Capítulo 12: La noche anterior.

"La valentía no es la ausencia de miedo, sino la capacidad de seguir adelante a pesar del miedo".
Coehlo

Sagi no Sato era un lugar encantador. Había sido erigida sobre un lago, las casas estaban hechas en madera y montadas sobre enormes bloques de roca sólida que se adentraban en las aguas. Las calles consistían en gruesos tablones que también reposaban sobre pilares. Jardines flotantes dedicados al cultivo de flores se veían rodeados por la amplia variedad de garzas que le daban nombre al lugar. Plumajes verdes, azules, pardos y blancos salpicaban el horizonte y ocasionalmente el cielo se cubría de atardeceres emplumados.

Iruka avanzó admirado del paisaje que lo rodeaba. El quieto sonido del movimiento del agua le daba una sensación de tranquilidad que hacía tiempo no sentía. Se detuvo frente a un comercio a solicitar señas para llegar al lugar que le indicara Oroshi y tras obtenerlas se dirigió hacia allá. La belleza natural de la aldea le llenaba los ojos más de la cuenta retrasando sus pasos.

Muy a su pesar, alcanzó su destino a la hora convenida. El edificio era enorme y de dos plantas, el primer piso tenía una puerta normal a la izquierda y un portal a la derecha. Se dirigió a la entrada normal y llamó a la puerta. Oroshi lo recibió personalmente y lo condujo a las oficinas. Una joven atractiva trabajaba tras una mesa pequeña, estampando un sello sobre una pilada de correspondencia. Levantó la vista por encima de sus gafas.

–Así que este es el nuevo –dijo mirándolo de pies a cabeza. Iruka se removió incómodo, no había considerado que tendría compañeros, tampoco había pensado que el lugar de Oroshi fuera tan grande.

–Ella es Lina –la presentó de manera informal– sígueme por favor, Iruka-san, te mostraré el lugar.

De camino a donde sería su lugar de trabajo, le fue indicando la ubicación de las instalaciones sanitarias, duchas de emergencia, sistema contra incendios y al final el almacén. Tres corredores, con anaqueles de piso a techo albergaban una gran cantidad de cajas meticulosamente etiquetadas y sin sellar, en tanto que frascos de diversos tamaños ocupaban los niveles inferiores; por lo que pudo observar, la mayoría de estos eran para uso de civiles. Las hileras intermedias contenían hierbas deshidratadas y otras en maceración, algunas de las cuales reconocía como de uso shinobi.

–Surtimos a consultorios, clínicas y hospitales de Tori no Kuni –explicó. Caminaba a un lado de Iruka con las manos cruzadas a la espalda–. La mayoría de nuestros clientes son civiles, aunque también tenemos especiales. Como te dije antes, necesito una persona que me ayude a controlar este almacén –hizo un ademán amplio con la mano– y a la vez que tenga la fortaleza para ayudarme en el reparto, que en ocasiones llega a ser pesado para alguien de mi edad.

–Haré mi mejor esfuerzo.

–En un par de días tendremos una entrega de las 'especiales', te sugiero te familiarices con la mercancía del nivel medio y Kami quiera que encuentres la manera y tiempo para organizar este lugar. Shiro decidió renunciar en mal momento –movió la cabeza– ¿qué se le hace?

Alcanzaron el final del almacén. Había un pequeño espacio separado por una puerta corrediza de cristal. Iruka pudo ver a través de ella un par de archiveros, un librero y un escritorio amplio. El lugar se veía limpio, al igual que el almacén.

–Esta será tu oficina. Un poco alejada, me temo. No te engañes por el tamaño de este negocio, en realidad no se necesita tanta gente para operarlo. Aparte de Lina, hay dos personas para la limpieza y dos jóvenes de la aldea que vienen a ayudar a cargar las carretas y a veces van a hacer entregas. Sagi es un lugar muy pacífico, así que no tenemos vigilancia fija, sin embargo hay un cliente que envía sus shinobi desde un día antes cuando requiere suministros, hacen de guardas y de escolta hasta que se hace la entrega.

–Entendido.

–¿Tienes alguna duda?

–Creo que podré arreglármelas solo –sonrió ampliamente– en mi aldea estuve un tiempo haciendo labores de escritorio.

–Eso me da cierto alivio –cloqueó Hideo– Shiro era buen colaborador, pero no del todo organizado.

–Trataré de no defraudar su confianza Oroshi-san.

Oroshi lo dejó a solas, Iruka se acomodó tras el escritorio y comenzó a revisar las carpetas. Fiel a las indicaciones de Lobo, Ardilla lo había alcanzado para entregarle las papeletas/reactivo. Hizo cálculos mentales, tenía poco tiempo para organizar el trabajo y dejar horas disponibles para hacer las pruebas a las sustancias que le parecieran sospechosas. La sugerencia del jefe llamó su atención 'familiarizarse con la mercancía del nivel medio' podría significar que formaría parte de la entrega especial.

***************

El corazón de Gallo había perdido un par de latidos cuando escuchó la voz del capitán en el aparato solicitando la ayuda de Gato, ya que este último sólo era convocado cuando Lobo se encontraba en serios aprietos o acorralado; en su pensamiento la segunda opción cayó como balde de agua helada sobre su espíritu, y la posibilidad de que la misión hubiera sido descubierta rozó su conciencia. Supo que todo estaba bien en cuanto escuchó el tono de Gato. Si hubiera sido una situación comprometida jamás le habría hablado así a su capitán, la curiosidad lo picaba y para colmo ese par había apagado sus comunicadores.

Una de las cosas que más detestaba de las misiones que requerían infiltración y espionaje era la cantidad de tiempo que se invertía en la investigación previa y colocación de cebos. Era impaciente por naturaleza. Tener que sustituir a Lobo le había alegrado el día, al menos tendría la oportunidad de quemar la cantidad excesiva de energía con que lo había dotado la naturaleza.

Neji avanzaba a su lado, deteniéndose de cuando en cuando para remarcar la presencia de alguna trampa inconspicua. Extendió la mano derecha para indicarle a su compañero que acelerara, Gallo asintió.

–En esta zona hay trampas explosivas con un diseño bastante intricado, Gallo-san –señaló hacia un árbol– detecté hilos chakra que funcionan a presión disparando una alarma en una parte del complejo –señaló el suelo y Gallo pudo notar el tenue fulgor de chakra azul– a la vez de estallar, es posible que generen una reacción en cadena, aunque no estoy muy seguro del rango. No hay manera de averiguarlo a menos que disparemos una.

–Entonces es cuestión de mantener una velocidad alta –comentó en voz alta.

–Si la presión se hace demasiado rápido, la alarma no se dispara –confirmó Neji.

–Para que funcione una trampa así –razonó en voz alta– también es necesario cierto peso. No se activará si la pisa un conejo o cualquier animal pequeño, pero podríamos utilizar una roca –señaló al acantilado– lanzarla a velocidad y observar qué sucede.

–O podríamos simplemente desactivarlas –Neji encogió los hombros– pero un equipo sin usuario de Byakugan se vería en serios problemas.

–Te diré qué, piensa la mejor manera de inutilizarlas, por algo estamos funcionando como avanzada –le guiñó un ojo.

–Aún quedan unas pocas, no parecen haber aumentado la cantidad.

–Verraco, ¿patrullas activas?

–Sin cambios, Gallo-san –respondió la voz en su oído.

–¿Alguna teoría al respecto?

–Sus recorridos cubren las zonas de acceso probable, no patrullan en algunas áreas, sospecho que son lugares donde abundan animales salvajes.

–Confían en la fauna para que haga su trabajo. ¿Las guardias?

–Se mantienen fijas, lugares estratégicos.

–¿El equipo ninken?

–Aún monitoreando el complejo.

–Continúa la vigilancia, descanso a tu discreción.

–Entendido.

Gallo tomó nota de la información que ambos jóvenes le proporcionaran. Monitorear las actividades de patrullas y guardias, así como las fluctuaciones de chakra en el complejo requería establecer una rutina. Suspiró resignado, las rutinas solían cambiarse una vez por semana. Si había un shinobi experimentado a cargo, lo cual era lo más factible, sin duda habría cambios, tendrían que andar con cuidado. No obstante se recordó que actuar con sigilo, estableciendo las tácticas adecuadas, era el sello distintivo de las operaciones ANBU, sus técnicas eran silenciosas, sutiles, espectrales, por algo eran la fuerza oculta de las aldeas ocultas. Ahogó su impaciencia, a pesar del poco tiempo que llevaban, habían hecho avances considerables, pero no se engañaba, aún faltaba mucho.

***************

Les habían informado que tras terminar el festival, habría un par de semanas en que llegarían pocos visitantes, la mayoría de ellos comerciantes en espera de obtener mejores precios para sus negocios. Con Gallo cubriendo las actividades de Lobo, Gato le pidió ayuda a Kankuro para continuar la vigilancia de la salida de los últimos dos equipos ninja que aún quedaban en la capital, a lo que el joven accedió, contento de dejar el papeleo, pero el llamado de Lobo había hecho que Gato asignara un bunshin a los ninja que debía vigilar y regresó a toda velocidad.

Kankuro por su parte, siguió las indicaciones de escoltarlos sin que descubrieran su presencia y los acompañó hasta el camino que los conduciría directamente a su aldea, tras lo cual, emprendió el regreso. Fuertes vientos sacudían las frondas de los árboles provocando un sonido ululante que le erizaba los vellitos de la nuca, aunado al frío que continuaba castigando la zona, le hacía anhelar una ducha caliente y ropa limpia. Alcanzó la cabaña casi al anochecer y se extrañó al percibir una iluminación tenue proveniente del interior.

Se acercó sigiloso, kunai en mano, escondiendo su chakra por si acaso lo esperaba alguna sorpresa desagradable, echó un rápido vistazo a través de la ventana y pudo ver a Gato y Lobo sentados sobre mullidas pieles ante la chimenea disfrutando una taza de té. Abrió la puerta y entró, sorprendido de verlos tan relajados. ¿Esa tranquilidad sería una especie de característica ANBU?

–Por un momento creí que habían allanado el cuartel.

–Hay pocas probabilidades de eso, Kankuro-san –dijo Lobo arrebujándose en una cobija.

–Pero no está de más cerciorarse. ¿Alguna novedad? –preguntó Gato.

–Nada, continuaron en bendita paz hacia sus destinos –respondió Kankuro– iré a tomar un baño y cambiarme de ropas. Tengo congelado el trasero.

–¿Si te pregunto directamente qué estás tramando me contestarás? –preguntó Gato en cuanto escuchó el sonido de la ducha.

Lobo se volvió a mirar a Gato, la última hora, tras terminar el trabajo de excavación, apuntalamiento y conexión del túnel con la instalación que habían creado en la cabaña, Gato y él se habían dedicado a pasar 'tiempo de calidad' como diría Ibiki, poniéndose al tanto de sus respectivas vidas en los meses que tenían sin verse debido a la cantidad de misiones que cada uno realizaba por su lado.

–¿Qué te hace suponer semejante cosa?

–Te conozco, por eso pregunto.

–Tus temores son infundados, mami.

–Mañana se colocarán los cebos.

–Sé perfectamente que no seguiste mis órdenes, Gato. El cebo debí ser yo y Verraco el respaldo, ahora nos quedaremos sin Ardilla. Comprendes que eso nos coloca en desventaja numérica, me dejas sin mi maestro de armas y sin el apoyo aéreo.

–Lobo...

–Tch... déjalo. Ardilla está muy bien preparado para resistir cualquier cosa, Verraco… es probable. Hokage-sama me envió un informe del personal que estará disponible en tres días –le entregó el pergamino que un par de horas antes llegara portado por un halcón, Gato lo revisó en tanto Lobo continuaba–, contando el tiempo para llegar aquí, hacen un total de cinco días en que ambos estarán en peligro. No me gusta. Tampoco me gusta que mi equipo se sacrifique por mí.

Gato se quedó en silencio, él también había considerado las objeciones de Lobo, tenía que anticiparlas y hacer lo posible por predecir el próximo movimiento de su capitán. Un nombre del pergamino lo hizo hacer una mueca y palidecer visiblemente, una cosa era segura, terminada la misión necesitaría un largo descanso.

–Esto no es cuestión de sacrificio, Lobo –reaccionó–. Eres el cerebro de la misión, la posibilidad de liberar a esos cautivos depende de ti.

–Algo que podrías hacer tú a la perfección.

–No me halagues, no creas que todo esto es por las órdenes de Ibiki u... otra cosa –dijo ruborizado–. Sabes que eres elegible para Hokage –dijo con voz casi inaudible.

–No estoy interesado.

–Lo siento, podrás decir lo que quieras, pero los intereses de Konoha se anteponen a tus órdenes.

–Cumpliré mi palabra si tú cumples la tuya.

–No me harás sentir culpable... sabes que no depende de mí, no después de ver la lista de personal disponible. En cuanto esta misión se clasificó como "S" Tsunade-sama ha asumido el control directo, lo lamento, parece ser que ya tomó la decisión. Sé lo que te preocupa, senpai –dijo Gato dando un suave apretón en el hombro de Lobo– no sucederá.

*****************

En Konoha...

El águila se paró sobre un perchero vacío en la salita de comunicaciones. Gin, el encargado de turno, desató el pergamino y realizó el jutsu de lectura para desvelar el contenido. Al momento envió a uno de sus compañeros a entregarlo a la asistente personal de la Hokage.

Shizune estudió el pergamino y se percató que estaba cifrado con la clave personal de Lobo, realizó los sellos de descifrado y al momento se materializaron varias hojas, sobre ellas, en un papel garabateado en su estilo inconfundible, solicitaba se hiciera un análisis de las sustancias y sus posibles usos en investigación médica de chakra. También que había un compuesto no identificado cuyos componentes serían enviados después, en cuanto se obtuvieran las papeletas, esto último lo había subrayado como prioritario.

Shizune revisó con ojos expertos la lista y una hora después tomó los documentos, se levantó a toda prisa y corrió hacia la oficina de Tsunade.

–¡Tsunade-sama!

–¿Qué sucede? –respondió Tsunade algo avergonzada, había estado dormitando sin darse cuenta, la mano aún posada sobre el rimero de papeles que tenía que revisar.

–Recibí este listado de la misión del equipo especial –dijo advirtiendo la presencia de Sakura acomodando unos libros, le tendió los papeles, en ellos había remarcado algunos incisos.

Tsunade verificó rápidamente los párrafos resaltados y abrió mucho los ojos.

–Llama a Ibiki. Quiero aquí a Inoichi y a Anko.

–Anko aún no regresa, llegará por la tarde.

–¿Nara?

–¿Shikaku? Está en misión de escolta con el equipo Diez, arribará mañana temprano. Puedo convocar a Shikamaru.

–No, quiero a Shikaku, envía un halcón para que regrese ya, manda a Raidô para que ayude a Ino y Chôji a finalizar la misión. En cuanto llegue Anko que se integre al equipo –Shizune salió corriendo de la oficina–, ¡Sakura!

–Sí, Hokage-sama –respondió sobresaltada, el grito la había hecho tirar algunos de los libros, que se apresuró a recoger.

–Ayuda a Shizune a elaborar un antibiótico estándar para agentes virales en heridas por maceración. Prepara una batería completa de reactivos y la dejas en espera.

–Sí, maestra.

Tsunade salió a grandes zancadas de la oficina y bajó la escalinata en dirección al laboratorio, seguida por Sakura. El sonido de sus tacones hacía que los trabajadores de la torre volvieran la vista a su paso, alarmados por la premura de su líder.

Inoichi e Ibiki llegaron acompañando a Shizune casi al mismo tiempo. Saludaron a su Hokage y la siguieron al interior del laboratorio. Los medi-nin presentes miraron al grupo con sorpresa, saludaron atolondradamente a Tsunade y se hicieron a un lado para permitirle el paso a Shizune, que comenzó de inmediato a reunir los ingredientes para elaborar la preparación que le encargaran seguida por Sakura.

Tsunade le entregó los papeles a Inoichi, comenzando al momento a dar órdenes.

–Quiero aproximaciones, Yamanaka. Algunos componentes son derivados de psicotrópicos disociativos... Anko se integrará a tu equipo en cuanto regrese de su misión, asígnala a examinar neurotoxinas. Deduce los que sean más probables y sus antídotos; ah y Yamanaka... diseña una fórmula de desintoxicación.

–Sí, Tsunade-sama.

–Y rápido, quiero dos dosis para enviar de inmediato a Tori –Inoichi comenzó a dar órdenes al personal que aún miraba atónito todo el movimiento.

–Tsunade-sama, esas dosis... –comenzó Inoichi preocupado.

–Lo sé, asumiremos el riesgo. Necesitaremos al menos sesenta una vez probada su efectividad. Shizune te ayudará.

–Tsunade-sama, esto... ¿y Sakura? –intervino Shizune, su jefa tenía la costumbre de abrumarla.

–¡Arréglalo! –ladró– Ibiki. Ven conmigo.

Ibiki la siguió de regreso a la oficina. Tsunade cerró la puerta y señaló a sus guardaespaldas ANBU, que de inmediato aislaron el lugar con una barrera.

–Necesito que comiences a armar una misión de rescate. Quiero algunos de tu división en cada equipo, al menos un experto mentalista y sobre todo te quiero a ti, arregla los detalles para que estés ausente.

–Entendido. ¿Puedo preguntar qué viste en ese listado de sustancias? –preguntó cauteloso.

–¿Lo más peligroso? Aparte de un agente paralizante... los ingredientes necesarios para anular la voluntad de las personas –contestó con desmayo.

–¿Lobo? –preguntó con sorpresa, Gato no le había informado algún cambio en el plan.

–No, Ardilla y el ANBU de Raíz –respondió oprimiéndose el puente nasal– ¿sabes lo que Danzô haría si lo perdemos? Esta absurda lucha que sostengo contra su influencia en el Consejo se haría más encarnizada, de saber que él... tendría tanto ascendiente sobre Homura y Koharu no habría aceptado ser Hokage. Se pasan el maldito tiempo cuestionando mis decisiones –dio un fuerte golpe al escritorio haciendo volar por todas partes los papeles.

–Tienes nuestro apoyo –dijo él en un tono que no ofrecía lugar a dudas– Lobo no perderá a ninguno.

–¿Por qué es que tú no tienes temor?

No necesitaba extender más la idea, Ibiki comprendía que ella se estaba refiriendo a la 'crisis' de ocho años atrás. Tsunade se mantenía de pie frente a él, los brazos cruzados y haciendo sonar el tacón contra el suelo en un movimiento nervioso. Ibiki bajó la mirada, ponderando qué responderle, ella estaba en un error, pero él no estaba seguro de que fuera el mejor momento para aclararle la situación. Finalmente optó por mirarla directo a los ojos y sonreírle.

–Tampoco tú, de otra manera no lo habrías recomendado para esta misión. Incluso aunque de principio apuntara a ser una estándar de espionaje e infiltración, relativamente 'fácil', tomé mis precauciones; Gato me ha estado enviando sus reportes y no hay nada fuera de lo común, sigue en control, incluso durante el incidente con Iruka.

–Hum... sabes que tiene un aprecio especial por Ardilla –objetó, señalándole la silla y sentándose a su vez tras el escritorio.

–Sí, porque es inmune a sus 'encantos', pero no es la misma situación, tal vez si el cebo fuese Naruto sería algo completamente diferente, se siente obligado a protegerlo para honrar a Minato.

–Admito que me preocupa el chico de Raíz –abrió el famoso segundo cajón.

–Y yo admito que es posible que Lobo lo vea como una versión de lo que él era y quiera protegerlo.

–Llegué a esa misma conclusión, ¿sake?

–Pensemos –sonrió Ibiki tomando la taza que le tendió Tsunade–, aunque me gustaría tener aquí a Shikaku.

–Sí, él es más capaz para calcular escenarios. ¿Alguna aproximación?

–Sigue tus órdenes, le puso un sello a Iruka para mantenerlo protegido en situaciones que considera que no puede manejar e incluso asignó a Ōkamimaru como su guardaespaldas –bufó y Tsunade le hizo eco– confía en su equipo y pudo integrar a los dos de Suna sin mayor esfuerzo, es más, como nota a su favor evitó escandalizar a Temari –en este punto ambos soltaron la carcajada.

–Tenemos que comenzar a pensar en una estrategia para la reintegración de los ninja a sus lugares de origen –Tsunde hizo una mueca y agregó– en caso de que sea posible rehabilitarles.

–Gaara-sama ha estado contactando con las diferentes aldeas para ver las medidas que se han tomado al respecto. Con excepción del Raikage, que no se ha dignado contestar sus indagaciones –acotó Ibiki–, afirma que no ha habido movimientos de recuperación, simplemente los han dado por perdidos. Yamanaka encontrará la manera de rescatarlos –agregó– y es seguro que Shikaku podrá darnos aproximaciones para anticipar los movimientos de Lobo.

–Kami te escuche, tal vez debí haber puesto más atención al informe de Jiraiya.

–Konoha no ha sido afectada directamente, convencer al Consejo de una intervención injustificada y por iniciativa propia habría sido difícil.

–Es bueno saber que no sólo yo pienso eso.

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Por lo general el trabajo de infiltración y espionaje se hacía por adelantado, usualmente por la fuerza ninja local. Aunque los equipos ANBU también eran destinados a misiones de espionaje e infiltración, en general era para misiones de alto riesgo diplomático, relacionadas con dignatarios y feudales exiliados, ese tipo de trabajos implicaba la aniquilación, limpieza y control de daños; y en esas situaciones se asignaba a dos equipos.

Al no contar con ese tipo de avanzadilla su rango de acción se veía mermado de manera radical. Intercambiar miembros y sustituir tareas era algo que no lo hacía particularmente feliz, aunque fuera parte necesaria para el buen término de la misión. No dejaba de pensar en el lapso de cinco días hasta que llegaran los equipos de apoyo y pudiera realizar el rescate de los cebos. Cientos de escenarios giraban silenciosos en su cabeza mientras avanzaba, flanqueado por Gato, de camino a la mansión.

El samurai de guardia le informó que la Daimyō solicitaba su presencia. Lobo asintió y señaló a Gato que continuara. Se dirigió con paso firme a encontrarse con ella. Toki lo recibió como siempre lo hacía, a solas en sus aposentos. Ignorando la etiqueta entró sin llamar a la puerta. Estaba sentada a la mesa, tomando té.

–Tsunade-sama ha solicitado el regreso de Myruoku –afirmó señalándole uno de los cojines, Lobo se dejó caer en él, olvidando la etiqueta por segunda ocasión. Toki lo miró divertida.

–Enviará apoyo, no te preocupes –afirmó él.

–Me hice cargo de inventar algo para su ausencia, ya que de hecho en todo este día no le vi ni la sombra.

–Está en asignación.

–Entiendo. Y Shôgo me ha solicitado que envíe de regreso a los chūnin –le sirvió una taza de té.

–Es tiempo de que 'regresen', a estas alturas ya deben haberse hecho notar.

–Eso me perturba, eso significa que ellos serán la carnada... ¿estás de acuerdo en que tu hermano menor sea puesto en riesgo? –dijo preocupada.

–Mi her... ah, Mujaki. Genma te hizo una broma.

–No entiendo ¿supongo que es algún chiste particular?

–Algo por el estilo.

–¿Qué está sucediendo, Kashi? A estas alturas deben tener más información. ¿O es parte del protocolo no informar a su cliente de los progresos?

–Se le informa si así lo solicita.

–Quiero saber.

–Bien, te daré el reporte.

Sin embellecer la situación, pero sin ampliar detalles operativos, pasó la siguiente hora describiéndole los hallazgos que habían hecho, las investigaciones que se estaban realizando y las medidas que habían planeado para involucrar lo menos posible a Tori no Kuni.

–¡Eso es terrible!, no creí que llegara a tanto –dijo Toki con desmayo.

–Créeme, he visto situaciones peores –afirmó él– mantendremos limpio el nombre de tu país –agregó tratando de calmarla–. Aún no hemos precisado quién está a cargo de la operación, pero por el tipo de suministros que reciben y... otras cosas, es muy posible que sean civiles.

–Entonces las políticas...

–En efecto, las políticas de las naciones ninja no aplican a la población civil.

–Pero es posible que haya alguna represalia.

–No la habrá, lo tenemos cubierto –aseveró en un tono tan seguro que ella solamente asintió.

Aunque era inevitable que los Kage preguntaran por qué no se les había informado de la situación, tanto él como Gato habían planeado deslindar al país de toda responsabilidad, arguyendo que la investigación se estaba llevando a cabo desde tiempo atrás y que tanto la Hogake, como el Kazekage habían decidido mantenerlo en secreto para proteger la neutralidad de la zona. Participando dos de las cinco grandes naciones de la alianza en una misión conjunta se garantizaba en buena medida el éxito de esa estrategia y Tori no Kuni recibiría el crédito por financiar la misión.

–Consideré conveniente alegar una enfermedad y no un regreso para Myruoku –afirmó ella en tono más tranquilo– he hecho correr la voz de que no puede recibir visitas y permanecerá aislado hasta que se recupere.

–Su ausencia de la vida social será más creíble.

–Sí, en el poco tiempo que llevan aquí se ha hecho muy popular –dijo sonriendo– es agradable. El embajador del país de la Cascada se enteró de su dolencia y le mandó un presente.

–Se lo haré llegar.

******************

–¿Sabes Kôsen? Desearía que fueras mayor de edad –afirmó Genma sonriéndole.

–Creo que estoy conforme con la que tengo –respondió mirándolo extrañado.

–Pero no puedes beber y hay que celebrar –protestó– veré si ya regresó Iruka –dijo en voz baja.

Kôsen lo miró salir por la ventana sin entender qué es lo que había que celebrar. Desde su punto de vista sólo era una misión. Raíz funcionaba bajo preceptos muy diferentes, por lo que podía observar, a los de los ANBU de la Hokage. Desde muy temprana edad se les condicionaba a considerarse a sí mismos como herramientas al servicio de un bien mayor. Les era otorgado un nombre clave y el verdadero permanecía en el olvido. También se les había inculcado que su existencia estaba destinada a mantener los fundamentos de Konoha.

A pesar de pertenecer a otra facción dentro de la misma aldea, conocía el nombre de Lobo y las hazañas que se contaban del equipo. El Equipo Lobo tenía fama de ser el equivalente a un pequeño ejército. Las habilidades combinadas de todos sus integrantes tenían el potencial para enfrentar un grupo numeroso, las misiones que solían asignárseles eran de la más alta clasificación. Cuando Danzō lo convocó y le dijo que sería enviado como apoyo para el Equipo Lobo no podía creerlo, tendría la oportunidad de conocer a la leyenda y a sus compañeros.

Conocerlos cambió su percepción del mundo ninja para siempre.

El equipo era afable, bromeaban entre ellos y sonreían bastante, incluso Yang, que por lo general parecía pertenecer a las filas de Raíz. Cierto, actuaban un poco loco, como Ardilla y sus juergas nocturnas o Gato que podía caerse del cansancio y de todos modos se aseguraba de que su capitán estuviera bien, Gallo parecía no poder quedarse quieto bajo ninguna circunstancia y emparejar con él fue una de las experiencias más agotadoras que le hubiera tocado vivir. En cuanto a Lobo, había recibido órdenes específicas de no separarse de su lado, observarlo y aprender de él. Recordó las palabras de su sensei Shii: "aprovecha la oportunidad, pocos tienen la suerte de trabajar con él, incluso Danzô-sama lo reconoce".

Kôsen sintió el ramalazo de chakra y de inmediato formó una barrera anti-sonido. Ambos entraron por la ventana y corrieron las cortinas. Iruka traía una bolsa que puso a un lado y Genma unos paquetes de papas fritas. Se sentaron frente a él e Iruka le tendió una lata de té.

–Gracias, Iruka-san –dijo bostezando sin disimularlo, Iruka sonrió, le parecía comprensible por la hora tan avanzada, él mismo casi echa a patadas a Genma en cuanto apareció en su ventana.

–Genma se estaba quejando amargamente de que no bebes –comentó.

–No me quejaba amargamente –protestó Genma, pasándole la botella a Iruka.

–Yo apuesto a que sí lo hacías –interrumpió Lobo entrando también por la ventana.

–Tch... capi.

–Pensé en traerte el obsequio que te envía Mizuiro –le tendió una botella de fino licor– con sus mejores deseos de que te recuperes pronto de ese triste padecimiento, trae una nota, ah también traje vasos –les tendió un paquete de desechables.

–Gracias –sonrió, era la primera vez que escuchaba su coartada final.

–¿Qué y mi beso de agradecimiento? Ni porque me esforcé en traer completo el mensaje.

–¿En público?

–Kôsen –dijo en voz baja– refuerza la barrera, no queremos que los vecinos se enteren de la escandalosa conducta de Genma –continuó el intercambio de bromas, el joven obedeció al momento haciendo volar sus manos en la formación de sellos–. ¿Qué has averiguado, Iruka?

–Se hará una entrega de suministros al complejo pasado mañana al medio día. Se ha previsto la llegada de la escolta al almacén, dos shinobi, para ese mismo día a primera hora.

–¿Procedencia?

–No especificada, tal vez mercenarios. La entrega la harán dos aldeanos que suele contratar Oroshi-san.

–Gracias Genma –tomó el vaso que le sirvió Genma, que alzó el suyo a manera de brindis y le tendió otro a Iruka–. Has lo posible para estar presente.

–Entendido.

–¿Conseguiste hacer las pruebas? –Iruka negó con la cabeza, aceptando el vaso de licor– Gracias.

–No del todo, faltan algunas sustancias por agregar a lo que se entregará al complejo, esa 'mercancía' aún no me es entregada para registro.

–Kôsen, asigna una de tus invocaciones a Iruka –el joven asintió– en cuanto las tengas envíalas a Konoha, cifradas con sello.

–Sí... ¿las aves estarán disponibles aún cuando...? –Iruka se interrumpió.

–No te preocupes, Iruka-san, les obedecerán incluso si muero –intervino Kôsen sin perturbarse.

–Eso no sucederá –afirmó Genma, no le gustaba el tono del joven– saldremos de esta, vivos.

Iruka controló un estremecimiento del cuerpo. Genma acostumbraba expresar lo que pensaba sin adornos, era parte de su personalidad, pero a pesar de saberlo, el impacto no era menor. En una misión todos dependían de todos. Volvió la vista hacia Lobo que movió la cabeza, indicándole que no replicara a las palabras de Genma; por lo general los shinobi tendían a no expresar de manera directa sus reflexiones personales sobre el posible desenlace, era una especie de tabú para exorcizar al destino.

–Shizune envió esto –Lobo le entregó dos cápsulas a Genma–, ayudarán a controlar los efectos, es lo más que pudieron hacer con la información conseguida, se absorbe de inmediato en el organismo sin dejar rastros, pero uno de ustedes debe conservar la otra oculta. He calculado la incursión para dentro de cinco días, aunque es posible que se adelante, Godaime ordenó el regreso de algunos equipos, vendrán directamente. Necesitamos una muestra de sangre –dijo mirándolo con intensidad– Gato te envió esto –le entregó una pequeña cápsula de la que sobresalía una finísima aguja.

–Entendido.

–En cuanto firmen la salida, traguen una de las semillas que les dio Gato, y coloquen un par entre el cabello. Iruka... dependemos de ti –Iruka asintió en silencio.