12
Jennifer
Su madre y Rose fueron a despedirse de él en el andén 9 y ¾. Su padre, como era de esperar, tenía asuntos que tratar, por lo que no estaba allí para despedirse de su hijo. Además, la discusión que habían tenido había impedido que se despidiese de él aquella mañana en casa. Su madre ya le había dicho que no se enfadase con su padre, pero a Hugo le daba igual. Lo único que quería ahora era marcharse de allí.
A decir verdad, tampoco es que tuviese muchas ganas de volver a Hogwarts, aunque saber que iba a ser su último año era un aliciente. La razón estaba en que durante seis años había vivido con un peso sobre los hombros, el hecho de que su padre fuese el líder de los licántropos. Ese hecho había provocado que tanto él como su hermana fuesen acusados muchas veces por sus compañeros, muchos de los cuales habían perdido algún familiar durante la guerra contra los licántropos. Lo que muchos no parecían recordar es que fue su padre quien acabó con la guerra y "humanizó" a las hordas licántropas... Por ello, tanto su hermana como él nunca habían tenido amigos dentro del colegio. Rose lo había llevado bien, pero a Hugo le costó más. Todo lo contrario que en casa.
Accedió al último vagón del tren y se sentó allí. Sacó un libro y se dispuso a leer. Sin embargo, alguien entró.
—Hola, ¿está ocupado?
Jennifer Brown. Era también de Gryffindor y también de su mismo año, pero jamás en seis años habían hablado, salvo escasas ocasiones y todas ellas siempre en clase, para pedirse algo mutuamente.
—Esto... no.
Jennifer se sentó. Hugo se quedó callado, pues no sabía qué decir. Durante años había aprendido a convivir en solitario y sus padres hacía tiempo que habían desistido de animarle a hacer amigos, pues sabían que se encontraba en una situación delicada. Por ello, que Jennifer Brown le hablase y estuviese cerca de él porque así lo quisiese era algo extraño.
—¿Te ocurre algo?
—¿Por qué estás aquí?
—El resto de compartimentos están ocupados.
—Oh, entiendo. Así que supongo que en cuanto lleguemos te marcharás y no volverás a dirigirme la palabra. ¿Es eso?
Jennifer rio.
—Si es lo que quieres. Creía que podríamos tener una conversación agradable como personas adultas.
—¿Por qué? Nunca has hablado conmigo. ¿Por qué ahora?
—Oye, estoy hablando contigo, ¿vale? ¿No es suficiente para ti?
Hugo no dijo nada, pero no le pidió que se marchase. Simplemente se dedicaron a hablar durante todo el trayecto. En cuanto llegaron los dos fueron juntos en carruaje hasta Hogwarts y los dos se sentaron juntos en la mesa de Gryffindor. Hugo no podía evitar notar que todos los miraban de forma extraña. Por la noche, Jennifer se despidió de él en la escalera que llevaba a los dormitorios, diciéndole que podrían ir juntos a clase el día siguiente. Hugo, por su parte, se durmió con una sonrisa en el rostro.
Horas después, Jennifer salió de su habitación y bajó a hurtadillas hasta los terrenos, hasta llegar a la linde del Bosque Prohibido. Allí, una figura encapuchada la esperaba.
—¿Y bien? —dijo una voz de mujer.
—Ha picado el anzuelo. Supongo que se ha quedado prendado de mí. Es cuestión de tiempo hasta que podamos dar el siguiente paso.
—Perfecto. Buen trabajo.
Se dio la vuelta y se marchó al interior del Bosque. Jennifer, por su parte, volvió a la Torre de Gryffindor. A la mañana siguiente, como había prometido, fue a las clases con Hugo. Sin embargo, al final del día, fue Hugo el primero en cansarse.
—Mira, no lo entiendo, ¿vale? ¿Es que quieres algo de mí? Jamás me has hablado y de repente ahora te comportas como mi mejor amiga. Pues lo siento, pero no voy a caer en esa trampa. Adiós.
Jennifer no pudo hacer nada por evitar que se marchase. Een vez de seguirlo salió de nuevo a los terrenos, donde se reunió con la misteriosa figura de ayer.
—Esto no es fácil, ¿vale? Sigue desconfiando de mí.
—Cariño, nadie dijo que este fuese fácil. Ese chico ha vivido repudiado una parte de su vida, es normal que desconfíe. Despliega todos tus encantos si es necesario... Pero has de ganarte su confianza.
La joven prefirió no decir nada más y volvió al castillo. Los siguientes días fue tarea imposible hacerse amiga de Hugo Weasley, pues seguía desconfiando de él. Sin embargo un día, cuando estaba siendo reprendido por el profesor de Pociones por hacer estallar su caldero, Jennifer, que era su pareja en la elaboración de la poción, dijo que había sido culpa suya.
—Gracias —musitó Hugo.
—No tiene importancia. Es que me daba pena verte así. Aunque te ves muy mono con las mejillas coloradas.
A Hugo se le pusieron entonces más rojas las mejillas, lo que hizo que Jennifer se riese.
—¿Quieres... Quieres que comamos juntos hoy? —preguntó él.
—Me encantaría —sonrió ella.
Semanas después, ya tenían total confianza y se contaban todo acerca de sus vidas. Jennifer no podía creer incluso que no se hubiese fijado antes en ese chico. Hugo, por su parte, era un poco más feliz dentro de aquel castillo. Por la noche, igual que había hecho en ocasiones anteriores, Jennifer bajó hasta los terrenos. La figura misteriosa la esperaba.
—¿Y bien?
—Creo que todavía falta un poco.
—Eso mismo dijiste el mes pasado. El señor Weasley está plenamente preparado. Lo he visto personalmente.
—Sigo creyendo que...
—Espero que no te estés quedando prendada de él, Jennifer. Ya hablamos de esto.
—No me estoy enamorando de él, ¿vale? Es sólo que... creo que no está preparado.
—Pues yo sí lo creo. Tenemos que pararle los pies a su padre cuanto antes. Así que ha de hacerse ya. Tráelo mañana, al claro que te señalé.
Y se marchó. Jennifer se quedó dubitativa y angustiada. ¿Quería hacer esto? Sí, claro que quería pero... No, no estaba enamorada para nada de Hugo Weasley.
A la mañana siguiente se encontraba en el mismo lugar, caminando junto a Hugo. Ni siquiera se preguntó por qué entraban en el Bosque Prohibido. En cuanto llegaron al claro, Hugo la miró.
—Estás muy nerviosa.
—No... No es nada.
Se miraron un momento hasta que Hugo hizo algo impulsivo. La besó. Jennifer, en vez de apartarse, rodeó su cuello con sus brazos y correspondió el beso mientras Hugo la tomaba de la cintura con sus manos. Sin embargo, pararon cuando oyeron aplaudir a alguien. Una figura encapuchada, la misma con la que se había estado reuniendo Jennifer, apareció de entre los árboles.
—¿Quién eres tú? —preguntó Hugo mientras se ponía delante de Jennifer para protegerla.
La figura se quitó la capucha, mostrando a una mujer de cabellos rizados y rubios.
—Soy su madre. Me llamo Lavender Brown.
A Hugo aquel nombre no le decía nada. Debía tener más o menos la misma edad que sus padre e incluso se preguntó si los conocería de algo.
—¿Qué quieres?
—Antes de pasar a las explicaciones, tengo que hacer algo —dijo un chasquido con los dedos y dos figuras, también encapuchadas, aparecieron de la nada y lo apresaron. Jennifer se apartó, angustiada. Hugo lo miraba sin entender nada. Lavender entonces se acercó a él y le palpó el cuello. Abrió la boca y sus dientes se transformaron en grandes colmillos, como los de un licántropos. Entonces, clavó sus fauces en el cuello del chico.
Hugo gritó fuertemente mientras sentía aquellos colmillos clavarse en la carne. Pero ante todo sentía como un calor corría por su interior, un calor que prácticamente le quemaba. En cuanto terminó, cayó arrodillado al suelo y se desmayó. Lo último que alcanzó a ver fue a Jennifer, caminando hasta su madre.
Horas después, despertó en la Enfermería del colegio. Tenía el cuello vendado. Entonces aparecieron sus padres.
—¿Qué ha pasado? —preguntó Hugo.
—Hijo, te han mordido. Una licántropo —dijo Ron.
—¿Qué? Pero eso es imposible. Los licántropos no muerden.
Hermione miraba a su marido, instándole silenciosamente a que le contara la verdad a su hijo. Ron miró a su hijo y habló al fin.
—Hay una rebelión. Dos facciones se han levantado contra el resto del grupo y ahora actúan en mi contra. Han nombrado a una líder provisional, pero están buscando a un líder legítimo.
—A mí —dijo Hugo —. ¿Y quién es esa líder provisional?
—Se llama Lavender Brown.
Hugo se quedó sorprendido.
—Ella es quien me ha mordido. Es la madre de Jennifer.
—¿Quién es Jennifer? —preguntó su madre.
—Jennifer Brown, es hija de esa tal Lavender.
Ron y Hermione se miraron extrañados.
—¿Tú sabías algo? —preguntó Hermione.
—No tenía ni idea. Lavender siempre se ha mostrado alejada del grupo.
De repente, dos personas entraron en la sala. Una era Neville, el director del colegio. La otra...
—¡Rolf! Cuánto tiempo —dijo Hermione mientras lo abrazaba. Ron frunció el ceño.
—Papá, ¿quién es?
—¿Ese? Alguien que no debería estar aquí.
—Hugo, este es Rolf Scamander, el marido de Luna Lovegood y director del Departmento de Control y Regulación de las Criaturas Mágicas.
—No me gusta como suena eso —confesó Hugo.
—Verás, Hugo, he venido para que hablemos de lo que te ha pasado y de las posibles consecuencias.
—¿Como el hecho de que sea un licántropo? No soy idiota, ¿vale? —dijo Hugo al ver las caras que todos habían puesto.
Al rato, Rolf terminó su interrogatorio y se marchó. Ron y Hermione también se fueron, prometiendo ir a ver a Hugo al día siguiente. Ahora sólo necesitaba descansar. En cuanto salieron, Hermione miró a su marido.
—¿Y bien? —preguntó ella.
—¿Y bien qué?
—¿Lo es o no lo es? Sé que puedes percibirlo.
Ron Weasley miró a su mujer mientras suspiraba.
—Sí, lo es.
