — comentó Eren con tristeza —. Y no quiero que usted se quede aquí cuando eso pase, no quiero que permanezca en este lugar cuando caiga la noche. Ahora suba y siga adelante, yo esperaré aquí. ¿Volverá, verdad?

Levi reaccionó inmediatamente, había sido absorbido de nuevo por la fantástica historia del mozuelo. Pero estaba por hacerse tarde y él no pensaba permitir que Eren se quedara un solo segundo más dentro de este asqueroso calabozo, aún tenía mucho que hacer. Había cosas que hacer, promesas que cumplir… por esa razón se soltó del ojiverde y lo ayudó a levantarse, aún con los barrotes separándolos. Levi lo miró con seguridad y lo acercó hasta su rostro para besarle la frente.

—Volveré. Te prometí que no volverías a pasar una sola noche dentro de este calabozo y no eran palabras vacías. Cumpliré mi promesa, por eso me marcho, porque hay cosas que tengo que hacer. Pero te sacaré de aquí. Lo prometo.

Eren asintió, sintiéndose de nuevo vacío al ya no estar abrazado del sultán. El cual aún se le quedó mirando por un tiempo más largo, incluso la pantera parecía no querer dejarlo, pero tenían que irse aún quedaban demasiadas cosas que hacer. Eren suspiró y volvió a sentarse en el piso, viendo como el sultán de nuevo se iba y lo dejaba.

—Eren — lo llamó antes de desaparecer de su vista —, realmente lo siento mucho, por todo. Y en verdad que me parece hermosa la forma en la que te ves ahora… porque estas con vida y no puedo pedir nada mejor.

Se alejó y Eren pudo volver a sonreír, aunque fuera ligeramente.

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Yo le seguí hasta la puerta de su casa,
porque hay que seguir a la pieza hasta alcanzarla,
le até con mis riendas
y fue dócil a mi bocado.

[Ibn Suhayd, Dīwān, Pellat, pp. 160—153]

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Afuera de los calabozos, nadie sabía lo que pasaba ni estaba seguro de para donde moverse. Inclusive Petra se encontraba demasiado desorientada pues ya había pasado un buen rato desde que el sultán había bajado, durante este tiempo libre había llamado a varias de sus sirvientas más leales para que le ayudaran a preparar comida dignísima para el prisionero. Mientras ella supervisaba la preparación, después la guardia personal del sultán se acercó al lugar para esperar el momento exacto en el que subiera. Y así lo hizo, aunque Petra sintió la determinación sólo de mirarlo tenía que preguntarle.

—Mi señor, ¿Qué ha pasado? — se le acercó con parte de la bandeja de comida en las manos

—Petra, ¿Qué estás haciendo aquí? — preguntó azuzado —. Bueno eso no importa ahora, lleva la comida para Eren. Cuídalo durante lo que resta del día, no te apartes de él ni un momento, no quiero que padezca de ninguna necesidad ¿Entendiste?

—Sí, mi señor — la aya se quedó un poco más tranquila al ver que la relación entre ambos parecía mantener frescura y pasión, pero el sultán se seguía viendo incomodo o más bien furioso.

— ¿Mi señor? — preguntó Erd inclinándose en una reverencia junto con los otros dos soldados —. Hemos venido para ayudarle…

—De bastante ayuda serán — contestó con los dientes apretados —. Ahora mismo me dirijo a ver a mi madre, requiero que me acompañen y que busquen al escriba. No pasaré un solo segundo a su lado si no es para asegurarme de que ha firmado el contrato y liberado a Eren.

—Mi sultán su madre está bajo arresto domiciliario…

—Poco me interesa.

Y sin decir una palabra más les dio la espalda esperando que lo siguieran y que acataran sus órdenes. Auro se separó del grupo para poder buscar al escriba mientras que Erd y Gunter permanecieron al lado del iracundo sultán. Que soltaba maldiciones por lo bajo, en árabe culto, caminando por entre los hermosos pasillos que lo llevaban hasta el encierro de la mujer. Habían pasado varías cosas que Levi no había contado a Eren y no porque no quisiera agregar pesares a su consciencia sólo que no se había dado la oportunidad de decirle que era lo que acontecía en el palacio… cual era exactamente la desfavorable situación.

Apenas unos segundos después de que Levi hubiese dejado por cuenta propia en el calabozo a Eren y permaneciera un buen rato cuidando de él, inconsciente, curando sus heridas, había tenido que volver para realizar sus obligaciones. Enterándose así lo que su madre había decidido. Como la mujer estaba bajo la amenaza de muerte del sultán, no se le ocurrió sino protegerse encerrándose en la torre de Burj Al de la zona de las concubinas. Sinceramente Levi no era una persona que paseara demasiado por esa parte del palacio, más sabía que Eren la frecuentaba, que cuando hicieron su recorrido le fue mostrada.

Todo lo que eran los salones de reunión de las concubinas, sus patios, sus casas y palacios, conformaban una gran parte de todo el lugar. Un sitio confinado estrictamente para ellas. Ahora dentro de este espacio se encontraba también la habitación de la reina, ubicada en la parte más alejada, la torre de Burj Al era una de las muchas torres que decoraban los salones de eventos de las concubinas, pero era la más alta, la más esplendida y la única torre parecida. Se encontraba recubierta por diamantes en cada centímetro adornado por enormes y elegantes jarrones sobre columnas dóricas bañadas en oro, con un mosaico conformado solo por los diamantes que se apreciaba de distinta manera conforme el sol proyectaba encima de él. Era una habitación única y antigua como no se podía imaginar…

Todas las reinas madres eran confinadas a ella una vez que sus esposos, los sultanes, morían.

En medio de la habitación había siempre un conjunto de ostentosas sillas coreando un amplio sillón que hacía las de sostén para la reina. A sus espaldas la cama se extendía larga y tendida. Generalmente la reina permanecía ahí con sus damas, tal vez músicos, y algunas concubinas especiales. Ahí era donde la mujer había requerido su encierro domiciliario, sin posibilidad de ser asesinada, acusada, maltratada o simplemente sacada del hexagonal cuarto. Una vil y cobarde manera de posponer la condena. Sin riesgo a un daño previo.

Levi no pudo hacer nada más que ser muy claro con respecto a este encierro. Era sólo hasta que el juicio se llevara a cabo. Una vez que se dictara su verdadero castigo ella estaría obligada a cumplir y por lo tanto quedaría nuevamente expuesta. Ya que mientras ella estaba ahí no podía hacerle mayor daño y tenía completamente restringido el ingreso del sultán… cosa que estaba por terminarse. Y cuando los guardias de la puerta se pusieron alertas al verlo llegar, Levi levantó la mano en pose peligrosa.

—Me parece que no tengo nada que decir. Ya saben lo que deben hacer — explicó a modo de orden.

—Sultán, no tenemos permitido que nadie ingrese…

— ¿Tengo que repetir mis órdenes o les rebano la cabeza? — preguntó sacando la espada sin dudar ni un solo segundo que de ser necesario se derramaría sangre inocente en esta alfombra.

Los hombres meditaron sus posibilidades, por un lado desobedecían las órdenes directas, pero el sultán era la más grande autoridad… había demasiados líos en cuanto a seguir las órdenes, en batalla tenían las de perder contra el más grande maestro de la cimitarra, la daga, la lanza y lo que fuera. El sultán Levi era el dueño de todas estas artes y un increíble luchador, conquistador de cientos de reinos que ahora estaban bajo su mandato. Y no querían meterse de forma directa en su forma de gobernar, sin embargo sus problemas amorosos eran lo que lo impulsaba a actuar de dicha manera… por consiguiente y para no entrometerse en más líos, por la paz, abrieron las puertas empujando cada uno de las aldabas en forma de león de oro.

Adentro parecía un mundo apartado del exterior.

Levi se sintió asqueado.

No sólo de presenciar que su madre estaba sentada sobre su sillón trono como si nada en este mundo se encontrara mal, sino también de ver a las cuatro concubinas sentadas en las sillas y cojines a su lado, mirándola desde abajo con débiles sonrisas y ahora preocupación entre ceja y ceja. Las damas y sirvientas acompañando la estancia con débil música y comida apetitosa.

—Hijo — la reina habló pero estaba por demás decir que su voz era incomoda —, no te esperábamos para comer con nosotras… ni para visitas, en realidad.

—No digas tonterías — ingresó a la habitación junto con su escolta —. Esto no podría ser menos una visita cordial.

— ¿Ha venido a amenazarme? — murmuró ella escandalizada con la mano sobre el pecho, el cual estaba cubierto por hermosas capas de muselina gris —. Perdón hijo pero sabes que el arresto domiciliario no permite esta clase de comportamiento. Evítame angustias y pesares y resérvate para el día del juicio. Ya que veo que no piensas desistir de esta locura…

—La locura que tú me has despertado.

—Ha sido ese mozuelo, de culpa yo no tengo nada. No me presiones por haber querido enmendar tus errores Levi.

—No vengo a hablar contigo sobre nada de eso — Levi se notaba cansado de escuchar el mismo sermón aburrido —, sólo vengo a pedir y a exigir que mis peticiones sean obedecidas.

— ¿No es posible esperar? — escuchó decir a una de las concubinas, que mínimamente ubicaba de vista más no recordaba nada de su nombre. La miró como si se tratase de un insecto y ella desistió en el contacto visual.

La reina Kuchell no pudo permanecer más tiempo sentada, tenía un cosquilleo impertinente en la punta de los dedos de los pies. Las palabras que quería que brotaran de su estómago estaban seriamente ligadas a más enfrentamientos de los cuales ella sería culpable, pero estaba indignada y cansada de callarse sus quejas. Ya había pasado un día desde que el arresto había comenzado, y aunque no fuese nada que le afectara demasiado ella no merecía permanecer bajo esas condiciones, nunca debió llegar hasta este punto y su hijo tenía que escucharla. Lo miró de nuevo, eran tan parecidos. Indudablemente Levi era mucho más atractivo que su padre y que ella, tenía una gracia y una envoltura tan digna, tan imperturbable, hablaba sabiendo que sería obedecido y sino callaba. Tenía los puños apretados, dispuesto a atacar en cualquier momento, era completamente indomable y salvaje.

No se ama nada en el mundo como se ama al primer hijo, pensó ella aterrorizada. Pero su cólera podía diez veces más que su amor.

—Levi, tú eres un sultán muy distinto a los otros — comentó suavemente —. No hace falta ver tu reino para darse cuenta, que es muy distinto a los reinos de tus antepasados. Sin duda el tuyo es más basto, más rico, más grande y más de todo… pero para darse cuenta de lo distinto que es tu mandato, hace falta una simple mirada a tu harem. Tu padre, el sultán anterior, no tenía sino mil mujeres a su disposición, mientras que hay otros que han tenido hasta tres mil. Pasando de las cifras tú mi querido hijo, sólo tienes trece. De esas trece que fueron seleccionados, solo las cuatro jóvenes que tengo aquí son las aspirantes a ser tus esposas secundarias. Y esa es la razón por la que no he permitido que toques a ninguna de estas cuatro. Sin embargo abajo en los cuartos hay otras nueve, que también tienen odaliscas, esas mujeres aspiraban a convertirse en tus esposas… sólo con el hecho de poder tener un hijo tuyo ellas merecían ese derecho. Y tú se los has negado y has hecho con ellas lo que a tu antojo vino.

"Yo soy la encargada del harem, la reina madre, y medianamente soy la encargada del reino. Tú ya has pasado por encima de todas las autoridades habidas y por haber, cualquier forma de razonar contigo ha sido infructuosa, ni tu consejo, ni los jeques, nadie ha podido hacerte cambiar de opinión. Tú te acostaste con esas nueve concubinas, las has arrebatado la oportunidad que por derecho se merecen… y aun cuando yo te dejé hacer eso a su momento, que ya ha pasado bastante tiempo, me reservé los problemas contigo. Dije de acuerdo, guardaré a estas cuatro mujeres, pues estaba convencida de que a la larga sentarías cabeza y escogerías a una como tu esposa, a las demás como esposas secundarías. Lo que fuera Levi, lo que fuera, ¡Pero tu desperdiciaste mis oportunidades e hiciste lo que te venía en gana! Pasaste de ellas y entregaste tu alma a ese niño pobre"

—Ese niño pobre — finalizó el sultán con los ojos brillantes de rabia —… es mi persona amada. Te lo digo ahora de una vez para que no andes pensando cosas que no vienen al caso ¿De acuerdo? Nadie te pidió que reservaras nada ni que pensaras en quién demonios iba a convertirse en mi esposa, date cuenta que no pienso casarme ni con estas cuatro ni con ninguna de las de abajo. Que ya no me interesan en lo más remoto, ahora mis intereses están enfocados en otras direcciones y quiero, te exijo que liberes a Eren.

—No lo haré — replicó la mujer enervada.

— ¡Entiende que debes hacer lo que te estoy ordenando!

—Entiende que si me obligas no seré más que una mártir en tu gobierno ¿Quieres eso? Que todo el mundo deje de confiar en ti Levi, que ahora te vean como un loco.

—La única loca aquí eres tú, has lastimado a gente inocente y derramando la sangre de muchos. No permitiré que sigas sobrepasando mi autoridad. Firma.

Como caído del cielo de atrás de Levi surgió un hombro de aspecto mayor y tembloroso, con una larga y pronunciada barbilla adornada por rizados cabellos blancos. Espejuelos sobre el puente de la nariz y una mirada decidida. Era el escriba. Traía en la mano el pergamino del juicio que la reina había hecho a Eren y en la otra una pluma. Auro estaba detrás de él, exhausto al tener que buscarlo por todo el palacio, pero finalmente estaba aquí y Levi ya estaba poniéndose exigente…

—Lee mis labios hijo, no firmaré. Espera al juicio — gruñó Kuchell muy molesta.

—No me voy a casar madre — Levi sonó calmado, tan calmado que Kuchell se alertó —. No me interesan las concubinas. Así que sacarás a Eren de ese calabozo en este mismo instante o te las veras conmigo. Yo también puedo matar.

— ¡Ya estas actuando como un rey loco! — comentó ella jalándose de los cabellos —, amenazando así a estas mujeres...

—No las estoy amenazando. Tú, ven aquí.

Levi levantó la mano derecha, señalando suavemente a una de las concubinas que estaba temblorosa y alejada. Sin saber cómo reaccionar la mujer miró a la reina, que no le brindó nada de apoyo con los ojos, e incapaz de negarse ante la directa orden del sultán Nifa se levantó de los cojines y caminó acompasada hasta el sultán. Hiperventilando, teniéndolo tan cerca y tan amenazador, y aun así era tan atractivo, tan influyente… era imposible resistirse a sus órdenes. Levi la tomó de la muñeca.

—Ponte de rodillas — ordenó Levi nuevamente con la voz ronca.

La mujer miró a sus compañeras en busca de auxilio pero nada se le otorgó, todas estaban tan asustadas como ella misma. Obedeció mirándolo fijamente.

— ¿Liberaras a Eren? — preguntó de nuevo Levi mirando a su madre muy fijamente a los ojos. Con verdadero odio desprendiéndose de las pupilas.

—No lo haré.

Y tan rápido como era posible en un humano Levi sacó de su cinturón su confiable daga, con una brillante empuñadura de rubíes, aquella arma que siempre llevaba a lado de su espada y que jamás le abandonaba. El desenvainarla provocó más terror en la mujer pero no hubo momento para soltar siquiera un grito o un gemido, ya que la filosa arma atravesó rápidamente el espacio de su oreja incrustándose en su cerebro y provocándole no solo una muerte terrible y dolorosa, también eficaz y rápida. Sus ojos comenzaron a llorar sangre, aunque ella no debía preocuparse por eso seguramente su alma ya estaba fuera de su cuerpo. Levi sólo pateó su espalda y la dejó tirada en el piso.

— ¡Que has hecho! — se horrorizó Kuchell —, ¡La asesinaste! Estas verdaderamente loco…

—Tu, ven aquí — volvió a decir Levi de forma imperturbable señalando a Hanna ahora —. Ya he hablado madre, sabes lo que debes hacer, porque yo puedo seguir… ahora estas cuatro después las de abajo.

— ¡No Levi no, las de abajo no! Te lo suplico hijo no hagas daño a ellas…

—Ven acá. Tu sultán te está llamando — Hanna estaba aterrada, se aferraba como podía a las ropas de Mina, que quería solo sacársela de encima.

Salir huyendo de esa habitación. No eran demasiado expresivas como para gritar de terror, pero estaban demasiado petrificadas de ver a Nifa muerta en sus pies. Hanna suplicaba a la reina que hiciera algo, la miraba pidiéndole compasión, pero el sultán no esperó más. Se deslizó por entre el cadáver y la tomó de la muñeca, jalándola sin que ella se resistiera, era verdad que Levi no estaba maltratándolas, no las jalaba del cabello ni mucho menos, sería muy mal visto que él las lastimara a golpes. Sólo la estaba tomando y la deslizaba por el cuarto hasta ponerla de rodillas, a Hanna se le erizaba la piel sólo de sentir la suave piel de la mano del sultán, se sentía atraída y atemorizada.

Hanna miró a la reina, le suplicó que hiciera algo, que dijera algo. Porque el sultán no pensaba repetir su petición, ya ni siquiera tenía la boca abierta, sólo la daga en la mano y el movimiento en cuestión de instantes sería realizado. Hanna jadeó esperando que la reina aceptara, que la liberara, que la soltaran. Porque Levi, el sultán, iba a seguir, la iba a matar a ella y a todas sus compañeras, incluso a aquellas que…

Las líneas de sus pensamientos se cortaron, el sultán no esperó más y clavó la daga en su cabeza. Asesinándola de inmediato. Kuchell vio a la segunda concubina caer muerta, a la escolta de Levi mostrarse impactada pero indiferente, a su hijo sin cuestiones de negociación en la mirada. Se vio a sí misma y vio a las otras dos potenciales candidatas temblando de terror. Y su garganta estaba seca, sus ojos llorosos y ni todos los diamantes de su habitación podían ayudarla a ver mejor, ya que en todos se reflejaba lo rojo de la muerte de esas mujeres.

Y en su hijo, en sus ojos, un corazón pasional ardiendo. Y sin necesidad de palabras.

— ¡Está bien! Ya basta, ya basta Levi — pidió la reina al percatarse, enserio, de los dos cadáveres que coreaban los pies del sultán —. Firmaré el contrato y puedes sacar al mozuelo de la prisión, firmaré.

El escriba se deslizó rápidamente hacia la reina, que acababa de caer desfallecida en una de las sillas. Con sus sirvientas socorriéndola de inmediato dándole agua y lanzándole aire de abanicos de plumas. Levi hizo un sonido con la boca y supo que tenía que darse prisa, que a pesar del temblor de sus manos él ya no estaba dispuesto a esperar ni un sólo segundo más. Por lo tanto la mujer llorosa y temblorosa, además de realmente impactada, tomó la fina pluma bañada en tinta y miró el contrato, miró el apartado que había sido recientemente escrito de la cancelación de cargos ordenada por la máxima autoridad, es decir: Levi Ackerman, El sultán.

Y firmó.

—He firmado… ahora por favor, retírate. No quiero verte más, no quiero verte hasta el juicio…

—Hasta el juicio madre.

El sultán se despidió de la mujer con una ligerísima reverencia, enfundando la daga de nuevo en su pantalón y saliendo de ahí junto con sus guardias, el escriba y las puertas del cuarto fueron cerradas de nuevo. La reina se puso a llorar ahí mismo, totalmente enfurecida e indignada, sus guardias Reiner y Berthold entraron pocos segundos después, para sacar el cadáver de las mujeres asesinadas. Pero ella los repelió arrojando cuanto estaba a su alcance.

— ¡Maldita sea!

.

Fui a beber a los pozos del deseo
y pasé por encima de la vileza del pecado...

[Ibn Suhayd, Dīwān, Pellat, pp. 160—153]

.

Apenas había pasado una hora de que el sol comenzó a descender y el cielo a tornarse rojizo y naranja cuando una apresurada, nada contenta, sirvienta bajó corriendo las escaleras y llamó a Petra con mucha premura. La aya que había pasado todo el día pegada a la celda de Eren como una lapa percibió la irregularidad en las palabras de la sirvienta y se levantó al instante.

—El sultán la llama. Dice que es urgente — y sonaba urgente.

Eren se quedó mirando pasmado como la mujer que hacía sólo unos segundos se encontraba a su lado, separada por el hierro de los barrotes se le quedaba mirando con gravedad, como si no quisiera dejarle solo de nuevo, aunque el castaño ya se veía más recuperado, después de todo había pasado todo el día junto a las atenciones de tan amable sirvienta, que lo cuidaba como a un niño y lo mimaba lo más posible. Sin embargo Petra notaba que aún se encontraba muy desmejorado.

—Urgente — repitió la sirvienta jalándola del brazo.

Petra se limpió las manos en la ropa y chasqueo la lengua antes de mirar al joven de nuevo.

—Ya vengo Eren, voy a ver que quiere el sultán — explico trémula —. No me tardo nada ¿Si? Estate quieto.

—Estaré bien, ve a ver a Levi — contestó el mozuelo mostrando una sonrisa simple, pero no le llegó a los ojos —. Y no tardes, está por oscurecer.

Petra asintió con premura y se apartó de la celda del joven, seguida por la sirvienta que la acompañaba y otra más que se había quedado junto a ellos aunque un poco más apartada y siempre al margen de las conversaciones de los dos. Eren suspiró cuando por fin volvió a quedarse solo, miró por la cloaca, afuera el sol ya estaba pintando todo de naranja e indudablemente pronto llegaría el momento de pasar ahí en la oscuridad la noche, con los fuertes vientos colándose por entre las rejas. Aunque en realidad ahora mismo no se encontraba verdaderamente solo, Eren acariciaba el vientre de la pantera con cariño, como si se tratase de un simple gato persa. De alguna manera el animal se había encariñado a él de una forma muy grata y grande, Eren estaba seguro de que ya nadie temía dejarlos solos a los dos ni aunque el felino muriese de hambre…

Estaba tan seguro que hasta podría decir ''Karabulut cómeme el rostro'' y la pantera sólo miraría sin comprender y restregaría el hocico en su vientre para conseguir más caricias.

Estar al lado de tan grande y majestuoso animal lo ayudó sólo un poco para no perderse de nuevo en los pasillos de lo taciturno, pues estar solo era recordar. Y recordar era volver a vivir, lo cual también le suponía una tortura demasiado amplia. El simple hecho de tener frente a sus ojos las imágenes vividas de las recientes muertes… la muerte de sus padres, pero no sólo eso, también tenía enfrente todos los recuerdos en vida de esos dos seres a los que él había fallado. Más que fallarles a ellos también se había fallado a sí mismo.

Se abrazó las piernas.

Sus padres lo habían criado con amor y ternura, él ya les había fallado desde el instante en el que había decidido convertirse en un mozuelo ladrón, pero no había tenido más opción y luego por culpa de su insensatez y su estupidez ahora sus padres habían pagado las consecuencias de sus actos, se culpaba de una forma sádica de la muerte de ellos, de su propia humillación y du futura desgracia si permanecía con este estilo de vida. Pero el sultán…

Levi.

Él le amaba, y al menos a eso podía aferrarse. Además de que no importaba cuantos deseos tuviera de llorar, parecía que lo había hecho tanto que consiguió quedarse seco por completo, de esa forma en la que no importa cuánto dolor haya en tu pecho, ya sólo puedes gemir con angustia y sentir la boca seca, la garganta destrozada. Aunque aseguraba el castaño que de querer llorar y proponérselo también conseguiría lograrlo. Suspiró derrotado abrazando al animal cargándolo sobre sus piernas como si fuese un juguete de tela.

Pasó otra hora antes de que Petra regresara, esta vez se veían tras las rejas los últimos rayos del sol antes de ocultarse por completo detrás de las montañas, de las dunas de arena. La mujer ya no tenía la misma expresión, está vez era mucho más grave y sería de lo que antes era. No se veía nada contenta, más bien tenía cierta decisión entre ceja y ceja.

—Eren — lo llamó, el joven se levantó quitándose a la mascota de encima —. Voy a sacarte de aquí.

— ¿Qué? Ya no estoy preso… ¿Qué ha pasado? — preguntó Eren completamente confundido. Tendía a confiar en la palabra de Levi pero esto era… —, ¿Levi está bien? ¿Ha pasado algo?

—No ha pasado nada, está pasando algo — suspiró la mujer metiendo la llave en la cerradura —. El sultán me entregó las llaves recientemente y me ha pedido que te saque.

—Él dijo que volvería — inquirió Eren sin un poco de seguridad, ni cuando las puertas de la celda se abrieron, chillando como el hierro mismo.

—Probablemente no — suspiró Petra cansada.

Después se acercó con mucha más seguridad de la que sus ojos irradiaban y tomó las manos de Eren, se las besó dos veces con ternura y le quitó los grilletes de las manos y de los pies, a Eren dejaron de pesarle las extremidades y fue como un suspiro, como el viento quitándole una preocupación del rostro, se sintió más liviano pero también se sintió mucho más joven. Ya era de nuevo el mozuelo de dieciséis años. Se lanzó a los brazos de su aya, porque realmente también era su aya ahora, y ella lo recibió con una fuerza alarmante en los brazos. Le acaricio la espalda en círculos fuertes, como si tuviera tos y quisiera curarlo.

—Gracias — sonrió Eren casi queriendo llorar, se separó —. Ahora dime, ¿Qué ha pasado?

—Señorita — fue interrumpida por las dos anteriores sirvientas, Eren quería recordar el nombre y rostro de ambas pero probablemente pertenecieran al grupo de mujeres que siempre lo rechazaban o lo miraban de una forma tan intensa que rayaban en la descortesía.

Y su corazón ardía en rencores.

— ¿Qué? — Preguntó la aya soltando al ojiverde —, ¡Oh! Si, si, gracias… no, no quédense. No se vayan, necesitaré también su ayuda y tu cooperación. — lo último lo dijo refiriéndose al castaño —. Mira Eren, el sultán ha enviado a que te liberemos, él no puede venir por ahora porque está ocupado afuera resolviendo algunos asuntos. Sin embargo, ya sabes cómo es, dejó órdenes específicas sobre tu liberación. Y la primera de ellas es que no puedes salir así.

—Ah, arreglarme — escupió Eren con enfado —. ¿Con que motivo?

—El motivo de que eres demasiado digno y especial para él como para permitir que cualquiera de esos bastardos te vea en mal estado.

—No pueden verme peor — replicó Eren.

—No permitiremos que lo hagan — explicó Petra —. Y tú tienes que bañarte, perdóname sé que tendrás un poco de frio pero antes de poner un solo pie afuera de este lugar resplandecerás de limpio y de bello, como siempre lo has hecho, y como si no hubiese pasado nada. No les daremos más el poder de humillarte, ellos no lo tendrán, eso tenlo por muy seguro… pequeño habib Eren. Cuenta cuentos.

—Está bien — aceptó el pobre.

Y así entre las tres mujeres lo ayudaron a quitarse la ropa con mucha suavidad y a reunir una de las cubetas más cercanas con agua, que aunque estaba fría, era mucho mejor que nada. Una suave esponja lo recorrió en todas partes hasta que lograron dejar su piel fina y suave como antes, pulcra y sin asperezas. No había olor alguno en el agua o en la esponja pero Petra colocó perfume de azahar por todo su cuerpo sólo unos segundos después.

La tortura no terminó ahí. Lo supo cuando el aya le mostro las manos repletas de su antigua joyería estrafalaria, y con toda la fuerza posible reabrieron las heridas que habían sido cerradas en unos pocos días, dejando su piel abierta y con adornos nuevos, Petra le puso un ungüento de suave olor a mentol para que no se inflamara o enrojeciera. Nuevamente encontraba todos sus aretes, esta vez más hermosos y lujosos, en su vientre orejas y pezones.

—Esta es… la primera vez que me harán Mehendhi — explicó cuando Petra le tomó de las manos y las sirvientas de los pies. —, ¿Por qué? ¿Tan especial es mi salida de este lugar?

—Cualquier acto que te incluya es así de especial — contestó la pelinaranja como automatizada, como si el sultán hubiese metido esa respuesta en su cabeza antes de llevarla al calabozo a verla. Eren sonrió.

Se dejó hacer por una cantidad de tiempo indescifrable, sólo supo que una de las mujeres se levantó momentáneamente dejando el diseño a la mitad sólo para irse a prender las antorchas del corredor, iluminando un poco más el trabajo que hacían, el sol ya se había ido por completo. Eren jadeó cuando por fin le soltaron las extremidades y pudo admirar la reluciente henna marrón brillar de formas hermosas sobre sus manos y pies, era la primera vez que lo tatuaban, y se sentía verdaderamente hermoso. No había manera en que su piel destacara más, que con todas las mándalas, los soles, cada línea o punto que adornaban su piel lo hacía destacar.

—Son bellísimos — susurró Eren impresionado.

—Ahora — Petra se movió buscando algo que descansaba en los brazos de una de las sirvientas y lo tomó. Era un gran paquete envuelto en una amplia tela blanca, con un lazo fuerte en nudo por encima —. Este es especial, de parte del sultán.

—Debe ser mi ropa — se preparó Eren con la toalla alrededor del cuerpo y dándole un vistazo al paquete.

Eren recibía muchos regalos del sultán, usualmente nada tan personal y por supuesto ninguno de sus vestidos anteriores, que había usado cosas verdaderamente encantadoras se comparaba realmente con este. Porque este no tenía un límite de belleza, y ni siquiera era tan osado u ostentoso, era solo que era demasiado bello. Aunque él tenía vestidos bellos, ese de pavo real y todos los demás que había admirado en el armario, este vestido hizo que se quedara sin aliento por incontables segundos.

—No es nuevo, ni es usado — comentó Petra —, el sultán ha rescatado este vestido de la bóveda familiar, uno de los antiguos vestidos de las tatarabuela. El vestido preciso que utilizó tras la muerte de su esposo el antiguo Rajadi.

—Un vestido luctuoso — murmuró Eren impresionado sacándolo de su envoltura.

Blanco y bermellón. El color de los funerales.

No se hizo esperar ni un segundo más y puso a Petra a ponérselo, la hermosa y bordada falda larga, blanca, junto con el top todo con el mismo patrón, cargado de piedrecillas de mar blancas… perlas. Unos hermosos rubíes decorando las partes de más bordados, dejando su vientre y cuello al descubierto. Todo le calzaba perfecto, parecía hecho a su medida exacta. Eren se sintió inmerso en un mar de tela blanca y brillosa. Y fue cuando Petra lo peinaba con excesiva suavidad que se dio cuenta de que era lo que verdaderamente estaba pasando, pero guardo silencio hasta que le enfundaron todas las joyas en las muñecas y las tres tikkas sobre la frente. Los larguísimos aretes, todo con un velo blanco encima, un precioso velo.

—Pareces un novio de esos del oeste — murmuró Petra —. Las que usan el blanco.

—Esto es de luto — farfulló Eren enfundado en todo y preparado para salir en cualquier instante. Petra supo que ahora halagarlo por su aspecto no valía de nada, el castaño sabía que se veía esplendido, que olía bien y que era hermoso.

Era todo suspiros y melancolía cuando terminaron de arreglarlo, cuando la procesión escaleras arriba comenzó y la única iluminación era la de las antorchas en cada peldaño Eren podía jurar que escuchaba los propios débiles latidos de su corazón, la sangre en sus venas. No sabía lo que podía encontrarse al salir de aquí, pero había un motivo específico para montar todo este espectáculo, aunque el fin lo desconocía. Fue ver por entre el arco y los barrotes, para sentir que vivía y moría de nuevo. Que ya había vivido una vez y que había muerto, junto con sus padres, pero que le devolvían la vida. Porque el sultán estaba ahí. Al pie de las escaleras, mirándole como quien mira a Alah a la cara.

Con su ropa blanca inmaculada y sus collares de oro y figuras solares, su saree color bermellón, y todo hermoso y perfecto como un sultán debe verse siempre, tan oloroso y precioso, tan imponente con sus cinturones de cuero y su daga y su espada. Y el pelo, y la piel, no pudo aguantar un segundo más, tomo su falda y subió los escalones de a dos, sin fijarse en el entorno, solo tirándose a los brazos de Levi. Que lo recibió como si fuera la primera vez, lo abrazó con una fuerza inmensa y un cariño demencial, le llenó de besos las manos, cada uno de los dedos, y lo hizo de rodillas con los ojos sobre sus ojos. Y también le besó las palmas pintadas y las muñecas y si Eren no hubiera sonreído Levi habría continuado besando cada una de las venas de su brazo y la parte interna del codo. Pero con esa sonrisilla suave, lo desestabilizó por completo y el sultán, el ser más poderoso de todos los reinos, volvió a ponerse de pie.

—Bienvenido de vuelta — murmuró en su oreja tomándole de la mano —, ¿Estás listo?

Él cuenta cuentos asintió con cuidado.

Y por fin se percató de que el palacio estaba completamente lleno de velas rojas, que toda la gente estaba mirándolo sin moverse, cada uno de los sirvientes debía tener estrictamente prohibido ponerle las pupilas encima., pero ahí estaban todos cuidando su camino. Sin mirar. El corazón de Eren latía como loco mientras miraba como los únicos que los seguían eran Petra y la guardia de Levi. Habían iniciado un camino a quien sabe dónde, pero que los pasillos parecían estar todos adornados para presenciar su procesión, porque había flores colgadas de todos lados, velas en charolas. Flores en el piso.

Y la puerta justo frente a ellas señalaba que iban a entrar a lo que parecía un salón, que estaba entre abierto y cerrado. Con lindos altares y pilares, con formas pintadas en las paredes, talladas en oro y en madera, consteladas con mosaicos, bellezas adornadas de diamantes. Una enorme lámpara de colores que adornaba todo el lugar de una forma magistral. Las hermosas alfombras no se veían ni usadas, probablemente todo era nuevo. Y más allá el cielo abierto, el patio se alzaba frente a ellos, jardín y estrellas. Y ahí estaban…

Dos grandes montículos de madera.

Encima de una sutil fogata.

—No puede ser — Eren se llevó la mano a la boca, no estaba listo para derrumbarse.

—El despedirse de las personas amadas es la ceremonia que más lujo y respeto merece, yo no los conocía, pero me hubiese encantado. Y si son especiales para ti lo son para mí, por eso déjame acompañarte en este luto, orar en esta ceremonia y permanecer a tu lado en esta despedida.

Eren ya no podía, simplemente le iba a resultar imposible musitar cualquier palabra, en su lugar asintió frenéticamente. Levi se encargó de todo lo demás, de encender las hogueras para que los cuerpos de sus padres se convirtieran en cenizas a lo largo de los rezos que ambos hicieron con las rodillas sobre las alfombras, orándole a Alah por el descanso de las almas en pena, por su retorno y por qué cuidara de ellos. Levi estuvo absorto en brindarle a Eren su completo apoyo, en darle todo. Porque él era el sultán y no sabía, probablemente, estar metido tan hasta el cuello en estos asuntos, pero rezaba…

Y pedía perdón por sus errores, los propios, los pasados y los futuros. Pero sobre todo pedía por Eren porque lo amaba de corazón y quería verlo bien. Y guardaba la esperanza de que aun con todo lo pasado, esto fuera suficiente para reparar un poco el corazón hermoso del cuentacuentos, que se diera cuenta que verdaderamente le apoyaba, y le brindaba todos sus servicios. Y que podía hacerlo todo desinteresadamente, como lo hacía.

—Gracias — murmuró Eren cuando los cuerpos de sus padres se convirtieron sólo en un monto de cenizas, tenía los ojos cerrados, la frente en el piso y las manos encima de la frente —. Gracias mi sultán….

Levi sólo sonrió de lado, no tenía palabras para decirle todo lo que realmente quería. Así que sólo se quedó callado y buscó la mano del amado, la apretó con fuerza y esperó a que él también le mirara. El castaño tardó un poco en levantar la cabeza pero entrelazó los dedos con la mano de Levi. Y sonrió, con lágrimas en los ojos. Levi deslizó sus dedos por entre las pulseras y sintiendo aún el fuego golpearle sobre la cara, deslizó la izquierda hasta la mejilla del ojiverde acariciándola, limpiándole las lágrimas con el pulgar. Acercándola.

Acariciando la piel de su brazo hasta llegar al cuello y ascender hasta la otra mejilla, acunando su hermoso infantil y lloroso rostro, que pegó con suavidad al suyo. Y Eren ya tenía los ojos llenos de lágrimas de nuevo, las cuales no tardaron en derramarse y bañarle los labios. Levi posó sus labios de forma suave contra los suyos, sintiendo lo salado de las lágrimas y el calor destellante de su cuerpo, acariciándolos con ternura. Con verdadera timidez.

Un beso que era puro labios y respiración contenida, con el espectáculo de muchos sirvientes rodeando cada centímetro de pared, la aya desde atrás y la guardia también. Enfrente de ellos dos tumbas nuevas y especiales dentro del palacio terminaba de consumirse y ellos se separaban.

Pero antes de que el espacio fuera mayor, Levi volvió a pegarse a sus labios, tan queda y suavemente. Sólo para alejarse en medio segundo.

Al otro lado del palacio, completamente encerrada, alejada del mundo. Sin poder presenciar el afecto puro. Una mujer tiraba de la ventana los cadáveres putrefactos de las dos mujeres que intentaron aspirar a ser esposas, mientras que las dos restantes se alejaban por reflejo del miedo. Y la venganza que aún no terminaba.


N/A: De nuevo discúlpenme por el retraso infinito, yo sé que nadie esperaba esto jaja no mentira gracias por haber esperado. Enserio mis chicas me halaga mucho saber que les gusta cómo va la historia, y que les siga gustando. Muchas querían que Levi sufriera y pagara por sus actos, también queremos que Kuchell pague.

En cuanto a todo lo que Eren le dijo a Levi supongo que eso cuenta como para sacar su coraje y Levi ha entendido la lección. Claro que ahora Eren estará un poco más reservado sin embargo enfatizo que esta última ceremonia que organizó Levi para despedir a los padres de Eren es como una especie de GUAU. Eren sin duda podría perdonarlo sólo por el gesto, ya que estos fueron enterrados con honores parecidos a los de verdaderos sultanes.

Si tienen dudas, les ha gustado, les ha disgustado, dejen su pedazo de amor en la caja de reviews.

¡Un beso, y nos leemos pronto!

PD: Gracias a las dos chicas hermosas que me mandaron sus peticiones de cuentos, perdón por el retraso y espero les haya gustado.

PD2: Imágenes referenciales en mi Facebook MagiAllie, si no tenemos amigos en común mándenme mensaje. Sino no las ubicaré :'c