Me despierto una vez mas, recordando con cada despertar la perdida que hace casi un mes tuve que vivir. Dormir no ayuda a olvidar, sólo a no pensar y a dejar de sentir por un breve lapso de tiempo este dolor y este vacío inmenso que me carcomen por dentro. No es ya de noche, no es tampoco de día, es la hora en que las primeras luces de aurora iluminan el oriente anunciando que pronto el sol se asomara en el horizonte.
Sea de día o sea de noche no importa, el dolor en mi alma sigue latente. Veo en el reloj en la cómoda a un lado de mi cama que son apenas las 5 de la mañana. No puedo seguir aquí acostada, salgo de la cama y me visto rápidamente con un conjunto deportivo de pantalón y sudadera en color negro, me calzo unos tenis rojos y me hago una coleta alta para después dirigirme fuera de mi habitación.
Necesito correr, necesito sentir el aire rozando mi rostro, necesito pensar, necesito mi soledad, necesito llorar y necesito resignarme a que ese pequeño ser a quien perdí nunca a mi lado estará. Camino por entre los pasillos de la mansión, paso por la habitación que habíamos remodelado para que la ocupara mi bebe. Me quedo pensativa y al fin abro la habitación y entro, clavando mis ojos en las paredes pintadas de azul cielo, algunos juguetes de bebe y en el centro de la habitación la cuna donde está la pequeña cobija en color azul que con paciencia tejí ansiando abrigar con ella a mi bebe, a mi pequeño bebe que jamás traje a casa y que nunca estuvo en esta cuna.
Me detengo. Pienso en la noche en que mi pequeño fue fecundado, en lo que sentí cuándo me entere de que él se estaba formando dentro de mi vientre, en la sensación de sentirlo moverse, en la ilusión con que lo espere para tenerlo entre mis brazos y verlo crecer pero eso nunca podrá ser.
De pronto, siento una lagrima traicionera rodando por mi mejilla. Pensé que las lágrimas que le había llorado a mi pequeño habían acabado aquel día en que a solas sostuve en mis brazos su cuerpo aun tibio. Limpio las lagrimas que quieren seguir saliendo de mis ojos, tomo una bocanada para aliviar el terrible dolor en mi garganta y después salgo de la habitación, salgo de la mansión y me alejo hasta llegar al parque donde comienzo a trotar, como sin con trotar buscara que el dolor de haber perdido a mi pequeño quedara atrás.
El tiempo pasa. No se si son horas, minutos o segundos, sólo sé que de pronto el sol aparece por el horizonte y sintiéndome agitada y cansada camino a una de las bancas donde me dejo caer y después le doy un sorbo a mi botella de agua para refrescarme. Sigo sola en el parque, está sensación de vacío nunca se va pero cuando entonces me comienzo a relajar y siento que puedo poner en orden mis emociones aunque sea por un instante, veo del otro extremo del parque a una mujer que se entretiene con su bebe que parece estar aprendiendo a dar sus primeros pasos. Sí, había creído que podría tener controladas mis emociones, pero entonces el pensar que jamás veré a mi bebe aprendiendo a dar sus primeros pasos y viviendo la vida que no vivió, siento como si todo dentro de mi se derrumbara, un dolor se apodera de mi garganta, un dolor que me ahoga, que no me deja respirar.
"Makoto." Escucho que alguien me llama. Se quien es ese alguien, podría reconocer su voz aun cuando pasaran mil años sin escucharlo. No quiero responderle y aunque quisiera, de mi garganta en este momento no sale la voz. "Mako." Susurra nuevamente. Yo no le respondo y entonces siento su mano tibia tocando mi hombro. Él se sienta a mi lado, busca mi mirada pero yo evado mirar sus orbes azules. "Perdóname pequeña."
Pequeña, escucho esa forma en que él siempre me ha llamado. Su mano tibia estrecha la mía y entonces, aunque quiero evitarlo, las lágrimas comienzan a salir a borbotones de mis ojos. Él no me dice nada, me estrecha entre sus brazos y en su hombro me deja llorar.
¿Sera que él me comprende?... Sí, aunque no lo hubiera creído antes, me doy cuenta ahora de que él es la única persona que puede comprender mi corazón, lo siento en mi alma, lo siento en mi corazón.
Una horrible pesadilla.
Makoto se despertó gritando como solía hacerlo desde hace algunas semanas, su corazón golpeaba violentamente su pecho, sus manos se encontraban temblorosas y el sudor corría por su rostro ante la horrible pesadilla que día y noche se volvía a repetir, como si fuera un aviso premonitorio y de la cual tenia tanto miedo.
Instintivamente llevó una de sus manos al ya abultado vientre, como queriendo cerciorarse de que su bebe estaba bien y al sentirlo moverse sintió como el alma le volvía al cuerpo.
Escuchó de pronto que llamaban a la puerta y después la voz de Rei preguntándole si podía entrar a lo cual ella respondió que "sí" pues ante la ausencia de Andrew, su cuñada era la única persona que lograba tranquilizarla cuando tenia esas pesadillas que la acechaban.
"¿Estas bien Makoto?" Preguntó Rei acercándose a la cama, sentándose junto a ella. "Te escuche gritar."
"Sí." Respondió Makoto. "Es sólo que… de nuevo soñé que mi bebe nacía muerto." Dijo Makoto, sintiendo como una lagrima traicionera se asomaba por su mejilla. De cierto era que cuando recién había salido embarazada había deseado por momentos tener un aborto espontaneo, pero pese a que aun era una adolescente, el sentir crecer a su bebe dentro le había hecho comenzar a amarlo, a madurar, a ver las cosas de otra manera y lo ultimo que deseaba era que algo malo le sucediera a su hijo. "Soñé que lo tenia en mis brazos… un niñito rubio como Andrew… pero que estaba muerto." Dijo Makoto cuando las lágrimas le permitieron hablar.
Rei puso una mano sobre el hombro de su amiga y cuñada, no sabia las palabras exactas que podría usar para consolarla, pues suponía que al ser madre primeriza estaría asustada ante la idea de tener que dar a luz, de que algo se fuera a salir de control y que su hijo se viera afectado, además de claro, la ausencia de Andrew, quien en ese momento se encontraba en Alemania debido a que su hijo había enfermado.
"Makoto… tranquila amiga, todo va a estar bien." Le sonrió Rei. "Él medico te ha dicho que necesitas estar tranquila, además ya sólo faltan dos semanas para que nazca tu bebe."
Makoto esbozó una sonrisa, quería creer en las palabras de Rei, quería creer que pronto tendría a su bebe entre sus brazos y que estaría bien, que nada malo pasaría además de que no quería incomodar a su cuñada con lo mismo.
"Tienes razón Rei, seguro nada malo pasa."
Rei iba a decir algo, mas entonces se escuchó la voz de Darien quien llegó y al ver la puerta de la habitación de Makoto abierta entró, llevando consigo un bote de plástico de reconocida marca de helado de yogurt.
"Mi amor." Saludó Darien a su novia, dándole un beso en los labios. "Hermanita, les he traído helado de yogurt."
Darien le entregó el bote de yogurt a Rei, mas entonces dio cuenta de que ambas estaban muy serias y después de los ojos enrojecidos de Makoto, que parecía haber estado llorando, al ver a su hermana en ese estado, de nuevo a él volvió aquel sentimiento de rabia contra Andrew, desde que él les había anunciado en aquella cena que él era e padre del hijo que esperaba Makoto la amistad entre ambos parecía haber terminado, aquella noche le había metido un puñetazo en el rostro, queriendo golpearlo una y otra vez por haber embarazado a su hermana, por haber jugado con ella, por haberla dejado sufriendo por tantos meses, mas tanto los Kino como los Hansford habían impedido una pelea entre ambos y él al final había desistido no sin advertirle por supuesto a Andrew que no hiciera sufrir a su hermana, porque entonces si lo pondría en su lugar y por lo que se daba cuenta, a casi tres meses de aquel suceso, Makoto de nuevo estaba llorando ante la ausencia de Andrew.
"¿Qué tienes Makoto?" Preguntó Darien, sentándose al borde de la cama.
"Nada." Respondió Makoto, quien pese a querer mucho a su hermano prefería hablar de sus inquietudes con su cuñada, después de todo, ambas eran mujeres, seguro seria mas fácil que Rei la entendiera que Darien desde su posición de hombre y hermano celoso.
"No tienes porqué decirme que nada." Dijo Darien, con aquel dejó de rabia en su voz. "Es por Andrew… ¿Verdad?... ¡Semejante imbécil te fuiste a conseguir para padre de mi sobrino!"
"No hables así de él." Respondió Makoto. "Yo también accedí a estar con él, si él tiene alguna culpa entonces también yo lo soy, porque aun sabiendo que tenia una prometida no me detuve."
"¡No lo defiendas!" Replicó Darien. "¿A poco no te parece un hombre inestable Makoto?... Primero te promete amor, después cuando descubre que Serena está embarazada le falta coraje para defender ese amor que dice que siente por ti, después deja a Serena porque se entera que estas embarazada y justo hace tres días regresa de nuevo a Alemania… ¿Cómo puedes estarlo defendiendo?"
Makoto sabia las razones por las cuales Andrew había tenido que viajar a Alemania, mas eso no era suficiente como para que ella no se sintiera celosa, sabia que de no haber sido porque su hijo había enfermado, Andrew no la habría dejado sola a dos semanas para que se acercara la fecha de dar a luz, pero las palabras de Darien eran suficiente para incomodarla, para sentirse celosa e insegura al saber que estaría cerca de Serena.
"¡Porque Andrew me ama, por eso lo defiendo!"
"Pues yo no…
"¡Te puedes callar Darien!" Exclamó Rei, quien clavó sus orbes amatistas en Darien, logrando que guardara silencio con tan sólo ordenárselo una vez, con que sólo lo mirara con aquellos ojos de mirada profunda, algo que nadie hasta entonces había logrado, salvo ella, su novia. "No hables si ni siquiera estas seguro de lo que vallas a decir… ¿De acuerdo?... De sobra sabes tanto como nosotras las razones por las que Darien viajó a Alemania, sé que estas enojado, pero deja de tirar tu maldito veneno contra él cuando por si no te has dado cuenta tú eres el único que sigue enojado… ¡Ya supéralo!"
Darien se quedó en silencio, sabia que su novia tenia razón, era ella la única que se lo hacia ver. Desde que se había enterado de que Andrew había embarazado a Makoto, una y otra vez lo había maldecido, le había retirado su amistad, lo miraba como un enemigo por haberse "robado la inocencia" de su hermanita, por hacerla sufrir, mas si se detenía a pensar las cosas tenia que reconocer que pese a todo, Andrew desde que se enteró había estado con ella, como un hombre enamorado y responsable de su paternidad.
"De acuerdo, entonces no diré mas nada." Dijo Darien, quien se arrepintió de lo que había dicho, aunque no pensaba admitirlo. "¿Les gustaría ir a cenar?" Preguntó mirando a Rei y después a Makoto."
"Vallan ustedes solos." Respondió Makoto con seriedad. "Yo me quedo."
Darien, quien aun estaba con aquel sentimiento de culpa, se acercó a la cama, sentándose a su hermana, queriendo convencerla de que los acompañara, pidiéndole disculpas por haberla echo enfadar, cuando de pronto escucharon algunos pasos fuera de la habitación, como si alguien se acercara y entonces escucharon la voz de una de las empleadas domesticas quien venia conversando con alguien mas, con alguien cuya voz Makoto reconoció enseguida y le hizo sentir como si el alma le volviera al cuerpo luego de tres días.
"¡Mi amor!" Entró Andrew, dentro de la habitación, quien tan sólo verla, sin siquiera detenerse a saludar a Darien o Rei, se dirigió a la cama, siendo recibido por Makoto quien le echó los brazos al cuello y respondió a los pasionales besos que él le daba. "¡Como te he extrañado, en estos días me has hecho tanta falta!"
"Y tu a mi." Respondió Makoto. "¡Mi Andrew, ya quería estar en casa!" Exclamó Makoto, refiriéndose al departamento donde ahora ella estaba viviendo con Andrew, ubicado en una de las mejores zonas de Londres, el cual había dejado durante los tres días que Andrew estaba ausente, pues estando tan próxima a dar a luz no era conveniente que se quedara sola. "¿Cómo está tu hijo?"
Andrew esbozó una media sonrisa, estrechando de nuevo a Makoto entre sus brazos, deseando no haberse alejado de ella durante esos días en los que había creído enfermo a su hijo, de cierto era que el pequeño Andy había estado enfermo de resfriado, mas Serena había exagerado las cosas para hacerlo ir, para intentar seducirlo e incluso rogarle que se quedara a su lado, mas nada había tenido resultado, pues Andrew tenia demasiado claros sus sentimientos.
"Andy sólo tenia un poco de resfriado." Respondió Andrew. "Digamos que Serena exageró las cosas." Andrew miró como la sonrisa del rostro de Makoto desaparecía lo cual le hizo suponer que no le agradaba saber que Serena seguía haciendo sus intentos por retenerlo. "No te pongas así mi vida." Dijo Andrew tomándola de la barbilla. "Mira, yo quiero a mi hijo, siempre voy a ver por él y lo voy a frecuentar, pero a quien amo es a ti, no tienes nada que temer… ¿De acuerdo?"
"Por supuesto que no tiene nada que temer." Interrumpió Andrew. "Como hagas sentir mal a mi hermana te mato."
"¡Darien, por favor!" Lo hizo callar Rei, dedicándole una mirada asesina.
"No te preocupes Rei." Dijo Andrew, quien ayudó a Makoto a ponerse de pie. "Le demostrare a mi cuñadito cuando amo a mi Makoto, ahora si me permiten, yo y mi mujer nos iremos a nuestro hogar."
Rei y Darien acompañaron a Makoto y Andrew hasta afuera de la mansión, donde se quedaron mirando a través de la ventana hasta que él auto de Andrew se alejó de casa, perdiéndose en aquella obscura noche.
"Es tan joven, sólo tiene 17 años." Dijo Darien con un dejo de tristeza. "Apenas y faltan dos meses para que cumpla 18, no era esto lo que yo quería para mi pequeña hermana."
Darien lo miró de lado y esbozó una sonrisa, sabia cuanto quería Darien a su pequeña hermanita, lo sobreprotector que era y de cierta manera lo comprendía, pues ella también tenia una hermana pequeña quien vivía en Japón.
"¿Sabes mi amor?" Lo tomó Rei del brazo, logrando que él volteara a verla, clavando sus orbes azules en los de ella. "De cierta manera te comprendo, también me dolería si Hotaru saliera embarazada a temprana edad… ¿Pero sabes una cosa?... Sí ella fuera feliz no me importaría, hasta seria feliz por ella y tú debes hacer lo mismo, entender que Makoto es feliz con Andrew."
"¡Pero Andrew es muy mayor para Makoto!"
"¿Y?" Preguntó Rei, poniéndose las manos en la cintura. "Tú y yo nos llevamos 5 años y eso no fue impedimento para estar juntos… ¿O si?" Dijo Rei quien se acercó a él y se paró de puntillas para darle un beso, un beso que el correspondió con pasión y desenfreno, encontrando el camino dentro de su boca, recorriendo las suaves curvas de su novia con ansiedad. "No están tus papás… ¿Verdad?" Preguntó Rei jadeando cuando la falta de aire los hizo separarse.
Darien comprendió la sugerencia de su amada, la tomó entre sus brazos y aprovechando que las empleadas domesticas no estaban a la vista subió con ella por las escaleras, dirigiéndose a su guarida, donde le daría rienda suelta a la pasión que sentía por su amada.
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Andrew y Makoto se encontraban en la cama, desnudos bajo las sabanas, luego de que al haber llegado a casa hubieran terminado por querer recuperar el tiempo perdido durante los tres días que habían estado juntos; pese a que Makoto tenia ya 34 semanas de embarazo, eso lejos de provocar que su deseo por Andrew desapareciera era como si hubiera aumentado, se mostraba mas insaciable que antes, mas sensible, deseando estar con Andrew a todo momento y aunque él a veces sentía temores de lastimarla, jamás se resistía, era inevitable, aunque siempre teniendo cuidados para no lastimarla ni a ella ni a su hijo.
"Te amo tanto." Susurró Andrew. "Mi niña preciosa, siempre te voy a cuidar, a ti y a nuestro hijo."
Makoto esbozó una sonrisa, estar así, entre los brazos de Andrew le hacia sentirse tranquila, olvidarse de aquellos horribles sueños que frecuentemente tenia.
"Yo te amo a ti Andrew."
Andrew le regaló una sonrisa, acariciando su vientre abultado y se acercó a los labios de ella, besándola suavemente, sintiendo como ella le correspondía, como se estremecía ante su contacto; Makoto tan sólo sentir el calor de su cuerpo de nuevo sintió excitarse, el éxtasis del exquisito placer recorriéndola y tomó una de las manos de Andrew, posándola sobre sus senos y él, como si entendiera lo que ella quería, comenzó a estrujárselos, deslizando su lengua desde el cuello de ella, hasta llegar a su delicioso pezón, de nuevo la pasión se estaba apoderando de ellos, mas entonces el momento se vio interrumpido cuando Makoto sintió un dolor en el vientre y lo apartó de su lado.
"¿Sucede algo?" Le preguntó Andrew preocupado, notando aquella expresión de dolor en su rostro.
"No es nada." Respondió Makoto. "Fue sólo un pequeño… Ahhh."
"Makoto… ¿Qué te sucede Makoto?" Preguntó Andrew preocupado cuando notó en su rostro que él dolor no pasaba y que se llevaba las manos al vientre. "¿Estas bien?"
Makoto iba a decir algo, pero entonces sintió otro dolor en el vientre y se dio cuenta de como la cama se mojaba, justo donde estaba sentada ella, supo entonces que se le había rotó la fuente y que pronto nacería su hijo o hija.
"Andrew… ¡Ayúdame!" Le suplicó mirándolo temerosa.
Andrew inmediatamente se puso de pie, vistiéndose rápidamente y tomando un vestido de ella para ayudarla a vestirse, de cierto era que ya había estado con Serena meses atrás, cuando había dado a luz, pero aun así no podía evitar estar preocupado por Makoto, por su querida Makoto.
Algunas horas después…
Después de varias horas de estar en el quirófano, pasando por el dolor de cada dilatación, temerosa por su bebe, pero siempre con el apoyo de Andrew que había estado a su lado, tomándola de la mano, apoyándola en todo momento, Makoto escuchó que los médicos murmuraban que al fin su bebe había nacido, que era una niña; pese a sentirse agotada por el trabajo de parto, ella se esforzaba por verlo, ansiaba poder tocarlo mas entonces se dio cuenta de que no lloraba, y la preocupación se hizo presente.
"¿Qué sucede Andrew?" Le preguntó a Andrew en un susurro, quien estaba a su lado, tomándola de la mano, pero mirando con preocupación a su hija. "¿Qué sucede Andrew?... ¿Qué demonios sucede?" Preguntó tratando de sentarse en la cama.
"Mi amor, tranquila por favor." Susurró Andrew, quien trataba de hacer que ella se recostara.
Makoto no quería dormir, no quería que le dijeran que estuviera tranquila, su instinto de mujer y ahora madre le hizo saber que algo no estaba bien con su pequeña y pese a que Andrew y las enfermeras trataban de tranquilizarla, pese a lo agotada que estaba se puso de pie, luchando contra los médicos, arrebatándole a su pequeña a una de las enfermeras, dándose cuenta de que pese a que su cuerpo a un no estaba frio, no tenia pulso, no tenia vida.
"¡Hijita!... ¿Qué tiene mi niña?... ¡Haga algo por ella, por favor!"
Makoto comenzó a llorar desgarradoramente al darse cuenta de que su pequeña niña había nacido muerta, aferrándose al pequeño cuerpecito inherte que le trataban de arrebatar, hasta que de pronto escuchó la voz de Andrew que le hablaba suavemente.
"Mi amor, tranquila, todo está bien."
Mi niña… ¿Dónde está mi niña?" Makoto abrió los ojos, sintiéndose aun cansada por el trabajo de parto, dándose cuenta de que Andrew estaba a un lado de ella, tranquilo, ¿pero donde estaba su pequeña. "¿Dónde está mi niña?... ¡Quiero verla!" Exigió tratando de incorporarse, pero Andrew la obligó a descansar.
"Mi amor, tranquila, nuestra pequeña está bien." Le susurró Andrew. "En un momento la traerán, estaba muy preocupado por ti, tuvieron que sedarte y hubo un momento en que te quedaste dormida, te amo."
Andrew le pasó una brazo por alrededor del hombro, acercándose a ella para darle un suave beso en los labios.
"Muchas gracias por este regalo mi amor, nuestra pequeñita es preciosa, como tú."
Makoto al sentir los brazos de él rodeándola se sintió tranquila, reconfortada, no había nadie en el mundo que pudiera hacerla sentirse tan plena como Andrew y entonces, cuando de nuevo sus labios se habían unido en un beso la puerta de la habitación se abrió y entró una enfermera, quien llevaba en brazos a su pequeña, quien estaba envuelta en una cobijita en color rosa.
"Le he traído a su niña, señora Hansford." Dijo la enfermera, poniendo en brazos de Makoto a la pequeña Sayuri.
Makoto tan sólo ver a su pequeña no pudo evitar que algunas lagrimas salieran de sus ojos ante las distintas emociones de alegría, plenitud y tranquilidad que le provocaba el ver a su pequeña, quien tenia el cabello de un color castaño, pero un poco mas claro que él de ella y las mejillas sonrosadas, al tomarla en sus brazos se prometió notó como la pequeña abría los ojos, como queriendo buscar el rostro de su madre y se dio cuenta de que tenia unos ojos en color azul claro.
"Mi pequeña." Susurró Makoto y de nuevo las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos. "¿Crees que seré capaz de cuidar bien de ella Andrew?" Buscó la mirada de su amado.
"Cuidaremos muy bien de nuestra princesita, no te preocupes." Respondió Andrew, dándole un beso en la frente a Makoto y tocando una de las pequeñas manitas de su hija, quien tomó fuertemente uno de sus dedos. Ambos se quedaron en silencio un momento, contemplándola. "Mi pequeña es hermosa como mamá, pero sin duda tiene el color de mis ojos." Sonrió Andrew.
Makoto se quedó pensativa un momento, no podía evitar recordar que así como Andrew tenia los ojos azules, también de ese color los tenia Sapphire.
"¿Sucede algo mi amor?" Preguntó Andrew. "¿Por qué estas tan seria?... ¿Acaso no estas feliz?... En dos meses estaremos divorciados y podremos casarnos, nuestra pequeña Sayuri está saludable, hermosa, podremos estar al fin los tres juntos.
"Andrew, no se como decírtelo." Titubeó Makoto. "Yo sé que tú me amas, que incluso también amas a Sayuri pero…
"¿Volvemos de nuevo a lo mismo?" La interrumpió Andrew. "¿Cómo no podría amar a mi princesita?... Es preciosa como tú, es mi hijita y no quiero que te vuelvas a preocupar por tonterías como las pruebas de paternidad, las hare felices a las dos."
Makoto iba decir algo, pero entonces él la hizo callar con un beso en los labios, con un beso que ella correspondió con la misma entrega, dejando que él encontrara su camino dentro de su boca, hasta que él beso se vio interrumpido por un balbuceo de la pequeña y ambos se echaron a reír, suponiendo lo inquieta que seria su hija, sobre lo hermosa que era.
"Por cierto." Lo interrumpió Makoto. "¿Cómo están nuestros padres?... ¿Ya vieron a Sayuri?"
"No." Respondió Andrew. "Y de hecho me encargaron que cuando despertaras y la enfermera trajera a Sayuri les avisara para venir a verlas… ¿Pero sabes?... En este momento quiero ser egoísta, quiero tener a mis dos mujeres para mi sólo."
"¡Que malo eres!" Exclamó Makoto, fingiendo una molestia que lejos estaba de sentir, pues en el fondo ella también deseaba tener ese momento a solas con Andrew y con su hija, sin que nadie las interrumpiera. Sabia que Andrew la amaba, que no le importaba si Sayuri era o no su hija biológica, pero algo dentro de ella le decía que era hija de Andrew.
¿Qué si estaba arrepentida de su vida?... Para nada, pese a que le faltaran dos meses aun para cumplir los 18 años se sentía una mujer plena, feliz, completa y aunque no estudiaría en Le cordon bleu de Paris, no se detendría, estudiaría gastronomía en Londres y después cumpliría su sueño de tener su propio restaurante; en cuanto a él, se sentía mas feliz que nunca, no le interesaba que Sayuri fuera o no su hija biológica, aunque si ella deseaba esclarecer esa duda la apoyaría y aunque el resultado no fuera el esperado, él siempre seguiría amando a su pequeña Sayuri, a su princesita, en tanto que también se haría cargo de su hijo, procurando visitarlo con frecuencia, ¿Qué se había equivocado al casarse con Serena? Sí, se había equivocado, pero no se frustraría por ello y se permitiría ser feliz y ser el mejor de los padres para sus dos hijos, así como el mejor marido para Makoto.
Fin.
Notas Finales: ¡Chicas!... ¿Cómo ven?... Pues si, al fin terminó "Vida no vivida"… ¿Les gustó el final?... Espero que si hahaha.
Lucecita: Amiga, muchas pero muchas gracias por tu amistad, por las charlas tan agradables por msn, espero el fic te haya gustado… ¿Cómo vez?... Al final Sayuri no murió.
Maga del sur: ejem… ¿Quién decíamos que era una asesina de Sayuritas?... ejem, como que no escucho que te retractes y estoy sentida hahaha, no te creas.
Bien chicas, muchas gracias a las dos por su apoyo y claro, también al lector silencioso que lee y no comenta. Las quiero y nos vemos en "Vita Mia: Alias Lita."
Y ya para irme, no se pierdan "Pasión obscura", un fic sobre un triangulo amoroso entre Mina, Yaten y una enigmática OC, está entre mis historias.
Gracias.
Atte:
Mademoiselle Rousseau.
