Disclaimer: Digimon no me pertenece. Pero la trama de sí.


Capítulo 12: Corazones rotos y un posible adiós

Narra Tai

De la parsimonia pasé a la angustia en solo unos segundos. Me dolía la cabeza y sentía que estaba sobre una nube. Me sentía anestesiado. Salí de la habitación y me senté en una de las sillas del comedor para aclarar mis ideas y apoyar sobre ambas manos mi cabeza. Luego de eso, lo primero que hice fue tratar de recordar en donde estaba el botiquín. Caminé en dirección a la cocina y lo busqué, debía estar en algún mueble de ahí. Lo encontré, saqué un par de aspirinas y las ingerí para sopesar un poco el dolor de cabeza que sentía. De pronto recordé la primera vez que me emborraché cuando joven. Sentía la misma sensación: que algo se despedazaba dentro de mí. Solo que esta vez no solo me dolía la cabeza y sentía que ésta se me despedazaba, sino que también el corazón.

Tomé un vaso de agua y aún con la maldita jaqueca latente, iba a pensar bien qué hacer. Antes que todo debía encontrarla. Quería correr, correr hasta hallarla. Pero era mejor esperarla en casa, en algún momento tenía que llegar. Además, con ese dolor de cráneo no creía ser capaz de llegar muy lejos.

Narra Sora

Sentía que había vuelto al inicio, me sentía igual que cuando Tai me encontró esa noche luego de ver a mi ex con otra. Solo que si hoy me encontrara otro hombre jamás se me pasaría por la cabeza terminar junto a él, estaba realmente jodida: amaba tanto a Tai que si no podía estar con él de verdad prefería morir. Llegué a esa conclusión luego de ver cómo le hacía yo para romper el maldito contrato el mismo día que lo había firmado. Cuando firmé de verdad se me había ido por completo el hecho de que Tai estaba pronto a volver. Claramente me entusiasme frente a la oportunidad. Ni siquiera fue frente a los números de mi supuesto sueldo, admito que el hecho de ganar reconocimiento en mi área fue la que más me embobó. Al final, ¿A quién no le gustaría ser reconocido para bien en su área?

Tenía tantas cosas que hacer ese día… ¿Por qué no seguí mi itinerario tal cual lo había planeado? ¿Por qué no llamé a Tai en cuanto me avisaron? Por qué a tantas cosas Dios…

Cuando llegué al primer piso del departamento, luego de sentir la primera brisa de aire en mi rostro y tras comprobar que Tai no me había seguido, empecé a realizar muchos flash back del día mismo. Recordé que me costó levantarme, que iba a cotizar telas aquella tarde, que alcancé a ir sólo a dos tiendas, puesto que estaba en eso cuando se contactaron conmigo.

-Hola, buenas tardes. ¿Con la señorita Takenouchi?

-Sí, soy yo. ¿Con quién hablo?

-¡Oh! Un gusto. Soy Joseph Miller y trabajo para la marca de ropa femenina ZankYou.

Recuerdo que en ese mismo momento dejé de hacer lo que estaba haciendo y presté atención solamente al hombre que me hablaba tras la línea telefónica.

-¡Oh!, un gusto ¿En qué lo puedo ayudar?

-Bueno Sora, en la compañía llevamos tiempo siguiendo tus diseños, junto con tu trabajo. Sabemos que eres proveniente de Japón y que llevas tiempo acá. Hemos seguido los pasos de muchos diseñadores a lo largo de este último año, entre ellos, una has sido tú. Nos interesa verte lo antes posible. ¿Cuando tienes disponibilidad? – dijo de una forma muy amable.

-¿Qué? ¿¡En serio!? – La sonrisa en mi rostro era inminente en ese momento - Cuando ustedes me sugieran. Díganme hora y lugar y ahí estaré.

Recordaba una y otra y otra vez todo. Si solo hubiese llamado a Tai luego de aquella llamada, si le hubiese dicho que me acompañara, si le hubiese dicho que nos juntáramos en el centro antes, que era algo similar al plan que tenía por la mañana…

La tarde estaba fría y el cielo tomaba cada vez un tono más gris. Si hubiese sido un día como cualquier otro probablemente estaría con Tai, abrazados en el sillón, conversando sobre qué película podríamos ver mientras además pensábamos en algo para pedir pronto por teléfono.

En cambio ahora me encontraba caminando entre la muchedumbre que a esta hora regresa de sus trabajos para llegar a sus hogares, para encontrarse con quienes aman. Yo cada mañana me despertaba esperando esa parte del día y ahora mismo me daba cuenta de cómo cambiaba todo en un abrir y cerrar de ojos, en tan sólo un par de horas… Como podía la vida estar tan empeñada en querer tenerme sola.

Como venía recién llegando a casa, no alcancé a dejar nada en la mesita de costumbre. Eso era bueno. Saqué mi celular y como es típico en una mujer, ante el corazón destruido no hay nada mejor que hacer un playlist exclusivo con canciones tristes, melancólicas, nostálgicas que escuchas por dos motivos: porque te describen tal cual te sientes o en el otro caso, y claramente no el mejor, porque te recuerdan a la persona que es el motivo de tu sufrir.

En fin, cuando ya se había oscurecido totalmente y estaba un poco más clara de ideas había asumido que ninguno de los dos podía dejar a medias lo que tanto le había costado construir. Yo realmente quería seguir en mi área y en Estados Unidos, ya que si volvía en ese mismo momento a Japón empezaría desde cero y la verdad, me pesaba el contrato. Y Tai… Tai hace mucho esperaba ser trasladado con honores y recomendaciones al lugar que lo vio nacer. Yo en realidad me sentía nadie para decirle que se quedara si en realidad él había estudiado he invertido mucho tiempo, trabajo y esfuerzo para finalmente trabajar y hacer lo que le gustaba en su país.

Cuando ya realmente no sabía qué hora era, la gente escaseaba en las calles y ya había empezado a caminar sin rumbo alguno, decidí ir y quedarme en el taller esa noche. No tenía cara para llegar al departamento. Probablemente dejaría preocupado a Tai, pero igual de probable era que si llegara discutiésemos. No íbamos a llegar a nada, ninguno podía dejar lo suyo y las cosas acabarían peor. Imaginar el panorama era sumamente fácil, lo mejor era no volver, por lo menos aquella noche. Además estaba cansada, solo quería dormir. Ni ganas de comer me habían dado y aun no me sentía mejor. Quizás iría al médico para que me recomendaran vitaminas o algo por el estilo.

El taller nunca me había parecido tan acogedor como aquella noche. Además, tenía polar entre toda mi colección de telas. Ahora amaba más ese material que hasta hace un día atrás.

.

.

.

Claramente no había dormido bien. Agradecí tener un reloj interno fijo. Me desperté pasadas las 7 am a pesar de no haber puesto alarma. Lo agradecía porque la chica que ahora trabajaba conmigo solía llegar poco después de las 8 am al taller, tenía llaves y claramente no me gustaría que me hubiese visto así: Pálida, con los ojos rojos, hinchados y en un estado en el que nuca me había visto ella. De seguro me preguntaba si me había drogado.

Suponía Tai estaría durmiendo en casa y yo necesitaba ir a buscar un par de cosas ¡Que digo un par! necesitaba sacar todas mis cosas de aquel lugar. Tai probablemente tendría que entregar el departamento y yo de todos modos no me hubiese querido quedar ahí. Las mejores experiencias en ese país habían ocurrido en aquel lugar y permanecer en el por parte baja un año entero sin el motivo de mis risas era claramente de masoquistas. Tendría que ir viendo desde ya a donde mudarme. Me quedaría algunos días en el taller, pero de todos modos debía buscar un lugar, arrendar algo. Estaría sola dentro de poco. Un apartamento de un solo ambiente me sería perfecto y actualmente contaba con los medios para pagarlo.

Me lavé la cara, ordené mi cabello y mi ropa y caminé en dirección al departamento.

La calle seguía casi tan desierta como cuando decidí irme al taller a descansar pocas horas antes. Corría una leve brisa fría, a ratos me abrazaba a mi misma o juntaba mis manos frente a mi boca para botar un poco de mi aire interno frente a estas. Caminé por inercia hasta llegar al departamento. Esa mañana si subí en el ascensor, no tenía mucho tiempo y menos fuerzas para subir hasta el piso en donde vivía Tai.

A medida que subía, recordaba todo el espectáculo ocurrido el día anterior en las escaleras. Sin que lo quisiera salió una lágrima de mi ojo izquierdo, la cual limpie de inmediato y con ella me prometí tratar de darle vueltas lo menos posible a la discusión. Mi misión aquella mañana era sacar un par de cosas y no ponerme sentimental, otra vez.

Llegué al piso, caminé lentamente hasta quedar frente a la puerta del departamento, saqué la llave y de ahí hasta que ingresé todos mis movimientos fueron tres o cuatro veces más lentos. No sabría explicar si fue porque intentaba no hacer ruido, o porque me costó trabajo ingresar al tener la certeza de que él estaba ahí.

Lo primero que hice fue buscar a Tai, quería saber si estaba, y si se encontraba bien.

Entré, di un par de pasos y ahí lo vi: tendido sobre la cama con la misma ropa que el día anterior. Las ganas de recostarme junto a él me carcomían, pero sabía que no era lo correcto. A quien quiero engañar, ya no había un nosotros, solo faltaba acabar de manera formal, pues todo lo que había pasado el día anterior era la base sobre la cual ambos posaríamos el termino de nuestra relación.

En ese momento el anillo en mi dedo ejerció una presión que no pude pasar inadvertida. Lo contemple y sí, lloré. Jamás había estado tan cerca de formar lo que siempre soñé: Una familia, un nosotros con alguien.

Alejé esos pensamientos por un momento para ir en busca de unas frazadas y tapar a Tai.

Luego empecé a buscar en el ropero que cosas llevar. Finalmente saqué todo y no lleve nada. Me senté por unos minutos a los pies de la cama, hasta que caí en cuenta de que el tiempo tampoco estaba conmigo esa mañana.

Fui por mi laptop, un par de documentos y dos chaquetas. Iba a empezar a buscar un departamento ese mismo día, para ello necesitaba mi computadora. Agradecía haber juntado mucho y casi no haber gastado de forma innecesaria. No habían miedos respecto al dinero, a sí me alcanzaría y a sí podría comprar todo lo esencial para comenzar a vivir sola en otro lugar.

Comí algo rápido, solo por comer porque hambre no tenía y me devolví a contemplar a Tai una última vez aquel día para finalmente salir. Sabía que tendríamos que hablar en algún minuto, pero no quería que fuera pronto. Iba a estirar lo más posible la situación. Había mucho que hacer y hoy si que no me saldría del itinerario como lo había hecho el día anterior.

El frío y el sueño estaban haciendo lo suyo en mi cuerpo, y aun ni siquiera era medio día. Algo a lo cual jamás me niego es a una buena taza de café, incluso en días soleados. Siempre encuentro escusas para uno. Y ese día en especial podría beber unas 8 tazas y me sentiría más justificada que nunca a ingerirlas.

Pasé a una cafetería lejana a todo, tanto del departamento, del taller y del trabajo de Tai, cosa de no ser ubicada por él en caso dé.

Tomé un taxi, hace mucho que no me subía a uno. Era hasta acogedor. Cuando a lo largo del trayecto divisé una cafetería que tuviese mesas dentro, le pedí al chofer bajar. Necesitaba un lugar en donde pudiese estar con la laptop por un tiempo que ni yo sabía cuánto sería.

Hice la fila dentro del local y de la nada se me antojaron dulces. Le hice caso a mi cuerpo luego de un par de minutos, era natural que este me pidiese azúcar a gritos. A eso sumemosle el hecho de tener problemas de presión baja, haber comido la nada el día anterior, el frío del día y mi estado anímico. Compre 2 pasteles, un muffin y mi anhelado cappuccino vainilla extra grande.

Ya con toda esa comida en mi poder y el calor del café sintiéndose de forma latente sobre mi piel, busque asiento en el segundo piso de la cafetería.

Ese era el primer momento, desde lo ocurrido con Tai, en que sentía cierta paz dentro de mí. Por fin me sentía tranquila, en un lugar donde estar fija un momento, ante la calidez que éste me daba y lo sabrosos que estaban los alimentos. Sentía que mis glándulas salivales producían más líquido que de costumbre. De verdad que parecía un antojo. Reí ante mi reacción al comer, devoré todo mientras buscaba en mi computadora lugares para vivir. Solo buscaba que fuera algo de un ambiente, ni siquiera me importaba que fuese en un lugar céntrico, yo solo quería algo lindo donde poder vivir y sentirme cómoda.

El tiempo ahí se me pasó mucho más rápido de lo que hubiese imaginado. Ya en mi libreta tenía dos hojas llenas de direcciones de departamentos que según las características dadas en internet, me parecían gratos para vivir.

Los precios no eran tan elevados como imaginé. Realmente el hecho de buscar algo pequeño y de un ambiente me ayudó mucho. Podría haber pagado algo incluso de dos piezas por si se me antojaba hacer otro taller en casa o algo para mi trabajo, pero luego de pensar un poco, consideré ir a casa a desconectarme, ya muchos problemas me estaba causando ahora mismo lo laboral, con mi taller bastaba.

Luego de, verdaderamente aburrirme de buscar y de comer, porque compré dos veces más en la cafetería, me fui. Estaba de mejor ánimo, pero no de salud. En ese momento tomé la decisión de darme una semana, a lo más dos para sentirme mejor y si el cansancio no se iba, realmente iría a ver médico. Quería y debía rendir, y si continuaba así dudaba de aquello, sobre todo para con mi nuevo trabajo, desafío, o lo que fuese.

Abandoné el lugar sabiendo que volvería. Por un momento sentí un nudo en el estómago al pensar en ir con Tai a futuro. Me invadió nuevamente la tristeza al saber que no podríamos ir por unos cafés juntos, que ya no visitaría nada con Tai. Tai… Me costaría acostumbrarme a estar sin él, el hecho de pensar que dentro de poco más de una semana se iría hacía que me diera una puntada en algún lugar dentro de mí, aun no sabía si cerca del estómago o del corazón. Traté de espantar esos pensamientos. Asumir que habría un adiós me dolía a tal punto de querer llorar hasta dormirme. Caminé en dirección al primer lugar que había en mi lista. Debía encontrar algo lindo para vivir lo antes posible.


Narra Tai

No dejaba de mirar y dar vueltas aquel boleto. Aún me encontraba sin asimilar que estaba todo listo. Poco después de que las aspirinas comenzaran a hacer efecto di vueltas en el departamento. Sora había sido quien me había tapado. Nadie más tenía llaves. Aparte, conociéndola… Estaba seguro de que ella había estado ahí. Luego de un rato una llamada me sacó de mis pensamientos. Corrí a buscar el aparato con la esperanza de que fuese Sora la que me llamaba. Corrí en busca del aparato, sabía que ella andaba con su teléfono porque me di el tiempo de marcarle por si sonaba dentro del departamento, sin embargo, para ese entonces tenía activado el buzón de voz. Corrí por correr, era mi jefe.

-¡Yagami! ¿¡Dónde estás!? - Su voz me generaba cierto odio en ese minuto.

-Disculpe, creo que he tenido una de las peores noches de mi vida. Tengo un dolor de cabeza que se lo encargo – Las palabras salieron sin más. Sin embargo, hubiese querido que contuvieran el odio y la rabia del momento.

- ¿Tú saliendo de noche? ¿Qué pretendes? ¿Hacer llover? – Quería sonar chistoso. No le resultó.

- Hoy no estoy para bromas. De verdad que me siento mal. No llamé a tiempo, pero es que… - Me interrumpió.

-Ya Yagami, ya entendí. Tomate el día y si sigues mal ve a un médico y me mantienes al tanto de cualquier cosa. ¿Okey? - Dijo sin inmutarse ni nada por el estilo.

- Gracias – No atiné a decir nada más, sentía hasta flojera de hablar con él.

- De nada. Te llamaba para saber porque no estabas. Pero descuida, no está en uno el enfermarse. Nos vemos y descansa - Dicho esto, colgó.

Lo único que hice fue caminar hasta mi habitación y tirarme pesadamente sobre la cama. Miraba el techo y con cada segundo que pasaba, todo se me hacía más desconcertante y más claro a la vez. Ya sabía que Sora esa tarde no llegaría. Aun no entendía como habíamos llegado a esto. Sabía que Sora dormiría en el taller, no tenía otro lugar a donde ir y aún no sabía como hacer para hablarle. Todo era tan jodidamente extraño. Sin embargo, algo debía hacer, y sí, yo lo tenía que hacer, sabía que Sora no lo haría, y realmente no la culpaba.

Pasé todo el día en casa. Con suerte ingerí comida, lo que sí, bebí más café ese día que en los 10 finales de semestre de mi carrera juntos. Dormí a ratos, y a saltos por lo demás. Mi mente estaba alerta por si ella llegaba, sin embargo, no fue así y dormír tan ligeramente y mal fue en peor.

8 de la tarde. Había puesto una alarma para despertar al atardecer. Si no estaba a esa hora en el departamento iría al taller y la esperaría ahí toda la noche de ser necesario. Tenía llaves y necesitaba verla.

Narra Sora

Mi cuarta opción fue la definitiva. Una amplia pieza y un gran espacio común. Piso 10, centro de la ciudad, balcón pequeño y baño con tina. Eran eso de las 6 de la tarde cuando finalmente le di el sí a ese lugar. La dueña era una joven profesora que había vuelto a vivir con sus padres y no estaba utilizando el departamento. No tenía en sus planes volver, debido a que sus padres contaban con problemas de salud y quería cuidarlos ella misma. Si no habían problemas podría estar ahí fácilmente un año. La chica solo me pidió un mes más el de garantía y firmar el típico contrato de siempre. Eso me generó más confianza y empatía con ella.

Había comido todo ese día. Dicen que el dormir mal produce ansiedad y ahora yo era testigo y fuente confiable de aquello. Y como me sentía tan fatal me permití los gustos. Mi cuerpo ya estaba pasándola muy mal por culpa de mi corazón como para más encima yo privarle la azúcar que deseaba.

Luego de dejar listo todo el trámite para irme lo antes posible a mi nuevo hogar, pasé a la misma cafetería a la cual fui en la mañana. Le escribí un correo a mi mamá y a una amiga, necesitaba echar un poco de mi pena y rabia fuera. Lloré un rato, nadie me vio y estaba en una mesa apartada de todos, me lo permití porque lo necesitaba. Estuve ahí hasta las 9 pm, que fue cuando cerró el lugar. Compré cosas para llevar porque claramente en el taller no tenía donde refrigerar ni cocinar y en vista de mi hambre ese día, preferí tener algo para llenar mi estómago en caso de ponerse molestoso nuevamente.

Me sentía algo más tranquila que el día anterior a esa misma hora. Quería bañarme, me sentía un poco incomoda y deseaba dormir sobre una cama, pero Agradecía la alfombra acolchada que tenía en el taller, era maravilloso dormir sobre ella.

Ingresé y como venía de ver departamentos, me fijé en que mi taller era mucho más grande de lo que recordé. Estaba dividido en tres partes, que eran como 3 cubos: En el primero, estaba la vitrina, modelos de tajes en maniquíes, ropa sobre colgadores, modelos listos, etc. Todo lo que podía mostrar a la clientela. En el segundo cubo estaban mis máquinas de coser, la larga mesa para apoyar y medir las telas y bajo ésta, mi ahora tan amada alfombra. En el último compartimiento, ubicad en la parte trasera, estaba todo lo que no debía estar en ninguno de los dos compartimientos que ya mencioné: cachureos varios.

Ingresé al lugar, deje las llaves sobre el mostrador que hay en la entrada. Pasé a la especie de segundo cubo y prendí la luz. Dejé mi bolso y la comida sobre la mesa para medir y al verme despojada de bolsas y demases me recargué sobre la pared, permitiéndome embriagarme por unos segundos con el olor del café que aún traía conmigo. Estaba en eso cuando sentí rechinar la puerta que estaba frente a mí.

Ya sabía quién era, pero no estaba preparada para verlo, menos para hablarle, para aclarar todo.

-Era obvio que llegarías acá. Sora debemos conversar- Dijo Tai saliendo despacio desde el último compartimiento de mi taller. Sus ojos reflejaban que había dormido mal, su cara reflejaba tristeza y cansancio. Un revoltijo de sensaciones comenzaron lo suyo dentro de mi pecho: sentía las ganas de correr hacia él y abrazarlo fuerte, como también de dar la media vuelta y correr para nunca más verlo y sentir que con cada paso que daba lograba sacarlo más de mi corazón.

Pero todo fue en vano, solo sentí a mis piernas flaquear, diciéndome: "Sora, de acá no nos podemos mover"

Y entonces comprendí que por más que arrancara, ya no iba a poder escapar. Aquella conversación de la cual no quería ser parte estaba frente a mí. La mirada y el aspecto de Tai era angustiante, moría por abrazarlo, por llorar en su pecho. Yo simplemente quería llorar, quería que mis lágrimas hablaran y fueran ellas las encargadas de acabar con todo, de correr mientras el dolor disipaba y que además fuesen estas capaces de dar el último adiós. Y no yo.


Quizás muchos deben haber pensado que me morí (ok no xd) porque nunca actualicé. El año pasado traté de quedar lo más al día y lo logré. ¡Ya voy en quinto año! *-* y espero no atrasarme para acabar este año mi carrera. Deséenme suerte, que entro ya en un par de días y solo tuve un mes de vacaciones (y que yo ocupé para trabajar u.u)

Según el documento, este capítulo lo inicie el 16 de julio de 2016. Y sí, estamos a 2 de marzo de 2017 (ni que me quedase tan bueno para haberme demorado tanto en subirlo xd) pero bueno, hice un compromiso conmigo de culminar este fic y en eso estoy.

La verdad, ayer me leí mi fic completo en el trabajo :3 y aparte de reírme de lo mal que escribía (porque no sabía utilizar los guiones sobre todo jaja) los primeros capis me hicieron tan poco sentido, después me acordé de que este fic lo empecé poco después de terminar y bueno… Ya entienden para donde voy :B xd

Empecé el siguiente capítulo, pero para que darles una fecha, entre el trabajo, la tesis, ver anime y la vida… Soy la peor, pero por lo menos sé que lo terminaré.

No sé qué más decirles, apartes de pedirles disculpas por no actualizar en tanto tiempo. Ojalá aún queden lectores de esta historia. Que tengan linda semana y perdón si el capítulo no es lo que esperaban u.u (Si alguien quiere hablar de Digimon Tri conmigo, soy todo oídos que escriben. Han sacado tanto poster Taiora que mis esperanzas de que acaben juntos revivieron en sobremanera *-*

Me despido. Muchos cariños :)