Prometí actualizar pronto y aquí está.
El siguiente capítulo es bastante fluffy y no tiene nada del caso. Espero que os siga gustando y no dejéis de comentar.
Bss.
Lady
Cap. 12 – Ángela
Perdone, señorita – sonó una voz detrás de Ángela.
Ángela estaba en el hospital, en la sala donde descansaban todos los recién nacidos. La tarde anterior, mientras Booth y el equipo continuaban investigando, la había pasado junto a Brennan y no le habían permitido ver a la niña, a pesar de lo mucho que insistió y de lo pesada que se puso con las enfermeras. Cuando volvió a casa ya eran más de las once y Hodgins se había dormido esperándola en el salón.
Pero esa mañana, al ver la puerta de la habitación abierta y nadie vigilando en el interior, aprovechó la oportunidad de conocer al bebé. Buscó en las incubadoras del fondo hasta encontrar una en cuya tarjeta podía leerse: "Booth-Brennan". Sonrió al ver a su ahijada. Booth tenía razón, era tan pequeña….
Al oír que la llamaban la atención se dio media vuelta, muy despacio, temerosa de la reprimenda que la podía caer si le pillaban ahí, en esa sala, sin permiso. Una enfermera la miraba con expresión asustada, Ángela no la culpó de ello. Al fin y al cabo era ella la que no debía estar en esos momentos allí.
Oh…. Perdone – dijo Ángela con una sonrisa temblorosa - Es que la puerta estaba abierta…
¿Es usted pariente de la niña?
Bueno no….o si. Soy su madrina y algo así como su tía – la enfermera frunció el ceño al oír el "o algo así" – Su madre es mi mejor amiga, y trabajamos juntas. Y el padre de la niña y mi novio también trabajan con nosotras. Y luego está nuestra jefa y un chico muy inteligente pero algo torpe con las relaciones personales – Ángela sonrió nerviosa – Supongo que lo que trato de decir es que somos como una pequeña familia.
Mientras Ángela hablaba, la enfermera se fijó en la tarjeta donde ponía el nombre de la niña, y de inmediato su expresión cambió de asustada a triste. Ángela, que por primera vez en su vida no se dio cuenta de algo así, se dispuso a pedir disculpas de nuevo y salir de allí:
Los siento mucho, de verdad…. Sé que no debería haber entrado pero es que quería conocerla y verla. No volveré a entrar sin permiso. Lo juro.
¿Es usted amiga de Temperance Brennan? – la enfermera no le dio tiempo a Ángela ni a dar dos pasos antes de preguntarle.
Si, ella está…ella está mal – contestó con un hilo de voz - Está en coma.
Lo sé – contestó la enfermera, comprensiva. De pronto se acercó a Ángela y susurró – Puede que durante media hora me quede en esta habitación…pero está sorda y ciega.
Ángela salió de allí treinta minutos más tarde, hacia la habitación de Brennan. Justo apenas le quedaban tres metros para llegar a la puerta cuando vio a Booth salir de la estancia. No tenía muy buena cara y parecía no haber dormido en toda la noche.
Hola, cariño ¿Estás bien? – dijo ella nada más verle – No tienes muy buena cara, la verdad.
No he dormido nada – Eso Ángela ya se lo había imaginado – Me he despertado constantemente, soñando que Brennan no se despertaba y la niña…ella…moría. No podré soportarlo. Necesito que se recuperen las dos. Necesito que Brennan esté en casa conmigo, y que juntos formemos una familia….. Sé que suena bastante cursi, lo siento.
No, no tienes que pedir perdón por lo que deseas – contestó Ángela con una sonrisa – Los sueños sólo son eso, sueños. No quiere decir que realmente vaya a suceder nada de lo que tu subconsciente se ha inventado. Muy pronto estaréis juntos, los tres.
Gracias, Ángela. Creo que realmente necesitaba que alguien me dijera eso.
De nada. ¿Te vas a quedar?
No. Voy a ir a ver a la niña y después me iré al FBI.
Es preciosa – dijo de pronto Ángela.
¿La has visto?
Una enfermera me dejó quedarme un rato con ella. Es una niña preciosa y muy fuerte. Saldrá adelante. – Booth ya se iba cuando Ángela le volvió a llamar – Nunca dijisteis que nombre ibais a ponerle.
No lo sabíamos – contestó él – Nunca lo habíamos discutido, ni siquiera sabíamos si era niño a niña. Pero a mi me gusta Elizabeth.
No está mal. Elizabeth Booth……Me gusta – sonrió.
Entró en l habitación y Booth continuó su camino. Las persianas estaban completamente subidas, de manera que la luz del sol iluminaba toda la estancia. En una mesa, al lado de la cama, había un jarrón de cristal con narcisos amarillos, y Ángela pudo adivinar la mano de Booth en ello. Sonrió.
Ángela había sabido, desde un principio, que la antropóloga y el agente del FBI acabarían juntos. Tanta tensión sexual era difícil de ignorar. Ni siquiera teniendo en cuenta que al principio Brennan no soportaba a Booth, ni el hecho de que ella le sacara de sus casillas con sus tecnicismos científicos. Se alegró más que ningún otro al oír la noticia de que por fin estaban juntos, pero también de que además iban a tener un hijo. Y en lo único en lo que podía pensar en esos momentos era en que Brennan se despertara y tuviera por fin la familia que tanto había deseado.
