Capítulo 12

Noche Buena

Shizuo copó el sillón. No quedaban otros muebles sanos, así que Izaya debió tomar la silla de trabajo. Es cómoda, aunque no tanto como para dormir en ella. Izaya no consigue conciliar el sueño.

Ese momento de paz le hace ver a su alrededor, pero lo único que le llama la atención es Shizuo. Fueron varias las veces las oportunidades en que la bestia llamó a su puerta y buscó problemas. Incluso, recuerda haberlo visto llegar en su cumpleaños, aunque para darle una paliza, no para felicitarlo, ni siquiera sabía que era su cumpleaños.

Esta vez, es diferente. Muy diferente a muchas otras veces. No esta ahí para golpearlo, sino para protegerlo. Puede decirse a si mismo que juzgó mal a la bestia, después de todo, pese al odio inmenso y a todo lo que le hizo Izaya, ahí esta, firme en su puesto. O no tan firme, porque puede escuchar como ronca.

Tal vez es hora de que Izaya sea más sincero con sigomismo.

Una vez Simón lo acorraló y le dijo que su único miedo era perder a Shizuo, que tenía un complejo con él. Izaya no ve el supuesto complejo, si es una obsesión, es una obsesión, no hay nada complejo ahí. No importa. A veces se ha preguntado si Simón tenía razón o no, después de todo los conoce desde que son adolescentes y detuvo sus peleas muchas veces, sentándolos a comer o simplemente platicandoles sobre como deberían comportarse. Una vez, hasta les hizo lavar los platos, pero la paz no duró mucho.

No hay caso. No importa como lo vea, él no puede vivir en paz con Shizuo. Son como el tigre y la oveja, Izaya, por supuesto, es la oveja y debajo hay un lobo.

Si bien alguna vez se preguntó porque él era como era, su personalidad, su forma de ser, no hizo más que culpar a sus padres en la respuesta. Éso le ahorró una cuantas sesiones de terapia, a las que, de todas formas, no pensaba ir.

Y ahora, entre tanta palabrería, no esta más que alargando la respuesta que él mismo debe darse a sí mismo ¿Qué es lo que quiere?

Ahí esta Shizuo, quebraron hace poco un limite. Ése es el límite máximo entre todo. Hoy las personas lo toman con mayos ligereza, pero la verdad es que el sexo pone limites, porque es algo del control social. Entre amigos, y novios, el sexo es el límite, entre amigos y amigos con derecho, vuelve a ser el limite, entre hermanos, padres, tíos, sobrinos y raritos, es el límite también. Las culturas nos dicen con quienes nos podemos acostar y con quienes no. No importa. Shizuo y él quebraron ese limite. Puede decirse a si mismo que nada cambió, sería mentirse. Shizuo esta durmiendo en su sala.

Él va a hacerse una confesión a sí mismo: quiere que pase.

Izaya se levanta y camina silencioso hasta el sillón. Shizuo esta con una pierna sobre el respaldo. Con un brazo se cubre los ojos y el otro esta en el pecho. Ya lo ha visto dormir, lo espió desde la ventana otra veces. Todo lo que pueda contar Izaya sobre Shizuo, hará pensar a cualquiera que se trata de un acosador. Pero no lo es, sólo hace lo que se le da la gana, no se reprime, como muchos otros y éso le trae problemas. Él mismo se esta pensando ahora si la historia entre ellos tendrá algún desenlace, además de pelas y batallas.

De todas formas ¿Por qué Shizuo esta aquí? ¿Para qué?

¿Qué está esperando de él?

Izaya se inclina y pone una mano en la pierna que esta sobre el respaldo del sillón. Despacio, la baja hacia el centro, hasta la entrepierna y ahí acaricia por sobre la ropa. Shizuo frunce el ceño y gruñe, se mueve un poco, sin despertar.

-¿Shizu chan?- lo llama.

Shizuo abre los ojos, como por instinto y luego mira abajo, a la mano que lo esta tocando y que no se detiene.

-¿Qué haces?

-Relajate.

-Estas enfermo.

-Te ví ahí y te me hiciste tentador.

-Eres un asco.

-Si vamos a pasar una noche juntos, al menos que sea amena- presiona un poco sobre la ropa.

Shizuo parecía estar dejándose, pero de pronto, tiene la mano del hombre sobre el pecho, que lo toma de la ropa y lo lanza al piso. Izaya cae y su herida da contra la dureza de la madera.

-Ah...- su grito se ahoga en el dolor. Hasta puede sentir como sus puntos se abren.

Sí duele, al punto de que sus ojos se llenan de lágrimas. Lo siguiente que siente, es como Shizuo lo toma por la ropa y lo arrastra, hasta levantarlo. Izaya siente vértigo en el estómago, cuando es alzado y luego lanzado contra el sillón. Pueden pensar que siguió un beso o algo romántico, pero lo próximo que Izaya recibe, fue un apretó en el cuello.

-Eres un enfermo ¡No quiero que vuelvas a tocarme!

Izaya esta aturdido, no logra ni defenderse. Pero para su suerte Shizuo sí reacciona y se detiene cuando nota los ojos de otro envueltos en lágrimas. Enseguida retira la mano y luego ve como Izaya se encoge sobre sí y hecha a llorar.

No hay forma de que Shizuo entienda que esta pasando.

/

Como el guerrero que se retira de su batalla, Shizuo fue a sentarse a la silla de trabajo y quedó mirando por la ventana, en silencio. Hay muchas respuestas que puede dar a lo que pasó, pero las mimas valen sólo para personas normales, no van para un Izaya. Entonces no tiene respuesta y cada vez que escucha los suspiros del otro, se pregunta porque llora. Esta sorprendido de haber encontrado que esa persona lloraba.

No contó el tiempo, y ya siente que ha sido mucho. Presta atención a los sonidos del otro y descubre silencio, lo que lo tranquiliza. Su problema ahora es que la silla de trabajo era incomoda para dormir.

Shizuo estira las piernas y queda mirando el techo. Será una noche larga.