Capitulo 11
Eran alrededor de las nueve de la mañana cuando Terry abrió los ojos. Estaba acostado en su cama, desnudo. Sobre su pecho reposaba una cabeza de rizos rubios. Sonrió al recordar lo sucedido, hacía mucho tiempo que no había estado con una mujer, y con Candy había sido todo muy pasional. Habían pasado la noche entera haciendo el amor, probando diferentes posturas, hasta quedar completamente agotados, ella no había mostrado reparos en satisfacer las necesitadas de Terry.
Un suave gemido le hiso notar que Candy estaba despertando, le acarició el cabello tiernamente.
- Buenos días – Le dijo con una sonrisa.
- Buenos días, Terry – Se veía hermosa con la cara enrojecida y el cabello alborotado - ¿Qué hora es? – Le preguntó, algo somnolienta.
- Son las nueve de la mañana.
- En un rato debo estar en casa... si no se preocuparán.
- De acuerdo – Se levantó de la cama y se puso sus bóxers – Creo que tu ropa quedo en la sala... iré a buscarla.
- Gracias.
Candy volvió a desplomarse sobre la cama, había sido una noche magnifica, Terry era un excelente amante, y era evidente que no había tenido sexo en mucho tiempo. Sabía que era una relación sin futuro, pues ninguno de los dos estaba en condiciones de mantener ningún tipo de noviazgo serio, pero nada les impedía pasar un buen rato.
Unos segundos después, Terry volvió a entrar a la habitación, pero no era la ropa de Candy lo que llevaba en las manos, bueno... eso creía.
- Lo siento mucho – Dijo Terry. Candy se dio cuenta que lo que tenía en las manos si era su ropa, solo que hecha jirones.
- Pero... – Estaba confundida - ¿Qué ha pasado? – Se levantó de la cama, vestida únicamente con su ropa interior.
- Ha sido Rafe – Contestó Terry – No sé qué demonios le pasa a ese perro.
- ¡Oh! – Tomó la ropa que Terry había dejado en la cama, estaba completamente deshecha - ¿Cómo iré a mi casa ahora?
- Bueno... no ha llegado a morder tus zapatos – Le dijo, señalándole el par de zapatos negros de tacón que estaban en el piso – Y yo puedo prestarte algo de ropa... te quedará un poco grande.
- Pues... creo que no tengo otra opción – Terry se dirigió a su armario, y saco una remera y unos jeans, los más pequeños que tenía, aunque estaba seguro que le quedarían enormes – Aquí tienes.
- Gracias, Terry – Le dijo mientras se los ponía. Él había estado en lo cierto, le quedaba muy grande.
- Te pagaré la ropa.
- No es necesario – Le dijo, despreocupada – No ha sido tu culpa.
- Te juro que Rafe no suele comportarse de este modo, tal vez deba llevarlo al veterinario.
- No creo que sea necesario. Si me lo preguntas a mí... Está celoso.
- ¿Celoso?
- Si ¿A cuántas mujeres has traído a este apartamento?
- Solo a ti.
- Pues ahí está el problema. Esta celoso porque le prestas atención a otra persona, además de él. Es normal que pase eso.
- ¿Cómo sabes tanto de perros?
- Como te lo he dicho... Solía vivir en un rancho, siempre me encargaba de los animales. Cuando era pequeña una de las perras había tenido cachorros, y mi padre me dejo quedarme con uno, estaba todo el tiempo conmigo, y dormía en mi cama... se ponía furioso cuando me vía prestarle atención a los otros animales.
- ¿Y cómo lo solucionaste?
- Se dio por vencido y termino por acostumbrarse.
- ¿Crees que deba traer más mujeres aquí? – Le dijo, bromeando.
- ¡Claro que no! – Exclamó ella, riendo – No me gusta compartir mis amantes – Se acercó a él y puso sus manos en su musculoso pecho – Puedes llamarme siempre que lo necesites – Lo beso en los labios – No sé si te lo he dicho... pero lo pase muy bien anoche.
- Creo haberlo escuchado unas doscientas veces – Sonrió y la beso de nuevo.
- Es hora de que me vaya – Se separó de él a regañadientes.
- Espera que me vista y te llevo.
Quince minutos después, Candy y Terry se estaban despidiendo dentro del auto con un beso apasionado.
- Nos vemos mañana en la escuela – Le dijo Candy, antes de bajar del auto.
Cuando ella entró a su casa, Tom y George la estaban esperando tras la puerta, con caras preocupadas.
- ¿Dónde has estado? – Preguntó Tom - ¿Tienes idea de la hora que es?
- Lo siento – Candy se sintió cono una adolescente siendo regañada por sus padres.
- ¿Y por qué estas vestida de esa manera?
- Pues veras... – Comenzó a decirle, algo nerviosa – He tenido problemas con mi ropa, y uno de los profesores me ha prestado esto.
- ¿Puedes explicarte mejor? – Candy se cansó de esa situación, y recordó que Tom no era su padre, sino su primo.
- ¡De acuerdo! – Exclamó – He pasado la noche entera haciendo el amor con el entrenador del equipo de futbol de la escuela, y su celoso perro destruyó toda mi ropa ¿Estás conforme con esa explicación?
Tom y George se sonrojaron.
- No queríamos saber tanto – Le dijo su primo, avergonzado.
- Pues eso no es lo que decías hace dos minutos.
- De acuerdo... solo estábamos preocupados porque no habías llegado a dormir, ahora que esas aquí nos quedamos más tranquilos.
- Bien... iré a tomar una ducha.
ooo
El lunes por la mañana, Candy había llegado a la escuela con diez minutos de retraso, esperaba no tener problemas con Albert por ello, últimamente no sabía cómo podía llegara a reaccionar. Llegó hasta la puerta de su curso y le sorprendió ver a una mujer impartiendo su clase.
- ¿Quién es usted? – Preguntó, entrando al aula.
- Mi nombre es Margaret Rosenberg – Le contestó la mujer, sin prestarle demasiada atención.
- Su nombre no me interesa – Candy comenzaba a perder la paciencia – Lo que quiero saber es porque está impartiendo mi clase.
- El señor Andrey me llamó ayer por la tarde para hacer una suplencia en literatura – Dijo con fastidio – Solo hasta que consigan un profesor titular.
- ¡Yo soy la profesora titula! – Gritó Candy.
- Pues le recomiendo que lo hable con el señor Andrey y deje de interrumpirme.
- ¡Claro que lo haré!
Salió furiosa del aula y se dirigió a la oficina de Albert. Patty la estaba esperando, con una sonrisa cretina en los labios.
- ¿Qué demonios está sucediendo aquí? – Le preguntó.
- Pasa, por favor... Albert te está esperando.
Candy entró a la oficina. Albert estaba tras su escritorio revisando unos papeles, no se sorprendió al verla.
- ¿Qué es todo esto? – Le preguntó furiosa. Pero Albert no pudo contestarle porque en ese momento, alguien golpeo la puerta.
- Adelante.
- ¿Quería verme? – Fue Terry quien entró a la oficina, le resultó raro que lo mandaran a llamar y encontrarse con Candy también allí.
- Tomen asiento, por favor – Dijo mientras sacaba dos sobres del escritorio y se los entregaba.
- ¿Qué es esto? – Preguntó Terry, recibiendo el sobre.
- Su liquidación – Le contestó Albert – Están despedidos.
- ¿Qué? – Exclamó Candy, poniéndose de pie abruptamente - ¿Por qué nos está despidiendo?
- He sido muy claro con ustedes cuando dije que, en esta escuela, no se permitían las relaciones sentimentales entre profesores – Les dijo cruzándose de brazos – Todos hemos visto como, en el baile de primavera, los dos salieron afuera para hacer quien sabe que cosas, y no puedo permitir esa clase de comportamiento en esta escuela.
- ¡Usted es un maldito HIJO DE PUTA! – Gritó Terry, sin el más mínimo respeto.
- ¿Esa es la clase de vocabulario que aprendes en el ejercito? – Dijo Albert, burlón. Terry intentó tirársele encima, pero Candy se lo impidió.
- Déjalo, Terry, no vale la pena – Lo tomó del brazo, y luego se dirigió al rubio – Eres un maldito mentiroso. Dices que en "tu" escuela no se permiten relaciones entre profesores, pero si mal no recuerdo, hace algunas semanas, me invitabas a cenar y me decías que amabas – Albert parecía inescrutable - ¿Cómo se llama eso? ¿O acaso al director si se le permite mantener relaciones con profesores?
- No me importa lo que pienses – Fue firme en su decisión – Esta es "mi" escuela, y hago lo que yo quiero.
- Pues quédate con tu maldita escuela – Fue lo único que dijo Candy antes de salir violentamente de la oficina.
- Puedes despedirnos – Le dijo Terry a Albert – Pero nunca la tendrás a ella.
- ¡Largo!
Terry corrió tras Candy, logró alcanzarla cuando estaba cruzando la puerta de la salida, tenía lágrimas en los ojos.
- No llores, por favor – La abrazó para que se calmara.
- Es que es tan injusto.
- Lo sé, pero no debes deja que ese desgraciado te ponga de ese modo... no lo mereces.
- Tampoco tú.
- Sabré arreglármelas como siempre lo he hecho, además tengo la pensión que me da el estado por ser ex combatiente.
- Tendré que conseguir otro empleo – Comenzó a preocuparse – No quiero abusar de la amabilidad de mi primo por demasiado tiempo.
- Eres una mujer inteligente, no te será difícil conseguir algo.
- Eso espero, Terry.
- Ven – Le dijo mientras la conducía hacia su auto – Te llevaré a tu casa.
ooo
Habían pasado tres semanas y Candy seguía sin conseguir trabajo. No la aceptaban como profesora de literatura en ninguna escuela, pues las recomendaciones de Albert no eran buenas, no importaba que lo que él dijera era completamente falso. Era cierto que había mantenido una relación con Terry, pero no dentro de las instalaciones del colegio. Se preguntaba qué hubiera pasado si aceptaba la proposición que Albert le había hecho, probablemente no le hubiera importado la estúpida norma que él mismo había inventado. Annie la había llamado para saber qué era lo que había sucedido, pero no quiso darle demasiados detalles, pues sabía que ella solo lo hacía por chismosa, y no para ver si Candy necesitaba ayuda, podía quedarse con los chismes malintencionados y falsos de Patty si así lo deseaba.
No había visto a Terry en todo ese tiempo, pues ambos habían estado muy ocupados buscando empleo. Comenzaba a extrañarlo, el día anterior, lo había llamado por teléfono para encontrarse, y habían estado un largo rato charlando. Gracias a todo el tiempo libre que tenía, Candy comenzó a escribir. Eso era algo que siempre le había gustado, solía escribir novelas románticas, llenas de pasión, pero esta vez quería algo diferente. Se dejó llevar por las historias que le habían contado Tom y Terry sobre Vietnam, y comenzó a escribir sobre las penurias que tenían que vivían los soldados en la guerra, solo lo hacía por pasar el tiempo, pero debía admitir que era bastante bueno.
- ¿Aún no consigues empleo? – Escuchó que le preguntaba George, mientras ella revisaba los avisos clasificados del periódico.
- No – Contestó ella, decepcionada – He tenido tres entrevistas en escuelas de la zona, pero ninguna me ha llamado nuevamente.
- Debes tener paciencia.
- Lo sé... pero el dinero se acaba.
- He estado pensando – Le dijo George, sentándose a su lado – Yo podría trabajar, hay muchas fábricas que buscan empleados.
- ¡Claro que no! – Exclamó Candy – Tienes problemas del corazón, y el trabajo en esa clase de fábricas es muy duro, no quiero que te arriesgues.
- Pero Candy...
- ¡Nada! Yo me ocupare de todo, no debes preocuparte – Le palmeó el brazo – ¿Quieres un té? Iré a prepararme uno.
- Claro - Candy se levantó del sofá, pero al hacerlo, perdió el equilibrio, y hubiera caído al piso de no ser por los brazos de George, que la sostuvieron justo a tiempo - ¿Estás bien? – Le dijo, depositándola suavemente en el sofá.
- Supongo que sí – Se llevó una mano a la cabeza – Creo que me levanté demasiado rápido, solo debo quedarme un rato sentada y se me pasará.
- ¿Estás segura? – Le preguntó, preocupado – Estas muy pálida.
- Si, si, todo está bien... – Pero habló demasiado rápido, inmediatamente comenzó a sentir nauseas.
Corrió a encerrarse en el baño. Estuvo algunos minutos allí adentro, mientras George la esperaba preocupado.
- ¿Qué sucede? – Preguntó Tom, quien acababa de llegar.
- No lo sé, Candy comenzó a sentirse mal y ahora está encerrada en el baño – En ese momento, la rubia abrió la puerta, estaba completamente pálida.
- ¡Candy! – Exclamó Tom - ¿Qué te sucede? – Ella los miró a los dos, tenía los ojos completamente abiertos y parecía asustada.
- Estoy embarazada.
- ¿¡Qué! – Preguntaron los dos al mismo tiempo, sorprendidos.
- Acabo hacerme un test casero de embarazo, y dio positivo – Candy había comprado ese test unas semanas antes, cuando se dio cuenta que no había usado protección con Terry, pero no había creído que hiciera falta usarlo, por eso lo había guardado. Pero el mareo y las nauseas que había tenido hacia unos minutos la habían hecho sospechar.
- ¿Estás segura? – Tom estaba desconcertado – Esas pruebas a veces fallan.
- No – Contestó Candy – Mi periodo se ha retrasado una semana, y siempre fui muy regular.
- ¿Quién es el padre? – Preguntó George.
- ¿Recuerdan esa noche en que llegue tarde?
- ¡Lo sabía! – Exclamó Tom – Sabía que algo había pasado esa noche.
- Claro que si, te lo conté.
- Si pero... ¿Un bebé? ¡No puedo creerlo! – Tom había comenzado a caminar de un lado a otro – Dame la dirección de ese sujeto – Le exigió – Ya mismo iré a hablar con él. Tiene que responder por esto.
- No, Tom, no permitiré que hagas eso.
- Pero...
En ese momento, el timbre sonó, y Candy bajó las escaleras, y Tom y George la siguieron. Creyó que se trataba del cartero pero al abrir la puerta comprendió que no era él.
- ¡Terry! – Se sorprendió Candy al verlo parado en el umbral.
- ¿Puedo pasar?
Continuará...
Nuevamente agradezco a todas aquellas que leen mis fics y a las que dejan sus comentarios, ustedes me dan ánimos para seguir escribiendo.
Espero que disfruten este nuevo capítulo =)
Besosss
