Dita

Cuando llegué a la nave Ezra fue la persona que me recibió, yo y algunas reclutas más nos estábamos presentando y ella no dejaba de excusarse porque la comandante no había podido ir. Desde el comienzo me agradó, es tan dulce y comprensiva. Siempre que tengo un problema se que puedo recurrir a ella. Pero si había algo que me había intrigado de Ezra todo el tiempo que la he conocido, era cómo se había enamorado tanto de Rebeka-san. Si bien tardé bastante, eventualmente vi qué era.

Yo siempre pensé que algún alienígena debía de haberse posesionado de la mente de Rebeka-san, o al menos no encontraba razón para que se estresara tanto. Lo que más me asustó en ese momento era que todos siempre andaban diciendo lo mucho que se había soltado.

Pero Ezra tiene razón, hay algo en ella que hace que sea una buena persona. Siempre tiene buenas inteciones, o por lo menos, trata de tenerlas. Yo siempre andaba con Ezra y ella no se molestaba. Yo escuché una vez que decía que nadie era mejor que Ezra para hacer que me adecuara a la nave y si bien en eso tenía razón, ella también me ayudó bastante. De todas las veteranas ella es a quien más admiro.

A pesar que soy muy torpe y siempre me estoy equivocando (por lo que Meia y Jura siempre me están renegando) Rebeka siempre se esforzaba en corregirme. Siempre me decía que le recordaba a Ezra. Nunca me sonrió, debo admitirlo, pero no era necesario.

Olvidé mencionar algo... Al comienzo ella me odiaba. Me trataba peor de lo que se trata a un mal alienígena y yo no soy ni siquiera uno bueno. Pues entonces...

El primer día que llegué, como mencioné, ella no nos recibió. Parece que era costumbre que ella lo hiciera, porque Ezra no dejaba de diculparse por su ausencia.

Opino que la primera cosa que le molestó a Rebeka-san fue que me hiciera amiga de Ezra. Cuando llegué a la nave estaba muy sola y me sentía perdida, pero con el tiempo me di cuenta que al igual que en mi unidad natal podría hacer reír a las personas. Tomé el rol de calma-tensiones.

Ahora que ha pasado tanto tiempo desde entonces no puedo dejar de preguntarme qué pensaba Rebeka-san de mi... Nunca me lo dijo a la cara pero se que no le agradaba. Nuestras personalidades son completamente opuestas, la ironía cabe en que ambas fuésemos cercanas a Ezra.

El evento que causó el cambio de actitud de la comandante hacia mi fue cuando la hice reír. Poco a poco había conseguido su aprecio ezforzándome en los entrenamientos y con algunas torpezas mías, pero la epítome fue en el cumpleaños de Ezra. Por razones que desconozco me encargaron que llevase el pastel. Siempre he sido y creo que seguiré siendo, una persona muy torpe y creo que Dana-san me encargó hacerlo porque predijo que algo pasaría y, de hecho, pasó.

Cuando me disponía a caminar hacia Ezra con el pastel tropecé y no fue sobre ella en donde cayó este, sino sobre Rebeka. Pensé que me aniquilaría, pero no lo hizo. Rio. Con toda el alma. Me dijo luego que le había recordado algo de hace mucho tiempo, y me dio una palmada en la espalda. Todas estaban sorprendidas, excepto Ezra, ella sabía que tendría cabida dentro del corazón de su pareja en algun momento.

Me gustaría terminar diciendo que, si hay alguna relación de pareja que me gustaría emular con mi Alienígena sería la suya. Ahora que estamos en esta época tan calma y preciosa me gusta ver como Ezra tiene una familia tan bonita.

Dita,

26 años.

La Fiesta

-¿Una fiesta?- preguntó Ezra, extrañada.

-Es el cumpleaños de Meia y pues, creo que nunca antes le había hecho una...- dijo Jura, sonriendo. Solo quiere un pretexto para hacer una fiesta pensó Ezra, pero prefirió no decirlo para evitarse problemas.

-Solo quiere una excusa para hacer una fiesta- dijo Barnette, sonriendo, al lado de Jura.

-ESO NO ES... Completamente cierto...-rió. Todas lo hicieron.

Aparentemente tendrían una fiesta. Lo único que necesitaban era el permiso de Okashira.

...........

-¿Una fiesta?- preguntó Okashira extrañada.

-Es el cumpleaños de Meia y pensamos que eso la alegraría un poco...- dijo Jura, medio seria medio riendo. Tengo el presentimiento de que lo único que ella quiere es un pretexto para hacer una fiesta salvaje...

-Esta bien Jura, te dejaré hacer esa fiesta con una condición- la mente de la anciana había formulado un malévolo plan.

-¿Cuál?- preguntó Barnette con el deseo de que fuese imposible de cumplir. Jura solía olvidarese de que eran pareja cuando estaba ebria y ella, por su parte prefería evitar que eso sucediera.

-Que vaya Buzam a la fiesta, y que se divierta.

La sonrisa en el rostro de Jura se desvaneció. Barnette sonrió. Ezra rió. Será interesante de ver pensó la joven mirando a la desconsolada rubia.

-De acuerdo- dijo finalemente la mente maestra- BC irá- Quiera o no pensó, quiera o no..

...........

Buzam A. Calessa, mejor conocida como BC, nunca había gustado de la fiestas. Jamás. Desde que llegó a la base hacía más de 10 años había evitado cada reunión social. Nadie sabía a qué se debía esto y Buzam no hacía mucho por evitar esa gran incógnita. Sin embargo, ni esto ni nada iba a detener las ganas de Jura de hacer un fiesta. Necesitaba algo de acción, algo divertido. No había habido ninguna clase de reunión social desde navidad.

No tenía un plan elaborado, no era Dana, pero sabía cómo lograr su objetivo.

-¡Subcomandante!- llamó Jura

-¿Si Jura?- Buzam sospechaba algo, su intuición jamás la había traicionado.

-Me preguntaba si sabía que el cumpleaños de Meia es dentro de poco...- entraba al terreno lentamente.

-No, no lo sabía. Conociéndola no creo que quiera celebrar nada...

-Al contrario, escuché que anhelaba que se celebrara su onomástico- propuso Jura con sutileza...

-¿En serio?- BC levantó una ceja y Jura percibió su incredulidad.

-... Esta bien, supongo que no puedo engañarte...- todo iba de acuerdo al plan- La verdad es que quiero hacer una fiesta para levantar los ánimos, he sentido algo de estupefacción últimamente...

-Yo también... Pero, ¿Por qué me preguntas estas cosas a mi, no deberías hablarlo con Okashira?- Bingo dijo Jura para sus adentros.

-Es que dijo que podía hacer una fiesta mientras que tu fueses y te divirtieses...- había llegado al punto finalmente. La respuesta de la subcomandante se hizo esperar unos segundos.

-... De acuerdo, pero no aseguro de que me divertiré, eso es asunto tuyo Jura...- apenas hubo terminado la oración Jura puso pies en polvorosa, en parte porque temía que Buzam cambiase de opinión y en parte para empezar los preparativos. No tenía mucho tiempo, no podía desperdiciar ni un segundo. Sería la fiesta del siglo.

...........

Jura Basil Elden tardó mucho en planear la fiesta, y quizás aún más en pensar como sorprender a Meia. Rebeka, que fue la última en enterase que se llevaría a cabo la celebración, pensó que sorprender a Meia solo la haría enojar.

-¡Por Kami! ¿Cómo se te ha ocurrido esto? ¿Tienes ganas de morir o algo?- fue su primera reacción.

Sin embargo, por insistencia de Ezra (quien opinaba que el asunto sería interesante de ver) terminó ayudando con la planificacción. Si bien no era una líder innata se había convertido en una bastante buena y su ayuda y control colaboraron considerablemente al planeamiento.

Meia, por su parte, notaba que algo extraño sucedía. Todos se mostraban sospechosos a su alrededor, pero no le dio mayor imporancia. Lo último que se le pasaba por la mente era lo que en verdad estaba ocurriendo. No parecía lógico, mucho menos posible, asi que cuando vio que Barnette preparaba un pastel, decidió ignorarlo.

...........

-¡SORPRESA!- excalmaron las piratas cuando Meia entró al comedor. Ella se resignó a encoger los hombros y fruncir ligeramente el ceño cuando sus ojos calleron sobre el gigantesco cartel de Feliz Cumpleaños Meia. Hubiera preferido irse, pero detrás suyo Rebeka había cerrado la puerta y ella no era de la clase de persona que gustaría de una confrontación con la capitana del Paraíso

-¿Estás molesta Meia?- preguntó Dita, con ojos que no le permitirían a la aludida decir que en verdad estaba a punto de matar a alguien.

-Algo- logró decir, y tomó asiento. En este permaneció alrededor de una hora, luego de la cual logró escabullirse del comedor sin que las demás se dieran cuenta.

Las verdaderas intenciones de la organizadora de la fiesta se vieron evidenciadas cuando, luego de la huída de Meia, la fiesta conitinuó con mayor intensidad. Los lentes de Parfeit, como se había hecho tradición, terminaron perdidos en la mitad de la nada. Luego de haberse tomado unos quince vasos de cerveza Rebeka estaba extrañamente cariñosa y, para Dana, era cuestión de aprovechar la situación para hacerla pasar alguna verguenza.

-Rebeka-chan...- dijo Ezra, frontándose los ojos, mientras jalaba el polo de Rebeka. Esta cantaba a voz en cuello junto con Eliza y Lana.

-¿Qué sucede?- preguntó la comandante preocupada, luciendo nuevamente su asombrosa habilidad para detener los efectos del alcohol momentaneamente cuando se trataba del bienestar de Ezra.

-Tengo sueño...- dijo la castaña. Rebeka sonrió, a veces parecía una niña pequeña.

-¿Quieres que nos vayamos?

-No, no te preocupes- señaló una de las mesas y el asiento acolchado que estaba unido a esta- Voy a dormir allí, despiértame cuando te vayas.

-¿Segura?- preguntó Rebeka, no quería que Ezra se incomodase por su culpa.

-No hay- bostezó- problema

-De acuerdo, pero si te quieres ir solo avísame... Puedo cargarte si quieres- Ezra rió y besó a su pareja en los labios suavemente, para luego caminar hacia el lugar que había decidido sería su cama esa noche.

...........

Las bebidas alcoholicas abundantes y el frenesí causado por estas llevaron a las piratas a disfrutar del simple placer de jugar juegos tontos de ebrios y cuando las cosas se ponen interesantes no falta quien se aproveche para sacar verdades al aire.

-Juguemos algo...- propuso Kiza, con un vaso de cerveza en la mano, balanceándose ligeramente hacia los lados.

-¿Que tal... "Yo Nunca"?- dijo Eliza, con una notoria sonrisa en los labios.

Y de esa forma, con tal simple y vana propuesta, comenzaron aquel juego en el que las intimidades fácilmente son develdas. Comenzando con tonterías como "Yo nunca he orinado en la bañera" y "Jamás he metido mi mano al inodoro" el gran grupo que acabó jugando tal tontería pronto comenzó a dirigir propuestas con el único objetivo de causar verguenza a determinados individuos.

Kiza pensó un momento y, digamos que el alto nivel de alcohol en su sangre le ayudo un poco, logro formular la prupuesta.

-Yo nunca he tenido sexo en el registro- de acuerdo, el acohol era enteramente culpable de aquella oración. Digamos que en cierta ocasión Kiza abrió la puerta en un momento muy íntimo.

Los ojos de Geena cambiaron de amarillo a gris por unos segundos y su mirada quedó depositada sobre Lana. Ella, sin rencores ni verguenzas tomaba el vaso enfrente suyo. No podía dejar que pensaran que su mujer le sacaba la vuelta en el registro, era momento de admitir sus pequeñas aventuras bajo y sobre la mesa de este. Miró el vaso, tomó de él y lo depositó sobre la mesa. Las risas no se hicieron esperar.

-¡Siempre lo sospeché!- exclamó Rebeka, riendo con toda libertad.

-Nunca voy a poder ver esa mesa de la misma manera- insinuó Kiza... Hubo un silencio...

Rieron por un poco más de tiempo, el sonrojo en el rostro de Geena no era algo que se viese todos los días. Lana, por su parte disfrutaba mucho el verla asi. Sin embargo, todas las risas se cayaron en cuanto Kiza se dio cuenta de a quién le tocaba proponer. Había llegado el momento que todas temían, la ronda había llegado a Dana.

-Es... Tu turno Dana-chan...-dijo Eliza, lo suficientemente alto como para ser escuchada pero aún asi como en un murmullo. Rebeka sintió un escalofrío, sabía que ella sería el objetivo de la propuesta de Dana, si algo había aprendido con los años era que su amiga nunca perdería una oportunidad de molestarla. Dana, por su parte, tenía algo en mente...

Sonrió, era su oportunidad. Hacia ya tiempo que no ponía a Rebeka en una situación incómoda y qué mejor momento que ahora. Su sonrisa se hizo macabra. Y, mirando directamente a los ojos de Rebeka, habló, lentamente, como aquellos que en un juicio leen la sentencia:

-Yo nunca he tenido sexo con Ezra-chan

No había ni un ruido en la habitación.

Alrededor de veinte pares de ojos se fijaron sobre la capitana, quien miraba el vaso enfrente suyo sin moverse. Podía mentir, después de todo Ezra estaba dormida. Pero, en primer lugar, debía admitir que las demás no habían tenido reparos en admitir cosas de esa misma índole. En segundo lugar, bien dicen que los borrachos no mienten y todos allí estaban con los niveles de alcohol preligrosamente altos.

Respiró hondo y, mientras su rostro adoptaba un color rojo intenso, lo tomó y bebió del vaso. Lo dejó nuevamente sobre la mesa y el silencio se rompió unos breves instantes después.

-¡Lo sabía!- exclamó Dana, se había salido con la suya. Rebeka levantó la mirada y vio directamente a sus ojos. No había en ellos ni una gota de rencor como esperaba, ni siquiera se le veía incómoda. Dana suspiró y dejó caer sus brazos con fuerza a los lados de su cuerpo. Todas las demás mantenían un silencio sepulcral, las miradas aún puestas en Rebeka y una que otra que resbalaba hacia Ezra quien, dormida a pocos metros, ignoraba completamente que sus intimidades estaban saliendo al aire.

Si, tarde siglos en poner un nuevo capítulo y, la verdad, estuve apunto de abandonar este fic. Pero hay algo en él que me hizo retomarla y quizas tenga 4 capìtulos más antes de su fin.